Dr. Luis Chiozza
CAP VIII
LAS
FANTASÍAS ESPECÍFICAS EN LA INVESTIGACIÓN
PSICOANALÍTICA DE LA RELACIÓN PSIQUE-SOMA
El concepto como producto e instrumento de la investigación
Tanto la vacuna antivariólica como la computadora o la teoría psicoanalítica son productos de la investigación; pero tomados como paradigmas, son productos muy diferentes. Mientras que el efecto de la vacuna antivariólica depende en muy escasa medida de la habilidad individual del que la utiliza, la computadora o la teoría psicoanalítica poseen el carácter de un instrumento cuyo efecto depende en alto grado de la habilidad desarrollada por el operador, habilidad que se desarrolla muchas veces después de la construcción del instrumento mismo.
También la computadora y la teoría psicoanalítica se diferencian entre sí desde este punto de vista. La computadora (me refiero al hardware) es un instrumento que se utiliza de manera explícita y "a sabiendas". La teoría psicoanalítica puede en cambio, y además, ser utilizada implícitamente. Aprehendida ya sea de manera más o menos completa o fragmentariamente, puede participar en el pensamiento "sin saberlo" o "sin quererlo".
Cuando el investigador, como es el caso de cualquier otro productor, se encuentra con la tarea de saber si su producto es necesario o, por lo menos, útil, si "funciona" brindando el resultado o el efecto que se esperaba de él, las dificultades de tal comprobación serán, como es obvio, y por los factores enunciados, muy diferentes según se trate de la Vacuna antivariólica, la computadora o la teoría psicoanalítica.
El concepto de fantasías específicas, al mismo tiempo que es un producto, es un instrumento de la investigación psicosomática. Obviamente participa de las características que hemos ejemplificado con la teoría psicoanalítica. Si queremos determinar lo que puede obtenerse con este concepto y no puede obtenerse sin él, es necesario considerar los factores que pertenecen a la habilidad del operador, especialmente bajo la forma de una clara comprensión del concepto, y tener en cuenta además los resultados obtenidos por su utilización implícita y muchas veces fragmentaria. Tales resultados generalmente no se atribuyen a su utilización en la medida en que dicha utilización es inconciente.
El problema de la especificidad en la patología psicosomática
Freud creó prácticamente al mismo tiempo, durante el estudio de los fenómenos histéricos, el psicoanálisis y la patología psicosomática como teoría.
Años más tarde, en Concepto psicoanalítico de las perturbaciones psicopatógenas de la visión (Freud, 1910i), diferencia explícitamente entre trastornos psicogenéticos, provocados por fantasías que se expresan simbólicamente a través de una alteración orgánica, y trastornos órgano-neuróticos en los cuales el órgano utilizado por el conflicto que busca expresarse desempeña una función para la cual no es apto y sufre en consecuencia un trastorno secundario que no constituye en sí mismo una forma de lenguaje. Según este último planteo el trastorno secundario no posee por lo tanto una relación específica con el conflicto que le ha dado origen y hubiera podido muy bien ser provocado por un motivo diferente.
La gran mayoría de los autores que se han ocupado de la problemática psicosomática han retomado el concepto de Freud acerca de las perturbaciones neuróticas del órgano reservando la idea de "lenguaje corporal inconciente", implícita en el concepto de conversión simbolizante, sólo para algunos entre los fenómenos histéricos.
Fenichel admite la existencia de unas pocas conversiones "pregenitales", solamente ubica en esta categoría a los tics, el tartamudeo y una parte de los síntomas del asma.
En la opinión de este grupo de autores, junto a las enfermedades de causa orgánica existen otras de causa psíquica, y entre aquellos síntomas psicógenos de naturaleza somática solamente unos pocos corresponden específicamente a un determinado "contenido psicológico". Este "contenido psicológico", tal como Freud (1908a) lo expresa en Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad, es una fantasía inconciente que se exterioriza a través del síntoma en lugar de hacerlo a través de la conciencia.
