Una concepción psicoanalítica del cáncer
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Luis Chiozza

Lo que ocurrió con Milena 1

 

Estoy en Roma, a fines de setiembre de 1994, dentro de dos días debería entregar a Rita Parlani, en Perugia, el original terminado de este libro2, al cual le faltan sólo una diez páginas, y que deberá constituir el número 31 de la Revista Quaderni di Psicoterapia Infantile. Pero Rita tendrá que esperarme algunos días más, porque esta mañana ha ocurrido algo que debo incluir. No podría sentirme bien si finalizara, ahora, este libro, sin relatar lo que ocurrió con Milena.

Milena es una niña de cinco años, que fue asistida en el servicio de oncología pediátrica del Prof. Manuel Castello (en el Hospital Policlínico de Roma), porque había desarrollado en tumor maligno en el muslo derecho. Ayer, en el aula de la clínica pediátrica (del mismo Hospital Policlínico) donde acababa de dar una conferencia sobre el Estudio Patobiográfico, se acercó Fiorella Del Pidio para darme el material que deberíamos supervisar esta mañana. Se trataba de unas cincuenta páginas que incluían lo que había ocurrido dos años atrás, en febrero de 1992, durante el seminario en el cual yo había supervisado el mismo caso. Me había propuesto leerlas, pero cuando comenzamos a trabajar, esta mañana, aun no las había tocado.

Acerca de los padres de Milena, y a partir de la anamnesis realizada por el Prof. Adriano Giannotti, contaré lo siguiente:

El padre, a quien llamaremos Marcelo, tiene 58 años y es un profesional exitoso. Hijo de un hombre también exitoso, que murió a los 90 años, fue educado en una escuela religiosa. La madre de Marcelo vive y tiene 85 años, proviene de una familia noble, orgullosa de su apellido. Ha sido una madre inteligente y culta, pero siempre un poco distante.

La madre de Milena, a quien llamaremos Lidia, tiene 37 años y es también una profesional exitosa. Dice que sus padres se casaron "huérfanos". Su madre, en las palabras de Lidia, estaba enamorada de su único hermano, que murió, repentinamente, en el momento en que nacía Lidia. Ese tío de Lidia tuvo, poco antes de morir, una hija, que moriría, a su vez, casi coincidentemente con el matrimonio de Lidia.

El padre de Lidia, celoso de ese cuñado, hermano de su mujer, que era un motivo continuo de peleas y discusiones en el matrimonio, era mujeriego, hasta el punto de haberle presentado a Lidia, que entonces tenía 9 años, una amante, con la cual ella lo había descubierto. La madre de Lidia, luego de la muerte de ese hermano, no había querido más hijos.

Marcelo se había casado, por primera vez, a los 25 años, con una mujer "rubia y rica" a la cual no amaba. Con ella tuvo dos hijos, una mujer y un varón. Diez años más tarde su matrimonio entra en crisis, pero se separan, de común acuerdo, siete años después, para evitar que los hijos sufrieran. Ha transcurrido un año, desde su separación, cuando Marcelo se encuentra con Lidia, y seis años más tarde contraen matrimonio.

El amor de Marcelo y Lidia fue maravilloso pero tuvo que luchar, durante muchos años, con la oposición de ambas familias y, especialmente, con la oposición de la hija primogénita de Marcelo. Marcelo se había propuesto no tener otros hijos, ya que temía morir antes de que su hijo estuviera crecido. Lidia deseaba un hijo con toda su alma, y la experiencia de amor que estaban viviendo, la primera y única experiencia conmovedora de amor que ambos habían vivido, condujo a Marcelo a aceptar el embarazo de Lidia.

No fue, desde su mismo comienzo, un embarazo común. Transcurridos los primeros tres meses aparece un quiste ovárico pedunculado que alcanza muy pronto un mayor tamaño que el feto. Debe ser evacuado con grave riesgo de aborto. En el quinto mes una flebitis de Lidia requiere su reposo riguroso en cama. Durante el séptimo mes aparece una hipertensión arterial que conlleva el peligro de una gestosis. Lidia aumenta 12 kilogramos de peso y luego del parto se siente deshecha.

Marcelo ha vivido, desde la penumbra de su conciencia, y toda su vida, bajo la amenaza de una inminente catástrofe. Cuando se presentan las complicaciones del embarazo de Lidia, no vacila en comunicar al obstetra que la vida de su mujer ha de ser lo primero. Ahora, ante la enfermedad de su hija, se siente desesperado y, por primera vez en su vida, teme fracasar en el intento de conseguir lo que desea. Lidia en cambio, se siente culpable por haber insistido en cumplir con su deseo de transformarse en madre.

