Dr. Luis Chiozza
CAP. XII
CONSIDERACIONES FINALES
A manera de síntesis y con el propósito de subrayar algunas de las conclusiones a las cuales hemos llegado al final de este trabajo, analizaremos la cita de Thomas Mann que hemos utilizado como epígrafe. Esto nos permitirá reencontrar en un material diferente, que puede ser integrado con todo aquello que configura el caso de Mary, Los elementos que hemos destacado en la estructuración teórica.
Los protagonistas del incesto fraterno narrado por Thomas Mann en El elegido, tal como aparece en las primeras palabras que citamos al comienzo, "no podían dormir", como le ocurría a Mary, para quien el insomnio representaba la excitación que no podía elaborar. Así Wiligis, que procuraba adormecerse cerrando los ojos con fuerza, "suspiraba excitado hasta que por fin saltó de la cama... y... entre mil ilícitos besos entró en el lecho de su hermana" (Mann, T., 1953, pág. 40).
Thomas Mann subraya que Wiligis estaba "conmovido por la muerte de su padre y pensando en su propia vida" (Mann, T., 1953, pág. 40) cuando "suspiraba excitado". Esta excitación queda ya desde el comienzo vinculada a la muerte. El intento de elaboración o control a través del pensamiento o del sueño, tal como ocurría en el caso de Mary, quien a través de sus reiteradas preguntas se encuentra continuamente "pensando en su propia vida", refleja la lucha en el yo, cargado de libido y de impulsos tanáticos provenientes del ello. Forma parte de esa excitación la entrega masoquista al superyó, ya que el carácter ilícito de los besos contribuye a encenderla.
El componente tanático de estos impulsos aparece otra vez cuando el personaje tartamudea: "hemos nacido de la muerte" y surge también vinculado a la satisfacción del deseo "que el demonio les había inspirado" cuando exclama: "ríndete a tu hermano en la muerte" (Mann, T., 1953, pág. 42), expresión con la cual se alude en el contenido manifiesto al fallecimiento de la madre ocurrido durante el parto de ambos hermanos gemelos, y en el contenido latente a la confusión del orgasmo con la entrega erotizada a la muerte.
Mary nos permite comprender el componente tanático de su excitación, y su entrega masoquista a un superyó temprano representante del ello, en innumerables oportunidades; por ejemplo, cuando nos habla de la "fiebre psicoanalítica" que la expone a la muerte, o de la "fiebre" que devoraba al esposo entregado al deporte que constituye el "infierno" frente al cual "tiene ganas todavía". También cuando expresa -reactualizado en el vínculo transferencial y representado en la forma de una perturbación del orgasmo- el carácter penoso y angustiante de la excitación ante la cual siente "que iba a explotar".
El carácter demoníaco del superyó temprano, representado en el infierno, aparece así junto al carácter divino que Mary nos expresa al mencionar el "aspecto religioso" a través del cual procura inútilmente evadir "la trampa de la naturaleza". Lo divino y lo demoníaco, que hemos caracterizado (Chiozza, L., 1963a,1970a) como dos experiencias diferentes del yo frente a un mismo contenido ideal, sagrado y persecutorio, aparece también en el epígrafe cuando Wiligis es "abandonado por Dios" y satisface el deseo que "el demonio les había inspirado".
En el caso de Mary hemos podido comprobar el componente melancólico y letárgico, presente en la estructura subyacente a la conducta incestuosa, estudiado especialmente en la primera parte de este libro, en donde vimos que los objetos "muertos" o aletargados, vinculados a las continuas y dolorosas pérdidas de objeto -y simbolizados por ejemplo a través de la tía que falleció en una atmósfera maloliente víctima de un cáncer de intestino- aparecían frecuentemente en la transferencia y contratransferencia, tal como aparecían el aburrimiento y alusiones al letargo en algunos fragmentos de las sesiones presentadas.
Estos mismos objetos surgen delineados con toda claridad, en las palabras de Thomas Mann, a través de la mención de la muerte de ambos progenitores y quedan estrechamente vinculados a la consumación del acto prohibido en las palabras de Sibylla: "Murió hoy y está allá abajo en el féretro. ¡Déjame, la noche pertenece al muerto!" (Mann, T., 1953, pág. 42), donde la alusión al féretro señala inequívocamente el intento de mantener aletargados los impulsos que aparecen en "la noche", tal como aparecen en la "noche de perro" los estímulos que asaltaban a Mary y le impedían dormir.
