Dr. Luis Chiozza
CAP. XI
HIPOTESIS ACERCA DE LA CONSUMACION DEL INCESTO
Oralidad y genitalidad en el incesto
Freud (1921c) nos aclara que tanto la fijación como la regresión determinan que el fin sexual genital sea muchas veces sustituido por el más primitivo de la identificación, fin "oral" que se diferencia del genital en que en lugar de intentar tener al objeto se intenta ser el objeto. Esta finalidad "oral" posee un desenlace narcisista y conduce, como es obvio, a una incorporación que determina el crecimiento y el desarrollo.
Pero este enfoque evolutivo admite un abordaje atemporal, válido en cualquier momento del desarrollo que nos plazca considerar, si tenemos en cuenta lo que Freud (1921c) afirma cuando dice, tomando como prototipo al varón, y en términos del predominio del complejo positivo sobre el negativo, que del padre se apodera por identificación, mientras que realiza una elección de objeto que recae sobre la madre. La identificación homosexual y la relación de objeto heterosexual no constituyen fines absolutos, sino predominantes sobre sus complementarios (exceptuando los incrementos transitorios del Edipo negativo), pero lo importante radica sobre todo en que de una u otra manera ambos fines, ser o tener al objeto, pueden ser encontrados en cualquier estadio considerado.
El abordaje de estas fantasías desde un ángulo biológico, tan habitual en Freud, nos permite profundizar en su sentido. Así como la identificación, si bien predomina durante el crecimiento, continúa operando a lo largo de toda la vida individual, la reproducción genital, que inicia su predominio una vez finalizado el crecimiento, encuentra su antecedente en la reproducción celular, como si fuera una cópula "narcisista" y "hermafrodita", durante la etapa del crecimiento. Este abordaje biológico puede ser interpretado como una realidad de carácter genético y subyacente a la fantasía, o puede ser considerado como un modelo propio del lenguaje. Para los fines que nos proponemos es indiferente una u otra postulación. Tampoco resulta decisivo el limitarse a un enfoque evolutivo o atemporal.
Es importante en cambio subrayar que ambos fines, orales y genitales, no sólo pueden transformarse uno en otro o sustituirse recíprocamente, sino que la actividad yoica correspondiente a uno cualquiera de ellos puede adquirir en la fantasía la representación del otro. El coito puede quedar representado por la incorporación tanto como la incorporación por el coito.
La inhibición del incesto
Si la identificación primaria es una modalidad "oral" de la actividad sexual que, en este "nivel", se realiza precisamente con los objetos originales (ambos padres de la prehistoria personal), podemos decir, aunque sea en sentido metafórico, ya que la palabra "incesto" implica un fin genital, que los sentimientos de culpa que se originan de la identificación primaria nacen de un "incesto oral" consumado. "Incesto" oral significa aquí: oralidad con un objeto cosanguíneo o endogámico.
Los sentimientos de culpa que nacen, junto con el superyó precoz, de este "incesto oral" consumado representan, como "tensión", una tendencia del yo hacia la "asimilación" de ese superyó precoz, ideal y también temido, porque contiene el "maná" de los objetos originales de la identificación primaria, que fue traumática porque se realizó "siendo aún débil el yo". Pero al mismo tiempo este superyó protege al yo de una nueva identificación con los objetos originales, ya que se interpone, en virtud de la atracción que ejerce sobre el yo, entre este último y dichos objetos, ofreciéndose en su lugar al yo, como un objeto interno que, aunque temido, es menos temido. Podemos formular esto mismo diciendo que los sentimientos de culpa impiden una nueva consumación del "incesto oral" original, repetición que sólo sería posible, en "utópica teoría", una vez que la completa asimilación del superyó precoz hiciera desaparecer a este último junto con los sentimientos de culpa correspondientes. La persistencia de este núcleo superyoico puede ser atribuida a la circunstancia de que conserva una parte del "maná" de los objetos originales, lo cual impide su completa asimilación por parte del yo precoz.
