Luis Chiozza
El tratamiento psicoanalítico de Sonia 1
I La historia de Sonia
Sonia, la paciente de la cual nos ocupamos en el capítulo anterior, es una mujer lúcida e inteligente, vestida con elegancia, cuyo rostro no revela la edad que tiene. Su trato es educado y cordial pero distante.
Es la primer hija de un adinerado matrimonio judío oriundo de Checoslovaquia. Hasta el advenimiento del nazismo vive, junto a sus padres, en la prosperidad de la sociedad a la cual pertenece.
Su padre, extremadamente exigente y de una personalidad "avasalladora", se ocupaba de ella con mucho cariño, "tanto en los estudios como en las diversiones, o lo que sea, estaba detrás mío tratando de que lo haga perfectamente...". "... y eran obligaciones, obligaciones, obligaciones...". En estas palabras su voz dejaba traslucir el intenso placer que existía detrás de la exigencia. "Ese viejo león me dejó a la miseria, con la responsabilidad de cubrir, donde hubiese faltas, porque mi madre no podía y mi hermano no sabía... Yo realmente fui la adulta, era la confidente de mi madre, que nunca me ocultó sus amoríos".
Recuerda, emocionada: "Fui la niña de los ojos de mi padre". Es posible que nos exprese de este modo que, en los ojos de su padre, se veía a sí misma, y que esa mirada le otorgaba un elemento esencial para configurar la imagen de su propia identidad.
Cabe pensar que la excitación de sentirse "la elegida" debe haber sido muy grande, tanto como la culpa y el miedo de perder ese privilegio.
Describe con admiración a su progenitor, quien nos cuenta se había revelado valerosamente contra una alta figura del gobierno nazi y había sido recluido en un campo de concentración durante seis meses. La guerra, con sus horrores, y la amenaza de sufrimiento, los unió entrañablemente y solidificó una particular estructuración edípica.
Guarda especial significación una fotografía, en la cual se la ve abrazada a su padre, al borde de una ventana, mientras que en el fondo se divisa una sinagoga que fue incendiada poco tiempo después. Cuando ella tenía 13 años huyen a Occidente "sólo con lo puesto". Su madre hace públicas, entonces, sus continuas infidelidades conyugales, y se aleja afectivamente de su marido, que queda "al cuidado" exclusivo de la hija.
Llegan a Brasil un año después de la huida. Su padre, intentando alcanzar la lujosa vida que una vez habían tenido, arruinaba cuanto negocio comenzaba. Durante una de las tantas quiebras, Sonia, que entonces tiene 16 años, "se ve obligada" a dejarse seducir por un socio del padre, en un intento de lograr que este socio los ayude.
Acerca de su adolescencia puede contar muy poco. Se casa a partir de la primera relación que establece, a los 25 años. Interpretamos que lo hace para alejarse de sus padres, que viajan a Italia tentando nuevamente fortuna.
Su matrimonio es una relación formal, con un "buen marido", "trabajador" y "recto", en la cual sobresale la falta de amor. Sus ojos quedan puestos en las vicisitudes que sufre su padre en Milán. "Nunca me sentí realmente enamorada de nadie".
Poco tiempo después se radica en Venezuela, a raíz de un contrato profesional de su marido. "La falta de paz se instaló otra vez", "empecé a organizar todo tipo de negocios para ayudar a mi padre a vivir mejor".
En una época en que el marido intenta un acercamiento afectivo, sufre la fiebre del heno. Podemos interpretar esta reacción alérgica como la dramatiza ción corporal de un rechazo a lo que es vivido como extraño, su marido, mientras mantiene la simbiosis endogámica.
Su padre comienza a padecer un proceso arteriosclerótico, después de un fracaso comercial que desbarata las últimas esperanzas. Sufre entonces un ictus apopléjico, que lo deja inválido y afásico. Por esta razón Sonia viaja para visitarlo. Lo encuentra en un profundo deterioro psíquico y, cuando se despide de él no la reconoce. Se siente ya sin padre.
Cuando vuelve a Brasil comienza a sufrir mareos esporádicos y cansancio permanente. Poco tiempo después se le diagnostica la leucemia linfoblástica.
