EL SIGNIFICADO INCONCIENTE ESPECÍFICO DEL SIDA
Dr. Luis Chiozza,
Lic. Domingo Boari, Dr. Gustavo Chiozza, Lic. Horacio Corniglio,
Lic. Mirta Funosas, Dr. Ricardo Grus, Dr. José María Pinto, Dr.
Roberto Salzman
La peste que trastorna y destruye las ciudades
son los discursos engañosos, las bellas palabras.
No es cuestión de agradar a los oídos:
deben decirse cosasEurípides (siglo V a. C.)
(Viene de ....)
APÉNDICE: La infección por el virus HIV
Desde hace un tiempo comenzaba a sentirse asfixiado... ¡algo tenía que pasar y pasó!
Siguiendo el modelo de la biología para enfermedades que, como el SIDA, poseen tanto un "período de latencia" que separa en el tiempo el momento de la infección del momento de aparición de los síntomas (la enfermedad propiamente dicha) como también la posible condición de "portadores sanos", debemos intentar comprender, desde nuestro enfoque psicoanalítico, las vicisitudes vitales que determinan el momento del contagio. No siendo posible, en general, precisar esta infección en el tiempo, nos vemos obligados a dejarnos guiar por nuestra intuición al hacer coincidir un determinada constelación vital observable con el momento de la infección (este último sólo conjeturable).
En el caso particular de Ernesto nos resulta convincente suponer la infección durante el período inmediato anterior a la aparición de los síntomas. Durante dicho período se sentía "asfixiado en su prisión" teniendo que disimular su doble vida al punto tal de tener que mantener relaciones sexuales con prostitutas para "aparentar" frente a sus compañeros. El sacrificio que describe para poder lograr y mantener la erección lo llevaba a prescindir del uso de preservativos. Además en esta misma época comienza su apatía sexual hacia su pareja, sus más promiscuas "escapadas a la ciudad", y la tentación de reconectarse con el ambiente gay de su país natal.
Adolfo
1) La noticia
Recibió la noticia con una mezcla rara de sorpresa, miedo y alivio; el segundo análisis corroboraba el primero, ahora era un "HIV positivo", tenía SIDA.
Tardó en asimilar el impacto, no sabía cómo debía comportarse... qué sentir. En parte no lo terminaba de creer, siempre pensó que esas cosas les pasaban a los demás. También sentía que algo, muy adentro suyo, se aliviaba. Como si siempre lo hubiera sabido; como si, en el fondo, lo hubiera estado esperando.
Era la herencia que Miguel le había dejado, de eso no había dudas. Dos meses atrás cuando se enteró del suicidio, la idea de haberse contagiado, la idea de que él también, tarde o temprano, enfermaría de SIDA, se le clavó en el alma...
La tortura de la incertidumbre... revisarse cada centímetro de la piel... tener miedo de todo, hasta de las relaciones sexuales con Bruno... la incertidumbre ahora terminaba... Miguel había "vuelto".
Cuando fue el velorio no había ido; no se animó, no pudo; pensó que allí estarían todos y que no soportaría sus miradas, le dio miedo... Se fue a Mar del Plata con Bruno, para tratar de olvidarse... pero fue peor. La figura de Miguel, vívidamente, "se le apareció" en la playa... habló con él, hasta escuchó su voz, que lo llamaba... Era inútil negarlo, a Miguel lo tenía adentro... no podría sacárselo nunca.
Siempre sintió que algo malo había adentro suyo... algo que estaba mal... las cosas a él no le podían salir bien. El SIDA, seguramente, era un castigo...
La mezcla de sentimientos, la sorpresa, el miedo y el alivio, amortiguaron el primer golpe. Después, al ver la reacción de los demás, poco a poco fue cayendo... Bruno lloraba todo el tiempo... y Jorge, su hermano, sugirió que era mejor no decirle nada a mamá... Ahí, recién entonces, se dio cuenta de que "era en serio", y de que se iba a morir. La angustia fue desesperante, se sintió capaz de cualquier cosa, hasta de tirarse por la ventana, como Miguel...
Si llamó a su psicoanalista fue por Ana; ella cada tanto lo veía, y si se lo sugirió significaba que lo podía llamar, que el psicoanalista ya lo habría perdonado. Fue como un rayo de esperanza... Si podía volver, si Almeida lo había perdonado, quizá no estaba todo perdido; él sabría qué hacer... Volvió arrepentido y avergonzado. ¿Cómo había podido irse así, sin pagar, después de tanto tiempo?... Almeida no aflojó; insistió hasta que Adolfo le pagó hasta el último peso de lo que le debía... ¡por suerte!
Había empezado a analizarse, juatmente al poco tiempo de salir con Miguel. Entrar en el mundo de Miguel era angustiante... El arte, la farándula, las drogas y la promiscuidad... ¡Qué locura! Sabía que todo eso le hacía mal... y no lo podía dejar... Por eso se empezó a analizar... ¡Miguel lo entusiasmaba tanto! Gastó lo que tenía y mucho más también... se alejó de todos sus amigos... Miguel "lo podía", y poco a poco fue perdiendo todo...
