CAP. XVI
APUNTES PARA UNA TEORÍA DE LA PSICOTERAPIA
Dr. Luis Chiozza
Qué es lo que debe entenderse por psicoterapia
Creo que podemos representar a la actividad psicoanalítica y a la actividad psicoterapéutica como dos círculos excéntricos, que se superponen con una muy amplia área en común. Si bien es cierto que nuestra actividad se ubica fundamentalmente dentro del círculo abarcado por el psicoanálisis, no cabe duda de que la psicoterapia, en la medida en que constituye el servicio más inmediato que podemos brindar a la comunidad, constituye también la actividad que orienta, por lo general, nuestros mayores esfuerzos.
Los fundamentos para una teoría de la psicoterapia en general que surgen de algunos desarrollos en otras ramas del conocimiento nos permiten comprender los principios del psicoanálisis en un panorama conceptual más amplio, que arroja nueva luz sobre nuestra actividad psicoterapéutica cotidiana.
Comencemos por trazar los parámetros esenciales que delimitan el área de la psicoterapia:
1) Es una actividad.
2) Posee un propósito conciente, es decir, deliberado.
3) Se propone influir psíquicamente.
4) Dicha influencia se dirige hacia una persona o hacia un conjunto poco numeroso de individuos.
5) Se realiza de acuerdo con una serie de principios que constituyen una profesión.
6) Los fines hacia los cuales se encamina, la influencia, y los medios de los cuales se vale el psicoterapeuta para ejercerla, constituyen los fundamentos que hacen de esa tarea una profesión.
Cuanto acabamos de decir nos autoriza a consignar que:
A) Dado un estado actual, nuestro propósito más amplio y general es transformar ese estado en otro estado, es decir producir un cambio de estado.
B) Para producir ese cambio o transformación debemos operar.
C) Los medios de los cuales nos valemos para operar son medios psíquicos.
Aclaremos en este punto que:
1) El estado que deseamos transformar no necesariamente debe ser percibido como un estado psíquico; puede ser percibido como un estado físico, pero en ese caso debemos concebirlo como dependiente o interdependiente de un estado psíquico.
2) La operación que realizamos debe ser tipificada y dependiente de un conjunto de principios teóricos y reglas que conforman una especialidad profesional.
3) Los medios psíquicos son vehículos de significado, y entre ellos el hablar supera a todos los demás en lo que respecta al grado de conciencia de la significación que transporta. Quizás sea más exacto decir que el modo de conciencia de la significación que transporta el lenguaje verbal lo hace más adecuado al tipo de procesamiento del conocimiento que denominamos científico o racional.
Automatización y destreza en el ejercicio psicoterapéutico
Podemos entonces decir que la función del hablar en la psicoterapia es el operar de modo conciente y deliberado la transformación de un estado en otro estado. Pero debemos de inmediato hacer una salvedad. Lo que hemos dicho es exacto a la hora de discutir y establecer en cada uno de nosotros la formación de un conjunto de principios y de reglas que configuran nuestro aparato operador. Cuando estamos operando frente al paciente, no sólo podemos, sino que debemos (por lo menos en lo que se refiere al psicoanálisis) "abandonar a lo inconciente la dirección de la síntesis" y despreocuparnos en cuanto a:
1) la identificación del estado que debemos cambiar
2) el diseño del estado que deseamos obtener
3) todo propósito deliberado de nuestra operación.
El propósito de transformar un estado en otro estado es, sin embargo, conciente y deliberado, y también la tarea de establecer ese conjunto de conocimientos comunicables o transmisibles que denominamos teoría. Nos referimos aquí a la teoría que fundamenta los procedimientos efectivos y las reglas de operación que posibilitan la formación de un aparato operador automatizable en el psicoterapeuta.