Estos son, poco más o menos, los antecedentes familiares de Milena, y yo los espiaba esta mañana, en el dactiloescrito que tenía en las manos, mientras la Dra. Lia Schiavetti, la médica que tenía a su cargo "el caso Milena", me resumía su historia clínica.

Cuando Milena tenía dos años y medio de edad se descubrió, en su muslo derecho, un pequeño tumor, del tamaño de un poroto mediano. Operado tres meses después, cuando alcanzaba el tamaño de un huevo de gallina, se diagnosticó, histológicamente, un rabdomiosarcoma embrional, y fue remitida al servicio de Manuel Castello para su tratamiento quimio y radioterápico. En esa oportunidad los padres solicitaron asistencia psicológica, y fue comenzado el Estudio Patobiográfico que aportó los antecedentes familiares que, en parte, acabo de relatar. El Estudio Patobiográfico fue atípico, y además de la anamnesis de los padres, se realizaron cuatro sesiones con Milena, en lugar de la hora de juego diagnóstica que forma parte habitual del procedimiento. Ese fue el material que supervisé en febrero de 1992, mientras Milena era sometida a una quimioterapia con Vincristina, Actinomicina alternando con Adriamicina, y Ciclofoxamida, complementadas con radioterapia. En ese entonces el pronóstico de Milena era relativamente "optimista", formaba parte de un llamado grupo B al cual se le asignaba un 60% de posibilidades de sobrevida en un término de tres años.

Luego de que la Dra. Schiavetti me comunicó esos datos, hicimos un breve paréntesis para leer un resumen de la desgrabación de lo que dije en febrero de 1992, durante la supervisión del caso.

Basado en el material de entonces, sostuve en aquella ocasión que el pronóstico era infausto. Milena pensaba que la muerte, que simbolizaba durante la sesión refiriéndose al dormir y a la oscuridad, era la única solución que le quedaba. Agregué entonces que no quería sostener que era imposible que se salve, pero que era muy difícil. Quizás la psicoterapia podía variar ese destino, pero para eso era imprescindible enfrentarse directamente con el núcleo central, constituido por la fantasía del incesto.

Reproduzco aquí lo esencial de los conceptos que en aquel momento expresé:

El incesto ya se presenta en este caso cuando se habla de la abuela enamorada de su hermano, un hermano que muere cuando nace la hija de la abuela, que es la madre de Milena. Un delirio en el cual el nacimiento de una hija que en la fantasía surge del incesto, debe pagarse con la muerte de su padre. Para la fantasía inconciente, los padres de Lidia, que se han casado "huérfanos", se han vuelto huérfanos en el acto de casarse, dado que ese casamiento, incestuoso y culpable, adquiere el sentido de un acto parricida.

Se trata de una familia impregnada de una fantasía incestuosa y culpable que no puede resolverse. El padre de Milena, casado con una mujer que tiene la edad de su hija y que se embaraza casi al mismo tiempo que ella, no puede ni quiere separarse de esta mujer que ama, pero tampoco puede asumirla como tal. En la sala de espera recibe complacido los gestos de cariño que ella le prodiga, pero no puede demostrarlo, y menos aún atreverse a retribuirlos. Marcelo y Lidia se comportan "como padre e hija", inhibiendo en la superficie su relación genital, pero aumentando de este modo su excitación incestuosa inconciente.

La enfermedad de Milena parece haber reconciliado en la familia todos los rencores, la tragedia los une. Milena se convierte de este modo en un chivo expiatorio que restablecería con su muerte la inocencia familiar. Debe morir, además, porque es tan mala como para querer a su padre todo para sí. Este proyecto de Milena, inconcientemente presentido, aterroriza a todos, y es este el motivo por el cual, cuando, buscando un sostén psicoterápico para enfrentar los cambios de la quimioterapia, se encuentran con la propuesta de un estudio (que lleva implícita la idea de una "explicación" psíquica de la enfermedad), al mismo tiempo que, decididamente, lo aceptan, aumentan su nivel de angustia.

Nuestra tarea consiste, por lo tanto, en arruinar el proyecto de Milena, y para esto es necesario hablarles claro, lo cual no significa colocarse frente a ellos como si fueran monstruos incestuosos, ya que sus fantasías inconcientes son también las nuestras. Deben llegar a comprender, de un modo afectivo y no meramente intelectual, que el círculo vicioso de la culpa que conduce a las actitudes que generan más culpa, debe ser cortado. Es ese círculo vicioso el que conduce a Milena a decir: "cuando mi padre está desnudo es un monstruo", como también dice su madre. Por obra de la misma culpa Milena transgrede los límites y se los dejan transgredir. Es una niña de tres años que se golpea la cabeza en el espacio limitado de la sesión psicoanalítica y al mismo tiempo se comporta como la princesa que marcha delante de su corte. Sus padres lo toleran porque la miran como se mira a una hija del pecado.