Los impulsos orales afines a la estructura melancólica y presentes en el contenido latente de los deseos incestuosos quedan evidenciados en el siguiente párrafo del epígrafe citado: "Así llegaron ellos hasta el fin y satisficieron el deseo que el demonio les había inspirado. Y dijo él enjugándose la boca: -Ahora ya está hecho, lo podremos hacer una y mil veces más" (Mann, T., 1953, pág. 42). También en el caso de Mary aparecen los impulsos orales íntimamente vinculados a los deseos incestuosos, como hemos podido comprobar por ejemplo cuando exclama "Chau, rico" en el encuentro con Pedro, "su hermano de análisis".
Si tomamos en consideración los conceptos de Freud acerca de la identificación incompleta con el padre en la formación del superyó, ya que esta identificación incluye también un "así (como el padre) no debes ser: no debes hacer todo lo que él hace, pues hay algo que le está exclusivamente reservado" (Freud, S., 1923b, t. II, pág. 19), podemos pensar que la actitud de Wiligis cuando "conmovido por la muerte de su padre... entre mil ilícitos besos entró en el lecho de su hermana", contiene una identificación maníaca con el superyó.
En Sibylla, en cambio, esta identificación maníaca es parcial, ya que, cuando habla "bromeando con una voz ahogada que excluía toda broma", se disocia en un yo confundido con el superyó mediante un mecanismo semejante a la manía y señalado ya por Freud (1927d): el humorismo (que en este caso se acerca a la ironía), mientras otra parte de su yo, angustiada, expresada a través de la "voz ahogada", contempla horrorizada la fusión con el superyó temprano, representante del ello, simbolizado a través del demonio y "los lúgubres graznidos de las lechuzas que revolotean en torno de la torre".
Durante el tratamiento de Mary hemos tenido ocasión de comprobar en la transferencia y experimentar en la contratransferencia este mecanismo que aparece frecuentemente en las sesiones comentadas. Recordemos el horror y el ahogo presentes en el sueño en donde ocurre la lucha con el soldado y dentro de la antigua casa, y cómo este horror continúa presente en sus comentarios risueños y hasta en sus ironías mordaces, con las cuales me ataca y se ataca sarcásticamente. Sibylla, como Mary en su alusión a la antigua casa "que en una época fue un castillo", expresa su narcisismo simbolizado en la "torre" en torno de la cual revolotean las lechuzas, y su pregunta "qué significa, hermano, esta lucha", nos recuerda la pelea con el soldado en el sueño de Mary recientemente mencionado.
Hasta aquí, y resumiendo lo anterior, hemos podido comprobar, sólo en este breve fragmento cuyo dramatismo impresiona, algunos de los elementos que estudiamos en el material de Mary. Hemos visto la excitación incontrolable, la amalgama libidinosa y tanática contenida en esa excitación, la estructuración melancólica y letárgica subyacente a la consumación del incesto, y sus componentes orales, el intento de elaboración de esa excitación a través del pensamiento, y el intento de aletargar los contenidos de "la noche" que deben permanecer en el "féretro" y frente a los cuales "tendidos, con los ojos abiertos... procuraban adormecerse cerrándolos con fuerza".
Hemos visto también la estructura primitiva del superyó vinculado con la materialización del incesto y el doble aspecto devino o demoníaco que adquiere frente al yo. Nos encontramos ahora en este fragmento de Thomas Mann con una pregunta que se halla en la base del pensamiento que motivó este trabajo, cuando Sibylla expresa: "Ahora tengo junto a mis labios tu dulce cuello. ¿Por qué no? Me gusta".
Este "por qué no", como ocurre en la vida cotidiana, y ha de haber ocurrido seguramente con Mary, representa una aceptación, enmascarada mediante la racionalización, de los impulsos, pensamientos o actos que intentan vencer la inhibición. Mientras que el "utilizar" esta pregunta que encubre una forma de aceptación conduce a la actuación de los actos prohibidos que satisfacen impulsos que permanecen fuera de la conciencia, el intento de contestar a este interrogante puede llevarnos, siguiendo los pasos de Freud, a superar la represión para penetrar en el conocimiento de lo inconciente.
Las palabras con las cuales Sibylla continúa, nos muestran el contenido latente de su horror y su placer frente al incesto cuando dice: "Sólo te pido que no quieras separarme así las rodillas, pues éstas siempre quieren estar absoluta y completamente unidas".
Estas rodillas unidas aluden al encierro en la torre que sólo puede ser vencido por alguien que, como Wiligis, su hermano gemelo, le ofrece un coito cosanguíneo y le expresa: "Dulce parte mía, amada", satisfaciendo así, en la unión de los gemelos iguales, los deseos de unión narcisista expresados a través de las dos rodillas simétricamente idénticas que, "absoluta y completamente unidas", custodiando el interior de su cuerpo, revelan el temor a la separación como un símbolo de la pérdida injuriosa del narcisismo primitivo.