La palabra "automatismo" debe su descrédito a la confusión con un estereotipo cerrado a toda posibilidad de progreso. En su sentido primigenio se refiere a un procedimiento que se repite sin intervención de la conciencia, y esta condición constituye el requisito para la destreza con la cual el psicoterapeuta debe enfrentar el hecho de que su operación dispone muy frecuentemente del estrecho margen que le brinda, en una atmósfera de compulsión a la repetición y resistencia, una oportunidad esquiva. Aquí, como en cualquier otro tipo de destreza, la incorporación de las capacidades al acervo de los automatismos supone una mayor disponibilidad del registro conciente para las dificultades y las adquisiciones nuevas.
La categoría del cambio que la psicoterapia intenta
Veamos antes de replantear una teoría, cuál es el estado que deseamos transformar y cuáles los procedimientos de que podemos disponer.
Todo aquel que ha practicado la psicoterapia se ha encontrado repetidamente con pacientes que expresan el siguiente pensamiento: "No necesito de la psicoterapia, porque mi problema es un problema real". El problema "real" puede ser de distinto tipo. Puede ser la pérdida de un ser querido, la falta de dinero, una enfermedad física mutilante o grave. En todos estos casos queda implícito que la psicoterapia nada tiene que hacer con los problemas "reales" sino, a lo sumo, con la repercusión que estos problemas produzcan en "la esfera psíquica", repercusión que, según se piensa, aunque muchas veces sea penosa, cuando es adecuada, no es deseable siquiera que se produzca un cambio.
Se reconoce una excepción en aquellos problemas "reales" que se identifican como un resultado dependiente de algún problema psíquico, pero, como es obvio, muchos de los más importantes quedan excluidos de esta situación. El paciente sencillamente no puede creer que "exista alguna relación" de dependencia entre su problema real y un problema psíquico.
En lugar de abordar ahora esta cuestión de la manera clásica aportando cuanto nos ha enseñado el psicoanálisis acerca de las relaciones de este tipo, como la que existe, por ejemplo, entre carácter y destino (Racker, H., 1957d, pág. 27-50), intentaremos explorar el tema desde un ángulo distinto.
La distinción entre cosas e imágenes es tan fundamental en el psicoanálisis como para que en esta distinción se base la posibilidad de diferenciar entre el cumplimiento del deseo y la satisfacción de la necesidad. Sobre esta última diferencia se edifica toda la teoría. Conceptualizamos desde allí un "principio de realidad", que opera sobre el "yo" acotando y determinando condiciones al logro de las metas surgidas de los impulsos primarios.
El hecho de que el deseo encuentre su camino en un rodeo determinado por las llamadas "exigencias de la realidad", es una experiencia común que trasciende, en su amplitud y en su vigencia cotidiana, la formulación psicoanalítica. De esta experiencia podemos extraer una conclusión fundamental: con la palabra "realidad" designamos a un tipo de existente cuya característica primordial no está constituida por el hecho, filosóficamente trascendente, de ser el supuesto origen de nuestra percepción, sino por el hecho escueto y grave de que se nos impone como una limitación. Es ésta la cuestión más general y amplia de cuantas pueden ser pensadas, al punto de que suponemos que es precisamente ella la que origina el pensamiento.
La pregunta que se perfila de este modo es: ¿cuán inevitable es cada rodeo? ¿Cuán inexorable es cada exigencia? O también, para decirlo de la manera en que Watzlawick (1976) titula un libro: ¿Cuán real es la realidad? Esta pregunta puede constituir tal vez un punto de partida adecuado para explorar metódicamente los fundamentos de la psicoterapia.
Cuando trazamos un mapa acerca de un territorio, lo hacemos de acuerdo con determinadas leyes de transformación que constituyen el código, cuyo conocimiento permite "leer" en el mapa los elementos del territorio que en él se conservan.
El mapa elimina en su trazado todos aquellos elementos del territorio que durante el diseño no se consideran pertinentes a los fines del mapa o no son percibidos por carecer de significación para el sujeto que lo traza. Esta condición, inexorable, equivale a afirmar que el mapa no es el territorio mismo al cual se refiere, sino precisamente el producto de un determinado criterio.
Las leyes que constituyen el código de transformación territorio-mapa se encuentran determinadas o acotadas no solamente por la capacidad de la herramienta mental que las crea, sino además por el tipo de "superficie" (materia-forma) sobre la cual se traza el mapa.
