Dr. Luis Chiozza
CAP. X
INTEGRACION DEL MATERIAL CLINICO EN UNA ESTRUCTURA TEORICA
La inhibición del incesto
Freud descubrió la existencia de las fantasías incestuosas inconcientes, ya "presentidas" en otras manifestaciones de la cultura, por ejemplo en el drama de Sófocles. En una carta a Fliess fechada el 15 de octubre de 1897, hace la primera referencia de la cual tenemos noticias acerca del posteriormente llamado complejo de Edipo. Expresa que "cada uno de los espectadores fue una vez, en germen, y en su fantasía, un Edipo semejante, y ante la realización onírica trasladada aquí a la realidad, todos retrocedemos horrorizados, dominados por el pleno impacto de toda la represión que separa nuestro estado infantil de nuestro estado actual" (Freud, S., 1950a [1887-1902], t. III, pág. 785). Tales fantasías son reprimidas porque la omnipotencia de las ideas brinda a la "mera" fantasía el carácter de un acto consumado materialmente.
Posteriormente, en 1900, cuando escribe La interpretación de los sueños, incluye este concepto que el ínterin ha ido tomando cuerpo en su mente y lo desarrolla, limitándose en esta obra a señalar el hecho de su existencia, sin intentar explicar los factores que lo determinan. Nuevamente menciona el horror que inspira la percepción de estos deseos infantiles (Freud, S., 1900a [1899]).
En 1905, en Una teoría sexual, postula lo que podemos considerar ya una exposición de los motivos que determinan la fijación infantil incestuosa. Expresa que "cuando la primitiva satisfacción sexual estaba aún ligada con la absorción de alimentos, el instinto sexual tenía en el pecho materno un objeto sexual exterior al cuerpo del niño" (Freud, S., 1905d, t I, pág. 812). Aquí también utiliza la palabra horror para referirse a los sentimientos que provoca tal elección del objeto sexual.
Ya en su carta a Fliess había expresado Freud que la causa de tal horror debía encontrarse en la circunstancia de que la represión separa nuestro estado infantil de nuestro estado actual. Los motivos que inducen a la represión no son fáciles de comprender. En Una teoría sexual ensaya una primera explicación con las siguientes palabras: "El respeto de estos límites es, ante todo, una exigencia civilizadora de la sociedad, que tiene que defenderse de la concentración, en la familia, de intereses que le son necesarios para la constitución de unidades sociales más elevadas, y actúa, por lo tanto, en todos, y especialmente en el adolescente, para desatar o aflojar los lazos contraídos en la niñez con la familia" (Freud, S., 1905d, t. I, pág. 814).
Esta explicación de la inhibición del incesto era claramente insuficiente, y en las posteriores ediciones, luego de la publicación de Tótem y tabú (1912-1913) y de El trauma del nacimiento de Rank (1929), Freud le agregó dos notas intentando completarla. En la primera de ellas aclara que: "La inhibición del incesto cuenta entre las adquisiciones éticas realizadas por la humanidad en el curso de su evolución, y probablemente aparece ya establecida en muchos individuos por la fuerza de la herencia orgánica, como tantos otros tabúes morales" (Freud, S., 1905d, t I, pág. 814). En la segunda de ellas expresa: "... ha referido Rank la adherencia libidinosa a la madre a la prehistoria embrional, señalando así el fundamento biológico del complejo de Edipo. Apartándose de las opiniones antes expuestas por nosotros, deriva la inhibición del incesto de la impresión traumática del nacimiento" (Freud, S., 1905d, t. I, pág. 815).
Arnaldo Rascovsky y Abadi han enriquecido esta línea de investigación. Aportando nuevos elementos, entre los cuales se destaca el carácter filicida de la madre, nos inducen a pensar que el horror al incesto encubre el contenido siniestro y terrorífico del retorno al vientre materno, reviviendo el trauma del nacimiento, retorno a un mismo tiempo deseado y temido.
En Tótem y tabú Freud dedica un apartado el horror al incesto, horror para el cual utiliza también el nombre de fobia. Rechaza la tesis que postula la existencia de un horror innato al incesto, tesis que se basa en una afirmación no comprobada acerca de que los matrimonios cosanguíneos son perjudiciales para la descendencia. Argumenta para esto, tomando una cita de Frazer, que: "Lo que la naturaleza misma prohibe y castiga no tiene necesidad de ser prohibido y castigado por la ley" (Freud, S., 1912-1913, t. II, pág. 578). Luego critica sus mismas postulaciones anteriores acerca de que la inhibición del incesto es una adquisición cultural brindada por la civilización aduciendo que los pueblos primitivos muestran hoy una mayor fobia al incesto que nuestra sociedad (Freud, S., 1912-1913).
La inhibición del acto es un hecho comprobado dentro de todas las culturas (Levi-Strauss, C., 1969), su explicación teórica ha sido siempre dificultosa: "... cuando creíamos poder elegir, también para la explicación de la fobia al incesto, entre causas sociológicas, biológicas y psicológicas, nos vemos obligados, a fin de cuentas, a suscribir la resignada confesión de Frazer: 'Ignoramos el origen de la fobia al incesto y no sabemos siquiera en qué dirección debemos buscarlo. Ninguna de las soluciones propuestas hasta ahora nos parece satisfactoria' " (Freud, S., 1912-1913, t. II, pág. 579).
No obstante la afirmación anterior, Freud intenta una nueva respuesta, recurriendo para ésta a una reconstrucción, más o menos hipotética, de las formas de convivencia en las sociedades primitivas. Supone entonces que el tabú del incesto es el heredero del parricidio primitivo y queda establecido por la horda fraterna como una manera de asegurar la convivencia a través del evitar que se constituya un nuevo padre, que queda así sustituido por el tótem.
Más tarde, en El yo y el ello (1923b) y en El final del complejo de Edipo (1924d), Freud realiza algunas otras consideraciones acerca de la constitución del superyó que pueden enriquecer la comprensión de este tema y que retomaremos más adelante. Señalaremos ahora sin embargo que, en términos generales, el superyó aparece en estos trabajos como heredero, como consecuencia de la inhibición del complejo de Edipo y no puede por lo tanto ser interpretado como la causa primera de esta inhibición que permanece así inexplicada. En la última de las obras citadas, Freud (1924d) expresa que tal vez la frustración termina por hacer desaparecer el complejo de Edipo. O que quizás éste desaparezca porque está en su esencia el ser una etapa de la evolución que debe desaparecer, tal como ocurre por ejemplo con los dientes de leche.
Una explicación basada en la internalización de factores sociodinámicos no aclara por qué en el hombre y sólo en él se internalizan tales factores; sobre ellos se afirma, por otro lado, que han surgido, como la sociedad misma y la cultura (Levi-Strauss, C., 1969), precisamente en torno de la inhibición del incesto.
Recorriendo el camino de la teoría mediante la cual Freud delineó la estructura del llamado complejo de Edipo (Chiozza, L., 1070i [1967-1969]), desembocamos pues en un interrogante similar al que nos planteamos frente al historial de Mary: ¿cuál es el motivo "primario" que conduce a la inhibición del incesto y determina en cada hombre "de nuevo", "más allá" de la internalización actual de las normas sociales, el pasaje de la naturaleza a la cultura?.
El aporte de diferentes autores y otras ideas del mismo Freud permiten arrojar una nueva luz sobre este interrogante.
Melanie Klein, prosiguiendo las investigaciones de Freud, expresa en El psicoanálisis de niños: "... no solamente serían las tendencias incestuosas las que darían lugar primero al sentimiento de culpa, sino que el temor del incesto mismo se derivaría de impulsos destructivos que han entrado en relación permanente con los más tempranos deseos incestuosos del niño" (Klein, M., 1932, t. I, pág. 262). En una nota al pie aclara que en un trabajo anterior sostuvo que "sólo en los últimos estadios del conflicto de Edipo hace su aparición la defensa contra los impulsos libidinosos; en los primeros períodos la defensa se dirige contra los impulsos destructivos ligados a ellos" (Klein, M., 1932, t. I, pág. 262).
Vemos así cómo para Klein la inhibición del incesto surge como resultado de la ambivalencia y justo en el momento en que para la misma autora hace su aparición el complejo de Edipo, es decir, cuando la entrada en la posición depresiva y la relación con los objetos orales transforma la ambivalencia en ansiedad y provoca el pasaje del pecho al pene en un intento de preservar al objeto ambivalente valorado. Klein expresa categóricamente que: "... son principalmente los impulsos de odio los que ocasionan el conflicto de Edipo y la formación del superyó y los que gobiernan los más tempranos y decisivos estadios de ambos" (Klein, M., 1932, t. I, pág. 262). Aquí la misma Klein cita lo afirmado por Freud (1915c) en Los instintos y sus destinos, cuando expresa que en la relación del yo narcisista con el mundo externo, el odio precede al amor.
