Hacia una teoría del arte psicoanalítico
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CAP. I

ESTUDIO Y DESARROLLO DE ALGUNOS CONCEPTOS
DE FREUD ACERCA DEL INTERPRETAR

Luis Chiozza, Víctor Laborde, Enrique Obstfeld, Jorge Pantolini

La base teórica de la terapéutica psicoanalítica

En nuestro inconciente, según lo ha postulado Freud, se hallan contenidos los originales de las representaciones de los impulsos emanados de las fuentes instintivas.

Las huellas mnémicas activadas mediante procesos de catexis constituyen las re-presentaciones de impulsos que se dirigen hacia la esfera motora del yo, buscando su descarga a través de la emoción y la acción.

Como el principio de realidad opera sobre las posibilidades motoras del yo, la existencia de representaciones contradictorias trae como consecuencia la acumulación de aquellas tensiones instintivas que no pudieron ser descargadas.

La existencia de "montantes de afecto retenidos que buscan derivación" de acuerdo con el pensamiento de Freud, plantea diversas posibilidades. En condiciones "normales" las representaciones contradictorias se integran en una representación sustitutiva transaccional que permite la descarga en una magnitud tolerable y suficiente. En condiciones patológicas el afecto retenido carga una representación sustitutiva transaccional a través de la cual se logra una descarga que podemos llamar "inadecuada". En algunos casos esta descarga constituye un síntoma; en otros fracasa la función defensiva del síntoma y la descarga de la tensión retenida se manifiesta en angustia.

Según el esquema desarrollado, cuando los montantes que buscan su derivación encuentran obstruido el camino hacia la acción, avanzan en sentido "retrógrado" activando, mediante la distribución de sus catexis, las huellas mnémicas asociativamente conectadas. En el extremo más diferenciado de este "polo sensorial" del aparato psíquico se encuentra la percepción y la conciencia (Freud, S., 1900a [1899]). En esta posibilidad de dirección retrógrada encontramos la base teórica de la terapéutica psicoanalítica, cuyo primer postulado es hacer conciente lo inconciente.

En Lo inconciente nos expresa que la represión niega a las representaciones de impulsos inconcientes su traducción en palabras y que de esta manera evita que puedan hacerse concientes (Freud S., 1915e). Distingue entre una represión primaria de las representaciones de impulsos originales y la represión secundaria o propiamente dicha, que recae sobre los derivados preconcientes asociados a dichas representaciones originales. Posteriormente, en El yo y el ello, aclara sin embargo que no debemos descuidar la posibilidad de un acceso a la conciencia mediante la reactivación de los restos mnémicos visuales (Freud S., 1923b, t. II, pág. 13).

También nos señala Freud que, en última instancia, todo aquello que penetra en la conciencia puede ser considerado un derivado más o menos lejano de las representaciones reprimidas y que por lo tanto constituye una vía de acceso a ellas, mediante el recurso de interpretar con palabras lo que considera el contenido latente reprimido de todo material manifiesto.

Podemos considerar que un derivado es "lejano" cuando la descarga obtenida por su intermedio es compatible con los fines de la represión. Mediante este mecanismo, que opera también en condiciones normales, queda retenido aquel remanente de la carga que mantiene la neurosis, y esa representación retenida debe llegar a ser lo interpretado.

Usando palabras de Freud, podemos decir que para poder interpretar debemos suspender nuestro juicio y prestar atención imparcialmente a cada cosa que aparezca (1909b, t. II, pág. 665), que el analista... "no ha de tolerar en sí resistencia ninguna que aparte de su conciencia lo que ha percibido por medio de lo inconciente" (1912e, t. II, pág. 420). El analista debe orientar su inconciente hacia lo inconciente del paciente (ibid.), ya que "... el psiquismo inconciente del médico está capacitado para reconstruir, con los productos del inconciente que le son comunicados, este inconciente mismo que ha determinado las ocurrencias del sujeto" (pág. 421).

Integrando estas afirmaciones con los conceptos vertidos por Freud en Lo inconciente (1915e) y en La represión (1915d), podemos afirmar que la interpretación surge en la conciencia del analista como un derivado asociativamente conectado con una representación de su propio inconciente. Esta representación, reactivada por su identificación con el paciente y similar a la que el paciente reprime, continúa reprimida en el analista y desplaza su catexis sobre el derivado que constituye la interpretación. Pero en virtud de la mayor permeabilidad de su aparato psíquico, o sea a su menor grado de represión, el analista logra una interpretación más "cercana" a la representación original inconciente que el derivado que constituye el contenido manifiesto en el material del paciente.

A este mecanismo alude cuando expresa, refiriéndose al análisis de los sueños, que en algunos casos "... en lugar del sujeto es el analizador el que a ellos asocia bien definidas ocurrencias" (Freud S., 1916-1917 [1915-1916], t. II, pág. 201).

La interpretación adecuada

La interpretación es entonces una palabra "puente" que, por su mayor "cercanía" a la representación de impulso original, logra atraer sobre sí parte de la catexis retenida, y adquiere el nombre de contenido latente (o, como veremos luego, se fusiona con lo que denominamos de esa manera).

Si la interpretación, venciendo la resistencia, logra atraer sobre sí un montante suficiente de la catexis retenida, las palabras que constituyen la interpretación adquieren para el enfermo el carácter de representaciones sustitutivas que buscan derivar nuevamente su carga en sentido "anterógrado", o sea hacia la emoción y la acción; pero ahora, luego de la interpretación que brinda una adecuada representación transaccional, la descarga puede adquirir condiciones tolerables y suficientes.