Según lo ha señalado Bateson (1970), basándose en ideas de Korzybski, los conceptos, las imágenes, los pensamientos o las concepciones que poseemos acerca de la llamada realidad, poseen con esta realidad el mismo tipo de relación que posee un mapa con el territorio al cual se refiere. Una teoría es un mapa.
El psiquismo traza un mapa o modelo de la realidad no solamente a partir de la realidad misma, sino también a partir de un modelo anterior. Existe, además, implícita e inevitablemente, un metamodelo (o modelo de un mayor grado de generalidad) que rige los procedimientos y leyes de transformación (códigos) durante la tarea general de modelar o cartografiar.
Cuando el psiquismo ejercita su capacidad de modificar un territorio, dicha tarea se realiza, conciente o inconcientemente, de acuerdo con un mapa o modelo que determina el significado y la forma de dicha modificación.
De cuanto llevamos dicho hasta aquí acerca de la relación mapa-territorio podemos extraer algunas conclusiones:
1) Nuestro conocimiento de la realidad es siempre un modelo acerca de ella. Una abstracción, idealización o formalización.
2) El modelo es siempre el producto de un determinado criterio, y se constituye por lo tanto, inevitablemente, con un significado.
3) Ese modelo determina las características de las relaciones que establecemos con la realidad.
Estamos ahora en condiciones de contestar nuestra primera pregunta acerca de cuál es el estado que deseamos transformar mediante la psicoterapia. Dicho estado es un modelo-significado que, acerca de la realidad, ha construido el paciente.
Modos y límites en la construcción de un modelo
Para abordar la cuestión acerca de cómo se transforma un modelo es necesario ocuparse de estudiar cómo se construye un modelo.
1) A través de los órganos de los sentidos obtenemos muestras de la realidad. Estas muestras son interpretadas. Tanto la palabra "muestra" como la palabra "interpretación" se refieren a un proceso que implica la construcción de un mapa o modelo de la realidad. Cada experiencia constituye un contexto y el transporte de uno a otro contexto constituye un modo privilegiado del conocimiento que denominamos metáfora, y que nos brinda el acceso a un nivel más amplio de generalización, una metateoría.
En el contexto de la audición sensorial tomamos noticia de una gama de oscilaciones dentro de una determinada frecuencia de ondas que configuran aquello que denominamos sonido. En el contexto de la visión sensorial tomamos noticia de una gama de oscilaciones dentro de otra frecuencia de ondas configurando aquello que denominamos color. Pero al elaborar ambas sensaciones en un proceso que nace de la posibilidad de concebir entre ambas algún género de identidad (por ejemplo un color estridente), construimos una metateoría que nos lleva a identificar ambos orígenes en la existencia "real" de oscilaciones de distintas frecuencias. "Descubrimos" así que los perros oyen sonidos que para nosotros no existen como tales, a partir de otras frecuencias, y que lo mismo ocurre con la percepción del color en las abejas. Llegamos así a la conclusión de que las "puertas de entrada", constituidas por nuestros órganos sensoriales, limitan la adquisición de los "datos" a partir de los cuales intentaremos construir el mapa o modelo del territorio explorado.
Nuestra herramienta "orgánica" es por lo tanto un primer límite en la construcción de nuestros modelos del mundo, y si bien mediante nuestra inteligencia podemos extrapolar nuestro conocimiento a través de operaciones que nos permiten extraer conclusiones interpretativas por obra de la comparación de contextos, siempre subsistirá una diferencia de clase entre el dato obtenido de la percepción sensorial y la inferencia obtenida de la extrapolación de perceptos a otros contextos. No debemos desestimar, sin embargo, dos puntos importantes:
a) Profundizando el análisis descubrimos que el "dato puro" es también una interpretación.
b) Sin la inferencia interpretativa que surge de la interrelación de contextos, nuestro conocimiento queda reducido a ese tipo de conciencia primitiva que imaginamos en las formas biológicas más simples.