Los conceptos de la autora citada parecen por fin encarar la comprensión psicodinámica primaria de la inhibición del incesto, ya que las anteriores aportaciones de Freud nos ofrecían una explicación de los motivos basada en la internalización de factores sociodinámicos y en la repetición de una característica psicobiológica. (Estos conceptos kleinianos se integran con las postulaciones de Rank, Rascovsky y Abadi, quienes subrayan la importancia de las precoces experiencias, ligadas a la vida intrauterina, como fuente del horror al incesto).
Sólo este nuevo enfoque, psicodinámico de las tendencias incestuosas podía haber llevado a Klein a escribir las siguientes palabras:
Como he puntualizado más de una vez en estas páginas, la existencia de relaciones sexuales entre niños durante su vida temprana, especialmente entre hermanos y hermanas, es un hecho muy común. Los deseos libidinosos de los niños pequeños, intensificados como están por sus frustraciones edípicas, junto con la ansiedad que emana de sus más profundas situaciones de peligro, los impulsan a realizar actividades sexuales desde que, como he tratado de demostrar en el capítulo presente, no sólo gratifican su libido, sino que los capacitan para obtener refutaciones a los diferentes miedos en relación con el acto sexual. He encontrado repetidas veces que si tales objetos sexuales han actuado además como figuras "bondadosas", las primeras relaciones sexuales de esta naturaleza ejercen una influencia favorable sobre las relaciones de la niña con sus objetos y sobre sus futuras relaciones sexuales. Donde un miedo excesivo a ambos padres, junto con ciertos factores externos, hubiera producido una situación edípica perjudicial para su actitud hacia el sexo opuesto y le hubiera impedido el mantenimiento de su posición femenina y de su capacidad para amar, el hecho de que ella haya tenido relaciones sexuales con un hermano o hermana sustituto en su primera infancia, y el que ese hermano, además le haya demostrado afecto real y haya sido su protector, la ha provisto de una base para una posición heterosexual y ha desarrollado su capacidad de amor. Tengo uno o dos casos en los que la niña ha tenido dos tipos de objeto de amor: uno representaba al padre severo y el otro al hermano bondadoso. En otros casos desarrollaba una imago que era la combinación de los tipos: y aquí también sus relaciones con su hermano habían disminuido su masoquismo. Sirviendo como prueba, basada en la realidad de la existencia del pene bueno, las relaciones de la niña con su hermano fortificaron su creencia en el pene introyectado bueno y moderaron su miedo a los objetos introyectados malos. Ellas también la ayudaron a dominar su ansiedad en este sentido, desde que al realizar actos sexuales con otro niño, adquirió el sentimiento de estar ligada a él contra sus padres. Sus relaciones sexuales hicieron a los dos niños cómplices de un crimen, reviviendo en ellos fantasías de masturbación sádica que se dirigían originariamente contra su padre y madre, y permitiendo que las tolerasen juntos.
Al compartir así esa profunda culpa, cada niño se siente aliviado de algo de su peso y está menos asustado, porque cree que tiene un aliado contra sus objetos temibles. Según lo que he visto, la existencia de una complicidad secreta de esta naturaleza, que en mi opinión desempeña una parte esencial en toda relación de amor, aun en personas mayores, es de especial importancia en las ligaduras sexuales donde el individuo es paranoide.
La niña también considera su ligadura sexual con otro niño, que representa el objeto bueno, como una refutación, por medio de la realidad, de su miedo a su propia sexualidad y a su objeto como algo destructivo, de modo que una ligadura de esta clase puede impedir que se haga frígida o que sucumba de otro trastorno sexual en la vida posterior.
Luego añade la misma autora:
Sin embargo, aunque, como hemos visto, las experiencias de esta índole pueden tener un efecto favorable sobre la vida sexual de la niña y sus relaciones de objeto, pueden también conducir a serios trastornos en este terreno. Si sus relaciones sexuales con otro niño sirven para confirmar sus miedos más profundos -ya sea porque su pareja es demasiado sádica o porque la realización del acto sexual hace surgir aún más ansiedad y culpa en ella a causa de su propio sadismo excesivo-, su creencia en la maldad de sus objetos introyectados y de su propio ello serán más fuertes aún, su superyó será más severo que nunca, y, como resultado, su neurosis y todos los defectos de su desarrollo sexual y caracterológico serán mayores (Klein, M., 1932, t. I, pág. 345-346).
Encontramos precisamente en Tótem y tabú algunos conceptos que contienen el germen de la concepción que desarrolló Klein apoyándose en la postulación de los instintos de muerte.
En primer lugar Freud señala la permanente relación del tabú con la ambivalencia, y a pesar de que en esta época la ambivalencia no era conceptualizada como dependiente del instinto de muerte, aquello que más tarde Klein consideró como ansiedad depresiva y paranoide frente al objeto, aparece aquí delineado con bastante claridad en forma de sentimientos de culpa y temores taliónicos que sustentan el mantenimiento del tabú.
Más importantes aún para el tema que nos ocupa son las siguientes palabras de Freud: "Las personas y las cosas tabú pueden ser comparadas a objetos que han recibido una carga eléctrica; constituyen la sede de una terrible fuerza que se comunica por el contacto y cuya descarga trae consigo las más desastrosas consecuencias cuando el organismo que la provoca no es suficientemente fuerte para resistirla. Por tanto, las consecuencias de la violación de un tabú no dependen tan sólo de la intensidad de la fuerza mágica inherente al objeto tabú, sino también de la intensidad del maná que en el impío se opone a esta fuerza" (Freud, S., 1912-1913, t. II, pág. 521-522). Luego expresa: "... el peligro sería directamente proporcional a la diferencia de tales cargas. Lo más singular de todo esto es que aquellos que tienen la desgracia de violar una de tales prohibiciones se convierten, a su vez, en prohibidos e interdictos, como si hubieran recibido la totalidad de la carga peligrosa" (Freud, S., 1912-1913, t. II, pág. 522).
Estos conceptos de Freud acerca del "maná" pueden ser integrados con sus afirmaciones vertidas en El yo y el ello (1923b), cuando manifiesta que la debilidad del yo incipiente le impide mantenerse unido frente a las primeras identificaciones. El superyó se forma así, en primer lugar, mediante este mecanismo, y se constituye en heredero del complejo de Edipo. El "maná" sería pues la característica de estos objetos de las primeras identificaciones.
Subrayamos que, en la opinión de Freud (1923b), las identificaciones primarias ocurren con ambos padres de la prehistoria personal y son directas, inmediatas y anteriores a toda catexis del objeto externo.
Encontramos en la identificación primaria una base para lo que Klein conceptualizó como:
a) formación del superyó temprano y Edipo temprano a partir de los conceptos de instinto de muerte,
b) incapacidad del yo precoz para tolerar la ansiedad sin recurrir a la disociación y
c) internalización del pecho.
El superyó precoz ha quedado fuertemente impregnado por elementos instintivos cuyo carácter libidinoso o tanático, de acuerdo con las consideraciones apuntadas acerca del "maná", depende de la capacidad que posea el yo para descargar adecuadamente las magnitudes de la excitación. Se comprende que se haya constituido así, tal como lo afirma Freud (1923b), en el representante del ello ante el yo.
Klein (1932) sostiene que la necesidad de preservar los objetos originales de los impulsos destructivos ligados a los deseos incestuosos precoces, determina la inhibición del incesto. Esta postulación implica una conciencia precoz del daño que puede sufrir ese objeto. Racker (1957a) nos permite avanzar un paso más cuando afirma que la conciencia del daño provocado proviene de la vivencia depresiva primaria de haber experimentado el dolor de ese mismo tipo de daño ya realizado en el yo.
Rank -de acuerdo con lo señalado por Freud (1905d)-, M. y A. Rascovsky (1967) y Abadi (1960) subrayan la importancia de las precoces experiencias, ligadas al trauma de nacimiento y a la vida intrauterina, como fuentes del horror al incesto.
Apoyándonos en las consideraciones anteriores podemos sostener que el temor al incesto y su consiguiente inhibición surgen no sólo como consecuencia de una necesidad depresiva de preservar a los objetos originales, ambivalentemente valorados, de la acción destructiva de los impulsos precoces, tal como lo expresó Klein, sino que también puede ser el resultado de una ansiedad persecutoria: el temor "primario" que experimenta el yo frente al "maná" de los primeros objetos, "maná" surgido de la identificación primaria.
Este temor, válido para la sociedad en su conjunto, no impide el que ocurra la consumación del coito incestuoso en algunos casos particulares que, según lo demuestra Kirson Weinberg (1966), son más frecuentes de lo que nuestra represión procura hacernos creer.
Podemos preguntarnos entonces: ¿en qué caso o circunstancias, con qué contenido latente, o en qué condiciones dinámico estructurales, ocurre la consumación material de las fantasías incestuosas que habitan en cada uno de nosotros?
Una hipótesis acerca de las condiciones que determinan tal ocurrencia puede contribuir ulteriormente a enriqueces la comprensión de las transformaciones que naturaleza, religión y cultura experimentan en el mundo interno de cada sujeto.
