Dr. Luis Chiozza
CAP. IV
EL SEGUNDO AÑO
El rol materno como aborto y gestosis
Las ansiedad frente a la separación correspondiente a mis vacaciones anuales comienza a manifestarse ya en el mes de noviembre. La pérdida es vivida como la ruptura de un vínculo simbiótico, y esta ruptura es experimentada con mucha mayor capacidad de verbalización que en el año anterior.
Aparece así en el material de las sesiones la vivencia de una pérdida del contenido intestinal, experimentada como un acontecimiento peligroso que la debilita. Pero la fantasía más profunda es la pérdida de sangre, del hijo, del contenido uterino, vivida como el arrancamiento de una parte de su cuerpo.
En lugar de hijos había criado frecuentemente perritos, que siempre se le habían muerto sumiéndola en la desesperación. Por esa época poseía una perrita a la cual a veces llamaba "mi nena".
En una sesión perteneciente a este período, en el momento en que entra al consultorio se le cae un libro, y algo en su actitud, en fin, su expresión preverbal inequívoca, me lleva a interpretarle:
A: Pierde las cosas.
P: Sí, pierdo todo. Perdí la fotografía de la perrita... No tengo ganas de nada. Tengo rabia con todos menos con mi suegra. Me siento como muerta.
Basándome en material anterior le interpreto:
A: Tiene rabia conmigo porque me voy en febrero. Pero su suegra también me representa a mí, a la reconciliación que usted tiene que tragarse para permanecer unida con algo.
Aquí vemos pues cómo la separación es experimentada como la pérdida de "su nena", y esto la deja primero lastimada y luego "como muerta", sobre todo porque en un plano más primitivo es vivida como la ruptura de un vínculo simbiótico uterino-embrionario. Más adelante y en esta misma sesión confirma lo que acabamos de decir cuando me cuenta que tuvo un aborto a los veintisiete años de edad. Porque la emergencia de este recuerdo (al aborto) no sólo la representaría, de acuerdo con Freud, la reactivación de las huellas mnémicas por su conexión asociativa con las vivencias presentes, sino además la comunicación de ese mismo presente transferencial a través del recuerdo usado como un símbolo no totalmente verbalizado -en parte "repite" en lugar de "recordar" (Freud, S., 1914g)-. No obstante lo anterior, mi interpretación se centró en otro aspecto sobre el cual habíamos trabajado menos: cómo recreaba el vínculo simbiótico conmigo en un plano "ideal", negando la persecución a través de la idealización del analista-suegra que, según otro material asociado, le "preparaba el almuerzo" y la cuidaba. Cuando menciono en esta interpretación la reconciliación, utilizo mi conocimiento anterior de sus desavenencias con la suegra.
Un día lunes, a la semana siguiente, me cuenta que compartió un taxi con otra señora, una italiana joven y "madre", que iba a visitar a su hijo internado en el Hospital de Niños, un chico diarreico y "debilitado". La madre contó que no lo atendían bien, que no le daban agua. Añade luego:
P: (Angustiada)... era un nene de una mujer pobre, no como tantos chicos, como su nena por ejemplo, que no le falta nada.
Asocia con el hecho de que cuando tenía un año de edad sufrió una infección grave en una pierna, los médicos se la querían cortar y entonces su madre se desmayó. Agrega que la madre corría desesperada con ella por la calle, y en este punto se echa a llorar.
A: Yo soy el médico que no da agua, agresivo, que la abandona y le arranca sus hijos... como un pedazo de usted Ahora soy también la Sra. Mary que le roba los hijos a la madre "tanita" que es usted misma.
Al día siguiente y después de un silencio:
P: Ay... pensé que estaba cansada, que no tengo ganas de hablar. No sé... después de la conversación de ayer estoy como rota... como raspada sería.
A: Cuando dijo raspada me hizo acordar del aborto.
P: Sí, yo pensé lo mismo.
