INTRODUCCION
C. Brutti, G. Maffei, R. Parlani
Quaderni retoma el discurso sobre la "cuestión psicosomá-tica" con un material que juzgamos especialmente valioso para orientarnos sobre el estado actual de ese debate en el área psi-coanalítica.
La reactualización del concepto de organsprache, formu-lado, como es sabido, una sola vez por Freud, cuando en su metap-sicología se refiere al lenguaje hipocondríaco de una pa-ciente de Tausk, nos ha dado ocasión para profundi-zar en el tema.
Luis Chiozza y André Green nos han guiado en esa reactualización. A pesar de la diversidad de sus respectivos puntos de vista, el empeño hermenéutico de ambos alcanza, como el lector podrá compro-bar, un nivel muy alto.
Si hubiera sido todavía necesario, el encendido debate que protagonizaron hubiera bastado para hacernos comprender, una vez más, que la obra freudiana no puede ser considerada un corpus doctrinario sistemático, sino, por el contrario, un verdadero working thought del fundador del psicoanálisis a lo largo de un arco de más de medio siglo. Si tal caracte-rística revela la cre-atividad de la obra freudiana, es tam-bién cierto que se ha prestado, y todavía se presta, para una tarea de excavación que, desarrollándose en diferentes direcciones, lleva inevitablemente a un conflicto de inter-pretaciones. Por esta razón se han dado configuraciones del psicoanálisis tan diferenciadas como para hacer surgir la cuestión de si, a cincuenta años de la muerte de Freud, se puede hablar todavía de uno o de más de un psicoanáli-sis. Esta cuestión, como sabemos, constituyó el centro del XXXV Con-greso de Psicoanálisis en Montreal, en 1987, en el cual estu-vieron representadas las posiciones de aquellos que conside-ran que existe un campo psicoanalítico dentro del cual pue-den ser encuadradas las diversas orientaciones, tanto como las de quienes acentúan los rasgos distintivos entre las distintas escue-las y consideran que diferentes vértices constitu-yen, de hecho, difer-entes campos de estu-dio.
Esta misma problemática puede ser reencontrada también en el in-terior de un sector específico, como lo es el de la lla-mada psi-cosomática, terreno en el cual los modelos te-óricos, aún refir-iéndose, casi todos, a descubrimientos psi-coanalíticos, están, sin embargo, muy diferenciados. Chiozza y Green no han tomado posición acerca de la mayor o menor pertenencia del modelo del otro al campo psicoanalítico, pero es cierto que, como el lector podrá constatar, se mueven en posiciones dificilmente concili-ables. A partir de esta cons-tatación de diferencias obtenemos puntos de partida para algunas consideraciones generales.
La primera consideración se refiere a la idea de que toda gran obra de pensamiento y la obra de Freud se encuentra entre el-las esconde un impensado que legitima la investiga-ción orien-tada hacia su explicitación.
En esta perspectiva cada desarrollo del pensamiento freu-diano no puede surgir más que de un trabajo del texto y de un trabajo so-bre el texto. Un trabajo del texto en el sen-tido de que es la misma escritura freudiana la que inspira trayectos y aperturas inéditas que, latentes en la obra del maestro, cada discípulo puede explorar, hacer emerger y lle-var hacia la congruencia. Un trabajo sobre el texto en el sentido de una investigación de correspondencias y reenvíos que deben ser retrazados en la obra de Freud como para lle-gar, sin torsiones indebidas de su pen-samiento, a reconstrucciones que iluminen los aspectos escondi-dos.
El trabajodel texto y el trabajosobre el texto no pueden ser escindidos entre sí. En este sentido, tanto Chiozza como Green dan una demostración fascinante de la integración de estos dos aspectos. Su pensamiento, de hecho, aparece ya sea como trabajado, excavado, provocado por el texto de Freud, ya sea como continuamente trabajador, excavador y provo-cante. Y es muy interesante observar cómo su texto es, en comparación con el de Freud, a un mismo tiempo tan contempo-ráneo de él y tan nuevo.
La segunda consideración se refiere a la dificultad que en-contramos cada vez que comparamos dos desarrollos del pen-samiento freudiano, relativos a la misma temática. En estos ca-sos cada posición podría arrogarse la pretensión de estar más cerca que la otra de la "verdad" de Freud. Frente a se-mejantes escollos es fácil deslizarse en el "complejo" de la ortodoxia que, mientras sacraliza un texto, nos autoriza a considerarnos, al mismo tiempo, sus únicos y verdaderos in-térpretes.
Para evitar subrayar las antiguas diatribas teológicas sobre la interpretación verdadera de las escrituras, debemos reco-nocer entonces que cada construcción de pensamiento, por más extraordinaria que sea, es, sin embargo, sólo un momento del incesante camino de la mente en la investigación de la ver-dad, y que el esfuerzo de profundización que esa construc-ción representa, no puede ser legitimado y sostenido más que por una intención de verdad.