Ordenaremos ahora teóricamente el material estudiado y lo enriqueceremos con la consideración de otros aportes que pueden ayudarnos a interpretar las fantasías inconcientes que se manifiestan en ellos.
El horror al incesto en la transferencia como expresión de una excitación narcisista y tanática
A partir de las formulaciones de Freud acerca del complejo de Edipo y de su descubrimiento de la transferencia, ha quedado claro, y es confirmado cotidianamente por la práctica psicoanalítica, que el vínculo transferencial contiene siempre una fantasía incestuosa "actual" que resulta precisamente uno de los objetivos primordiales del análisis. Se acepta además que este complejo de Edipo retiene aquellas magnitudes libidinosas que configuran la perturbación económica básica de la neurosis.
Tomando en cuenta las ideas que expresa Freud (1912-1913) en Tótem y tabú, podemos pensar que la omnipotencia de las ideas brinda a la mera fantasía incestuosa el carácter de un incesto consumado en la transferencia. Aceptaremos, pues, como en el caso de cualquier otro paciente, que mientras Mary se encuentra en sesión, se enfrenta con la consumación de su incesto.
No se nos escapa, sin embargo, que eludimos con esto un interrogante de respuesta difícil: ¿cuál será la especial característica conferida a la transferencia que Mary realiza en el tratamiento, por la circunstancia de haber consumado materialmente el incesto con su hermano? Evitaremos ocuparnos de este interrogante que únicamente podríamos responder a medias y cuyo enfoque puede ser objeto de otro trabajo. Diremos sin embargo que la intensidad de su horror, evidenciada en el sueño de la primera sesión comentada, nos permite ya afirmar algo acerca de la especial modalidad de sus fantasías incestuosas, modalidad que aparece en el material cuando nos refiere su encuentro con el "hermano de análisis".
Roheim -citado por A. y M. Rascovsky (1967)- expresa que "los psicoanalistas han formulado la observación de que, como el mito de Edipo contiene una versión sin censura del complejo edípico, probablemente esté ocultando algo más". Partiendo de una consideración idéntica, procuramos penetrar en el contenido latente del horror que Mary experimenta ante el incesto.
Mary habla con horror de su relación sexual con Adrián, cuando se pregunta por qué está ocurriendo el incesto y cuando Adrián le contesta: "Ya se, perdoname". En el material presentado, que se ha repetido muchas veces en los últimos años, la unión del horror y el incesto aparece disociada de la relación transferencial. Sin embargo posee un grado suficiente de conciencia como para permitirnos sospechar que tal horror ha de ocultar un contenido latente distinto del incesto, aunque asociado con él a través de algunas semejanzas.
Como parte del contenido latente del horror al incesto descubrimos, a través del análisis del material presentado, el temor a la excitación creciente e insatisfecha que Mary experimenta en la transferencia.
De acuerdo con lo expresado por Klein, podemos interpretar que las fantasías persecutorias vinculadas con el incesto se derivan de impulsos destructivos para con el objeto inherentes a la carga libidinosa contenida en la fijación a las imagos primarias.
Cuando analizamos el sueño de la primera sesión, junto al contenido sádico de la cópula incestuosa transferencial, simbolizada en la "pelea" con el "soldado" que la llena de horror y de espanto, y también en la lucha que ocurre a sus espaldas, que la ataca en la nuca y se manifiesta en la cefalea y en el insomnio, mencionamos al pasar el carácter superyoico del "soldado", que a nuestro entender condensa la representación de los impulsos instintivos y de una figura superyoica íntimamente ligada con esos impulsos, y por lo tanto de carácter temprano.
Este superyó precoz, considerado en el sentido que postula la teoría kleiniana, expresa ya una fantasía de castigo que evidencia sentimientos de culpa y temores taliónicos por el daño ocasionado al objeto. Abandonaremos en este trabajo, apenas esbozada, una línea teórica semejante con la cual estamos de acuerdo, para centrarnos en el estudio y la consideración de los aspectos más tempranos correspondientes a estadios del desarrollo tánato-libidinoso más primitivos aún, vinculados con la vida intrauterina y con la configuración narcisista de las cargas instintivas.
Afirma Freud que "la excitación sexual nace, como efecto secundario, en toda una serie de procesos internos -'en realidad todos y cada uno de los órganos' (Freud 1905d, t. I, pág. 818)- en cuanto la intensidad de los mismos sobrepasa determinados límites cuantitativos" (1924c, t. I, pág. 1025). Años después, y luego de haber postulado la existencia de los instintos de muerte, escribió: "Hemos obrado como si en la vida anímica existiera una energía desplazable, indiferente en sí, pero susceptible de agregarse a un impulso erótico o destructor, cualitativamente diferenciado, e intensificar su carga general. Sin esta hipótesis nos sería imposible seguir adelante" (Freud, S., 1923b, t. II, pág. 23), y también: "Declararé, entonces, que dicha energía, desplazable e indiferente, que actúa probablemente tanto en el yo con en el ello, procede, a mi juicio, de la provisión de libido narcisista, siendo, por lo tanto, Eros desexualizado" (Freud, S., 1923b, t. II, pág. 23-24).
Vemos pues, en las anteriores palabras de Freud, cómo la excitación surgida del funcionamiento corporal a través de las zonas erógenas que constituyen simultáneamente fuentes del impulso y agentes de la descarga, puede desplazarse y contribuir a la intensificación de los instintos eróticos o tanáticos cualitativamente diferenciados.
Esta posibilidad que posee la energía libidinosa frustrada de contribuir al incremento de tánatos, nos permite comprender el horror y la angustia que Mary experimenta ante su excitación insatisfecha, y nos permitiría comprender además cómo ese temor de Mary puede aparecer también ante la posibilidad de descargar su excitación narcisista ya "tanatizada".
Hemos visto el carácter narcisista de sus pulsiones instintivas manifestado en repetidas ocasiones, por ejemplo, en el encierro del gato, o en la oscuridad del ascensor, o en su alusión a la antigua casa que la representa y que "en una época fue un castillo", o en la modalidad de sus elecciones objetales a través de las cuales intenta satisfacer la fantasía de unirse consigo misma.
También el carácter tanático de esa excitación, como lo hemos señalado en nuestros comentarios anteriores, surge de la consideración del material presentado. Mary expresa su temor a "explotar", a estallar como un "globo". Expresa que se ahoga, que necesita un "respiro". Expresa también que tiene "fiebre", "calor" y "frío", y se pregunta "por qué" y "para qué", qué es lo que la lleva a buscar activamente ese tormento, de dónde salen sus "ganas", que aluden claramente a sus impulsos masoquistas.
Es interesante además comprender las vicisitudes que experimenta esa excitación en la transferencia, ya que a través de la misma encontramos muy adecuadas las palabras de Freud anteriormente citadas.
En la primera sesión que comentamos, Mary disocia la figura del analista y su propio yo y le reprocha a uno de los aspectos que la abandone frente a la excitación incestuosa, narcisista, que experimenta hacia el otro, excitación manifestada en el sobreentendido que constituye el motivo inconciente del horror y el espanto expresados en el sueño. Esta excitación se descarga masoquístamente a través de la cefalea, lo que constituye ya un índice de su componente tanático.
En la segunda sesión surge desde el comienzo, y como expresión de la ambivalencia, angustia ante la conciencia de la transferencia positiva. Esta transferencia positiva muestra pronto el componente de excitación sexual que queda insatisfecha y se incrementa paulatinamente. Enseguida la excitación creciente aparece en el contenido latente como algo doloroso, asociado al insomnio, cuyo descontrol es vivenciado como "locura" y "descompostura". Más adelante, en la misma sesión, esta calentura frustrada, simbolizada en la fiebre, pasa a ser representada por el frío. La interpretación de estos contenidos en la transferencia y en la contratransferencia permite comprender más profundamente la transformación patológica de la excitación que adquiere representación en forma de perturbaciones en el orgasmo. Esto último queda vinculado con la fantasía de un estallido o una explosión en la descarga, del cual intenta defenderse mediante la búsqueda de una descarga parcial controlada.
En la tercera sesión aparece la transformación de la excitación en la hinchazón y el aburrimiento a través de los cuales expresa el horror y el efecto traumático que le ocasionan los impulsos instintivos. El narcisismo queda vinculado a estos impulsos cuando expresa su necesidad de "bajar la cabeza" para abandonar y proyectar sobre mí la arrogancia que la expone al descontrol temible, representado en este caso por la identificación masiva del yo con los contenidos del ello. A través de fantasías oraldigestivas o mediante las perturbaciones del dormir, expresa la incapacidad del yo para tolerar esa identificación excitante y asimilar las fantasías y los impulsos instintivos sin los trastornos hepáticos que surgen en el material referido a la suegra, sin el "desmayo", el "insomnio" o la "hinchazón" que la deja "gorda", cuando se conduce como aquellas mujeres que "comen como bestias" y se "atraganta" reintroyectando los contenidos de su inconciente, transferidos sobre mí, que no puede controlar, y que quedan representados por las múltiples "luces" del puerto ante las cuales se pierde, o las luces del vestuario que debe apagar para evitar el mareo. Casi al final de la sesión nos muestra cómo va adquiriendo paulatinamente la posibilidad de hablar acerca de la angustia que experimenta ante la excitación cuando manifiesta "sentía... que iba a explotar".