La separación vivida como una pérdida del contenido intestinal aparece en este material a través del chico diarreico. También vemos esta pérdida expresada como una mutilación, como un arrancamiento, la pierna que los médicos querían cortar, y que, infectada, vuelve a quedar asociada con lo anal descompuesto. Pero este contenido descompuesto es también el hijo-embrión "muerto", como surge repetidamente si consideramos las múltiples asociaciones con el aborto. Yo como médico agresivo que no da agua, que abandona y "corta", soy el aspecto de ella estéril y sádico que frustra en niveles orales y prenatales, privando y abortando; y así siente mis próximas vacaciones. Por debajo de este plano que a mi juicio configura el punto de urgencia, y en donde yo soy la Sra. Mary que le roba los hijos a la madre "tanita" sepultada en el interior de mi paciente (vacía, "como muerta" y "desmayada"), existe otro en el cual yo soy el mismo hijo-feto y nuestra separación es el aborto. Dentro del primer rol ocurren los reproches melancólicos, cuando me dice por ejemplo que a mi nena no le falta nada, pero podemos pensar que esto es una defensa frente a la culpa que siente hacia mí como objeto y como parte de su yo, puesto que siente que me mata cada vez que debe dejarme nacer (vacaciones). En otra parte de la misma sesión, por ejemplo, se quejaba porque mi voz "afuera" (se había encontrado hacía pocos días conmigo en una reunión) era "estridente", y distinta de la voz "suave" del consultorio (de "adentro"), con lo cual creo que me expresaba una vez más su necesidad de mantenerme encerrado, evitando la conciencia de mi individualidad.
Veamos esto último en otro material, cuando sólo faltaban quince días para la interrupción de febrero:
P: Yo la menstruación la suelo tener dos o tres días adelantada, pero esta vez se me atrasó y me vino poco, no sé... se me ocurrió pensar que estaba embarazada. No sé por qué esta vez, porque no es la primera vez que me pasa. Y me angustié muchísimo, me ahogaba. Sentía dolor en los senos, en los ganglios. Me parecía que el camisón me apretaba. Dije: puede ser que me sea chico, como engordé y lo tengo desde antes de tratarme. Y me levanté, agarré la tijera y le pegué un tajo. Pensaba en una chica que el médico le dijo que no necesitaba cuidarse y que tenía su menstruación y todo, y cuando lo fue a ver estaba embarazada.
A: (Yo me siento invadir por una modorra invencible, que debe corresponder a una fantasía de feto retenido analmente). El embarazo lo tiene conmigo, con las cosas que le digo. Así evita perderme. Pero tiene miedo que crezca y la ahogue, que le coma los senos, los ganglios, como el cáncer dormido que puede despertar adentro de usted (Al referirme al cáncer aludo a otro material de la misma sesión en donde el cáncer, mezcla de lo invasor y lo podrido, representaba el núcleo aletargado y también el "secreto", las cosas "feas" ocultas que la tienen embarazada, "hinchada").
Así negaba la separación vivida como un parto. Pero como en su fantasía me impedía nacer y con eso me destruía, aunque más no fuera por eso yo quedaba convertido en un feto taliónico y monstruoso, dañado y por lo tanto perseguidor (el cáncer). También podemos ver en una parte del material cómo en algún momento queda identificada con este feto encerrado, cuando dice: "Me parecía que el camisón me apretaba". En este momento de su evolución en el tratamiento predominaba sin embargo su identificación con el rol materno. Así como detrás de la señora Mary fue apareciendo la nenita Amparo, en un nivel prenatal su posibilidad de identificación con sus contenidos fetales, con "el feto" perseguido y persecutorio, aparece sólo de una manera gradual y a través de un "pasaje" por mí en la relación transferencial.
El "feto" como fantasía, constituye quizás el "núcleo" en donde su libido aparece ligada a los contenidos psicológicos más precoces. Su capacidad de identificación con el feto "abortado" que ella contiene en su interior como una de sus partes detenida en el desarrollo, va apareciendo paulatinamente también como resultado del incremento gradual de la regresión transferencial.
