Cuerpo, afecto y lenguaje
Haga click aquí para imprimir esta página

Dr. Luis Chiozza

CAP. XIII

LA MINAPRINA

Diseño para una investigación farmacológica "psicosomática" (54)

El problema de la relación psique-soma

El problema de la relación psique-soma no existe durante los actos habituales de la convivencia humana. Cuando invitamos un amigo a cenar, o cuando masticamos un caramelo, jamás pretendemos distinguir entre el cuerpo y el alma.

El problema surge cuando, intentando ejercer la medicina, necesitamos pensar en nuestros conocimientos organizándolos en un sistema científico. Cuando el pensamiento lógico procesa y organiza en un sistema los datos que registra la conciencia, pone de manifiesto, y exagera, una característica (de la misma conciencia) que consiste en fragmentar lo aprendido en dos tipos de existencia: una material, corporal, física; otra ideal, psíquica, histórica.

Una tendencia actual de la medicina subraya la importancia del enfoque integral de la enfermedad e insiste en la necesidad de prestar atención a las vicisitudes de la relación médico-paciente. Pero esto, por importante que sea, no basta. Aspiramos a que el ejercicio de la medicina psicosomática se realice dentro de las coordenadas de una tarea científica teorizable, formulada en principios que puedan ser discutidos y transmitidos con claridad.

Sabemos que la ingestión de una dosis suficiente de fenobarbital, por ejemplo, se acompaña de un conjunto bien conocido de cambios en el estado psíquico. Al iniciar el ensayo de un nuevo "psicofármaco", (sin poder todavía describir un mecanismo que vincule la ingestión con el cambio de estado, y extrapolando experiencias surgidas de otros contextos) estamos de acuerdo en que la relación de causa-efecto es, en primera instancia, el mejor recurso de nuestro intelecto cuando nos hallamos ante fenómenos que suelen presentarse juntos y sucesivamente. Llegamos así al primer postulado para una patología psicosomática: la génesis somática (o la farmacogénesis) de un estado psíquico.

El segundo postulado nace de una manera semejante. Cuando durante la búsqueda del origen de algunas enfermedades (la úlcera gastroduodenal o la colitis ulcerosa, por ejemplo) fracasamos en el hallazgo de una causa física, la observación de un trastorno psíquico concomitante con la alteración somática nos condujo (antes aún de poder describir un mecanismo de acción) a utilizar la idea de psicogénesis.

Esta idea muy pronto recibió el apoyo de la investigación neuroendocrinológica, no sólo porque conocemos mejor la fisiología del rinencéfalo, sino también por la descripción de los fenómenos de stress. Ocurrió así que la investigación de los significados inconcientes correspondientes a determinadas estructuras somáticas quedó, cada vez más, identificada con el planteo de una relación de causa-efecto, solidificándose de este modo la idea de psicogénesis.

Junto con el segundo postulado para una patología psicosomática, el de la psicogenia, la patología general inaugura un nuevo capítulo, el de las enfermedades psicosomáticas.

En este camino que resumimos aquí simplificando muchos conceptos, hemos adquirido dos postulados que se demuestran útiles en la clínica médica, pero hemos experimentado dos grandes pérdidas conceptuales que cobrarán su precio.

La primera de ellas consiste en que la afirmación de que hay enfermedades psicosomáticas supone implícitamente que existen otras que no son psicosomáticas, lo cual constituye una simplificación, ya que el hombre mismo, tanto sano como enfermo, es "psicosomático".

La segunda es más importante aún. La idea de psicogénesis, que implica pensar la relación psique-soma en términos de la relación causa-efecto, conduce a olvidar que existe en este tópico un inmenso capítulo abierto a nuestra posibilidad de comprensión y conocimiento; el capítulo de la investigación del sentido, que implica utilizar la relación símbolo-referente, y que compromete los terrenos del significado y el lenguaje.

