Cuerpo, afecto y lenguaje
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Dr. Luis Chiozza

CAP VII

APUNTES SOBRE FANTASÍA, MATERIA Y LENGUAJE

Norbert Wiener (1964), el creador de la cibernética, escribe que "... es conceptualmente posible enviar a un ser humano mediante una línea telegráfica". Veamos esto mismo en las palabras de Arthur Clarke (1964): "... la reencarnación es, pues, teóricamente posible. Si se pudiese reproducir la estructura física de un individuo hasta en su composición molecular (la biblioteca de la mente) no habría modo de distinguir entre el original y el duplicado. No tendría ningún sentido preguntar entonces: ¿Quién es realmente Juan Pérez?. Los dos lo serían".

Dado que esto parece muy inverosímil, aún como posibilidad solamente teórica, Clarke sigue diciendo, en su apoyo, que esta "reencarnación" ocurre cotidianamente: "Los átomos de nuestro cuerpo cambian constantemente, son reemplazados tan rápidamente por otros (con materiales obtenidos en nuestros alimentos) que nos reconstruimos totalmente cada pocas semanas... nos movemos en el mundo como una llama... Se ha dicho que el hombre no se baña dos veces en el mismo río; es igualmente cierto que el hombre que se mira en un espejo no se ve dos veces la misma cara. La corriente de la carne puede ser más lenta que el flujo del río hacia el mar, pero no es menos inexorable".

Hace unos años leía en un libro pequeño acerca de los miembros fantasmas -- que lamentablemente presté y no pude recuperar -- una teoría que despierta particular interés.

Es ampliamente conocido que algunos amputados sienten dolores que atribuyen alucinatoriamente al miembro que se sabe perdido, pero que se siente como presente a través del dolor. Suele interpretarse este fenómeno diciendo que la irritación del nervio periférico en la zona del muñón es el origen de un dolor que, como consecuencia del hábito sensorial adquirido en el pretérito, es referido a la representación mental del miembro en el esquema corporal: este miembro, ausente, duele así como presente.

El autor a cuya teoría deseo referirme, partiendo de lo que ocurre en las estrellas de mar, capaces de recrear un miembro amputado, sostenía que el hombre, debido a la complejidad de su evolución, y habiendo perdido esa capacidad, conserva sin embargo una parte de ese proceso, consistente en recrear el "proyecto" de esa reconstrucción. Suponía en su teoría que la estrella de mar comienza por crear la fantasía de su miembro amputado, y que esta fantasía, en cierto modo equivalente al miembro fantasma que prolonga el muñón de un hombre, es luego "rellenada" por la carne de la estrella de mar. Si bien el hombre es capaz de rellenar la pérdida de sustancia de una herida, habría perdido en cambio, por causa de la complejidad y elevada diferenciación celular de su desarrollo, la capacidad de materializar nuevamente un miembro perdido, y su intento se detendría entonces en la primera parte de ese proceso, la creación del miembro fantasma.

Anotemos de paso que la palabra "fantasma" y la palabra "fantasía" poseen en su raíz, igual que en el idioma francés actual, un mismo significado.

Admitamos entonces que Juan Pérez no es la materia que lo constituye sino la particular forma o estructura que adquiere ese flujo de materia cuando transcurre a través de la situación, campo o coyuntura, que denominamos Juan Pérez. Situación que por lo general permanece durante unos setenta años, sometida a "leves" cambios denominados evolutivos, y "deja", bajo la forma de hijos, obras y recuerdos, estructuras que reconocemos como derivadas.

Si esto es válido para un ser humano completo, ¿por qué no ha de serlo igualmente para ese anillo de carne endurecida que configura en el lactante la hipertrofia del píloro, y del cual se afirma, enfáticamente, que siendo algo "orgánico" es "algo más" que una fantasía? También la materia "orgánica" que constituye ese anillo se renueva totalmente en unas pocas semanas.

Digámoslo rotundamente; aquello que permanece en un trastorno "orgánico" es su configuración, su fantasía, no su materia. Esto no significa sostener que pueda cambiarse fácilmente tal configuración.

Hemos hablado de configuración y fantasías como si fueran sinónimos; pero estas estructuras "materiales", ¿pueden ser involucradas en aquello que denominamos fantasías inconcientes? Cuando Arthur Clarke nos habla de reproducir la estructura física molecular de un ser humano, y que llama "biblioteca de la mente", de manera que no tenga sentido preguntar cuál es el original y cuál el duplicado, y cuando afirma que esto constituye una reencarnación, cae de su propio peso que, simultáneamente, atribuye a estas estructuras moleculares físicas el carácter de mentales. De la misma manera cuando Norbert Wiener afirma la posibilidad teórica de enviar a un ser humano, reducido a un código de información que contiene dentro de sí los elementos para recrearse a sí mismo, "del otro lado" de la línea telegráfica, cae de su propio peso que no se refiere a dejar "de este lado de la línea" el "alma" del hombre transferido.