En la cuarta sesión puede verbalizar, más completamente aún, estas mismas fantasías inconcientes. Se pregunta: "¿por qué al hablar me excito? En cualquier cosa que hago me parece que me quemo". Junto a otros contenidos que estudiaremos más adelante se va delineando con mayor claridad, íntimamente vinculado con las fantasías persecutorias que analizamos previamente, un aspecto entre melancólico y depresivo que aparece en su enfrentamiento con la excitación dolorosa que experimenta conmigo cuando afirma, aludiendo a una imago que transfiere sobre mí, que no desea "tener un hijo enfermo" que le "reprochara", y luego "no sé si hice bien o no, pero no quise exponer a nadie".
En la evolución transferencial que acabamos de exponer aparece una cierta tendencia hacia la posibilidad de hacer conciente a través de las palabras la excitación y sus fantasías vinculadas.
Esta excitación se manifiesta en la transferencia como algo inseparablemente unido al vínculo con diferentes objetos, y configura así un aspecto dinámico-estructural cuyo estudio abandonaremos por el momento para centrarnos en consideraciones económicas tendientes a enriquecer nuestra comprensión del horror al incesto.
Los vaivenes y las vicisitudes de la excitación surgen asociados con fantasías libidinosas y tanáticas, con impulsos narcisistas y objetales, con características sádicas y masoquistas. Incluso, a través de fantasías oraldigestivas, la excitación que procuramos destacar puede ser considerada al servicio de los intereses del yo. Estos intereses del yo, que desencadenan junto con la libido oral el mecanismo de identificación, adquieren importancia como determinantes del proceso terapéutico, logrado a través de la transferencia.
Si queremos mostrarnos acordes con las hipótesis postuladas por Freud y citadas anteriormente, podemos pensar que una misma energía se transforma o se desplaza cargando las estructuras inconcientes que constituyen el substráctum de los diferentes instintos.
Si consideramos que para Freud "también la excitación provocada por el dolor y el displacer ha de tener una tal consecuencia"(1924c, t. I, pág. 1025) (aportar algún componente a la excitación del instinto sexual), podemos suponer que aun aquellas energías al servicio de los instintos de muerte, en ciertas condiciones de la economía tánato-libidinosa, pueden contribuir con una magnitud determinada a la excitación del instinto sexual.
Los conceptos postulados por Freud acerca de la existencia de una misma energía indiferente y desplazable, capaz de contribuir a la excitación de los diferentes instintos, pueden integrarse con sus afirmaciones expresadas en Tótem y tabú y citadas anteriormente, acerca del maná como expresión de una terrible fuerza cuya descarga es peligrosa sólo en la medida en que el organismo que la provoca no sea suficientemente fuerte para resistirla.
Teniendo en cuenta estas consideraciones, podemos concluir aceptando que una misma excitación y a través de los distintos momentos que hemos visto expresados en la transferencia, puede ser considerada beneficiosa o perjudicial según la capacidad que posea el yo para asimilar o elaborar dicha excitación, mediante una identificación o relación de objeto exitosas.
En el caso de Mary, las vicisitudes recientemente comentadas nos permiten suponer la existencia de un yo débil e introducirnos así en consideraciones estructurales que nos ocuparán más adelante.
Contenidos "tempranos", oraldigestivos e intrauterinos en el material presentado y su interrelación recíproca en las fantasías hepáticas
En el material transcripto podemos señalar fantasías correspondientes a los distintos niveles de la evolución tánato-libidinosa. Incluso las fantasías uretrales o anales pueden considerarse especialmente importantes o significativas. Sabemos sin embargo que los núcleos más enfermos dentro de una personalidad son los que contienen aquellas fantasías y ansiedades que corresponden a las perturbaciones acaecidas en las épocas más tempranas, y que precisamente es a través de la patología como podemos adentrarnos en la comprensión de los mecanismos y contenidos inconcientes presentes en el hombre normal.
Nos limitaremos pues, para centrar nuestro tema, a destacar algunas fantasías precoces que pueden ayudarnos a comprender más adelante la dinámica y la estructura correspondientes al horror al incesto y a su consumación material.
En diversos fragmentos del material expuesto aparecen contenidos orales que expresan, en el contexto de la relación objetal transferencial, la equiparación, en la fantasía, del coito con la ingestión. Ya encontramos en esto una estructura regresiva y narcisista. Según esta estructura narcisista, el mecanismo a través del cual se descargan los objetos es sustituido, siguiendo la pauta señalada por Freud (1917e [1915], 1921c, 1923b), por el proceso más primitivo de la identificación.
Así, cuando Mary, en la segunda sesión se encuentra con su "hermano de análisis", muestra su narcisismo no solamente en la circunstancia que señalamos antes, de encontrarse ella a sí misma en Pedro, sino también en el hecho de que se pone en evidencia cuando le dice "chau, rico", puesto que así nos demuestra sus deseos orales que han ocupado el lugar de las fantasías genitales incestuosas.
El aspecto digestivo de estas fantasías aparece ya a la observación superficial en la ecuación simbólica realizada entre el embarazo incestuoso y la gordura, en la cual el contenido primitivo, asociado a la animalidad del incesto, aparece representado, por ejemplo, en la expresión que Mary utiliza cuando dice: "comen como bestias".
Sin embargo, profundizando en el análisis de este material, podemos encontrar un aspecto digestivo de mayor importancia y de cualidades más tempranas ligado al mismo proceso de identificación o asimilación de los objetos. Este mecanismo digestivo metabólico esencial que hemos estudiado prolijamente (Chiozza, L., 1963a), y que aparece simbolizado frecuentemente a través de fantasías hepáticas, surge también en el material que estamos considerando vinculado a contenidos representados mediante fantasías que aluden a la vida intrauterina.
Así, la "fiebre psicoanalítica" que alude a la excitación incontrolada, expone a Mary, cuyo yo es incapaz de elaborar tales estímulos, a los desórdenes simbolizados mediante la hepatitis virósica atribuida a su sobrina, o a los trastornos hepáticos que nos expresa a través de su suegra, cuando se siente imposibilitada de asimilar una interpretación que vivencia como un ataque superyoico que pretende castigar el incesto.
Dijimos ya que el narcisismo de Mary queda estrechamente vinculado a las fantasías intrauterinas presente en el "gato encerrado", presentes en la oscuridad del ascensor, con sus alusiones al encierro; presentes en el agua oscura en la cual se pierde "entre tantas luces" que se ven a la distancia; presente también -según las ideas de Arnaldo Rascovsky acerca de las fantasías visuales y su importancia durante la vida fetal- en las mismas "luces" a las cuales alude repetidamente para referirse a los estímulos protectores o traumáticos, y que simbolizan, a través de esa modalidad visual, fantasías correspondientes a un estadio intrauterino en la evolución de la libido.
El carácter placentero del retorno intrauterino, señalado por Rank (1929), Rascovsky (1960) y Abadi (1960) como una motivación subyacente a la fijación incestuosa, coexiste a menudo con el carácter penoso de un encierro narcisista, y la cualidad terrorífica del mismo aparece muy frecuentemente, ya desde el comienzo, como pudimos comprobarlos en el primer sueño comentado en este material de Mary.
Abadi (1960) y A. y M. Rascovsky (1967) han vinculado el carácter siniestro y terrorífico de este encierro con la imago intensamente persecutoria de una madre filicida. Tanto uno como otro han considerado esta temática como un importante contenido latente entre las determinantes del mito de Edipo. En el próximo apartado volveremos a ocuparnos del aspecto terrorífico vinculado a las fantasías embrionarias, fetales, presentes en el incesto.
El narcisismo y la fantasía de una cópula hermafrodita contenidos en la fijación a un objeto cosanguíneo, incestuoso
Sabemos que Freud (1914c) define al narcisismo primario como aquel particular estado en el cual una magnitud de libido proveniente del ello carga al yo. Yo que adquiere en esta definición el sentido de ser "ante todo un yo corporal" (Freud, S., 1923b). El narcisismo secundario surge mediante la asimilación de los objetos en el yo, que provoca la retracción sobre éste de las cargas libidinosas dirigidas hacia esos objetos. Coexistiendo en el aparato psíquico con las cargas narcisistas primarias y secundarias, ambas dirigidas hacia el yo, encontramos el mecanismo que Freud (1914c) denominó introversión y que se ocupó de diferenciar claramente del narcisismo. En la introversión la carga se dirige hacia un objeto introyectado en el mundo interno que permanece así a mitad de camino entre el yo y el mundo externo.
