Hacia una teoría del arte psicoanalítico
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CAP. XI

FALSEDAD Y AUTENTICIDAD EN LA INTERPRETACIÓN DE LA TRANSFERENCIA CONTRATRANSFERENCIA

Dr. Luis Chiozza

 

...todo lo pensado es y todo lo que es, es un pensamiento... Idea realmente nueva es sólo aquella con la que tiene lugar también un suceso realmente nuevo, ya que ambas cosas vienen a ser lo mismo.

Víctor von Weizsaecker

La verdad nunca puede ser dicha de modo que sea entendida y no sea creída.

William Blake

La transferencia- contratransferencia

Comenzaremos por repetir la afirmación que, apoyándonos en otros autores, realizamos en el capítulo La interpretación de la transferencia- contratransferencia:

"... la transferencia y la contratransferencia forman parte del proceso transferencia- contratransferencia que (incluyendo sus aspectos de interrelación recíproca) puede ser comprendido en un campo conceptual unificado, en una teoría de la transferencia dentro de la cual la palabra contratransferencia señala el 'lugar' o el 'tipo de función' a través del cual el fenómeno general se manifiesta en un miembro particular de la pareja psicoanalítica".

Mediante el párrafo citado queremos introducirnos en un pensamiento que enunciamos hace ya algunos años (Chiozza, L., 1970j [1968]; 1970k [1968]; Chiozza, L. y colab.1969a). Este pensamiento, que incluye las ideas de "trato" y "encuentro" elaboradas por Weizsaecker (1956 [1951]), adquiere mayor fuerza a partir de la noción de "ecosistema de la mente" desarrollada por Bateson (1972). Se trata de la transferencia concebida como un proceso perteneciente a una realidad que trasciende aquello que, desde nuestra conciencia, llamamos "individuo humano".

El concepto conciente de individuo, sea humano, animal o vegetal, en relación con el cual se integra el universo de seres que constituyen nuestro mundo, como entes separados que aparentemente ejercitan una cierta independencia, es algo tan fuertemente arraigado, como creencia y como "dato" del sentido común, que resulta difícil tomarse en serio y comprender cabalmente el alcance de aquello que queremos significar cuando hablamos de un sistema psíquico que trasciende lo que desde nuestra conciencia habitual llamamos "individuo".

Sin embargo, a poco que se amplíe la conciencia, a poco que progrese nuestro conocimiento del universo biológico que integramos, resulta evidente que la teoría que da cuenta armónicamente de un mayor número de hechos observables pone en crisis inevitablemente nuestra idea ingenua de individuo, al brindarnos la noticia de un sistema más amplio y más complejo, que tiene todas las características de aquello que llamamos "organismo" y del cual los "individuos" tradicionales sólo formamos una parte.

Este organismo mayor (tal como hoy lo vemos gracias a una mutación en los sistemas de creencias que subyacen a toda percepción) tiene sus propias "anatomía", "fisiología", "psicología" y "patología", de las cuales sólo conocemos algunos fragmentos de unos pocos capítulos. Así, los existentes materiales de lo que llamamos "lecho ecológico" forman parte de esa nueva "anatomía". Y, de un modo semejante, la fecundación de las flores por los insectos, la asunción "forzada" de un rol en la comunidad y los desequilibrios ecológicos que amenazan la supervivencia del conjunto, formarían parte, respectivamente, de una "fisiología", "psicología" y "patología" nuevas. Anatomía, fisiología, psicología y patología de un conjunto que trasciende los límites de las comunidades familiares o "sociales" humanas y que, si aceptamos las ideas de Koestler (1978), podría, a su vez, integrarse, dentro de una estructura jerárquica, en un organismo más amplio.

Cada conjunto sistémico u "holón" está ubicado, según Koestler, en una estructura jerárquica, y es una partícula bifronte que funciona "hacia abajo" como un todo integrado por partes, y "hacia arriba" como parte de un todo más complejo [véase a este respecto lo que escribimos en "Apuntes sobre fantasía, materia y lenguaje" (Chiozza, L., 1970l)]. La morfogénesis de ese conjunto, como sucede con el desarrollo embriológico epigenético, resulta de interregulaciones contextuales similares a las que encontramos en la gramática o en las narraciones históricas.

La transferencia-contratransferencia, contemplada desde estas ideas, constituiría entonces una función o un proceso propios del "sistema" psíquico de un conjunto orgánico "supraindividual". Debemos recordar que las definiciones que nos legara Freud constituyen un primer paso de abstracción a partir de un campo de experiencia.