Ante la ruptura del vínculo simbiótico aparecen pues fantasías de embarazo y parto, como lo ha señalado Bleger (1961). El feto entonces representaría dentro de este contexto aquello depositado en el co-partícipe, y su reintroyección podría ser vivida en el inconciente como un coito-ingestión (como dos fantasías distintas de incorporación que pueden ser simultáneas). Abadi (1962) se ha referido al contenido uterino-vaginal de las fantasías orales, y dice en ese sentido: "... retener posesivamente en el vientre el alimento criatura". (Este contenido digestivo de las fantasías de reintroyección vinculadas a la ruptura del vínculo simbiótico, fantasías que demuestran además claras conexiones con vivencias relativas a la vida intrauterina, correspondería, a mi juicio, a la proyección sobre el rol materno de aquellas que debemos suponer son en el feto el correlato mental de su actividad biológica de nutrición, realizada a expensas de la sangre que aporta la madre a través de la placenta y mediante la fundamental intervención del hígado).
En el material que sigue procuraremos mostrar el carácter de coito-ingestión que adquieren las fantasías de reintroyección.
Comenzó una sesión en el mes de noviembre preguntándome por la fecha de mis vacaciones anuales, y agregó que ella debería tomarlas en enero. En el contexto de la situación esto corresponde a la negación maníaca de su ansiedad frente a la separación; se identificaba así con el perseguidor que abandona.
Luego me cuenta un sueño en cuyo contenido latente la fantasía optativa realizada, y repetida masoquistamente, es la unión incestuosa conmigo, con la cual negaba la separación. Cuando se lo interpreto me dice:
P: De repente me noto tan cambiada en un año que pienso que estas vacaciones las voy a pasar mejor. Puedo comer cosas ricas. Lo que efectivamente no me sienta bien y prefiero no pasarme es la frutilla. La frutilla es rica,, tentadora; las pruebo, pero prefiero comer una crema helada o un panqueque, que sienta mejor. No me tienta, antes eran mi sueño dorado y después me dolía el hígado y por todos los rincones.
A: La frutilla soy yo, mi pene. Soy tentador pero indigesto. Siente que le hago mal porque cuando la abandono se llena de odio y me odia, por eso dice que no me necesita tanto.
P: Pienso que puedo empeorar y me asusto; tomo helados, que antes no podía. Ahora sé que es de nervios, pero me da por el helado.
A: El helado enfría todo, el odio, la excitación...
Vemos pues como lo persecutorio cargado ambivalentemente (tentador pero indigesto) es idealizado para poder ser introyectado (el sueño dorado); así, es negada la persecución y la identificación es maníaca (se realiza con el perseguidor idealizado). Cuando fracasa esta manía ("después") el perseguidor ataca en el hígado y en todos los rincones.
A pesar de que la frutilla era también el pene prohibido, erotizado oralmente (el fruto prohibido incestuoso), pienso, tal como lo interpreté, que en este momento más que la culpa frente a lo prohibido es el odio, incrementado por la separación, el que transforma al objeto en taliónico -culpa persecutoria (Grinberg, L., 1962)-, y eso lo torna indigesto. En un nivel más evolucionado, oral, el panqueque es el pecho tranquilizador, lo mismo que la crema; en cambio la frutilla, como pene erotizado oralmente, no sólo es el pene prohibido, sino que contiene al pecho temido. Este pecho temido debe ser forzosamente un pecho envidioso y celoso por su unión incestuosa conmigo.
Queda aún por aclarar por qué el órgano que le dolía era el hígado. Según lo que hoy pienso del hígado representaba aquí al "trozo del yo", o "el órgano", en donde se retenía conflictuadamente aquello incorporado con asco (ambivalencia); y también, convertido en imago objetal, representaba a un "feto chupa sangre" alojado en el vientre. Entonces el pene-frutilla cargado ambivalentemente, en un nivel hepático, es asqueroso y ataca en el hígado, "el órgano" en el cual es primeramente introyectado, y luego, si la fusión es más completa, ataca en todos los rincones del cuerpo en el cual se reparte -"digerir" etimológicamente significa "repartir por el cuerpo" (Corominas, J., 1961)-. "El hígado", como perseguidor hipocondríaco, contendía pues a mi juicio una imago objetal asquerosa, que según el nivel y el rol al cual corresponda puede ser: feto ("hepático-corial"), corion placentario materno, boca, pecho, pene, etcétera. Esta imago es aletargada (con la "crema helada").