Estos dos tipos de relación, la de causa-efecto y la de símbolo-referente, no pueden anularse entre sí, porque pertenecen a territorios distintos, pero pueden interferirse mutuamente en la atención que el intelecto les brinda, cuando deberían, en cambio, coexistir en la conciencia.

En lugar de una patología psicosomática propia de una pocas enfermedades necesitamos trazar las coordenadas "psicosomáticas" de la patología general, pero necesitamos hacerlos en el terreno de una ciencia sólida, exenta de las habituales ambigüedades que invaden este campo y lo transforman en una serie de bien intencionados consejos, encaminados a disminuir los sinsabores de la vida, o en una serie ininterrumpida de prescripciones médicas para sedar la excitación nerviosa, que se parecen muchas veces, en su resultado, a lo que obtendríamos si tocáramos un piano con las manos metidas en un par de guantes de boxeo.

Si pretendemos sostener que todo enfermo es "psicosomático", debemos tener claro de inmediato que tampoco el recurso de la psicoterapia es suficiente para encarar científicamente el tratamiento de los aspectos psíquicos de un trastorno somático. Ya sea porque una psicoterapia breve y superficial ayuda pero no resuelve, ya sea porque la psicoterapia profunda, en sus parámetros habituales, ha sido concebida para tratar neurosis, caracteropatías o, eventualmente, psicosis, pero se adapta mal a los requerimientos de un infarto de miocardio o de una osteomielitis, y suele limitarse a colaborar mediante el tratamiento de la patoneurosis que acompaña al trastorno somático presente en esa crisis vital.

La conciencia establece dos categorías

El pensamiento que impregna implícitamente nuestras concepciones médicas considera que los fenómenos psíquicos aparecen tardíamente en el desarrollo biológico, cuando las organizaciones materiales alcanzan un cierto grado de complejidad. Esta exposición epistemológica corresponde al realismo, el cual, desde la época de los griegos, rige en la filosofía occidental hasta el siglo XVII. Es en este siglo que Descartes, a partir de su "pienso, luego existo", da nacimiento al idealismo. Hoy diríamos, con Ortega y Gasset (1932), "pienso, luego existo y existe aquello que me hace pensar". En otros términos: en el encuentro entre la conciencia y lo que existe frente a ella, a mitad de camino entre sujeto y objeto, se constituyen los datos que posibilitan la acción eficaz.

La obligación inexorable de incluir a la psique y a los fenómenos de la conciencia como un componente primario del campo de estudio y del objeto de conocimiento, no ha surgido sin embargo de la filosofía, sino de la investigación científica natural más estricta y rigurosa.

No ha ocurrido solamente en la medicina, sino también, de un modo más radical todavía, en el terreno de la ciencia física. Bástenos citar para demostrarlo los nombres ilustres de Heisenberg y Schrödinger. Este último ha escrito un libro, Espíritu y materia (Schrödinger, 1958), que se halla muy lejos de ser un ensayo motivado en los afanes que a veces se presentan en la vida de los científicos como un complemento cultural.

La mecánica cuántica nos conduce a un redescubrimiento de la mente en un curioso círculo de tres pasos enfatizado por Morowitz (Hofstadter y Dennet, 1981).

1) La mente humana, incluyendo la conciencia y los fenómenos autorreflexivos, es "explicada" en los términos de actividades del sistema nervioso central, el cual, a su vez, puede ser "reducido" a la estructura biológica y a la función de un sistema fisiológico.

2) Los fenómenos biológicos, en todos los niveles, pueden ser entendidos en los términos de la física atómica, es decir, a través de la interacción de átomos de carbono, nitrógeno, oxígeno, etcétera.

3) La física atómica, cuya más acabada comprensión actual es alcanzada por medio de la mecánica cuántica, exige por fin, en su formulación, incluir a la mente como un componente primario del sistema en estudio.

El problema psicosomático se ha introducido pues en la física, y asistimos atónitos al hecho de que en nuestra época los premios Nobel de física se vean obligados a escribir sobre estas cuestiones como parte integrante de su tarea esencial (Eugene Wigner, por ejemplo, ha escrito un ensayo titulado "Comentarios sobre la cuestión mente-cuerpo"; Hofstadter y Dennet, 1981).