Los tres paradigmas clásicos de la teoría psicoanalítica de la transferencia, o sea: la sustitución de una persona anterior por la persona del médico, el desplazamiento de una catexis desde la representación inconciente a la representación preconciente correspondiente a una percepción actual, y la idea de una falsa conexión del afecto pretérito a la figura de un interlocutor presente, son, como dije antes, el producto de una primera transformación teórica frente a un tipo particular de experiencia.

A esto podemos añadir, sin variar mucho las cosas, la hipótesis de que la transferencia es un producto de la necesidad libidinosa o de la compulsión a repetir, y todo cuanto la teoría psicoanalítica nos enseña acerca de la interrelación transferencia-contratransferencia, que no repetiremos aquí (Chiozza y colab., 1966a ; Chiozza, L., 1979a [1977-1978-1979]). Lo que nos interesa describir ahora es el tipo de trama con la cual podemos comparar la función o el proceso transferencia- contratransferencia a los fines de comprender algo más con respecto a su esencia.

Debo aclarar aquí lo que entiendo por "trama" y por comparación entre tramas. Recurriré para ello a un concepto de Bateson (1979). Consiste en lo que denomina fenómenos de moiré y se refiere, a través de la metáfora constituida por la tela que lleva ese nombre, al hecho trascendente de que la superposición de dos tramas permite visualizar una nueva y diferente, del mismo modo que la descripción de un mismo fenómeno mediante dos organizaciones conceptuales distintas (o el descubrimiento de que dos simbolizaciones complejas diferentes, que aparentan referirse a distintos fenómenos, aluden a un mismo referente esencial) permite acceder a un nuevo terreno epistemológico o a un "nivel" de tipificación lógica más "alto", más abarcativo o de mayor generalidad.

Bateson llama "abeducción" a esa especie de gimnasia mental mediante la cual la organización conceptual utilizada para procesar una determinada experiencia, se demuestra de pronto eficaz para la comprensión de otra experiencia proveniente de un campo totalmente distinto. Ya durante la investigación psicoanalítica de los trastornos hepáticos (Chiozza, L., 1963a, 1974c) nos habíamos enfrentado con la necesidad de valorar este "doble" o múltiple "anclaje" en distintos terrenos, con el cual la experiencia obsequia, inesperadamente, a una "buena" teoría.

Otro concepto de Bateson, en el cual me apoyaré, atañe a la comparación entre procesos duraderos, que tienden a ser conservados como modelos, y procesos transitorios, que tienden a ser destruidos para conservar los modelos antiguos. El proceso que se gesta como producto del impacto o encuentro estocástico entre herencia y experiencia individual, o entre antecedente y presente, puede ser observado tanto en la evolución biológica como en el ejercicio cotidiano del pensar y aprender.

Un enlace entre dos variables es estocástico cuando, sin ser una de ellas función de la otra, tampoco son independientes. Bateson utiliza este nombre, que en su origen griego significa "conjeturar" (Salvat, 1964), para referirse a una secuencia de eventos que combina un componente casual con un proceso selectivo, de modo tal que sólo ciertos resultados de la casualidad puedan perdurar.

Así como en la evolución biológica la "repetición" embriológica epigenética se enfrenta, a través de una cierta "inercia" de procedimiento, con un cambio ocasional que podrá ser conservado o destruido y que, en el caso de ser conservado, podrá ser a su vez creativo o destructivo, análogamente, en el ejercicio del pensar y el aprender, rigor e imaginación --podríamos añadir de acuerdo con Ortega (1940), creencia e ideas-- establecerán una interrelación semejante. Si se afirma que la población, al ser heterogénea, es un almacén de posibilidades genotípicas, lo mismo podría decirse en cuanto a un cúmulo heterogéneo de sistemas coherentes de ideas, es decir ideologías.