En otra sesión de la misma época intenta seducirme para reunirse conmigo, pero de una manera más evidente que en la sesión de las frutillas, donde la seducción aparecía en el contenido latente de un sueño.
Se acuesta con un vestido que tiene botones en la falda, y como tiene dos botones desabrochados me muestra una parte del muslo. Cuando se lo señalo se fija y me dice: "Oh", y después agrega: "Bueno, pero estoy cómoda". Más adelante, en la misma sesión, me expresa que puede comer empanadas de carne (la materia sobre la cual se "realiza" lo instintivo), que la carne no le da ataques tremendos de hígado, como antes, pero que le da dolor de cabeza e hinchazón (posiblemente por la introyección visual, escoptofílica, incestuosa, que proyectaba sobre mí).
La identificación con el feto "abortado"
La identificación melancólica con el objeto perdido, y cierta disminución de las ansiedades paranoides primitivas, obtenida mediante su pasaje a través de mi persona en la transferencia, la conducen paulatinamente hacia el rol embrionario-fetal. Dentro de este rol, el predominio de las fantasías de muerte (aborto), o de vida, depende en las distintas sesiones de las proporciones entre melancolía y depresión.
En una sesión correspondiente a la época que estamos considerando podemos ver cómo va ocurriendo el "cambio" de rol:
P: Ayer, cuando su hija decía papá, pensé qué importante debía ser que le digan papá. Pensé qué sería para usted la voz de su hija. Pensé que soy fría, negativa; qué resorte fallaría en mí que no quiero tener hijos. Cuando recién me empecé a analizar me obsesionaba, y pensaba que mi marido me iba a dejar por no darle un hijo.
A: El hijo que no me da es usted misma; siente que me niega a la nueva Amparo, a la nueva Mary que está naciendo aquí entre los dos.
Más adelante en la misma sesión:
P: Cuando tenía cuatro o cinco años era antipática... A los chicos más chicos les pegaba, me juntaba con los más grandes... hace poco que me acordé de ello. En una oportunidad en casa de una tía habían llevado un nene para que yo jugara... un bebé de tres años, roñoso, mojado, le tenía rabia... yo pensaba: no lo quiero empujar, deseaba que se cayera y se muriera; le di un buen bife. Pero decía: qué suerte si se cayera, yo no lo hice, lo dejé. Yo no quería chicos con moco, me daban asco, le lavé la cara.
Agregaré que por ese entonces nos habíamos encontrado en una reunión a la cual concurrí con mi mujer, y luego me expresó que le parecía haberla visto embarazada. (Aunque mi mujer y yo no lo sabíamos todavía, resultó después que era cierto).
El bebé de tres años era ella, la hermana menor abandonada en Sicilia. También era mi segundo hijo. Mi nena podía ser negada, idealizada, porque considerada narcisísticamente por mi paciente, era ella misma. Mi hijo en cambio se imponía ya como una realidad "material" que no podía ser tan fácilmente negada por la identificación. Se tornaba entonces en un objeto cuya presencia "material" reactivaba un conflicto ambivalente expresado como asco. Este segundo hijo era también ella misma, una nueva Mary surgida del análisis, pero representaba una nueva Mary "real", no tan idealizada. Mi paciente utilizaba así el embarazo de mi mujer para expresarme contenidos que se estaban movilizando en la transferencia. La "rabia" representa así en el material a la envidia y a los celos, pero esta envidia que se materializa en el "buen bife", en este nivel primitivo, forzosamente ambivalente, contiene libido, amor. Creo que por eso le lava la cara al "bebé roñoso", en un esfuerzo para poder aceptarlo, aunque también, y en otro sentido, repite con esto, activamente, lo que sufrió pasivamente de manos de su madre y sus hermanas.
Veamos ahora algunos contenidos de otra sesión, correspondiente a un día sábado. El sábado anterior, al salir del consultorio, se cruzó con una paciente que no conocía, joven y bonita.
Comenzó con casi 10 minutos de silencio, entró con aspecto de estar resfriada, absorbiendo moco por la nariz, como venía algunas veces.