Veamos sin embargo esta cuestión de la identidad entre configuración y fantasía inconciente desde el ángulo constituido por el pensamiento psicoanalítico.

Cuando Freud usa el nombre de "orales" o "anales", por ejemplo, para referirse a determinadas fantasías, usa un lenguaje que presupone "algún género de identidad" entre la fantasía y el funcionamiento corporal específico o correspondiente. Esto es casi explícito cuando afirma: "La diferencia que presentan las funciones psíquicas de los diversos instintos puede atribuirse a la diversidad de las fuentes de estos últimos" (Freud, 1915c, pág. 1037-1038), y también: ". . . muchas veces pueden ser deducidas éstas [se refiere a las distintas fuentes orgánicas] del examen de los fines del instinto" (pág. 1037). Ya en 1895, sin embargo, había profundizado aún más en este tema al afirmar que la histeria "...quizá no tome como modelo los usos del lenguaje, sino que extraiga con él sus materiales de una misma fuente" (Freud, 1895d, pág. 103).

Si tenemos en cuenta lo que, apoyándose en Freud, enfatiza Susan Isaacs (1950, pág. 574) cuando afirma que la fantasía es el "corolario mental" del instinto, podemos aclarar un poco mejor el significado de la expresión "algún género de identidad" que acabamos de utilizar. Es posible afirmar entonces que las fantasías que corresponden a un nivel de fijación, y su expresión a través del lenguaje, representan "la traducción mental" de un nivel corporal específico. La cuestión sigue girando aquí alrededor del alcance que posee la palabra "mental".

Freud afirmó la existencia "mental" de lo inconciente al sostener que lo psíquico no podía limitarse al fenómeno de la conciencia. Esta fue, sin lugar a dudas, su contribución más importante. Melanie Klein subrayó el carácter "mental" en las "relaciones de objeto" que establece el niño pequeño desde el mismo momento de su nacimiento. Arnaldo Rascovsky sostiene la existencia de un psiquismo o correlato "mental" en la experiencia intrauterina.

Abordando consideraciones semejantes desde un ángulo atemporal, sostendremos aquí, como en la comunicación preliminar acerca de los trastornos hepáticos (Chiozza, 1963a), la existencia de un correlato "mental" específico en cualquiera de las funciones biológicas. Estas últimas pasarían así, separadamente enfocadas, a constituir fantasías específicas que incluyen también una específica modalidad en las relaciones de objeto.

Como producto de un trabajo que realizamos en colaboración sostuvimos, apoyándonos fundamentalmente en las ideas de Portmann (1954) y de Schrödinger (1947), y teniendo en cuenta la existencia de formas limítrofes entre lo vivo y lo no vivo (tales como los genes y los virus), que el fenómeno que denominamos "mental", el ámbito subjetivo no espacial que Portmann llama "interioridad", se extiende sin solución de continuidad hasta formas estudiadas por la química, tales como las sustancias orgánicas medicamentosas.

A medida que "descendemos" en la complejidad de la función, o "regresamos" hacia estadios anteriores del desarrollo, el correlato "mental" que suponemos presente posee un nivel de complejidad y abstracción cada vez más diferente de aquél que puede observarse en aquello que, desde la conciencia, solemos denominar psiquismo. La cuestión básica estriba sin embargo en la imposibilidad de trazar una neta solución de continuidad en la escala del fenómeno que denominamos "mental".

A pesar de lo que hemos dicho el problema puede ser planteado en términos que obvian habituales divergencias en cuanto al alcance, ya sea "histórico-evolutivo" o "somático", del fenómeno "mental".

Aproximándonos desde otro ángulo al pensamiento freudiano, podemos considerar toda referencia al cuerpo, o a los estadios del desarrollo, como un modelo biológico propio del lenguaje, y a través del cual se expresa una fantasía que permanecería muda de cualquier otra manera.

Cuando decimos que tal fantasía permanecería muda de cualquier otra manera, nos apoyamos, para una aseveración semejante, precisamente en la teoría de las zonas erógenas. Integrando la teoría de Freud con la de la escuela kleiniana, hemos visto que las zonas erógenas constituyen una fuente, cualitativamente diferenciada, cuyo corolario "mental", la fantasía específica, configura la matriz de lo que habitualmente denominamos lenguaje.

Todo el conocimiento médico (histología, anatomopatología, fisiología, etc.), en cuanto constituye una forma de lenguaje, puede sí ser enfocado, desde este fructífero ángulo, como una representación de la fantasía inconciente que corresponde a los procesos que llamamos corporales.