La selección natural, operando sobre unidades de supervivencia (integradas por determinados individuos de una población en su lecho ecológico) en un proceso que Waddington denomina asimilación genética, simula aceptar (como si se tratara de una herencia lamarckiana) en el acervo genético, las modificaciones casualmente adquiridas durante las vicisitudes de una vida individual. En realidad ocurre que la flexibilidad adaptativa de cada individuo, que determina su capacidad para los cambios adquiridos ontogenéticamente, está condicionada por un correspondiente mosaico genético, cuyas variaciones (distribuidas, en una población heterogénea, por entrecruzamiento de genes o por su mutación) producen, esta vez desde el plasma germinal y de modo "casual", un cambio equivalente al otrora adquirido ontogénicamente. La selección natural, operando ahora sobre la población entera, determinará la perdurabilidad de este cambio. Inversamente, la existencia de la "barrera" que Weissman describió y que impide el pasaje de los caracteres adquiridos al acervo hereditario, impide también que tales cambios fortuitos actúen destruyendo la coherencia.

Apoyándonos en estas ideas podemos sostener que la imaginación crea o dibuja "figuras" sobre una "trama" de fondo constituida por la perduración de "figuras" antiguas, las cuales, sometidas en su ocasión al rigor de la lucha selectiva con las otras "variantes" de un sistema intelectual coherente y antecedente, han merecido perdurar y conforman ahora, privadas de la actualidad de conciencia y entretejidas en una red de diseño "periódico", el suelo "flexible" inconciente para los nuevos acontecimientos concientes.

Las figuras trazadas durante la vida del llamado individuo serán, en su gran mayoría, borradas, como el fenotipo que constituye nuestro aspecto personal, o como los millones de ideas que conformamos en ese transcurso. Son el producto "mixto" de un encuentro estocástico entre nuestra ocasión particular y azarosa y la inercia de una trama genotípica o de un esquema ideológico que limita nuestra posibilidad de conocer tanto como evita la pérdida de nuestra coherencia.

Si decimos que el "contenido" transferido o contratransferido constituye una trama, en cuanto estructura perdurable que hunde sus raíces en la vida infantil, la existencia misma del proceso transferencia-contratransferencia conforma, evidentemente, otra trama de un nivel lógico o jerárquico más general. Cuando nos ocupamos de la transferencia nuestro pensamiento se dirige habitualmente hacia el tratar de comprender la existencia y el origen de esos "contenidos" transferidos, pero lo que nos interesa especialmente ahora es comprender mejor la modalidad o la actividad misma que denominamos "transferir".

El procedimiento abeductivo puede ayudarnos, al comparar dos tramas de un mismo grado de universalidad: el terreno de la evolución biológica y el ejercicio mismo del pensar y el aprender. ¿Qué nos aporta en este caso la superposición? Hagamos un pequeño inventario:

1) La transferencia-contratransferencia es un proceso estocástico, es decir que se produce epigenéticamente sobre un mandato o modelo antecedente, mediante la combinación con un componente ocasional y creativo que el rigor selectivo del modelo autorizó a perdurar.

2) La transferencia-contratransferencia posee un grado de flexibilidad determinado por el modelo antecedente y su variación sólo es posible dentro de los márgenes de esa flexibilidad.

3) La transferencia-contratransferencia, en tanto contiene el mandato hacia un determinado proceso epigenético, conforma la dirección o el sentido de la vida del conjunto en el cual se manifiesta o desarrolla.

4) La transferencia-contratransferencia solo puede variar más allá de los límites de su propia flexibilidad en la medida en que, dentro de una población heterogénea de modelos, la presión selectiva cambie el "consenso", es decir la proporción de un modelo (genético o ideológico) estable, como para que constituya mayoría dentro de esa población.

Pero la superposición de la trama, a la manera del mencionado moiré, nos permite entrever una nueva, que se impone al espíritu con la fuerza de una significativa visión. La transferencia-contratransferencia aparece como el modo privilegiado en la comunicación intrasistémica de un metaorganismo. Se incluyen de esta manera en un solo bosquejo conceptos tales como el de transferencia de fondos pecuniarios o transferencia del código genético en la síntesis proteica (de un modo análogo el concepto psicoanalítico de represión poseería un sustrato común con el concepto de represión de los clones prohibidos). Pensamos entonces que la transferencia-contratransferencia, como traslado que comporta un sentido inmanente, "reconoce" y mancomuna a las partes, generando un sistema mediante la participación.