Si se acepta que todo texto es interpretativo, es decir que no constituye una verdad sino que reenvía, hasta el infinito, hacia otros textos (así como no puede alcanzarse el ombligo de un sueño tampoco puede alcanzarse el de un texto), la or-todoxia, entonces, no puede ser más que una ética de la res-ponsabilidad que quien escribe debe asumir tanto con res-pecto a la pater-nidad como con respecto a las motivaciones de la propia traduc-ción. Existe una ortodoxia que consiste en el respeto hacia el método y que es más im-portante que una ortodoxia referida al contenido aparente de una obra. Se es freudiano, kleiniano, junguiano, o laca-niano, especialmente si se aceptan de Freud, Klein, Jung, o Lacan, sus fidelidades a puntos de vista capaces de trabajar y hacer más transparente lo ignoto que nos cir-cunda. Que-remos decir, en síntesis, que el esfuerzo por de-mostrar, por ejemplo, que se es muy ortodoxamente freudiano, como para serlo más aún que Freud, es completamente estéril.
La tercera consideración consiste en que los desarrollos de una temática (relativa a lo "somático", por ejemplo) a par-tir de ciertos presupuestos freudianos, no podrá dejar de encontrarse con los desarrollos de la misma temática que to-man su impulso de otros presupuestos freudianos distintos de los primeros. El texto freudiano, en tanto legitima ambos trayectos, no podrá constituir el lugar de su encuentro.
La comparación de dos textos diferentes no es, entonces, perseguida a los fines de recomponer una unidad de pensa-miento (que no existe ya, desde el comienzo), ni para defi-nir una orto-doxia a cuya luz juzgar cada desviación, porque todo eso sería sólo expresión de aquella "región armada" que presume de poseer la verdad a la cual todos los otros deben convertirse. (Que tal "región armada" sea la prerrogativa de un ente singular, de un grupo de estudiosos, o de una so-ciedad científica, no cambia el problema.)
La comparación, por el contrario, se busca a partir del con-vencimiento de que existe un "pluralismo de la verdad" y que toda toma de posición es resguardada con la actitud de quien reconoce que es una formulación de aquella única ver-dad que, por otro lado, no podrá nunca contener completa-mente. Es, en defini-tiva, lo que justifica el diálogo que es creativo si se funda sobre el presupuesto que también la po-sición de un interlocutor que no concuerda con mi tesis, contiene una vislumbre de verdad que no puedo dejar de tener en cuenta para ampliar mi propio horizonte.
Y no se trata tanto de vislumbres de verdad que pasan del uno al otro, cuanto de vértices que pueden transformar la realidad de modos diferentes a los que son posibles a partir de otros vér-tices. La moderna epistemología nos enseña hoy, parece que definitivamente, que no se puede esperar alcanzar una verdad de esencia. Nos enseña también, sin em-bargo, que es éticamente necesario, justamente por eso, no renun-ciar a considerar los varios puntos de vista en relación con las transformaciones que están implícitas.
Queremos, en este punto, intentar una aplicación, de cuanto hemos dicho hasta aquí, al seminario sobre Organsprache. Nos ha parecido que cada uno de los dos autores no podía menos que ex-poner, como lo ha hecho, sus propias tesis a las cuales ar-ribará, como es bien sabido, luego de una rigu-rosa investigación que ha durado toda una vida. Hemos sido todos testigos de la pasión con la cual han defendido sus respectivas posiciones. Por la necesidad de conservar la co-herencia interna de su propio pensamiento, no podían, en el tiempo del que se disponía en el Seminario, hacer un lugar para las opiniones del otro ni entrar en un diálogo trans-formador que es, en definitiva, el objetivo de toda au-téntica investigación.
¿Debemos concluir, entonces, en que se trata de un diálogo entre sordos? No nos parece que pueda desembocarse en una conclusión de ese género. Nos parece que el encuentro de Roma podrá ser contemplado como una etapa de acercamiento preli-minar en la cual se han declarado tesis contrapuestas y sus justificaciones teóricas.
Así, a la manera de las disputas de la escolástica medieval, donde antes de cada debate se explicitaba el significado que cada interlocutor otorgaba a ciertos términos y a determina-dos conceptos, las comunicaciones de Chiozza y de Green de-ben con-siderarse como la precisión de dos puntos de partida en lo que respecta a la llamada psicosomática y, más exacta-mente, en lo que respecta al problema de que un órgano "hable".
Es necesario, ahora, proseguir en el camino. Al auspiciar que esa tarea, aunque plagada de dificultades, pueda real-mente con-tinuar, renovamos el empeño de Quaderni para cons-tituir un lu-gar de confrontación, de diálogo y, eventual-mente, de síntesis fecunda.