LOS SIGNIFICADOS INCONCIENTES DE LA FUNCIÓN TIROIDEA
Dr. Luis Chiozza, Lic. Dorrit Busch, Lic. Horacio Corniglio, Dra. Mirta Obstfeld, Dra. Mary Pinto
LA GLÁNDULA TIROIDES EN LA EVOLUCIÓN BIOLÓGICA
La importancia del yodo
Se supone que las primeras formas de vida se originaron en los océanos primitivos. En este medio, pródigo en elementos químicos disueltos, la sustancia viviente pudo aprovisionarse de aquello que necesitaba para consolidar la forma y perdurar. En los mares, el proceso constructivo de la vida se vio favorecido por la presencia de soluciones salinas y otros materiales inorgánicos que, actuando como catalizadores, incentivaban los intercambios moleculares y el establecimiento de los enlaces químicos necesarios para el desarrollo de las estructuras incipientes.
Uno de esos elementos, presente en las combinaciones salinas de las aguas del mar, es el yodo, un mineral escaso pero imprescindible para el desarrollo y mantenimiento de los procesos metabólicos de los organismos.
Dado que el yodo es un elemento imprescindible y a la vez escaso, ciertos organismos se especializaron en acopiarlo, evitando que se perdiera difundiéndose en el mar. Estos organismos fueron las algas, más precisamente la familia de las laminariáceas que, presentes en las aguas costeras, tienen la propiedad de extraer yodo del mar. Al mismo tiempo, en la medida en que maduran, sintetizan sustancias yodadas, entre ellas algunas volátiles como el yoduro de metilo, que contribuye al reciclado del yodo, el cual, volatilizado en el compuesto, vuelve a la atmósfera y de allí nuevamente a la tierra, estableciendo un ciclo que asegura su permanencia (Lovelock, 1979).
Lovelock dice que mediante estos recursos, las algas se comportarían como "una glándula tiroides a nivel planetario", asegurando la perdurabilidad del yodo, imprescindible para mantener el metabolismo de la vida.
En efecto, la glándula tiroides, órgano indispensable para la supervivencia de los mamíferos y la mayoría de los vertebrados, "... es la encargada de captar las escasísimas cantidades de yodo que circulan en la sangre, y utilizarlo como ingrediente esencial de unas hormonas que regulan nuestro metabolismo y sin las cuales no podríamos vivir" (Lovelock, 1979, pág. 138).
La interioridad del Yodo
En trabajos anteriores (Chiozza et al., 1969b; 1969c), haciendo extensivo el concepto de "interioridad" que Portmann desarrollara en el campo de la biología, decíamos que toda estructura química transporta una "cualidad" que es expresión de esa "interioridad" que la hace ser lo que es. La configuración química o atómica, por ejemplo de un fármaco o de cualquier otra sustancia, afirmábamos, vehiculiza siempre una fantasía psíquica inconciente, expresión de esa "interioridad" que, uniéndose muchas veces con la nuestra, manifiesta un aspecto de su "alma" o de su "carácter".
Desde este punto de vista, y parafraseando los citados trabajos, cabe que nos preguntemos ¿cuáles son esas "cualidades" del yodo que determinan su importancia en los procesos vitales?, ¿cuál es "su alma", o, en otros términos, la fantasía inconciente que vehiculiza en su estructura química?, ¿cuál es su carácter? y ¿cuál la acción de su interioridad sobre la nuestra?
La química nos dice que el yodo es un metaloide sólido de color gris, que al evaporarse emite gases de color violeta, de allí su nombre, que proviene del griego ioeides, vocablo que designa dicho color. Se lo obtiene especialmente de las algas marinas y de las aguas de alto contenido salino. Pertenece, junto con el flúor, el cloro, el bromo y el astato, a una familia de elementos llamados halógenos, término proveniente de los vocablos griegos hals, que significa sal, y gennao que significa engendrar. Esta denominación destaca la principal propiedad química de esta familia de elementos: su capacidad de combinarse para "engendrar" sales (haluros).
Los halógenos son poderosos oxidantes y, en ese sentido, favorecedores de cambios. El yodo, que comparte esta propiedad, es además, entre todos ellos, el que tiene una mayor afinidad química con el oxígeno. Estas particularidades lo hacen extremadamente "activo", especialmente sobre los materiales orgánicos, pues posee una rápida acción sobre las proteínas con las que forma compuestos lábiles, es decir, promueve la disociación química de las mismas sin estabilizarse en el proceso. Su "interioridad", podríamos decir, se une fugazmente a la de aquellas, y su actividad, induciendo procesos latentes, dispara vertiginosas transformaciones. Esta capacidad de acción, promotora de cambios, forma el rasgo principal de su "carácter". (Cf. Enciclopedia hispánica, 1990-1991; Enciclopedia de la ciencia y de la técnica, 1976; Sollmann, 1948.)
La capacidad de acción del yodo sobre los materiales orgánicos es tan intensa que, en estado libre, su presencia es incompatible con la perduración de las estructuras de los organismos, a las cuales destruye. De allí que, puro, sea un poderoso tóxico cuya ingestión puede significar la muerte. También su aplicación local literalmente quema los tejidos y produce severos daños por la facilidad con que se difunde, profundizándose en ellos. Su acción sobre las mucosas, ejercida, por ejemplo, a través de sus vapores, es aún más cruenta, por su tremendo efecto corrosivo.
En la naturaleza, sin embargo, atenúa su poder, debido a esa otra cualidad que comparte con sus hermanos halógenos: la extrema "sociabilidad" que lo lleva a unir su "interioridad" a las "interioridades" de otros elementos para formar sales. Este hecho es de máxima significatividad, pues el yodo, "escondido" y "larvado" en la intimidad de los yoduros de amplia difusión, "atempera" de ese modo la "violencia" de su carácter, ese poder activador que, librado a si mismo, supondría una absoluta inestabilidad, un cambio perpetuo y vertiginoso. "Mesurado" en la combinación, en cambio, sólo activa procesos vitales transformadores que luego seguirán su propio curso.
El yodo aislado fue descubierto recién en 1811 por Courtois. Coindet de Ginebra, en 1820, lo introduce por primera vez en la medicina, debido a sus propiedades terapéuticas en el bocio, pero recién en 1836, Williams Wallace jerarquizó su utilización precisa con fines terapéuticos. En 1839 Boinet inició su uso como antiséptico quirúrgico.
La acción terapéutica de las algas y esponjas en el tratamiento, por ejemplo, del bocio, era una práctica muy antigua. Así, en un códice chino de 1567 a.C. se recomienda el uso de las algas marinas para el tratamiento del bocio. En occidente, en el siglo XIII, Arnaldo de Vilanova recomendaba el uso de esponja quemada en el tratamiento de la mencionada afección. Una vez aislado el yodo, pudo saberse que de él dependían esas cualidades benéficas de los productos marinos, ya que estos lo contenían en cantidad considerable.
Más tarde la medicina hizo extensivo el uso del yodo al tratamiento de otros procesos mórbidos. Por ejemplo, era utilizado como anti-inflamatorio en la artritis reumatoidea, en la escrófula (tuberculosis de los linfáticos), en la sífilis, y también en los derrames pleurales. Su acción terapéutica en esas patologías depende, justamente, de su "activo" carácter, que al disociar las proteínas evita la acumulación de coloide en los procesos inflamatorios, es decir, facilita la absorción de exudados. En los procesos infecciosos colabora en la desintegración del tejido desvitalizado, exponiendo los parásitos locales a los elementos activos del sistema inmunitario. Cuando, en cambio, los procesos inflamatorios son latentes, la presencia del yodo los desencadena, exacerbándolos (Sollmann, 1948).
Esta propiedad diluyente de las estructuras, especialmente proteicas, ha determinado su uso como poderoso desinfectante. Para cumplir esta función debe unir su "interioridad" con la de otros elementos que lo estabilizan relativamente, por ejemplo el potasio (yoduro de potasio). Eso impide su infiltración en los tejidos y su actividad se restringe a la superficie.
Posee además una acción antimicótica que depende de su grado de concentración. Los yoduros, por ejemplo, en bajas concentraciones (cercanas al 1%) facilitan el desarrollo de las colonias de levadura; concentraciones algo mayores moderan el desarrollo y, contrariamente, un aumento de la concentración (6% o más) destruye la colonia (Sollmann, 1948).
Todas las acciones del yodo parecen poner de manifiesto que su "interioridad" expresa la cualidad de activar las reacciones químicas de la vida. De ese modo, el yodo es el acicate, el desencadenante de procesos latentes, el "disparador" de una actividad potencial. Su "interioridad" nos habla de su cualidad de "estímulo ideal", de acción fugaz y a la vez contundente, que incentiva el desarrollo de procesos transformadores. Estímulo que, en su justa medida, promueve cambios y desarrollos, mientras que si opera en exceso o inoportunamente, su incidencia traumática destruye aquello que sólo debía haberse activado.
Metamorfosis y neotenia
La glándula tiroides, filogenéticamente considerada, aparece en los anfibios primitivos, subsanando en ellos, mediante la producción de hormonas yodadas, la eventual carencia de yodo que debían enfrentar al alejarse de las aguas. Esto permitió mantener constante la regulación de un metabolismo que se hacía más complejo.
Las hormonas tiroideas posibilitaron también, en los anfibios primitivos, los cambios morfológicos y estructurales necesarios para el pasaje del medio acuático al terrestre. Entre tales cambios se destacan el desarrollo de pulmones para la respiración en la atmósfera, como así también el de huesos largos que sirvieran de anclaje a una musculatura más poderosa como la que exigía el nuevo medio.
El evento representado por el pasaje del medio acuático al terrestre y las transformaciones pertinentes, se reedita en los anfibios actuales en el momento de pasaje del estadio larvario al de adulto. Este proceso en biología es denominado metamorfosis.
Según el diccionario, la palabra "metamorfosis" proviene del griego metamorphosis y significa, en ambos casos, cambio de forma; transformación de una cosa en otra; mudanza que hace una persona o cosa de un estado a otro; también mutación. Esta palabra surge de dos vocablos griegos que son meta y morphé. Meta significa "después de, más allá de" y, entre otras acepciones, "finalidad". Aparece en voces españolas bajo la forma de "met" o "meta" como prefijo que denota traslación, cambio, posterioridad, transferencia; por ejemplo, metáfora, metatarso, etc. Morphé significa forma, molde. Aparece en las voces españolas bajo la forma sufija de "forma" y "forme". De modo que metamorfosis significaría cambio, en el sentido de ir hacia una meta, hacia una forma todavía no consumada (Diccionario Enciclopédico Quillet, 1968; Diccionario Enciclopédico Espasa-Calpe, 1986).
