Una concepción psicoanalítica del cáncer
Haga click aquí para imprimir esta página

Luis Chiozza

EL incesto y la homosexualidad como diferentes desenlaces del narcisismo1

con Gerardo Wainer

 

Relación homosexual y relación homosanguínea

Freud en Introducción del narcisismo (1914c), afirma que la elección homosexual es una elección narcisista. En "El contenido latente del horror al incesto y su relación con el cáncer" (Chiozza, L., 1970i [1967–1969]) 2 afirmamos que la elección de un objeto incestuoso constituye un forma encubierta de elección narcisista, y nos preguntamos entonces: ¿cuáles son los factores que determinan que en algunos casos la elección narcisista se realice a través de la consumación del incesto, mientras que en otros se realiza a través de una actividad homosexual?

Mientras que en la relación homosexual la elección de objeto depende de los caracteres sexuales primarios y secundarios que determinan la identidad sexual, en el caso del incesto la elección depende de aquellas características del objeto que configuran una identidad familiar. Esta identidad "endogámica", que queda representada en el lenguaje por la expresión "consanguinidad" (la voz de la sangre), constituye, en lenguaje figurado, una relación "homosanguínea".

Laborde (1970) expresa con respecto a lo "familiar" que se contrapone a "lo extraño": «Eso tan íntimo, lo mío, que odia a "lo extraño" que no es como "mi carne", podríamos pensarlo como la verbalización de las fantasías del narcisismo primario». El objeto de la elección homosexual comparte las características de su identidad sexual con un número muy grande de los seres que constituyen la población humana, mientras que el objeto de la elección incestuosa sólo comparte las características de su identidad familiar con muy pocas personas. El grado de narcisismo implícito en el incesto debe por lo tanto ser mayor que aquel otro propio de la homosexualidad; esta última debe equivaler a una mayor renuncia narcisista.

Del mismo modo que hemos dicho en lenguaje figurado que la relación incestuosa es homosanguínea, podemos afirmar que la relación homosexual es "consexual". El prefijo "con" califica a la relación más que al objeto; El prefijo "homo", inversamente, califica al objeto más que a la relación. Las razones que determinan la diferencia en las denominaciones que se utilizan para el incesto y la homosexualidad pasan a formar parte del interrogante que nos planteamos aquí y de la respuesta a la cual arribamos.

 

Elección de objeto e identificación primaria y secundaria en el triángulo edípico

Si tenemos en cuenta que la identificación es el producto de las cargas de objeto anteriormente abandonadas, y que, viceversa, la elección de objeto se realiza nuevamente a partir de ("desde") las identificaciones "inmediatamente anteriores" a esa elección, descubrimos la necesidad de considerar de modo insepara ble, en cuanto al tema que nos ocupa, el problema de la elección de objeto y el de la identificación.

Cuando pensamos en el triángulo edípico, o mejor dicho en los dos triángulos edípicos (el directo y el invertido) que constituyen entre sí una serie complementaria cuyas proporciones relativas varían en cada caso particular, pensamos, siguiendo la exposición que Freud realiza en El yo y el ello (1923b), en términos de identificaciones secundarias, es decir aquellas que derivan de la introyección de las investiduras de los objetos externos. Esta consideración debe ser completada, sin embargo, para poder penetrar en el tema que nos interesa, con la inclusión del triángulo edípico que se constituye al mismo tiempo que se estructuran las identificaciones primarias, aquellas que se establecen, según lo postulado por Freud, "directamente", y son previas a la catexis del objeto externo.

En "El contenido latente del horror al incesto" (Chiozza, L., 1970i [1967 –1969]) 3 se plantea: "... el carácter narcisista de la libido al servicio de los intereses del yo [que], entretenida en el proceso de crecimiento que se materializa mediante la reproducción celular y a través del proceso de identificación o asimilación, adquiere una representación en la forma de una escena primaria bisexual, o sea hermafrodita". Este párrafo completa el siguiente extraído de Psicoanálisis de los trastornos hepáticos (Chiozza, L., 1970a): "Si pensamos en la afirm ación de Freud (1923b) cuando, refiriéndose a los orígenes del ideal del yo, expresa que la primera y más duradera identificación ocurre con ambos padres de la prehistoria personal, y es directa e inmediata, anterior a toda catexis de objeto; y si aceptamos una representación o existencia interna, heredada, de la pareja parental (Rascovsky, 1960; Cesio, 1960), tal como se desprende de las anteriores palabras de Freud, podemos concluir en que la situación triangular, edípica,... ya se halla contenida en el psiquismo desde el primer momento" (Chiozza, L., 1970a , pág. 197).