La introyección de este objeto se ha visto facilitada por la existencia de una previa elección narcisista, modalidad de elección que se realiza mediante la búsqueda y la proyección de una parte considerable del yo en el objeto. Freud (1914c) aclara además que este mecanismo, constituido por la elección narcisista y la introversión de la libido y diferenciado claramente del narcisismo secundario, supone la existencia de un yo ideal disociado del yo primitivo y capaz de atraer las cargas del narcisismo primario, y que tal formación de un ideal configura ya una salida de este narcisismo. El vínculo introvertido, el vínculo con los objetos de la fantasía, según la descripción de Freud, se halla a mitad de camino entre los estadios narcisistas y objetales de las cargas libidinosas. Esto nos permite considerarlo narcisismo frente a las cargas objetales y asimismo tener en cuenta su carácter objetal frente a la distribución narcisista de la libido.
Por último, cabe señalar aquí las conexiones existentes entre la elección narcisista, el vínculo introvertido con los objetos de la fantasía que constituyen el recuerdo, y la identificación o introyección melancólica (modalidad de identificación, que es a la vez causa y consecuencia de los factores mencionados).
En nuestras consideraciones acerca del material presente señalamos repetidamente el carácter narcisista de la configuración libidinosa que Mary evidenciaba. Teniendo en cuenta los anteriores conceptos de Freud, podemos mencionar ahora distintas intensidades o cualidades en esa configuración.
El aspecto de introversión surge por ejemplo cuando Mary nos cuenta que al no poder dormir se había dedicado a leer una revista de psicoanálisis. Vimos que esa revista, en el contexto de la transferencia, representaba al analista como un objeto intrapsíquico de naturaleza ideal, elegido narcisistamente, al cual fantaseaba manejar omnipotentemente. Ese mismo aspecto aparece también proyectado sobre mí ya en la primera sesión comentada cuando Mary me reprocha que siga estudiando y ocupado narcisistamente en mis objetos ideales mientras la abandono dentro de la excitación que yo mismo le provoco.
El narcisismo propiamente dicho, tanto primario cuanto secundario, caracterizado por la depositación de la carga libidinosa en el yo, puede ser visto en la transferencia de una manera indirecta, ya que es difícil suponer la existencia del mero proceso de transferir sin que haya objetos intrapsíquicos ideales que representan una evolución hacia el objeto de las cargas libidinosas retenidas en el yo.
Encontramos repetidamente en el material alusiones, que ya hemos comentado, a un estado narcisista, y de las cuales solamente recordaremos en este momento la antigua casa que simboliza a la propia Mary y que antes fue un castillo, y también el gato encerrado en una caja como representación de la permanencia en el yo de los impulsos libidinosos.
Nos centraremos ahora en tratar de comprender un aspecto del material íntimamente vinculado tanto con el narcisismo propiamente dicho cuanto con aquella configuración introvertida e ideal que suele también denominarse narcisista, puesto que contiene un importante remanente de ese narcisismo.
Cuando Mary nos cuenta el episodio en el vestuario de la tapicería con una de sus clientes que se marea y amenaza desmayarse aterrorizada por su embarazo, se extiende en una cantidad de consideraciones acerca de los motivos que sustentan el miedo de esa mujer embarazada. Se refiere a ella diciendo que es una pobre chica, que como un pollito mojado está apabullada frente a todas las cosas que el esposo le ha proporcionado, y dice entonces que el esposo es un médico "muy ocupado" y que ella, la mujer embarazada, "tiene que hacer todo", refiriéndose en lo manifiesto a administrar y cuidar las nuevas propiedades. Aclara luego que "verse así, dueña" es lo que la aterroriza.
En este material existen alusiones muy claras a la pareja que formamos Mary y yo en la transferencia y al significado peligroso que adquieren para ella mis interpretaciones y los sentimientos que nuestro contacto transferencial le provoca, simbolizado todo esto a través del coito que fructifica en un embarazo. Pero el aspecto que nos interesa destacar es el contenido narcisista que adquiere este coito introyectado, carácter que se manifiesta a través de sus palabras cuando expresa que "tiene que hacer todo" (de hombre y de mujer) y también cuando dice que la asusta "verse así, dueña".
Mary se adueña así (mediante la fantasía de ingestión y embarazo) de la misma escena primaria frente a la cual se siente apabullada y humillada, abandonada por mí, como un "pollito mojado". A la vez, "el pollito mojado", asustado, parece aludir al propio yo de Mary, débil y víctima de ansiedades persecutorias y de la excitación que la horroriza cuando se siente excluida frente a la escena primaria que la amenaza desde adentro (representada en el feto) como un símbolo de los impulsos del ello y desde afuera (en la unión incestuosa) como consecuencia del proceso que llamamos transferencia.
Podemos pensar que esta escena primaria, representada en el feto que contiene la unión de "dos seres", es introyectada por Mary como consecuencia de su envidia, sus celos, o sus ansiedades orales, configurando así una estructura maníaco-melancólica mediante el mecanismo de la identificación con el perseguidor. Esta interpretación nos parece adecuada, pero si tenemos en cuenta los conceptos postulados por Freud (1923b) en El yo y el ello acerca de la identificación primaria con ambos padres de la prehistoria personal (Freud, S., 1923b**), podemos suponer que esta escena primaria contiene también la proto-imago de una cópula arcaica que llega al yo desde el inconciente, modificada o no a través del pasaje por los objetos externos, y como expresión de una fantasía heredada.
Si aceptamos esta última interpretación, que nos parece acorde con el pensamiento de Freud y con las ideas de algunos autores que se han ocupado especialmente de investigar las fantasías correspondientes a la vida intrauterina (Rascovsky, A., 1960a; Cesio, F., y colab., 1964a), podemos enriquecer nuestra comprensión del material proporcionado por Mary a partir de las consideraciones teóricas que expondremos a continuación.
Freud, a través del estudio de las fantasías inconcientes, llega en repetidas ocasiones a replantear la hipótesis, conocida ya desde los tiempos de Platón, acerca del carácter bisexual del organismo biológico primitivo. Así, por ejemplo, en 1908, afirma: "En los psicoanálisis de los sujetos psiconeuróticos se transparenta con especial claridad la supuesta bisexualidad original del individuo" (Freud, S., 1908a, t. I, pág. 957).
Otros autores se han ocupado de este mismo tema, entre los cuales podemos destacar a Radó (1962), quien discurre acerca de la existencia real en el hombre de las características constitucionales hermafroditas repetidamente señaladas.
Sin entrar en consideraciones biológicas acerca de la realidad de esta supuesta organización bisexual primitiva en el ser humano, nos interesa el hecho clínico de su existencia en la fantasía, y nos interesa también comprender el contenido latente que se manifiesta en las fantasías bisexuales o hermafroditas. Podemos suscribir aquí las palabras de Nunberg: "Suceda lo que suceda, en la fantasía el hombre es un ser bisexual" (1931).
Abadi (1960) ha realizado un profundo estudio del complejo de Edipo en el cual el análisis de estas fantasías hermafroditas contenidas en el mito ocupa un lugar destacado.
El paradigma de estas fantasías bisexuales utilizado como ejemplo en la mayoría de los trabajos que se ocupan del tema desde Freud hasta nuestros días, es el conocido mito de El banquete de Platón, según el cual el hombre era un primitivo ser hermafrodita que fue separado en dos mitades heterosexuales por haber cometido el pecado de soberbia, de temeraria arrogancia frente a Zeus.
En un trabajo anterior acerca del mito de Prometeo (Chiozza, L., 1970a) nos ocupamos de analizar uno de los contenidos de estas fantasías bisexuales y llegamos a la conclusión de que el carácter narcisista de la libido al servicio de los intereses del yo, y entretenida en el proceso del crecimiento que se materializa mediante la reproducción celular y a través del proceso de identificación o asimilación, adquiere una representación en la forma de una escena primaria bisexual, o sea hermafrodita.
De acuerdo con el planteo que acabamos de exponer, la excitación que Mary experimenta en la transferencia, y que la expone al horror que expresa a través de sus fantasías de embarazo, embarazo que se confunde con la hinchazón, el aburrimiento, y el terror a explotar como un globo, surge del inconciente de Mary unida a la protoimago de una pareja que cohabita en su interior de una manera que podemos calificar de narcisista, bisexual o hermafrodita, y que la expone a un crecimiento angustiante y referido a su propio esquema corporal.
Volveremos nuevamente sobre este tema, ya que en este momento sólo nos interesa destacar las relaciones que este contenido de excitación posee con la fijación incestuosa y con la materialización del incesto.
Cuando Mary nos cuenta, en la sesión del lunes, el encuentro con Pedro, su "hermano de análisis", nos trasmite a través del clima erótico presente en el relato, y también en algunas alusiones tales como su mención de la primavera, la excitación sexual que ella experimenta conmigo en la transferencia. Señalamos ya que esta excitación placentera y el horror que aparece tan estrechamente asociado con ella pueden ser considerados, de acuerdo con las afirmaciones de Freud acerca del "maná", como dos experiencias diferentes del yo frente a una misma energía.