La interpretación

En el capítulo La interpretación del material decíamos:

"En su uso actual el término 'interpretar' adquiere un amplio significado que abarca varias acepciones: la tarea de determinar el sentido; la de traducir o explicar en un idioma lo que se ha dicho en otro; la de atribuir una acción a un determinado fin o causa; la de comprender o expresar, bien o mal, el asunto de que se trata; y también, por extensión, la de representar una obra de teatro o ejecutar una composición musical. Frente a este uso amplio de la palabra 'interpretar', que queremos mantener aquí a los fines del propósito que nos anima, debemos distinguir explícitamente la interpretación psicoanalítica como una modalidad diferenciada del ejercicio interpretativo. Podemos afirmar categóricamente que no toda interpretación de un significado es una interpretación psicoanalítica. Sin embargo, cuando penetramos en la intimidad del proceso, comprobamos un hecho aparentemente paradójico y digno de futuras reflexiones: toda interpretación de un significado, en la medida en que se constituye como carga de representaciones preconcientes, realiza inevitablemente una manera de hacer conciente lo inconciente... esto último ocurre en todas las formas del conocimiento".

Más adelante, esforzándonos por definir lo peculiar de la interpretación psicoanalítica, sosteníamos que el fin de este tipo de interpretación es hacer conciente lo inconciente reprimido.

Una distinción basada en este concepto no resulta, sin embargo, suficientemente sólida, y menos aún después de haber comprendido la importancia general del llamado significado indirecto (Todorov, T., 1978) y de las consideraciones que surgen de la obra de Bateson (1979), las cuales nos permiten establecer que durante el proceso del conocer y el aprender, que se realiza de una manera estocástica, la resistencia va aumentando exponencialmente sus valores en una curva divergente que conduce muy pronto a la completa clausura, ya que el conocimiento y el aprendizaje "genuinos" remontan la escala de la tipificación lógica hacia su metanivel, amenazando muy pronto aquellas creencias que estructuran un sistema coherente, equivalente, en el proceso evolutivo, a la herencia genética.

Refuerza todavía más estas consideraciones lo que afirmamos en el apartado anterior, cuando consignamos que los códigos interpretativos inconcientes que subyacen a toda percepción están constituidos por nuestros sistemas de creencias igualmente inconcientes. (De modo que la llamada "objetividad" suele ser precisamente aquello que refuerza la resistencia hacia el cambio.)

En La interpretación del material señalábamos también que el ejercicio de la actividad interpretativa implica una existencia subjetiva que podemos separar, desde un punto de vista conceptual y esquemático, en cuatro sujetos: el que interpreta, aquel a quien la interpretación va dirigida, el que recibe la interpretación y el que produce el material interpretado. Varios de estos sujetos, o todos, pueden coincidir en una misma persona.

Podemos añadir ahora que si consideramos la existencia de un metaorganismo en el cual el proceso llamado transferencia-contratransferencia es intrasistémico, debemos tener en cuenta también la coincidencia de estos cuatro sujetos en una actividad autointerpretativa permanente característica de este metaorganismo, el cual, dentro de un proceso evolutivo, tiene la capacidad de conocer, aprender y pensar, aparentemente de manera creciente.

Veamos ahora lo que Bateson denomina categorías lógicas del aprendizaje:

En el aprendizaje 0 simplemente se absorbe información. Esta acumulación de información alcanza en nuestros días, según Ruyer (1974), la cualidad de una intoxicación del intelecto. En el aprendizaje cero no hay progreso ni cambio, ni siquiera habituación; sólo la respuesta habitual preexistente hacia cada nueva información recibida en las categorías de significación ya conocidas. La información se expande así solamente de manera aritmética. Una computadora funciona habitualmente en esta categoría.

En el aprendizaje I la expansión de la información es geométrica, se aprende un hábito y se adquiere conciencia de esta habituación. Se alcanzan progresivamente más claves para encontrar dicha información. Se adquieren nuevas conexiones entre estímulo y respuesta, pertenecientes al modelo implícito, y se adquiere conciencia de las características del contexto, pero ni el modelo ni el contexto en sí mismos son objetos de la conciencia y del cambio. Se aprende por habituación durante un entrenamiento que no implica reflexión acerca del contexto mismo.

En el aprendizaje II se aprenden proposiciones acerca de contextos; el contexto y las premisas acerca del aprendizaje cambian. Se aprende a aprender de una nueva manera. Aquello que llamamos análisis de la transferencia (para ser más claros deberíamos decir de un "contenido" transferido) en la medida en que conduce a un cambio de significación que implica un cambio del contexto interpretativo, es un aprendizaje II. La neurosis experimental de un animal es, según Bateson, el resultado de una imposibilidad para acceder a este nivel de aprendizaje.