 

Identificación completa e incompleta en el triángulo edípico

Siguiendo con nuestro propósito de considerar de modo inseparable el problema de la elección de objeto con el de la identificación, surge la necesidad de tener en cuenta las postulaciones que Freud realiza en El yo y el ello (1923b) con respecto a las identificaciones y la constitución del superyó. Afirma que junto al mandato: "Así, como el padre, debes ser", existe el mandato opuesto: "Así, como el padre, no debes ser, no puedes hacer todo lo que él hace, pues hay algo que le está exclusivamente reservado" (el coito con la madre).

Si nos aproximamos de manera ingenua al contenido de esta postulación, podríamos concluir que el hijo tiene prohibida una identificación completa con el padre. En realidad lo que se encuentra prohibido no es precisamente la identificación completa con el padre, sino una seudoidentificación realizada de manera que se confunde al objeto material, físicamente presente, con su rol o función, ideal, en el triángulo edípico (Chiozza, L., 1984c [1970]) 4. El padre no prohíbe al hijo algo que él puede en cambio realizar. Podría formularse la misma prohibición de esta manera: "No debes acostarte con tu madre así c omo yo tampoco me acuesto con la mía". La prohibición es por lo tanto compatible con la identificación completa.

La confusión señalada se establece entre el objeto presente materialmente, que es el mismo y al cual llamaremos genéricamente "mujer", y el objeto "madre" o " esposa" que deriva de una función y es por lo tanto ideal. Se trata de una misma mujer que dentro del triángulo edípico es esposa con respecto al padre y madre con respecto al hijo, y cuya configuración genética, su "sangre", se parece a la del hijo y no se parece a la del padre.

 

Superyó primario y superyó secundario

Comenzamos procurando comprender las diferencias en la elección de objeto entre la conducta incestuosa heterosexual y la homosexual exogámica; desembocamos entonces en la necesidad de estudiar este problema en relación con su complementario, el de la identificación. Veremos ahora cómo el planteamiento de un superyó precoz, esencial para comprender la consumación del incesto, nos conduce, desde otro ángulo, al mismo problema de la identificación.

En un trabajo anterior (Chiozza, L., 1984c [1970]) expresamos: " En primer lugar la imago de un objeto persecutorio, cargado con una excitación que provoca horror, puede ser homologada a la imago de los objetos originales de la identificación primaria, contenidos en el "maná" del superyó precoz que resulta de tal identificación. En segundo lugar la imago de un objeto protector puede ser homologada a la imago de un objeto interno que resulta de la identificación secundaria y que adquiere así la estructura de un superyó posteriormente constituido, cuyo contenido instintivo, atemperado por el pasaje pr oyectivo–introyectivo en la relación con los objetos gratificantes, posee un menor componente tanático".

Tenemos entonces un superyó precoz, establecido en un período de desarrollo en el cual la debilidad del yo incipiente conduce a su disociación y que correspondería al "precipitado" en el mundo interno de las identificaciones primarias, y un superyó tardío, producto de las identificaciones secundarias que se configuran a partir de aquella parte del superyó precoz que no queda definitivamente disociada sino que a través de la posibilidad de intervención en el juego proyectivo–introyectivo, puede estructurarse en el mundo interno bajo la forma de un objeto o una instancia dotada de un menor contenido tanático.

De acuerdo con lo planteado en el trabajo citado (Chiozza, L., 1984c [1970]), cabe utilizar en la comprensión de la génesis de este suceso el mecanismo que Freud (1916d) describió cuando se ocupa de los delincuentes por sentimiento de culpabilidad. Los sentimientos de culpabilidad provenientes de la acción del superyó precoz sobre el yo conducen a la consumación del incesto, en el intento de transformar este sentimiento de culpabilidad "primario" en un sentimiento de culpabilidad frente al superyó tardío, es decir "secundario".

En otras palabras: el superyó precoz conduce al incesto que el superyó tardío prohíbe y procura evitar. Si comprendemos la consumación del incesto en términos de una conducta maníaca debemos tener en cuenta que se trata en este caso de una manía "primaria" y nunca " secundaria", puesto que la identificación con el superyó secundario, proveniente de la introyección paterna, jamás podría conducir a un incesto que el padre tampoco ha realizado.