Señalamos también el carácter incestuoso presente en esa excitación transferencial, y nos ocupamos luego en estudiar el contenido narcisista del incesto que fantasea realizar conmigo. El carácter narcisista de estos impulsos, manifestado sobre todo en la circunstancia de encontrarse a ella misma en su "hermano de análisis", nos permitió comprender que el incesto constituye también un intento, a medias logrado, de abandonar el narcisismo propiamente dicho, en el cual la libido se deposita sobre el yo, y que, simultáneamente, constituye un intento de conservar ese narcisismo a través de la elección de un objeto cosanguíneo o endogámico que represente al propio yo.
La relación entre el narcisismo y el incesto nos parece, a través del mecanismo señalado, presente a nuestro juicio en la fijación incestuosa, indudable. Si integramos estas consideraciones con el estudio realizado acerca del incesto por otros autores que han señalado repetidamente el carácter hermafrodita de Edipo (Abadi, M., 1960) y sobre todo el de la esfinge, podemos subrayar, entre los contenidos determinantes de la fijación incestuosa, una transformación progresiva de la libido narcisista que abandona la descarga a través de una fantasía bisexual, hermafrodita, que corresponde al crecimiento y al desarrollo corporal, para dirigirse a un objeto cosanguíneo capaz de satisfacer, dentro de esa misma fantasía, el remanente de excitación narcisista.
Fantasías de un crecimiento maligno, invasor, y de un
embarazo monstruoso, contenidas en el horror al incesto
Cesio ha escrito (1965b):
En el psicoanálisis de la mujer encontramos que las fantasías de embarazo y parto, además de los contenidos estudiados por Langer, están en relación con fantasías de desarrollar e integrar en el yo postnatal los contenidos que han quedado excluidos, aletargados en lo inconciente... Los contenidos prenatales aletargados (incesto, parricidio, etcétera) son muy persecutorios y cuando "despiertan" el yo reacciona con alarma. El embarazo es una manera de proyectar en el feto estos contenidos persecutorios disociándolos por completo del yo. Otra manera de disociar los contenidos prenatales aletargados que "despiertan" es a través de desarrollos patológicos en el cuerpo que resultan así versiones regresivas muy vinculadas a fantasías de embarazo y parto. El aparato digestivo es uno de los medios más utilizados en ese sentido.
Es más, el carácter masoquista de estos contenidos prenatales hace que, tal como ya dijimos, se expresen en niveles anales, es así que en el aparato digestivo encontramos una rica patología que corresponde a la elaboración de fantasías de embarazo y parto... Los aspectos prenatales que permanecen aletargados están "perdidos" para el yo. El anhelo por la fecundación implica en la mujer la fantasía que en la unión de las gametas consigue integrar en su yo estos elementos primarios (escena primaria) que perdió en su desarrollo postnatal (Cesio, F., 1965b [1964], pág. 55-56).
En el estudio de los primeros tres años del psicoanálisis de Mary, nos ocupamos detalladamente de la evolución de estos aspectos en la transferencia. Aquel estudio fue centrado en la consideración del letargo, la somatización y la simbiosis como expresiones de una regresión defensiva a las fantasías y mecanismos fetales ante las repetidas y masivas pérdidas de objeto que fueron dramáticamente intensas en la vida de Mary. En esa ocasión nos apoyamos también en las ideas de Bleger (1962), quien señala que la ruptura de un vínculo simbiótico, y la correspondiente reintroyección traumática del objeto depositado, puede ser expresada a través de una fantasía de embarazo.
Subrayamos entonces especialmente el carácter profundamente regresivo, prenatal, de la estructura melancólica de Mary, y sus fantasías digestivas anales, orales y hepáticas, estructura a la cual denominamos protomelancolía (Chiozza, L., 1963a; Aizenberg, S., 1964) para señalar sus diferencias con la melancolía clásica, centrada en los contenidos orales y anal-sádicos de la vida postnatal.
En el próximo apartado retomaremos un aspecto parcial de estas ideas al ocuparnos de las relaciones entre la estructura melancólica presente en el psiquismo de Mary y la materialización del incesto. A partir de nuestras consideraciones anteriores acerca del contenido narcisista que posee el incesto, contenido que queda representado en la fantasía como una cópula de carácter hermafrodita, nos interesa destacar ahora cómo el producto de una tal escena primaria se expresa muchas veces en el símbolo de un embrión en el útero, símbolo que alude en algunas ocasiones al crecimiento corporal del propio individuo, y que adquiere, en circunstancias patológicas, la representación de un desarrollo tumoral y maligno.
Cabe recordar aquí parte de las palabras de Freud que hemos citado anteriormente: "Las células germinativas mismas se conducirían de un modo 'narcisista'... Quizás se deba también considerar como narcisistas, en el mismo sentido, a las células de las nuevas formaciones nocivas que destruyen el organismo. La patología se inclina a aceptar el innatismo de los gérmenes de tales formaciones y a conceder a las mismas cualidades embrionales" (Freud, S., 1920g, t. I, pág. 1118).
Volvamos a insistir en que, si aceptamos estos conceptos de Freud, no ha de extrañarnos pues el que pueda utilizarse la representación de un crecimiento tumoral para aludir al contenido narcisista de una excitación incontrolada, siendo que precisamente suponemos que el proceso somático que corresponde a tal representación se halla determinado por una semejante configuración narcisista.
En la sesión del día jueves, a través del embarazo de Perla, hija de Adrián, el copartícipe de su incesto fraterno, Mary nos expresa el asco y el horror que le provoca el identificarse con la sobrina embarazada, ya que se siente procreando un engendro monstruoso, producto de la unión narcisista contenida en la consanguinidad del incesto.
El carácter regresivo del vínculo transferencial que la une conmigo, un vínculo de sangre, tal como el que se manifiesta en el incesto, aparece expresado mediante símbolos que aluden a la vida intrauterina, ya que Mary manifiesta que mis palabras le "entran por las venas", tal como le llegaba el alimento materno durante su vida prenatal. Más adelante, en la misma sesión, identificada con el rol complementario, utiliza símbolos que corresponden a fantasías semejantes cuando expresa, a través de las hemorragias uterinas de Rita, su vivencia de la separación repetida inconcientemente en la transferencia.
Tal como lo ha manifestado Cesio en las palabras anteriormente citadas:
a) el embarazo, en este caso vivenciado como patológico, monstruoso,
b) el parto, que aparece asociado al aborto a través de las metrorragias, y
c) la castración genital representada en las "tres operaciones",
simbolizan la integración del yo con los elementos aletargados, prenatales, que contienen fantasías muy primitivas, heredadas, correspondientes al incesto, al parricidio y a lo que nos interesa destacar ahora: la escena primaria que hemos caracterizado, apoyándonos en las ideas de otros autores, como hermafrodita.
Por último aparece el tema del cáncer (que se repite con cierta frecuencia en el tratamiento de Mary) cuando dice: "... un paciente en análisis puede desarrollar un cáncer y en ese caso el cirujano debe operarlo". La interpretación que hemos hecho acerca del contenido narcisista (fantaseado como una cópula hermafrodita), presente en el carácter cosanguíneo del incesto y determinante inconciente del horror ante el coito endogámico (horror que es la expresión de una excitación terrorífica, que provoca la vivencia de un desarrollo monstruoso, de un crecimiento anómalo, tumoral), nos parece integrar de una manera adecuada las fantasías de embarazo y las fantasías de cáncer que Mary nos muestra en el contenido latente de su horror al incesto. Tal interpretación podría constituir quizás una puerta de entrada al estudio de las fantasías específicas contenidas en las somatizaciones tumorales (Chiozza, L., 1970i [1967-1969]).
Condiciones dinámico-estructurales que determinan la
materialización del incesto
Quedaría incompleta la formulación de nuestra tesis, delineada en los últimos párrafos del apartado anterior, si no vinculáramos esa formulación con diversas consideraciones dinámico-estructurales esbozadas a lo largo de todo el trabajo, que nos permitirán integrar además algunos postulados de otros autores acerca de las condiciones que determinan la materialización del incesto.
Arnaldo y Matilde Rascovsky (1950) han publicado un estudio Sobre el incesto consumado, en el cual realizan consideraciones dinámico-estructurales que han enriquecido nuestro interés y nuestro conocimiento del tema. Nuestra observación en el caso de Mary coincide con la mención que hacen estos autores acerca de los contenidos correspondientes a diferentes estadios postnatales de la evolución tánato-libidinosa, tales como las fantasías oral-canibalistas y los impulsos envidiosos hacia el pene. En la primera parte de este libro tuvimos en consideración estas fantasías, cuya ponderación en el contexto del incesto consumado no retomaremos ahora. En esta segunda parte encaramos un aspecto parcial dentro de la multitud de interrogantes que plantea la realización material del incesto y nos dedicamos a profundizar en los contenidos latentes más tempranos existentes en el horror al coito endogámico.
