Luis Chiozza
Introducción al debate
La expresión Organsprache, utilizada por Freud en su artí-culo "Lo inconciente" (1915e *, pág. 195), remite a un concepto entrete-jido en el conjunto entero de su obra, desde los Estu-dios sobre la histe-ria (Freud, 1895d *) hasta el Esquema del psi-coanálisis (Freud, 1940a *).
I - ACERCA DEL LENGUAJE Y DEL HABLA
Strachey, en su versión inglesa de Freud, utiliza el sustan-tivo compuesto organ-speech para traducir la expresión Or-gansprache. Tanto López Ballesteros como Etcheverry, en sus versiones caste-llanas, recurren, en cambio, a la palabra "lenguaje", tal vez porque no existe, en las lenguas lati-nas, una palabra que, como en inglés speech, posea un paren-tesco etimológico con el alemán Sprache (Partridge, 1961; Skeat, 1882) (Fig. 1).
El término lenguaje, derivado de lengua, la pa-labra que designa al órgano que ocupa la cavidad oral, fue utili-zado origi-nalmente para referirse al hablar como facultad, y como medio expresivo, que se realiza a través de la emisión de so-nidos vocales. Más tarde extendió su significado para desig-nar cualquier sistema de signos, independientemente de la parti-cipación del sonido (Real Academia Española, 1950; Sal-vat, 1985).
En in-glés, lo mismo que en ita-liano y en francés, existen equiva-lentes de la palabra lenguaje que derivan de una misma raíz etimológica. No es así en alemán, idioma en el cual el signifi-cado de sistema de signos, pro-pio del tér-mino caste-llano lenguaje, queda cubierto por el vocablo Sprache, que no de-riva de la palabra lengua (en alemán Zunge). Así, por ejem-plo, el lenguaje escrito es Schriftspra-che, el len-guaje ha-blado Lautsprache, el lenguaje expresivo Expressivsprache, el lenguaje de los ojos Augens-prache y el lenguaje por señas Zeichens-prache (Ruiz Torres, 1959).
A par-tir de estas consi-deraciones podemos pensar que la ex-presión usada por Etcheve-rry, len-guaje de órgano, o la que utiliza López Ba-llesteros, len-guaje de los órganos, consti-tuyen traduccio-nes adecuadas del original ale-mán, ya que el significado que posee la pala-bra len-guaje no se re-fiere so-lamente a un sistema de signos, sino que incluye, tanto en un sentido directo como figurado, lo que denomina-mos ha-bla, es decir el uso particular que, de una lengua, hacen los ha-blantes (De Saussure, 1945).
No cabe duda de que Freud lo pensaba de ese modo, ya que, en el historial de Dora (1905a *), señala, refiriéndose a un acto sínto-mático que ella realiza con sus manos, que "Aquellos cuyos labios ca-llan, hablan (Schwatzen, charlan) con los de-dos" (pág. 68).
II - EL ÓRGANO HABLA
Cuando Freud, en "Lo inconciente" (1915e *), se ocupa de las al-teraciones del lenguaje en la esquizofrenia, se refiere a una enferma de Tausk, la cual, hablando de sus trastornos, decía: "Los ojos no están derechos, están torcidos" (pág. 194). Repre-sentando así las vicisitudes de una disputa con su amado, a quien con-sideraba un "torcedor de ojos" (Augenverdreher, si-mulador) (pág. 195).
En otro momento la misma enferma cuenta que "... está en la igle-sia, de repente le da un sacudón, tiene que ponerse de otro modo, como si alguien la pu-siera, como si fuera puesta", para expresar de este modo que su novio "le ha falseado la posi-ción" (1915e *, pág. 195).
Con res-pecto al primero de los ejemplos, señala Freud, de acuerdo con Tausk, que "... la relación con el órgano (con el ojo) se ha erigido en el representante de todo el conte-nido" y añade: "El dicho esquizofrénico tiene aquí un sesgo hipocondríaco, ha deve-nido lenguaje de órgano". Pocas líneas más abajo afirma que esas dos observaciones "... dan testi-monio de lo que hemos llamado lenguaje hipocondriaco o len-guaje de ór-gano" (pág. 195).
Se inicia aquí una cuestión fundamental: Dado que el dicho esquizofrénico es un enunciado de pala-bras, una lectura apre-surada, puede llevarnos a entender que len-guaje hipocondríaco, o lenguaje de órgano, es aquel en el cual un ór-gano particu-lar deviene el refe-rente de una frase o discurso verbal. Se trataría enton-ces de un paciente que ha-bla de un ór-gano y que lo hace con palabras.
Sin embargo una lec-tura más atenta nos lleva a comprender que Freud alude a un pensamiento más complejo cuando se re-fiere, en el párrafo citado, a la adquisición de un sesgo hipocondriaco.