Freud señala en distintas partes de su obra que el primitivo y el neurótico confunden el acceso a la conciencia con el acceso a la motilidad. En Tótem y tabú (1912-1913, t. II, pág. 542), cuando se ocupa del tabú a los nombres, aclara que el despertar del recuerdo trae consigo el de la tentación, y por lo tanto reactualiza el peligro unido a la realización del acto prohibido. En esto podemos ver uno de los motivos de la resistencia para hacer conciente lo inconciente que se manifiesta en todo tratamiento psicoanalítico. Otro motivo de esa resistencia consiste en la tendencia a repetir en lugar de recordar, es decir la tendencia hacia la acción y la emoción en lugar de la reactivación retrógrada de las huellas mnémicas verbales.

Podríamos añadir que la interpretación surge en la conciencia del analista como consecuencia de un doble proceso. En parte debe repetir aquellos actos motores implícitos en la actividad de interpretar, pero también debe lograr dirigir en sentido retrógrado sus procesos de excitación, venciendo su propia resistencia a sustituir con "recuerdos" aquello que tiende a repetir.

El contenido latente que se ha hecho manifiesto en la conciencia del analista para constituir el núcleo de la interpretación encubre y recibe catexis de otros derivados que permanecen latentes y reprimidos en el paciente y en el analista. Freud afirma que "Las ideas latentes descubiertas por el análisis no llegan nunca a un límite, y tenemos que dejarlas perder por todos lados en el tejido reticular de nuestro mundo intelectual" (1900a [1899], t. I, pág. 539).

El derivado que penetra en la conciencia del analista como una "bien definida ocurrencia" constituye lo que hoy denominaríamos una ocurrencia contratransferencial (Racker, H., 1957a), cuyas vinculaciones con el paciente permanecen todavía oscuras. Este derivado puede adquirir también la forma de una más acabada interpretación, en el sentido de poseer desde un principio características que nos llevan a sentir que el contenido que hemos expresado en palabras corresponde a lo latente del enfermo. Esta última característica, sin embargo, puede ser el emergente de una determinada posición contratransferencial (ibid.) y en ese sentido esta variante no es ni más ni menos "objetiva" que la anterior. Parecería más prudente afirmar que el derivado que surge en nuestra conciencia constituye el material o núcleo de la interpretación, pero no la interpretación misma. Ferenczi (s.f.) expresa que "... el médico debe examinar lógicamente el material proporcionado tanto por el paciente como por él mismo, y en sus relaciones y comunicaciones debe dejarse guiar exclusivamente por los resultados de este esfuerzo mental" .

La crítica racional

Estudiaremos el proceso mediante el cual "el núcleo" de la interpretación llega a ser la interpretación formulada; y expondremos, basándonos en la obra de Freud, las circunstancias debido a las cuales el pensamiento racional conciente no constituye el camino más apropiado para lograrlo.

Freud nos señala repetidamente cómo la resistencia que se presenta siempre que un contenido manifiesto es traducido al contenido latente, adquiere muy frecuentemente la forma de argumentos y críticas racionales a la exactitud de la interpretación. Aquella resistencia que moviliza argumentos y críticas racionales en el enfermo siempre es compartida, aunque en muy diferente magnitud, por el analista, ya que la interpretación ha surgido en su conciencia como un derivado de sus propias representaciones inconcientes normalmente reprimidas. El analista suele por lo tanto experimentar también, ante una adecuada interpretación, la impresión de estar diciendo algo ilógico y absurdo, a pesar de lo cual, en opinión de Freud, debe continuar imperturbable su labor.

Tal como ocurre con el contenido manifiesto del sueño, en el material brindado por la atención flotante participan la elaboración primaria y la elaboración secundaria, combinadas en distinta proporción en cada caso. La primera, según lo expresa Freud (1900a [1899], t. I, pág. 508): "No piensa, calcula ni juzga, se limita a transformar...". La segunda, equiparada por Freud al pensamiento "despierto" o racional preconciente, opera de tal manera que "... el sueño pierde su primitivo aspecto absurdo e incoherente y se aproxima a la contextura de un suceso racional" (ibid, pág. 500). Mediante esta elaboración secundaria "... la instancia psíquica que ejerce la censura participa también regularmente en la formación de los sueños" (ibid, pág. 499).

Cuando construimos una interpretación a partir del material brindado por la atención flotante, que puede impresionarnos como incoherente y absurdo, tendemos, por impulsos de la resistencia, a someter prematuramente ese material a una elaboración secundaria conciente.

Freud (1912-1913, t. II, pág. 562) expresa: "Una función intelectual que nos es inherente, exige de todos aquellos objetos de nuestra percepción o nuestro pensamiento, de los que llega a apoderarse, un mínimo de unidad, de coherencia y de inteligibilidad, y no teme establecer relaciones inexactas, cuando por circunstancias especiales no consigue aprehender las verdaderas". En La interpretación de los sueños dice: "... La instancia psíquica que aspira a hacer comprensible el contenido manifiesto y lo somete con ese fin a una primera interpretación, a consecuencia de la cual queda más dificultada que nunca su exacta inteligencia, no es otra que nuestro pensamiento normal" (Freud S., 1900a [1899], t. I, pág. 505).

La "exacta inteligencia" a la cual Freud alude se obtiene, según los cánones que nos transmite con respecto al análisis de los sueños, cuando la "abolición del rechazo intelectual" logra la afluencia de un número suficiente de derivados que, asociados entre sí, cobran un "sentido latente inteligible" que deshace la primera apariencia del contenido manifiesto.

La abolición conciente del rechazo intelectual

Parece probable que la abolición conciente del rechazo intelectual logre influir sobre nuestro preconciente, en el sentido de obtener una menor intervención de la elaboración secundaria en el material que surge como producto de la atención flotante.