Volvamos ahora a Juan Pérez como organismo configurado, cuya estructura, como abstracción conceptual, admite tanto su integración en unidades estructurales cada vez más complejas (pareja, familia, sociedad), como su descomposición en unidades cada vez más elementales (órganos, funciones, células, genes, ácidos nucleicos).

Puede decirse que el trazado conceptual de una determinada configuración inclusiva o exclusiva es siempre más o menos arbitrario o convencional; sin embargo el criterio "limitante" que lleva implícito es siempre riguroso: cada vez que delimitamos una configuración, ésta queda determinada por un tipo de especificidad que nos permite "reconocerla" como parte de un conjunto de la misma "clase".

Entre la mano y el pie de Juan Pérez, o entre sus dos manos, existe un tipo de igualdad, que deriva de la misma configuración específica contenida en la estructura de sus ácidos nucleicos. Pero entre la mano derecha de Juan Pérez y la mía existe otro tipo de igualdad. Este depende de una configuración que, abstraída o separada, de un modo aparentemente arbitrario, de Juan Pérez y de mí, es sin embargo el producto de un trazado conceptual limitante regido por un criterio de especificidad tan riguroso como el primero. Esta segunda igualdad no se da entre ambas manos de Juan Pérez.

El acto de estrecharnos las manos, usado aquí como símbolo de toda comunicación, sólo puede darse, y sólo es necesario, como consecuencia de esta igualdad ("topológicamente" complementaria) de configuraciones o fantasías en un conjunto específico al cual no pertenecen las dos manos de Juan Pérez, sino solamente la derecha. Hay algo que hace común, que comunica, las manos de Juan Pérez entre sí, dentro de un conjunto o "clase" de ácidos nucleicos específicos. Hay otro algo que comunica nuestras dos manos derechas entre sí, dentro de otro conjunto o "clase", y que es específico de esta nueva común-unidad y no de la anterior

La totalidad que configura el ámbito subjetivo no espacial que Portmann denomina "interioridad", sólo puede ser aprehendida por otra totalidad subjetiva, tal como ocurre en el fenómeno de la identificación o de la contratransferencia. Dicha aprehensión, que implica la comunicación inconciente de un significado, implica también el "reconocimiento" de la pertenencia a un mismo conjunto. La fantasía específica ("psicosomática") que corresponde a este conjunto configura, por lo tanto, un "lenguaje" que constituye la matriz de lo que habitualmente denominamos lenguaje.

Notas

(22) El texto de este capítulo pertenece a un trabajo presentado al II Simposio del Centro de Investigación en Medicina Psicosomática (CIMP), 1970

(23) Sólo recuerdo que fue publicado por la Editorial Alhambra, de Madrid, y que su autor era alemán.

(24) Cabe señalar la similitud de este planteo con la postulación contenida en Psicoanálisis de los trastornos hepáticos (Chiozza, 1970a), acerca de la existencia de dos fases, una visual-ideal y otra hepático-material, en el proceso de identificación.

(25) Corresponde al capítulo XI de este mismo volumen

(26) Este enfoque, presente ya en la comunicación preliminar sobre los trastornos hepáticos (CHIOZZA 1963a) --de manera implícita en el modo de trabajar de las representaciones, y de manera explícita en donde leemos (pág. 23) "... las afecciones del hígado... existen... en todos los casos, como representantes o equivalentes corporales, de algo que ocurre en lo psíquico" -- y enriquecido en sucesivos trabajos (Chiozza, 1964a, 1970j [1968] y 1970a) fue retomado por Cesio y colaboradores (1968, pág. 467) en su investigación sobre el lupus eritematoso. cuando dice: "Se postula que los distintos materiales expresan esencialmente el mismo fenómeno y que muestran aspectos artificialmente dispersos de la totalidad psicosomática, de modo que se puede trabajar con las distintas representaciones como si se tratase de un material homogéneo".

(27) Evitamos a propósito decir identidad, porque el concepto de identidad, como cualidad que se aplica a lo que sólo puede ser igual a sí mismo, en su carácter de coyuntura cuatridimensional que incluye al Yo y su circunstancia, es precisamente la contrafigura de la igualdad que mencionamos. Por esta razón me parece demasiado esquemático el sostener que la identidad "biológica" reposa sobre la estructura de los ácidos nucleicos.

(28) Este aspecto, la "complementariedad topológica", no sólo contiene o simboliza la diferencia de "ubicación" o "punto de vista" que genera la necesidad de la comunicación, sino que nos introduce en interesantes consideraciones acerca de la transferencia "fraterna" como campo simétrico, o como producto "racémico", que no podemos desarrollar aquí.

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