Es necesario hablar de todo esto con el padre, con la madre y con la niña. No es posible afirmar que será la solución, porque el caso es difícil, pero es posible alimentar grandes esperanzas acerca de lo que puede ocurrir si se les habla de las fantasías que encontramos en el material obtenido.

La psicoterapia nunca es un proceso directo, es necesaria una elaboración, dado que el paciente puede entender, pero no logra creer. El trecho que separa el entender del creer es un transcurso que a veces necesita años. Pero en el caso de Milena no tenemos ese tiempo y, por lo tanto, es imprescindible que logremos sustituir la elaboración por una comunicación que arruine el proyecto inconciente que implica su muerte. Podrá decirse que es un procedimiento agresivo, o traumático, pero no tenemos nada mejor, y es lo único que puede darnos alguna esperanza. Si las cosas funcionan, lo primero que obtendremos no será gratitud, sino hostilidad, pero podemos estar seguros de que, en la medida en que se enojen, la niña tendrá una posibilidad que antes no tenía.

Milena quiere desaparecer para restablecer la pareja de sus padres, que siente dañada, satisfaciendo, al mismo tiempo, sus fantasías de un crecimiento omnipotente y autosuficiente. Lo ha dicho claramente cuando afirma: "sai che ti dico?, io la palla me la tengo" (¿sabes lo que te digo?, yo al tumor lo conservo). Marcelo, con desesperación, siente que debe entregar a Milena para conservar a Lidia y, ya una vez, eligió del mismo modo cuando le habló al obstetra. Lidia, que se siente culpable por haberlo deseado "todo", lucha también contra la idea de que no podrá conservar cuanto tiene y que deberá resignarse a perder a la hija que nunca debió pretender.

Sabemos que todo cáncer es el producto de una regresión que surge ante la imposibilidad de continuar sosteniendo la investidura de una fantasía incestuosa inconciente. Una regresión a una etapa anterior a la procreación: el crecimiento que se realiza mediante la división celular "asexuada" y que corresponde a un tipo de fantasía inconciente que, vista desde la sexualidad, denominamos hermafrodita. Milena es el eslabón más débil, el fusible a través del cual "se corta", y al mismo tiempo culmina, una historia familiar cuyo decurso puede hilvanarse a través de tres generaciones.

Volvamos ahora a la historia clínica de la Dra. Schiavetti:

En octubre de 1992, ya terminada la quimioterapia y la radioterapia, aparece, para consternación de todos, una recidiva del tamaño de una nuez, en el pliegue inguinal derecho, que se constata además mediante resonancia magnética. Los padres, desesperados, reclaman lo mejor para su hija, y todos deciden, de común acuerdo, enviarla a París, al Prof. Frederic Gautier, para una nueva intervención quirúrgica, que se realiza en el mes de diciembre. La histología revela entonces que se trata de un rabdomiosarcoma alveolar, más maligno que el embrional, pero se piensa que es más probable un error en el primer estudio histológico que una transformación en la estructura histológica del tumor, aunque esto último no es imposible.

Nuevamente se instituye quimioterapia y radioterapia, esta vez con Carboplatino y Etopoxide. Llegamos así a julio de 1993, cuando, casi contemporáneamente con la finalización de esa terapéutica, aparece una nueva recidiva en el abdomen, esta vez con protrusión endoabdominal y perturbaciones en la micción y la defecación. Vuelve entonces a Francia, en donde el Prof. Gautier, ante a la gravedad del caso, decide que ya no tiene sentido operarla y le prescribe Etopoxide por vía oral con fines paliativos. La madre, frente al temor de que su hija no ingiera la droga con regularidad, insiste en que se le suministre por vía endovenosa, y se hace de este modo.

En diciembre de 1993, y ante la sorpresa de todos, una nueva resonancia magnética permite comprobar la remisión completa del tumor. Se decide entonces reenviarla a París, para una exploración quirúrgica de los ganglios lumboaórticos y abdominales, pero fue necesario insistir y enviarles previamente la resonancia magnética obtenida para que aceptaran operarla nuevamente, dado que, en virtud de la última consulta, estaban convencidos de que se trataría de un sacrificio inútil.

En marzo de 1994 se le extirpan a Milena, en París, una gran cantidad de ganglios abdominales y de la cadena lumboaórtica. El estudio histológico de esos ganglios los encuentra normales. Estamos en el mes de setiembre y Milena continúa sana. Los oncólogos que han intervenido en su tratamiento no han tenido noticia de ningún otro rabdomiosarcoma alveolar fehacientemente comprobado que haya evolucionado de una manera similar.