1) Freud señala, en la misma página, que una histérica ha-bría torcido convulsivamente los ojos y que, en el se-gundo ejem-plo, habría ejecutado en la realidad el sacu-dón, es de-cir que no lo hubiese expresado en un lenguaje ver-bal. Añade que esto hubiera ocurrido en lugar de "sen-tir el im-pulso" o de "tener la sensación de él" (pág. 195), como le sucede a la enferma de Tausk. Parece evi-dente que esta sensación somá-tica consti-tuye el "sesgo hipocondriaco" al cual se refiere Freud.
2) La expresión organ-speech no ofrece dudas, por su cons-trucción gramatical, en cuanto al hecho de que el término or-gan indica de qué clase de speech se trata (Eckersley, 1960). Numerosos ejemplos, similares a los que hemos ci-tado, permi-ten afirmar que ocurre lo mismo con el alemán Or-gansprache. Por lo tanto se trata de una clase especial de lenguaje, lenguaje del órgano, distinto del lenguaje ver-bal.
A partir de las dos afirmaciones anteriores podemos soste-ner que, en las palabras de Freud, el dicho esquizofré-nico, ver-bal, no es todavía lenguaje de ór-gano, sino que de-viene ese tipo de len-guaje por el hecho de tener allí, en ese caso, un sesgo hipocon-driaco.
Es decir que, ya sea a través de una al-teración somática per-ceptible (signo), como sucede en la histeria, o a través de una sensación somática (síntoma), como es el caso de la hipo-condría, se habla con el órgano (o, también, como vere-mos luego, es el ór-gano el que habla).
Ya en el historial de Anna O. (Freud, 1895d *) surge la idea de que no solamente el discurso ver-bal puede tener como referen-tes a los órganos y sus funcio-nes, sino que los órga-nos mis-mos pue-den intervenir en la conversación ( mit-spre-chen).
El término mits-prechen, utilizado para de-signar al "... intere-sante y no in-deseado fenómeno" (Freud, 1895d *) por el cual un sín-toma, sen-sación, o perturba-ción somá-tica "res-ponde", "se entro-mete", "inter-viene", "participa" o "se mez-cla", en la conversa-ción, se repite varias veces en la obra de Freud (1895d *, 1896b *, 1918b *).
III - LA ZONA ERÓGENA COMO FUENTE, AGENTE Y OBJETO DE LA EX-PRESION LINGÜÍSTICA
En un ex-tenso y me-duloso párrafo del historial de Elisabeth von R., Freud (1895d *), al ocuparse de la simboliza-ción en la his-teria, analiza el uso de algunos giros lingüísticos como los que equiparan una injuria a una "bofetada" (pág. 191), una ofensa a una "espina en el corazón" (pág. 192) y el hecho de no po-der defen-derse de un ultraje con el tener que "tragarse algo" (pág. 193).
Sostiene entonces que jamás se nos hubiesen ocurrido tales giros lingüísticos para referirnos a determinados afectos, si no hubiéramos experimentado alguna vez, en ocasión de esos afectos, precisamente las sensaciones corporales a las cuales dichos gi-ros aluden.
En estos casos, señala Freud, la ex-presión lingüística nos pa-rece una trans-ferencia figu-ral, porque las sensaciones e inerva-ciones somá-ticas que acompañan a esas emociones, y las expresan, se ha-llan hoy de-bilitadas; aunque en su origen se-gún nos lo ha enseñado Darwin encon-traban su sentido en su adecuación a un fin.
A partir de este punto Freud afirma que la histeria "... acierta cuando restablece para sus inervaciones más in-tensas el sentido originario de la palabra", cuando "... vuelve a animar las sen-saciones a que la expresión lingüística debe su justificación" y concluye diciendo que el síntoma his-térico "... quizá no haya tomado al uso lingüístico como arque-tipo, sino que se alimenta junto con él de una fuente común" (pág. 193).
De modo que una misma fuente, que podemos identificar como la zona erógena, origen de la pulsión, alcanza por un lado a la conciencia como sensación somática, por ejemplo una dis-fagia, mientras que por el otro inviste las representacio-nes-palabra preconcientes que constituyen al giro idiomático o fi-gura lingüística, en este caso "tener que tragarse" un ul-traje.
Freud (1905d *) aclara que la erotización, siguiendo "las vías de la influencia recíproca" perturba a la función fisio-lógica que forma parte de la clave de inervación in-conciente (Freud, 1900a *) de un afecto normal.
En el caso que consi-deramos, ocurre sin embargo algo más: las inusuales inerva-ciones e in-hibiciones corporales que consti-tuyen los síntomas corporales de la his-teria, son la transpo-sición de un afecto normal que ha que-dado "estrangu-lado" por haberse desa-rrollado en una si-tuación patógena. "Cuando un cauce se divide en dos canales, se produ-cirá la congestión de uno de ellos tan pronto como la co-rriente tro-piece con un obstáculo en el otro (Freud, 1910a *, pág. 15).
Vale la pena aclarar aquí que, además de los dos caminos ya men-cionados (es decir, la sensación somática y la in-vestidura de las re-presentaciones preconcientes), existe un ter-cero por el cual la excitación se descarga de un modo to-talmente in-conciente, que modifica la estructura o la fun-ción del cuerpo. En este último caso sus efectos son a veces perci-bidos por los órganos de los sentidos, (o por sus prolon-gaciones instrumen-tales) como una alteración so-mática que no se acompaña de sen-sación alguna (Figs. 2-5).