Nos hace falta volver al campo de nuestra experiencia clínica habiendo revitalizado los fundamentos epistemológicos de nuestra tarea, cuestionando nuestras nociones acerca del cuerpo y el alma.

En la sala de cirugía en donde se opera a un enfermo de litiasis biliar con el auxilio de una colangiografía, se ve una vesícula en el abdomen abierto y otra en la pantalla de radioscopía. Se piensa cotidianamente en que la vesícula de la colangiografía es la representación, obtenida por medio de los rayos X, de la vesícula "real" que se ve en el abdomen, pero esto constituye un error. La vesícula que se observa en el campo quirúrgico, lejos de ser la "cosa en sí" vesícula, es una representación diferente, aunque más habitual, obtenida mediante la luz incidente. No sólo el color, sino la forma, observada en el microscopio, varía según el colorante con el cual se la ha hecho visible. De modo que aquello que vemos, oímos, tocamos, gustamos u olemos, siempre es el producto del encuentro entre la "cosa en sí" y nuestra posibilidad perceptiva, nunca la "cosa en sí misma" (Chiozza, 1983a, pág 209).

El prejuicio epistemológico inconciente con el cual debemos luchar para poder trazar una medicina psicosomática científica es el que nos lleva a creer que la existencia material es una evidencia y, en cambio, la existencia psíquica es sólo una inferencia. Por esto no debe extrañarnos que hayan fracasado, hasta hoy, los intentos de encontrar un "puente" psicosomático, puente representado por el guión, tristemente célebre, que se coloca entre las palabras psiquis y soma. Sucede que, equivocadamente, lo hemos buscado como si estuviera dentro de la categoría que denominamos materia, pero ese guión, es necesario insistir, ni es psiquis ni es soma.

Psíquico y somático son dos categorías que establece la conciencia, mediante el pensamiento lógico, frente a un existente que no cabe entero en ninguna de ellas y que trasciende a las dos juntas como trasciende a la conciencia misma. Nuestra conciencia organiza el conocimiento en dos grandes epicentros. Uno, físico, que da origen a la relación de causa-efecto y al cual pertenecen las nociones de materia, espacio, cosa, naturaleza, movimiento, acción, ser y ontología. Otro, histórico, que da origen a la relación de símbolo-referente y al cual pertenecen las nociones de idea, tiempo, significado, cultura, percepción, pasión, padecer y patología.

Ambas organizaciones intercambian y combinan de un modo secundario sus nociones, y se relacionan en un campo hasta el presente inaccesible a la categorización. Podemos así, por ejemplo, hablar de un tiempo físico, crono-lógico, y de un espacio psíquico al que de un modo metafórico llamamos inadecuadamente "interior". Podemos también conceptualizar un "padecimiento" somático, o una "acción" psíquica, gracias a esas extrapolaciones secundarias de nuestro intelecto.

Existen relaciones específicas entre determinadas alteraciones somáticas y estados del ánimo también determinados. Precisamente por esto podemos comunicarnos y ante la contemplación de un cuerpo ajeno "sabemos", a menos que lo disimule, si lo que siente es miedo, odio o amor.

Una vez admitida la existencia de un psiquismo inconciente, hemos aprendido la existencia de relaciones inconcientes, igualmente específicas, entre determinados cuadros de la patología somática y determinadas fantasías inconcientes que equivalen a la descomposición "patosomática" de las "claves" que configuran la particular manera en que se descargan los diferentes afectos (Chiozza, 1975b).