Llegamos ahora al punto culminante de esta historia. Esta mañana, luego de haber releído mi intervención de hace dos años, y de haber escuchado la historia clínica que relata la evolución del tumor de Milena, no pude menos que centrar mi curiosidad en cuáles habrían sido las circunstancias que determinaron una evolución similar de los significados inconcientes. ¿Por qué, no pude menos que preguntarme y preguntar, Milena había empeorado tanto al principio para mejorar dramáticamente al final? Para mi sorpresa la respuesta de la Dra. Del Pidio fue concisa y rotunda. Sucedió que, por diversos motivos, nadie se había atrevido a seguir mi consejo y hablar con la niña y sus padres de los contenidos que el Estudio Patobiográfico había revelado, hasta que, movidos por la desesperación sentida frente al hecho que Milena, desahuciada, se estaba muriendo, la Dra. Del Pidio, en el mes de setiembre, pocos meses antes de la desaparición del tumor, se había decidido a emprender la tarea.

La Dra. Del Pidio escribió un extenso y documentado informe de los pormenores del caso. Veremos enseguida, en sus propias palabras, algunos de los párrafos que relatan los momentos más conmovedores de la evolución de Milena y de la intervención psicoterapéutica, pero debemos resumir, previamente, algunas de la circunstancias y las apreciaciones que ella describe en su relato.

De acuerdo con lo previsto la Dra. Del Pidio debería hablar con Milena a solas y, junto con el Prof. Giannotti, con ambos padres reunidos. Se habían propuesto afrontar, en ambos coloquios, el punto esencial constituido por la fantasía incestuosa. Este proyecto, según ella cuenta, quedó obstaculizado por varios factores. Por un lado la evolución clínica de la enfermedad "requería una actitud que permitiera contener las fantasías de muerte" y, por el otro, una "particular dinámica" se había creado entre la pareja de padres y la pareja terapéutica. Como resultado, las entrevistas de resignificación que pertenecen al procedimiento Patobiográfico típico se "transformaron en un trabajo que se realizó durante cuatro meses mediante coloquios semanales".

Durante ese período –continúa diciendo la Dra. Del Pidio– pudo observarse que Marcelo vivía melancólicamente la perdida de su hija, como una pérdida objetal interna frente a la cual experimentaba un dolor sordo que lo aislaba de todas sus relaciones y, en particular, de su mujer, con la cual no podía compartir su sentimiento de que sus permanentes premoniciones acerca de una catástrofe se habían cumplido. Durante el primer año de vida de Milena murió el padre de Marcelo, y esta muerte reforzó en él la vivencia pesimista de que por cada vida debe ser ofrecida, como pago, una muerte. Lidia en cambio, sufría de una grave estructura fóbica con angustias hipocondríacas y fantasías bisexuales. El encuentro entre ellos parecía concretarse sólo a través de la culpa que sentían frente a la enfermedad de Milena, quien, por las circunstancias que rodeaban a su concepción, se había transformado en un símbolo, para ambos, de la transgresión edípica.

La primera formación tumoral de Milena fue descubierta justamente cuando Juanita, la niñera que la había cu idado desde su nacimiento, se fue porque deseaba tener su propia hija. Juanita, de la misma edad de Lidia, perdió su embarazo, que era extrauterino, y no pudo cumplir con su deseo. Intentó retornar a su puesto de niñera, pero Lidia no lo consintió. Le preguntó entonces a Lidia por qué no lograba quedarse embarazada, y Lidia le contestó: ¿Por qué me lo preguntas a mí? ¿Soy acaso la diosa de la fertilidad?

Parece, sostiene la Dra. Del Pidio, que la culpa de Lidia está ligada a fantasías de una fertilidad arcaica, pregenital, partenogenética y omnipotente, como expresión de una situación interna de bisexualidad y de la angustia que va unida a las fantasías de retaliación que corresponden a la idea inconciente de una fertilidad robada. Por lo tanto, Milena constituye, para Lidia, el fruto de esa fertilidad, y la niña se hará cargo de ese "legado" con la enfermedad que traduce la fantasía de producir infinitos tumores–niños.

Toda esta fantasmática –continúa diciendo la Dra. Del Pidio– "tan rica como inquietante, que cobraba vida dentro de nosotros, durante las sesiones de Lidia y Marcelo, no podía, sin embargo, ser verbalizada, según lo que creo, por dos motivos". La lejanía de estos contenidos con respecto a la conciencia de los progenitores y algo más, el compromiso emotivo de la pareja de terapeutas, que reflejaba especularmente las mismas ansiedades que los padres en cuanto a sus funciones de pareja sexual y parental. Esto desencadenaba, en un plano más superficial, el temor de arruinar un matrimonio que estaba afrontando un período crítico, y en otro plano, más profundo, el temor que despierta la realización de algo prohibido. De modo que "aquella comunicación, que se nos aparecía cada vez más obvia, al mismo tiempo nos resultaba cada vez más indecible".