El problema de la elección del órgano a través del cual se exterioriza dicha fantasía fue encarado consiguientemente mediante la consideración de una causa concurrente, por ejemplo la debilidad de un órgano, apoyándose en el concepto freudiano de la "complacencia somática", o también de la asociación existente entre el conflicto actual y un recuerdo que involucra la representación del órgano elegido por la conversión.
No todos los autores, sin embargo, han elegido esta línea del pensamiento de Freud. Para el propósito que nos anima sólo nos basta consignar aquí que son muchos los que han dedicado una parte de su esfuerzo a la investigación de los conflictos específicos en la llamada "psicogénesis" de algunas enfermedades "somáticas". La inmensa mayoría, sin embargo, lo ha hecho guiada por la idea de las clásicas fantasías orales, anales, fálicouretrales y genitales, y utilizando en general los criterios nosológicos con los cuales la patología médica tradicional identifica y nomina a las enfermedades. Creo que esta afirmación es, en esencia, válida, a pesar de los diferentes matices que no caben en un resumen tan apretado, y a pesar también de la existencia de algunas líneas de pensamiento que constituyen, aunque sólo en parte, una excepción y a las cuales me referiré enseguida.
También es importante señalar que, hasta donde he podido comprobar, ninguno de los autores que pertenecen al campo del psicoanálisis, incluyendo en esta enumeración al mismo Freud, asume explícitamente la rotunda afirmación de Weizsaecker (1947) - que seguramente Groddeck hubiera suscrito - acerca de que todo lo corporal (incluyendo enfermedad, forma, función y desarrollo) posee un sentido psicológico.
La primera de las excepciones a las cuales aludí anteriormente consiste en que el profundo interés y la original contribución de la escuela argentina a la investigación psicosomática parece provenir de una profunda convicción implícita acerca de que todo lo corporal posee un sentido psicológico.
Fue para mí una sorpresa descubrir que esta convicción no era sostenida explícitamente en el seno de nuestro pensamiento psicoanalítico, así como no era sostenida explícitamente por Freud. Por el contrario, tanto en uno como en otro caso es posible hallar muchas afirmaciones que corresponden a la tesis opuesta.
Encontramos la segunda excepción en las postulaciones de Garma y Rascovsky. Garma (1954) describe fantasías oral-digestivas. Rascovsky (1957) sostiene la existencia de un psiquismo fetal y la fundamental importancia de las representaciones visuales durante la vida fetal. Ambas formulaciones representaron un intento de trascender el esquema formado por las clásicas fantasías orales, anales, fálicouretrales y genitales.
Sin embargo, Rascovsky no integró sus conceptos acerca de la regresión fetal con los de Freud acerca de las zonas erógenas, la primacía y la fijación (a pesar de que la fijación era, para Freud, inseparable condición de la regresión) y Garma no diferencia a lo digestivo como una nueva fantasía, dependiente de la zona erógena gástrica, sino que integra lo digestivo con lo oral; de manera que el concepto de lo oraldigestivo pasa en cierto modo a ser utilizado en el lugar que antes ocupaba el concepto de oralidad.
En sus investigaciones posteriores ninguno de ambos autores continuó con la búsqueda de nuevas fantasías que intentaran trascender, como las anteriores, el esquema clásico. Como consecuencia de lo que acabamos de decir, no investigaron los diferentes trastornos guiados por un criterio nosológico surgido de la propia investigación psicoanalítica.
Trazar una historia de la evolución de la problemática acerca de la especificidad en medicina psicosomática es una tarea que cada día se hace más compleja. En homenaje a la brevedad me limitaré a señalar que en oportunidad de emprender, hace ya más de quince años, la investigación psicoanalítica de los trastornos hepáticos, esta problemática se hallaba más o menos en el punto que acabo de reseñar muy sucintamente. El concepto de fantasías específicas surgió de esas raíces y al calor de la influencia ejercida por esas ideas.