Teniendo en cuenta estas dos condiciones, debemos ser extremadamente cuidadosos en el significado que atribuimos a la palabra "objetividad".
2) Los modelos existentes intervienen en la triple condición de instrumento, superficie y código en la construcción de nuevos modelos. De este modo la existencia de modelos previos constituye un segundo límite en la construcción de nuestros modelos del mundo.
La importancia enorme que tiene este límite se comprende mejor si se piensa en que todo nuevo trayecto tiende a recorrer la huella de anteriores transcursos, sin que exista, en el caso del psiquismo, lugar alguno desde el cual pueda desviarse ese trayecto, que no sea a su vez otra huella de un antiguo decurso (De Bono, E., 1969).
Pero este defecto es a la vez una virtud, puesto que la limitación o "distorsión" que todo modelo implica, equivale a un criterio de selección, es decir que equivale a lo que llamamos "interpretación de una importancia", y constituye el único reino del sentido. El significado no es otra cosa que significancia a pequeña cantidad.
3) Encontramos un tercer límite en ese "corpus" normativo, residuo de nuestra convivencia pasada, que al decir de Ortega y Gasset (1949) constituye el referente privilegiado de la palabra "sociedad". No sólo existe bajo la forma de un consenso público que equivale a lo que "la gente" piensa y opina, sino que se materializa en estructuras tan elaboradas como, por ejemplo, el idioma.
Tal como lo veremos en el capítulo dedicado a la paradoja, la falacia y el malentendido, la mera adjudicación de un nombre (cuyo proceso típico es la sustantivación de un adjetivo que señalaba una cualidad sobresaliente del territorio nominado) no sólo equivale a la captación de un "mapa" de dicho territorio, sino que, y esto es lo importante, nos muestra cómo desde los distintos idiomas se elige una cualidad o punto de vista distinto para trazar ese "mapa" nominativo.
Si recurrimos a la metáfora de la cartografía podemos esquematizar estos tres límites, que han sido descriptos por Bandler y Grinder (1975). El límite "orgánico" puede ser representado por las herramientas de dibujo. El límite que deriva de los modelos previos, por la contemplación conceptual (que es un pre-juicio) del territorio. El límite consensual, por la superficie sobre la cual nos vemos obligados a cartografiar. Si recurrimos a la metáfora de la computadora, los tres representantes serían los circuitos físicos del aparato (hardware), el programa de operación (software) y el lenguaje con el cual se opera (código). Serán, todas éstas, equivalencias un tanto inexactas, pero cumplen su función metafórico-representativa.
No omitamos consignar, dicho sea de paso, que la identificación de estos tres límites depende de un criterio que no puede ser más que provisorio.
El programa psicoterapéutico
Las relaciones con la realidad, decíamos, quedan acotadas por el modelo con el cual se opera y en esto veíamos a un mismo tiempo la justificación, el campo y el modo de acción de la psicoterapia. Decíamos también que antes de progresar en el estudio de los medios por los cuales podíamos lograr la transformación de un modelo debíamos comprender un poco mejor el proceso de su construcción. Nos ocupamos primero de describir el modo en que esta construcción queda desde el comienzo limitada por tres condiciones inevitables, y antes de proseguir por esta ruta haremos un desvío para añadir algunas nociones que nos serán útiles.
Dado que admitimos que la psicoterapia es una técnica derivada de una teoría y una ciencia, admitimos también que el trabajo que realiza, sometido a un conjunto de principios y reglas, es un trabajo programado. El encuadre, por ejemplo, es una parte de dicho programa. Un programa es, rigurosamente hablando, un procedimiento. Cuando este procedimiento, escrito en un lenguaje apropiado, es inequívoco y efectivo, constituye lo que en computación se denomina un algoritmo.
En este punto es muy importante que no confundamos un procedimiento efectivo inequívoco con la obtención de un resultado estereotipado. Si cada vez que alimentamos una computadora con los datos "dos" y "dos" separados por la instrucción de suma, nos devuelve el resultado "cuatro", el estereotipo de la respuesta no está determinado por el procedimiento inequívoco de la suma (algoritmo simbolizado por el signo "+") sino por la monotonía de la información de entrada.