La fase larvaria y el ulterior cambio de forma son característicos de la mayoría de los invertebrados. Los grupos más evolucionados (a excepción de los anfibios) no atraviesan dicha fase. En ellos "...el período embrionario seria el equivalente de la fase larvaria" (Weisz, s/f, pág. 725).
Las larvas se caracterizan por "...ser organismos temporarios que tienen variedad de funciones. Pueden servir para la dispersión geográfica, especialmente si el adulto es fijo o poco móvil (por ej. almejas, gusanos, tunicados). Pueden operar a la manera de mecanismos de alimentación temporales, que acumulan suficiente materia prima en forma de tejido larvario, para hacer posible el largo desarrollo ulterior. Pueden también representar, simplemente, una fase del desarrollo similar a otra que es posible observar en sus ancestros (algunos renacuajos, por ejemplo, se parecen a las larvas de peces)" (Weisz, s/f, pág. 724).
La larva, de este modo, puede ser vista como un proyecto en vías de consumación que, por así decir, tiene guardada una potencialidad que espera para desplegarse (Weisz, s/f).
El término "larva" proviene del latín larvae y significa, en su origen, "espectro", "fantasma" y de él deriva larvatus que refiere a "disfrazado", "enmascarado", que oculta su propia naturaleza (Corominas, 1961; García de Diego, 1964)
En la metamorfosis que experimentan las larvas se desplegarían estos caracteres potenciales, "enmascarados", aquellos que, plasmados ya, se manifiestan caracterizando la condición adulta.
Este proceso de pasaje a adulto, dice Weisz (s/f), puede verificarse de forma gradual o repentinamente, pero independientemente de la forma que adopte, "...la última fase de desarrollo de un individuo ya no es estática como las fases precedentes". De ese modo se desarrollan los animales y también nosotros, que pasamos "...de la adolescencia a la madurez, de la madurez a la senectud..." (Pág. 724)
Aclara también este autor que, en lo que hace a las fases del desarrollo, hay un "contraste agudo" entre los seres que se reproducen sexualmente y los que lo hacen asexualmente. En estos últimos, las formas de desarrollo son "...extraordinariamente directas (...) no hay larvas y tampoco hay metamorfosis." (Pág. 724).
Esta diferencia obedece, según Weisz (s/f), a que "Mediante la fecundación el óvulo adquiere nuevos genes que pueden dotar al futuro descendiente con caracteres nuevos, mejor adaptados. Sin embargo, antes de que los nuevos caracteres puedan manifestarse, deben desarrollarse durante la transición de huevo a adulto. Los períodos embrionario y larvario son el resultado." (Pág. 724).
La metamorfosis que realizan los anfibios para transformarse en adultos se verifica en un período relativamente corto, durante el cual desaparecen órganos propios del estado larvario, como la cola y las branquias, y se desarrollan otros propios del adulto, como los pulmones y las extremidades. En el caso de los anfibios, la metamorfosis no es una madurez parcial, sino que supone un cambio global del organismo hacia la forma adulta definitiva.
En los anfibios existe, junto a la metamorfosis, otro mecanismo llamado neotenia. Esta consiste en que algunos caracteres de los individuos permanecen con características larvarias, en tanto que otros alcanzan las características adultas. La neotenia es una lentificación de aspectos parciales del desarrollo.
La neotenia puede observarse en algunos anfibios que, permaneciendo en estado larvario, desarrollan caracteres sexuales de adulto. Estas larvas neoténicas posibilitan una "reproducción de emergencia" que mantiene el nivel poblacional cuando no están dadas las condiciones ambientales para la metamorfosis. La neotenia permite que numerosos individuos guarden potencialidades latentes que podrán desarrollar ulteriormente. De este modo podrán evolucionar de un modo distinto al de los individuos que ya maduraron (Storer, 1975; Koestler, 1978).
Metamorfosis y neotenia constituyen estrategias evolutivas para enfrentar incidencias hostiles del medio. En el caso de la metamorfosis, efectuando un cambio hacia la condición adulta y, en el de la neotenia, lentificando el desarrollo y guardando características inmaduras que podrán desarrollarse cuando el entorno lo posibilite y las circunstancias lo requieran.
Koestler (1978) dice que la neotenia ocupa el primer plano en las estrategias de la evolución, ya que permitiendo la permanencia en fases más tempranas, menos desarrolladas y más plásticas, impide la rigidez de la especialización de las formas adultas. Dice metafóricamente que "Es como si la corriente de la vida hubiese invertido momentáneamente su curso, fluyendo por un instante aguas arriba hacia su fuente originaria para, de repente, trasvasarse a un nuevo cauce..." (Pág. 284).
Storer (1975) señala que la neotenia, que ocurre naturalmente en larvas de salamandra, puede interrumpirse mediante la administración de hormonas tiroideas, dado que éstas inducen la metamorfosis. Inversamente, la falta general de yodo actúa como factor promotor de neotenia.
En otras especies, como el caso de los insectos, operan también mecanismos de metamorfosis y neotenia. Los insectos llegan a adultos por metamorfosis que puede ser incompleta o completa. En el primer caso la larva se parece a los adultos en sus rasgos generales y llega a la fase adulta gradualmente. En el segundo, el cambio se materializa a través de formas diferentes, la larva tiene aspecto de anélido o de oruga, luego se transforma en pupa y ésta a su vez en adulto (Weisz, s/f).
En los insectos, a diferencia de lo que sucede en los anfibios, estos procesos de desarrollo dependen de dos hormonas diferentes secretadas por órganos distintos. Éstas son la ecdisona u hormona del crecimiento y la neotenina u hormona juvenil (Hugh Newman, 1971; Enciclopedia Hispánica, 1990-1991).
La ecdisona promueve el crecimiento y la muda del tegumento, proceso denominado ecdisis. Esta palabra proviene del griego, y en su origen significa "desvestirse, despojarse" (Alonso, 1958). La neotenina, por su parte, actúa enlenteciendo el crecimiento corporal hasta que sucede la muda. Los procesos de crecimiento y muda son complementarios en la vida de los insectos, ya que poseen un exoesqueleto rígido que los recubre, del cual deben deshacerse cuando crecen. Para que el desarrollo del insecto, entonces, llegue a buen término, deben intervenir coordinadamente ambas hormonas (Hugh Newman, 1971).
En muchos insectos, durante el estadio larvario o de pupa, aparece un período llamado diapausa, que consiste en una lentificación máxima del desarrollo, casi una transitoria detención. "Cuando esto ocurre la larva deja de alimentarse; cesa la producción de hormonas del crecimiento y muda y, como consecuencia, desciende todo el metabolismo, que sufre un paro; el insecto no muere pero permanece completamente inactivo y cesa su desarrollo..." (Hugh Newman, 1971, pág. 33).
La diapausa acontece cuando las condiciones del entorno son desfavorables (sequías, climas inciertos, carencia de alimentos) y en esta situación los individuos en desarrollo pueden pasar gran cantidad de meses. La diapausa, en última instancia, "... parece tener la utilidad de asegurar el desarrollo frente a una estación de cría desfavorable" (Hugh Newman, 1971, pág. 36).
Las hormonas tiroideas parecerían remedar aquellos procesos que en los insectos aparecen mediatizados por órganos y hormonas distintas. Ellas son imprescindibles para el desarrollo de la vida, promueven con su presencia la metamorfosis de los anfibios. Su ausencia, en cambio, determina que permanezcan en estado neoténico (Storer, 1975).
De modo que la glándula tiroides aúna esos diversos efectos y su intervención queda vinculada, como hemos dicho, a los procesos de cambio que, para consumarse, requieren una maduración y una actualización de potencialidades que estaban larvadas.
LA GLÁNDULA TIROIDES EN LA ESPECIE HUMANA
La glándula tiroides, anatómicamente considerada, es una estructura que se localiza en la región inferior del cuello, encima de la tráquea. Está formada por dos lóbulos laterales, unidos en la parte media y anterior por una zona estrecha llamada istmo.
Filogenéticamente esta glándula aunaba funciones digestivas y respiratorias, ya que favorecía procesos metabólicos y de aprovisionamiento de oxígeno. Se comprende entonces que embriológicamente se origine en el piso de la faringe (endodermo), lugar donde se entrecruzan conductos de los futuros sistemas digestivo y respiratorio.
La estructura así surgida queda organizada hacia el final de la décima semana de la vida intrauterina. Funcionalmente se activará poco tiempo después (Ingbar, 1986).
En el ser humano, en el comienzo de la gestación, las hormonas tiroideas son aportadas a través de la placenta materna. Aproximadamente a las 12 semanas de la vida intrauterina, se detecta su primer registro funcional, coincidiendo con el momento de pasaje del estadio embrionario al fetal.
A partir de ese momento, la glándula dispondrá del factor estimulante proveniente de la hipófisis que, de allí en más, será el estímulo imprescindible para desarrollar su actividad. Este factor - "hormona estimulante de tiroides" (TSH) - es secretado por la adenohipófisis, la cual actúa por un mecanismo de retroalimentación negativa o feed-back.
El circuito pituitario-tiroideo del feto, una vez inaugurado, actuará con total independencia respecto del de la madre, y el pasaje transplacentario, tanto de hormona estimulante (TSH) como de hormona tiroidea, será casi nulo.
En el curso sucesivo del desarrollo la actividad glandular se acrecentará paulatinamente, y en los últimos tramos del período fetal, en los momentos próximos al nacimiento, su capacidad productiva y de concentración de hormona será muy elevada, superior incluso a la de la madre. También será superior la respuesta al estímulo de la TSH (Ingbar, 1986).
Tal como ocurre con su origen ancestral, se evidencia en el desarrollo intrauterino un acrecentamiento de la función tiroidea en un momento de transición: el que corresponde al pasaje entre los estadios embrionario y fetal. El mismo acrecentamiento se registra en los momentos previos al nacimiento e inmediatamente posteriores a él. De la misma manera, en la vida adulta se incrementará la actividad de la glándula tiroides en momentos de cambio y crecimiento, como la pubertad y el embarazo.
Se pone de manifiesto de este modo la importancia funcional de la glándula en los momentos de pasaje de un estadio a otro de la vida, aquellos que, justamente, demandan en el organismo una optimización de los procesos productores de energía. En los mamíferos, el producto de la glándula, sus hormonas yodadas, regulan fundamentalmente el ritmo de las oxidaciones en la respiración celular, a la cual pueden estimular o inhibir. La capacidad de almacenar su producto es una particularidad de la glándula tiroides que, en ese sentido, la diferencia de las demás glándulas del sistema endócrino (Fawcett, 1986).
Si bien las hormonas tiroideas no determinan el crecimiento somático general, favorecen particularmente los procesos de crecimiento concernientes a las últimas fases del desarrollo. Participan de manera preponderante durante el desarrollo fetal y en los primeros estadios de la infancia en la "puesta a punto" de dicho crecimiento. Son imprescindibles para la maduración tardía ósea, la maduración del pulmón y la maduración del sistema nervioso, tanto en lo referente al desarrollo normal de las neuronas, como a la ulterior mielinización de las fibras nerviosas.
