CAP. XXII
APENDICE
DE LA SINOPSIS A LA RESIGNIFICACIÓN EN EL ESTUDIO PATOBIOGRÁFICO
Gustavo Chiozza
"Igualmente mortal es para el espíritu tener un sistema como no tener ninguno; el espíritu deberá resolverse a enlazar lo uno y lo otro."
Federico Schlegel
En "La conmovedora experiencia de resignificar una historia" , Chiozza, refiriéndose al significado nuevo que, en la patobiografía, debemos darle a la historia conciente y manifiesta que el paciente nos trae, escribe: "¿Dónde encontraremos, pues, el significado de la patobiografía actual? (...) Durante las supervisiones de los Estudios Patobiográficos hemos aprendido que no está en los papeles, que contienen solamente algunos indicios. Es en los mismos miembros del equipo que han discutido el estudio, donde se ha refugiado" (Chiozza, L., 1995w, pág. 110)
Sabemos también, cómo ese significado ha llegado a "refugiarse" allí. Muchas horas de contacto con el paciente durante la realización del interrogatorio y muchas horas de trabajo en la preparación de la sinopsis, han dejado en el anamnesista una profunda comprensión del drama que motiva, desde lo inconciente, la consulta.
Esta profunda comprensión es ya una resignificación de la historia que el paciente nos ha contado, y por lo tanto es también "otra" historia, donde los mismos acontecimientos se encadenan, ahora, de una manera nueva. No se trata solamente de identificar el afecto reprimido que, desde lo inconciente, sostiene el síntoma actual que motiva la consulta. Se trata sobretodo de comprender un significado reprimido en el pasado histórico y que ha determinado el "estilo" con que el paciente dibuja el mapa de su vida; es decir, su particular manera de interpretar los acontecimientos que componen su biografía (Chiozza, L., 1983c [1982], 1995t).
Cuando, en la realización de una patobiografía alcanzamos este punto, nos encontramos siempre con una nueva dificultad. Cómo hablar con el paciente de eso que hemos comprendido; cómo acercar a su conciencia lo que ahora se halla en la nuestra. A partir de una misma biografía él ha construido un mapa y nosotros otro, y esto crea, inevitablemente, un hiato de incomunicación que deberemos superar, evitando ser malentendidos.
Si bien la palabra, hija del proceso secundario, es el agente privilegiado para el cambio que deseamos operar (Chiozza, L., 1978g, 1983c [1982]), la comprensión que hemos alcanzado no ha surgido del ejercicio del pensamiento lógico-racional, sino de una empatía afectiva, visceral, (que llamamos contratransferencia) más propia del proceso primario (Chiozza, L., 1970a [1966], 1970k [1968]).
Por lo tanto nos encontramos frente a la tarea de tener que "traducir" eso que comprendimos de golpe, de una manera global (Chiozza, L.., 1970a [1966]) y atemporal, sin un antes y un después, haciendo de ese significado que queremos transmitir una "historia", es decir, un relato ordenado en el tiempo.
Debemos "decidir", entonces, por dónde empezar; qué importa decir primero y qué después. En el tapiz complejo de esa vida debemos construir un "hilo" argumental que nos permita recorrer esa biografía "marcando" un camino nuevo. Al "alejarnos" nuevamente, el camino "remarcado", fundiéndose otra vez con la complejidad del conjunto, arrojará un nuevo panorama atemporal (Chiozza, L., 1978g).
Enfrentado con la dificultad de "armar", en unas pocas páginas, la resignificación que se le dará al paciente, he elaborado un esquema que, más que un algoritmo, es un intento práctico de solucionar una dificultad en la técnica. Sin embargo, no es infrecuente que la técnica enriquezca la teoría, y, conversando con Chiozza acerca de este modelo, encontramos que la posibilidad de esquematizar en unos pocos puntos lo que le diremos al paciente, otorga una mejor conciencia de aquello que constituye el esqueleto esencial de toda resignificación.
Podemos representarnos este esqueleto como el tronco y las ramas principales de un árbol, donde el follaje está dado por los particulares personajes y acontecimientos que hacen de una biografía algo particular. El ordenamiento temporal en el que se suceden los distintos puntos, como veremos luego, es el que, a mi criterio, otorga a la resignificación el timing adecuado que debe tener toda interpretación.
No obstante, este ordenamiento frecuentemente debe ser alterado para adecuarse a las particularidades de cada caso. Esto se debe a que hay historias más simples e historias más complejas. Como ocurre en una novela, algunas historias "contienen", a su vez, otras historias; por ejemplo en una enfermedad de larga data y abundantes complicaciones, nos será de utilidad identificar junto al factor eficaz desencadenante de la enfermedad, aquellos factores que desencadenaron las distintas complicaciones.
Comencemos pues a exponer el esquema; todos los elementos que necesitamos no son otros que los que componen la sinopsis.
1) Recordemos que, a excepción de los estudios de urgencia, ya hace aproximadamente veinte días que no vemos al paciente; y si bien en ese lapso hemos estado íntimamente "conectados" con los aspectos más importantes de su vida (en el sentido de lo que es actual), la situación del paciente es, en un sentido, la opuesta. Es muy posible que él se halla "desconectado", en mayor o menor grado, de la experiencia emocional que significó para él la anamnesis.
Su timing es otro y debemos adaptarnos a él si no queremos incurrir en un malentendido. Debemos restablecer el "contacto" para lograr un encuentro, y lo más adecuado es empezar por el principio, ateniéndonos al consejo técnico de ir de la superficie a la profundidad, gradualmente. Utilizaremos, entonces, aquello que hemos identificado como el motivo manifiesto de la consulta.
? Usted nos vino a ver porque, como nos dijo, ...
2) Sabemos que junto al motivo manifiesto que motiva la consulta existe otro, inconciente, al que llamamos latente. Parecería adecuado pasar a hablar entonces de aquello inconciente que motivó la consulta; sin embargo, ya intuitivamente, nos damos cuenta que esto no daría el resultado que esperamos.