Nos encontramos ya ante un conflicto, en el yo, entre el deseo y el temor con respecto a la asimilación de su ideal. Este ideal, el superyó precoz, proyectado sobre los objetos de la identificación secundaria, la madre y el padre de la "historia" personal, determina una elección narcisista que alcanza su máximo exponente precisamente con los objetos cosanguíneos o endogámicos, que son los que mejor se prestan a esa proyección. Con uno cualquiera de estos objetos la identificación "completa" tampoco resulta posible, ya que se encuentran cargados con el "maná" que proviene ahora del superyó precoz proyectado sobre ellos.
El grado de renuncia a la identificación implica la progresiva sustitución de ser el objeto por el tenerlo. Es forzoso suponer que este cambio en el fin debe encontrarse condicionado a una progresiva merma en la capacidad de crecimiento y alcanzar al mismo tiempo diferente intensidad frente a los objetos homo y heterosexuales, como corresponde a las características biológicas. También es forzoso suponer que los sucesivos pasajes proyectivo-introyectivos fortalecen al yo y lo orientan progresivamente hacia nuevas experiencias cada vez menos peligrosas, mientras lo mantienen separado de la asimilación completa de los objetos internos arcaicos. Estos objetos ideales, aún temibles y alejados del yo, ya no poseen, en términos relativos, el "maná" que poseían al comienzo.
Cuando por fin el desarrollo conduce a la posibilidad de consumar los fines genitales específicos, el más evolucionado de los cuales es la procreación, la excitación que provocan los objetos de la elección endogámica, cercanos a los originales arcaicos, ya ha quedado transferida, a través de sucesivos pasajes, a sustitutos exogámicos menos peligrosos. Reconocemos así, implícitamente, entre el coito con un objeto cosanguíneo (incesto en la verdadera acepción del término) y el "incesto oral", una actividad sexual "incestuosa" para cada uno de los períodos evolutivos, pero tenemos en cuenta que en condiciones consideradas normales, dicha actividad no alcanza, en todos esos períodos, el mismo grado de inhibición, cuyo máximo observamos en el incesto "genital", es decir verdadero.
El principio explicativo que en última instancia hemos utilizado acerca de la inhibición o prohibición del incesto(y por lo tanto del nacimiento de la civilización y de la cultura), y ante el cual se detiene la investigación psicoanalítica, es pues la debilidad del yo incipiente, que constituiría así una característica exclusiva del hombre. Este principio ha sido utilizado por Freud (1923b) en sus formulaciones acerca de la génesis del ideal del yo y de la represión (1940a [1938]). Su exclusividad en cuanto al hombre parece coincidir con la tesis biológica acerca de que es la inmadurez en el desarrollo neurológico con el cual el hombre (como repetición de una pauta heredada) nace, aquello que determina a un mismo tiempo su prolongada dependencia y su excepcional apertura al aprendizaje. Esto le permite emanciparse, en una proporción inigualada, de la naturaleza y del instinto.
El incesto consumado
La primera tentación con la cual uno se encuentra al procurar comprender desde el punto de vista dinámico-estructural la génesis del incesto consumado, consiste en interpretarlo como una "falla" en el mecanismo de la represión que equivale a un "déficit" en la "severidad" del superyó. Si tenemos en cuenta sin embargo que el incesto consumado es un delito en el universo civilizado, prohibido por las leyes sociales de todas las culturas (Levi-Strauss, C., 1969), acude a nuestra memoria lo que Freud (1916d, 1923b) afirmó acerca de los delincuentes por sentimiento de culpabilidad, cuando sostiene que no es el sentimiento de culpabilidad el que procede del delito, sino el delito el que proviene del sentimiento de culpabilidad. En opinión de Freud "... se trata de un hecho indudable" y es "... como si para el sujeto hubiera constituido un alivio poder enlazar dicho sentimiento de culpabilidad con algo real y actual" (Freud,. S., 1923b, t. II, pág. 27). A. y M. Rascovsky (1950), partiendo de un ángulo diferente, han subrayado el carácter defensivo del incesto consumado frente a un estado subyacente de grave melancolía. Podríamos, por lo tanto, trazar una hipótesis según la cual son los sentimientos de culpa provenientes de la existencia del superyó precoz, aquellos que conducen a la consumación del coito incestuoso. Deberíamos aclarar entonces porqué tales sentimientos determinan sólo en algunos casos, y además especificamente, la realización de ese delito particular.