Lidia continuó, por lo tanto, acusando a su marido de ser demasiado permisivo con Milena, hasta el punto de llegar a funcionar como un apéndice de su hija, mientras que Marcelo, a su vez, acusaba a su mujer de faltar a su función de madre comportándose como una niña pequeña que competía con Milena. La situación llegó de esta manera a un máximo de saturación.

La Dra. Del Pidio cuenta que Milena, con diversas técnicas, había logrado reducirla al silencio, impidiéndole especialmente hablar de la enfermedad, que había llegado a constituir una especie de tabú.

Durante los cuatro meses de coloquios semanales fue tomando forma un juego en el cual había una pequeña gansa hija y una pequeña gansa madre que se exhiben mutuamente sus habilidades motoras en ejercicios gimnásticos y saltos mortales especulares. En este juego aparece tres veces (!) un monstruo que quiere comerse a la hija, y la madre lucha contra él y finalmente lo vence. En la segunda y la tercera vez el monstruo trae como aliados a animales prehistóricos, y la madre animales domésticos. En la segunda lucha la madre mata al monstruo, que quiere siempre comerse a la hija, pero en la tercera se ve que el monstruo parecía muerto pero no lo estaba. Los animales prehistóricos de la tercera vez son muchos más, y por lo tanto la madre trae, también, más aliados domésticos. La lucha final se transforma luego en un banquete fabuloso del cual todos participan.

Estas fantasías, según relata la Dra. Del Pidio, quedaron allí, sin poder ser elaboradas, y en los días sucesivos, en julio de 1993, se acentuaron en Milena problemas de retención urinaria y fecal, que condujeron a indagaciones instrumentales, de las cuales surgió la existencia de una nueva recidiva, esta vez endoabdominal y más grave que las precedentes. Fue el derrumbe.

El Prof. Giannotti decidió entonces emprender un tratamiento psicoterapéutico "intensivo" de la pareja y la niña por separado. La Dra. Del Pidio se niega a hacerse cargo del tratamiento de Milena. Nos aclara que su negativa surgía de varios factores.

Le disgustaba el sentirse empujada a desempeñar el papel de Juanita, la niñera que había cuidado a Milena "en lugar " de la madre y a costa de su propio desarrollo maternal. La asustaba el tener que enfrentarse con la muerte de una niña, y le despertaba angustias profundas relacionadas con su propia historia, ya que ella misma había recibido su nombre, Fiorella, de una niña que había fallecido antes de que ella naciera. La insistencia del Prof. Giannotti, que había adoptado la posición de "la niña debe ser salvada a cualquier precio", para que aceptara tratar a Milena, le parecía un proyecto maníaco, semejante al de Lidia, la madre, en tanto que la Dra. Del Pidio, según lo que piensa ahora, retrospectivamente, estaba más identificada con la posición del padre, quien, melancólicamente, daba a su hija por perdida. Se sentía, además, culpable, desesperanzada e impotente, por el hecho de no haber podido trabajar, en todo el tiempo transcurrido, con las fantasías hermafroditas, procreativas e incestuosas, que ya se habían hecho evidentes en la supervisión conmigo en febrero de 1992. Durante los últimos meses se había descubierto un cáncer incurable al padre de la Dra. Del Pidio, y, en el momento en que ella tenía que decidir si aceptaba la psicoterapia de Milena, ese cáncer se encontraba en su fase terminal. Enfrentarse, en ese momento, con el temor que le despertaba la niña incestuosa que habitaba en Milena, superaba la posibilidad de sus fuerzas. La elaboración de todas estas temáticas la condujo, por fin, a iniciar la psicoterapia de Milena en setiembre de 1993, al mismo tiempo en que el Prof. Giannotti lo hacía con los padres. La Dra. Del Pidio consigna, en esta parte de su historia, que al mes siguiente, en octubre, su propio padre, enfermo de cáncer, moría, y que dos meses más tarde, en diciembre, le fue diagnosticado el cáncer pulmonar al Prof. Giannotti, quien interrumpió, en ese momento, la psicoterapia de los padres y falleció en mayo de 1994.

"Cuando vi a Milena en la primera sesión" –cuenta la Dra. Del Pidio– "me impresionó su aspecto físico, estaba extremadamente deteriorada por la quimioterapia, y tuve la sensación de que se estaba muriendo."