Identificamos como motivo latente de la consulta, una fantasía inconciente surgida de ese "estilo" configurado en la infancia con que el paciente traza el mapa de su vida. Hablar tan pronto de algo que constituye el núcleo caracterológico inconciente, sólo puede producir o bien un malentendido, o bien un conocimiento intelectual (que en última instancia es también un malentendido).
Además, si recordamos que aquello que motivó inconcientemente la consulta toma la forma de una pregunta que el paciente nos hace, veremos que hablar de eso es incluirnos nosotros como un personaje de su vida. Siguiendo el modelo de nuestra técnica psicoanalítica, preferimos no explicitar la transferencia, para evitar los inconvenientes que ello nos plantea (Chiozza, L., 1979c).
Entonces, ¿qué le diremos a continuación? Hasta aquí sólo le hemos repetido sus palabras, ahora debemos darle un significado nuevo; es decir, traer a su conciencia un contenido cercano a ella.
Es muy probable que luego de haber respondido al interrogatorio, durante la anamnesis, el paciente halla identificado en su vida otras vicisitudes, además de su enfermedad, que le ocasionan padecimiento. Hablar de ello nos permitirá comenzar a remontarnos hacia atrás en el tiempo; y de esta manera comenzaremos a hacer de nuestra comprensión una historia.
Utilizaremos ahora, aquello que en la sinopsis identificamos como el factor eficaz desencadenante de la enfermedad.
? Sin embargo, nosotros pensamos que ya antes, ...
3) Si a este factor lo llamamos desencadenante es porque no ha actuado por sí solo, sino que su eficacia ha consistido en poder "precipitar" una determinada situación. Si bien este aspecto no está contemplado como un ítem de la sinopsis, recurriremos al cuadro de situaciones dramáticas y enfermedades, para identificar el resto de los acontecimientos biográficos asociados temporalmente con la situación que desencadenó la enfermedad.
Le hablaremos entonces del estado sobre el cual opera el factor eficaz desencadenante de la enfermedad.
? En ese momento, se le juntaron muchas cosas ...
4) Alcanzado este punto, ya hemos logrado contarle al paciente una nueva historia de su vida. Le hemos dicho que si bien nos vino a ver por su enfermedad, esa enfermedad tiene historia. Se relaciona con algo que empezó antes de lo que él cree. Le mostramos cómo sentía las mismas cosas en distintos aspectos de su vida. Por ejemplo en el trabajo, en la relación con su padre, con su mujer y con su hija.
Hemos podido hablar entonces del afecto reprimido que, desde lo inconciente, sostiene el síntoma que motiva la consulta y configura, además, la temática actual en torno de la cual gira la vida del paciente (tal como él la interpreta ahora). Pero nuestro trabajo no ha terminado aún; nos proponemos una meta más ambiciosa; resignificar la historia completa.
En efecto, en tanto ataque histérico universal, el afecto es producto de un malentendido. Malentendido que a su vez depende de un mapa trazado en la infancia, obedeciendo a una fantasía optativa inconciente. Este mapa, ahora, se ha vuelto deficitario; y, por decirlo en una metáfora, cuando el paciente busca en su mapa la puerta, se choca contra la pared.
Ha llegado el momento de traer a la conciencia ese mapa, si queremos cuestionar el "estilo" con que ha sido trazado (Chiozza, L.., 1986a). Debemos en este punto, remontarnos atrás en el tiempo; hablar de la infancia, momento en el cual este "estilo" se configuró como un clisé transferencial; y traer a la conciencia el malentendido que, como fantasía optativa, le dio origen.
? Esto es algo que tiene historia en su vida; ya desde que era un niño siempre sintió ...
5) Pero aún no hemos terminado; no podemos dejar aquí. Una vez visto el bosque, debemos volver al árbol, y no olvidar que la enfermedad es la mejor solución que el paciente ha podido encontrar para su drama. Nos proponemos "estropear" esa solución (Chiozza, L.., 1986a) ya que demuestra ser incompatible con la salud y con la vida (en el sentido de Eros). Hemos comprendido cuál es el propósito de su enfermar y debemos compartir con él nuestro esclarecimiento. Pensamos que si el paciente puede comprender este propósito a la luz del nuevo significado que le proponemos, tampoco él estará conforme con esa "solución".
Sabemos que ese propósito inconciente sigue operando no sólo en su enfermedad actual, sino también en la idea que el paciente se ha formado acerca de cómo podría curarse. Esa idea se halla al servicio de mantener reprimido el afecto intolerable. Es lo que identificamos como la fantasía mágica de curación.
Necesitamos estar bien seguros de que el paciente comprenda bien este punto, ya que esta fantasía, producto de la disociación, es para él altamente destructiva (lo que los psicoanalistas llamamos tanática). Queremos que el paciente experimente estas fantasías como algo propio, ya que se hallan muy lejos de la conciencia. Para esto le dejaremos ver de dónde las hemos "sacado"; le hablaremos entonces del cuento que él mismo escribió, o el resumen que nos trajo de la película o la novela, o el sueño que nos ha contado.
? Ahora le gustaría poder hacer como el personaje que nos trajo ...
6) Sabemos que no podemos ofrecerle una solución; nuestra función consiste en estropear la suya para que, contando con todos los nuevos significados que surgieron al resignificar su historia, él encuentre para sí una solución mejor. Pero sin confundirnos con "darle" la solución, podemos sí, mostrarle el camino.
Un camino de amor e integración (Eros) para afrontar las complicaciones que plantea la vida. Un camino que a veces el paciente ha intuido, y que otras veces deberemos aportárselo nosotros. Es aquello que identificamos como la fantasía adecuada de curación.
? Sin embargo, como usted mismo nos dijo (o bien, nosotros pensamos)...
Veamos, entonces, para terminar, cómo queda el esquema completo:
1. Usted nos vino a ver porque, como nos dijo, ...
(Motivo manifiesto de la consulta)2. Sin embargo, nosotros pensamos que ya antes, ...
(Factor eficaz desencadenante de la enfermedad)3. En ese momento, se le juntaron muchas cosas ...