La investigación farmacológica "psicosomática"

Tanto la teoría general de los sistemas, creada por Bertalanffy (1979), como la informática moderna, no solamente han avalado el concepto, ya postulado por Freud, de que lo psíquico puede existir privado de la propiedad de la conciencia, sino que nos han acostumbrado a la idea de que lo psíquico puede "inyectarse" o transferirse de uno a otro sistema. Sorprende pero es cierto: la forma, el orden, la entropía negativa, es decir, la información, es una cualidad psíquica, no física, aunque se halle privada de conciencia y viaje transportada en la materia. Aunque se halle privada de aquello que llamamos "vida", es tan psíquica como lo son las obras completas de Shakespeare en el anaquel polvoriento de una biblioteca olvidada.

De modo que así como puede inyectarse la inmunidad, que es una forma de memoria, una droga "contiene" en su "interioridad", vehiculizada por su configuración química o atómica, una fantasía psíquica inconciente, que no sólo puede ser hipotetizada por un farmacólogo "psicosomático" a partir de su acción farmacológica, sino que también puede ser a veces intuitivamente anticipada a partir del efecto producido por sus parientes químicos cercanos. Equivale a lo que Laborit (1983) denomina información-estructura, por oposición a la información-circulante.

En 1969 realizamos con un grupo de colaboradores un trabajo sobre el opio que constituye el capítulo anterior. Buscábamos su fantasía psíquica inherente a partir del efecto que esta droga produce en el organismo que la incorpora. En ese trabajo anticipábamos tímidamente que la acción del opio sobre el hombre podía quizás ser concebida como una "opoterapia", es decir, como el efecto de una droga que reemplaza a una sustancia de producción endógena. En 1975, seis años después, el descubrimiento de las endorphinas vino a darnos la razón.

Realizábamos también entonces (cap. XI) algunas consideraciones acerca de la utilidad práctica y teórica de un enfoque semejante, que lleva a concebir y evaluar a la terapéutica en un campo unificado, acorde con la idea de que tanto la droga como la palabra son información. Por este motivo el daño o beneficio que un tratamiento puede producir no depende, claro está, de que el agente sea farmacológico o verbal, sino de que la información con él suministrada se aproxime a la medida y cualidad de cada necesidad particular. Actualmente ocurre que la psicoterapia, llevada por su necesidad de extender su beneficio a un mayor número de personas, intenta producir interpretaciones "standard" vehiculizadas por medios masivos de comunicación, y que la farmacología, en cambio, procura obtener configuraciones cada vez más específicas que limiten su acción a subsistemas orgánicos cada vez más pequeños, lo cual conduce hacia la necesidad de una prescripción farmacológica que se adapte a los requerimientos particulares de cada paciente.

El descubrimiento paulatino de la interioridad "psíquica" que todo medicamento posee, no solamente conducirá en el futuro a decidir y evaluar mejor su aplicación concreta, sino que también nos permitirá comprender de un modo más profundo la "intuición" que conduce al farmacólogo al hallazgo de nuevas sustancias y al ensayo de distintos derivados, lo cual se traducirá en una investigación más fructífera y en una mayor economía de esfuerzos.

Diseño para una investigación farmacológica "psicosomática" de la minaprina

La experiencia brindada por la aplicación de estas ideas al estudio preliminar sobre el opio y la que surgió de ensayos similares sobre la píldora anticonceptiva (Korovsky, 1969), sobre los digitálicos (Fonzi y colab., 1978), sobre la nicotina (Litvinoff y colab., 1983) y sobre las drogas antianginosas (Aizenberg, 1984) realizados por otros colegas en la misma línea de investigación, nos conduce a pensar que podría encararse un trabajo semejante sobre la minaprina, intentando profundizar en la cuestión mediante la integración de los distintos ángulos de exploración que a continuación señalamos.

1) La búsqueda de las fantasías inconcientes específicas que corresponden al sistema inhibidor de la acción (SIA) y a la inhibición de este sistema. Laborit (1983) ejemplifica los efectos de su función con la actitud de inmovilidad tensa que adoptaríamos si, caminando por una pradera, viéramos revolotear sobre nosotros a un ave de presa en actitud amenazadora. Encontramos en ejemplos como éste, habituales en Laborit, que completan en términos de una vivencia subjetiva el conocimiento de una función fisiológica, la puerta de entrada para la investigación de los significados inconcientes específicos que le corresponden.