El aprendizaje III, que puede ser equiparado a algunos tipos de vivencia, religiosa, parece requerir cierta irrupción de lo inconciente, mediante la cual ocurre una identificación con aquello que se está aprendiendo y un tipo de absorción que trasciende al contexto o al sistema de contextos. En su Patosofía Weizsaecker (1956 [1951]) relata y valora una experiencia personal de este tipo (implícita también en su concepto de "la malicia del objeto").

El aprendizaje IV, que el hombre tal vez no alcance jamás, figura en la lista sólo a los efectos de señalar que la serie permanece abierta y que el ser humano con sus capacidades anímicas es sólo una parte de las posibilidades epistemológicas de ese conjunto que llamamos naturaleza.

De cuanto llevamos dicho hasta aquí surgen algunas conclusiones trascendentes:

1) Aquello que denominamos habitualmente interpretación psicoanalítica es una forma particular de aprendizaje, específicamente aprendizaje II, ya que la interpretación de lo que se considera reprimido es la concientización de un contexto de significación preformado e inconciente que una vez, en la infancia, fue conciente.

2) Si tenemos en cuenta la existencia de lo que Freud denominaba el inconciente no reprimido (para subrayar con esto el hecho de que nunca, durante la existencia individual, había accedido a la conciencia), nos encontramos entonces conque interpretar lo reprimido no es lo mismo, en todos los casos, que interpretar lo resistido, ya que precisamente es el inconciente no reprimido, que forma las estructuras coherentes que sostienen la organización del sistema según modelos preformados que deben ser preservados, aquel que presenta las mayores resistencias al cambio. Para decirlo con un ejemplo: la ruptura epistemológica que significó el descubrimiento del psicoanálisis no es un acto de interpretación psicoanalítica de lo reprimido; es, por el contrario, el producto de un acto interpretativo "metapsicoanalítico", "psicoterapéutico", además, con respecto a la población humana en su conjunto.

3) Uniendo las consideraciones realizadas en el apartado anterior acerca de la existencia de un metaorganismo "supraindividual", con lo que surge del tener en cuenta a la selección natural operando sobre una población heterogénea completa (con subunidades de supervivencia que también son transindividuales), encontramos que la actividad de cambio evolutivo más importante, forme o no forme parte de aquello que denominamos "psicoterapia", es la que se ejerce mediante la flexibilidad de cada individuo (es decir, por ejemplo, en cada diván) como presión selectiva sobre un conjunto heterogéneo completo que contiene suficientes variaciones en sus modelos coherentes preformados (genética o ideológicamente), reforzando selectivamente un cambio (genético o ideológico) en el consenso de esa población afectada por el cambio adaptativo (flexible) de unos pocos individuos.

4) La interpretación del significado específico de los trastornos somáticos trasciende el ámbito propio de la interpretación psicoanalítica de los complejos infantiles reprimidos y representa una ruptura epistemológica, cuya supervivencia depende de un "movimiento" destinado a cambiar un consenso en la población. El "origen" de una tal ruptura epistemológica, que actúa como presión selectiva, puede ser concebido tanto a partir de algunos individuos que han logrado un acceso transitorio a nuevos modelos de pensamiento a expensas de su flexibilidad, como a partir de individuos cuya variación (genética o ideológica) le brinda un acceso permanente e irreversible a dichos modelos.

 

Falsedad y autenticidad

Evitaremos emprender aquí la investigación del sentido inconciente de las palabras "falso" y "auténtico". Nos proponemos denotar con ellas un significado preciso que es fácil definir. Llamaremos "falsedad" a la discordancia transmitida a través de dos o más formas de comunicación diferentes (siendo una de ellas, por lo general, inconciente) y "autenticidad" a su concordancia.

Con el fin de esquematizar un tema complejo supondremos que los múltiples lenguajes, mediante los cuales transcurre la comunicación, pueden ser, a los fines que nos proponemos, representados por dos. Compondremos con ellos pares contrastantes que no son exactamente equivalentes, sino solamente analógicos. Tenemos así: proceso secundario y proceso primario; razón y magia; codificación digital y analógica; hemisferio cerebral izquierdo y derecho; símbolo representante y signo expresivo; diferencia e importancia; representación verbal e imagen visual; proceso lineal secuencial discursivo y proceso gestáltico de captación simultánea, global, a partir de una parte.