Los tres derivados mencionados (percepción de una alteración so-mática, sensación somática y representación preconcien-te) me-diante los cuales la excita-ción emanada de la fuente pul-sional alcanza la conciencia, coinciden con lo que Freud des-cribe como las tres posibilida-des de generar ex-citación en la fuente: desde el mundo exte-rior, desde el interior del or-ganismo, y desde la vida aní-mica (Freud, 1905d *).
Esta coincidencia que "cierra un círculo" entre las direc-ciones "centrífuga" y "centrípeta" de la excitación nos lleva a repa-rar en que la teo-ría psicoanalítica de las zonas erógenas (que tuvo su origen en el concepto, preexistente, de zona histerógena) lleva im-plícita la idea de que la zona puede ser objeto, fuente y, además, agente de la excitación pulsional.
Por este motivo, cuando se habla del órgano (objeto), pero, más aún, cuando se habla con el órgano (agente), es el ór-gano (fuente) el que habla. En el terreno de los significa-dos primor-diales, ocurre que el deseo que "el sujeto" dirige ha-cia una boca (objeto), o el de-seo que expresa con la boca (agente), es un deseo oral que la boca (fuente) "hace" ex-presar al sujeto.
IV - EL LENGUAJE HIPOCONDRÍACO Y LAS METAS ESPECÍFICAS DE LAS DISTINTAS ZONAS ERÓGENAS
Si queremos comprender mejor por qué Freud equipara el len-guaje hipocondríaco con el lenguaje de órgano, debemos pro-fundizar un poco más en lo que plantea acerca de la hipocon-dría.
No sólo afirma que la "viabilidad del término hipocon-dría se perjudica por su referencia fija al síntoma del miedo a la en-fermedad" (Freud, 1895d *, pág. 266), sino también que "de-manda, como condi-ción pre-via, la existencia de parestesias y de sen-saciones cor-porales penosas" (Freud, 1895b *, pág. 93). Estas, y otras considera-ciones que veremos en-seguida, lo conducen a ubicar a la hi-pocondría en-tre las neuro-sis actuales (Freud, 1895b *; 1911c *; 1912f *; 1914c *; 1916-17*).
Freud sostiene repetidamente (1905d *; 1913j *; 1914c *; 1916-17*; 1923a *; 1924c *; 1933a *; 1940a *) que pueden funcionar como zonas eró-genas todos y cada uno de los órganos y que la ero-geneidad es una propiedad general de todos ellos, susceptible de aumen-tar o disminuir en una determinada parte del cuerpo.
En "Pul-siones y destinos de pulsión" (1915c *) afirmará tam-bién que a veces pueden in-ferirse con certeza las fuentes de la pul-sión a par-tir de sus metas.
Esa erogeneidad específica de determinadas estructu-ras y fun-ciones corporales, que aparece, cuando se incre-menta su in-tensidad, como una sensación somática, origi-nará, en su des-carga, el placer de órgano (Organlust) (Freud 1915c *; 1916-17*; 1933a *).
El placer de órgano, que es autoeró-tico, par-cial y prelimi-nar, suele aumentar la tensión li-bidinosa, por-que la zona corporal que es objeto de esa des-carga placentera se con-vierte, a su vez, en fuente de una nueva excitación.
La acumulación de la ten-sión que no logra su descarga confi-gura una "estasis libidinal" actual hipocondriaca (Freud 1914c *, pág. 81), que, como precondición de la neu-rosis, equivale a lo que en el histo-rial de Dora (1905e *, pág. 37) deno-minó solicitación somática.
Así, a partir de la actualidad de una erogeneidad especí-fica, nace la sensación somática que es condición para que se consti-tuya el sesgo hipocondriaco.
Ese sesgo es la partícula de hipocon-dría que, para decirlo con otras pa-labras de Freud, "no es excesivo imagi-nar" como parte consti-tutiva de cual-quier neurosis (1914c *, pág. 80).
Surge en este punto otra cuestión fundamental: A pesar de la divi-sión entre neurosis actuales y psiconeuro-sis, o entre lo que Freud denomina perturbaciones neuróticas y psicó-genas del ór-gano (1910i *), no puede sostenerse a la luz de sus propios con-ceptos acerca del lenguaje hipocon-driaco y por va-rias razones que actualidad y significación se excluyan recí-procamente:
1) Porque, de acuerdo con sus propias afirmaciones, existe una partícula de hipocondría, y con ella un compo-nente ac-tual, en cualquier psiconeurosis.
2) Porque, de acuerdo nuevamente con lo que dice Freud, la can-tidad de excitación que determina la actualidad se acom-paña siempre de una cualidad específica, es decir de una meta, fina-lidad, sentido o significado.
3) Porque en la expresión lenguaje hipocondriaco se com-promete, en un mismo concepto, la actualidad de la hi-pocondría con el significado del lenguaje.