(Estado sobre el que opera el factor eficaz desencadenante)4. Esto es algo que tiene historia en su vida; ya desde que era un niño siempre sintió ...
(Historia infantil que configura un carácter que se repite como clisé transferencial)5. Ahora le gustaría poder hacer como el personaje que nos trajo ...
(Fantasía mágica de curación. Cuento, película, novela, sueño)6. Sin embargo, como usted mismo nos dijo (o bien, nosotros pensamos)...
(Fantasía adecuada de curación)Resta aún hacer hincapié en otros aspectos de la sinopsis valiosos para la resignificación. Podemos, si así nos parece, hacer referencia a las indicaciones terapéuticas en la resignificación escrita; sobretodo en aquellos casos en que sentimos la necesidad de deshacer una resistencia que comprometa la posibilidad de que el paciente siga nuestros consejos terapéuticos.
Otro ítem importante es el dosaje de esperanza que hemos podido detectar. Si bien no le haremos mención explícita de su "pronóstico", el conocerlo nos ayuda a determinar el "tono" general de la resignificación. Siguiendo la metáfora, será más "grave" cuanto más gravedad revista su estado.
Las frases significativas serán la materia prima verbal con que construiremos el lenguaje que utilizaremos para comunicarnos con él, es decir, en sus mismas palabras. Utilizaremos particularmente aquellas frases en que el contenido coincida con aquello que, en cada punto, le queramos decir. Esas frases serán, para nosotros, puntos de coincidencia.
Por último, creo que conocer mejor el esqueleto de lo que constituye la resignificación, nos ayudará también a ser más eficaces en la difícil tarea de identificar, entre los múltiples acontecimientos que el paciente nos relata durante la anamnesis, los elementos necesarios para resignificar su historia.
Toda mejor comprensión de aquello que "cura", en el Estudio Patobiográfico, será también poder terapéutico para el psicoanálisis. Para escenificar, a modo de metálogo, la secuencia circular de las historias, donde el fin resignifica el comienzo, quisiera finalizar este trabajo volviendo al principio, y citar, otra vez, palabras del mismo artículo de Chiozza (1995w) acerca de lo que significa "la conmovedora experiencia de resignificar una historia":
"Estabamos lejos de imaginar, en los comienzos, que el procedimiento aportaría, como inesperado regalo, una nueva y mayor transparencia al proceso psicoanalítico que ejercemos cotidianamente en nuestros consultorios. Muchas horas del trabajo "patobiográfico" (...) nos permitieron contemplar y reconocer, una y otra vez, la escenificación histórica que re-presenta la significancia actual que constituye la raíz inconsciente de la crisis biográfica."
LA INTERPRETACIÓN INDIRECTA DE LA TRANSFERENCIA
Gustavo L. Chiozza
En "Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico" Freud sostiene que: "Es lícito decir, pues, que la teoría psicoanalítica es un intento por comprender dos experiencias que, de modo llamativo e inesperado, se obtienen en los ensayos por reconducir a sus fuentes biográficas los síntomas patológicos de un neurótico: el hecho de la transferencia y el de la resistencia. Cualquier línea de investigación que admita estos dos hechos y los tome como punto de partida de su trabajo tiene derecho a llamarse psicoanálisis, aunque llegue a resultados diversos de los míos" (1914d*, pág. 16). Por lo tanto, psicoanalizar es interpretar la transferencia venciendo las resistencias.
Tan sustantivo es para Freud el descubrimiento de la transferencia que lo lleva a afirmar que todo conflicto debe ser batallado en el terreno de la transferencia, ya que nadie puede ser vencido en ausencia o en efigie (1912b*); y "El hombre que en la relación con el médico ha pasado a ser normal y libre del efecto de unas mociones pulsionales reprimidas, sigue siéndolo también en su vida propia, cuando el médico se ha hecho a un lado" (Freud, S., 1916-1917 [1915-1917]*, pág. 404).
Para comprender la importancia de esta afirmación podemos recurrir a un ejemplo. Solemos ver en las películas modernas que, a menudo, el héroe padece de alguna inhibición o fobia, producto de un suceso pasado traumático. Por ejemplo, el policía que, queriendo atrapar al ladrón, disparó accidentalmente sobre un niño inocente, y, como consecuencia de ese pasado traumático, ya no puede usar su revolver. Es fácil adivinar cómo sigue: durante el transcurso de la película, la ficción le dará una nueva oportunidad de repetir esa situación traumática, modificando esta vez el desenlace y quedando entonces librado de su síntoma.
Algunas veces la vida real se comporta como la ficción, pero en general, no. Es aquí donde el tratamiento psicoanalítico se hace útil. El psicoanálisis cura a través del mismo procedimiento, es decir, procura que el enfermo reviva la experiencia traumática, en condiciones acotadas, como para permitir un desenlace mejor. Para utilizar un lenguaje acorde a nuestra época, podríamos decir que el análisis de la transferencia funciona como un simulador de la vida, o, por qué no, como una realidad virtual.
Si bien es cierto que el objetivo del análisis suele formularse en términos de "hacer conciente lo inconciente", es decir, recordar, en lugar de repetir, Racker (1952a) se ocupa de aclarar que el valor terapéutico del recuerdo no radica en su cualidad mnémica sino en el afecto que lo acompaña. Revivir, no sólo recordar. Aquello que Freud (1895d*), desde sus comienzos identificó como agente terapéutico: la abreacción del afecto retenido.
El afecto, como descarga somática, es siempre un suceso real. Freud solía citar a Stricker diciendo que "si en sueños tenemos miedo de ladrones, estos son por cierto imaginarios, pero el miedo es real" (1900a [1899]*, t. IV, pág. 97). Por lo tanto, podemos comprender que si el análisis cura, es porque lo que allí sucede, entre analista y paciente, es real (Chiozza, L., 1978i [1977]).
Comprendemos entonces que un tratamiento que no se ocupa de lo que sucede, realmente, entre paciente y analista, un tratamiento que no considera que todo lo que el paciente nos cuenta alude, indirectamente a lo que está pasando allí, en otras palabras, un tratamiento que no considera la transferencia, se transforma en un análisis intelectual, hipotético, en el que se cree estar hablando de situaciones y personas ausentes y que por lo tanto carece de la importancia que dan los afectos; donde aquello que se pretende "vencer", está "ausente" o es una "efigie".