Hemos esbozado un esqueleto biográfico que pueda mostrar lo esencial del momento actual en la vida de Sonia, y que nos ayude a comprender el significado que adquiere tanto la localización como la forma de la enfermedad.
Siente que debe elegir entre su familia pasada, que cada día experimenta como más destruida, y su familia actual, por la cual nunca sintió el mismo atractivo. Se siente dolorosamente desgarrada por ese dilema. Le surgen frecuentemente deseos de desaparecer, para "liquidar de una vez" la tortura que la acosa.
Desde Italia llega una carta en la cual le comunican que su padre necesita, urgentemente, ser internado. Es evidente, por la actitud de su madre, que intenta desligarse de él. Sonia siempre habló de responsabilidad y de culpa, pero la historia que transcurre subterráneamente es otra. En ella se entreteje el afecto profundo y entrañable de su amor incestuoso, simbiótico, con el intolerable dolor de no poder ayudar a su padre frente a la inminencia de una muerte que confunde, inconcientemente, con la suya. Es el drama de un vínculo de sangre, y es en la sangre en donde ahora su enfermedad se manifiesta.
Su niñez la ha marcado especialmente. Sintió mucho placer en su infancia. Fue la única figura a quien su padre "amó" y también la que ocupó el lugar que su madre dejara vacante, el rol de la señora responsable y adulta que se hace cargo de la casa. Se sentía "todo" para él. Vivió sus exigencias como una carga penosa, pero la excitación de sentirse la elegida fue aún más importante. Cuando aconteció la guerra, la persecución y el sufrimiento, consolidaron su unión.
Su vida, tanto en Brasil como en Venezuela, giró en torno del ganar dinero para ayudar a su padre y devolverle algo de la vida que él había perdido. Siempre sintió que, en su corazón, el pasado, que representaba toda su antigua y bienquerida vida, luchaba con el presente, representado por su familia actual.
El ataque cerebral de su padre parece haberla sumido en un estado de profunda depresión. Parece evidente que su empeoramiento de este último año marchó paralelo con el deterioro creciente de su progenitor. Cuando él ya no la reconoce, Sonia siente que ya no sabe quién ser.
Mucho antes de enfermarse de leucemia tenía un problema: salvarse, vivir con su familia actual y enterrar el pasado, su padre y la historia europea. Pero sentía entonces que eso era como matar en ella todas aquellas cosas por las que había vivido. Frente al peso de su historia, sus hijos y su marido no eran su familia.
Su identidad de clan estaba allá, en Europa, y ahora, paulatinamente, junto a la agonía de su padre, esa identidad se deshacía amenazando con dejar en su lugar ninguna. De haber podido construir su identidad en el vínculo con sus hijos, proyectado hacia el futuro, no habría enfermado de leucemia.
II Dieciocho meses de tratamiento psicoanalítico
Sonia hace cinco sesiones semanales de un tratamiento psicoanalítico que in icia al mismo tiempo que el Estudio Patobiográfico en nuestro Centro2, cuando se descubre su leucemia. Comienza la quimioterapia, una semana más tarde, luego de finalizar el Estudio.
Su psicoanalista nos relata:
Sonia era un caso de leucemia linfoblástica aguda con un pronóstico pésimo; el colega que me propuso su tratamiento me dijo que era "un presente griego". A pesar de eso decidí entrevistarla y, desde ese m omento, su presencia de mujer inteligente, sensata y agradable, despertó en mí un particular interés que se mantiene vivo de sesión en sesión. En su primer entrevista, a la que, pese a la gravedad de su estado, acudió sola, me dijo: yo sentía que me moría... no tenía ganas de nada... ya hace un año que me siento así. Cuando Olga (una amiga, hematóloga) me dijo que era leucemia, me salió de adentro decirle: "es una solución", y por eso me mandó a que me tratara con usted.
Trataremos de mostrar, a través de una apretada síntesis de los primeros dieciocho meses del tratamiento psicoanalítico de Sonia, cómo las vicisitudes de su vida que representan una particular patología "de la identidad", evolucionan junto con los trastornos de la leucemia linfoblástica que, de acuerdo con lo que pensamos, simbolizan esa particular patología.