En cuanto a la primera parte de la pregunta, esto es, en qué casos se produce, responderíamos que se trata de un estado de particular intensidad en los sentimientos de culpa provenientes de la organización estructural primaria, debido precisamente a la carencia de una organización superyoica secundaria suficiente, que sería menos severa. Esto equivale a afirmar la existencia de una organización "oral" de carácter muy "regresivo".
Respecto al porqué la severidad del superyó precoz conduciría precisamente a la consumación del coito endogámico, diríamos que el coito endogámico representa una transacción.
Por un lado es una elección narcisista, en cuanto se realiza con los objetos próximos a los originales, objetos cosanguíneos que contienen la proyección del primitivo superyó ideal. Visto desde este ángulo constituye un "retorno", modificado, del "incesto oral" en la defensa, y puede quedar representado en la fantasía como una "cópula hermafrodita", proliferativa, que alude a una descarga sexual propia de la identificación durante la época del crecimiento, y que constituye el contenido latente del horror al incesto.
El coito incestuoso, con su estructura narcisista, conserva así, frente al coito exogámico, el carácter de un delito contra la sociedad, nacida precisamente de la exogamia (Levi-Strauss, C., 1969).
Por otro lado configura una defensa que, bajo la forma de un cambio en el fin sexual, constituye una "salida" de ese "incesto oral". Este último sería mucho más narcisista y angustioso, en cuanto representa la persistencia de una forma de satisfacción sexual "regresiva" que, actualmente inadecuada, resulta una amenaza para el yo.
Se comprende mejor de esta manera el hecho de que M. Klein (1932) señale que las relaciones sexuales entre hermanos, durante la infancia, contribuye frecuentemente a la instalación de un superyó más tolerante y a la disminución de los temores y sentimientos de culpa frente a la sexualidad.
Repasemos, ordenadamente, los elementos que constituyen la hipótesis.
Primero: el incesto consumado aparece colocado entre una distribución narcisista de la libido que se descarga en el desarrollo y en el funcionamiento corporal, y el coito exogámico como una descarga genital heterosexual.
Segundo: lo que impide la descarga genital madura, heterosexual, exogámica, es un componente narcisista intenso, asociado a una estructura melancólica muy primitiva en la cual el ideal del yo o el superyó temprano, cargados de instinto de muerte, invaden al yo.
Tercero: el yo, inevitable y masoquístamente identificado con esos instintos y objetos, intenta controlarlos mediante una descarga incestuosa, rica en las fantasías correspondientes a su estructuración melancólica.
Cuarto: esta descarga incestuosa, ligada a las fantasías tempranas, es dolorosa y horrible debido precisamente a las características primitivas de la excitación que contiene. Sin embargo, posee un carácter transaccional entre el coito exogámico y un contenido latente más horroroso aún, constituido por la exigencia de un narcisismo extremo, que expone al yo a la carencia de objetos materiales en los cuales satisfacer las necesidades correspondientes al nivel de desarrollo alcanzado.
Quinto: la representación de este narcisismo extremo, como algo proliferativo e invasor, que hemos caracterizado como hermafrodita y que queda asociada a fantasías de un embarazo maligno o de un desarrollo tumoral (como por ejemplo un teratoma siniestro o un cáncer devorador) queda nuevamente proyectada sobre el coito incestuoso y constituye el contenido latente del horror al incesto.
Estimulados por el impacto de la situación de Mary, que consumó repetidamente, y en la edad adulta, el incesto fraterno, y frente a los interrogantes teóricos que se encuentran en la introducción a este trabajo, estudiamos una parte del material que ella y yo produjimos, en el campo de la transferencia-contratransferencia, durante el tratamiento. Consideremos ahora, muy a grandes rasgos y a manera de una síntesis que no se propone repetir detalles ni fundamentos, cuáles son las condiciones "dadas", en este material, que pueden brindar, unidas a los comentarios anteriores, verosimilitud a la hipótesis enunciada:
Desde el punto de vista económico, la existencia de impulsos incontrolables que no encuentran adecuada canalización yoica sobre la realidad circundante y que, frustrados, contribuyen a intensificar o realizar los componentes tanáticos que desorganizan al yo.