Pudimos observar también en el caso de Mary el contenido narcisista de sus impulsos incestuosos, en las palabras con las cuales nos expresa que se encontró a sí misma en "su hermano de análisis", a través de un material que constituye un símbolo elocuente de sus coitos con Adrián, en el cual encontramos, como recordará el lector, una imagen especular de la paciente, cuando hace algunos años nos trajo una fotografía que los evidenciaba impresionantemente parecidos.
Es posible comprender así el carácter transaccional, defensivo, que posee el incesto frente a la profunda injuria narcisista contenida en el coito exogámico, injuria que aparece simbolizada como un grave daño corporal en el sueño de "las cabezas" que "sin piel, las parten y caen mitad para cada lado", como las rodillas "absoluta y completamente unidas" de Sibylla.
Tal como en el material de Mary, hemos podido mostrar inequívocamente, en el epígrafe analizado, el contenido narcisista presente en el coito fraterno, en este caso gemelar, contenido que se hace más evidente aún en diferentes fragmentos de la novela. El carácter monstruoso asociado a la profunda regresión narcisista y a las fantasías de un embarazo patológico como la expresión de un crecimiento anómalo, aparece en el material de Mary representado en el cáncer y en el paradigma de su sobrina Perla, en la cual, según nos narra, se desarrolla una gravidez siniestra.
Mostrar estas mismas fantasías en la obra citada nos exigiría transcribir otros pasajes en los cuales el autor nos comunica el desenlace del coito fraterno que fructifica en el engendro de un niño que luego de ser abandonado y luego de descubrir con el paso de los años, horrorizado y asqueado, su origen incasto, se llama a sí mismo "dragón" y "monstruo" y cohabita, como Edipo, sin saberlo, con su propia madre viuda. Pero a diferencia de este último no se hiere en los ojos cuando se deshace su negación, sino que se recluye en una roca pelada en medio del mar, en donde, sometido a las inclemencias del tiempo, sin más alimento que el agua de lluvia que se acumula en el hueco de la roca transformándose en un líquido lechoso, expuesta su piel desprotegida a los rayos quemantes del sol, se va reduciendo y encogiendo durante diez y siete años hasta quedar transformado en una especie de erizo cubierto de pelos y enrollado sobre sí mismo.
De esta roca es liberado por obra de los principales de la Iglesia, a quienes les fue revelado en sueños que en esa isla desierta se encontraba quien debía llevar el anillo de Pedro. Así, convertido en Papa, abandona la profunda regresión narcisista y se identifica con el yo ideal como representante de Dios, el ideal en la tierra, según el mecanismo que Freud (1914c) describió cuando expresa que la formación de un ideal constituye una salida del narcisismo primitivo.
Cuando años después, en posesión de la investidura papal, es visitado por la que es al mismo tiempo su madre, tía y esposa, nos muestra, al hablar de sí mismo en la primera persona del plural, como corresponde a un Papa, el carácter de escena primaria hermafrodita contenido en su mística comunión con Dios.
Nuestra primitiva pregunta resumida en un lenguaje de acción en el "¿por qué no?" de Sibylla, ha quedado sin contestación, ya que, comprendiendo precisamente el carácter transaccional del incesto, queda deshecho el sentido de semejante planteo que no admite una respuesta en términos de "sí" o "no".
Thomas Mann, a través de su lenguaje magistral, pone en boca del narrador del relato contenido en su novela, las siguientes palabras, en las cuales un cierto humor deja entrever la angustia indisolublemente ligada a la identificación con los impulsos instintivos más reprimidos:
... Guárdese muy bien nadie de sacar una falsa moraleja... pensando que, a la postre, el pecado es cosa fácil de lavar; que se guarde de decirse: "... si tan bien les fue a éstos de la historia, ¿por qué habrás de perderte tú?" Este es el susurro de Satanás... Más, por cierto que es justo y razonable pensar que el elegido lo sea entre los pecadores y es bueno que el mismo pecador lo sepa, pues advirtiendo la posibilidad de ser elegido, el pecado mismo se le hace fructífero y le da alas para que se eleve (Mann, T., 1953, pág. 328).
Notas
(38) Puede encontrarse un típico ejemplo de estas fantasías de embarazo monstruoso asociado al incesto en la novela de Gabriel García Márquez: Cien años de soledad, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1967.