La utilidad y la validez del concepto de actualidad es indis-cutible, ya que recorre, como pieza fundamen-tal, toda la te-oría psicoanalítica, desde la distinción entre necesidad y deseo hasta la que existe entre percepción y re-cuerdo, o entre signo y símbolo, pasando por la metapsicolo-gía del afecto y de la ac-ción eficaz (Fig. 6).
Si volvemos sobre la idea de que la percepción, la sensación y el recuerdo, constituyen los tres "orígenes" de los "conte-nidos" de la conciencia, parece oportuno distinguir:
1) La presencia "física", percibida, mediante los órganos sensoriales, como un "hecho" del mundo que viene del preté-rito.
2) La ac-tualidad "histórica", que surge como la sensación "anímica" de un acontecimiento que está oc urriendo en el cuerpo propio , o de un acto, en curso. de ese mismo cuerpo.
3) La representación "atemporal" de un recuerdo-deseo que ad-quiere la forma "espiritual" de un sentido, de una meta ideal y futura.
4) La ausencia física, que se constituye cuando no se per-cibe lo que se recuerda o desea.
5) La latencia histórica, que se constituye cuando lo re-presentado se vivencia como postergación o espera porque ca-rece de la sensación "somática" conciente que corres-ponde a un acontecimiento en curso .
6) La incoherencia de sentido, que se constituye cuando una sensación actual carece de finalidad o significado conciente.
V - EL CÓDIGO CON EL CUAL "EL ÓRGANO HABLA"
El análisis de las cuestiones planteadas por el lenguaje de ór-gano nos conduce al tema de la herencia arcaica. Freud se ocupó de la continuidad de la filogenia en la ontogenia, en diferentes contextos tales como el de los símbolos universa-les, (1900a *; 1916-17*), el de las fantasías primordia-les, (1916-17*; 1918b *), o el de la equivalencia entre la histe-ria, como afecto individual neo-formado, y el afecto como histeria general que se ha vuelto he-reditaria y contiene la reminis-cencia de un suceso filogenético (1926d *; 1933a *).
Hemos visto que las zonas erógenas originan pulsiones cuyas me-tas especí-ficas permiten deducir su fuente1. En otras pala-bras, la cualidad particular de una meta pul-sional posee una relación específica con una parte determinada de la estruc-tura y el funcionamiento del cuerpo.
Decir que una relación es específica implica afirmar que la vin-culación preferencial de uno de sus términos con el otro es universal, ya que es compartida por todos los or-ganismos seme-jantes.
Algunos cambios en la estructura y el funcionamiento de una parte del cuerpo constituyen el lenguaje de órgano, precisa-mente en función de esa universalidad que equivale a compar-tir un có-digo o sistema de signos2. De modo que el lenguaje de órgano es tan universal como los símbolos congé-nitos que se conservan en los mitos, en los sueños, en el arte, o en los usos de una len-gua.
Freud llega a hablar de un "modo de expresión antiguo, pero de-saparecido, del que en diversos ámbitos se conservan dife-rentes cosas", y lo asocia con la idea de Schreber de un len-guaje fun-damental que deja-ría, como restos perdurables, algu-nas re-ferencias simbólicas (1911c *).
En "El interés por el psicoanálisis" (1913j *) sostiene que lo inconciente habla más de un dialecto, retomando así una vez más la idea de un lenguaje que, utilizando los recur-sos de la figuración que es posible observar en los sueños (1900a *), expresa un significado por dife-rentes medios.
Cuando, con un modelo análogo al de la solici-tación somá-tica, señala la existencia de una solicita-ción lingüística (1901b *), aclara que esta solicita-ción no sólo posibilita la de-terminación del fenómeno que bus-camos inter-pretar (desliz en el habla o en la escritura), sino que marca sus límites.
A partir de ese punto, y de la idea de que el síntoma cor-poral "participa de la conversación", Weizsaecker (1956) construirá su concepto de dialecto de órgano.
Cada órgano, en la opinión de Weizsaecker (1956, pág. 210), participa "ha-blando" en el "con-junto de voces", pero lo que Freud (1900a *) llamaba "el mira-miento por la figurabilidad" (no se puede so-ñar con aquello que no puede "figurarse") sucede también en este caso. El ór-gano no puede tener mayor riqueza de vocabu-lario que la que su es-tructura y su función condi-cionan. Cada uno de ellos tiene su dialecto, su código lingüístico par-ticular y espe-cífico, for-mado por unos pocos vocablos que determinan su propia manera de hablar.
Sin embargo, si las únicas posibilidades fueran esas, el len-guaje de órgano sería demasiado pobre como para dar cuenta de la normal combinatoria de los significados propios de distin-tas zonas erógenas.