Un algoritmo es un conjunto inequívoco de leyes de operación. Esto implica reglas de juego que tienen que ser inequívocamente codificadas e inequívocamente interpretadas o decodificadas, pero implica también la libertad del juego mismo abierto a la posibilidad de infinitas variaciones de salida condicionadas por las variaciones de la entrada.
Las leyes del juego son leyes que rigen la transición de un estado de ese juego hacia otro estado. Los juegos (el ajedrez, por ejemplo) son regidos por procedimientos efectivos que determinan inequívocamente cuáles son las transiciones posibles. El programa de la psicoterapia no cabe obviamente en un algoritmo tan sencillo como el de la operación de suma, ni cabe en ningún otro algoritmo por más complejo que éste sea.
Joseph Weizenbaum, el ingeniero en computación que diseñó un programa que simula a un psicoterapeuta rogeriano, sorprendido por la reacción de entusiasmo y las predicciones que este programa desencadenó entre psicoterapeutas y psiquiatras, escribió un magnífico libro (Weizenbaum, J., 1976) destinado a explicar de un modo solvente y profundo las razones de tal imposibilidad. No podemos entretenernos ahora en exponerlas aquí, aunque nos gustaría, porque dependen en lo esencial de conceptos análogos a los que sostienen la arquitectura de ideas acerca de las fantasías específicas de los órganos en los cuales trabajamos desde hace muchos años.
Me limitaré a señalar, porque hace al tema que nos ocupa, que el programa de la psicoterapia, el conjunto de reglas que hacen de ella un "procedimiento efectivo", está destinado a un operador humano y se codifica, por lo tanto, en un lenguaje de infinitos sobreentendidos. A pesar de estas limitaciones, que quitan el carácter riguroso de un algoritmo al procedimiento efectivo llamado psicoterapia, éste es un programa y un juego acotado por leyes, y es esto lo que ahora deseábamos subrayar aquí.
Descubrimiento de las leyes del juego
La investigación científica del fenómeno denominado lenguaje (me refiero especialmente pero no exclusivamente al lenguaje verbal) ensayó dos caminos. Para expresarlo brevemente recurriré a la metáfora construida por Weizenbaum (1976).
Imaginemos un ingeniero frente a una computadora acerca de la cual ignora todo, y que debe cumplir con la tarea de construir otra igual. Un camino consistiría en desarmarla y tratar de comprender el funcionamiento de las estructuras físicas que la componen. El otro camino consistiría en tratar de comprender sus leyes de operación, estudiando la relación existente entre las informaciones de entrada y salida.
De más está decir que la investigación neurofisiológica del fenómeno lingüístico, en lo que respecta a la lingüística misma, ha arrojado muy escasos resultados. Tan escasos resultados como los que obtendría un ingeniero en electrónica que, ignorando las leyes del juego de ajedrez, pretendiera comprender el funcionamiento de una computadora que juega ese juego, mediante el procedimiento de medir los valores eléctricos de la máquina durante el trabajo, o recurriendo a desarmar su interior en búsqueda de los elementos y los circuitos que la constituyen.
Imaginemos, en cambio, que un ser humano, ignorándolo todo acerca del ajedrez, quedara encerrado en una celda sin más distracción que una computadora semejante y se le ocurriera llegar a comprender lo que la máquina hace. Luego de un período dedicado a explorar lo que sucede con los distintos controles, terminaría por comprender los procedimientos para obtener los cifrados de entrada y salida. En un segundo período descubriría que hay entradas "correctas" que, en determinadas ocasiones, resultan prohibidas, y llegaría a descubrir las leyes elementales y rigurosas del juego, entre las cuales descubriría inclusive lo que es ganar y perder la partida. Por último descubriría que hay combinaciones permitidas que son inconvenientes, y terminaría por alcanzar las leyes estratégicas que producen una "buena" partida. Nada se opone a que algún día (al fin y al cabo la humanidad así lo hizo al crear la computadora de ajedrez a partir del contacto con la mente de un ajedrecista) él construyera, tal vez con materiales distintos, una máquina con un rendimiento semejante.