La familia
Veamos un material de sus primeras sesiones:
...me siento sola. Si tuviera a mis padres, mi hermano..., si tuviera tíos... yo estoy sola, sola de familia mía... Cuando llegamos a Brasil, a mi marido se lo chupó la familia. El se encontró con todo lo suyo, y a mis chicos los ubicaron enseguida, en colegios... todo. Yo sentía que a ellos los aceptaban porque eran Rozenbaum, a mí no, yo era de afuera. Siempre me sentí así, sentía que a mí no me necesitaban...
Para Sonia su familia era la de sus padres. No se sentía casada con Ernesto. Esto nos permitió comprender por qué el vivir con sus hijos no le alcanzaba para dar sentido a su vida. Ella sentía hasta a sus propios hijos, como a "los Rozenbaum", los de la otra familia.
Sentirlos como parte de su vida era traicionar a la que ella consideraba su "verdadera" familia. Cuando más adelante nos dice que "no la necesitaban", pensamos que este sentimiento tan penoso provenía de la fantasía de haber sido "chupada"3 para hacer "Rozenbaums", y luego dejada.
A los pocos meses de comenzar su tratamiento muere su padre en Italia:
Me llamó Toti (la esposa de su hermano Bernardo) desde Italia para avisarme que murió mi padre. Me dijo que me quedara tranquila, que papá no había sufrido... que le habían hecho una misa, que estaba cerca de Jesucristo... ¿Se da cuenta?... Que mamá habló con un cura y que le hizo mucho bien. En Checoeslovaquia éramos una familia importante. Los Cobo éramos una familia judía conocida, se imagina ahora..., Toti alemana y católica, educando a los hijos en eso... es como si no fuéramos... nadie... no queda nada...
La muerte de su padre simbolizaba, para Sonia, la pérdida de su identidad. Siente que su vieja historia desaparece con él, ya que su hermano, "débil", se ha casado con una mujer "alemana y católica", dejando caer así el estandarte familiar. "Ya no queda nada" por qué vivir. Vivir, para Sonia, era sostener "lo familiar", "lo judío", que era lo que sentía más suyo. Ya no era Cobo, lo "Cobo" desaparecía con su padre, y no era Rozenbaum porque no se sentía casada.
Cómo ser
Han pasado varios meses y es a través de un sueño que empieza a insinuarse la temática acerca de " cómo ser". Lo viejo está podrido, socavado, nos va a decir, es necesario ahora comenzar la búsqueda... Veamos el sueño:
Mi casa está en venta y vale lo mismo que una especie de pueblito donde son todos de una familia... y es como en la época medieval. Está sobre un pasto hermoso. Pero está como en un lugar que de arriba cae agua y socava, pudre... yo sentada en el pasto mirando un desfile de modelos. Después, en una calle... por la calle viene bajando un carruaje con caballos desbocados. Me salvo tirándome para otro lado.
Vuelve a aparecer la fantasía de que su identidad es la de su familia, "la medieval, la vieja". Esta vivencia aparece idealizada en el "pasto hermoso", pero "cae agua que socava y pudre". Alude así a su vieja identidad. El "desfile de modelos" implica la incipiente conciencia de la necesidad de buscar una nueva identidad.
Ella vive su leucemia como algo arrollador que puede matarla, y que, para la percepción conciente, proviene desde afuera, como el carruaje del sueño. En este sueño aparece también la idea de que puede salvarse, idea que más adelante se repetirá de diferentes maneras.
Otro sueño de la misma semana reitera una temática semejante:
Soñé que tenía que salir al escenario y era la actriz principal. Era muy angustiante porque no me acordaba nada de lo que tenía que decir, no estaba preparada. Desesperada preguntaba si me iban a soplar... no sabía nada.
Expresa dramáticamente que tiene que salir al escenario de la vida. "No se acuerda de nada", no es la de antes, pero todavía no se siente preparada para un nuevo papel que aún no sabe cuál es. Está sola, sin un padre que "le sople". Recordemos que su padre, tiempo antes de morir, estaba afásico y no la reconocía.