Pero recordemos que un afecto "estrangulado" puede descar-garse por la sobreinvestidura de alguna de las inerva-ciones singula-res que forman parte de su clave normal. Lo que de-vuelve la ri-queza significativa al có-digo, aparentemente torpe, de un dia-lecto de órgano, es pre-cisamente su ca-pacidad "latente" de evo-car, en el intér-prete, el signifi-cado de la clave que el proceso de-fensivo ha deformado. En lo incon-ciente del enfermo, el sín-toma que des-carga la investi-dura se ha erigido en re-presentante simbólico, transac-cional, de las emociones implicadas.
Freud (1915e *) dice que la meta genuina de la represión es la sofocación del desarrollo del afecto. El afecto cons-tituye, pues, la importancia del significado. De modo que el síntoma corporal, erigido en representante de un afecto conflic-tivo, no solamente "habla", sino que su significado es el que más nos "dice" (Fig. 7).
VI - LA SEGUNDA HIPÓTESIS FUNDAMENTAL DEL PSICOANÁLISIS
Cuando Freud, en los comienzos de su obra, (1900a*), defiende la tesis de que los sueños son interpretables, y señala que la cien-cia acuerda en considerar que "el sueño no es en abso-luto un acto anímico, sino un proceso somático que se anun-cia me-diante ciertos signos en el aparato psíquico".
En 1915 escribe "Justificación del concepto de lo incon-ciente" (1915e*, págs. 163-167), y aborda allí la cuestión de si es posible aceptar la existencia de una vida psíquica que no sea conciente.
Casi veinticinco años después retoma la misma discusión. Existe gene-ral acuerdo, dice Freud, en que los procesos con-cientes no for-man series cerradas, sin lagunas, por esto se adopta el supuesto de unos procesos físicos o somáticos, concomi-tantes de lo psí-quico, que forman series más comple-tas, ya que algu-nos de ellos tienen proces os concientes para-lelos y otros no (1940a *).
También señala Freud (1940a*) que la equiparación de lo psí-quico con lo conciente tuvo la desagradable consecuencia de que los proce-sos psíquicos quedaran arrancados de la co-nexión del suce-der universal.
Sin embargo, dice luego, "... era imposible dejar de ver [...] que los fe-nómenos psíquicos dependen en alto grado de in-fluencias cor-porales y que, a su vez, ejercen el mayor efecto sobre los procesos somáticos". "... los filósofos tu-vieron que aceptar [...] que existirían procesos orgánicos pa-ralelos a los psíqui-cos con-cientes, coordinados con estos de alguna ma-nera difí-cilmente ex-plicable [...] Mas esta solución fue siem-pre insa-tisfactoria" (1940b *, pág. 285).
Cuando Freud escribe esas palabras tiene ochenta y dos años y, tal como lo consigna Strachey, presentará, por última vez, sus ideas. En las pala-bras de Freud "su propósito [...] es reu-nir los principios del psicoanálisis [...] en los térmi-nos más inequívo-cos" (1940a *, pág. 139).
Expone, entonces, "la segunda hipótesis fundamental del psi-coanálisis": el psicoanálisis "declara que esos pro-cesos concomitantes presuntamente somáticos son lo psíquico genuino, y para ha-cerlo prescinde al comienzo de la cualidad de la concien-cia" (1940a *, pág. 156).
En otras palabras: la segunda hipótesis fundamental del psi-coanálisis afirma que, cuando lo psíquico inconciente se pre-senta a la conciencia privado del sentido que le otorga su inte-gración en una cadena de significados, constituye lo que, desde la psicología de la conciencia, se categoriza como proceso somá-tico. O también: llamamos somático a lo psíquico "genuino" cuando la significación que lo integra en una serie psíquica continua permanece inconciente.
Es difícil exagerar la importancia de esta hipótesis, porque no sólo nos demuestra que la interpretación de lo somático es el psicoanálisis, sino que revela una epistemología freu-diana generalmente latente y distinta de la que se mani-fiesta en muchos de los conceptos con los que teoriza sus descubrimien-tos.
El Freud de "La perturbación psicógena de la visión" (1910i *), o el que sostiene la existencia de un representante psíquico de la excitación somática, es un Freud muy dis-tinto al de la segunda hipótesis. En las dos primeras teorizacio-nes soma y psique son dos "realidades" que existen más allá de la con-ciencia, y en la última son categorías que la con-ciencia es-tablece en su contacto con "la cosa en sí". Esa "cosa en sí", en tanto incognoscible, no puede ser categori-zada, "en sí misma", como psíquica o como somática.
VII - EL LENGUAJE DE ÓRGANO EN LA SESIÓN PSICOANALÍTICA
En tanto el lenguaje de órgano posee un significado incon-ciente, constituye un material a interpretar durante una se-sión psicoanalítica.
Hemos visto ya que: se habla del órgano, se habla con el ór-gano, o es el órgano el que habla. Aunque el primer caso no constituye un lenguaje de órgano, lo lleva implícito, por-que, en la ocasión concreta de una sesión psicoanalítica, un pa-ciente habla de un órgano cuando ese órgano "le habla".