Desde el punto de vista evolutivo, la existencia de una intensa fijación a los estadios más precoces del desarrollo. Aunque las consideraciones realizadas pueden enriquecerse sustancialmente si admitimos la persistencia postnatal de fantasías de incorporación y asimilación que corresponden a funciones propias de la vida intrauterina (Chiozza, L., 1970a), frente a las necesidades de nuestra hipótesis resulta tal vez suficiente definir estos estadios como predominio de la oralidad, el narcisismo y la tendencia a la identificación (sea proyectiva o introyectiva). Vimos ya que, en opinión de Fenichel, las tres "regresiones" mencionadas "significan una y la misma cosa contemplada desde diferentes puntos de vista". Subrayemos aquí, además, la equiparación inconciente del coito con la incorporación y las fantasías hipocondríacas "proliferativas", ligadas a la regresión narcisista, que encontramos en el contenido latente del horror al incesto.
Desde el punto de vista estructural, la existencia de figuras superyoicas "precoces", dentro de las cuales se encuentran, íntimamente unidos, los impulsos instintivos y las fantasías de castigo, y que se hallan intensamente cargadas frente al complemento de un yo "débil", en términos relativos a dichas figuras.
Notas
(35) Usamos "oral", entre comillas, porque queremos dejar abierta la hipótesis a la consideración de los estadios prenatales del psiquismo (Rascovsky, A., 1960; Chiozza, L., 1970a), que enriquecen profundamente su sentido.
(36) Ya señalamos que Freud en El yo y el ello, cuando se ocupa de la identificación en el complejo de Edipo positivo, ha escrito que la relación del superyó con el yo "...no se limita a la advertencia" 'Así (como el padre) debes ser', sino que comprende también la prohibición: 'Así (como el padre) no debes ser, no debes hacer todo lo que él hace, pues hay algo que le está exclusivamente reservado'" (Freud, S., 1923b, t. II, pág. 19). En esta formulación lo prohibido para el hijo es, aparentemente, la identificación "completa" con el padre. Lo que está exclusivamente reservado al padre es el coito con la madre del sujeto.
Si estudiamos esta formulación advertimos sin embargo lo inadecuado de la expresión "identificación completa", ya que puede ser expresada también de otra manera: Así (como el padre) debes ser: debes hacer todo lo que él hace, y no hacer lo que él no hace, no debes acostarte con tu madre así como él no se acuesta con la suya. También aquí lo prohibido es el incesto. También queda exclusivamente reservado al padre el coito con la madre del sujeto. Pero, en esta segunda formulación, la prohibición no comprende la identificación "completa" con el padre. Es más, es precisamente una identificación con el padre aquello que establece o refuerza la prohibición. Juanito, el protagonista de uno de los historiales escritos por Freud, "conocía" esta "posición complementaria", cuando deseando casarse con su madre, soluciona la soledad del padre proponiéndole a este que se case con la suya, abuela de Juanito. [(Véase al respecto "El falso privilegio del padre en el Complejo de Edipo" (Chiozza, L., 1977b) y las consideraciones que realizamos en "La paradoja, la falacia y el malentendido como contrasentidos de la interpretación psicoanalítica" (Chiozza, L., 1983e)]. La implicancia y el significado de las identificaciones "topológicamente" complementarias nos introducen así en interesantes consideraciones acerca de la transferencia "fraterna" que escapan a los límites de este trabajo.(37) Suponemos que la fijación que estamos considerando está especialmente condicionada por las repetidas pérdidas de objeto que Mary ha experimentado de una manera especialmente dramática en el curso de su historia, y que se manifiestan en el presente de la transferencia como una permanencia constante y predominante de las fantasías inconcientes de abandono.