Fue a verlo entonces inmediatamente al Prof. Giannotti para decirle que la niña se estaba muriendo, para preguntarle qué tipo de trabajo se suponía que debía hacer, y si no había llegado el momento de prepararse para la despedida. Él, luego de pensar un momento, le contestó: "Una cosa é certa: io non voglio fare il becchino" (realmente no quiero ser quien la entierre). Esta frase –continúa diciendo la Dra. Del Pidio– fue, para ella, como una puñalada. Le provocó un tumulto de pasiones y sentimientos contradictorios, y entre ellos la rabia que le daría la fuerza para atreverse a formular, por primera vez, las interpretaciones que ya desde hacía mucho tiempo hubiera querido decir y que, en cambio, callaba.

Lo que sigue es la reproducción, casi con las mismas palabras, de una parte del texto de la Dra. Del Pidio, en la cual relata los acontecimientos de la etapa que precedió y acompañó a la desaparición de la recidiva.

Así que, en cuanto Milena comenzó a utilizar sus técnicas habituales para distraerme e inmovilizarme, la interrumpí decididamente. Le dije que todas esas técnicas eran maniobras que ella utilizaba para distraerme de la enfermedad, para evitar el hablar de la cosa verdaderamente importante, que ella se estaba muriendo, y que moría porque no quería renunciar a su proyecto de tener al papá todo para sí.

Milena se inmovilizó, y me miró con una concentración tal que me espantó, pero continué diciéndole que los tumores que ella hacía eran los muchos niños que imaginaba tener con el padre tomando el lugar de la madre. De este modo ella sentía que estaba haciendo las cosas bien, porque más allá de su deseo realizaba también el deseo de la madre de tener muchos niños, al mismo tiempo que entraba en competencia con ella, y muriendo elegía el vínculo con el padre, que no quería niños. Agregué que, de este modo, se estaba sin embargo quitando la posibilidad de llegar a ser grande y tener realmente niños.

Milena adquirió una expresión de odio, comenzó a gritar de un modo que me impidiera hablar, y luego comenzó a lanzarme imprecaciones: "¿pero quien te crees que sos? ¿la patrona de la ciudad? ¿el señor del mundo? ¡sos una boluda! (La traducción literal del italiano stronza sería "sorete", pero el sentido que adquiere en el lenguaje habitual corresponde, en nuestro ámbito, al significado de la palabra "boluda").

Enseguida se dirigió a la madre para pedirle que se la llevara. Le dijo que no quería venir más a lo de una boluda para escuchar boludeces (frescacce). Le dije que se iría cuando la sesión hubiera terminado y no antes. Milena se tiró al suelo y comenzó a lanzarme todos los objetos que tenía a mano. Me había declarado la guerra y yo finalmente había conseguido salir del letargo.

Las sesiones sucesivas fueron muy difíciles durante aproximadamente dos meses. Milena llegaba traída por la madre, que debía arrastrarla levantándola en peso, mientras ella gritaba y daba patadas a diestra y siniestra. Apenas me veía me hacía los cuernos y conjuros de todo tipo. En las sesiones tenía crisis de pánico. Decía que el consultorio era la casa de los monstruos. Estaban todos escondidos detrás de los rincones y saldrían luego para devorarla de un solo bocado.

Se quedaba todo el tiempo pegada al cuerpo de la madre y era imposible separarla. Le dije que yo me había transformado en un monstruo en el momento en que le había hablado de su enfermedad y que ella se había sentido devorada de un solo bocado por mis palabras. Milena entonces adoptó una defensa todavía más sutil. Se caía adormecida sobre la escalera de mi consultorio y dormía durante toda la sesión.

Le interpreté que durmiendo ella se entregaba, como una comida, al monstruo que además temía y que entonces, en conclusión, también le gustaba mucho ser comida de un solo bocado. Milena protestó con violencia que quería que se la dejara en paz y dormir.

Ocurrió luego un cambio que coincidió, aproximadamente, con la emergencia clínica de la enfermedad del Prof. Giannotti. El cambio quedó asociado a un dibujo que representaba una casa con cabellos. Era una casa que tenía los ojos, una nariz, la boca y los cabellos, que eran muchos y largos. Los cabellos servían a la casa, porque así se escondía de los ladrones. Cuando los ladrones llegaban la casa se soltaba los cabellos y los ladrones no la veían más. En esta casa vivía una madre, un padre y dos niños. Un día decidieron ir al circo, pero previamente fueron al bar y comieron pochoclo, y después fueron al restaurante y comieron pizza a la margarita y papitas fritas. Cuando volvieron a casa, encontraron adentro una amiga que había venido porque los ladrones estaban justamente adentro de la casa. Esta amiga los ayudó a echar a los malos y entonces todos se durmieron bien. Es ahora otro día. Es sábado, se han despertado al alba y a la madre se le ocurrió una hermosa idea: que todos fueran al mar. Suben al auto y encuentran que los ladrones se han refugiado justamente allí. Pero llega el auto de la policía, que los arresta, y todo termina bien.