FISIOLOGÍA DE LA GLÁNDULA TIROIDES
La producción de las hormonas
La producción y almacenamiento de hormonas se lleva a cabo en unidades funcionales, llamadas folículos, en cuyo interior se encuentra un material gelatinoso, denominado coloide, compuesto fundamentalmente por una glucoproteína: la tiroglobulina.
La materia prima necesaria para la formación de las hormonas tiroideas es el yodo. Ingresa al organismo con la dieta, en forma de yoduros, siendo absorbido rápidamente en la mucosa gástrica y en el intestino delgado proximal y transportado luego hacia la glándula a través de la sangre. Los yoduros, una vez incorporados, son oxidados por intermediación de una enzima, la peroxidasa, y luego fijados a la tiroglobulina, que actuará como precursora y matriz del proceso productivo de las hormonas.
Los distintos modos de acoplamiento de los yoduros a la molécula de tiroglobulina dan lugar a la formación de dos hormonas: triyodotironina (T3) y tetrayodotironina (T4) o tiroxina. Los residuos yodados, no acoplados, perduran como monoyodotirosina (MIT) y diyodotirosina (DIT), que serán reutilizados por la glándula para producir más hormonas cuando se active la demanda.
La glándula vierte luego las hormonas al plasma, pero el transporte y el reservorio de estos productos en sangre depende de proteínas transportadoras, fundamentalmente "la globulina fijadora de tiroxina" (TBG). Las hormonas tiroideas cuando están ligadas a estas proteínas, son inertes desde el punto de vista metabólico, siendo activas únicamente en su estado libre.
Las hormonas se activan mediante un proceso llamado desyodinación, que se verifica en diversos tejidos, y fundamentalmente en el hígado. La inactivación de los excedentes, en condiciones normales, se verifica también en ese órgano - glucoconjugación hepática- seguida de eliminación por la bilis y la orina.
Acción de las hormonas tiroideas en los tejidos
Las hormonas tiroideas, tanto la T3 como la T4, ingresan a la célula y se unen a un receptor nuclear específico en la mayoría de los tejidos. La afinidad con dicho receptor es mayor en el caso de la hormona T3.
El complejo T3-receptor, una vez formado, interactúa con el ADN estimulando la transcripción al ARN mensajero y facilitando, por lo tanto, la síntesis de proteínas en el citoplasma celular. Ese complejo activa también las enzimas vinculadas con la oxidación de la glucosa y, especialmente, las enzimas respiratorias.
Esos efectos se evidencian en las modificaciones que ocurren en las mitocondrias, en particular en el incremento de su actividad, hecho que corrobora la intervención de las hormonas tiroideas como estimulantes de la respiración celular.
Se denomina respiración celular a la serie de reacciones enzimáticas que ocurren dentro de la célula, destinadas a favorecer la utilización del oxígeno. El mecanismo por el cual se lleva a cabo, llamado oxidación biológica, provee la energía necesaria (ATP) para las múltiples actividades de la vida.
Las hormonas tiroideas, a dosis fisiológicas, poseen la capacidad de aumentar el número de oxidaciones y aumentan, paralelamente, la velocidad de las reacciones. En dosis elevadas producen una disipación de energía calórica formándose, por lo tanto, menor número de moléculas de ATP.
Las hormonas tiroideas actúan, entonces, favoreciendo la respiración celular a través de incrementar el consumo de oxígeno y facilitar los pasos subsiguientes del proceso de fosforilación oxidativa, destinado a producir moléculas de ATP. De modo que su intervención estaría destinada esencialmente a producir energía. (Cf. Weisz, s/f.)
Si bien estas hormonas actúan directamente a nivel celular, queremos destacar que en el cerebro, las gónadas y órganos linfáticos actúan de manera indirecta. En estos tejidos, cuya maduración definitiva se alcanza progresivamente durante la vida postnatal, no intervienen de manera directa, en el sentido de que no estimulan el consumo de oxígeno, pero si facilitan el transporte de aminoácidos a través de la membrana celular, favoreciendo, por lo tanto, la síntesis de proteínas.
Acción de las hormonas tiroideas en el metabolismo general
El proceso que ocurre en la intimidad celular, considerado en la totalidad del organismo, se conoce con el nombre de metabolismo.
El metabolismo -del griego metabolé, que significa cambio- es, para la biología, el conjunto de modificaciones que experimentan los constituyentes del organismo para satisfacer las necesidades estructurales y energéticas de éste.
"El metabolismo comprende las funciones de la nutrición, la respiración y la síntesis, y todos los procesos asociados con ellas. La nutrición suministra las materias primas para la vida. La respiración extrae la energía de algunas de estas materias primas. La síntesis transforma una parte de las materias primas en componentes estructurales de la materia viva" (Weisz, s/f).
En el metabolismo general, y en dosis fisiológicas, las hormonas tiroideas intervienen estimulando las tres fases del proceso metabólico. Favorecen la síntesis de proteínas y de glucógeno, aumentan la absorción de glúcidos en el tubo digestivo y ejercen una acción lipolítica, ya que estimulan el catabolismo del tejido graso. Al mismo tiempo favorecen un aumento del aporte de oxígeno a los tejidos, incrementando el volumen minuto cardíaco y la velocidad en reposo de la ventilación pulmonar. También favorecen el aumento de la masa de eritrocitos y, consecuentemente, la capacidad de transporte de oxígeno. En el sistema nervioso, ya lo hemos señalado, regulan la mielinización de las fibras y favorecen el crecimiento normal de las neuronas.
Todas estas acciones permiten afirmar que las hormonas tiroideas participan en el metabolismo regulando los procesos energéticos y optimizándolos cuando las circunstancias lo requieren. De ello se desprende, como hemos señalado, la importancia que adquieren en los procesos madurativos de cambio, aquellos que suponen el pasaje de una etapa a otra de la vida y ante los cuales los organismos, si las circunstancias son propicias, deben desplegar sus recursos y potencialidades.
DISFUNCIONES TIROIDEAS
La función de la glándula tiroides puede estar alterada por distintos motivos y dar lugar a diversas patologías. En términos generales pueden dividirse en las que derivan de un déficit (hipotiroidismo) y las que derivan de un exceso en la producción y en el aporte de hormonas (hipertiroidismo).
Hipotiroidismo
El elemento central que condiciona la enfermedad es el hipometabolismo que deviene de la carencia de hormona. La carencia puede obedecer a diferentes causas:
1) Causas esporádicas:
a) Agenesia de la glándula: cretinismo.
b) Extirpación quirúrgica (por cáncer).
c) Degeneración atrófica como consecuencia de: Infecciones locales (tiroiditis agudas o crónicas).
Ingestión de drogas (tiouracilos, tiocianatos y algunas sulfamidas).
Procesos auto-inmunitarios (tiroiditis de Hashimoto, mixedema primario).
2) Circunstancias endémicas:
Se observa hiperplasia anatómica de la glándula (bocio endémico) e insuficiencia funcional, debido a carencia o mal aprovechamiento del yodo por:
a) Composición química del agua.
b) Ingestión excesiva de alimentos con vitamina A.
Cuando la enfermedad se configura en edad temprana constituye el cretinismo (afección congénita) o el mixedema infantil (cuando la afección se adquiere poco después del nacimiento).
En ambos casos se trata de niños enanos con perturbación del crecimiento longitudinal, con persistencia de los cartílagos de conjunción, falta de cierre de las fontanelas y hundimiento de la raíz de la nariz. Existe gran retraso psíquico -idiocia - y, con frecuencia, sordera o sordomudez.
En general estos pacientes mueren jóvenes y los que alcanzan edad suficiente presentan, con frecuencia, escaso desarrollo de los órganos sexuales y de los caracteres sexuales secundarios, amenorrea y falta de libido. La mayoría de los cretinos son apáticos y perezosos, aunque existe un tipo excitable (cretinismo nervioso de Mc Garrison).
El mixedema es el cuadro, en el adulto, equivalente al anterior, y caracterizado también por una hipofunción que determina una disminución del metabolismo basal 20 a 40% por debajo de los índices normales.
Los adultos con mixedema presentan, en líneas generales, un estado de apatía, letargo y enlentecimiento de las funciones cerebrales. Se fatigan fácilmente y tienen una marcada sensibilidad al frío; presentan trastornos nutritivos de la piel que hacen que ésta adquiera un aspecto edematoso. Poseen también aumento de la grasa corporal e hipercolesterolemia.
Hipertiroidismo
La enfermedad cursa con aumento de producción de hormonas tiroideas que eleva el metabolismo hasta un 80% por encima de lo normal; es atribuible a diversas causas:
1) Aumento de la función por alteración primaria de la glándula debido a:
a) Inflamaciones locales tiroideas: tiroiditis agudas (en estos casos la evolución posterior se acompaña de hipotiroidismo).
b) Adenomas: hiperplasia localizada (nódulos).
c) Auto-inmunidad: hiperplasia glandular difusa; bocio simple llamado también tirotoxicosis, bocio exoftálmico, (enfermedad de Graves, de Parry o de Basedow).
d) Estados fisiológicos: menarca y embarazo suelen coincidir con el comienzo del hipertiroidismo.
e) Severos traumas psíquicos.
f) Ingestión excesiva de tiroxina para efectuar curas de adelgazamiento.
2) Consecuencia del estímulo dado a la glándula tiroides por exceso de secreción de tirotrofina antero-hipofisiaria.
3) Estímulo hipotálamo-hipofisiario.
4) Enfermedades infecciosas generales.
Los pacientes hipertiroideos presentan excitabilidad nerviosa, temblor fino de las extremidades, aumento de calor, debilidad muscular y adelgazamiento. Generalmente sufren palpitaciones y es habitual que lleguen a una primera consulta por sus síntomas cardíacos. En algunos casos presentan protrusión del globo ocular (exoftalmos) que puede ser bilateral o unilateral. Se observa también un incremento de los procesos catabólicos generales y de otras funciones metabólicas, como el metabolismo de los carbohidratos, de las proteínas, los minerales, etc.
APORTES PSICOANALÍTICOS REALIZADOS POR OTROS AUTORES
Henri Ey et al. (1965) estudian los trastornos psiquiátricos asociados al hipertiroidismo y encuentran, en estos pacientes, situaciones vitales generadoras de tensiones prolongadas, como, por ejemplo, amago de rupturas afectivas significativas, angustia ante la sexualidad o la maternidad, hostilidad reprimida frente a una persona importante y temida y, en todos los casos, destacan que el miedo está instalado precozmente en el centro de la vida de estos pacientes.