En palabras de Chiozza (1995k [1988]): "... la cuota de afecto que la interpretación produce debe ser suficiente, porque el verdadero motivo de la represión es impedir el desarrollo del afecto, y, sobre todo, porque el afecto constituye siempre una descarga real (...) Aquello que asegura una suficiente participación del afecto en la interpretación es precisamente la transferencia".
Justamente Freud describe el fenómeno de la transferencia diciendo que de pronto el paciente pierde todo interés por el pasado para dirigir ese interés a un presente bien definido, la persona del médico; "... como un juego dramático que fuera desbaratado por una realidad que irrumpe súbitamente (p. ej., una función teatral suspendida al grito de ¡Fuego!)" (Freud, S., 1915a [1914]*, t. XII, pág. 165/6).
Si el análisis es, entonces, en última instancia, el análisis de la transferencia, las más importantes modificaciones a la técnica serán aquellas que tengan que ver con el análisis de la transferencia. En este aspecto, en la evolución de la técnica psicoanalítica en cuanto a la interpretación de la transferencia podemos destacar tres momentos evolutivos significativos (Chiozza, L., 1994b). El primero es aportado por Freud, el segundo por Klein y el tercero por Chiozza.
El primero de ellos es cuando Freud, reflexionando sobre los motivos por los cuales Dora abandona el tratamiento, abrupta y prematuramente, comprende la insuficiente interpretación de la transferencia. No obstante muchos analistas, según la feliz expresión de Racker (1958b), quedaron "fijados" a un momento teórico anterior, en el que Freud recomendaba interpretar la transferencia cuando el paciente hacía una referencia explícita al analista o cuando cesaban las asociaciones (justamente porque reprimía una asociación transferencial).
El segundo paso evolutivo es mérito de Melanie Klein y sus seguidores, como Racker y Pichón Riviere, quienes desarrollaron su posición. La escuela kleiniana fue la primera en comprender las profundas implicancias de las afirmaciones de Freud sobre la transferencia, y enfatizar la necesidad de interpretar siempre, y desde el comienzo, la transferencia (la transferencia resistencia y la resistida, la positiva y la negativa) haciendo explícitas referencias a la persona del analista.
Es decir, toda interpretación debía explicitar que aquello que el paciente sentía, era un afecto actual, presente y experimentado con el analista. La transferencia debía interpretarse siempre, en el "aquí y ahora, conmigo".
Esta técnica fue muy criticada; es cierto que en muchos casos se la utilizaba mal, y en lugar de interpretar los contenidos inconcientes de la transferencia, en muchas situaciones se limitaban a hacer simples "traducciones" del contenido manifiesto sustituyendo los personajes del relato del paciente por la persona del analista.
Pero no obstante, las críticas a esta posición recaían en el hecho, erróneo, de que no todo es transferencia. Que también es importante el recuerdo infantil y el pasado real del paciente. Crítica que no percibe la importancia del afecto que debe acompañar al recuerdo y además desconoce la afirmación de Freud de que todo debe ser batallado en la transferencia (1912b*).
También sostuvieron algunos que no siempre la representación del analista era, por sus características personales, la más adecuada para transferir ciertos conflictos. Los mismos debían analizarse "fuera" de la transferencia, utilizando "otras" relaciones de objeto. Esta crítica se basa en un desconocimiento de la teoría de la transferencia, ya que si algo no se puede transferir sobre un determinado analista, tampoco se puede analizar en ese análisis.
Chiozza, habiéndose formado en el seno de la escuela kleiniana, si bien comparte la teoría que sustenta esta escuela (que la transferencia está presente desde el comienzo y el analista es siempre el referente actual y presente de todo material), señala la necesidad de introducir una modificación en la aplicación técnica de estos conocimientos teóricos.
Señala que "... la magnitud del afecto que la interpretación moviliza, no sólo debe ser suficiente para provocar un cambio real, sino que, además, debe ser una magnitud tolerable, dado que las magnitudes excesivas despiertan una resistencia insuperable" (Chiozza, L., 1995k [1988]).
La conciencia de que el afecto se refiere a la persona que está allí presente, eleva la magnitud de dicho afecto. Frente a un análisis intelectual, con escasa investidura afectiva, donde todo esta ausente o en efigie, la referencia al analista que proponía Klein contribuye a elevar la magnitud de afecto, la cuota de realidad; se habla de algo presente. Pero cuando los afectos se presentan de manera más intensa, esa misma referencia se transforma en un factor desventajoso, que eleva las resistencias hasta hacerlas insuperables.
Chiozza propone entonces una modificación a la técnica sustancial. Esta modificación corresponde a una posición de Chiozza que se encuentra, bajo distintas facetas, en toda su obra; es el tema de la cantidad moderada.
Chiozza se propone la difícil tarea de navegar entre los dos escollos que amenazan con hacer naufragar el tratamiento; la carencia de afecto y su exceso. Sostiene que "la zona en la cual se puede trabajar es en una zona intermedia que va entre la ineficacia por defecto y la intolerabilidad por exceso" (Chiozza, L., 1994b).
Su propuesta es la de interpretar continuamente la transferencia, pero en la verbalización de la interpretación, omitir la explícita referencia a que el contenido de la transferencia está dirigido al analista presente. Sugiere interpretar este contenido haciendo referencia (si es necesario) a los personajes del relato que el paciente trae, aunque debemos hacerlo de una manera que sugiera que esos afectos van más allá de ese vínculo concreto y son un modo habitual, para ese paciente, de experimentar las relaciones. De modo que si el paciente se encuentra en grado de tolerar la conciencia de que dicho afecto también lo experimenta frente al analista, el analista reconozca esto como algo natural, propio del carácter transferencial de dichas vivencias. De este modo es el paciente quien establece su propio timing.