La recuperación del ancestro
Sonia ha terminado la primera etapa de su tratamiento quimioterápico logran do la remisión completa. Esto significa que ya no se encuentran linfoblastos en la sangre periférica ni en la médula ósea. Comienza a generar nuevamente linfocitos maduros. De acuerdo con nuestra interpretación de la leucemia, podríamos decir que estos linfocitos representan el intento de crear una nueva identidad "viable". Recordemos a Goethe: "Lo que por herencia tienes de tus padres adquiérelo tú a fin de poseerlo...". Sonia no ha podido hacer suyo lo que de "su padre" recibiera. En las sesiones que siguen aparecen sus intentos de rescatar "lo viejo" para asimilarlo como propio y utilizarlo en la gestación de "lo nuevo" . Lo nuevo aquí representa aquello que se manifiesta en cada uno de nosotros como el sentimiento de poseer una identidad original y distinta de todas las demás.
Sonia viaja con su marido a Buenos Aires luego de haber pasado algunos días en una vieja ciudad brasileña, cercana a Porto Alegre. Para Ernesto comenzaba una crisis muy profunda. No sólo es una crisis económica, sino que significa el derrumbe de la familia de sus padres:
Yo le quiero hablar de mis proyectos, mis ideas, pero... ¿se imagina?..., yo con la idea de invertir y Ernesto con un montón de problemas. La fábrica no funciona, parece que van a tener que cerrar. Yo con leucemia... Usted sabe que yo me siento curada, pero... bueno..., y yo le vengo con proposiciones de invertir...
Lo que a mí me gustaría hacer, y que además me siento capaz de hacer, sería comprar un campo en Porto Alegre, plantar frutales para hacer dulces, especias para las comidas, poner una casa de té con tortas, llamar gente que teja de acuerdo con mis diseños... pero no la gran industria. En fin... no todo es idea mía. Conocí, en Venezuela, lugares así. A veces siento que en una ciudad grande me pierdo, soy anónima, en un pueblo pequeño podría ser yo.
Comprendimos que el campo del pequeño pueblo brasileño representaba adecuadamente los nuevos límites de su yo. En un sentido expresaba sus intentos de diferenciación de su marido y la familia de él, que siempre habitara en grandes ciudades. En otro sentido el pequeño pueblo que se caracteriza por el cuidado de lo viejo y de la tradición representaría, para Sonia, a su padre y a su vieja historia. El campito de Porto Alegre en el que quiere construir y sembrar simboliza seguramente la germinación de los nuevos brotes de una identidad que asienta dificultosamente sus retoños, nutriéndose a duras penas de lo viejo, sobre la devastación de la quimioterapia. La idea de servir el té, tal vez, represente al intento de extrovertir su libido, encerrada en un proceso narcisista4.
Veamos el mismo tema en otras dos sesiones:
¿Le conté que a mí nunca me hicieron regalos y que yo no tengo objetos? Ningún recuerdo de mi padre de Checoeslovaquia, ni de otros. Y no se me había ocurrido nunca que, si me interesa, me los puedo comprar yo. Es algo que nunca había pensado. Ahora tengo ganas de poner en casa un tapiz de Checoeslovaquia, son cosas que me e ncantan.
¿Sabe?, mi cuñado y su mujer tienen dos hijos adoptados... La nena es una belleza... muy inteligente, pero es una belleza india, y creo que debe ser muy difícil para ella... Fíjese, los días de fiesta judía faltó a la escuela porque ella quiso. Juntar todo debe ser muy difícil. Me acordaba que en Estados Unidos la adopción no es tabú, como acá. Todo es más natural. Crían a los chicos, como en el caso de esta chica, con las costumbres de las familias de adopción; pero además tratan de mantenerle lo que tiene que ver con el origen, en este caso lo indio, que es tan evidente en ella.
Vivir es, ahora, para Sonia, construir una historia propia que no implica, como en el pasado, vivir para su padre, sino, por el contrario, hacer suyo lo que él representa.
Encomendándose a Dios
Sonia había terminado su tratamiento quimioterápico e iniciaba lo que se ll ama "el mantenimiento". Consiste en un tratamiento más leve, cuya finalidad es prolongar la duración de la remisión completa y, en el caso de una recaída, impedir la brusca irrupción de linfoblastos. A veces se pueden encontrar linfoblastos en focos ocultos, aunque no se detecte su presencia en la médula ósea, o en la sangre periférica. Por esta razón se realiza el "mantenimiento".