Lidz (1954) observa en pacientes hipertiroideos "prematuros esfuerzos por lograr una autonomía madura". Estos pacientes inseguros y temerosos ante la pérdida de protección y afecto, construyen una estructura defensiva contra sentimientos de rechazo y aislamiento provenientes de sus objetos significativos. Para este autor la inseguridad se genera en la primera infancia, en el contacto con la madre, al haberse sentido abandonados o rechazados por ella. Por otra parte, como las hormonas tiroideas favorecen la utilización de adrenalina y proporcionan energía a los tejidos, Lidz vincula la función normal de la glándula con "la defensa frente a peligros prolongados".
Rascovsky (1947) relaciona la función tiroidea con el mecanismo de formación del superyó en las etapas pregenitales del desarrollo. Dice que la patología tiroidea expresa una alteración regresiva en la organización del superyó, y agrega que, concomitantemente, existirían también alteraciones de las otras instancias de la personalidad - Ello y Yo - y que de la interacción reciproca entre estas instancias, surge toda la sintomatología. De modo que, en su opinión, la acción de las hormonas tiroideas, reguladoras del metabolismo, representa el equilibrio entre instancias represoras y contenidos reprimidos.
Pantolini y colabs. (1973), estudiando la función tiroidea en base al modelo de las fantasías específicas propuesto por Chiozza, vinculan la función de la glándula con el afecto miedo. Señalan que dicha vinculación se refiere, particularmente, al "miedo interno", asociado con cambios importantes "que permanecían apagados". La glándula, al regular el metabolismo, aviva o apaga el contacto con estímulos que deben ser asimilados por el Yo.
Weizsaecker (1947) estudió la enfermedad tiroidea a través de distintos casos. En uno de ellos la enferma relaciona la opresión en el cuello, debida a la enfermedad, con la aparición de sueños angustiosos; el autor atribuye a estos últimos el significado de miedo, producido por el conflicto entre un deseo sexual y un deseo de castidad.
La paciente se enfermó coincidiendo con el nacimiento del segundo hijo. El segundo hijo, dice Weizsaecker, es para muchas mujeres el comienzo de la madurez completa como mujer y como madre, pues muchas de ellas, después del primero, son todavía como muchachas, y sólo con el segundo despierta su madurez maternal. Coincidiendo con este nacimiento, ocurrió en la vida de la paciente un hecho muy cruel: el marido murió en un accidente. Poco tiempo después, la viuda perdió a su madre, víctima de un bombardeo.
Weizsaecker se pregunta: ¿por qué se enferma precisamente ahora? La respuesta es que la paciente tuvo las dos pérdidas más graves que se pueden tener en la vida y por lo tanto, "... no es extraño que también los conflictos sexuales que hemos adivinado a través de los sueños se hayan actualizado. Cuerpo y alma anhelan en la paciente un hombre y otro hijo." (Pág. 33).
Otra enferma, al interrogarla acerca de la causa de su enfermedad, da una contestación precisa, como si la supiese con toda exactitud. Dice que deriva de una desavenencia con la suegra, la cual ya en un principio se opuso al matrimonio de su hijo por creer que estaba bien atendido en casa de su madre. Se trata de una madre que no quiere renunciar a su hijo, por lo que tiene que atormentar con sus celos a la nuera.
El hecho a partir del cual se desencadenó un Basedow en la enferma ocurrió de la siguiente manera: la nuera tuvo que realizar un viaje de pocos días, viéndose precisada a encomendar a su suegra el cuidado de las gallinas y quince pollitos. Al regresar, se encontró con que cinco de éstos habían muerto, y al advertirle la joven que los pollitos seguramente no habían tolerado el pan fresco, estalló la tormenta, explosión de pólvora acumulada desde hacía tiempo y que fue la que provocó la enfermedad. El psicólogo que la trataba interpreta que los pollitos son, en la fantasía inconciente de la nuera, los nietos no nacidos sobre quienes recayó la venganza de la suegra.
Resumiendo: un conflicto específico, que dimana de la lucha entre suegra y nuera, ha ido seguido de la explosión de hipertiroidismo. Trátase de un conflicto de madre y esposa por un mismo hombre.
Para Weizsaecker la individuación es lo que ha de mostrar al individuo en relación con lo más-que-individual, es decir, con la familia, el linaje, el grupo, el pueblo, la humanidad, etc. Luego señala que, a pesar de ser bastante insípido el tema de la mala suegra, sin embargo marca las raíces que condiciona toda individuación. El que todo hombre tenga su madre, es tan cierto como la muerte. El que todo ser humano tenga que individuarse a través de su partenaire sexual es cierto, incluso en el caso en que tenga que renunciar a él, ya que esta renuncia determina la individuación. En la historia clínica presentada esto se hace evidente, ya que lo que la madre exigía a su hijo era, precisamente, la renuncia al partenaire sexual. La enfermedad queda remitida entonces a una individuación fracasada.
En síntesis, Weizsaecker refiere la enfermedad tiroidea al miedo ante el rebrote pulsional que conlleva su posterior inhibición. La vincula, también, a una restricción y una renuncia que deben realizarse, y ambas inherentes a la necesidad de individuarse. El recién nacido, dice, se encuentra ante las puertas de infinidad de posibilidades, pero luego se hace evidente que no podrá ser todo lo que hubiera sido posible que fuera. La individuación, entonces, equivale a restricción.
ESTUDIO DE LOS SIGNIFICADOS DE LA FUNCIÓN TIROIDEA
La condición neoténica de la especie humana
En los apartados anteriores hemos visto cómo la glándula tiroides, en la filogenia y en especies actuales, se vincula estrechamente con los procesos de metamorfosis y neotenia. Si bien en la especie humana no hallamos procesos de transformación global semejantes a los de los anfibios, vemos desarrollarse al individuo en una secuencia gradual y paulatina. Sabemos que, no obstante, la actividad tiroidea se incrementa en los momentos de pasaje de una etapa a otra de la vida.
Recordemos una vez más que la glándula hace su aparición en la vida intrauterina en el momento de transición entre los períodos embrionario y fetal. Incrementa su actividad antes del nacimiento y en los momentos inmediatamente posteriores a él. En la vida adulta, es fundamentalmente activa en los momentos de cambio, por ejemplo, en la pubertad, período en que se adquieren y desarrollan los caracteres sexuales secundarios y las capacidades genitoras. Coincidentemente la teoría psicoanalítica ha denominado estos procesos "metamorfosis de la pubertad" (Freud, 1905d). El mecanismo neoténico, por otra parte, parece ser central en el destino evolutivo de nuestra especie.
Koestler (1978, pág. 284-285) señala que la especie humana debe sus logros evolutivos a este proceso que el llama de "juvenilización", según el cual, un individuo humano se parece más a un embrión de mono que a un mono adulto, restringido este último por su especialización. Homologa el proceso neoténico a un "retroceder para tomar carrera", una transitoria regresión para dar luego "un salto creativo".
Campbell (1982) dice, a partir de consideraciones análogas, que la especie humana debe su gran desarrollo a la neotenia, que en ella se verifica especialmente en el lento desarrollo cerebral. Para este autor, la distancia sideral que separa al hombre del chimpancé no se debe tanto a la expresión de genes diferentes, sino más bien a la lentificación con que estos genes se expresan en el hombre.
La lentificación - aclara - que mantiene durante un período prolongado "características fetales", permite un espectro amplísimo de aprendizaje y libera al ser de automatismos, haciéndolo más flexible. La neotenia humana "...al retardar el desarrollo posibilita que la evolución pueda ponerse en reversa hasta cierta medida." Por este camino "Los seres humanos son más poderosamente afectados por el encuentro activo con su medio. Al extenderse los años de niñez en grado notable, la especie humana se ha vuelto dependiente del marco de las relaciones sociales dentro de la familia durante la infancia." (Pág. 199).
Señala también que, en contraste con esto, la neotenia "...no parece funcionar bien en el caso de los mamíferos que dan a luz grandes camadas de crías en que los retoños compiten intensamente por espacio, alimento y atención. En una camada numerosa, la lucha por satisfacer las primeras necesidades suele abreviar el período de dependencia infantil y así acelerar la llegada a la madurez. Cuando la competencia en cambio es menos intensa, por un número reducido de familia, una niñez prolongada crea un medio en que los jóvenes pueden experimentar y probar nuevas formas de comportamiento en el medio seguro y predecible del círculo familiar." (Pág. 201).
En el contexto de estas ideas afirma que "El secreto de una conducta flexible es tener experiencias interesantes en condiciones estables lo más libre que sea posible de todo peligro grave." (Pág. 201).
Freud, en una línea de pensamiento que, en muchos aspectos, es homologable a las consideraciones anteriores, destacó siempre como factor fundamental en el desarrollo de la especie, el desvalimiento del ser humano durante su prolongada infancia.
En Inhibición, síntoma y angustia destaca que "La existencia intrauterina del hombre se presenta abreviada con relación a la mayoría de los animales; es dado a luz más inacabado que estos. Ello refuerza el influjo del mundo exterior real, promueve prematuramente la diferenciación del yo respecto del ello, eleva la significatividad de los peligros del mundo exterior e incrementa enormemente el valor del único objeto que puede proteger de esos peligros y sustituir la vida intrauterina perdida. Así, este factor biológico produce las primeras situaciones de peligro y crea la necesidad de ser amado, de que el hombre no se librará más." (Freud, 1926d, t. XX, pág. 145).
De manera análoga en Esquema del psicoanálisis dice que "El pequeño primitivo debe devenir en pocos años una criatura civilizada, recorrer, en abreviación casi ominosa, un tramo enormemente largo del desarrollo de la cultura. Si bien esto es facilitado por una predisposición hereditaria, casi nunca puede prescindir del auxilio de la educación, del influjo de los progenitores, ( ). .. nos vemos precisados a incluir también en la en la etiología de las neurosis este carácter biológico de la especie humana: el largo período de dependencia infantil." (Freud, 1940a, t. XXIII, pág. 185)
También señala en múltiples pasajes de su obra que otra característica humana, ligada a la anterior, es "el desarrollo bifásico de la sexualidad"; ésta emerge en dos "oleadas" entre las que se interpone un período de remisión: la latencia. (Freud, 1905d, 1916-17, 1923b)
Dice también Freud (1926d) que la coincidencia de estos dos factores, la indefensión promovida por la prematurez y el desarrollo discontinuo de la sexualidad, crea las condiciones para que, más tarde, las exigencias pulsionales sean confundidas con peligros externos.
Vemos, de este modo, como Freud coincide con lo que nos decían otros autores, como por ejemplo Koestler y Campbell, acerca de la condición esencialmente neoténica de la especie humana. El hombre, para desarrollarse, debe hacerlo gradual y paulatinamente. En ese proceso depende necesariamente de los demás, y esta dependencia le brinda, justamente, el ámbito para la maduración de sus potencialidades y la posibilidad de un aprendizaje extendido en el tiempo, que marcan el privilegio de su condición.