Chiozza llama a esto la interpretación (verbalización) indirecta de la transferencia. Si queremos comprender a qué alude cuando se refiere a interpretar la transferencia de manera indirecta podemos recurrir al sentido habitual que tiene el término "indirecta".
¿Qué significa "tirar una indirecta"? Es un intento de evitar una situación frontal por el exceso de afecto que genera. En lugar de ser "directos", lanzamos una "indirecta" para que el otro se "avive"... si puede. Si nuestra indirecta pasó inadvertida siempre tendremos tiempo de probar con otra, ligeramente más "directa", hasta lograr el objetivo, evitando un efecto traumático que perjudique el vínculo.
Siguiendo con el ejemplo, para que la indirecta cumpla su función, es imprescindible que el que la dice tenga absoluta conciencia de que se trata de una indirecta. Por lo tanto, es imprescindible que el analista que interpreta de manera indirecta, tenga absoluta conciencia del sentido transferencial "directo"; es decir, que aquello de lo que se está hablando, a través de otras representaciones, sucede "allí y entonces, con él".
Esta conciencia del significado "directo" de lo que estamos interpretando modifica, inevitablemente, la formulación de la interpretación, de modo que, aunque se refiera a los personajes del relato, tiene un carácter más general y abarcativo.
Podría pensarse, erróneamente, que la modificación propuesta por Chiozza, en tanto alude a la formulación verbal de la interpretación, es una modificación menor, de forma y no de contenido. Creo que esto no es así.
Todo vínculo que progresa conduce a su propia clausura (Chiozza, L., 1979c); el análisis es un vínculo catalizador de vínculos y por lo tanto, en la medida que progrese (cosa que no ocurre en todo momento) tiende a generar rápidamente afectos intensos que, a su vez despiertan resistencias insuperables que conducen a la saturación de dicho vínculo.
La técnica aplicada por la escuela kleiniana ganó mucho en eficacia, pero favorece una saturación prematura que puede evitarse si se logra mantener el afecto dentro de una magnitud tolerable (Chiozza, L., 1979c). Así como el déficit de magnitud afectiva priva al tratamiento de la cualidad de realidad, el exceso tiende a ocultar el carácter transferencial de las vivencias que emergen tras la interpretación. El análisis es "demasiado real" y el paciente cree que, en realidad, lo que siente por su analista corresponde a la realidad de su vínculo.
Evitar esto, es evitar una clausura prematura, brindando la posibilidad de progresar en el análisis. Por esto creo que esta modificación en la técnica (basada en la comprensión de la importancia del proceso terciario, y de la transferencia como campo intermedio entre la realidad y la historia) tiene el significado de un nuevo recurso terapéutico.
EL CONCEPTO DE CONTRATRANSFERENCIA EN LA OBRA DE CHIOZZA
Gustavo L. Chiozza
La contratransferencia es un concepto de adquisición tardía; tanto en la teoría psicoanalítica como en la formación individual de cada analista (Racker, H., 1948), por lo tanto, la historia del concepto durante "el siglo del psicoanálisis" tiene todavía pocos capítulos. Al primero lo llamaríamos "nacimiento", al segundo "giro" y al tercero "evolución".
El nacimiento del concepto corresponde a las primeras y escasas referencias de Freud sobre el tema. Según esta primera versión del concepto, la contratransferencia se origina en el analista análogamente a la transferencia del paciente, constituye un peligro para el análisis y una sólida fundamentación para el análisis didáctico del analista. El segundo capítulo comienza a escribirse casi cuarenta años después e implica un giro de 180° en tanto deja de ser considerada un peligro para pasar a ser un instrumento (Racker, H., 1948, 1953; Heimann, P., 1950, citado por Racker, 1957a).
Racker, en oposición a aquellos que interpretan que la contratransferencia es un peligro que amenaza interferir "neuróticamente" en la "objetiva" comprensión del paciente, considera a la contratransferencia como un instrumento para comprender al paciente. Es esta, quizá, su mayor contribución a la teoría de la técnica psicoanalítica. Siguiendo el concepto de que "solo lo igual, conoce lo igual", afirma que, así como las cuerdas de un arpa vibran por simpatía, la respuesta emocional del analista permitirá comprender la situación emocional del paciente.
En sus Estudios sobre técnica psicoanalítica, Racker (1957a) sostiene que "la objetividad del analista consiste, principalmente, en una determinada posición tomada frente a la propia subjetividad, la contratransferencia. (...) La verdadera objetividad se basa en una forma de desdoblamiento interno que capacita al analista a tomarse a sí mismo (su propia subjetividad o contratransferencia) como objeto de su observación y análisis continuos" (Racker, H., 1953, pág. 231).
Centrémonos ahora en el tercer capítulo de la historia para ver cómo el concepto de contratransferencia de Chiozza posee diferencias importantes con el del Racker.
1. La contratransferencia, el "material" a interpretar y la objetividad.
Chiozza sostiene que aquello que llamamos "material" del paciente (sobre el cual formularemos nuestra interpretación) es producto, a su vez, de un acto interpretativo previo. En otras palabras, de todo aquello que se ofrece a la percepción del analista durante la sesión, él hará, mediante un acto interpretativo inconciente, un recorte para determinar aquello sobre lo que luego interpretará (Chiozza, L., 1974d).
La intención explícita del autor consiste en legitimar los síntomas corporales como "material" de la interpretación psicoanalítica, no obstante, las consecuencias sobre la técnica psicoanalítica no tardan en hacerse evidentes, ya que, si se acepta este pequeño principio, se deberán aceptar también las consecuencias que de él derivan. La primera de ellas podemos formularla así: aquello que llamamos "material" de la interpretación, es producto de una contratransferencia inconciente.
Sin restarle méritos al primer paso dado por Racker para introducir en el psicoanálisis aquello que Heisenberg, en la física, denomina principio de indeterminación, Racker, al hablar de la "verdadera objetividad", vuelve a meter por la ventana aquello que acaba de sacar por la puerta, ya que sólo podemos observar nuestra propia subjetividad... ¡subjetivamente!; en palabras de Bateson, "¿... cómo hacen las personas objetivas para elegir las cosas respecto de las cuales quieren ser objetivas?" (Bateson, G., 1972, pág. 73).