A: ¿Qué le sucede? ¿Por qué no habla?
P: Estoy muy triste. Murió la perrita, Dr.
A: ¿Qué pasó? ¿Cómo fue?
P: La mató un auto.
Me cuenta entonces llorando cómo sucedió. En la plaza. El esposo la había sacado a pasear y volvió con la correa sola, sin la perrita. No se atrevía a decírselo y ella se lo "leyó en la cara". En ese momento, y luego cuando en la sesión siguiente me contaba las condolencias que había recibido de familiares y amigos, mi contratransferencia me sumía en sentimientos muy contradictorios. Oscilaban entre la vivencia de algo siniestro en el hablar de un animalito como si fuera un ser humano y un cierto humor negro o comicidad patética cuando, por ejemplo, volvió el marido con la correa sola.
También experimentaba conmiseración y temor a lastimarla con mi actitud contratransferencial.
P: No le quería hablar a mi marido porque me doy cuenta que le echo la culpa.
A: Recién ahora me puede hablar a mí, aunque me echa la culpa.
Más adelante asocia en la misma sesión:
P: Le hubiera dado un bife a la chica que encontré el sábado. Será porque es joven y bien vestida...
Luego me vuelve a hablar de sus fantasías acerca del embarazo de mi mujer.
A: Yo, con mi mujer embarazada, mato los hijos suyos; siente muchos celos y envidia de nosotros vivos, mientras usted se siente llena de muerte.
Cuando ya se incorpora para irse, dice:
P: Estoy tan tarada que no sé ni caminar.
Si bien en una primera aproximación el objeto perdido es el hijo-analista, más profundamente este hijo es ella misma, medio "muerta", aletargada ("tarada"), por haber sido "descuidada" y abandonada por mí, el padre-pene erotizado con cargas orales (funcionando como pecho), y esto la dejó sin saber ni "caminar" (porque seguramente "repite en lugar de recordar" el trauma de la pérdida del padre en el momento en que debía empezar a caminar). Por una lado yo era aquí la parte "madre" de ella, que descuida y abandona a su hijo (la nueva Mary surgida en el análisis y representada por la perrita) hasta dejarla morir. Pero tiene cierto insight de esta proyección; por eso "se da cuenta de que me echa la culpa".
Por el material que sigue inmediatamente podemos pensar que este ataque abandono "a mi hija" (que es ella misma) ocurre por celos, en el fondo de los cuales existe obviamente la envidia. (Este objeto envidiado queda representado en la otra paciente: "joven y bonita"). Entonces, por otro lado soy el "padre" celado unido a la "joven-nena" que es una parte de ella misma atacada (envidiada). En resumen yo, como depositario de las partes perdidas de su self y de sus posibilidades latentes, soy la pareja fecunda que la llena de celos y envidia; esa envidia aparece porque no puede incorporar directamente, no puede hacer suyo lo que le estoy ofreciendo, nuestro hijo, ella misma surgida del análisis, el aspecto que ella siente como "bebé asqueroso". Pienso que el "buen bife" que le dio al "bebé roñoso", y que le hubiera dado a la chica que encontró al salir del consultorio, es la expresión de la misma envidia que, en este nivel primitivo, forzosamente ambivalente, contiene también libido. Contiene un intento de integración, a través de la agresión, con objetos o con imagos disociados de su self.
Pienso también que lo siniestro en mi contratransferencia quedaría vinculado al "animal" (la perrita) como representación embrionario-fetal y que su importancia es fundamental para comprender lo asqueroso. Lo cómico estaría dado por un cierto grado de identificación con los contenidos maníacos que sostienen su negación frente a lo anterior, y lo patético por la identificación con el otro rol, el "es-carne-cido". Además lo "negro" del humor quedaría vinculado al contenido siniestro subyacente y el temor a "lastimarla" debería corresponder a mi identificación con las ansiedades depresivas y los intentos reparatorios que proyectaba sobre mí.
Hemos visto pues en esta última sesión las vivencias, en parte depresivas, pero sobre todo melancólicas (identificación), ligadas a la ejecución, al resultado, de su ataque envidioso contra el "hijo". Este "hijo" sería envidiado porque contiene (en su fantasía omnipotentemente) todo aquello, idealizado y por lo tanto persecutorio, que no puede ser poseído y es a la vez necesitado (la pareja fecunda con sus distintos roles y objetos parciales).