Los hematólogos afirman que no saben qué es lo que puede desencadenar una recaída y, eventualmente, la muerte en este período. Llegado a este punto consideran que han hecho por su paciente, en cuanto a tratamiento se refiere, todo lo que pueden hacer. Sostienen, y se lo hacen saber a los enfermos, que en el período de mantenimiento no ha pasado el peligro; muy por el contrario, ha desaparecido la relativa seguridad proporcionada por la posibilidad de producir una remisión mediante la droga. De acuerdo con lo que Sonia contó en una de sus sesiones de esta época, su médico le había dicho que, de ahora en adelante, se encomendara a Dios, a Mahoma o a su psicoanalista.
Coincidimos, desde nuestra perspectiva, en considerar a este momento como muy peligroso. Entendemos que, en la primera etapa del tratamiento, el enfermo, bajo el impacto del miedo a la muerte y teniendo que "zambullirse" en la terapéutica "para salvar la vida", no puede "pensar dos veces" lo que decidirá, pero, lograda la remisión completa, y ya sin síntomas, cuando la familia y los amigos han vuelto cada uno a lo suyo, el enfermo, otra vez solo, se pregunta cómo trazar la nueva vida.
Estoy muy mal. Me siento peor que cuando me enfermé. En esa época estaba deprimida pero sabía lo que quería, podía tomar decisiones. Ahora es un desastre, tengo la sensación de no saber quién soy, ni qué quiero... El otro día me estaba bañando y me miré en el espejo... antes no me animaba... y me vi. Estoy gorda. El pelo de la cabeza me está creciendo bastante, pero sólo el de la cabeza. Pero esa sensación de que no puedo definirme en nada... Hoy pienso de una manera y mañana de otra, me tiene mal todo eso.
Dios es la participación en la vida
Yo estaba decidida, si él no quería le dije que me dejara el auto... yo iba sola. Fue difícil, tenía un dolor en el pecho y un miedo... pero le dije que yo no le voy a torcer el brazo, pero que tampoco quería que él me lo torciera a mí, que entonces cada uno siguiera su camino.
Con estas palabras nos expresa Sonia cómo está en el camino de ser ella misma, a través de un proyecto personal, que siente con una fuerza que va más allá de su voluntad conciente.
Compramos el campo, estoy chocha. Ernesto también se entusiasmó, después... Es hermoso, está en una loma, en la ladera, desde arriba se ve el río, y tiene unos manantiales. Quiero conservar lo que tiene de natural... y plantar además, pero lo que plante tiene que ser especies que crezcan sin pesticidas...
Este campo, este proyecto, la representa en su deseo de crecer respetando lo que siente como más íntimamente suyo. Simboliza en una especie de plantas, capaces de crecer sin pesticidas, su deseo de curarse sin necesidad de recurrir a las drogas anticancerosas.
Sonia se plantea cómo hacer para vivir sin que este vivir sea muerte para otros, aludiendo así a sus conflictos de individuación, que la enfrentan con la fantasía de dañar a los objetos de los cuales se separa, en el proceso de ruptura de un vínculo que experimenta como simbiótico.
... un día me dijeron que si plantaba iba a tener que matar las liebres, porque se comen a las plantas. Esa noche lloré como una loca, porque yo sentía... ¡qué prepotente es el género humano!... cómo iba a matar a ese animalito que estaba allí, en su ambiente, desde hace tantos años... ¿qué derecho tenía yo?...
Las liebres, como Ernesto, que tiene sus propias necesidades y sus propios deseos, podrían representar a los otros seres que, tal como ella lo siente, se oponen a su proyecto. Teme comportarse con la familia como un "monstruo egoísta", pero siente que, si no lo hace, hay algo en su interior que, permaneciendo insatisfecho, la devora. Cuando se propone conservar la vida de su alrededor, se refiere quizás, intuitivamente, a su necesidad de curar su alteración cancerosa sin atacar "la vida joven" que, en sus células, ha comenzado, mediante la quimioterapia, a morir junto al cáncer. Su proyecto "ecológico" alude así a una "participación en la vida" que otorga un sentido profundo al "consejo" de "encomendarse a Dios".