Lo que acabamos de imaginar en este ejemplo es aproximadamente lo que realizó Chomsky en lingüística (y también Freud en su interpretación del "jeroglífico" histérico). A partir del estudio, en muchos idiomas distintos, de las combinaciones gramaticales usadas por los hablantes nativos, y explorando aquellas otras, no usadas, gramaticalmente "prohibidas" (que resultan exentas de significación o con significaciones confusas), descubrió la existencia de leyes de operación inconcientes en todas las lenguas. Estas leyes no sólo rigen la formación de una estructura profunda mediante una gramática universal común a todas las lenguas, sino también su transformación en las estructuras gramaticales de superficie propias de los distintos idiomas. Su gramática generativa o transformacional postula la existencia de un legado congénito que determina restricciones completamente análogas a las que determinan en un juego reglado la prohibición de determinadas transiciones de estado.
La importancia de este rodeo para el tema que nos ocupa no reside solamente en que la psicoterapia es en esencia un juego reglado en el proceso de obtener transiciones de estado y, más aún, un juego en el cual, como lo hemos subrayado ya, el hablar desempeña un papel esencial. Reside sobre todo en el hecho de que el modelo del mundo que deseamos cambiar no es otra cosa que el contenido semántico, el referente mismo, de aquello que Chomsky describe como estructura profunda de un mensaje verbal. Esa estructura de referencia de la estructura profunda es el conjunto completo de la experiencia vivida que constituye nuestro modelo del mundo.
Deficiencias en la construcción de modelos
Tracemos ahora un esquema:
a) Existen las exigencias de la realidad, el territorio en el cual nos toca vivir.
b) Estamos dotados de un aparato sensorial que registra parcialmente determinados relieves de ese territorio.
c) Hemos construido instrumentos que amplían dicho registro a partir de los mapas anteriormente logrados.
d) Construimos mapas actuales, influidos por los mapas pretéritos, que determinan nuestra relación con el territorio en el cual habitamos.
e) En esos mapas actuales influye además un consenso que enfoca nuestra atención hacia determinados relieves y favorece el predominante dibujo de algunas configuraciones.
¿De dónde surge nuestra pretensión psicoterapéutica de cambiar ese mapa? La respuesta consiste en que tanto la teoría como la clínica nos permiten explorar deficiencias en cada uno de los jalones de la construcción individual de un modelo semejante. Deficiencias que se manifiestan como sufrimiento en las relaciones del paciente con las exigencias de la realidad.
El psicoanálisis clásico nos ha mostrado esto mismo en su descripción de estructuras infantiles inconcientes y anacrónicas que determinan conductas neuróticas que se repiten en la transferencia.
El énfasis que Bandler y Grinder (1975) colocan en la realización de un análisis lingüístico de la realización de modelos nos brinda la oportunidad de explorar una modalidad representacional inconciente que no sólo enriquece desde un ángulo diferente la comprensión del paciente, sino que nos permite fundamentar de un modo general y amplio, que incluye los descubrimientos del psicoanálisis, el ejercicio psicoterapéutico, integrándolo y enriqueciéndolo con teorías y corrientes de pensamiento que provienen de otras disciplinas.
Bandler y Grinder examinan prolijamente, a través de numerosos ejemplos, las anormalidades en la construcción del modelo que se denuncian en defectos de la formulación verbal, los cuales nos permiten inferir los escotomas y las deformaciones de la estructura profunda. Dedican también una parte de su obra a la ejemplificación de intervenciones destinadas a mutar dichos modelos. Sólo podré resumir ahora brevemente algunos lineamientos generales.
Enunciemos escuetamente, en nuestras palabras, algunos de sus conceptos, muchos de los cuales han sido extraídos de Chomsky (1975):
a) Todo modelo particular encierra al sujeto que lo ha construido en determinadas alternativas (en su relación con las exigencias de la realidad) que son propias del sujeto con dicho modelo y no son en sí mismas exigencias de la realidad.
b) Toda psicoterapia se basa en un metamodelo acerca de la construcción de modelos.
c) En el proceso de construir una estructura profunda a partir de una estructura de referencia acerca del "mundo" (o una estructura superficial a partir de una profunda) podemos distinguir tres universales que disminuyen la coincidencia de la representación con lo representado:
1) hay generalización cuando la cualidad de una parte se atribuye al todo.
