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Viernes 2 de agosto de 2002
Ciclo Cine y Psicoanálisis: Proyección y comentarios de la película Náufrago
Introducción: Dra. Silvia Benítez de Bianconi
La película narra las vicisitudes de un hombre Chuck que sobrevive a un accidente aéreo y que la corriente marina lo deja en una playa desierta de una pequeña isla deshabitada. Tras sobrevivir cuatro años en el más absoluto aislamiento, logra hacerse a la mar con una precaria balsa y finalmente es rescatado. Pero a su retorno, se encuentra con que Kelly, la mujer que amaba y para quien vivió mientras estaba en la isla, creyéndolo muerto, había iniciado otra relación y ya tenía una hija.
En la introducción al debate, la Dra. Benítez de Bianconi afirmó que "toda obra de arte es, en cierto sentido, un sueño artísticamente trabajado", y sobre esta premisa trazó su comentario.
Teniendo en cuenta los significados, dividió la película en tres partes: la de la negación, la del duelo, y la de la aceptación. En relación con la primera, antes del accidente, puntualizó diversos aspectos conflictivos que signan al personaje. En relación con la segunda parte, mientras estaba en la soledad de la isla, subrayó la vivencia de desolación, la capacidad y el esfuerzo requeridos para sobrevivir, la necesidad de comunicarse y la solución ingeniosa de crear un muñeco Wilson para sus proyecciones. Acerca de la tercera, luego del rescate, resaltó el trabajo de adaptación a la nueva realidad, la aceptación de sus límites y posibilidades y la apertura de nuevos caminos tras la realización de un duelo.
En el debate se expresaron muchas coincidencias con el enfoque del comentario introductorio. Se concluyó, no obstante, que el sentimiento que prevalecía durante la estancia en la soledad de la isla era más la angustia que la desolación. El argumento más convincente que además aclara la diferencia entre angustia y desolación fue mostrar que, para el náufrago, el problema era por sobre todo cómo vivir y no para qué vivir. No se sentía desolado porque tenía dos motivos, dos "para qué" vivir: la mujer que amaba y su trabajo, es decir, su determinación para inscribirse en la sociedad a través de cumplir una tarea. Por eso no se lo ve carente de ganas, se lo ve con la actividad propia de quien está acicateado por la angustia.
La discusión se fue enriqueciendo con el hallazgo de otros significados con relación a diversas situaciones. Cuando, por ejemplo, en la soledad de la isla el náufrago fracasa una y otra vez con sus intentos de comer, prender el fuego, etc., pero vuelve a intentarlo, se lo vio como expresión de un deseo de vivir que va más allá del propio yo. El yo, el individuo, se dijo es el lugar donde el deseo de vivir se manifiesta. Es algo que a uno le sucede, más allá de su voluntad.
Se destacó la importancia de Wilson, que si bien sólo es un objeto interno incapaz de decir otra cosa que las palabras que uno le pone, el "diálogo" que el náufrago tenía con él le servía para poner en orden su propio pensamiento. Se subrayó que cuando lo pierde, el poder dejarlo ir para salvarse constituye un símbolo de que es necesario desprenderse de lo antiguo para progresar hacia nuevo.
El hecho de que el barco que lo rescata aparezca "justo" después de que el náufrago adoptó la llamativa actitud de no remar más fue interpretado como símbolo de que cuando hay un cambio interno, la salvación parece venir de afuera, es decir, se la experimenta como "suerte": cuando algo se resuelve internamente y cambia el modo de contemplar el mundo, cambian también los resultados que se obtienen y parece que la "suerte" ha cambiado. En este sentido, los trozos de chapas plásticas que un día aparecieron en la playa y le sirvieron de vela, representan en realidad el cambio interior que lo impulsó a partir.
Se recalcó que en el contexto parece coherente que el náufrago, a su retorno, no se reencuentre con su novia: la película es más un símbolo de un duelo o un partir que el de un reencuentro o un volver.
En fin, entre las muchas interpretaciones que se hicieron destaquemos por último el significado de la encrucijada final: fue vista como un símbolo de que algo no se ha elaborado, porque cuando en la vida algo se resuelve, no se presenta como una decisión, se presenta como algo natural. Por ejemplo, cuando aparece el barco que lo rescata, no hay que decidir si subir o no subir. En síntesis y esta línea interpretativa se concluyó que el náufrago no vuelve igual a cuando partió, pero tampoco es totalmente diferente. Su progreso exigirá nuevas elaboraciones.