Había terminado, de este modo, el período de las angustias psicóticas. Las sesiones cambiaron de atmósfera. Ahora yo soy una señora que tiene una niña pequeña gravemente enferma. Ella es el médico que me dice que para mi niña no se puede hacer nada porque tiene una enfermedad en el corazón, y las enfermedades del corazón no se curan. Luego me pregunta, de improviso, si yo tengo un padre. Le contesto que se ha muerto. Entonces me dice que también el padre de la niña está muerto. Ha sido asesinado por los ladrones mientras defendía a la niña. Le digo que entonces la niña tenía una enfermedad en el corazón porque sufría mucho, y sufría porque se sentía culpable por la muerte del papá. Y se sentía tan mala como para no merecer vivir, y por esto no podía curarse.

Cuando Milena tuvo que ser sometida en París a la última exploración quirúrgica, y se lo anuncié diciendo que los médicos afirmaban que las cosas estaban yendo bien y que era posible que se curara definitivamente, me contestó: "Ah, pero si yo me puedo curar entonces alguien ha muerto".

La sesión inmediatamente sucesiva a la muerte del Prof. Giannotti adquirió, de nuevo, características psicóticas. Entró a la sesión diciendo: "Se creían que el monstruo estaba muerto, pero está aquí, ha vuelto". Tomó un títere y comenzó a asustarme con él , a mí y a todas sus muñecas, pero en mitad de la sesión me dijo: "Rápido, llama a tu marido para que venga a ayudarnos a combatir al monstruo". Y comenzó una lucha entre el monstruo y otro títere que representaba a mi marido. Mi marido logró matar al monstruo, que no volverá más en la sesión.

El juego que comienza entonces dramatiza la siguiente fantasía: Ella y yo éramos dos señoras, cada una de las cuales tenía una niña. Mi niña era una niña mala, sucia, fea y despreciativa. Era mala porque se le había muerto el padre. Se llamaba Celestina. Su niña, en cambio, de nombre Rosa, era bellísima, buena y amada por todos. Tenía a su papá. De pronto sucede que a Celestina le nace un "pitito" (pisellino), así que tiene, al mismo tiempo, la "conchita" (passerina) y el pitito. El pitito le molesta, por lo cual se lo debe tocar continuamente y caminar mirando para abajo. Ahora nadie quiere a Celestina porque les da asco a todos. Celestina, desesperada, va a pedirle ayuda a la mamá de Rosa. Rosa, efectivamente, tiene sólo la conchita, es feliz y puede ir al parque con Giuseppe y divertirse (Giuseppe es el sobrino de Milena, tres meses mayor, y con el cual había dicho, durante las primeras sesiones del Estudio Patobiográfico, que pensaba casarse). Celestina, en cambio está siempre sola y rechazada por todos.

La mamá de Rosa le dice que no la puede ayudar, porque el pitito le ha nacido por obra de una magia. Ha sido su propia madre quien se lo ha hecho crecer, porque es una bruja y hace magias malas. Y no se puede hacer nada contra la magia de la propia madre. Luego, dado que los sufrimientos de Celestina son verdaderamente muchos, deciden operarla para cortarle el pitito. Pero cuando la están operando se dan cuenta que en la conchita de Celestina están todos los niños del mundo, las cabecitas están todas allí, aplastadas, y los niños están en riesgo de morir sofocados. Así que, además del pitito deben cortarle también la conchita, y todos los niños del mundo se salvan. En este punto Milena abandona a Celestina, y no vuelve a referirse a ella.

Rosa, mientras tanto, se ha transformado en una estupenda muchacha de 20 años y todos los muchachos la desean. Rosa elige al muchacho más hermoso y quiere hacer el amor, pero llega su padre, y echa al muchacho y manda a Rosa a dormir. Pero Rosa, que ahora tiene 20 años, discute con el padre y le dice: "andate vos, que sos viejo, yo soy grande y no te obedezco más". Rosa va a lo de su muchacho y hacen el amor de este modo: "él la besa, le acaricia las tetas, y después le mete un pie en la conchita".

Actualmente, en setiembre de 1994, Milena está bien, está en fase de remisión total de la enfermedad, que no parece haber dejado en su cuerpo signos locales ni generales. Es una hermosa niña de cinco años, vital y creativa.