Es interesante recordar que la presencia de hormonas tiroideas en los anfibios en desarrollo, promueve la metamorfosis. Su ausencia, en cambio, condiciona la permanencia de éstos en estado neoténico. Estas hormonas, en el ser humano, no actúan directamente ni pueden concentrarse en el cerebro, los órganos linfáticos y las gonadas. No existe desde la fisiología una explicación de esta particularidad, pero podemos pensar, correlacionándolo con lo anterior, que no actúan justamente en aquellos órganos que deben guardar una "potencialidad inmadura", en el marco de las peculiares condiciones de desarrollo de la especie.
Fantasías inconcientes correspondientes a la función tiroidea
La vinculación de la glándula tiroides con los procesos de cambio y con el crecimiento a ellos ligado, concierne especialmente, como hemos visto, a las últimas fases de ese crecimiento. Las hormonas tiroideas propician con su intervención una "puesta a punto", una actualización de órganos y sistemas que, por así decir, se aprontan para el desarrollo de sus funciones. Trátase, entonces, de fases de un crecimiento madurativo.
Crecer significa "tomar aumento natural los seres orgánicos. Recibir aumento una cosa por añadirse nueva materia. Aplicado a las personas se dice principalmente de la estatura." (Real Academia Española, 1992)
Madurar, por su parte, significa "dar sazón a los frutos. Poner en su debido punto con la meditación una idea, un proyecto, un designio, etc. Crecer en edad, juicio y prudencia". Proviene del latín maturatio-onis, que significa apresurarse. Algo maduro es "algo que está en sazón", que ha llegado a ser prudente, sensato, lo contrario de imprudente e irreflexivo. Sazón refiere a "punto de madurez de las cosas, o estado perfecto de su línea"; también "ocasión, tiempo oportuno". Proviene del latín satio-ontis que significa "acción de sembrar, sementera". (Real Academia Española, 1992; García de Diego, 1994)
Habíamos dicho anteriormente que la glándula hace su aparición en los anfibios primitivos, promoviendo en ellos la metamorfosis. En los anfibios actuales este proceso los transforma de larvas (renacuajos) en adultos. Por otra parte, la falta de tiroxina determina que estos seres permanezcan en estado neoténico, o sea, inmaduros total o parcialmente. El estado neoténico, tanto en los anfibios como en los insectos, se relaciona con las condiciones ambientales. Cuando estas son adversas, promueven la permanencia en ese estado. La metamorfosis, en cambio, sucede asociada a la ocasión y tiempo oportuno, aquel en que es factible desarrollar la forma de modo relativamente más definitivo.
Weisz (s/f) nos decía que un cambio madurativo del tipo de la metamorfosis, como la que supone el pasaje del estadio larvario al adulto, es característico de los seres que se reproducen sexualmente. Este proceso es concomitante a un metabolismo más complejo, que requiere más energía y también el mantenimiento de recursos potenciales. Ello se debe, según este autor, a que la combinatoria genética de un ser reproducido sexualmente demanda una latencia para que se pongan a punto las nuevas combinaciones adaptativas y que, una vez cumplida, implica una "transformación explosiva", en la que se hacen manifiestas las características de ese ser particular. Aclara, en ese sentido, que en seres como los mamíferos, el período embrionario es equivalente al estado larvario de los seres más primitivos.
"Larva", habíamos dicho, proviene del latín larvatus y significa "enmascarado, que oculta su propia naturaleza". "Renacuajo", según vimos, se vincula con "cuajar", que metafóricamente refiere a la solidificación de un proyecto.
El ser humano, señalamos también, es esencialmente neoténico, su inmadurez originaria requiere una latencia para el aprendizaje y desenvolvimiento paulatino de sus particulares atributos.
Coincidiendo con esto, Freud reafirma, una y otra vez, que la prematurez es determinante de la condición humana, como lo es también el surgimiento de la sexualidad en "dos oleadas" entre las que se interpone un período de latencia que, según opinaba, se ligaba en su origen a la época glacial.
Sin embargo, de acuerdo a lo que venimos diciendo, sería más lícito pensar que en la vida intrauterina hay dos fases, una embrionaria, organogenética, y otra fetal, ligada al crecimiento de lo que se formó, luego de la cual el ser nace con las condiciones que lo individualizan. En el desarrollo post-natal, la fase "perverso polimorfa" y la subsiguiente latencia, remedarían, en cierto modo, ese proceso de formación y particular combinatoria que aflora, definido, en el momento que Freud (1905d) denomina, no casualmente, "metamorfosis de la pubertad".
La glándula tiroides, entonces, se asociaría a estos procesos de cambio madurativo, en los que se hace necesario, en consonancia armónica con el entorno, desplegar procesos latentes ahora oportunos, consolidar las formas e ir hacia la meta.
Weizsaecker (1947), decíamos, asocia las patologías de la glándula tiroides a un fracaso en la individuación. Este fracaso, en los ejemplos que nos trae, queda vinculado a la renuncia - forzada - al partenaire sexual, renuncia que implica una restricción. Los sujetos, que en la relación con su partenaire habían encontrado, al menos transitoriamente, la línea de su propio proyecto, cuando se ven compelidos a abandonarla se enfrentan con lo que "no son".
Reflexionando en este sentido, dice, que lo históricamente más activo en el desarrollo de los individuos son "...las posibilidades no realizadas. La vida no vivida es la fuerza que impulsa la vida hacia adelante, hacia sí misma, y esto quiere decir: más allá de sí." (Pág. 161).
La glándula tiroides, desde el punto de vista funcional, favorece la activación metabólica, imperativa en momentos de cambio. Estos momentos suponen la puesta en juego de determinadas potencialidades y la clausura de posibilidades que se hallaban latentes y que deberán ser abandonadas.
La activación propia del proceso de cambio, que según Weizsaecker supone impulsar la vida más allá de sí misma (más allá de lo que es en determinado momento), implica un "duelo primario" que se inicia como hepático, en la medida en que hay que abandonar lo que no puede materializarse, y finaliza como "renal" ya que es necesario excretar lo ahora inutilizable (Chiozza, 1963).
A esta activación necesaria para un cambio impostergable, que equivale a un "salto evolutivo", se asocia la vivencia de apremio.
Freud (1916-17, t. XVI, pág. 322), en una consideración en cierto sentido análoga a la de Weizsaecker, dice que "... en el hombre el punto de vista filogenético está velado en parte por la circunstancia de que algo en el fondo heredado es, empero, vuelto a adquirir en el desarrollo individual, probablemente porque todavía persiste, e influye sobre cada individuo, la misma situación que en su época impuso la adquisición. Yo diría que en ese tiempo operó como una creación, y ahora actúa como un llamado. Por otra parte es indudable que influencias recientes puedan perturbar y modificar desde afuera, en cada individuo, el curso de ese desarrollo prefigurado. Pero el poder que ha forzado en la humanidad tal desarrollo, y que aún hoy conserva su presión en el mismo sentido, es uno que ya conocemos: de nuevo, la frustración dictada por la realidad o, si queremos darle su gran nombre, su nombre justo, el apremio de la vida..." Este "maestro apremio" es, para él, "motor del desarrollo".
"Apremio", según el diccionario (Real Academia Española, 1992), significa "dar prisa, compeler a uno a que haga prestamente alguna cosa; también obligar con mandamiento de autoridad, imponer apremio o recargo de contribución". Son sinónimos "asediar", "conminar", "precipitar", "presionar", "constreñir", etc. Proviene del latín premia que significa "coacción, violencia que se hace a alguno"; está relacionada con prèmère, "apretar, oprimir" (Corominas, 1961).
Esos procesos de cambio madurativo, que implican un paso hacia un grado mayor de individuación, suponen mientras acontecen, tolerar un apremio normal. Para que esto sea viable es necesario que estos cambios particulares acontezcan armonizadamente, siendo esta posibilidad la que favorece la necesaria tolerancia del apremio.
Si por circunstancias diversas no se tolera el apremio, este pasa a ser vivenciado como acoso. "Acoso", según el diccionario (Real Academia Española, 1992), significa "perseguir sin dar tregua o reposo a un animal o persona", "hacer correr al caballo". "Perseguir", "fatigar", "estrechar", "importunar". Proviene del latín cursare, "correr".
La glándula tiroides y su vinculación con el miedo
En párrafos anteriores, cuando mencionábamos las referencias de Freud al desvalimiento del infante humano, veíamos cómo, entre otras consideraciones, estimaba que este factor contribuye a la significatividad que adquieren, durante estas etapas, los peligros externos. Nos decía también que el surgimiento en dos fases de la sexualidad lleva a que el rebrote puberal, la intemperancia del impulso que aleja al sujeto de "sus seguros progenitores", lo conduce a atribuir al incremento pulsional la cualidad de un peligro exterior. La vivencia del peligro aparece así condicionada por dos fuentes que se interrelacionan y se potencian mutuamente.
También dice Freud (1926d) que la vivencia del peligro la experimentamos cada vez que nos vemos necesitados a comparar nuestras propias fuerzas con el entorno y la admisión de nuestro desvalimiento frente a él.
Darwin (1872) señala que frente a las situaciones de peligro el sentimiento que experimentamos es el miedo. Aclara que las expresiones afectivas del miedo corresponden a todos aquellos actos motores que, en la filogenia, fueron necesarios para emprender el ataque o la fuga.
Mannoni (1982) dice que el estado de alerta, junto a la necesidad constante de seguridad, la mímica y los ademanes de amenaza, son disposiciones filogenéticas asociadas al afecto miedo. En la amenaza, aclara, están presentes también los ademanes de sumisión. La amenaza se expresa como el deseo de intimidación-exterminación, pero en ella hay una actitud simétrica de temor. El que amenaza busca infundir miedo, sobre todo para sentir menos miedo él mismo.
Destaca, respecto a esto último, que el hombre, al igual que el animal, cuando tiene la impresión de que podría eliminar el peligro, pasa de la amenaza al ataque. La máxima expresión de esta agresión es la furia, "paroxismo comportamental de una cólera animada por el miedo" (Pág. 15).
En 1992 (Chiozza y colabs., 1992g), citamos a Dumas, quien "...distingue dos formas de miedo: a) el miedo activo, en el que predominan los fenómenos de hipertonía y excitación; b) el miedo pasivo, que se caracteriza por fenómenos de hipotonía e inhibición. El miedo activo podría corresponder a la posibilidad de realizar actos eficaces de huida o defensa, mientras que los signos físicos del miedo pasivo estarían vinculados con la sumisión y la entrega". (Págs. 261-262).