2) La exploración, desde un punto de vista semejante, de las fantasías inconcientes correspondientes a los sistemas activadores de la acción (MFB y PVS) antagonistas del sistema inhibidor de la acción, incluyendo la interrelación entre ellos, su organización intersistémica, su integración con las estructuras del neocortex jerárquicamente superiores y su derivación en los subsistemas receptores y efectores. Para esta tarea resulta particularmente útil tener en cuenta que el paleoencéfalo o sistema límbico, filogenéticamente correspondiente a los mamíferos primitivos, constituye el cerebro emocional. Nos encontramos así nuevamente con la vertiente subjetiva de las conductas categorizadas como consumo, lucha, huida e inmovilidad tensa. De modo que el capítulo psicoanalítico que estudia las vicisitudes de los afectos y, especialmente, la descomposición, en la enfermedad somática, de la clave que configura la descarga específica para cada uno de ellos (Chiozza, 1975b), constituye una apertura para profundizar en el conocimiento de las fantasías inherentes a las estructuras de recompensa (MFB), castigo (PVS) e inhibición de la acción (SIA).

3) La consideración de los dos grandes subsistemas, el colinérgico y el adrenérgico --que corresponden, en términos muy groseros, a la predisposición del organismo para dos grandes fines, la restauración de las fuerzas y la lucha, y que equivalen a dos estados de ánimo, la relajación y la alarma-- debe ser completada. Es necesario incluir conocimientos recientemente adquiridos de la síntesis, almacenamiento, liberación, recapturación, captación y destrucción de los neurotransmisores organizados en distintos sistemas (catecoleminérgico, serotoninérgico, etcétera) mediante mecanismos de feed-back negativo o positivo que los vinculan entre sí y con las secreciones del eje hipotálamo-hipofisosuprarrenal. Para constituir una hipótesis sobre las fantasías inherentes a estas funciones necesitamos tener siempre presente el significado que adquieren teleológicamente, es decir, como procedimientos encaminados hacia un fin.

4) La consideración de los efectos farmacológicos de la minaprina, de sustancias químicamente emparentadas con ella (piridazona y piridazina, por ejemplo), de sus agonistas y antagonistas como la actinomicina y la puromicina (que inhiben a la memoria proteica), de los allegados químicos de unos y otros, de los psicofármacos que actúan sobre los sistemas vecinos, etcétera, buscando identificar configuraciones "familiares" (como es el caso, por ejemplo, del ciclo perhidropentanofenantreno, presente en distintos productos de la actividad fisiológica) y, sobre todo, relaciones entre la configuración química, el efecto farmacológico y su comprensión teleológica, que nos ayuden en el intento de conocer la fantasía específica.

Una vez trazados, a grandes rasgos, los ángulos y parámetros que, desde el conocimiento aportado por la neurofisiología, la bioquímica y la farmacología, delimitan el campo para una investigación de la interioridad de la minaprina, debemos añadir unas pocas consideraciones.

Es necesario tener en cuenta que no se progresará de un modo equivalente en todos los sectores a la vez y que alguno de ellos, en algún momento, se presentará como imposible. Sin embargo, como la experiencia ha mostrado, el progreso en un punto determinado puede aportar, de pronto, "el dato que faltaba" para que la investigación prosiga en otro en el cual se hallaba detenida.

Es importante subrayar nuevamente que la búsqueda se dirige hacia el carácter psíquico de una configuración, y que éste sólo puede ser comprendido como tal en la medida en que se lo categorice, desde una vertiente subjetiva, como algo que posee los atributos del significado. Aunque esto no implica necesariamente, como ya hemos dicho, pronunciarse en la afirmación de que posee las cualidades de la vida o la conciencia, cada uno de los ángulos desde los cuales la investigación intenta su progreso ha de quedar impregnado por una manera de la exploración que depende del carácter psíquico de lo buscado. Esta manera puede ser dividida, artificialmente, en tres puntos.