La "exacta inteligencia", como es inevitable dentro del inacabable "retículo" de contenidos latentes, es una nueva representación sustitutiva en la cual la resistencia participa precisamente con esa elaboración secundaria que le brinda el pensamiento racional. Pero es importante tener en cuenta que Freud hace una distinción entre una prematura interpretación dictada por el pensamiento racional y esta "exacta inteligencia" que surge luego de una fase previa y suficiente de abolición del rechazo intelectual conciente.

Una aportación que enriquece la afirmación enunciada, acerca de que en el establecimiento del sentido inteligible, y aun en las condiciones más ideales, participa también la resistencia implícita en la elaboración secundaria, es lo que ha sido conceptualizado por Freud en su artículo acerca de la negación (1925h) cuando afirma que los juicios negativos son el sucedáneo intelectual de la represión.

Si profundizamos en el sentido de este enunciado surge como primera conclusión que resulta imposible restringirlo a los juicios negativos, ya que todo juicio es afirmativo y negativo simultáneamente, o, dicho en otras palabras, lo que afirmamos contiene ineludiblemente una negación en su estructura. Además, sea el juicio afirmativo o negativo, contiene un mecanismo mediante el cual las catexis se distribuyen entre un número mayor de representaciones que cuando en lugar de establecer juicios nos "limitamos"' a nominar objetos o sentimientos. En este sentido todo juicio, resultado de un pensamiento racional, puede ser considerado un "sucedáneo" intelectual de la represión, o más exactamente una variante especial dentro del mecanismo general de la represión, sin que esto implique afirmar, como es obvio, que la represión sea el único mecanismo que participa en el pensamiento racional.

Podemos entonces preguntarnos cuándo es prematura la intervención de nuestro pensamiento racional y cuándo es suficiente la fase previa de abolición del rechazo intelectual. Otro problema no menos importante surge cuando nos preguntamos si en ese "cobrar sentido inteligible", según el cual adquiere coherencia el material mediante la intervención del pensamiento racional, es deseable o no que participe el pensamiento racional conciente.

Pensamos que debemos mantener nuestra "abolición del rechazo intelectual" todo el tiempo que sea posible, y centrar nuestro esfuerzo en mantener en la conciencia los derivados que en ella van surgiendo. Sospechamos que el material cobra un sentido inteligible desde nuestro preconciente de una manera espontánea inevitable, y que este espontáneo sentido inteligible constituye ya casi totalmente la formulación de la interpretación.

Pensamos que si la interpretación así surgida no logra, por obra de la contrarresistencia, atravesar la represión en un grado suficiente, la intervención de nuestro pensamiento lógico es incapaz de mejorar la situación y que esto último puede lograrse mejor mediante la reinstalación de la atención flotante y el centrar nuestro esfuerzo en conservar en la conciencia los derivados que en ella van surgiendo, según la técnica descripta por Freud en La interpretación de los sueños.

Así, desde este enfoque, la intervención del pensamiento racional conciente durante la formulación de la interpretación, en el sentido que postula Ferenczi cuando nos invita a examinar lógicamente y con un esfuerzo mental el material surgido de la atención flotante, nos parece que dificulta la "exacta inteligencia" que solicitaba Freud y constituye una expresión de la contrarresistencia inconciente.

Podemos incluso añadir, en cuanto a la impresión de ilógico y absurdo que acompaña algunas veces a las interpretaciones que surgen como una ocurrencia, que tal impresión no corresponde a un déficit de participación racional en el "sentido inteligible" obtenido desde el preconciente y verbalizado mediante la interpretación. La crítica de ilógico y absurdo surge como un sobreagregado que el pensamiento racional, preconciente o conciente, realiza cuando obra al servicio de la resistencia.

Podemos enunciar más claramente la hipótesis que sustentamos diciendo que durante la formulación de la interpretación debemos procurar mantener alejado nuestro pensamiento racional conciente, esperando que los derivados que van penetrando en nuestra conciencia y que procuramos mantener en ella vayan cobrando un sentido inteligible en cierto modo independiente de nuestra intención conciente. Freud lo expresa así cuando afirma: "... puedo asegurar que nunca tenemos que arrepentirnos de habernos decidido a confiar en nuestras propias afirmaciones teóricas y habernos forzado a no disputar a lo inconciente la dirección de la síntesis" (1911e, T. II, pág. 412).

Pensamos que el material brindado por la atención flotante posee un marcado carácter visual, que se conserva, como un "más allá de las palabras", en la estructura de nuestra interpretación tal como ésta surge del preconciente, y que se pierde en cambio si la misma interpretación es unilateralmente conformada mediante la intervención del pensamiento racional conciente.

Consideramos que este contenido "no-verbal" de la interpretación, que pertenece sin embargo a la estructura del lenguaje, como ocurre en el caso de la poesía o la prosa literaria, posee lo que Bion (1966, pág 14) llama "una penumbra de asociaciones" que contribuye positivamente en el proceso de atraer sobre la interpretación las catexis fijadas a las representaciones plásticas inconcientes.

El análisis de la transferencia

El examinar esta cuestión desde un nuevo ángulo constituido por el análisis de la transferencia, nos permitirá añadir algunas consideraciones.

Freud (1905e, t. II, pág. 654) nos dice que "... durante una cura psicoanalítica queda regularmente interrumpida la producción de nuevos síntomas, pero la productividad de la neurosis no se extingue por ello, sino que actúa en la creación de un orden especial de productos mentales inconcientes en su mayor parte a los que podemos dar el nombre de transferencia...". Así como la condición de durmiente, impidiendo la ejecución material de los actos prohibidos, constituye en opinión de Freud un importante motivo en el debilitamiento de la censura y esto se manifiesta en la producción de un material onírico cuyos restos verbales constituyen la "vía regia" de acceso a las representaciones reprimidas, durante el tratamiento psicoanalítico el tabú frente a la actuación, o sea la regla de abstinencia, reproduciendo artificialmente las condiciones del dormir, nos conduce a la reproducción de un material verbal dotado de características semejantes.