2) hay eliminación cuando se omiten partes.
3) hay distorsión cuando se deforma la representación de alguna parte (una distorsión típica y frecuente es verbalizar un proceso que está en curso como si se tratara de un evento ya acaecido e irreversible).
d) El lenguaje posee dos funciones, la primera o representacional, propia de la estructura profunda, consiste en la representación lingüística completa de la relación propia con las exigencias de la realidad que culminan en la creación de ese modelo. La segunda o comunicacional, propia de las estructuras de superficie, consiste en el intento de representar en el otro y parcialmente la propia estructura profunda e inconciente.
e) En el proceso de transformar una estructura profunda en una superficial aparecen determinadas leyes de transformación cuya alteración permite detectar defectos en la constitución y operatividad de los modelos.
Frente al valioso y prolijo análisis de Bandler y Grinder no podemos menos que recordar las aun más originales y valiosas exploraciones de Freud en numerosos pasajes de su obra, como el que se refiere a las vicisitudes, combinaciones y permutaciones "del significante" en el episodio Boltraffio-Signorelli (Freud, S., 1901b*, t. VI, pág. 9-15).
Se impone entonces una misma reflexión, que nos ha surgido repetidamente durante la realización de alguna reunión científica en las ocasiones en que asistimos, estupefactos, a la presentación de una sesión psicoanalítica en la cual irrumpe intempestivamente el analista descolgando, con el aire del que se las sabe todas, una larga serie de permutaciones del significante que autorizan y respaldan una interpretación que no logra convencerlo a él ni a su paciente.
La reflexión es la siguiente, y la hemos desarrollado con mayor amplitud en los capítulos dedicados al uso del pensamiento lógico y a la metahistoria y el lenguaje de la vida. Las consideraciones del estilo de Boltraffio-Signorelli y el análisis de las estructuras sintácticas (tal como ocurre con "la microscopía" en el análisis del material del paciente) parecen muy valiosas a la hora del ejercicio teórico clínico entre colegas, destinado a desarrollar en el psicoanalista una habilidad que, en el momento de su ejercicio psicoterapéutico, debe funcionar espontáneamente como un automatismo preconciente que no estorbe la amplitud de su criterio, ni perturbe la disponibilidad de su conciencia para captar y verbalizar las temáticas globales. De más está decir que tanto Freud como Bandler y Grinder dan muestras de hallarse más allá de un defecto semejante.
La operación psicoterapia
Llegados a este punto del camino se hace necesario resumir algunas conclusiones. La base más amplia y general que podemos delinear para una teoría de la psicoterapia consiste en afirmar que su objetivo reside en la transformación de un modelo básico que constituye una estructura de referencia acerca de las exigencias de la realidad. Los medios de que disponemos para realizar nuestra tarea son vehículos de significación, entre los cuales se destaca, por su desarrollo predominante, nuestro hablar.
Debemos ahora abandonar, apenas comenzada, la descripción de los riquísimos matices en los cuales la operatividad de dicha estructura de referencia se ejercita mediante múltiples modalidades de expresión y convivencia, para dedicar el tiempo que nos queda a trazar un breve fundamento de las coordenadas que convierten nuestro hablar y nuestras otras formas de vehiculizar significación, en un programa.
1) El primer punto del programa consiste en la sustitución del contexto habitual, por otro contexto.
En el primer contexto el paciente utiliza repetitivamente sus modelos inconcientes acerca de la exigencia de la realidad, para vivir la experiencia que transcurre en el consultorio y aquellas otras, actuales, que forman el tema de su relato.