Entonces la envidia que tiene "como madre" (y que habrá sido una de las causas que la llevó a no tener otro embarazo, por lo que pude saber, que ese abortado a los veintisiete años) es la misma envidia que tiene frente a las imagos paternas (contenida en el hijo posible). Esta envidia irá apareciendo cada vez con mayor fuerza y claridad, a medida que es ejercida cada vez más "desde" su yo.
Por esta época, mientras va pasando desde ser la "madre gestósica" (asqueada) hacia ser el "feto abortado", comienzan a aparecer contenidos envidiosos que son más directamente asumidos en el yo (es decir, aunque no siempre sea esto conciente, comienza a estar identificada con su aspecto envidioso, mientras que antes la envidia aparecía disociada, negada y proyectada). Esto último se debe en parte, a mi juicio, al hecho de que la regresión transferencial permite la movilización y progresión de las cargas tanatolibidinosas fijadas en los niveles más primitivos, hacia otros en donde este refuerzo obtenido capacita al yo para envidiar mejor.
Pocos días más tarde, por ejemplo, comenzó una sesión con "luna" (fastidio), intentando "pasarme" ese fastidio con reproches y ataques "venenosos". Además estaba "amargada". Veamos algunos fragmentos.
P: (Con ironía)... estaba pensando: por mi comportamiento en el consultorio en qué clase de neurosis estaré clasificada... De repente tengo la impresión de que todo lo que hice en un año se me vino abajo y de que estoy como cuando empecé.
A: El año pasado cuando yo me fui de vacaciones le pasó lo mismo.
Aquí mi intervención, como un "señalamiento tranquilizador", es el producto de mi contraidentificación con la angustia de ella frente al abandono (en el contenido latente le estoy diciendo: el año pasado sucedió lo mismo y sin embargo, ya ve, nada grave pasó). Aisladamente considerada, fuera del contexto de las otras interpretaciones de la misma sesión, constituye un error técnico; mejor hubiera sido mostrarle el ataque envidioso a la imago autosuficiente que yo represento y con el cual busca hacerme compartir su amargura. Por eso en el emergente continúa atacándome, y si reproduzco este trozo aquí es precisamente porque me permite ejemplificar cómo su capacidad para identificarse con sus aspectos envidiosos, y verbalizarlos, es creciente.
P: Bueno, pero usted no se va todavía, Dr. ...(estábamos en diciembre) que esté angustiada ya porque usted se va... que esté enojada ahora... y después que usted vuelve... me pasaría el año enojada... y después veinte días de vacaciones no son tanto (la alusión a los 20 días era claramente una fantasía optativa, puesto que no lo sabía en realidad)... De repente pienso que cuando ustedes no saben qué le pasa a uno lo adjudican todo a la relación de las vacaciones y la separación de ustedes... Recién pensaba que el tratamiento de ustedes es bastante de rutina, Dr.
De repente venía para acá y venía con recelo, como si tuviera asco de algo. ¿Cuántos años me voy a analizar y a qué voy a llegar? Estaba con ganas de arrancar el timbre. En este momento me siento como un rompecabezas, del que ni yo conozco las piezas ni usted tampoco.
Es terrible: cuando la relación con usted es buena, me relaciono bien afuera, pero cuando me siento mal aquí, afuera me aíslo de todo el mundo. Hasta en la relación de trabajo me pongo los anteojos negros, me aíslo.
Pienso que el timbre que hubiera arrancado con furia era mi pecho envidiado (¿quizás también el ombligo al cual los niños denominan el timbre?). El asco aparece en el material claramente asociado a ese ataque. Dentro del mismo clima, pocos días más tarde, esta envidia al pecho aparece con claridad: me hablaba entonces de una analista y me dijo que tenía "pechos grandes, de madre"; más adelante, en la misma sesión, la ridiculiza y se burla de ella, porque la sorprendió diciéndole a su hijo de corta edad: "Si no te quedás quieto te voy a encerrar en un colegio".