La productividad de la neurosis se manifiesta durante el tratamiento en la transferencia, así como durante el dormir se manifiesta en los sueños, y así como en estos últimos se expresa mediante la elaboración del material brindado por los restos diurnos, durante el tratamiento el paciente expresa sus contenidos inconcientes aprovechando y elaborando, mediante un trabajo análogo al trabajo del sueño, representaciones preconcientes equivalentes a los restos diurnos.

En su Psicología de los procesos oníricos, Freud (1900a [1899], t. I pág. 557) expresa que "... la representación inconciente es absolutamente incapaz como tal de llegar a lo preconciente. Lo único que puede hacer es exteriorizar en él un efecto enlazándose con una representación preconciente no censurable, a la que transfiere su intensidad y detrás de la cual se oculta. Este hecho al que damos el nombre de transferencia contiene la explicación de muchos singulares procesos de la vida anímica de los neuróticos".

Cuando el sueño aprovecha un resto diurno utiliza una huella mnémica preconciente de un suceso pasado. El recuerdo que proviene de esta huella mnémica encubre y representa el deseo inconciente que constituye el verdadero motor del sueño.

Análogamente ocurre durante el tratamiento cuando un paciente se expresa con huellas mnémicas preconcientes que pueden referirse o no a la persona del médico, pero que encuentran su similitud con el resto diurno en el hecho de ser huellas de un suceso pasado, aunque ese pasado sea tan inmediato como en el caso de referirse a la misma sesión que se está realizando. El recuerdo que proviene de la huella mnémica encubre y representa también aquí el deseo inconciente reprimido que ha sido reactivado por la percepción sensorial actual. Esta percepción también pasa a ser reprimida y queda sustituida por ese recuerdo con el cual el paciente se expresa y que ha recibido la transferencia de la carga destinada originalmente al objeto de la percepción.

Las huellas mnémicas preconcientes se transforman así, "reanimadas" por los contenidos inconcientes que se están transfiriendo en ese momento, en re-presentaciones más o menos deformadas de los mismos, que constituyen la combinación de la representación de impulso reprimido con la representación de impulso represor. Tal como lo describe Freud en el párrafo anteriormente citado, este mecanismo constituye la esencia de lo que conocemos con el nombre de transferencia.

En todo el proceso mencionado es justamente este tipo de recuerdo que proviene de la huella mnémica preconciente y que constituye el contenido verbal, el eslabón más sustituible y menos consustancialmente entretejido con la enfermedad, ya que equivale al resto diurno del sueño.

Freud ha expresado que el paciente vive nuevamente en su relación con el médico, y tiende a reproducir como actos los acontecimientos pasados que el analista intenta obtener como recuerdos.

Aquí Freud se refiere a los recuerdos de los acontecimientos pasados traumáticos y especialmente a los recuerdos de vivencias infantiles.

Los recuerdos infantiles reprimidos fueron en su origen huellas mnémicas preconcientes que, activadas por las representaciones de impulsos instintivos inconcientes que son incapaces de conciencia por sí mismos, fueron objeto de la represión secundaria por tratarse de derivados mediante los cuales la descarga obtenida resultaba intolerable y traumática. Quedaron así enlazados los impulsos inconcientes con estas representaciones preconcientes, formando lo que Freud, influido por Jung, denominó los complejos inconcientes. Como un derivado de los recuerdos infantiles reprimidos surgieron los recuerdos encubridores, capaces de derivar parte de la catexis retenida por los complejos inconcientes. Por último, las huellas mnémicas preconcientes más recientes, que en los sueños aparecen como restos diurnos, constituyen también recuerdos capaces de recibir la transferencia de las catexis retenidas, y se convierten así en derivados de los complejos inconcientes.

Prosiguiendo nuestra comparación con el proceso del soñar podemos mencionar que los recuerdos infantiles enlazados a las representaciones inconcientes de los deseos reprimidos son el motor de los sueños; y que uniéndose a los restos diurnos constituidos por recuerdos recientes, forman el total de las ideas latentes, transformadas en el sueño manifiesto mediante el proceso de elaboración.

Podemos añadir que en el acto de relatar un sueño se lo está "soñando" de nuevo, aunque generalmente con un mayor grado de elaboración secundaria, para lo cual se aprovecha el "resto diurno" constituido por el material que es actual mientras se cuenta el sueño. Este material actual recibe entonces la transferencia de los deseos reprimidos. Resulta importante comprender qué es lo que constituye el contenido latente, qué es lo que debe llegar a ser interpretado y cómo obra la interpretación para deshacer los complejos inconcientes.

Siguiendo el esquema que venimos desarrollando podemos afirmar que el contenido latente no es único e invariable frente a un determinado material manifiesto, sino que se halla constituido por aquel derivado preconciente que en un momento dado y como producto de un constante movimiento funcional es capaz de obtener una transferencia mayor de la carga retenida, con respecto a aquel otro que constituye el derivado manifiesto. Dicho en otras palabras, llamamos contenido latente a un derivado que, en un momento dado, es elegido entre muchos posibles porque precisamente en ese momento resulta adecuado para obtener sobre sí una catexis mayor que el contenido manifiesto. Pero simultáneamente debe cumplir otra condición económica; en la carga que atrae sobre sí debe participar suficientemente la representación contradictoria que constituye la contracatexis, que impedía su acceso a la conciencia, y que también debe quedar satisfecha.