Con respecto a la utilidad del concepto de fantasías específicas creo que la situación puede resumirse en dos posiciones.
Si creemos que es imposible describir en cada trastorno un conflicto específico, toda investigación psicosomática pierde en el acto su principal razón de ser, ya que la coexistencia de un componente psicológico inespecífico en cualquier enfermedad, y aún su coparticipación genética, parecen estar hoy más allá de toda duda.
Si creemos, en cambio, que es posible descubrir un contenido psicológico específico, nos encontramos con que el esquema formado por las fantasías clásicas resulta insuficiente, a todas luces, tanto en la teoría como en el ejercicio de la investigación, para interpretar adecuadamente los fenómenos y su especificidad.
Debemos admitir, al mismo tiempo, que la búsqueda de un contenido específico que trascienda los límites de las fantasías clásicas implica la utilización explícita o implícita del concepto de fantasías específicas.
Desarrollo del concepto "fantasías específicas"
Cuando en el historial de Isabel de R., Freud (1895d) nos habla de las condiciones que determinan la elección del órgano, además de los dos factores que ya mencionamos (la complacencia somática y la simbolización que deriva de una asociación mnémica) se refiere a un mecanismo que denomina conversión simbolizante.
Cuando opera este mecanismo la elección del órgano queda determinada por la capacidad de este órgano para representar simbólicamente la fantasía que permanece inconciente. Esta capacidad se halla en la base de lo que años más tarde denominará "el lenguaje del órgano". En Lo inconciente señala, además, que todo órgano o parte del cuerpo "se arroga la representación" global o general de todos aquellos procesos en los cuales interviene de una manera preponderante.
Nos interesa subrayar especialmente, en este momento, que Freud, en el mismo historial de Isabel, afirma que la conversión simbolizante afecta también a órganos de la vida vegetativa, tales como el corazón o el aparato digestivo, y llega a sostener que tanto la histeria como el lenguaje extraen quizás sus materiales de una misma fuente.
En Una teoría sexual (1905d), en Los instintos y sus destinos (1915c) y en El problema económico del masoquismo (1924c) realiza Freud sucesivamente las siguientes observaciones:
1) pueden funcionar como zonas erógenas todos y cada uno de los órganos
2) del examen de los fines del instinto muchas veces pueden ser deducidas las diversas fuentes orgánicas que le han dado origen
3) todo proceso algo importante aporta algún componente a la excitación general del instinto sexual.
Agreguemos además que en varios de los trabajos de Freud, en Más allá del principio del placer (1920g), por ejemplo, nos transmite un concepto "amplificado" de lo psíquico inconciente, como algo que es posible atribuir a las formas biológicas más simples.
Integrando las postulaciones freudianas que acabamos de mencionar, plantearemos la línea conceptual que nos ocupa.
Toda estructura o proceso corporal constituye una fuente somática de un impulso cualitativamente diferenciado. Este impulso es al mismo tiempo una fantasía inconciente propia y particular, específica, con respecto a esa estructura o proceso.
Más aún, cuando decimos, siguiendo a Weizsaecker, que todo lo corporal posee un sentido psicológico, no presuponemos, como lo ha señalado repetidamente Bleger, la existencia de un contenido psicológico que se convierte en uno corporal, sino que la existencia misma del fenómeno somático constituye una conducta dotada de un sentido psicológico. Por eso sostenemos que la estructura o proceso corporal y la fantasía inconciente específica de aquél son una y la misma cosa vista desde dos puntos de vista diferentes.