 

La disociación eidético–material del objeto durante la identificación

La identificación maníaca primaria que conduce al incesto consumado se reali za "más allá" del establecimiento, en el mundo interno, de los roles diferenciados de "madre" y "esposa", característicos de las relaciones de objeto secundarias. Esta conducta con respecto al objeto puede ser comprendida como la contraparte de una idéntica alternativa con respecto a la identificación.

Debemos tener en cuenta que la institucionalización de la comida totémica puede ser vista como un mecanismo de disociación, según el cual la identificación con la figura del padre queda dividida en un aspecto ideal, que se realiza con el objeto original, y un aspecto material, que se desplaza sobre el tótem como representante y sustituto de ese objeto original (Chiozza, L., 1970j [1968], pág. 507).

Tanto en lo que respecta a la relación de objeto como en lo que respecta a su contraparte, la identificación, nos encontraríamos entonces con el hecho de que el coito incestuoso, al contrario de lo que ocurre con el homosexual, supone un déficit en el desarrollo que se logra mediante una adecuada e instrumental disociación eidético–material. El incestuoso no ha logrado, en lo que respecta a la parte de su yo que condiciona su conducta incestuosa, el establecimiento de una disociación eidético–material que le permita establecer los objetos internos ideales correspondientes a los roles de madre y esposa; el homosexual, sí.

 

Dos diferentes desenlaces del narcisismo

Cabe recordar aquí aquello que Freud señala en Introducción del narcis ismo (1914c), cuando afirma que la formación del yo ideal constituye ya una "salida" del narcisismo 5. Teniendo en cuenta este concepto que toma como eje del proceso evolutivo la formación del yo y la del yo ideal, podemos pensar que en el incesto intervendría un narcisismo más precoz e indiferenciado, "anterior" a la formación del yo ideal, mientras que en la homosexualidad ocurriría una elección narcisista dentro de la cual predominarían los aspectos más evolucionados del narcisismo, posteriores a dicha formación del yo ideal.

Cabe agregar que las vinculaciones entre formación ideal, simbolización, sublimación y cultura permiten comprender las razones por las cuales la conducta incestuosa no solamente resulta menos tolerada por la sociedad que la homosexual, sino que se estructura como una modalidad de desarrollo que implica un desenvolvimiento cultural mucho más pobre. La prohibición del incesto, como lo han afirmado Freud y Levi–Strauss desde sus respectivos terrenos, marca el pasaje de la naturaleza a la cultura.

Finalizaremos recordando que distinguimos (Chiozza, L., 1970d [1966]) tres formas de materialización de los contenidos ideales: crecimiento, procreación y sublimación. Si tenemos en cuenta que el crecimiento representa la descarga directa de la excitación narcisista propiamente dicha, veríamos en la homosexualidad, que impide la procreación y es compatible con la cultura, y en la conducta incestuosa, que impide la cultura y es compatible con la procreación, dos formas diferentes del desenlace narcisista.

Notas

1 El presente trabajo fue publicado en Eidón, año 1, Nº 2, Ed. CIMP – Paidós, Buenos Aires, septiembre 1974 y en Ideas para una concepción psicoanalítica del cáncer, Biblioteca del Centro Weizsaecker de Consulta Médica, Ed. Paidós, Buenos Aires, 1978.

2 Reproducido en el capítulo anterior.

3 Reproducido en el capítulo anterior.

4 Este tema se desarrolla con mayor amplitud en "El falso privilegio del padre en el Complejo de Edipo" (Chiozza,L., 1977b), en Presencia, transferencia e historia, (Chiozza,L., 2000a)

5 Repasemos las etapas sucesivas de evolución del narcisismo (Chiozza, L., 1984c [1970]): "Dentro de una serie ininterrumpida que abarca desde el protonarcisismo absoluto (Freud, 1940a [1938], pág. 75) de un yo–ello indiferenciado (Freud, 1940a [1938], pág. 85) hasta la elección de un objeto elegido por aposición (Freud, 1914c), cabe distinguir el narcisismo propiamente dicho, fundamentalmente teórico, sea primario (Freud, 1914c) o secundario (Freud, 1923b), en el cual la libido se deposita sobre el yo, de aquellas "situaciones" o "modalidades" que suelen también denominarse narcisistas, tales como la introversión hacia los objetos de la fantasía (Freud, 1914c) –que incluye el vínculo introvertido con el yo ideal (Freud, 1914c)– o la elección narcisista (Freud, 1914 c) de un objeto que representa al yo ideal".

 

Volver al índice general de libros