Esto queda resumido en la expresión según la cual decimos que la interpretación debe ser una representación sustitutiva transaccional adecuada para desligar los impulsos instintivos inconcientes de su transferencia sobre aquellas representaciones inadecuadas que estructuran los complejos infantiles. Esto, logrado a través de sucesivas transferencias sobre representaciones transnacionales cada vez más adecuadas para una descarga satisfactoria, constituye el proceso de elaboración. Freud (1900a [1899], t. I, pág. 542) afirma que no es verosímil suponer que los caminos seguidos por el trabajo del sueño y aquellos seguidos por la interpretación sean transitables en dirección inversa. Lo cual supone pensar que la interpretación llega a las representaciones retenidas mediante un camino propio y diferente de aquel otro que fue recorrido en dirección inversa por el proceso de la transferencia.

Si estudiamos el proceso de la interpretación durante el tratamiento desde un punto de vista "objetivo", aquello que llamamos contenido latente surge en la conciencia del analista como un derivado propio, del cual se apropia el paciente cuando (ya comunicada la interpretación) transfiere sobre él la catexis retenida. Esto último, unido al emergente de asociaciones que lo enriquecen, nos conduce a afirmar que dicho contenido latente le pertenece. Podemos, en virtud de lo anterior, afirmar que el criterio de verdad no es lo operante en la valoración de una interpretación, y que debemos reemplazarlo por un criterio de adecuación; salvo que, haciendo un uso pragmático del concepto "verdad", llamemos verdadero a aquello que demuestra ser adecuado para nuestros fines. La importancia de esta distinción para el tema que nos ocupa reside en que a la verdad llegamos por medio de juicios emanados de nuestro pensamiento lógico, mientras que a lo adecuado llegamos por medio del ejercicio práctico de nuestra técnica, en la cual confluyen el arte y la ciencia psicoanalíticos.

La reactivación del recuerdo

En su Psicología de los procesos oníricos Freud expresa que durante la vigilia el flujo continuo de representaciones de impulsos hacia la esfera motora del yo dificulta la activación retrógrada de los sistemas mnémicos, tendiendo a lograr una preeminencia de la acción sobre la fantasía o el pensamiento; y que durante el tratamiento psicoanalítico, así como en el dormir, esta condición queda disminuida.

Se reproduce así durante el tratamiento el doloroso proceso de "sobrecarga de los recuerdos" que Freud (1917e [1915]) describió como una de las fases del duelo. Desde este punto de vista la concepción económica del proceso terapéutico, según la cual éste puede ser descripto como una recuperación de las catexis retenidas por los recuerdos infantiles, se conecta con la concepción estructural, según la cual la interpretación logra la paulatina recuperación de los objetos que constituyen el superyó, transformando la disociación melancólica en una relación de objeto o en una identificación satisfactoria.

Ya sea económica o estructuralmente, un modelo adecuado de este aspecto del proceso terapéutico podemos hallarlo en la revitalización, mediante un mayor aflujo sanguíneo, de aquellas partes corporales afectadas por una rémora circulatoria. Este modelo queda sugerido en la misma etimología de la palabra "recordar", puesto que por su origen significa literalmente "volver al corazón" (Corominas, 1961). En los fenómenos tóxicos consecuentes a la reabsorción de los productos contenidos en las partes corporales afectadas por una rémora circulatoria, podríamos ver incluso un adecuado modelo de aquellos fenómenos secundarios desagradables que aparecen a veces en el curso de un tratamiento psicoanalítico con el nombre de reacción terapéutica negativa y letargo. Y lo mismo podríamos usar este modelo en relación con el dolor implícito en el proceso de "sobrecargar los recuerdos".

Como lo hemos expresado anteriormente, el recuerdo que proviene de la huella mnémica reactivada en un momento dado del tratamiento, es algo que encubre y representa en el preconciente el deseo inconciente reprimido y la percepción sensorial actual que ha reactivado ese deseo inconciente. Al decirlo así incluimos en el recordar la reactivación, implícita en el hablar, de las huellas mnémicas que constituyen los restos verbales, pero incluimos también en este mecanismo de transferencia de catexis, que ocurre en un presente continuo y variando continuamente de representación, aquellos recuerdos infantiles y sus derivados que constituyen un "complejo" patológico reprimido. Desde el punto de vista dinámico este "complejo" es una vía de asociación, intensamente preformada, entre un deseo inconciente y una determinada huella mnémica. Nos interesa destacar que esta interrelación entre deseo y huella que constituye el "complejo", o su núcleo, es no sólo económica sino también dinámica. Es decir que además de disponer montantes de afecto "ligados" y retenidos, las catexis que transcurren por su interior, y más aún aquellas incapaces de descarga, provienen de una transferencia continua y recíproca entre la multitud de "complejos" y sus derivados preconcientes y concientes que forman el inacabable retículo de contenidos latentes y manifiestos. Mediante la concentración de las catexis transferidas sobre una representación podemos alcanzar el quántum o montante suficiente de excitación para reactivar el recuerdo infantil y obtener, mediante la disolución del complejo, la liberación de la carga retenida.

El concepto sintetizado en la expresión "el paciente repite en lugar de recordar y debemos procurar que recuerde en lugar de repetir", a pesar de su importancia indiscutible en la teoría de la técnica, omite el énfasis sobre otros aspectos dinámicos económicos subrayados por el mismo Freud, quien finaliza su artículo Recuerdo, repetición y elaboración con las siguientes palabras referidas a la elaboración: "Teóricamente podemos equipararla a la derivación por reacción de las magnitudes de afecto aprisionadas por la represión, proceso sin el cual no lograba eficacia alguna el tratamiento hipnótico" (Freud, S., 1914g, t. II, pág.442).