El concepto de Chiozza, en cambio, avanza un paso más en la tarea de "desenmascarar" el "ideal de objetividad". Sostener, como lo hace Chiozza que la contratransferencia no sólo participa en la interpretación psicoanalítica del "material" producido por el paciente, sino también en la misma "construcción" de aquello que denominamos "material", constituye un cambio epistemológico que considera la participación del observador, no sólo como inevitable, sino presente desde el mismo acto perceptivo.
2. La contratransferencia y los puntos de urgencia.
Siguiendo estas ideas, ya no podemos hablar del "material" del paciente, ya que aquel no le pertenece a este más de lo que le pertenece al analista. Según creo, esto también implica avanzar un paso más en el camino iniciado por Racker sobre el concepto de contratransferencia.
La conceptualización que hace Racker de la contratransferencia como instrumento crea la impresión de que analizamos al paciente con nuestra contratransferencia. Sus afirmaciones reintroducen la impresión de que los residuos neuróticos del analista impiden que su instrumento capte lo que al paciente "realmente" le sucede.
En el concepto de Chiozza, la contratransferencia no sólo es instrumento del análisis sino, además, objeto del mismo análisis. En tanto el proceso psicoanalítico se ocupa del vínculo entre paciente y analista, y, dado que "... cada importancia es el particular producto de la convivencia en la cual surge" (Chiozza, L., 1995g [1983]), este vínculo es siempre el encuentro de ambos en la coincidencia de sus puntos de urgencia. La primitiva idea de que analizamos "al paciente" a través del "material" que este produce, se desdibuja cada vez más.
"Creo que, cuando psicoanalizamos bien, siempre tomamos como objeto de nuestro análisis la superficie limitante que pone en contacto lo inconciente con nuestra conciencia, y que esa superficie es siempre un producto del vínculo; producto en el cual confluyen los puntos de urgencia que configuran la problemática individual del analista y de su paciente. El tema que configura el objeto primordial de la urgencia en un determinado instante, es siempre la combinación de la significancia que atenaza, en ese momento particular, la vida de cada uno de ellos" (Chiozza, L., 1995g [1983]).
Tomamos, pues, de la "realidad" que se ofrece a nuestros sentidos aquello que tiene significado en función de una convivencia, es decir, aquello que, como parte integrante de un vínculo, nos importa.
Si quisiéramos intentar una descripción metapsicológica del concepto de que el análisis se produce en la coincidencia de los puntos de urgencia de paciente y analista podríamos pensar que aquello que llamamos "material" o "contenido manifiesto", tiene para la interpretación el valor de un resto diurno sobre el que el analista transfiere (contratransfiere) la investidura.
Así, cuando creemos interpretar lo que el paciente hace o dice, estamos negando que la interpretación surge de lo que sentimos en el vínculo con el paciente. La interpretación, al modo de un "sueño del analista", es, entonces, un intento de elaborar la situación traumática en la que el paciente (al intentar elaborar la propia) lo coloca. Así, nuestro qué-hacer con el enfermo es, como lo llama Chiozza, una metamorfosis de la "doble" interioridad médico-paciente (1970k [1968]).
En el concepto de que el análisis se lleva a cabo sobre los puntos de urgencia coincidentes entre paciente y analista, es donde encuentra su verdadero sentido la poco rigurosa pero feliz traducción de López Ballesteros, que prefiere, en lugar de contratransferencia, hablar de transferencias recíprocas.
3. La contratransferencia como agente terapéutico.
En 1968, Chiozza y colaboradores nos dan otro ejemplo de cómo partiendo de una deducción sencilla se puede arribar a conclusiones trascendentes. Los autores sostienen que "Si la transferencia actúa 'preverbal' e inconcientemente sobre el analista, la contratransferencia actúa 'preverbal' e inconcientemente sobre el paciente, constituye el acto de contratransferir. Si la contratransferencia llega 'antes' que la interpretación verbal hablada, debe ser necesariamente el agente terapéutico por excelencia. El proceso que llamamos interpretación debe pues variar a la contratransferencia 'antes' que a la transferencia. (...) Si estamos de acuerdo con lo que transcribimos aquí, el analista cura con su contratransferencia antes que con su interpretación, y por lo tanto todo aquello que pueda hacer evolucionar esta contratransferencia es el verdadero agente terapéutico" (Chiozza, 1970k [1968]).
Aquí encontramos un sólido punto de apoyo para la concepción según la cual si el tratamiento cura es porque lo que allí sucede, entre paciente y analista, es real (Chiozza, L., 1978i [1977]). Curamos con hechos más que con dichos: "Si la transferencia es el producto de un modelo de relación humana que se ha gestado como consecuencia de una con-vivencia que se intenta repetir en la relación con el analista, la mutación de esta transferencia puede lograrse por un doble acceso: la conciencia que acerca de esta transferencia se brinda al paciente y la experiencia emocional transformadora proporcionada por un analista que, mediante la comprensión de su contratransferencia, aporta al teatro o a la vida del paciente un personaje inesperado" (Chiozza, L., 1978i [1977]).
Y esto nos lleva a introducimos en un nuevo punto.
4. La transferencia-contratransferencia como manifestación de un proceso terciario.
La interpretación de la transferencia de manera indirecta contribuye, como expuse en un trabajo anterior, a mantener una cantidad mesurada y tolerable, permitiendo que el análisis, como juego o teatro, o como realidad virtual o simulador de vida, se mantenga dentro de ese como sí imprescindible para revivir y modificar.
Ese campo del como sí, que caracteriza la mediana cantidad del proceso terciario (Chiozza, 1970j [1968]) y constituye la esencia del fenómeno transferencial, es también el campo de la contratransferencia; es, entonces, el campo de las transferencias recíprocas donde, a través del análisis de los puntos de urgencia compartidos en ese vínculo, se procura la metamorfosis de la "doble" interioridad médico-paciente (Chiozza, L., 1970k [1968]).