Antes de Miguel las cosas iban bien. A partir de Miguel todo fue cuesta abajo, todo se fue gastando... todo se volvió sucio... Con Bruno quiso que fuera distinto, darle un giro a su vida, volver atrás; pero no fue suficiente... Apenas si pudo, y todavía hoy no sabe cómo, dejar a Miguel...
El caos, la destrucción y la pasión que rodeaban a Miguel lo enfermaban... Pensó que en Bruno encontraría algo más estable. Alquilaron un departamento; después compraron el auto... Por primera vez vivía en pareja y "puso lo mejor"... pero, sentía que le faltaba algo.
Lo había probado todo, la pasión, el cariño, la sexualidad, la convivencia... ¡Nunca más recuperó la vida que tenía antes de conocerlo a Miguel! Aquel fue, sin duda, su mejor momento...
De la noche a la mañana, siendo un simple empleado, se encontró encargado de la sucursal... Tenía una secretaria para él, como si fuera el dueño... El Sr. Marcos le decía que para él, era como un hijo.
Por primera vez la suerte estaba de su lado. Las ventas se quintuplicaron. Los desfiles que organizaba eran un éxito. Todavía resonaban en sus oídos los aplausos y las palabras de agradecimiento del Sr. Marcos al terminar cada desfile... Había llegado a lo máximo...
En ese momento no se dio cuenta, no lo supo valorar... le parecía natural, ¡incluso poco! Sentía que algo le faltaba, que se aburría... y lo encontró a Miguel... Daría cualquier cosa por poder volver atrás y deshacer el camino... Pero ahora era demasiado tarde... El SIDA no tenía vuelta atrás.
El doctor Almeida sabría qué hacer... por lo menos con él podría hablar. Jorge tenía razón, no había que decirle a mamá... pero no se iba a poder aguantar... ¿Por qué se iba a morir? ¿Por un error? ¿Por una tentación? Es cierto que había hecho mal algunas cosas, pero... ¡se arrepentía!... ¡se arrepentía de todo!... Sabía que había estado mal robar de la caja... sabía que cuando se metió en la promiscuidad de Miguel se arriesgaba... ¡Fue un error!... ¡fue estúpido! Él era así, débil, siempre fue débil... Pero tener que pagar con la muerte era demasiado cruel ¡¿Cómo no se iba a poder volver atrás?!
Necesitaba hablar, pedir perdón, decir que se arrepentía, prometer... Se sentía desesperado, ¡no podía ser verdad!... ¡alguna solución tenía que haber!...
Nunca se había sentido así, frente a un destino inexorable... Estaba acostumbrado a tener lo que quería. Para él un "no" nunca había sido la última palabra... había usado la obediencia y la sumisión, o el capricho y la rebeldía. Siempre había sido así, todo era tratable, todo era negociable; y al final se salía con la suya...
Si su padre no le prestaba el auto, lo sacaba igual; si después lo descubrían, no pasaba nada, mamá lo defendía... Claro, a mamá le convenía, tenía miedo de que él contara...
Era todavía un chico cuando, al volver más temprano de la escuela, encontró a a Mamá abrazada con Roberto, el jefe de papá... Mamá le dijo entonces que si él hablaba ella "se tendría que ir"... Y Adolfo no habló... Así el tiempo fue pasando... Adolfo salía con mamá, se encontraban con Roberto, ellos se iban solos y Adolfo se quedaba con el auto y con la plata que le daba Roberto...
Al principio había pensado que ese era un gran secreto compartido con mamá; pero después llegar a pensar que tal vez papá sabía, y que se hacía el tonto... Roberto venía siempre a cenar y en casa no faltaba nada... Tal vez, todo era una cuestión de conveniencia, todo se compraba, y todo se vendía... Con mamá, con papá, con Jorge... con Bruno, incluso con Miguel... ¡Pero ahora era distinto! No había reparación ni arrepentimiento que pudiera cambiar el curso de las cosas, tenía SIDA y se iba a morir...
2) Un drama incomprensible
Tres años atrás Adolfo tenía una vida normal, tranquila y ordenada. Tenía amigos, tenía dinero, y tenía éxito en su trabajo. Desde hacía muchos años estaba en pareja con José María, un hombre mayor que él, de muy buena posición que lo protegía y lo mimaba.
Un mal día conoció a Miguel, y su vida cambió. Dejó a José María, descuidó su trabajo, sus amigos y sobre todo su economía. Conoció un ambiente distinto, de drogas y promiscuidad. Se sintió muy atraído por todo eso; nunca se había sentido así... Sin hacer nada para evitarlo, con cierta indiferencia, o incluso con cierto placer, veía cómo su vida poco a poco se iba destruyendo.
Cuando por fin reaccionó, y lo dejó a Miguel, trató de volver a una vida más ordenada. Formó con Bruno una pareja muy distinta; pero ya era demasiado tarde. La relación con Miguel había dejado dentro suyo un virus mortal, el HIV. Adolfo supo esto después; cuando luego del suicidio de Miguel, comenzaron los primeros síntomas del SIDA.
