CAP. II
EL USO DEL PENSAMIENTO LÓGICO EN LA INTERPRETACIÓN PUESTO AL SERVICIO DE LA CONTRARRESISTENCIA
Luis Chiozza, Víctor Laborde, Enrique Obstfeld, Jorge Pantolini
Un día, un viejo sabio chino perdió sus perlas. Mandó, pues, a sus ojos a buscar las perlas, pero sus ojos no encontraron sus perlas. Mandó entonces a sus oídos a buscar las perlas, pero sus oídos tampoco encontraron a sus perlas. Mandó luego a sus manos a buscar las perlas, pero tampoco sus manos las encontraron. Y así mandó a todos sus sentidos a buscar sus perlas pero ninguno de ellos las encontró. Finalmente, mandó a su no-buscar a buscar sus perlas. Y su no-buscar encontró las perlas.
Heinrich Racker
Freud (1916-1917 [1915-1917], t. II, pág. 201), refiriéndose al análisis de los sueños, expresa que en algunos casos "... en lugar del sujeto es el analizador el que a ellos asocia bien definidas ocurrencias".
El derivado que penetra en la conciencia del analista como una "bien definida ocurrencia" constituye lo que hoy denominaríamos una ocurrencia contratransferencial (Racker, H., 1957a), cuyas vinculaciones con el paciente pueden permanecer todavía oscuras.
Pero es más importante aún señalar que aquel derivado que adquiere desde un principio la forma de una más acabada interpretación, en el sentido de poseer características que nos llevan a sentir o pensar que corresponde a lo latente del enfermo, es también un emergente contratransferencial, aunque este carácter permanezca habitualmente inconciente para el analista.
La interpretación, o por lo menos aquello que podemos considerar su núcleo básico, surge en la conciencia del analista mediante un mecanismo análogo al de la formación de los sueños, y ante una condición de "regresión" creada por la regla de abstinencia, según la cual el analista no actúa y se limita a interpretar. Esta última condición ha sido conceptualizada por Freud (1900a [1899]) cuando afirma que el bloqueo de la acción imprime una dirección retrógrada a los procesos de excitación, reactivando de esta manera las huellas mnémicas asociativamente conectadas.
La "regresión formal" implícita en este proceso brinda a lo que podemos denominar el núcleo básico de la interpretación, un marcado carácter visual o plástico. Freud (1923b, t. II, pág. 13) aclara que no debemos descuidar la posibilidad de un acceso "directo" a la conciencia, "previo" a la intervención de la palabra, mediante la reactivación de los restos mnémicos visuales.
Tal como lo hemos visto en el capítulo anterior, integrando las afirmaciones de Freud acerca de la atención flotante con los conceptos vertidos en Lo inconciente, La represión y La dinámica de la transferencia, podemos afirmar que la interpretación surge en la conciencia del analista como un derivado asociativamente conectado con algunos elementos de su propio inconciente. Estos elementos, reactivados por su identificación con el paciente y similares a los que el paciente reprime, continúan reprimidos en el analista y desplazan su carga sobre el derivado que constituye la interpretación. Pero en virtud de la mayor permeabilidad de su aparato psíquico, o sea su menor grado de represión, el analista logra una representación más "cercana" (ibid.) a los elementos inconcientes reprimidos que el derivado que constituye el contenido manifiesto en el material del paciente. Esta interpretación visual o plástica necesita adquirir, a los efectos de la comunicación que utilizamos en la terapéutica psicoanalítica, una estructura verbal. Se transforma entonces en un "puente" verbal capaz de despertar en el paciente una representación que, por su mayor "cercanía" a lo que se ha convenido en llamar (Rapaport, D., 1964) la "representación de impulso" original inconciente, logra atraer sobre sí parte de la carga retenida. Adquiere así el nombre de contenido latente o se fusiona con lo que denominamos de esa manera.
Si la interpretación, venciendo la resistencia, logra atraer sobre sí un montante suficiente de la carga retenida, adquiere para el enfermo el carácter de una representación sustitutiva que busca derivar nuevamente su carga en sentido "anterógrado", o sea hacia la emoción y la acción, pero luego de la interpretación que brinda una adecuada representación transaccional, la descarga puede adquirir condiciones tolerables y suficientes. Este carácter mutativo de la interpretación depende sólo secundariamente de su estructura verbal y lógica, ya que su capacidad de atraer sobre sí la carga retenida depende esencialmente de su carácter transaccional.
Frente al "presente" constituido por el proceso continuo de la transferencia podemos recurrir a formulaciones que nos permiten disociar entre un "hoy" y un "ayer", o entre un "aquí" y un "allá", o entre una "causa" y un "efecto", todo un grupo de representaciones de impulsos que están ocurriendo en un continuo y un presente que, como "cosa en sí", está más allá de aquello que logramos describir, y que por lo tanto no coincide con las representaciones de tiempo y espacio o de causa y efecto inherentes a nuestro pensamiento lógico.
Se puede afirmar que la estructura lógica de una interpretación tiende a disminuir la carga, disociándola entre un número determinado de representaciones en cierto modo antagónicas, ya que el juicio surge del principio de contradicción.