Procuraremos penetrar ahora en la comprensión dinámico-estructural de algunos factores que posibilitan o determinan la conducta incestuosa.
Los autores que acabamos de mencionar expresan: "Creemos que la consumación actual de la relación incestuosa, la cual constituye un proceso secundario derivado de un estado primario de grave melancolía, disminuye la posibilidad de psicosis en el sujeto y le brinda una mejor adaptación hacia el mundo externo" (Rascovsky, A. y Rascovsky, M. 1950). Y luego agregan que en algunos casos con una fijación incestuosa intensa, en los cuales la consumación no tuvo lugar, han observado una constelación similar, pero con una fuerte acentuación de los rasgos psicóticos maníaco-depresivos.
Nos parece importante destacar ante todo el énfasis que han puesto en el carácter defensivo del incesto, afirmación en la cual podemos apoyarnos para sostener que desde el punto de vista dinámico, la materialización del coito endogámico puede muy bien representar una defensa contra los aspectos narcisistas temidos que hemos encontrado en el contenido latente del horror al incesto. Aunque tales aspectos narcisistas retornen sin embargo nuevamente en la conducta incestuosa que posee, como toda defensa, un carácter transaccional.
Otro concepto sobresaliente, contenido en las palabras de los autores que acabamos de citar, consiste en afirmar la configuración melancólica subyacente al incesto consumado. En el mismo trabajo señalan que "la pérdida previa del padre del mismo sexo parece constituir un prerrequisito en los mitos concernientes al incesto" (Rascovsky, A. y Rascovsky, M. 1950). Años más tarde, en su trabajo Génesis del acting-out y de la conducta psicopática en Edipo (1967), señalan nuevamente la importancia que posee el abandono y lo relacionan con los aspectos filicidas contenidos en el mito de Edipo.
Como hemos visto a través del historial de Mary, las dramáticas y masivas pérdidas de objeto ocupan un lugar destacado de su biografía, y su relato puede ser interpretado en el presente, constituido por la transferencia, como una alusión a fantasías que repite inconcientemente y que corresponden además a los contenidos filicidas destacados por los autores mencionados.
Ese mismo contenido es expresado reiteradamente a través de las quejas por el abandono que Mary dirige contra el analista y también, con un contenido simbólico más rico, en las fantasías de hemorragias uterinas con las cuales representa, a través de la imagen de un aborto que la deja lastimada, la separación en el vínculo transferencial.
En el último trabajo mencionado, A. y M. Rascovsky (1967) hacen hincapié en los aspectos maníacos y psicopáticos contenidos en la conducta de Edipo, y señalan la importancia que posee para tal conducta la negación del abandono, posible gracias a la disociación de la pareja parental y a la construcción de una novela familiar, índice de una pareja idealizada, la cual constituye un elemento constante en todo mito del héroe.
Estos autores señalan también cómo la negación contenida en el coito de Edipo con su madre incluye la del daño ocasionado a los objetos y al "propio self" y posibilita la materialización del incesto.
Los presentes conceptos pueden relacionarse con las postulaciones kleinianas acerca de la ansiedad depresiva vinculada con los impulsos destructivos contenidos en la fijación incestuosa como determinante de la inhibición del coito endogámico.
Cabe señalar aquí, además, que la mención del daño sobre el propio self, daño que debe ser negado para poder materializar este coito endogámico, coincide con nuestra suposición -acorde también con las formulaciones de Freud (1912-1913) sobre el temor al maná que proviene de las imagos prohibidas- acerca de que la inhibición del incesto contiene no solamente una preocupación depresiva por los impulsos dirigidos hacia los objetos, sino también una ansiedad paranoide constituida por el temor al daño que la descarga de la excitación incestuosa puede provocar en el yo.
A. y M. Rascovsky (1967) estiman que la consumación del incesto ocurre debido a la persistencia de una estructura psíquica anterior al establecimiento de la represión, caracterizada por una fuerte disposición paranoide-esquizoide y por el empleo de mecanismos primitivos, tales como la omnipotencia, la idealización y la negación. Consideran que esta estructura "condiciona el fracaso de la organización del ulterior proceso de represión".
Liberman, (citado por Rascovsky, A. y Rascovsky, M., 1950), cuando se ocupa de las relaciones recíprocas entre el acting-out y la psicopatía, aporta un nuevo elemento que puede arrojar alguna luz sobre los múltiples interrogantes que plantea la realización material del incesto. Expresa: "... en dicha época, en que el desarrollo del pensamiento verbal es incipiente y aún el niño tiene que expresar sus necesidades por medio de la acción muscular y de los símbolos verbales equivalentes de la acción (órdenes verbales, por ejemplo 'dame'), las respuestas parentales fueron inadecuadas o inexistentes, debido a que procedían de una figura parental con incapacidad de realizar una reflexión previa con que permitirse comprender el sentido del mensaje del niño, o bien con una ausencia de respuesta por tratarse de una figura parental alejada emocionalmente".
Abandonaremos sin embargo estas consideraciones referidas a determinadas etapas del desarrollo postnatal para centrarnos en otro aspecto que nos interesa destacar especialmente. Freud, en El yo y el ello, cuando se ocupa de las relaciones entre el superyó y el complejo de Edipo, expresa que "el superyó no es simplemente un residuo de las primeras elecciones del objeto del ello, sino también una enérgica formación reactiva contra ellas. Su relación con el yo no se limita a la advertencia: 'Así (como el padre) debes ser', sino que comprende también la prohibición: 'Así (como el padre) no debes ser: no debes hacer todo lo que él hace, pues hay algo que le está exclusivamente reservado'. Esta doble faz del ideal del yo depende de su anterior participación en la represión del complejo de Edipo, e incluso debe su génesis a tal represión" (Freud, S., 1923b, t II, pág. 19). Podemos preguntarnos pues cuál es el carácter del superyó en el incesto consumado.
Integrando con las anteriores palabras de Freud todo lo que hemos dicho hasta aquí acerca del contenido latente expresado en el horror al incesto, y teniendo en cuenta por lo tanto que el superyó se constituye mediante el mecanismo de la identificación (nos referimos aquí a aquellas identificaciones que no logran ser totalmente asimiladas en el yo y para las cuales suele reservarse el nombre de introyección), vale la pena destacar la circunstancia de que siendo el superyó el heredero del complejo de Edipo, debe ser precisamente el incesto expresado a través de fantasías oral-digestivas, y fundamentalmente la vivencia de su realización material en ese nivel oral-digestivo, aquella que conforma o instala intrapsíquicamente al superyó, como resultado de la incapacidad del yo incipiente para mantenerse unido frente a la intensidad de la descarga instintiva.
Tal formulación nos permite comprender, desde un nuevo ángulo, por qué estudiando el material de Mary encontramos con particular intensidad fantasías oral-digestivas -que sustituyen al contenido edípico genital manifiesto- en el contenido latente del horror al incesto, y nos permite comprender también desde un nuevo ángulo la vinculación existente -señalada especialmente por A. y M. Rascovsky- entre la estructura melancólica y el incesto.
La descarga instintiva misma, tal como lo ha señalado Racker (1957), constituye una fantasía de ser devorado que debe proyectarse hacia un objeto exterior adecuado. Podemos agregar, siguiendo el pensamiento expresado por Freud (1923b) en El yo y el ello, que esta descarga, como resultado de la acción del ello sobre el yo, conduce a la formación del superyó cuando el yo -incapaz de tolerar la carga proveniente del ello en el proceso de identificación primaria con las protoimagos heredadas- se disocia.
Podemos comprender entonces que el superyó así constituido, sea, tal como lo afirma Freud (1923b), el representante del ello ante el yo. Y podemos comprender también el doble carácter, persecutorio y protector, que posee este superyó.
Es persecutorio porque contiene la tentación y el peligro que corresponden a una maná excesivo fantaseado como un castigo. (El superyó atrae al yo, puesto que contiene una parte e este último que el yo intenta recuperar).
Es protector porque contiene la experiencia de un contacto desorganizador con el ello y su imagen se interpone entre este último y el yo evitando la reiteración del trauma. En este mecanismo precoz que constituye al superyó podemos encontrar el origen de la culpa heredada, inconciente y anterior a toda acción sobre el objeto. Si lo expresamos con los términos dinámico-económicos utilizados por Freud (1923b) en El yo y el ello, esta culpa aparece como la tensión existente entre el yo y el superyó.
En este nivel de organización primitiva, el ideal del yo y el superyó quedan confundidos y pueden diferenciarse como, a lo sumo, dos aspectos (protector o persecutorio) que adquiere frente al yo precoz una misma imago.
