PROLOGO
Hacia una teoría del arte psicoanalítico reúne, en forma cronológica, los artículos de técnica que escribí en un período de tiempo que abarca más de treinta años. Los he dividido en tres décadas de una manera un tanto arbitraria, pero sin embargo dejan ver una cierta evolución. Nada de lo que escribí en los primeros ha dejado de tener vigencia para mí, y no obstante muestran tres épocas distintas.
La primera contiene lo que podríamos llamar el nacimiento de una manera de pensar acerca del proceso psicoanalítico. Corresponde a los años durante los cuales mi esfuerzo se centró en integrar los postulados de la metapsicología freudiana con los aportes acerca del espacio, del tiempo, de la materia, de la idea, y de un "más allá" de la lógica, que surgen de lo que solía llamarse "la nueva física". Se trata de ideas que, contempladas desde la biología, marchan en la misma dirección que recorriera la filosofía de la naturaleza en la línea de Spinoza, Goethe, Maeterlinck, Haeckel, Groddeck, y Weizsaecker, para citar sólo algunos. Etcheverry (el traductor de la obras completas de Freud editadas por Amorrortu) afirma ["Sobre la versión castellana", pág. 56] "parece probable que la tradición de Haeckel y de la filosofía de la naturaleza es el obligado con-texto del texto freudiano", de modo que algunas de las ideas a partir de las cuales intenté contemplar a la metapsicología freudiana están implícitas en algunos de los desarrollos de Freud.
En un historial que presenté en 1963 en la Asociación Psicoanalítica Argentina, (que se publicó recién en 1984, y que, con el título Cuando la envidia es esperanza, aparecerá como un volumen de esta misma editorial) puede verse cómo ese modo de pensar, que culmina en la idea de un proceso terciario y en el concepto de fantasías específicas, se expresa en el ejercicio de la clínica psicoanalítica.
En la segunda década, la más fructífera en trabajos "de técnica", la idea de un proceso terciario y el concepto de fantasías específicas se consolidan, y va tomando forma una particular concepción acerca del cuerpo y del alma como dos maneras, una física y otra histórica, en que se organiza la conciencia. Corresponde a un periodo en el cual fui recorriendo los tópicos principales de la teoría de la técnica: la constitución del material interpretable, la interpretación, la transferencia-contratransferencia, la formulación verbal de la interpretación, las relaciones entre realidad, transferencia e historia. A ese período pertenece el trabajo que le ha dado nombre a este libro. Lo que habitualmente denominamos "técnica" psicoanalítica no carece de la dignidad del arte. Un arte que, como todos los demás, y a pesar del territorio intocable de las capacidades misteriosas e innatas, puede, hasta cierto punto, aprenderse y enseñarse.
En esa misma década, que se extiende entre los años 1975 y 1985, ocurría la turbulencia que dio nacimiento a lo que pocos años después se empezaría a llamar "la crisis actual del psicoanálisis". Los "puntos de urgencia" de la práctica psicoanalítica que se desarrollaba en esa turbulencia me llevaron a ocuparme de temas tales como la oportunidad del hablar y el callar la transferencia, la extorsión melancólica, la falsedad y la autenticidad en la transferencia y la contratransferencia, la convivencia y la trascendencia en el tratamiento psicoanalítico, la paradoja, la falacia y el malentendido como contrasentidos de la interpretación psicoanalítica. El trabajo, "Apuntes para una teoría de la psicoterapia", que pertenece a ese período, fue escrito con el ánimo de integrar los postulados de la teoría de la técnica psicoanalítica con pensamientos actuales que se expresan en el lenguaje de la computación, en el de la teoría de los sistemas y en el de la teoría de la comunicación.
La tercera década aborda tres temas fundamentales, consideraciones metahistóricas que conducen a un tipo de interpretación que se expresa en el "lenguaje de la vida", una indagación acerca del poder "terapéutico" del psicoanálisis, indagación que, partiendo de Freud, se sitúa entre Bion y Lacan, y una exploración sistemática sobre las maneras en que el cuerpo se presenta en el campo de trabajo de un psicoanalista.
Los dos últimos capítulos del libro contienen una reelaboración de dos conferencias pronunciadas en 1994, que se detienen, sintéticamente, en los puntos esenciales del camino recorrido en las tres décadas.
El libro incluye un apéndice que contiene tres artículos escritos por mi hijo Gustavo, que es médico y se dedica al psicoanálisis. No podían faltar en este libro porque clarifican y profundizan aspectos esenciales que atañen al Estudio Patobiográfico y a la interpretación de la transferencia-contratransferencia.
Una vez Rodrigué, haciendo lo que Pichon Rivière denominaba "un abstractus" con el conjunto de sus horas de consultorio, tituló a uno de sus trabajos, El paciente de las 50.000 horas. Mi "paciente" ha pasado hace ya mucho, mucho tiempo, las 50.000 horas que, en aquel entonces, el de Rodrigué había acumulado.
Cuando contemplo el índice de este libro, no puede dejar de conmoverme el hecho de que los trabajos que lo componen absorbieron muchas horas de mi vida. La lectura, cronológicamente ordenada, deja ver el hilo ininterrumpido de una discusión continuada, alimentada algunas veces por el fragor de una polémica con colegas cercanos y lejanos. Una polémica que, como tal, hoy ya no despierta mi interés. Ha corrido mientras tanto, como suele decirse, mucha agua debajo de los puentes, pero en aquellos años, que fueron los mismos en que crecieron mis hijos, yo necesitaba estar seguro de que los puntos de vista de su padre eran correctos.
La necesidad de revisar una y otra vez mi pensamiento, constantemente impuesta durante todos esos años por un entorno exceptico que afectivamente me importaba mucho, ha contribuido, me parece, a que el lector se encuentre hoy con una exposición más clara, con mayores detalles y con mejores fundamentos.
Febrero de 1998.