(Pienso también que aquello de lo cual pretende aislarse con "los anteojos negros" son los contenidos traumáticos visual-ideales a los cuales queda expuesta por su separación conmigo, y que son los mismos que provocan su "fastidio" o su letargo. Volveremos sobre esto último).
Repetiré ahora, aclarándolos más conceptos que ya he mencionado al presentar las ideas teóricas que están en la base de este historial: Klein (1952b), continuando ideas de Abraham, ha subrayado el carácter esencialmente proyectivo de la envidia; este carácter proyectivo, como lo ha señalado la propia Klein entre otros, queda asociado a la mirada ya en el mismo origen etimológico de la palabra "envidia", pero es a mi juicio el componente biliar lo que confiere a esta envidia sus cualidades específicas de venenosa y amarga, que la tornan digestivo-destructiva.
Cuando un objeto terrorífico es a la vez necesitado y provoca deseos de incorporación, en un nivel primitivo (hepático) origina una vivencia ambivalente muy cercana a lo corporal (visceral) que es experimentada como asco.
Pienso que en un nivel muy primitivo el feto-embrión, frente al carácter persecutorio masivo de un objeto "externo" imprescindible (especialmente alteraciones en la sangre materna que es su alimento), además de un recurso ideativo-visual, que es la negación, como proceso de disociación omnipotente vinculado a una forma "ideal" de identificación proyectiva, dispone de un mecanismo "hepático-glandular" más eficaz; la proyección de sus "jugos digestivos", que en el feto ni son gástricos ni intestinales sino "hepático-coriales", sobre el objeto asqueroso, intentando así privarlo de peligrosidad. (La "lucha" materno fetal ofrecería así todas las variantes "inmuno-digestivas" que van desde el aborto a la gestosis). Cuando el yo está un poco más organizado, en un estadio más progresivo, hepato-biliar, esta proyección (visual-inmuno-digestiva) queda vinculada a lo biliar y constituye en mi opinión la esencia de la envidia como mecanismo "real", "material", de destrucción.
Esto y otras consideraciones que expongo en Psicoanálisis de los trastornos hepáticos, nos llevan a pensar que el asco podría conducir a la envidia, esta última como mecanismo previo a la incorporación, que tiende a facilitar esta incorporación, pero que puede perjudicarla si opera patológicamente engendrando una fantasía taliónica muy intensa referida al objeto. Lo último, de acuerdo con Klein (1952b) cuando afirma que la envidia impide una buena incorporación.
Las fantasías más primitivas de la neurosis transferencial, las ansiedades más psicóticas, estarán pues en este momento de la evolución de mi paciente "más allá" de la envidia. En otros sectores de su personalidad operan mecanismos y contenidos más evolucionados, correspondientes a los niveles progresivos del desarrollo, en los cuales la envidia por supuesto no sólo es posible sino que muchas veces ha sido inclusive superada; pero mi deseo es subrayar cómo algunos de esos contenidos más enfermos, "rescatados" mediante la regresión transferencial, han ido evolucionando, primero hacia la envidia, y luego hacia lo oral a través de fantasías de nacimiento.
Principios de integración con aspectos visual-ideales
A la vuelta de mis vacaciones la encontré conectada, y no "fría y distante" como el año anterior. Era de esperar, porque esta vez pudimos verbalizar mucho mejor el contenido latente de sus vivencias relativas a la separación. Fueron apareciendo entonces gradualmente, y con una mayor riqueza psicológica, las imagos unidas en un coito destructivo y en una atmósfera descompuesta dentro de su núcleo aletargado.
La integración con estos contenidos más psicóticos que habían estado depositados simbióticamente fue lograda a través de la regresión transferencial. De acuerdo con ideas de Rascovsky (1960) y de Cesio (1960), podemos pensar que correspondería a la unión con los elementos prenatales (el yo fetal aletargado) que han sido disociados mediante la regresión primaria.
En un grupo de estudios surgió la idea de un mundo interno con una estructura melancólica establecido sobre la base de esta disposición primaria (Freud, S., 1923b; Rascovsky, A., 1960; Cesio, F., 1960) que es anterior a la paranoide-esquizoide postulada por Klein.