En palabras de Chiozza: "el tratamiento psicoanalítico, en cuanto configura un encuentro genuino con el psicoanalista, forma una parte trascendental de la vida real del paciente, y, por lo tanto, no todo lo que ocurre durante un psicoanálisis pertenece ni debe ser incluido en el campo teatral o lúdico de la situación analítica. (...) Es precisamente ésta la principal razón por la cual la vida real de paciente y analista se enriquece cuando, en vez de vivirla plenamente, se la reintroduce de una manera mesurada en el campo de la transferencia-contratransferencia" (Chiozza, L., 1978i [1977], pág. 460).
En síntesis, y como corolario de lo que llevamos dicho, vemos que recién a partir de los desarrollos de Chiozza, el concepto de contratransferencia adquiere toda su dimensión, iluminando a su vez, de una manera nueva, el concepto de transferencia. Considerarlas a ambas como transferencias recíprocas, indisolublemente unidas, nos brinda una nueva óptica del tratamiento analítico.
Recién entonces podemos comprender en su verdadera dimensión cómo cura el psicoanálisis; y es a partir de estos desarrollos que podemos comprender, en toda su profundidad, aquello a lo que Freud se refería al decir que: "El hombre que en la relación con el médico ha pasado a ser normal y libre del efecto de unas mociones pulsionales reprimidas, sigue siéndolo también en su vida propia, cuando el médico se ha hecho a un lado" (Freud, S., 1916-1917 [1915-1917]*, pág. 404).
Notas
(129) El texto de este capítulo pertenece a un trabajo presentado en el Simposio 1996, Octavas Jornadas Científicas del Centro Weizsaecker de Consulta Médica, Buenos Aires, enero de 1996.
El lector interesado en una descripción detallada del método patobiográfico en general, o en las definiciones de muchos de los conceptos a los que haré referencia (como sinopsis, resignificación, anamnesis, factor eficaz desencadenante de enfermedad, fantasía mágica de curación, etc.), podrá consultar las siguientes obras: "El estudio patobiográfico como integración del conocimiento psicoanalítico" en La interpretación psicoanalítica de la enfermedad somática en la teoría y en la práctica clínica (Chiozza, L. y colab., 1979a, pág. 113-123), ¿Por qué enfermamos? (Chiozza, L., 1986a), "El Centro de Consulta Médica Weizsaecker" (Chiozza, L., 1995t) y "La conmovedora experiencia de resignificar una historia" (Chiozza, L., 1995w), ambos en Un lugar para el encuentro entre medicina y psicoanálisis (Chiozza, L., 1995a).
(130) Citado por Viktor von Weizsäcker (1947) Fälle und Probleme - Anthropologische Vorlesungen in der Medizinischen Klinik , Gesammelte Schriften, Band 9, Suhrkamp Verlag, Frankfurt am Main, 1988, Pag 11
(131) Capítulo XVI del presente volumen
(132) Capítulo X del presente volumen
(133) Capítulo XIV del presente volumen
(134) Capítulo II del presente volumen
(135) Capítulo III del presente volumen
(136) Capítulo II del presente volumen
(137) No nos referimos al tiempo cronológico, secundario, sino al tiempo primordial, el tiempo de la vivencia (Chiozza, L., 1978a [1977]).
(138) Capítulo X del presente volumen
(139) He querido transmitir junto con este esquema, algo de la vivencia que acompaña a la tarea de resignificar una historia. Intentando producir ese diálogo visceral, afectivo, de corazón a corazón, me pareció adecuado agregar al esquema, las primeras sentencias verbales que utilizamos para hablar con el paciente. Soy conciente de que esto le quita cierta aplicabilidad universal; no obstante, recordando el epígrafe, creo que una vez comprendido y "aprehendido" este esquema puede ser modificado a los fines de adecuarlo mejor a cada caso.
(140) Capítulo VIII del presente volumen
(141) He agregado este punto al esquema por sugerencia del Dr. Chiozza
(142) Sabemos que no podremos alcanzar un cambio caracterológico "estable" en la ocasión breve que supone el estudio, ya que para esto necesitaríamos un tratamiento psicoanalítico, "longitudinal" (Chiozza, L., 1986a). Sin embargo la práctica nos muestra que "cuestionar", junto con el paciente, ese carácter, constituye un importante motor para operar ese cambio
(143) Esto no implica que utilicemos únicamente el material del cuento, la película, la novela o los sueños, para comprender la fantasía mágica de curación; sino que ese material demuestra ser una agente privilegiado para la comunicación al paciente de dicha fantasía
(144) Este trabajo surge de mi participación en el plenario Qué y cómo psicoanalizar I, del Encuentro Internacional "El drama en el alma y la enfermedad en el cuerpo", realizado en Buenos Aires, 22 y 23 de Agosto de 1997. En aquella oportunidad (y por lo tanto también aquí) retomé ideas expresadas en la conferencia Recopilación de conceptos de Luis Chiozza sobre teoría de la técnica psicoanalítica, llevada a cabo en el Centro de Consulta Médica Weizsaecker en noviembre de 1996.
(145) Rodrigué nos informa de otra versión de la misma afirmación. La historia es la siguiente: Groddeck "duda y pregunta, tímido, si tiene derecho a llamarse analista y ser admitido en la Sociedad Psicoanalítica de Berlín. Freud responde: Usted es un analista de primer orden que captó la esencia de la cuestión. Aquel que reconoce que transferencia y resistencia son los ejes del tratamiento analítico pertenece irreversiblemente a la Horda Salvaje." (Carta a Groddeck del 5 de junio de 1917, citada por Rodrigué, E., 1996, Tomo II, pág. 253).
(146) En otro trabajo - que figura en el capítulo siguiente mostraré que para comprender el concepto de transferencia en toda su dimensión debe considerarse, al mismo tiempo, la contratransferencia. La afirmación del texto es, por lo tanto, incompleta (debería decir "transferencias recíprocas"), a los fines de una exposición más sencilla
(147) En cuanto al pasado "real" del paciente y su valor en relación con la interpretación de la transferencia véase "Acerca del uso y el valor de la realidad, la transferencia y la historia en el tratamiento psicoanalítico", en Trama y figura del enfermar y del psicoanalizar (Chiozza, L., 1980a).