¿Sabe que allá nos vienen a ver?... nos ven como los que vamos a dar vida a ese lugar. El otro día nos dijeron que era una suerte, que era como que estábamos dando una transfusión de sangre fresca a ese l ugar, que hacia falta. Se ofrecen para trabajar, y, cuando podemos, los favorecemos.
Una cuestión de suerte
Hace poco, en una sesión, Sonia decía:
... lo más importante que aprendí de la leucemia es que no somos eternos, que ya pasaron cincuenta años de mi vida y no pude hacer algo como yo lo quiero... Te digo, estoy tan ocupada, que de la leucemia casi no me acuerdo... yo me siento curada, tengo mucho para hacer... Le decía a Ernesto que, cuando tenga la edad de él (ocho años más) ya los árboles van a producir...
Cuando Sonia enfermó, sentía que morir era su solución. Así lo dijo en su primera entrevista. Luego lo que más la afectaba era percibir que nadie hacia proyectos futuros con ella. Ahora su leucemia se ha ido transformando en otro proyecto que significa vivir...
Contaba que hace unos días, en casa de unos amigos, alguien que no sabía de su enfermedad, le dijo que sus ojos eran más vivaces que los de otra gente. Allí la hematóloga que la había considerado "un presente griego" le dijo: "Hay muy pocos, los puedo contar con los dedos de una sola mano, que soportan el tratamiento como vos, sin complicaciones... ¡Qué suerte que tuviste!".
En un sueño que relató hace un tiempo, tenía que seguir buscando las piezas que le faltaban para armar un rompecabezas... Su identidad es un proceso en curso, como es natural, pero ya no parece ser el motivo de una terrible destrucción... "¿Una cuestión de suerte?"...
La evolución posterior
Cuando Sonia finalizó los primeros dieciocho meses de tratamiento psicoanalítico se trasladó a su campo de Brasil y viajaba a Buenos Aires una vez por mes para continuar, de este modo, realizando algunas sesiones. También decidió, bajo su responsabilidad, interrumpir la quimioterapia, aunque no se había cumplido todavía el tiempo estipulado en su protocolo5. Un año más tarde interrumpió también, completamente, su tratamiento psicoanalítico. Ocho años después, de acuerdo con los datos que hemos recibido, Sonia permanecía sana. Su historia nos recuerda las palabras que escribimos en ¿Por qué enfermamos? (Chiozza, L. (1997a [1986]): ... al hombre enfermo que busca un tratamiento, lo anima la idea de "volver" a un estado anterior. Pero la enfermedad, como toda pérdida de la inocencia, es siempre irreversible, y la salud sólo puede provenir de un doloroso progreso, que es totalmente opuesto a la ilusión de volver.
Notas
1 El contenido del presente capítulo fue publicado por primera vez en el libro Un lugar para el encuentro entre medicina y psicoanálisis (Chiozza, L. 1999a [1995]) y formó parte de un trabajo realizado con los doctores S. Aizenberg, L.Barbero, C. Califano, E. Obstfeld y J. C. Scapusio, presentado en el CIMP (Centro de Investigación en Psicoanálisis y Medicina Psicosomática) en 1985.
2 Centro Weizsaecker de Consulta Médica.
3 Es posible relacionar la fantasía de ser "chupada" vampirescamente con la presencia de trastornos anémicos.
4 También expresa aquí, como luego veremos, el primer indicio de un proyecto, vital y personal, que ya no la abandonará y llegará a constituir un epicentro sobre el cual orbitará su vida.
5 El objetivo principal de la quimioterapia en estos casos, es eliminar los blastos del organismo, sobre todo de la médula ósea, permitiendo así el retorno de la hematopoyesis normal. Cuando esto ocurre los hematólogos hablan de remisión completa. Luego el tratamiento continúa con el llamado mantenimiento, cuyo objetivo es prolongar la duración de la remisión completa y, en el caso de una recaída, impedir la brusca irrupción de blastos. El mantenimiento se realiza como prevención, dado que se supone la existencia de estos elementos en focos ocultos, aún cuando no se detecte su presencia en la sangre periférica o en la médula ósea. A los tres o cuatro años de remisión completa y continua suele suspenderse todo tratamiento, pero los esquemas varían según las distintas escuelas.