En el segundo contexto opera, como metamodelo, la transformación del modelo habitual. A este metamodelo pertenece el encuadre. Muchas veces ocurre que el metamodelo de cambio se transforma en un metamodelo ficticio habitual, en cuya repetición estereotipada se transfiere y satisface la compulsión repetitiva y se oculta la ausencia de cambios genuinos.
2) El segundo punto del programa consiste en la constante atención a lo que Todorov denomina el significado indirecto.
Este significado indirecto, por oposición al directo que es aquel que deriva de la traducción literal del contenido semántico de las frases explícitas, es el verdaderamente importante. Retiene toda la significancia del instante vivido y corresponde a la interpretación del significado directo en función del contexto completo de significación que pertenece al momento.
Resulta fundamental tener conciencia de que significancia es afecto, y de que nuestra atención a la trama representativa que configura los mapas que llamamos modelos, no debe hacernos olvidar que el verdadero tráfico mental, el único que paga derecho de aduana, son los afectos. Freud lo expresaba diciendo que el verdadero motivo de la represión es impedir el desarrollo del afecto implicado.
Describimos nuestro trabajo en términos referentes a ideas y representaciones, pero lo único que puede brindarnos la comprensión del sentido o significación que adquiere el conjunto representacional que pertenece al instante es nuestra capacidad de compartir o convivir un afecto.
3) El tercer punto del programa, íntimamente vinculado al anterior, consiste en la disposición y el interés dirigido hacia la captación global, en la historia relatada o dramatizada por el paciente, de aquellas temáticas universales, sempiternas y recurrentes, que configuran secuencias de escenas con un ya conocido guión o libreto.
Durante la realización de la tarea psicoterapéutica no debemos impedir que cualquier consideración al detalle, útil y necesaria muchas veces durante los ejercicios teórico-clínicos realizados entre colegas, aparte nuestro interés de este asunto concreto en el cual es importante que quede centrado.
4) El cuarto punto del programa consiste en dirigir la atención hacia el mapa o modelo que opera implicado en la puesta en escena de una determinada temática.
Este mapa o modelo no sólo constituye el producto de una actividad pretérita que ha cesado en su acción, dejando como residuo un prejuicio anacrónico, sino que también constituye, muchísimas veces, una muestra adecuada de una modalidad operativa inconciente que revela importantísimos vicios y mermas, tanto en la adquisición de información como en el ejercicio correcto de los procesos de pensamiento.
Tales vicios y mermas derivan inexorablemente de la existencia inconciente de algunos modelos previos individuales y defectuosamente adquiridos, pero no sólo de ellos. Influyen también, y es necesario insistir en lo ya señalado, la presencia de un consenso que trasciende al individuo y el estado actual de un proceso evolutivo en el desarrollo de las prolongaciones instrumentales con las cuales obtenemos las muestras que establecemos como "datos" acerca de la realidad.
La operación conjunta de esos cuatro puntos del programa nos conduce, en apariencia, a la contemplación de un panorama que puede brindarnos la capacidad y la oportunidad de proyectar una transformación mediante la psicoterapia, pero no es así. La operación conjunta de estos cuatro puntos del programa constituye ya, completamente, el ejercicio psicoterapéutico, porque el proceso de adquisición de significaciones y el proceso de cambio no son más que dos vertientes simultáneas de un mismo acontecer.
Notas
(106) El texto del presente capítulo corresponde al trabajo que con el mismo titulo fue presentado en el Centro de Investigación en Psicoanálisis y Medicina Psicosomática, en Buenos Aires, en mayo de 1982
(107) Desarrollamos este tema extensamente en las secciones anteriores acerca del uso del pensamiento lógico y sobre una teoría del arte psicoanalítico
(108) Los límites de nuestro conocimiento conciente no deben ser considerados, unilateralmente, como un déficit cognoscitivo, ya que el sistema percepción-conciencia se halla biológicamente condicionado para las necesidades de cada especie
(109) Recordemos que, de acuerdo con Freud, el psicoanálisis sólo pretende sustituir el sufrimiento neurótico por el sufrimiento que es normal en la vida
(110) Hemos desarrollado este tema con mayor amplitud en el capítulo acerca de las relaciones entre consenso público y con-trato