También decíamos que diversos autores señalan, como signos físicos presentes en el miedo o en afectos emparentados, los siguientes:
1) Musculares: hipotonía. A veces parálisis. Temblor, estremecimiento (movimientos similares a los que provoca una extrema sensación de frío).
2) Cardio-circulatorios: taquicardia o bradicardia. A veces síncope.
3) Respiratorios: taquipnea. A veces cese más o menos prolongado de la respiración. Garganta seca.
4) Visuales: ojos abiertos, a veces salientes, que se fijan en el objeto que provoca temor o van incesantemente de un lado a otro. Midriasis.
5) Dérmicos: sudoración fría. Erizamiento de los pelos.
6) Esfinterianos: en los casos de miedo extremo, relajamiento del esfínter anal y vesical.
La mayoría de los signos descriptos son semejantes en el miedo y la cólera, ya que ambos "...derivan de la misma tendencia básica odio-rechazo-antipatía. En el acto de huida y en el de ataque algunos de estos signos son: el aumento del metabolismo glúcido y de la frecuencia cardíaca y respiratoria, que aportan la energía necesaria para la acción muscular" (Chiozza y colabs., 1992g, pág. 261).
Contrariamente el miedo pasivo, que Mannoni (1982) describe como "inhibición extrema", sobreviene cuando el peligro excede la capacidad de respuesta activa del sujeto. Se caracteriza por hipotonía e inhibición y, según el mencionado autor, se manifiesta como un angostamiento y una regresión de todas las capacidades, pudiendo llevar al estupor insesibilizante y paralizador, un shock que aniquila toda sensación de miedo.
Todos estos signos corresponden, como señalara Darwin, a las acciones que fueron necesarias en la filogenia para hacer frente a los peligros. Dichas acciones involucran distintas "claves de inervación". La glándula tiroides participa parcialmente en el concierto de tales acciones, ya que sus hormonas actúan en situaciones de peligro promoviendo una sensibilización adrenérgica e incrementando el metabolismo en pos de energía y de precursores de sustancias requeridas.
Los procesos de cambio madurativo, que suponen un grado mayor de individuación e implican consolidar las formas y desplegar procesos latentes ahora impostergables, imponen la comparación de las propias fuerzas con el entorno y, también, la admisión del desvalimiento frente a él. Esta situación, como hemos visto, se vivencia como peligro y el sentimiento que se experimenta ante ella es el miedo.
Los síntomas de los pacientes hipertiroideos: taquicardia, alteraciones respiratorias, temblores, sudoración, etc., son todos ellos signos de miedo. Villee (1957, pág. 444) al describir la fisonomía de estos enfermos la asocia a "una expresión salvaje y escrutadora", representación de ese miedo activo vinculada al ataque o la huida. Estos signos del miedo son, a la vez, simulacros, expresiones de una amenaza que intenta intimidar a los demás. El exoftalmos, que es otra característica de estos enfermos, representaría, en la línea de lo que decimos, "... la acción de adelantar los ojos, como expresión del intento de estar extremadamente atento para poder distinguir las señales de peligro". (Chiozza y colabs. 1992g, pág. 263)
Los pacientes hipotiroideos, por su parte, parecerían, en cambio, expresar el extremo pasivo de la reacción suscitada por el miedo, es decir, la insensibilización, el estupor paralizante, ese "repliegue" que, dice Darwin, expresa el deseo de arrinconarse para no ser visto.
LA FANTASÍA ESPECÍFICA DE LAS AFECCIONES TIROIDEAS
Si volvemos ahora a las implicancias de la neotenia en el proceso madurativo, nos es licito inferir - parafraseando la frase de Campbell - que los enfermos tiroideos han de sentirse como "...un vástago en una cría numerosa", es decir, sin ese medio seguro y confiable al cual poder entregarse para madurar paulatinamente.
El hipertiroidismo, en este contexto, representaría el drama de aquel que, sintiéndose desvalido y viviendo su entorno con hostilidad y desconfianza, estima su dependencia normal, no como el privilegio del niño, sino como el castigo de un tonto. En este medio que, según considera, lo amenaza y lo apura, abandona esa capacitación que teme infructuosa y "acelera" su crecimiento, avanzando "rápidamente" a su meta definitiva.
Compelido por el apremio que vivencia como acoso, e impedido de experimentar el miedo frente al peligro que el acoso significa, acelera su metabolismo en el intento de "quemar etapas" y llegar precozmente a adulto. En síntesis: no puede "permanecer neoténico".
De esta manera reedita el proceso de la metamorfosis, aquel que, en épocas pretéritas y actualmente, permite a los anfibios (y a otras especies) escapar de las circunstancias adversas a través de un crecimiento rápido y abreviado en el tiempo. La metamorfosis de los anfibios es el "acto motor justificado" que la enfermedad tiroidea repite inoportunamente, en un contexto donde sus signos se tornan incomprensibles. Ahora el intento no es justificado porque "el hombre es hijo de la neotenia" y necesita depender para crecer.
La "huida hacia adelante", hacia la pretendida adultez, no es más que un "simulacro de individuación"; una pseudo-auto-afirmación, que asienta en la fantasía, producto de un malentendido, de que la adultez puede alcanzarse prematura y precipitadamente, cuando en realidad requiere de un proceso que se desarrolla en un tiempo normal.
El hipotiroidismo, en cambio, representaría el drama de aquel que, sintiendo su entorno falto de oportunidades para su desarrollo, "decide" guardar su potencialidad para épocas mejores. Sin la posibilidad de crecer, evita la consiguiente vivencia de miedo, apelando a aquella "estrategia frente a la adversidad" representada privilegiadamente por la diapausa de los insectos. Esta estrategia es el "acto motor justificado" que permite a estos seres ponerse en reserva frente a una "inapropiada estación de cría".
Remedando este camino el enfermo hipotiroideo se "guarda" a sí mismo; se abstrae de las asechanzas del entorno y queda "fantásticamente no nacido", a la espera de épocas mejores. Es como si "fallidamente", no tolerando la sensación de acoso, dejara escapar la oportunidad propicia, encapsulándose con cualidad larvaria cuando en realidad debería "florecer".
Tanto el hiper como el hipotiroidismo parecen sustentarse en la permanencia de malos entendidos que adquieren similitud con posiciones maníacas. Encontramos además, en ambos casos, que la deformación patosomática de la clave de inervación del miedo frente a la vivencia de acoso, se expresa mediante equivalentes afectivos que, a su vez, y como repetición de actos justificados en la filogenia, son, en sí mismos, afectos.
En el hipertiroidismo el enfermo es desbordado por una efusiva instintividad que procura expansión. Alterado, investido de una energía de la cual no es dueño, representa en sí mismo "una tormenta", "una explosión de pólvora". Con la mirada desorbitada, exaltado, "salvaje y escrutador", inquieto y susceptible, es alguien que aparece amenazador. La debilidad y el miedo que subyacen están negados. Asentado en una fuerza que en realidad no posee, quiere prescindir de los demás. Su "manía" parece ocultar un sesgo paranoico, expresado en la constelación de manifestaciones que evidencian un carácter persecutorio.
El hipotiroideo, por su parte, sintiéndose "alcanzado" por una situación adversa, "acorralado" en ella, preserva ilusoriamente las posibilidades futuras "guardándose" en estado "larvario" y nutriéndose a expensas de su propio "vitelo". Por el camino de permanecer "no nato" se desentiende del mundo y de sí mismo. Su resolución parece encuadrarse en una vía más regresiva que la correspondiente al hipertiroidismo.
Ambas patologías comparten, como vemos, un núcleo de significación ligado al proceso de maduración y a sus alternativas progresivas y regresivas. En cuanto a por qué la patología adopta una u otra forma, la clínica nos permite inferir que:
El hipertiroidismo quedaría asociado a una "imago materna" similar a la descripta por numerosos autores. Corresponde a una madre extremadamente ambivalente que, por un lado lo retiene infante y, por otro, lo amenaza con reacciones intempestivas, "explosivas". Ante ella el sujeto en lugar de miedo experimenta, en un intento defensivo, sentimientos de enojo y cólera desmedidos. Siente que debe hacer un crecimiento de "emergencia", ya que si permanece "neoténico" queda "retenido", a merced de la intemperancia del objeto. A su vez, esta "madre impaciente", que acosa y retiene, representa un hiperestímulo amenazante.
En el hipotiroidismo la "imago madre" corresponde a un objeto que se desentiende y se desinteresa, que no "cuida" y, en ese sentido, expulsa al sujeto. Su desinterés y su abandono pueden expresarse también a través de la violencia. El sujeto experimenta el sentimiento de ser echado, ser expuesto a peligros "sin salida", a un medio estéril o "una desfavorable estación de cría", sin que le sea posible una defensa activa.
De lo dicho hasta aquí, podemos esquematizar la emergencia de una enfermedad tiroidea de acuerdo a los siguientes condicionamientos:
1- Suponemos que durante el período embrionario-fetal hubo un momento de génesis y activación de la función tiroidea, necesaria para el desarrollo y para la congruente regulación del metabolismo. Este "momento evolutivo" constituye un punto de fijación tiroideo.
2- Cuando se vivencia un fracaso (frustración) del proceso madurativo en el nivel "actual" de desarrollo alcanzado, se dan las condiciones para un movimiento regresivo de la libido hacia el punto de fijación tiroideo. Un acompañante normal del proceso madurativo (cuyos cambios suponen enfrentar situaciones nuevas), es el apremio, condicionado por el hecho de que la oportunidad tiene un tiempo preciso, apremio que, cuando es vivido como acoso o acorralamiento, condiciona la intensidad de la regresión al punto de fijación tiroideo.
3- En la enfermedad tiroidea ocurre una deformación patosomática de la clave de inervación de un afecto que, de haberse desarrollado como tal, hubiera correspondido al miedo ante un proceso de cambio madurativo, experimentado como un apremio que adquiere las características del acoso.
4- Si el miedo se configura como pasivo, porque la intensidad del acoso, o las cualidades del vínculo con el objeto que "lo ejerce", conducen hacia la inhibición de los cambios madurativos frente a la ausencia de la oportunidad propicia, la deformación patosomática de su clave se expresará mediante una disminución de la función tiroidea.
5- Si el miedo se configura como activo, porque el acoso se experimenta en el vínculo con un objeto que al mismo tiempo que apura, obstaculiza el crecimiento sin llegar a inhibirlo totalmente, la tendencia a forzar el cambio madurativo conducirá a que la deformación de la clave de inervación se manifieste mediante un aumento exagerado de la función tiroidea.
EN SÍNTESIS
1- El yodo es un elemento químico extremadamente activo, cuya presencia en el mar, combinado en forma de sales, fue imprescindible para el desarrollo de la vida. Su participación contribuye a activar energéticamente los procesos metabólicos y facilita el aprovisionamiento de oxígeno necesario.