La movilización del afecto

Creemos que tiene importancia insistir sobre esta cuestión por cuanto la reactivación del recuerdo constituye sólo un aspecto, aunque fundamental, dentro del proceso terapéutico. Para que este proceso se realice es necesario que se cumpla otra condición señalada por el mismo Freud, mediante la cual el recuerdo moviliza procesos de descarga que se manifiestan como afecto. Si decíamos que el paciente debe ser capaz de recordar en lugar de repetir, debemos agregar ahora que es necesario también que recupere su capacidad de reproducir como "actos" acompañados de afecto, y durante el proceso de elaboración, aquello que es capaz de recordar.

Los actos que el paciente debe reproducir durante el tratamiento, y sobre todo en el presente de la sesión psicoanalítica, deben mantenerse encuadrados por la regla de la abstinencia. Así procuramos no comprometer con un flujo "anterógrado" excesivo la dirección retrógrada de aquellos procesos patológicos que, resistiéndose a los deseos del médico, tienden a ser repetidos de manera inconciente e inmutable en la actuación. Dentro de los actos compatibles con estos postulados debemos considerar fundamentalmente la actuación contenida en las palabras, ya que el hablar es un proceso que incluye un aspecto motor y en el cual la descarga se manifiesta de una manera evidente mediante el desarrollo de afecto.

Especial importancia adquiere la posibilidad de descarga de aquellos componentes de la transferencia positiva que resultan útiles al tratamiento, ya que su utilidad se pone de manifiesto mediante un doble proceso. Por un lado nos procura la colaboración del paciente con los fines de la cura; pero además, y esto nos parece digno de ser subrayado, mantiene un flujo anterógrado que, aunque mínimo, es imprescindible para que el paciente recupere su capacidad de accionar fuera de la sesión psicoanalítica, en la medida que la calidad de esta acción haya variado mediante la interpretación. Esta medida es variable en los distintos enfermos y en los distintos momentos del tratamiento, pero podemos afirmar que cuando el flujo anterógrado desciende más allá de un nivel mínimo, el paciente no sólo "prosigue", en el mal sentido de la palabra, su análisis fuera del ámbito del consultorio y en todas aquellas situaciones en las cuales tal vez y dentro de ciertos límites más le habría valido actuar o materializar sus proyectos, sino que, durante el mismo transcurso de la sesión, el tratamiento queda intelectualizado por un flujo retrógrado excesivo que impide una movilización suficiente de afectos.

El objetivo de nuestra técnica terapéutica puede ser formulado como lograr que la excitación avance en sentido retrógrado reactivando los sistemas mnémicos y "sobrecargando" los recuerdos hasta llegar a un punto a partir del cual esta excitación vuelve hacia el polo motor del aparato psíquico. De esta manera ocurre la descarga en el acto y la emoción y éstos quedan asociados a una representación sustitutiva que comprende, íntimamente fusionados en una "nueva" huella, la interpretación, el recuerdo reactivado y la percepción de objeto material externo y presente con el cual se realiza el acto y se experimenta la emoción. No solamente el acto, sino también la emoción, debe quedar encuadrada, en el transcurso de la sesión, dentro de los límites determinados por la regla de la abstinencia. En algunos casos la excitación, en su progresión retrógrada, llega a invadir el polo sensorial del aparato psíquico, determinando con esto una sensación de "presencia" en la cual la representación que constituye el recuerdo adquiere carácter de alucinación; esto, que ocurre normalmente en los sueños, forma también parte, en mayor o menor medida, del fenómeno que denominamos transferencia. Freud expresa esto último con las siguientes palabras: "Los impulsos inconcientes no quieren ser recordados a la manera que el tratamiento lo desea y, en vez, se empeñan en manifestarse de acuerdo con la atemporalidad del inconciente y su capacidad alucinatoria".

La "dosificación" del afecto

Hemos dicho que la interpretación debe atraer sobre sí un montante suficiente de la carga retenida para poder derivarla nuevamente hacia la acción y la emoción a partir de una representación sustitutiva adecuada para lograr una descarga tolerable y suficiente. Podemos preguntarnos ahora en qué condiciones adquiere la interpretación un montante de afecto suficiente para desempeñar su función, y en qué circunstancias determina una dirección retrógrada o anterógrada del flujo de excitación en el aparato psíquico.

Cuando una carga proveniente de la excitación del aparato perceptor reactiva los deseos inconcientes y las contracatexis, ocurre que ambos, y parte de sus respectivas representaciones, quedan "automáticamente" transferidos sobre la representación preconciente del objeto percibido. Además ocurre que la presencia de ese objeto queda certificada por la coexistencia de su representación preconciente y la excitación sensorial que continúa reactivando el conflicto entre el deseo inconciente y la contracatexis. La catexis es retenida en el inconciente, y como resultado de este conflicto, porque se recrea y mantiene funcionando en el presente y mediante la transferencia, la condición y el mecanismo de la enfermedad.

Este funcionamiento de la transferencia en un presente continuo para el cual la misma denominación de presente es inadecuada (Cesio, F., 1965; Rodrigué, E., 1965) es inevitable y no depende por lo tanto de las condiciones de la interpretación, ya que, como es obvio, sea cual fuere el contenido de esta interpretación atraerá sobre sí una determinada transferencia. Pero resulta en cambio de la mayor importancia tener en cuenta que la interpretación está constituida por símbolos verbales capaces de reunir o separar en una o en varias representaciones, los montantes de afectos surgidos de los diversos sectores del conflicto, y puede por lo tanto disociar mediante diferentes representaciones de tiempo o espacio los acontecimientos "actuales" de la transferencia.