1) La fantasía psíquica inherente a la configuración molecular del fármaco es el molde del efecto psíquico correspondiente a la acción farmacológica, así como el perfil de la llave guarda la figura de la cerradura. Tal como ocurre con cualquier otro software o programa informático, esa fantasía jamás existe privada del valor o la importancia implícitos en su carácter programático. Esto equivale a decir que se integra jerárquicamente en estructuras intersistémicas cada vez más complejas, de las cuales es parte constitutiva, hasta fundirse en las temáticas universales que conforman el universo significativo del hombre y le imprimen inevitablemente una dirección a su vida. Por este motivo, a partir de estas temáticas, esas fantasías pueden ser recursivamente exploradas.

2) El estudio cuidadoso de las estructuras de significación comprometidas, sean lingüísticas o más ampliamente semánticas, históricas o míticas. En algunos casos los nombres de las sustancias, los términos que describen sus efectos, su color, su aspecto o cualquiera de sus cualidades, lo mismo que aforismos o frases populares asociadas, etcétera. En otros, diferentes representaciones vinculadas, como por ejemplo las que pertenecen a la estructura del vegetal de origen en el caso de drogas naturales como la digital o la morfina. No debemos olvidar que así como el riñón de la rata, el perro y el hombre poseen una estructura en común, el vegetal también comparte con nosotros estructuras que se han originado en una misma "línea de montaje".

3) La inclusión en el campo de estudio de las fantasías y ocurrencias espontáneas, asociadas libremente por los investigadores frente al material investigado. Como lo ha demostrado el conocimiento de la contratransferencia en psicoanálisis –y también, fuera de él, en una extensa literatura, grupos de investigación en otras disciplinas– estas asociaciones espontáneas suelen ser derivados más o menos lejanos del material buscado, por lo cual, una vez procesadas, nos brindan una vía de acceso excelente.

En el pensamiento de Laborit, quien dice de sí mismo que "se ha pasado la vida inventando moléculas" (1983), coexisten armoniosamente estructuras formales de los más diversos orígenes (Laborit, 1970): mecánica cuántica, matemática de conjuntos, cibernética, psicoanálisis del complejo de Edipo y postulados lacanianos, alternan con la neuroquímica, la fisiología cerebral, los fenómenos de imprinting y la teoría de la evolución de las especies. Si reparamos en la manera en que se expresa, vemos que aún cuando se refiere a los organismos pluricelulares más sencillos flotando en el océano primitivo, su lenguaje nos produce la idea haeckeliana de seres animados de intención, idea que no nos abandona cuando lo acompañamos en el desarrollo evolutivo hasta llegar a un hombre psicosomáticamente integrado. Esa cualidad de su inteligencia, que lo ha puesto en contacto con las corrientes subterráneas que integran y nutren al universo intelectual de nuestra época, constituye hoy un factor importantísimo de la investigación neurofisiológica. El hallazgo del sistema inhibidor de la acción y de la minaprina es un aporte valioso a los conocimientos y recursos del médico. Continuar sus investigaciones en búsqueda de la interioridad específica de la minaprina contribuirá seguramente a enriquecer el conocimiento de las posibilidades de su utilización clínica y facilitará, además, nuevos hallazgos.

Notas

(54) El texto del presente apartado pertenece a la conferencia que acerca de "El comportamiento humano y la inhibición" realizó el autor por invitación del Laboratorio Gador, Buenos Aires, noviembre de 1983.

(55) Capítulo XVIII del presente volumen.

(56) Fritjof Capra (1982) señala, sin embargo, que muchos productos purificados preparados por la industria farmacéutica son menos eficaces y de efecto más azaroso que sus equivalente naturales. Los extractos preparados con hierbas naturales contienen propiedades moderadoras de los efectos de sus principios activos.

(57) Debemos añadir a esta lista otro sobre la cocaína recientemente realizado (Casali y Nagy, 1997) .

(58) Capítulo XVIII del presente volumen

Volver al índice