El yodo expresa en esas cualidades activadoras su "interioridad", que remite a la idea de un disparador de procesos potenciales, un estímulo "ideal" que incentiva el desarrollo de cambios transformadores que estaban latentes.
2- Cuando los organismos se alejaron del mar necesitaron implementar mecanismos para subsanar la carencia de yodo del medio aéreo. En los anfibios primitivos, y ligada a este cambio de medio, surge la glándula tiroides, órgano encargado de captar las mínimas concentraciones de yodo aportadas por la ingesta y potenciarlas mediante su conversión en hormonas específicas. Mediante este recurso la glándula asegura los requerimientos de yodo de los organismos.
3- Las hormonas tiroideas cumplen las tareas que, originariamente, dependían de la acción directa de las sales yodadas. De ese modo participan en la puesta en acto de potencialidades latentes, así como en la optimización de los procesos metabólicos generales, regulándolos de acuerdo a los requerimientos de las circunstancias.
4- En los anfibios las hormonas tiroideas determinan los cambios evolutivos de los individuos, de acuerdo a las circunstancias del entorno. Su presencia estimula la metamorfosis, es decir, el cambio mediante el cual los organismos despliegan sus potencialidades para transformarse de larvas en adultos. La ausencia o disminución de hormonas tiroideas determina la permanencia de los individuos en condición neoténica, es decir, lentificados en su desarrollo y conservando cualidades larvarias total o parcialmente.
5- Metamorfosis y neotenia son estrategias evolutivas a las que apelan muy diferentes especies. Los insectos, por ejemplo, pueden hacer la metamorfosis o permanecer en estado neoténico, lo cual depende de dos hormonas diferentes secretadas por órganos distintos. Estas hormonas -ecdisona y neotenina- cumplen tareas equivalentes a las que, en otras especies, llevan a cabo las hormonas tiroideas. También, en los insectos y ante condiciones absolutamente desfavorables del entorno, existe un mecanismo llamado diapausa, que consiste en un enlentecimiento máximo del desarrollo, que se presta para representar un extremo de la utilización del recurso neoténico ante la adversidad.
6- Considerada desde el punto de vista de los significados inconcientes, la glándula tiroides, que aúna esas funciones ligadas al crecimiento y las transformaciones asociadas, se arroga la representación de la regulación de los procesos de cambio madurativo, aquellos que, a lo largo de la vida, promueven el despliegue de procesos latentes y su desarrollo hacia determinada meta. De allí que la actividad de la glándula tenga un incremento notable en momentos de la vida que suponen un pasaje evolutivo entre diferentes estadios.
7- En los seres humanos la glándula tiroides comienza a ser activa en el momento del pasaje del estadio embrionario al fetal, momento en el cual suponemos que se establece un punto de fijación tiroideo. Aumenta también su funcionalidad en los momentos cercanos al nacimiento e inmediatamente posteriores a él.
8- Los procesos de cambio que requieren el despliegue de potencialidades latentes (larvadas), suponen siempre un apremio normal, condicionado por el hecho de que la oportunidad tiene un tiempo preciso, apremio que es necesario tolerar y que se liga a la vivencia de peligro experimentada como miedo. Para que el cambio pueda desplegarse naturalmente es necesario vivenciar una concordancia o armonía entre las necesidades emergentes y las circunstancias del entorno.
Cuando el entorno es adverso o poco propicio, se incrementa el apremio, que pasa a ser vivido como acoso o acorralamiento, con el consiguiente incremento del miedo.
9- Nos encontramos entonces con un tipo particular de miedo intenso surgido ante una vivencia que denominamos acoso, y frente a la cual suelen ensayarse dos tipos opuestos de defensa. La primera es la inhibición de la acción o su lentificación (que equivale a una parálisis como forma particular de la huida). La segunda es una intensificación o incremento de la velocidad de la acción, que equivale a una formación reactiva frente al miedo que inhibe. ("huida hacia adelante").
10- Cuando estos afectos no son tolerados en la conciencia, puede suceder, defensivamente, la sobreinvestidura de un elemento de la respectiva clave de inervación. El sujeto, en ese caso, no tendrá en la conciencia el miedo vinculado al acoso, pero experimentará un trastorno patosomático de la glándula tiroides, que llevará implícita una reactivación regresiva del punto de fijación tiroideo.
11- Si el trastorno toma la forma del hipertiroidismo, se manifestará a través de la aceleración general del metabolismo, representando así el "apuro" del sujeto por crecer y llegar a una meta, salir de una situación de acoso, como si remedara la metamorfosis de la filogenia. El miedo no se manifestará como sentimiento en su conciencia, pero quedará expresado en los síntomas de la enfermedad.
12- Sí, en cambio, el trastorno toma la forma del hipotiroidismo, se manifestará por el enlentecimiento general del metabolismo. El sujeto remedará en sus síntomas el enlentecimiento típico de los procesos neoténicos, similar a la diapausa de los insectos, postergando su desarrollo. El miedo, aún más intenso y más alejado de la conciencia que en el hipertiroideo, permanecerá reprimido, y el sujeto aparecerá retraído, "encapsulado", desinteresado de sus circunstancias.
TIENE QUE SER AHORA, PERO... ¿CÓMO?
Hay que reconocerlo, le llevó bastante tiempo admitir que estaba enferma. Con esa alegría que le "agarraba" a veces, y que el médico había llamado "euforia", se había sentido bien. ¿Por qué, con sus dieciséis años tumultuosos, no se sentía entonces dependiente de nada ni de nadie? ... Le costaba admitir, ahora, que necesitaba los medicamentos .... le molestaban los cuidados que le imponían ...
Pero esto tenía que ver con la manera de ser de la familia, especialmente la familia de mamá ... todos activos ... pretendiendo que los hijos se valieran solos. Mamá parecía tratarlos a todos en conjunto ... como una gallina a sus pollitos ...
Mamá pretendía que sus hijos se valieran solos ... que fueran independientes ... pero entonces ¿ por qué siempre la había tratado a ella, Mónica, como si fuera una beba? Está bien ... era la más chica de los cinco hermanos, pero no era justo que su mamá la tratara como si no quisiera que creciera, y que su papá, que siempre le hacía caso a su mujer, aceptara ese deseo de verla siempre beba.
Ser la chiquita de la casa había sido, para ella, siempre inevitable, casi natural... sus hermanas mayores la cuidaban ...
¡Los dieciséis años! ¡Una edad crucial! ¡Un período tempestuoso de su vida!. No sólo por la aparición, tardía, de la primera menstruación ... marcando, por fin (!), que la infancia había terminado, sino por los cambios de su carácter ... Había sentido la rebelión que, poco a poco, ganaba espacio dentro de ella, haciéndola también sentirse enfrentada con sus padres como nunca.
Comenzaba a sentirse una mujer ... a pesar de que todavía no lo parecía ... pero los muchachos empezaban a importarle ... y la preocupación de los padres, en ese punto concreto, cada día le molestaba más ... Tenía que rebelarse, necesitaba consolidar "su independencia", pero ... aparte de eso, ¿no era cierto acaso que en su casa todos eran polvorita?
Para colmo (!), en aquel momento, todo parecía revolucionado. Josefina, la mayor, la que más la había cuidado, se casaba, y Mario, el de carácter mas díscolo, taciturno y agresivo, había tenido que ser internado, transitoriamente, en una clínica psiquiátrica por la crisis que tuvo. ¡Que no digan, entonces, que sus padres estaban alterados por culpa de ella!
¡Cómo no iba a estar "acelerada", con la taquicardia que le sucedía a cada rato, por las cosas más nimias que, como nunca, la "ponían nerviosa"! ¡Cómo no se iba a estar moviendo todo el día si la inquietud la consumía hasta el punto de dejarla con un cansancio físico extenuante!
¿Para qué se preocupaban? .... ¡Siempre lo mismo! Metiéndose cuando ella no quería ... ¡Como si la vida suya fuera de ellos! ... Se había sentido contenta de estar "acelerada" ... cuanto más se moviera mejor ... menos podrían controlarla (!)
Pero se había equivocado, el cansancio y la taquicardia aumentaron ... y, por fin, lo más tarde que pudo, tuvo que ir al médico ... y entonces se enteró de que sufría, a los diecinueve años, de hipertiroidismo.
¿Por qué sufre Mónica de hipertiroidismo?
Mónica se sintió siempre "la más chica en una cría numerosa". El casamiento de su hermana, la internación de su hermano enfermo, su propia menstruación y los cambios asociados, son acontecimientos que implican cambios, en la situación familiar, que la llenan de angustia.
El ambiente familiar en que se desarrolló, ese pródigo territorio de crianza, se tornó amenazante. Todo cambiaba de pronto y debía crecer, dejar de ser "la beba" que había sido. Sin embargo, habituada a considerarse siempre como "la chiquita de la casa", no se sentía ahora segura para enfrentar, junto con los demás, el cambio. De modo que experimenta el hecho de crecer, un hecho natural cuya experiencia debió desplegarse progresivamente, como si se tratara de una exigencia abrupta que ella misma se impone y que la apremia. Tiene que ser ahora, pero ... ¿cómo?
Abrumada por el sentimiento de apremio, lo desaloja de su conciencia junto con el miedo que lo acompaña. En su lugar aparecen las manifestaciones corporales de una afección tiroidea, porque son manifestaciones que forman parte de la clave de inervación del sentimiento de apremio y del miedo.
Sus temores, alejados de su conciencia, aparecen reactivamente como estímulos que la obligan a apurarse. No se siente madura, y sin embargo, precisamente por eso, siente que debe "buscar un atajo por donde cortar camino", llegar rápido a "grande", y alcanzar una "meta" que puede escapársele.
Este apuro de crecer, asociado al apremio, es excluido de su vivenciar conciente. En su lugar aparece el "apuro" del metabolismo representado en el hipertiroidismo.
El apremio inconciente para llegar rápido a grande reactivó su fijación tiroidea y ella, del mismo modo que ancestralmente los anfibios en los momentos de cambio, incrementó la producción hormonal exacerbando su metabolismo en un intento fallido de realizar ese cambio, esa "metamorfosis de la pubertad" que no podía llevar a cabo gradualmente.
Con los ojos abiertos... pero como si no estuviera
¡Otra vez habían rechazado su pedido! Hubiera sido un refugio, un espacio de tranquilidad, soñado, en el cual sentirse protegida. La vez anterior le había dolido, pero había conservado la esperanza, ahora ya no. Ahora el convento se le escapaba definitivamente...
¿Qué podía hacer ahora con su vida? Tener que tomar decisiones era lo peor ... ya no se sentía, como antes, una chica de carácter, una chica que podía llevarse el mundo por delante ... ahora tenía treinta años y sin embargo se sentía "lentificada", como un reloj al cual se le está acabando la pila ...