Mediante la estructura lógica de un mensaje verbal, por ejemplo, establecemos juicios, discriminaciones y relaciones cada vez más complejas, que constituyen el ejercicio de nuestro pensamiento racional conciente. Frente a ese "presente" constituido por la continua transferencia de catexis, podemos recurrir a formulaciones que nos permiten disociar entre un "hoy" y un "ayer", o entre un "aquí" y un "allá", o entre una "causa" y un "efecto", todo un grupo de representaciones de impulsos que están ocurriendo en un continuo y en un presente que, como "cosa en sí", está más allá de aquello que logramos describir.

Volviendo a cuestiones que planteamos previamente, podemos expresar ahora que una interpretación puede adquirir el montante de afecto suficiente en las más diversas condiciones, ya que depende de magnitudes y cualidades relativas entre sí y variables para cada caso y situación. Sin embargo se puede afirmar que la estructura lógica de una interpretación tiende a disminuir la catexis, disociándola entre un número determinado de representaciones en cierto modo antagónicas, ya que el juicio surge del principio de contradicción. La interpretación que podemos llamar "nominativa" o descriptiva, y más aún en la medida que renuncia a precisar ubicaciones en el tiempo o en el espacio, así como relaciones entre causas y efectos, tiende a aumentar, en cambio, por mecanismos de condensación y desplazamiento inherentes al proceso primario y presentes en el complejo proceso de simbolización, el montante de catexis que se transfiere sobre ella.

Forma parte del problema que estamos desarrollando el considerar aquellas situaciones en las cuales la descarga obtenida más que suficiente parece excesiva. Si queremos aclarar qué entendemos por descarga excesiva, podemos conceptualizarla diciendo que se trataría de un proceso de descarga en el cual la ausencia de una suficiente activación retrógrada de los recuerdos provoca una descarga inmodificada; que se realiza de acuerdo con los clisés habituales que condicionan la neurosis del paciente. Más que de una descarga excesiva se trataría pues de una descarga inadecuada, ya que provoca un aumento de la carga retenida en una de las representaciones contradictorias. Tal situación correspondería a un déficit de la interpretación en su función de activar en dirección retrógrada los recuerdos que deben ser integrados en nuevas representaciones.

Podemos añadir que la interpretación puede interrumpir la tendencia a la actuación y dirigir en dirección retrógrada los procesos de excitación atrayendo sobre sí la carga, cuando satisface más adecuadamente que el acto la descarga de aquella resultante total de las catexis retenidas. Esta interpretación es precisamente la que recrea "de inmediato" el curso anterógrado interrumpido, puesto que se ofrece como una representación transaccional más adecuada que no encuentra bloqueada su tendencia hacia la acción y la emoción.

Síntesis y conclusiones

Partimos de una descripción teórica del conflicto neurótico en la cual contemplamos especialmente el aspecto económico contenido en las representaciones de impulsos y sus vicisitudes a través del proceso de la represión. Desde este punto de vista el interpretar adquirió una primera definición según la cual consiste en brindar una representación sustitutiva transaccional capaz de derivar las magnitudes de afecto retenidas en el conflicto neurótico.

Apoyándonos en los conceptos fundamentales de La interpretación de los sueños y en otras afirmaciones de Freud acerca de la atención flotante, completamos la anterior definición con consideraciones según las cuales la interpretación surge en la conciencia como un derivado transaccional en el cual coparticipan el proceso primario y el pensamiento racional preconciente, tal como ocurre en la elaboración onírica. Aunque el pensamiento lógico conciente puede intervenir en interpretaciones adecuadas y exitosas no constituye un elemento esencial durante la formulación de la interpretación, sino que por el contrario suele colocarse al servicio de la contrarresistencia.

Pasamos luego a estudiar el proceso transferencia-contratransferencia partiendo de la definición que realiza Freud en relación con el proceso del soñar, y según la cual la esencia de la transferencia consiste en el desplazamiento de las representaciones de impulsos inconcientes sobre las huellas mnémicas preconcientes.

Apoyándonos en otros conceptos de Freud destacamos la importancia que posee el considerar que la productividad de las neurosis se manifiesta durante el tratamiento en la transferencia, así como durante el dormir se manifiesta en los sueños. Estudiamos además el proceso de recordar en lugar de repetir, y su relación con las huellas mnémicas verbales que constituyen la interpretación, y concedemos una gran importancia, en la comprensión del proceso terapéutico, al esquema desarrollado por Freud en su Psicología de los procesos oníricos, según el cual el flujo de excitación puede emprender en el aparato psíquico una dirección retrógrada, antagónica con respecto a la tendencia hacia la acción y emoción.

Además nos ocupamos de considerar aquellos aspectos de la transferencia vinculados a características de nuestro aparato psíquico, que han sido conceptualizados como atemporalidad del inconciente o actualidad del proceso transferencial. En estas características encontramos cualidades que permiten añadir otras consideraciones acerca de la función del pensamiento lógico en el interpretar. Frente a lo que constituye la estructura lógica de la interpretación, pensamos en algunas interpretaciones que podemos llamar nominativas o descriptivas, y cuyo carácter esencial consiste en una riqueza o "penumbra de asociaciones" que le brinda capacidad para condensar varias representaciones contradictorias y obtener sobre sí la transferencia de la carga retenida. Esta "penumbra de asociaciones" se articula con un "más allá de las palabras" que forma parte sin embargo de la estructura del lenguaje, tal como ocurre por ejemplo con la poesía o la prosa literaria, y que constituye un nexo entre las representaciones visuales o plásticas del inconciente y las representaciones verbales.

En relación con el proceso del soñar y las transferencias recíprocas de la excitación entre las diversas representaciones que constituyen las ideas latentes del sueño, se plantean algunas consideraciones acerca del carácter funcional y relativo de aquel contenido latente que, en un momento dado, resulta adecuado para atraer sobre sí la carga del contenido manifiesto. Este carácter relativo y funcional del contenido latente nos introduce así nuevamente en las relaciones entre el pensamiento lógico, que enuncia juicios de "verdad", basados en el principio de contradicción, y el interpretar como un proceso más complejo cuyo ejercicio nos acerca a un criterio según el cual "verdadero" es aquello que se demuestra adecuado para nuestros fines.