Lo esencial del asunto reside en que no sólo encontramos en estos binomios dos modos de comunicar una determinada información, sino dos modos de procesar, organizar y aún percibir aquello que denominamos "realidad". Que estos dos modos son ambos valiosos es algo que hemos redescubierto hace poco, una vez que adquirimos conciencia de que el pensamiento racional, con toda su enorme riqueza, es un modelo que se revela muy pobre en el tratamiento de algunos sectores de la experiencia con ese mundo "real".

Así como el inconciente del médico coparticipa en la interpretación a partir de lo que capta, más allá del lenguaje verbal, en el material del paciente, este último realiza inevitablemente una tarea semejante a partir del material brindado por el psicoanalista. En realidad más que coparticipar en la interpretación este conocimiento inconciente es el que otorga realmente su significación al contexto y, con él, al acto mismo que se está conviviendo. Por consiguiente, resulta desconcertante que durante tantos años del ejercicio psicoanalítico se haya desestimado este factor (sino en la práctica por lo menos en la teoría) en lo que respecta a la influencia de la formulación interpretativa.

El proceso secundario (y con él el lenguaje verbal en cuanto tiene de significación y realización de juicios que son lógicos) establece enunciados que son noticias de diferencias cuya importancia (es decir, cuyo sentido) jamás puede ser otorgado por el ejercicio de un pensamiento racional. Por el contrario, es el proceso primario inconciente el que funciona como atribuidor de importancia y motivador de juicios. Cualquier significación "intermediaria" que, en apariencia, deriva del establecimiento de un juicio, remite en última instancia a este soporte inconciente que mantiene cargado al referente del símbolo.

En "Conocimiento y acto en medicina psicosomática" (Chiozza, L., 1974a [1972]) decíamos: "El campo de la transferencia-contratransferencia constituye un campo de con-vivencia que brinda un riquísimo trasfondo, constituido por la percepción de lo que ha llegado a través de lo inconciente, a los fenómenos materiales que impresionan a los sentidos del médico. Es precisamente este trasfondo el que, a la manera de un claroscuro, otorga a los detalles más insignificantes que provienen de la percepción sensorial, un significado brillante".

A partir del prejuicio teórico que consiste en considerar a la formulación verbal, por su carácter de enunciado significativo racionalmente comprensible, como el agente privilegiado del cambio que se desea obtener, se descuida, en el campo del ejercicio psicoanalítico cotidiano, la discordancia cada vez más frecuente de esta formulación con la comunicación inconciente, incurriendo de este modo en una forma de falsedad progresiva que altera no solamente el resultado que se pretende obtener sino inclusive su evaluación posterior.

Cabe preguntarse ahora, en función de lo que hemos dicho acerca de la transferencia y la interpretación como procesos estocásticos que operan intrasistémicamente en un metaorganismo, cuáles son los efectos de una tal discordancia y cómo puede ser mantenida.

En primer lugar señalemos que existen motivos para la "falsedad" mencionada, dado que constituye, dentro de la flexibilidad que hemos descripto, el intento de un cambio adaptativo parcial no siempre fallido, aunque, las más de las veces, insostenible.

Cuando esta falsedad se establece desde el analista en el interjuego del proceso que denominamos tratamiento psicoanalítico, caben, esquemáticamente, tres alternativas: en la primera de ellas el paciente desoye y desprecia el contenido verbal de la interpretación y responde solamente a su percepción "intuitiva" del lenguaje no verbal discordante; como el psicoanalista, a su vez, no justiprecia este aspecto de su propia comunicación, el vínculo se interrumpe precozmente o se mantiene perdiendo todas las características de un proceso psicoterapéutico reglado o conciente. En la segunda de ellas el paciente desprecia, inversamente, lo que le aporta su percepción "intuitiva" y se aferra al contenido verbal de la interpretación en lo que éste tiene de manifiesto, embarcándose en un largo proceso de intelectualización, la cual, privada de concordancia afectiva, lo aleja cada vez más de la vida. En el tercer caso el paciente toma la discordancia, de la cual conserva una cierta conciencia, como un modelo ideal al cual busca adaptarse. Se cierra de este modo un círculo; los motivos que dieron origen a la falsedad del analista, sea como modalidad antecedente habitual o ideológica estable, sea como intento adaptativo para este metasistema paciente-analista, son realimentados esta vez, retroactivamente, por el propio paciente.