En el capítulo de la "Interpretación de los sueños" (Freud 1900a *) titulado "Sobre la psicología de los procesos oníri-cos" en un párrafo que sufrió varias correcciones, Freud opone la reali-dad psíquica a la realidad material. Se trata de una distin-ción fun-damental desde el comienzo de su obra, cuando surge el con-cepto de "signos de realidad objetiva" (1950a [1895]*), hasta sus últi-mos escri-tos (1940a *), donde esa dis-tinción apa-rece asociada con la idea de una "desmentida de las percep-ciones".
En "Comple-mento metapsicológico a la teoría de los sue-ños" (1917d *) se-ñala que la diferencia entre el modo de de-fenderse de los es-tímulos del mundo y el modo que se utiliza contra la excita-ción que proviene de las pulsiones, se cons-tituye en un signo distintivo de la realidad. Allí discri-mina, ade-más, en una nota al pie, entre "examen de la reali-dad" y "examen de la actu-alidad", aunque, lamentablemente, no vuelve a refe-rirse al tema (1917d *, pág. 231).
En el discurso verbal del pa-ciente podemos distinguir tres tipos de referentes. Puede hablar de las co-sas presentes, in-cluyendo entre ellas su cuerpo, que percibe en el mundo; puede hablar de sus sensaciones somáticas actua-les o, tam-bién, de la au-sencia de unas y otras, lo cual, en última ins-tancia, es ha-blar de representaciones. Cuando se trata de un órgano sus representaciones pueden recorrer una gama muy am-plia, que incluye tanto sus conocimien-tos acerca del ór-gano, como, por ejemplo, el relato de un sueño que se re-fiere a ese órgano.
Podemos decir que los tres refe-rentes básicos del discurso, son también los referentes bá-sicos de cualquier forma de len-guaje y, al mismo tiempo, el origen de todo lo que in-gresa a la concien-cia. Percepciones, sen-saciones y repre-sentaciones, se integran de un modo generalmente in-conciente para formar pensamientos, sen-timientos e intencio-nes.
Los representaciones concien-tes puras son ausencias y la-tencias, inves-tiduras de huellas mnémicas que alcanzan la con-ciencia por su ligadura con restos mnémicos de la per-cepción, entre los cua-les preponderan las representaciones-palabra.
Las sensaciones somáticas puras son descargas actuales que de-rivan de las claves inconcientes de iner-vación de los afec-tos y pueden alcanzar la con-ciencia, como ellos, sin necesi-dad de unirse con representaciones-palabra.
Las alteraciones corporales puras, es decir, que no se acompa-ñan de sensaciones somáti-cas asociadas, se producen cuando la descarga de las in-vestiduras pulsionales que alte-ran el funcio-namiento o la es-tructura del cuerpo se realiza de manera incon-ciente.
Las noticias de alteraciones en el mundo, y en el cuerpo, cuando llegan a través de los cinco sentidos, son presencias que de-penden del "recorte" que la atención impone a las percepcio-nes. Este recorte está determinado por representa-ciones que son in-vestiduras espe-cíficas de las pul-siones in-concientes.
Cuando eso no ocurre, porque la alteración no se percibe, pueden sin embargo llegar como una información adquirida en el mundo por intermediación de representaciones preconcien-tes. Tal puede ser el caso, por ejemplo, de la información ad-quirida como diagnós-tico médico (Figs. 8 y 9).
En ambas situaciones, cuando una alteración somá-tica pura al-canza la con-ciencia, lo hace bajo la forma de una percep-ción exterior.
Las alte-raciones somáticas puras (signos) y las sensacio-nes somáti-cas privadas de un signifi-cado afectivo (síntomas), son in-terpretadas, por el sujeto que las padece, como producto de una causa o influencia ajena.
En la sesión psicoanalítica los referentes básicos se mani-fiestan a través de cuatro vías:
1) El discurso verbal.
2) Otras formas de la percepción sensorial del analista, que le permi-ten descubrir signos tales como palidez, obe-sidad, humedad de la mano, etc.
3) El lenguaje no verbal, al cual pertenecen tanto las con-notaciones extrasistemáticas del lenguaje mismo, como el in-menso concierto de gestos, conductas y actitudes.
4) Los emergentes de la contratransferencia, la cual, en úl-tima instancia, constituye la verdadera usina en donde se ge-nera la atribución de significado.
VIII - EL LENGUAJE DE ÓRGANO EN LA TRANSFERENCIA-CONTRA-TRANSFE-RENCIA
Cuando describe por primera vez la transferencia, Freud (1895d *) su-braya su carácter de "enlace falso". El contenido del de-seo inconciente que, durante el tratamiento, se hizo con-ciente, quedó enlazado, por la compulsión a asociar, con la persona de Freud, de la cual era lícito que la paciente se ocupara.
Poco tiempo después (1900a *) afirma, en términos metapsi-cológicos, que la representación inconciente, incapaz de de-venir conciente, transfiere su intensidad sobre una re-presentación preconciente que la encubre y que adquiere así una importancia inmerecida. En el historial de Dora (1905e *) describe las dificultades creadas por "la substitución de una persona anterior por la persona del médico".