En el mito de Edipo encontramos algunas alusiones que nos permiten comprender la estructura instintiva del superyó temprano indisolublemente ligado a las fantasías de castigo y a los sentimientos de culpa. Por ejemplo, teniendo en cuenta que Tiresias, como lo han señalado otros autores (Rascovsky, A. y Rascovsky, M., 1967; Roheim, s.f.), es un desdoblamiento de la figura de Edipo, encontramos en un mismo trastorno padecido por ambos, la ceguera, esta doble etiología, ideal y superyoica, vinculada a los instintos y a los sentimientos de culpa. Tiresias, ante la vista de la diosa Atenas, representante de su propia madre Caricleia, enceguece cuando la diosa deseada le toca los ojos con sus dedos. Edipo se hiere en los ojos con la hebilla de Yocasta, torturado por los sentimientos de culpa.
En el material de Mary encontramos repetidamente elementos que nos permiten observar este aspecto instintivo muy primario del superyó, que configura las fantasías de castigo como un impulso masoquista, perverso, que podemos suponer presente en la base de los sentimientos de culpa heredada e inconciente.
Ya señalamos en el sueño de la primera sesión comentada cómo la figura del "soldado" en la pelea que representa la escena primaria sadomasoquista, condensa en un mismo símbolo los impulsos del ello y los contenidos superyoicos. En la sesión siguiente, frente a su "hermano de análisis" Mary exclama: "Chau, rico", expresando con esto sus impulsos orales hacia el depositario de su propio yo ideal, y simultáneamente dice: "¡Qué impresión le haré a este hombre! ¡Qué caradura!", palabras con las cuales nos transmite su incomodidad, sus sentimientos de culpa, frente al carácter superyoico, persecutorio, de ese ideal.
En la transferencia podemos ver con bastante claridad esta misma estructura del superyó temprano fuertemente impregnado por elementos instintivos cuyo carácter libidinoso o tanático, de acuerdo con las consideraciones acerca de la excitación que hemos expuesto detalladamente en párrafos anteriores, depende de la capacidad que posea el yo para descargar adecuadamente las magnitudes de esa excitación.
En la sesión del día jueves, por ejemplo, en donde la regresión transferencial conduce a Mary a expresar sus fantasías a través de símbolos que aluden a la vida intrauterina, me dice, calurosamente unida a su ideal que deposita sobre mí, que mis palabras le "entran por las venas"; pero en la misma sesión me expresa su temor hipocondríaco a morirse de un cáncer, fantasía con la cual representa su excitación creciente, que vivencia como algo que se halla fuera del control de su yo.
Decíamos que sobre esta estructura tanática o masoquista básica que condiciona y perpetúa la debilidad de su yo, se estructuran los sentimientos de culpa inconciente y las fantasías de castigo primarias, para evadir las cuales realiza aquellos actos que, dentro de una repetición compulsiva, la conducen a incrementar secundariamente sus sentimientos de culpa, que pasan a quedar contenidos así en un superyó más tardío referido a los objetos externos de un ligamen incestuoso, y resultan atribuidos a los actos realizados precisamente para encubrir la conciencia angustiante del masoquismo primario.
Volvamos una vez más sobre las consideraciones que realizó Freud acerca de los delincuentes por sentimiento de culpabilidad: "... he de afirmar que el sentimiento de culpabilidad existía antes del delito y no procedía de él, siendo, por el contrario, el delito el que procedía del sentimiento de culpabilidad (...) los delitos cometidos para la fijación del sentimiento de culpabilidad habían de ser realmente un alivio para el sujeto atormentado" (Freud, S., 1916d, t. II, pág. 1093-1094).
Llegados a este punto de nuestro desarrollo teórico, podemos plantear una hipótesis dinámico-estructural dividida en dos puntos.
Primero. La prohibición del incesto puede quizás derivar de la experiencia traumática (en parte heredada pero vuelta a vivir individualmente) de haberlo realizado en un nivel oral-digestivo (o embrionario metabólico) muy precoz.
Segundo. Lo que conduce a la consumación del incesto es la debilidad del yo frente al superyó identificado con los impulsos del ello. Esto equivale a afirmar que la culpa inconciente es también causa y no sólo consecuencia del incesto. Cabe recordar aquí nuevamente los conceptos que estableció Freud cuando se ocupó de los delincuentes por sentimiento de culpabilidad
Estas consideraciones dinámico-estructurales pueden integrarse con la tesis que sustentamos acerca del contenido latente del horror al incesto, para constituir así un tercer postulado: el incesto es a la vez defensa y retorno de un contenido narcisista, desplazado sobre el ideal del yo o el superyó temprano.
Este contenido narcisista queda unido a la fantasía de una cópula hermafrodita, proliferativa, capaz de dar vida a un teratoma siniestro, a un engendro monstruoso que posee otra vez en su interior a esa misma pareja en cópula permanente, y que puede quedar representado a través de un crecimiento embrionario fetal anómalo o a través de un desarrollo tumoral canceroso que invade y devora.
Notas
(24) Sabemos que "horroroso" es aquello que inspira temor, estremecimiento, espanto (Real Academia Espàñola, 1950). La etimología (Corominas, J., 1961) nos ayuda a comprender el contenido de la excitación que poseen tales sentimientos, puesto que "horror" proviene del latín derivado de horrere, que puede traducirse como "erizarse", "temblar", y su origen está vinculado con el de la palabra "horripilar", que significa en un sentido más literal "hacer erizar los pelos".
(25) Levi-Strauss (1969), en Las estructuras elementales de parentesco, afirma: "Sólo se puede hablar de explicación a partir del momento en que el pasado de la especie vuelve a jugarse, en cada instante, en el drama indefinidamente multiplicado de cada pensamiento individual, porque, sin duda, él mismo no es más que la proyección retrospectiva de un pasaje que se produjo, puesto que se produce continuamente".
(26) A los efectos restringidos a la hipótesis que desarrollaremos en este trabajo resulta indiferente determinar si los objetos de la identificación primaria son, como lo hemos afirmado en otros trabajos (Chiozza, L., 1964a, 1970a) y apoyándonos en otros autores (Rascovsky, A., 1960; Cesio, F., y colab., 1964a), los arquipadres heredados provenientes del ello, o como sostiene Klein (1956), debemos entender únicamente que Freud significa con esto que "la introyección aún precede a las relaciones de objeto". En cambio es importante tener en cuenta que cuando nos referimos al superyó o al ideal del yo, estamos definiendo funciones o relaciones entre instancias que pueden asumir dichas funciones en diferentes contextos, y que, precisamente por su carácter de funciones, no son inherentes a una determinada instancia, unívocamente diferenciable como estructura aislada.
(27) Existe además la circunstancia de que el coito cosanguíneo fuera no sólo permitido sino prácticamente exigido a determinadas personas dentro de algunas culturas (como por ejemplo la egipcia o la incaica). Esto, que en opinión de Levi-Strauss (1969) no constituye una excepción a la regla social, sino una forma diferente de prescribir la prohibición, puede ser interpretado como la necesidad de satisfacer y evitar simultáneamente, en esta transacción, los deseos más profundos proyectados sobre el soberano. En el mismo sentido cabe interpretar el hecho, señalado ya por Freud (1932a [1931]), de que en general el incesto fuera ejercido libremente por los dioses de la mitología.
(28) Fenichel (1957) ha escrito: "'Regresión de la relación de objeto a la identificación', 'regresión al narcisismo' y 'regresión a la oralidad' significan una y la misma cosa contemplada desde diferentes puntos de vista" (1957, pág. 447).
(29) Véase "El significado del hígado en el mito de Prometeo" en Psicoanálisis de los trastornos hepáticos (Chiozza, L., 1970d [1966]).
(30) P. Heimann, citada por A. y M. Rascovsky (1967), expresa que "la noción de la mujer vampiro que succiona su pareja hasta matarla, los monstruos del folklore y la mitología que son parcialmente hombre y parcialmente mujer, o mitad humano y mitad animal; éstos constituyen algunos ejemplos que dan testimonio del horror causado por las fantasías más profundas y arcaicas sobre la unión de los padres". J. Cardeña (1962) ha dedicado un interesante trabajo al estudio de la esfinge como una imago compuesta que condensa las fantasías inconcientes más primitivas.
(31) Recuérdese que hemos visto ese mismo carácter transaccional en el hecho de que el incesto fuera exigido a los faraones egipcios y a los reyes incas.
(32) En la primera parte de este libro enfatizamos adecuadamente este aspecto y pudimos correlacionarlo con un aborto provocado por Mary hace ya veinticinco años.
(33) Garma (1942, 1962), retomando estas ideas de Freud, ha subrayado estas características encuadrándolas en su concepto del superyó biológico.
(34) En trabajos anteriores (Chiozza, L., 1963a, 1964a, 1970d [1966]), vinculados al estudio de las fantasías correspondientes a la vida intrauterina, analizamos con más detalle las posibles relaciones entre el yo precoz y el superyó temprano, integrando estas consideraciones con las ideas que expresó Melanie Klein (1932) acerca del superyó precoz en los estadios orales.