Si nos preguntamos ahora si siempre la falsedad es negativa y la autenticidad positiva, debemos responder que no, que la falsedad es una forma de flexibilidad, mientras que la autenticidad parecería exigir la coincidencia con un modelo estable obtenible por variación. Debemos sin embargo finalizar señalando, aunque parezca obvio, que la irreversibilidad de cualquier cambio es función de la autenticidad y de la concordancia de los lenguajes que vehiculizan ese cambio, excepto que, en la metatipificación lógica siguiente, se tomara, auténticamente, a la falsedad misma como meta de cambio.

Acerca de las relaciones entre consenso público y con-trato

1) La interpretación de lo que se considera reprimido es la concientización de un contexto de significación preformado e inconciente que una vez, en la infancia, fue conciente.

2) El inconciente no sólo es el lugar de lo históricamente reprimido como producto de los traumas infantiles; es, además, la instancia funcional que denominamos "proceso primario", el sistema de creencias que constituye los códigos interpretativos implícitos en toda percepción "objetiva" y el sistema coherente que asegura el cumplimiento de los automatismos que liberan a la conciencia de una ocupación múltiple para la cual no se halla destinada, preservándola para el aprendizaje de lo nuevo. El sistema inconciente es, por lo tanto, el ámbito de la identidad específica, del carácter como modalidad particular en la acción, el soporte del sistema coherente de creencias que configuran una ideología y la estructura misma de lo que denominamos somático.

3) La identidad específica se obtiene como producto de una variación estable desde la cual se ejerce una cierta flexibilidad. Solemos llamar "irreversible" a un cambio mutativo que es estable y "reversible" al estado (pseudoidentificación o pseudoidentidad) que se obtiene mediante la flexibilidad. "Estar en forma" corresponde a la estabilidad que conserva un máximo de flexibilidad y equivale a "ser uno mismo" o "ser lo que se debe". "Estar en ruinas" corresponde a la pérdida máxima de flexibilidad y al intento fallido de estabilizar un estado constitutivo.

4) Todo acto de conocimiento es un acto de interpretación que necesita de la intervención de la conciencia, no por lo que tiene de reconocimiento, sino por lo que tiene de adquisición o aprendizaje de algo nuevo. El aprendizaje se consolida, estabiliza o perfecciona, en la medida en que se constituye en un "saber cómo" inconciente. Por lo tanto el aprendizaje progresivo, remontando la escala de la tipificación lógica hacia su metanivel, amenaza muy pronto aquellas creencias que estructuran un sistema ideológico coherente, equivalente, en el proceso evolutivo, a la herencia genética que determina la identidad específica.

5) Toda interpretación de un significado cuyo resultado ingresa a la conciencia, implica un hacer conciente lo inconciente que compromete resistencias de muy distinta magnitud. Si tenemos en cuenta la existencia de lo que Freud denominaba "el inconciente no reprimido" y el concepto freudiano de resistencias del ello, debemos concluir en que interpretar lo reprimido no coincide necesariamente con interpretar lo resistido. Precisamente es el inconciente no reprimido, que forma las estructuras coherentes que sostienen la organización del sistema, aquel que presenta las mayores resistencias al cambio.

6) La actividad de cambio evolutivo más importante, forme o no parte de aquello que denominamos "psicoterapia", es la que se ejerce mediante la flexibilidad de algunos individuos, como presión selectiva, sobre un consenso de población o conjunto heterogéneo completo que contiene suficientes variaciones en sus modelos coherentes preformados. Configura una lucha por la existencia que despierta los afectos y las resistencias más intensos. Una lucha en la cual la participación, sea conciente o inconciente, es inevitable.

7) El descubrimiento del psicoanálisis, como mutación epistemológica, no es un acto de interpretación psicoanalítica de lo reprimido. Es, por el contrario, un acto "metapsicoanalítico" de interpretación, realizado sobre la población humana en su conjunto. Evoluciona bajo la forma de lo que Freud denominaba "el movimiento psicoanalítico". Podemos compararlo a un cambio adaptativo, sometido a la selección natural que opera sobre una población heterogénea completa, con unidades de supervivencia que son transindividuales.

8) Interpretaciones tales como la del significado específico de los trastornos somáticos, trascienden el ámbito propio de la interpretación psicoanalítica de los complejos infantiles reprimidos y representan un cambio epistemológico cuya supervivencia depende de la suerte que alcance un movimiento encaminado a modificar el consenso de un conjunto humano.