Hay una transferencia, pues, de "falso enlace", que se pro-duce, en un "presente atemporal", por el hecho de que la re-presentación preconciente del psicoanalista es, entre todas las demás, la única que, durante el transcurso de la sesión, posee los signos de realidad que permiten diferen-ciar la per-cepción del recuerdo (Fig. 10).
Hay, además, una neurosis de transferencia que contiene la historia de la relación con el analista, como entretejido de falsos enlaces y contactos "rea-les", ya que el analista tam-bién es, en alguna medida, un per-sonaje real en la vida real del paciente.
El analista de la neurosis de transferen-cia funciona, en la se-sión, de un modo análogo a como funcio-nan aquellos perso-najes del relato que son objeto de una transferencia intensa y actual, como por ejemplo, en el caso de Dora, el Sr K.
Dado que la intensidad relativa de la transferencia en estos dos personajes (el analista y el Sr K.) varía, uno cual-quiera de ellos puede, en el discurso del paciente, encubrir al otro.
Tanto la transferencia por falso enlace como la neurosis de transferencia, provienen, en lo esencial, de la transferen-cia de los complejos inconcientes infantiles reactivados por la regre-sión que el encuadre y la interpretación producen.
Es inevitable, sin embargo que, en condiciones normales, nuestro conocimiento de la realidad se obtenga mediante la transferen-cia de un significado extraído del conjunto de nuestras experien-cias pasadas.
Aunque ese significado puede evolucionar liberándose cada vez más de sus com-ponentes de compulsión a la repetición, sería in-adecuado ha-blar, en ese caso, de una transferencia neurótica inicial, ya que constituye, como instrumento del conocimiento, un procedi-miento normal. Es la transferencia que configura la alianza terapéutica con el psicoanalista y que interviene en el mante-nimiento de un encua-dre adecuado.
Las posibilidades que ofrece la contratransferencia como ins-trumento técnico fueron profunda-mente estu-diadas por Rac-ker (1958), aunque los antecedentes ya se en-cuentran en Freud, quien no sólo escribe (1912f *, pág. 115) "... lo in-conciente del médico se habi-lita para restablecer, desde los re-toños a él comuni-cados desde lo inconciente, esto inconciente mismo que ha determi-nado las ocurrencias del enfermo", sino que posteriormente (1916-17*) tam-bién legitima la utilización de las ocurrencias del psicoana-lista precisa-mente en los casos en que el paciente nada asocia frente a determinados elementos del sueño.
Desde el punto de vista metapsicoló-gico la contratransferen-cia es una transfe-rencia y, por lo tanto, valen para ella las considera-ciones que, acerca de la transferencia, reali-zamos. Nos encontramos, pues, con una contratransferencia "falso en-lace", una neurosis de contratranferencia y una contratranfe-rencia que es un instrumento, en el psicoana-lista, que le permite interpre-tar lo inconciente reprimido en el paciente.
El mérito de Racker consiste en haber demostrado que tam-bién las dos primeras formas de contratransferencia pueden ser con-vertidas en un instrumento técnico mediante una labor adecuada.
En cuanto a la manera en que el lenguaje de órgano se mani-fiesta en la transferencia-contratransferencia podemos decir lo siguiente:
1) Las representaciones concientes puras, que son ausen-cias, tienden a transferirse sobre los personajes del re-lato del pa-ciente, entre los cuales se cuenta el analista objeto de la neu-rosis de transferencia.
2) Las sensaciones somáticas, por su carácter de actuali-dad, tienden a transferirse, en el presente atemporal de la se-sión, como un falso enlace con el objeto "que está allí", ex-citando los signos de realidad.
3) La enfermedad somática pura, privada de sensa-ciones so-máticas, se constituye de acuerdo con el principio de que aquello rechazado y proyectado sobre el mundo retorna como percepción exterior (Freud, 1896b *; 1918b *). Se mani-fiesta pues, como una alte-ración obje-tiva (signos) que el paciente percibe o ignora. Por este motivo la enferme-dad somática tiende a pre-sentarse en la transferencia-contratransferencia como una al-teración del encua-dre, como una distorsión partic-ular y espe-cífica de la alianza terapéutica y del contacto con el ana-lista "real".
Tanto en el caso de los síntomas (sensaciones) como en el de los signos (percepciones), para que el órgano "hable", es ne-cesario que el psicoanalista pueda "contraparticipar en la conversación" a partir de la conciencia de su contratrans-ferencia, teñida con la especificidad que cada uno de los ór-ganos, y cada uno de los trastornos le impone.
En el caso de las sensaciones somáticas su tarea se acerca más a los postulados de la técnica habitual, pero cuando se trata de alteraciones somáticas "puras", de-berá re-currir (de manera aná-loga a lo que sucede en la situación planteada por los símbo-los uni-versales en el fenómeno oní-rico) a su cono-cimiento de las "fantasías de órgano".
Sin embargo, durante el ejercicio cotidiano de su práctica clí-nica, deberá conformarse, la mayoría de las veces, con limi-tar su interpretación al te-rreno de las resig-nifi-ca-cio-nes se-cundarias que revisten a ta-les fantasías.