Estos tres párrafos sintetizan la versión que Adolfo nos da de su drama. En su historia existen muchos interrogantes. ¿Por qué tuvo la mala suerte de conocerlo a Miguel? ¿Por qué, sabiendo de la promiscuidad de Miguel, no se cuidó mejor? ¿Por qué Miguel lo atraía tanto? ¿Por qué se enferma justo ahora, que su vida ha cambiado, y que todo vuelve a estar en su lugar? "Mala suerte" es una respuesta que no lo satisface a él ni a nosotros. Si deseamos una respuesta mejor, tendremos que descubrir otra versión del drama, la versión que se oculta detrás de su enfermedad.
3) La historia que se oculta en el cuerpo
Ya desde muy chico Adolfo siempre se sintió distinto; distinto a los varones y distinto a las mujeres. Tampoco su familia era como la de los demás. Adolfo nunca sintió que sus parientes formaran una familia, eran sencillamente parientes: madre, padre, hermano... No conoció a ninguno de sus cuatro abuelos, no sabe sus nombres ni sus orígenes; algún dato de sus vidas y algún otro de sus muertes. Sabe que tiene un tío al que, de chico, quizás vio algunas vez.
Cuando todavía era un niño llegó al barrio una familia que tenía el mismo apellido que la madre; Adolfo le preguntó si eran parientes, y ella no le respondió... No preguntó más. El dato más antiguo de su historia es que su madre, durante el embarazo del cual nacería Adolfo, saltaba sobre un fogón para provocarse el aborto.
No formaban una familia. El padre y Jorge, por un lado; y él y su madre por el otro, unidos por Roberto y "el secreto". No había "dode" incluirse, y si en algo lo preocupaba "la familia", era en el riesgo de parecerse a ellos. Adolfo quería salir de Lanús; y en cuanto pudo se fue al departamento de Mariano, en la Capital. Mariano pertenecía a otro ambiente, era comisario de a bordo y había vivido en Nueva York. Mariano tenía "mundo", y Adolfo quería pertenecer a ese "mundo". Impertinente, rechazaba sus orígenes, aspirando pertenecer a algo mejor.
Fue justamente su determinación, mezclada con su impertinencia, lo que le permitió alcanzar sus propósitos, cuando habiendo sido destinado a un local de exposición, Adolfo comenzó a vender las muestras. Se quintuplicaron las ventas y su sueldo; Adolfo alquiló un departamento en el mejor barrio de la capital, vestía ropa fina y comía en los mejores restaurantes.
Pero es difícil valorar lo que se consigue con poco esfuerzo; y Adolfo se encontró sintiendo por ese ambiente, el mismo desprecio que, un tiempo atrás, lo alejó de Lanús. Pertenecer a ese ambiente no era todo lo valioso que siempre había creído cuando escuchaba a Mariano; y ese descubrimiento lo hacía sentir vacío; su vida había perdido lo que había sido su norte.
Fue en esa mezcla de aburrimiento, hastío, decepción y soledad que lo conoció a Miguel. Se entusiasmó con el ambiente artístico; Adolfo nunca fue bueno en el estudio, y encontrarse en ese ambiente intelectual y espiritual lo tenía fascinado. Pero la historia volvió a repetirse... Viéndolo desde adentro ese ambiente no le parecía gran cosa.
Lo que lo angustió no fue ni la promiscuidad ni las drogas ni la destrucción, sino haber perdido otra vez el norte de su vida. Todo se le vació de sentido, y la frustración se transformó en bronca... Y, en el colmo de la impotencia, sintiendo que sus esfuerzos habían sido inútiles, Adolfo destruyó lo que había logrado... Sólo después sabría hasta qué punto había llegado su ataque; todavía le quedaba fuerza para un nuevo intento.
Así como escapó de Lanús buscando el status y el dinero, así como escapó del Sr. Marcos para buscar el arte y la pasión, así escapó de Miguel, buscando en Bruno el amor, la ternura y la familiaridad que engendra la convivencia. Pero un nuevo intento no era más que la misma repetición.
Adolfo comenzaba a intuir que lo que hoy buscaba sería aquello de lo cual mañana intentaría escapar. Cada vez los intentos y los fracasos se sucedían más rápido. La repetición era como un espiral que, con cada vuelta, iba agotando sus esperanzas.
El entusiasmo de la relación con Bruno se extinguió antes del año. Y, aunque fingiera interés en comprar el auto, hacía meses que no tenían relaciones sexuales. Cada vez se sentía más incómodo en su casa... Ya lo había probado todo y seguía sin encontrar su lugar. Y, cuando empezaba a sentir que todas las puertas se cerraban, Miguel, muerto, "volvió" para mostrarle el camino...
Notas
(49) Resulta significativo, como ya lo hemos expresado, que su enfermedad comienza por el aparato respiratorio; primero con una bronquitis y fiebre, para desembocar luego en una neumonía.
(50) Al vincular el período de "contagio", entre otras cosas, con los episodios de relaciones heterosexuales con prostitutas, y sin preservativos, nos apoyamos en el valor "simbólico" de esta promiscuidad, y no en el valor "causal" que le concede, desde un enfoque epistemológico diverso, la medicina preventiva.