9) Una crisis epistemológica semejante puede originarse tanto a partir de algunos individuos que, a expensas de su flexibilidad, han logrado un acceso transitorio a nuevos modelos de pensamiento, como a partir de individuos cuya variación les brinda un acceso permanente e irreversible a esos mismos modelos.

10) La existencia del fenómeno que hemos llamado un "movimiento" brinda a cada con-trato o tratamiento campos de significación y de trabajo que son metaindividuales. Desconocer la influencia y la operatividad de este consenso público durante la psicoterapia, o en cualquier otra forma de con-trato humano, equivale a renunciar a comprender adecuadamente gran parte de las vicisitudes que determinan tanto su evolución como su desenlace.

Notas

(71) El texto de los primeros tres apartados de este capítulo pertenece a un trabajo presentado en el Centro de Investigación en Psicoanálisis y Medicina Psicosomática, el 11 de abril de 1980.

(72) Casos y problemas clínicos, 1947

(73) Proverbios del infierno, 1793

(74) Capítulo VII de este volumen

(75) Capítulo IV de este volumen

(76) Capítulo III de este volumen.

(77) Al utilizar la palabra "transferencia" para referirnos al fenómeno general, damos por sobreentendido que abarcamos en ella al proceso transferencia-contratransferencia

(78) Debemos a von Bertalanffy (1949) una "teoría general de los sistemas" y una concepción organísmica que se encuentra en la base de las ideas de Koestler.

(79) Capítulo IX de este volumen

(80) Rollo May (en "Gregory Bateson and Humanistic Psychology", About Bateson, John Rrockman ed. E. P. Dutton, New York, 1977, pág. 86), se expresa del siguiente modo al respecto: "Bateson se transforma, inconcientemente, en poeta, cuando habla acerca de forma y orden, porque éstos son, para él, piedras de toque de la vida. Esto puede ser ilustrado con un fragmento de una de las grabaciones de nuestras conversaciones, el cual he puesto aquí en forma de poesía porque de esta manera me impresionó cuando lo escuché de su boca. Gregory, hablando acerca de modelos, decía:

" ...los cuales en el libro que intento escribir
llamo mis viejos amigos,
aquellos modelos con quienes ya antes me encontré
y con los cuales me encontraré nuevamente,
y que me dicen que están vivas las cosas...
Estos modelos existen en la morfogénesis de las caléndulas,
existen en la morfogénesis del bosque,
existen en el libro que estoy intentando escribir
y en cualquier debate entre un grupo de gente.
Son la manifestación necesaria
y el signo visible del organizado ser del sistema..."

(81) Las valiosas consideraciones epistemológicas que, a partir de su campo de trabajo, realiza Konrad Lorenz en La otra cara del espejo (1973) coinciden de manera significativa con éstos y otros planteos de Bateson, certificando una vez más la existencia de un subsuelo común en los procesos de pensamiento que corresponden al desarrollo evolutivo de una época.

(82) El carácter estocástico de la evolución biológica, aplicado por Bateson, "abeductivamente", a la comprensión del pensar y el aprender, le permite comparar binomios tales como rigor e imaginación, forma y proceso, digital y analógico, calibración y feed back, tipos lógicos superior e inferior, tautología y descripción, o genotipo y fenotipo.

(83) Capítulo VI de este volumen

(84) Capítulo VI de este volumen

(85) Resulta pertinente recordar aquí que Bateson (1972) se refiere a la existencia de, por lo menos, cuatro tipos de inconciente. Para aludir al primero de ellos recurre a la tesis de Samuel Butler, quien sostiene que cuanto mejor "conoce" algo un organismo tanto menos conciente se torna de su conocimiento. Consignemos que Schrödinger (1958) plantea de un modo similar, que lo que ya se sabe es inconciente, mientras que aquello que se está aprendiendo, por el contrario, es conciente. El segundo es descripto a partir de las experiencias llevadas a cabo por Adalbert Ames, quien demuestra que las imágenes concientes y tridimensionales que vemos, se forman mediante procesos en los que intervienen las premisas matemáticas de la perspectiva, o similares, de cuyo uso somos totalmente inconcientes. El tercero coincide con el concepto freudiano de proceso primario y el cuarto con los descubrimientos de Freud acerca de la existencia de lo reprimido.

(86) El contenido de este apartado fue presentado en la Jornada de Psicoterapia Analítica 1980, realizada por el Centro de Investigación en Psicoanálisis y Medicina Psicosomática, Buenos Aires, agosto de 1980

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