Cuerpo, afecto y lenguaje
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Dr. Luis Chiozza

CAP IV

EL SIGNIFICADO DE LA ENFERMEDAD

El pensamiento que nos conduce a considerar los síntomas y los diferentes estados morbosos como efectos que derivan de causas, admite una alternativa que amplía el campo de la medicina y que consiste en estudiar el significado inconciente de estos mismos fenómenos. Afirmar esto dentro del terreno del psicoanálisis, y de la medicina psicosomática que de él deriva, es hoy casi un lugar común. Sin embargo puede resultar útil, como introducción al concepto de significado inconciente, el meditar algunos instantes acerca de los significados del significado.

La palabra "significado" es un participio pasivo del verbo cuyo infinitivo es "significar". Un significado es, por de pronto, aquello realizado por un significante en el acto de significar. Mediante el acto de significar coloco un signo en aquello que pasa así a quedar significado. Desde el punto de vista etimológico un signo es una seña, una señal, una marca, una bandera, una insignia. Una marca o señal es lo que permitirá distinguir nuevamente una cosa que ahora he separado de otra, diferenciarla e identificarla entre otras que podrían parecer iguales. Así procedió Pulgarcito en el bosque, señalando con las migas de pan el camino de vuelta.

De lo anterior se deduce que yo, el significante, sujeto activo del verbo, señalo o significo un objeto, por ejemplo una cabeza de ganado, porque alguien, o yo mismo, no lo volvería a reconocer si no fuera por la marca que le hice. Si bien un significado es, ante todo, un "elegido" por el significante que le "coloca" el signo, es, obviamente, algo más.

Ayer leía un libro que me interesaba y, en cada pasaje, resonaban dentro de mí multitud de pensamientos y afectos, precisamente aquellos que motivaban mi interés. Estos pensamientos y afectos, no siempre concientes, son a veces irrecuperables en una segunda lectura. No todos los párrafos me interesaban de la misma manera y, previendo esa segunda lectura, subrayé algunos. Marqué con una cruz otros. Coloqué signos de interrogación en ciertos pasajes dudosos. Anoté también, "telegráficamente", referencias o conceptos correlacionados. Todas esas marcas son signos mediante los cuales yo, el significante, elegí determinados pasajes que quedaron, así, significados, distinguidos de todo el conjunto. Pero los signos con los cuales signifiqué contienen algo más que el mero distinguir esa cosa de otra. Contienen, o intenté que contuvieran, los pensamientos y afectos que poblaban mi ánimo, el criterio con el cual elegí. La vivencia que me acompañaba cuando signifiqué será lo significado con el signo. En la segunda lectura recibiré como mensaje por lo menos una parte de la misma. Un objeto que he significado posee pues un mensaje, para mí o para el otro; una información que quedará comunicada, que viajará desde mi yo significante al yo observador que estudia el objeto significado. Este transcurso de la información ocurre cuando el observador recuerda, conoce o descubre, el código de la señal y puede interpretarla.

Volvamos ahora a la medicina. Supongamos, por ejemplo, que el signo de Musset fuera patognomónico de la insuficiencia aórtica, es decir, propio de esa enfermedad y sólo de esa. Aceptado este supuesto, el signo de Musset señala la existencia de la insuficiencia aórtica. ¿Quién es aquí el significante, el sujeto activo del verbo significar? ¿Quién deja la huella, los vestigios que el investigador pesquisa y encuentra? ¿Es el enfermo que padece la afección y es al mismo tiempo el objeto significado? ¿Es una metáfora que transforma a la insuficiencia aórtica en "la persona que traza el dibujo del signo" mediante el reflujo diastólico de la sangre?

El sentido común propone aquí una respuesta que parece clara. Hubo una vez un poeta, Musset, que padecía, creo, una aortitis sifilítica acompañada por una insuficiencia aórtica; y hubo un médico -ignoro su nombre- que reparó en el sacudirse de la cabeza del enfermo en cada sístole cardíaco. Ese "reparar" fue un pensamiento que acompañó la experiencia del médico frente a Musset. Ese "reparar" fue a un mismo tiempo el efecto y la causa de esa experiencia, fue un comprender la relación, fue una teoría. El médico que "leía" en Musset esta relación no necesitaba, como Pulgarcito en el bosque, dejar una señal, en el propio Musset, del camino seguido por su pensamiento; escribió una "guía de viaje" que figura en los libros de patología bajo el título "signo de Musset" y que nos permite recorrer en otros pacientes un camino semejante.

La respuesta buscada parece entonces clara. El médico que observó a Musset es aquí el sujeto significante; la descripción es el signo; Musset, o el paciente al cual se le sacude de esa manera la cabeza, es el objeto significado, de manera indirecta, en el papel del libro. Casi ex profeso, para penetrar en su sentido, hemos utilizado las palabras "significado", "signo" y "significante", en su acepción más literal. Sin embargo este sentido ni es el habitual ni coincide exactamente con el utilizado por la lingüística moderna. En el caso de "significado" esta acepción literal se refiere a un objeto marcado por el significante, sujeto activo del verbo. Habitualmente entendemos por significado el mensaje mismo, aquello que "queda" junto con el signo. Parece indudable que la vivencia que acompaña al sujeto significante cuando significa, es lo significado en el objeto significado. Esta vivencia parece ser un método, un camino, un procedimiento, que se intenta preservar del olvido guardándolo, como información, en el signo.

Admitimos que el médico que atendía a Musset es el significante "que elige", que "traza", el "signo de Musset", para comunicar el pensamiento que acompañó a su experiencia. El objeto es así significado, si no de modo directo como Pulgarcito significa al bosque, de modo indirecto, a través de un "mapa" en el libro de patología. Sea de uno u otro modo, el acto de significar un objeto es el producto de una teoría, de una experiencia subjetiva, de un camino particular recorrido por el sujeto significante sobre el objeto significado. Pero, ¿qué ocurre con el propio Musset? ¿No contiene acaso él también un sujeto? ¿El movimiento en sacudidas de su cabeza no puede constituir el trazado de un signo, en cuyo caso el propio Musset sea el significante como sujeto y el significado como objeto? ¿No puede ser la enfermedad de Musset, y su existencia misma, lenguaje? ¿No puede ser una fantasía específica inconciente, un mensaje que Musset envía a Musset, o a quien se acerque a comprenderle, y a través del cual intenta conservar, recuperar o substituir la vivencia que acompaña al acto significante? La existencia de esta actividad significante inconciente, en aquello que hasta entonces fuera sólo un objeto significado por el médico observador, es, sin lugar a dudas, el descubrimiento de Freud. El verdadero signo "de Musset" será aquel que contenga la descripción de la vivencia significante del propio Musset. El otro, el "clásico", debería llevar el nombre del médico que lo describió.

Notas

(6) El texto del presente capítulo pertenece a la Nota Redacción publicada por el autor en el Periódico Informativo del Centro de Investigación en Medicina Psicosomática (CIMP), de enero 1971.

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