Por fin realizamos algunas consideraciones acerca de los factores que intervienen en la capacidad de una determinada interpretación para atraer sobre sí las catexis retenidas, llegando a la conclusión de que la estructura lógica tiende por lo general a disminuir las catexis mediante el mecanismo de la disociación, mientras que la interpretación nominativa tiende a aumentar las catexis mediante mecanismos de condensación y desplazamiento implícitos en el proceso de simbolización inconciente. Se concluye afirmando que en toda interpretación participan uno y otro proceso, como es el caso de la elaboración onírica, y que el grado óptimo en esa capacidad de atraer sobre sí las catexis, se da cuando la interpretación se demuestra más adecuada que el acto repetitivo para descargar la resultante total del conjunto de representaciones de impulsos retenidos y contradictorios entre sí.

Notas

(1) El texto del presente capítulo pertenece a un trabajo presentado en el II Congreso Interno y X Simposio de la Asociación Psicoanalítica Argentina, Buenos Aires, 1965

(2) El subrayado no pertenece al original

(3) Citado por Otto Fenichel, 1961, pág. 24

(4) Subrayado por el autor.

(5) El subrayado no pertenece al original

(6) Utilizamos la palabra "actual" en un sentido semejante al que le da Rodrigué (1965) en su concepto de actualidad, o sea, en su doble connotación de presente y acto.

(7) La descripción psicoanalítica del letargo y su conexión con la reacción terapéutica negativa fue realizada por Cesio (1960).

(8) "The unconcious impulses do not want to be remembererd in the way the treatment desires them to be, but endeavour to reproduce themselves in accordance with the timelessness of the unconcious and its capacity for hallucination." (1912b**, t. XII, pág 108)

(9) Sobre este mismo tema de la "penumbra de asociaciones" y su relación con el simbolismo en el arte, véase el fecundísimo concepto de "redundancia extrasistemática" planteado por E. H. Gombrich (1966).

(10) Resulta pertinente añadir a estas ideas algunas reflexiones extraídas de un comentario al artículo de M. Abadi: Meditación sobre el Edipo (publicado en la Revista de Psicoanálisis, tomo XXXIII, N8 2, Bs. As., 1976).

Para los griegos averiguar era descubrir una verdad, alétheia, que está ahí desde siempre, preformada y oculta, más allá del hombre que la busca, y que, con su esfuerzo, debe descubrirla. El concepto acerca de la verdad ha sufrido las más diversas vicisitudes durante la evolución del pensamiento humano. Para los hebreos, por ejemplo, la verdad, emunah (amén), es lo que será como producto de los designios divinos que, lejos de poseer un ser inmutable, son el resultado de una voluntad que no admite restricciones. Tal como señala Ortega, emunah no es en el decir del hebreo como el logos de la verdad: "A es B", sino, "así será". Averiguar es para el hebreo profetizar a través de la invocación de la gracia concedida como revelación, pero, y esto me parece importante, como la revelación de un destino "improvisado" por un Dios que puede ser influido mediante la plegaria.

Es cierto que el psicoanálisis, mediante su indagación en los significados ocultos, nos reconcilia con el espíritu griego en su búsqueda del ser latente que debe ser des-cubierto. Pero existe sin embargo una importante diferencia. El psicoanálisis no se compromete en la creencia de un ser latente unívoco, sólo se compromete en la afirmación de su latencia. Aquí resulta pertinente recordar a Freud cuando afirma en La interpretación de los sueños que: "...las ideas latentes descubiertas en el análisis no llegan nunca a un límite y tenemos que dejarlas perderse por todos lados en el tejido reticular de nuestro mundo intelectual". ¿No apunta esta aseveración de Freud hacia una coincidencia con una época como la nuestra, en la cual alejamos nuestro pensamiento de la creencia en la posibilidad de establecer el ser inmutable de una verdad independiente del hombre?

...No es que cuestione la posibilidad de privilegiar una representación frente a las otras, sin la cual toda interpretación psicoanalítica sería imposible; lo que cuestiono es la posibilidad de otorgar el carácter de "final" a cualquiera de ellas, ya que, aunque afirmemos que este final es inalcanzable, estamos, si así lo hacemos, al mismo tiempo aseverando que podemos divisar cuál podría llegar a ser.

...Examinando desde este punto de vista el "expediente de Edipo", la indagación por la culpa se torna tarea inacabable y queda sustituida, tal vez provisoriamente, por "el hacerse responsable de una reparación".

...Otro tema fascinante es la relación entre conocimiento, angustia y prejuicio. Si es cierto lo que señala Freud cuando en su trabajo Sobre Psicoterapia afirma: "...la acción somática y psíquica de los impulsos anímicos hechos concientes no puede ser nunca tan fuerte como la de los inconcientes", debemos concluir en el pensamiento de que existe una forma de conocimiento que impide el hacer conciente un impulso inconciente destructivo. ¿Se podrá denominar a este tipo de conocimiento "conocimiento genuino"? En el caso de no ser así: ¿cómo podríamos diferenciar claramente ambos tipos de conocimiento? Y, por el contrario, si fuera genuinamente conocimiento: ¿de cuáles factores distintos de su lejanía de la conciencia dependerá en definitiva su capacidad de daño? Tal vez un ensayo de respuesta consista en volver sobre la afirmación primera para señalar que el conocimiento genuino puede ser también utilizado para mantener inconciente un impulso destructivo, y que el llamado conocimiento prohibido debería ser aquel especialmente adecuado para cumplir con tal designio también inconciente

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