En una de las últimas sesiones dibuja al mundo como era antes de que ella naciera, y se localiza en la panza de la madre. Luego se dibuja a sí misma bajo la forma de un conejito; a la madre, al padre y a mí, ubicada entre sus padres y ella, como si quisiera indicar de este modo la forma en que me utiliza para distanciarse de ellos. En la extremidad izquierda de la hoja dibuja una serpiente, que representa un elemento inquietante localizado ahora en el pasado, del lado del padre y en el lado opuesto con respecto a sí misma. En su último dibujo representa a la que imagina como mi familia, en la cual mi marido y yo tenemos dos niños, lo cual puede ser interpretado como una renuncia temporaria a la fertilidad en mi favor.

Marcelo y Milena expresaron, casi de una manera idéntica, que si Milena vive es porque alguien ha muerto en su lugar, y, para Marcelo, quien ha muerto por ese motivo es su padre. El equipo que atendía a Milena sintió, "especularmente", que el Prof. Giannotti ha muerto en el lugar de Milena, y esta fantasía, que se ha hecho conciente, impregna una parte del relato que la Dra. Del Pidio nos leyó esta mañana. Esperaban que pudiera decirles algo que calmara su angustia. Yo me preguntaba, mientras tanto, cuál podía ser el sostén inconciente de esa fantasía de "contaminación" cancerosa, que comprometía la idea de un monstruo que exigía de cualquier modo una víctima. No cabía duda que las fantasías hermafroditas e incestuosas que habitan los estratos más reprimidos de nuestro inconciente y que motivan las resistencias intensas para psicoanalizar a los enfermos de cáncer, se habían movilizado, como es natural, bajo la forma de un sentimiento de culpa que exige un castigo. Pero también era evidente, y así se los dije, que la enfermedad del Prof. Giannotti (así como la del padre de la Dra. Del Pidio) era un desenlace de su propia historia, y que de no existir Milena, en el vínculo con la cual confluyeron los "puntos de urgencia" de ambas historias, se hubiera expresado, o realizado, en algún otro vínculo.

La Dra. Del Pidio consignó en su informe, con sinceridad y lucidez conmovedoras, observaciones acerca de las vicisitudes de la compleja contratransferencia vivida por ella y el Prof. Giannotti durante el tratamiento de Milena. Esas palabras, que incluyen el relato de alguno de sus propios sueños o de sus diálogos con él en las difíciles circunstancias que ambos tuvieron que vivir, constituyen un ejemplo enormemente conmovedor, en el cual se unen la autenticidad, la capacidad intelectual, la honestidad, y la responsabilidad profesional, de un modo que no se encuentra con frecuencia. Cuando lo escuchaba, esta mañana, no podía sustraerme a mis propios recuerdos con el buen amigo, que hoy no estaba allí, como otras, muchas veces. Y, lo que es peor aun, comprendía y me dolía su profunda lucha con la enfermedad, que era también su lucha intelectual entre dos maneras de comprender la interpretación psicoanalítica de los trastornos del cuerpo. Una batalla desigual, porque en el rescate de esa y otras "Milenas" que no quería abandonar, él no podía dejar de ver la presencia de un monstruo que finalmente triunfaría.

Esos y otros pensamientos semejantes se apoderaban de mi mente, y al mismo tiempo me llegaban las palabras con las cuales Fiorella Del Pidio terminaba su informe: "Desde el momento en que se enfermó el Prof. Giannotti, el padre de Milena no ha querido encontrarme más... esto me inquieta por las repercusiones que podría tener en el tratamiento de Milena. Mientras tanto, en la sesión, ella acuna su muñeca niña, la nutre con el biberón y la acuesta a dormir. Luego se sienta sobre mi regazo y me canta dulcemente:

Sono tutte belle le mamme del mondo
quando un bambino stringono al cuore,
sono l'espressione di un bene profondo
fatto di gioia, rinunce ed amore

(Son todas bellas las madres del mundo
cuando aprietan a un niño contra su corazón,
son la expresión de un bien profundo
hecho de alegría, renuncia y amor).

Veo lágrimas en los ojos de mis colegas, me doy cuenta que tengo un nudo en la garganta... De pronto desfilan, en un relámpago, dentro de mí, todos los años de lucha que relato en este libro3 y, frente a lo que ocurrió con Milena, un pensamiento me atraviesa el alma: ha valido la pena.

Notas

1 El texto del presente capítulo fue publicado por, primera vez, como parte del libro Un lugar para el encuentro entre medicina y psicoanálisis (Chiozza, L. 1999a [1995]).

2 Se alude aquí a Un lugar para el encuentro entre medicina y psicoanálisis (Chiozza, L. 1999a [1995]).

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