No le quedaba más que "su cueva" ... Era un cuartucho que le había facilitado la congregación cuando, aterrorizada, decidió abandonar la casa paterna ... porque ya no se sabía donde podían terminar las cosas ...
Su "cueva" casi no tenía ventanas, pero era un lugar apacible ... Sabía, sin embargo, que no podía permanecer allí ... más tarde, o más temprano, debería salir de la cueva -- y de la cama en la cual se acurrucaba -- para enfrentar al mundo.
¡Qué distinto cuando papá vivía! Estaba allí como una muralla que la protegía de la violencia incomprensible de mamá. Y además era cariñoso ... Cuando ya no estuvo, todo fue diferente ... Cuando él murió las peleas fueron cada vez más violentas ... Los golpes de su madre, aliada con su hermana, ya no tenían control ...
Su hermana, según lo que había diagnosticado el psiquiatra, era esquizofrénica, y su madre, según lo que ella misma, cada vez que se enojaba, decía, esperaba un varón, y en cambio había nacido Mariana, que sólo había servido para estropearle la relación con su marido ...
No ... No había sido un hija querida ... Para colmo había venido atravesada, y hubo que hacer una cesárea ...Tras el sufrimiento del parto, su madre ni quiso verla ... ¡Ella misma lo decía! ... Dios sabe que, desde niña, hizo esfuerzos desesperados para conquistar el amor de su madre ... hasta quiso asemejarse al varón que ella deseaba ...
Cuando murió papá los golpes ya no tenían control ... Y cada vez fue peor ... Esconderse debajo de la escalera ya no servía... ya no quedaba donde protegerse ... ¡Atajarse los golpes! No quedaba otra, pero ... ya no le quedaban fuerzas ... sólo podía quedarse como una marmota, mirando todo ... con los ojos abiertos, pero como si no estuviera ...
¡Parecía una burla del destino! En el convento, que hubiera sido su refugio, no la querían ... y la rechazaban por una enfermedad, el hipotiroidismo, que al principio casi había tomado en broma, y que ahora, luego del rechazo, había empeorado tanto ...
¿Por qué enfermó Mariana de hipotiroidismo?
Mientras el padre de Mariana vivía, su cariño y su protección mantenían viva, en ella, una esperanza. Las cosas podían cambiar. Esa posibilidad sostenía la vitalidad y el dinamismo de Mariana. Cuando murió, se perdió toda esperanza. Su madre y su hermana nunca habían dejado de acosarla, pero sin la presencia del padre la situación empeoró.
Mariana, en el borde de la desesperación, intentó más que nunca complacer a su madre y lograr, al mismo tiempo, que la dejara crecer. Pero no fue posible. Al contrario, la hostilidad aumentó. Mariana se replegó cada vez más sobre sí misma y, en la situación extrema que las circunstancias le imponían, abandonó la casa familiar, y negó, para poder hacerlo, el miedo atroz que, frente a la sensación de desprotección, sentía, porque el miedo a su madre era aún mayor.
"Salió" entonces al mundo, para "volver" a su "cueva", negando que sentía la necesidad de ser "empollada" y protegida. Guardando sus fuerzas, saturada de nutrientes sin metabolizar, envuelta en su obesidad y su piel edematosa, hizo de su cuerpo la guarida en la cual permanecer esperando las circunstancias propicias para el cambio anhelado, evitando el miedo.
La enfermedad, que hizo su aparición tras la muerte de su padre, fue "in crescendo" insidiosamente, y se agravó luego de que el ingreso en el convento le fue negado. El convento que, en su fantasía, hubiera sido el lugar donde, pudiendo permanecer "neoténica", hubiera podido, sin apremio, consolidar el desarrollo y la fortaleza que deseaba.
Notas
(1) El texto del presente capítulo fue presentado para su discusión en la sede del Instituto de Docencia e Investigación de la Fundación Luis Chiozza el día 13 de octubre de 1995
(2) La glándula tiroides, a través de la reconversión del yodo en hormona, tiene la capacidad de concentrarlo varios miles de veces más que la concentración de este elemento en el plasma sanguíneo (Fawcett, 1986).
(3) Los halógenos, séptimo grupo en la tabla periódica de los elementos, tienen, además de esa propiedad fundamental de generar sales, otras que también los definen, como la gran notoriedad de las diferencias entre sus propiedades químicas y físicas siendo, no obstante, parientes. El astato, miembro más desconocido de este grupo, es un elemento radioactivo, el más inestable de los halógenos y por lo tanto muy infrecuente.
(4) En los yoduros a los que contribuye, el yodo combina sus propiedades con las de las sales. Las sales tienen como propiedad principal la de ser elementos perdurables, ya que se organizan en forma de cristales sólidos y, además, tienen altos puntos de ebullición y de fusión, que dificultan su volatilización. A estas cualidades suman otras, como su solubilidad, hecho que facilita la difusión en medios líquidos de los elementos que la constituyen. Por otra parte, tienen capacidad osmótica, es decir, absorben agua, y esto las hace imprescindibles para la vida. (Cf. Enciclopedia de la ciencia y de la técnica, 1976.)
(5) Al decir metafóricamente "estímulo ideal" queremos significar que su accionar "disparador" adquiere analogía con la característica que, en otro lugar (Chiozza, 1963), asignábamos al estímulo ideal que, decíamos, tiene la cualidad de un acicate, muchas veces traumático, que gatilla la energía potencial del yo.
(6) Los dos principales grupos de esta clase son: salamandras y tritones, que conservan la cola a lo largo de toda la vida, y sapos y ranas, que la pierden al llegar a adultos. Todos los anfibios tienen una piel lisa y húmeda, glandular, sin escamas y dos pares de patas que equivalen por su desarrollo y estructura a las aletas pares de los peces. Las larvas viven habitualmente en agua dulce y respiran por branquias. Los adultos poseen pulmones, pero algunas variedades que viven en el agua tienen pulmones, aunque conservan también las branquias. En la mayor parte de las especies, tanto la fecundación como el período embrionario transcurren en el agua, sean terrestres o no. (Cf. Villee, 1957).
(7) Las esporas y las unidades vegetativas, no adquieren nuevas instrucciones genéticas a través de la sexualidad (Weisz, s/f).
(8) La larva de los anfibios se denomina habitualmente renacuajo. Esta palabra, aclara el diccionario, se utiliza también "para referirse a los muchachos enclenques y a la vez antipáticos", y en español existe el refrán que dice "cada renacuajo tiene su cuajo", dando a entender con ello "que el ser más débil puede llegar a irritarse y ponerse duro en ciertos momentos". La palabra "cuajo" proviene del latín coagulum, que proviene a su vez de coagulare -"cuajar"- que significa "unir y trabar las partes de un líquido para convertirlo en sólido", y que se lo utiliza habitualmente en el sentido de solidificar un proyecto. (Diccionario Enciclopédico. Quillet, 1968; Enciclopedia. Hispánica, 1990-1991; Real Academia Española, 1992)
(9) La neotenia se verifica en algunas especies actuales de anfibios. Algunos autores, como Koestler (1978) y Storer (1975), suponen que dicho mecanismo posibilitó en los anfibios primitivos sus desarrollos evolutivos.
(10) El proceso mediante el cual la glándula tiroides elabora sus hormonas es sumamente complejo, desconociéndose muchos pormenores de su intimidad. Describiremos entonces los aspectos generales y mejor conocidos.
(11) El yodo puede ser ingerido en forma orgánica e inorgánica. El yoduro libre es absorbido rápidamente en el intestino delgado proximal, mientras que el yodo orgánico, ligado, se libera de su fijación o bien por hidrólisis o bien por desyodación enzimática, proceso este último que se verifica fundamentalmente en el hígado.
(12) La T3 es de 3 a 5 veces más activa que la T4, ésta representaría una prohormona, la mayor parte de la cual se transforma progresivamente en T3; una pequeña parte, en cambio, se transforma en T3 reversa que es inactiva. En condiciones adversas, por ejemplo ante una enfermedad grave, es mayor la proporción de hormona que se transforma en T3 reversa, inactiva. Este mecanismo, se supone, sirve a los efectos de disminuir el catabolismo en los tejidos, ya que la presencia de hormona activa, lo promueve.
(13) Recordemos que las mitocondrias son órganos de la célula que actúan a modo de usinas produciendo energía mediante el proceso de respiración celular. No se conoce acabadamente el mecanismo de acción de las hormonas tiroideas sobre las mitocondrias, sin embargo se sabe que con la presencia de estas hormonas, las mitocondrias se hinchan produciéndose cambios que alteran su capacidad de transportar electrolitos. Los pequeños gránulos mitocondriales se rompen y oxidan, y ante la presencia de substratos forman cuerpos con elevado poder energético.
(14) En un primer paso, el oxígeno capta el hidrógeno de distintos enlaces químicos -deshidrogenación- liberando energía. En un segundo paso tanto la energía liberada como el oxígeno interviniente, son utilizados para que el compuesto resultante se una al fósforo -fosforilación oxidativa- formándose así compuestos fosfatos (Adenosin-Tri-fosfato o ATP) de gran poder energético.
(15) Los procesos metabólicos pueden ser anabólicos o catabólicos. El término "anabolismo" se refiere a aquellos procesos químicos en los cuales se combinan sustancias químicas simples para formar otras más complejas, lo que da lugar a un almacenamiento de energía, a la producción de nueva sustancia viva y al crecimiento. El catabolismo se refiere a la degradación de estas sustancias complejas, que origina una liberación de energía y un consumo de tejido. Ambos procesos son simultáneos, se complementan mutuamente y pueden estar mediatizados por dos mecanismos diferentes. Uno es la fermentación, que se realiza sin la presencia de oxígeno, o sea, es anaerobio y es el que, por ejemplo, realizan algunas bacterias. Otro demanda la presencia de oxígeno, es aeróbico y característico de los organismos más complejos. En este último tipo de procesos es dónde, como hemos visto, intervienen las hormonas tiroideas (Weisz, s/f).
(16) Se ha demostrado la existencia de antagonismo entre la vitamina A y la hormona tiroidea, aunque se desconoce el mecanismo por el que se produce.
(17) De los casos descriptos por Weizsaecker tomaremos sólo dos que por su significatividad condensan las ideas que el autor desarrolla en un número mayor de casos
(18) El destacado es nuestro
(19) Recordemos que las hormonas tiroideas se ligan íntimamente a los procesos hepáticos, y que funcionalmente son activadas en el hígado.
(20) Recordemos que en los anfibios la glándula tiroides, a través de sus hormonas yodadas, promueve la metamorfosis, en tanto que la ausencia de dichas hormonas condiciona la permanencia de estos seres en estado neoténico.
(21) Los procesos neoténicos que, como hemos visto, acontecen en diversas especies, quedan especialmente representados, cuando adquieren una particular intensidad, por el mecanismo de diapausa propio de los insectos.