Con el fin de evitar algunos equívocos que suelen plantearse en este punto, volveremos a citar las palabras que escribimos en Psicoanálisis de los trastornos hepáticos (Chiozza, 1963a) hace ya algunos años:
...nada se opone a que una vesícula biliar con un cálculo, por ejemplo, simbolice a un útero con un feto muerto (se suele decir "parto" de un cálculo). Que esto signifique toda la psicogénesis, siquiera de un caso particular de litiasis, es otra cosa que no estamos afirmando, puesto que atribuir el origen de tal afección sólo a tal fantasía implica ir más allá de lo que pretendemos en este lugar. Pero un operado de vesícula "puede" haberse castrado simbólicamente, y un esfínter de Oddi puede simbolizar al ano y, aún más, nada se opone, teóricamente, a que eso haya originado una afección, si tiene suficiente capacidad patoplástica corporal. ...nos ocuparemos principalmente de investigar aquellas fantasías contenidas en "lo hepático" que puedan ser consideradas específicas, vale decir dotadas de cualidades que consideramos propias de "el hígado" como estructura psicocorpórea, dejando de lado, en lo posible, las fantasías surgidas por la erotización del órgano con libido proveniente de otras zonas erógenas. Al considerar así fantasías hepáticas como se habla, por ejemplo, de fantasías orales, no nos ocuparemos en particular de las enfermedades hepatobiliares descritas por la patología clásica; pero en cambio nos ocuparemos de fantasías contenidas en todas ellas, como algo que consideramos esencial para su formación.
Se suscitan ahora dos cuestiones fundamentales cuyo desarrollo sólo puedo esbozar en este lugar.
La primera es si el sentido psicológico que lo corporal posee le es realmente propio, es decir específico y particular, o le es atribuido por el observador que interpreta. Cuando profundizamos en el estudio de la transferencia-contratransferencia nos damos cuenta de que ambas posiciones sólo aparentemente son antagónicas, dado que confluyen en una misma fuente somática de los impulsos inconcientes que determinan cuáles serán los símbolos elegidos.
La segunda es si la estructura o el proceso corporal, que constituye una configuración "artificialmente" abstraída del contexto por el observador, puede ser considerada una fantasía, es decir si pueden atribuírsele las cualidades de lo psíquico. Señalemos a este respecto solamente que cuando decimos que toda configuración dinámica que evoluciona en un campo es al mismo tiempo una fantasía, no es nuestra intención confundir los distintos niveles o las distintas cualidades de la evolución de la fantasía, del sueño o del mito.
No se trata de confundir el "proyecto" de eucalipto que se encuentra contenido en algún lugar y en algún tiempo de la semilla, con las múltiples combinaciones del gambito de dama presentes en algún lugar y tiempo de un ajedrecista. Se trata de comprender que hay algún tipo de invariante, que hay algo que nos conduce a pensar que ambas "ideas" se hallan presentes de un modo semejante, constituyen un procedimiento análogo, o, por lo menos, que si recorremos en sentido regresivo la escala de la evolución ontogénica o filogénica, es imposible decir: aquí, en este punto, se acaba la fantasía; o decir que la fantasía conserva toda la complejidad que se observa en los seres más evolucionados hasta llegar a un límite en que desaparece bruscamente.
Las dos cuestiones planteadas contienen una problemática fundamental: se trate de la cuestión en términos de fantasía inconciente, de idea, de psiquis, de interioridad o de impulsos, queda implícita la idea de un sujeto que ejercita la actividad, y ya que esta actividad puede ser "leída", queda implícita también la capacidad de este sujeto de manifestarse a través de una "escritura".
Se trata de la existencia de un sujeto significante inconciente cuyo lenguaje utiliza como medios tanto a la palabra o el gesto como el síntoma, el trastorno, la forma, la función o el desarrollo. Si me viera forzado a definir la totalidad del psicoanálisis con una sola frase elegiría la que acabo de expresar.
Afirmar la existencia de un sujeto significante inconciente implica haber tomado conciencia de la existencia de alguien que inconcientemente se comunica, que "habla", "dibuja" o "imprime" un lenguaje, que transfiere formas ideales y las encarna, las materializa en sí mismo, en el mundo o en el otro.