(148) Por otro lado, esta "conjetura teórica", no puede darse en la clínica, como se desprende del concepto de puntos de urgencia compartidos (Chiozza, L., 1986b).
(149) Pongamos un ejemplo: Supongamos una paciente adolescente que le cuenta al analista (varón) una conversación que tuvo con un amigo en la cual ella le contó al amigo detalles de sus relaciones sexuales con el novio. La interpretación acerca del deseo de despertar excitación en el otro (más allá de si es correcta o no) podría transformarse en intolerable si se la refiere al analista (presente allí) en lugar de al amigo (ausente en ese momento).
(150) Esta "cantidad moderada" constituye una versión "económica" del proceso terciario (Chiozza, L., 1970j [1968] -capítulo IV del presente volumen-) como mezcla de la descarga plena del proceso primario y la noticia de la diferencia referente/símbolo del proceso secundario. Este campo intermedio (al que suele referirse como un "como sí") se halla en la base misma del fenómeno transferencial. (Lo mismo sucede en el juego y el teatro.)
(151) Compárese el distinto efecto que producen estas dos interpretaciones: "Te da vergüenza y miedo que puedan descubrir cosas tuyas que te parecen malas" y "Aquí y ahora, mientras me hablas, tenés miedo y vergüenza de que yo pueda descubrir cosas tuyas que te parecen malas". En el ejemplo de la adolescente, que traía en la nota anterior, podríamos interpretar: "Muchas veces, como por ejemplo en la situación que me estás contando con tu amigo... etcétera, etcétera". Dejando así que la paciente, si puede tolerarlo, incluya dentro de esas "muchas veces" la situación presente con el analista.
(152) En ciertos casos en los que nos vemos en la necesidad de reducir mucho la carga afectiva de lo que interpretamos (para hacerla tolerable), en lugar de interpretar con los personajes del relato, recurrimos a la "estrategia" de interpretar a los personajes del relato (por ejemplo: "tu amigo tal vez se comporta así porque debe tener mucho miedo de que puedan pensar que tiene fantasías homosexuales").
(153) Solemos referirnos a este aspecto de la técnica, propuesto por Chiozza, como "interpretar con los personajes del relato". Creo que no es una designación feliz, ya que, al no enfatizar que lo que se interpreta es la transferencia, esta posición se confunde con la de aquellos analistas que interpretan la transferencia cuando cesan las asociaciones del paciente. También contribuye a "olvidar" que debemos haber comprendido la transferencia "aquí y ahora, conmigo" antes de interpretar. A esto se suma que "los personajes del relato" no constituyen un aspecto central en el objetivo de esta técnica (recordemos que es indistinto interpretarla con los personajes del relato, a estos mismos personajes o, incluso, con otros personajes de la vida del paciente a los cuales no se refiere en el relato actual pero constituyen representaciones adecuadas). Por esto creo que sería ventajoso referirnos a esta técnica interpretativa como "interpretar la transferencia de manera indirecta".
(154) Capítulo VIII del presente volumen
(155) Capítulo VIII del presente volumen
(156) Este trabajo surge de mi participación en el plenario Qué y cómo psicoanalizar II, del Encuentro Internacional "El drama en el alma y la enfermedad en el cuerpo", realizado en Buenos Aires, 22 y 23 de Agosto de 1997. En aquella oportunidad (y por lo tanto también aquí) retomé ideas expresadas en la conferencia Recopilación de conceptos de Luis Chiozza sobre teoría de la técnica psicoanalítica, llevada a cabo en el Centro
(157) En "Las perspectivas futuras de la terapia psicoanalítica" (1910d*) y en "Puntualizaciones sobre el amor de trasferencia" (1915a [1914]*), según nos informa Strachey. "Aparte de estos pasajes, es difícil encontrar otro examen expreso de la cuestión en sus obras publicadas" (Strachey en Freud OC, AE XII, pág. 164, nota 2).
(158) Si bien existen en el "bautismo de la criatura" algunas controversias en cuanto a quien le puso primero el nombre de "instrumento", si fue Paula Heimann o Enrique Racker, no cabe duda que, esta vez, fue el "padre" quien se ocupó del cuidado y la crianza. De los extensos y valiosos desarrollos de Racker sobre la contratransferencia me centraré sólo en aquellos en los que creo que hay diferencias entre este autor y Chiozza
(159) "Chuang-Tsé y Hui-Tsé estaban de pie sobre el puente que une las márgenes del Hao. Dijo Chuang-Tsé: ¡Mira cómo gozan los peces nadando libremente bajo las aguas! Pero tú no eres un pez repuso Hui-Tsé -, de modo que no puedes saber en qué consiste el placer de los peces. A lo cual respondió Chuang-Tsé: Pero tu no eres yo. ¿Cómo puedes saber que yo no sé en qué consiste el placer de los peces? (...) Lo sé porque yo mismo siento placer ante el agua" (Tomado del libro de Oskar Adler (1956) La astrología como ciencia oculta, Ed. Kier, Buenos Aires 1992, pág. 33). En otras palabras, comprendemos a partir de la "identidad" o, sino, no comprendemos.
(160) Tal vez sea necesario aclarar que cuando Chiozza sostiene que el observador participa en la construcción del "material", "construir" no significa para el autor "inventar". Sobre esto volveremos al hablar de los puntos de urgencia compartidos entre analista y paciente
(161) Aunque, personalmente, no creo que ese haya sido su espíritu, sus afirmaciones no permiten sostener otra cosa
(162) Capítulo III del presente volumen
(163) Capítulo III del presente volumen
(164) Segundo, tercero, cuarto y quinto apartados del capítulo VII del presente volumen
(165) Segundo, tercero, cuarto y quinto apartados del capítulo VII del presente volumen
(166) Capítulo II del Apéndice del presente volumen
(167) Capítulo IV del presente volumen
(168) Capítulo III del presente volumen
(169) Segundo, tercero, cuarto y quinto apartados del capítulo VII del presente volumen