La interpretación que podemos llamar "nominativa" o descriptiva, y más aún en la medida que renuncia a precisar ubicaciones en el tiempo o en el espacio, así como relaciones entre causas y efectos, mantiene una riqueza o "penumbra de asociaciones" (Bion, W., 1966) que tiende a aumentar en cambio, por mecanismos de condensación y desplazamiento inherentes al proceso primario y presentes en el complejo proceso de simbolización, el montante de carga que se transfiere sobre ella.
Esa riqueza o "penumbra de asociaciones", que se halla también presente en la metáfora, se articula con un "más allá de las palabras" que forma parte sin embargo de la estructura del lenguaje, tal como ocurre por ejemplo con la poesía o la prosa literaria, y que constituye un nexo entre las representaciones visuales o plásticas, más cercanas a lo inconciente, y las representaciones verbales.
Para completar lo dicho hasta aquí debemos recordar que, según lo afirmado por Freud (1900a [1899], t. I, pág. 499), la instancia psíquica que ejerce la censura participa también regularmente en la formación de los sueños mediante la intervención del pensamiento racional, que constituye el proceso secundario. A esto podemos añadir que durante la formulación de la interpretación se cumple el mismo proceso, de manera que la intervención del pensamiento racional preconciente asegura la participación del proceso secundario en el emergente de la atención flotante.
Nos parece importante señalar además que las características del proceso secundario cambian, ya que éste evoluciona en la medida en que se desarrollan las facultades mentales del hombre. A través de los enunciados de diferentes disciplinas podemos comprobar cómo el pensamiento racional, que se rige por las leyes de la lógica formal, ha quedado comprendido dentro de un sistema cuatridimensional más amplio. Este sistema ha sido denominado arracional, porque no se halla totalmente sujeto a las leyes del pensamiento lógico (Gebser, J., 1950b). Pensamos, basándonos en estos conceptos, que la intervención del pensamiento lógico en la formulación de la interpretación no siempre equivale a una idéntica participación del proceso secundario, ya que este proceso secundario puede intervenir en una forma alógica o arracional.
Volviendo a nuestra comparación entre el sueño y la interpretación diremos que el carácter aparentemente absurdo e ilógico de los sueños fue deshecho por el mismo Freud (1900a [1899]), cuando demostró que no sólo poseían un sentido inteligible, sino que, además, el pensamiento racional participa regularmente en el proceso de su formación. Pensamos que, análogamente, la apariencia plana o bidimensional de los sueños (Rascovsky, A., 1960), o de las imágenes visuales que forman muchas veces el núcleo de una interpretación, es sólo una representación que oculta su carácter cuatridimensional. La forma llamada aperspectiva (Gebser, J., 1950b) correspondería a esta modalidad visual de lo arracional.
Expondremos a continuación y en puntos sucesivos las conclusiones del presente trabajo:
1) Cuando decimos que el preconciente del terapeuta se halla dotado de una especial permeabilidad que es producto de su formación psicoanalítica (Cesio, F., 1965), afirmamos implícitamente que esta formación lo dota, también, a través de su entrenamiento práctico y de sus conocimientos teóricos, de una especial modalidad de censura preconciente, codeterminada, entre otros factores, por la regla de la abstinencia.
2) Hay casos en que la censura o represión que obra a través del pensamiento racional preconciente es capaz de proporcionar, al emergente espontáneo de la atención flotante, aquel grado de coherencia suficiente para constituir una adecuada interpretación.
3) Esta capacidad del preconciente aumenta en la medida en que progresa adecuadamente la formación del analista, y proporciona las interpretaciones que consideramos mejor ubicadas en el punto de urgencia.
4) Aquellos defectos de formación que estructuran escotomas o modalidades neuróticas en el preconciente del analista, que aparecen en el emergente de la atención flotante, se trasladan por lo general a la interpretación, a pesar de que se intente modificarlos mediante el ejercicio de la reflexión conciente durante su formulación.
5) Durante el transcurso de una sesión frecuentemente logramos cambiar de una manera adecuada el contenido o la forma de algunas interpretaciones inoperantes. Pensamos que este cambio, que suele atribuirse a la acción de nuestra reflexión conciente, surge en la mayoría de los casos, cuando se realiza durante la misma sesión, como resultado de una nueva intervención de nuestro preconciente.
6) Pensamos que el pensamiento racional conciente, cuando adquiere la forma de un razonamiento lógico de carácter deductivo, por ejemplo, también puede intervenir en interpretaciones adecuadas y exitosas, pero que no constituye sin embargo un elemento esencial durante la formulación de la interpretación, sino que por el contrario suele colocarse al servicio de una contrarresistencia excesiva. Puede entonces ser equiparado al proceso de la elaboración secundaria conciente de los sueños.
7) Pensamos que, a partir de las consideraciones anteriores, el análisis de la situación transferencial adquiere una nueva modalidad, que se halla a "mitad de camino" entre la comunicación de la ocurrencia contratransferencial y su elaboración a través del pensamiento lógico.
Finalizaremos con las siguientes palabras de Freud (1911e, T. II, pág. 412) referidas a la orientación conciente del tratamiento: "... puedo asegurar que nunca tenemos que arrepentirnos de habernos decidido a confiar en nuestras propias afirmaciones teóricas y habernos forzado a no disputar a lo inconciente la dirección de la síntesis".
Notas
(11) El texto de este capítulo pertenece a un trabajo escrito presentado en el Vl Congreso Psicoanalítico Latinoamericano, Montevideo, 1966.
(12) Raker, H., 1957a, pág. 26