Implica simultáneamente alguien que escucha, que se afecta, o que interpreta un mensaje, alguien que contratransfiere. Este fenómeno involucra tanto la comunicación "extrasistémica" de la vergüenza a través del rubor como la disminución de la frecuencia del latido cardíaco que se produce como consecuencia del "conocimiento intrasistémico" del aumento de la presión en el seno carotídeo.
Involucra también lo que ocurre entre los dos primeros blastómeros de un huevo de equinodermo, capaces de desarrollar cada uno de ellos medio embrión o un embrión completo según el otro blastómero se halle o no presente. También incluye la transformación de una semilla en un eucalipto a través de la interrelación con el mundo circundante.
La comunicación de un mensaje involucra, pues, en su esencia elemental, la irradiación y la recepción de una influencia que emana ante la sola presencia de una configuración dinámica que evoluciona en un campo y que, por obra de esta capacidad de irradiar un lenguaje, de efectuar y recibir una transferencia, de duplicar o transformar una idea que "viaja" de materia a materia, constituye una interioridad.
Cabe pensar que así como luz y sonido corresponden a la percepción sensorial discontinua de una gama ondulatoria continua, la discontinuidad entre psiquis y soma es un fenómeno de la conciencia.
Si las nociones de materia e historia, que forman parte de los modos de captación del cuerpo y de la mente, derivan de las nociones de espacio y de tiempo, que de acuerdo con Freud emanan del funcionamiento de nuestro sistema conciente-preconciente, cabe afirmar que el inconciente configura un diferente ser de la existencia. Este ser es capaz de manifestarse a la conciencia como acontecimientos somáticos o psíquicos; pero las fantasías inconcientes no pueden categorizarse, en sí mismas, como un fenómeno psíquico, somático o psicosomático.
Hacer conciente lo inconciente modifica paulatinamente el campo y los fenómenos de la conciencia, trasformando la discontinuidad que se manifestaba en esa conciencia como percepción separada de psiquis y soma. Hacer conciente lo inconciente implica cada vez más la percepción de que idea, forma, movimiento y sustancia poseen una comunidad estructural que evoluciona y posee un sentido. Este sentido se determina como lenguaje en su capacidad de contener una información y de comunicar un mensaje, una idea que se abstrae del conjunto, que "viaja" y se transfiere de materia a materia.
Dijimos que por obra de su capacidad para irradiar un lenguaje esta configuración dinámica constituye una interioridad. Lo inconciente, sea sustancia, función o proceso, es, desde este punto de vista, una fantasía "dotada" de interioridad. Al mismo tiempo cada una de estas fantasías inconcientes, en cuanto constituye un elemento del lenguaje, es siempre específica.
Si estudiamos el proceso por el cual fueron conceptualizadas en psicoanálisis las fantasías orales, anales o genitales, vemos que la conciencia, al separar cada una de estas fantasías de una totalidad compleja y articulada, al mismo tiempo que las denomina las homologa o identifica con una zona erógena, una función, un proceso.
Es posible encarar de este modo, trascendiendo los límites de un enfoque psicosomático, la investigación de cada trastorno, cada sustancia, cada relación, en su estructura química o biológica, ecológica o social.
La búsqueda de fantasías específicas, sean visuales o embrionales, mesenquimáticas o cardíacas, inmunitarias o tumorales, endoteliales o cerebrales, conducirá seguramente, a través de la obtención de una vivencia específica para cada conjunto nombrado, hacia el descubrimiento de distintas interioridades significativas también específicas.
La captación de este significado específico constituye "nuevas" unidades del lenguaje que emergen de su propia fuente inconciente y que renuevan y enriquecen el sentido de las formas expresivas, determinando, al mismo tiempo, una ampliación de la conciencia.
Notas
(29) El texto del presente capítulo pertenece a una versión del texto introductorio a la Mesa Redonda realizada en el Centro de Investigación en Medicina Psicosomática (CIMP) en 1971, sobre el mismo tema.
(30) Contados desde 1971, el año de la presentación de este trabajo