IX - RESUMEN
El término alemán Sprache, lo mismo que su equivalente in-glés, speech, condensa los significados de "código" y "ha-bla", incluidos en el vocablo castellano lenguaje y en sus equivalentes francés e italiano. Con la palabra código alu-dimos a un sis-tema de signos que pueden, o no, ser verba-les, y con el término habla nos referimos al acto particu-lar me-diante el cual se ejerce ese sistema.
La expresión Organsprache es utilizada por Freud, por única vez, en su trabajo de 1915e * acerca de lo inconciente. Allí se-ñala que el dicho esqui-zofrénico deviene lenguaje de ór-gano porque ad-quiere (por obra de una sensación somática) un "sesgo hipocondriaco".
El término Organsprache alude, por lo tanto, inequívoca-mente, a una clase particular de sprache, o lenguaje, aquel que se ejerce con los órganos o, también, aquel que los ór-ganos ejercen.
Los órganos pueden, entonces, como los "síntomas" histéri-cos, (Freud, 1895d *, 1896b *, 1918b *) "intervenir en la conversa-ción" (mitsprechen), mediante los síntomas y signos que de-rivan de sus alteraciones.
Freud (1895d *) señala que la histeria restablece, para sus iner-vaciones más intensas, el sentido origina rio de la pala-bra, cuando vuelve a animar aquellas sensaciones somáti-cas a las cuales debe su justificación la expresión lingüística3, y con-cluye afirmando que el síntoma histérico quizás no haya to-mado al uso lingüístico como arquetipo, sino que se ali-menta junto con él de una fuente común.
Sostiene (1905d *, 1915a *) que pueden funcionar como zo-nas erógenas "todos y cada uno de los órganos"4, es decir no sólo la piel y las mucosas, sino también los órganos inter-nos, y que el examen de las metas de la pulsión nos permite deducir su fuente. Pode-mos deducir entonces que la fuente común a la cual alude el pár-rafo anterior, es, en la teoría psicoanalítica, una zona eró-gena.
La excitación, cualitativamente diferenciada, que deriva de esa zona erógena posee la capacidad de alcanzar la concien-cia como sensaciones somáticas particulares y determinadas (dis-fagia, por ejemplo) o como investiduras específicas de las representacio-nes-palabra preconcientes que constituyen al giro lingüístico (en el ejemplo citado: "tener que tra-garse" un ultraje).
Notas
(1) Freud (1915c * afirma que "... aunque para la pulsión lo absolutamente decisivo es su origen en la fuente somática, dentro de la vida anímica no nos es conocida de otro modo que por sus metas. [...] Muchas veces puede inferirse retrospectivamente con certeza las fuentes de la pulsión a partir de sus metas" (pág. 119).
(2) Uno de los ejemplos más comunes de estas relaciones es la que existe entre sonrojarse y la vergüenza, que está orgánicamente determinada y por lo tanto es universalmente compartida.
(3) "Al tomar literalmente la expresión lingüística, al sentir "la espina en el corazón" o la "bofetada" a raíz de un apóstrofe hiriente como un episodio real, ella no incurre en abuso de ingenio (witzig), sino que vuelve a animar sensaciones a que la expresión lingüística debe su justificación. ¿Cómo habríamos dado en decir, respecto del afrentado, que "eso le clavó una espina en el corazón", si la afrenta no fuese acompañada de hecho por una sensación precordial interpretable de ese modo, y se la reconociera en ésta? ¿Y no es de todo punto verosímil que el giro "tragarse algo", aplicado a un ultraje al que no se replica, se deba de hecho a las sensaciones de inervación que sobrevienen en la garganta cuando uno se deniega el decir, se impide la reacción frente al ultraje? Todas estas sensaciones e inervaciones pertenecen a la "expresión de las emociones", que, como nos lo ha enseñado Darwin (1872) consiste en operaciones en su origen provistas de sentido y acordes a un fin; por más que hoy se encuentren en la mayoría de los casos debilitadas a punto tal que su expresión lingüística nos parezca una transferencia figural, es harto probable que todo eso se entendiera antaño literalmente, y la histeria acierta cuando restablece para sus inervaciones más intensas el sentido originario de la palabra. Y hasta puede ser incorrecto decir que se crea esas sensaciones mediante simbolización; quizá no haya tomado al uso lingüístico como arquetipo sino que se alimenta junto con él de una fuente común" (Freud 1895d *, pág. 193).
(4) "...al parecer, pueden actuar en calidad de [zonas erógenas] todo lugar de la piel y cualquier órgano de los sentidos (y probablemente cualquier órgano); no obstante, existen ciertas zonas erógenas privilegiadas cuya excitación estaría asegurada desde el comienzo por ciertos dispositivos orgánicos. Además, se genera una excitación sexual, por así decir como producto secundario, a raíz de una gran serie de procesos que tienen lugar en el organismo tan pronto alcanzan cierta intensidad..." (Freud, 1905d *, pág. 212).