Como introducción al material que sigue, repetiré aquí, aclarándolos más, conceptos enunciados al comienzo de la presentación de las ideas teóricas.
La hipótesis consiste en que la introyección de un estímulo (visual-ideal) traumático provoca la disociación de una partícula del yo que pasa así a contenerlo, en forma de energía "libre" que necesita ser ligada mediante una segunda fase (hepático-material) vinculada a la introyección del alimento. Esta disociación de una partícula del yo (que contiene al estímulo traumático en forma de "sobrecarga" visual-ideal) es precisamente la consecuencia de la incapacidad relativa del yo (incapacidad hepática) para "asimilar" el estímulo, y tal disociación representaría el equivalente patológico del normal interjuego entre "catabolismo" y "anabolismo". Habría así en el yo normal dos polos o zonas (hablando en términos que corresponden a abstracciones) vinculadas a los dos tipos distintos de introyección, y estas zonas deben funcionar armónicamente. Es durante la vida intrauterina cuando el equilibrio de este aspecto del aparato psíquico es más delicado, ya que en este estadio del desarrollo el metabolismo adquiere una intensidad incomparablemente mayor a la de la vida posnatal. En el feto la introyección de estímulos debe dirigirse principalmente hacia los impulsos y las protoimagos del ello, y la introyección de alimentos se dirigirá hacia el mundo exterior que llega a través de la sangre materna. Los trastornos en este equilibrio durante la vida intrauterina se traducirían entonces en una disociación precoz y profunda del yo. Tal disociación, a expensas de la cual se conseguiría evitar que la desorganización provocada por los estímulos se extienda a todo el individuo (como ocurriría, por ejemplo, finalmente, en el cáncer con los estímulos provenientes del ello), quedaría caracterizada por la existencia dentro del aparato psíquico de dos núcleos yoicos que mantienen entre sí "relaciones de objeto", de acuerdo con un tipo de estructura "melancólica" que en este nivel constituye una protomelancolía. pienso que la integración de ambos núcleos (protodepresión que comporta un duelo primario por todo aquello visual-ideal que debe ser abandonado) es sentida como extremadamente peligrosa por la amenaza de desorganización que contiene, y suele ser asociada a una vivencia de nacimiento, posiblemente porque en el nacimiento ocurre la más grande insuficiencia relativa de aportes materiales (alimento-oxígeno) frente a la sobrecarga de estímulos traumáticos. Además, me interesa especialmente volver a destacar aquí, ya que lo podrido aparece frecuentemente en el material de esta paciente, que según la hipótesis que estamos exponiendo, aquello que "pudre" a la materia (como una forma de catabolismo anómalo) es precisamente la integración con aquellos núcleos que contienen la sobrecarga "ideal". El aburrimiento (el "estar podrido") sería entonces tanto una defensa como un sometimiento frente a esos contenidos que, ambivalentemente valorados, en este nivel son asquerosos.
En una sesión de esta época comenzó diciendo que tenía "fiebre" y "el cuerpo molido".
P: Ayer no podía dormir... había una radio en otro piso... hablaba de revolución, de cosas graves... Vivo el peronismo como si fuera una lacra, una cosa terrible... por otro lado lo vivo como el que quiere hablar y le tapan la boca.
A: El peronismo representa las cosas que usted quiere contar y la aterrorizan.
Estos contenidos que la aterrorizan ("una cosa terrible") son los estímulos traumáticos para el yo, que según la hipótesis de Garma (1956a) han quedado depositados en el ello ("la radio en el otro piso"). A esta interpretación cabría agregar que teóricamente pueden partir de un núcleo yoico cercano al ello disociado en el nacimiento (represión primaria; Rascovsky, A., 1960) o durante la vida intrauterina -protomelancolía (Chiozza, L., 1963a)-.
Frente a estos contenidos ("revolucionados") estaba fracasando la defensa letárgica (Cesio, F., 1960) ("ayer no podía dormir"), y entonces la amenaza de integración (la "cosa grave") con lo asqueroso (la "lacra") actuaba traumáticamente sobre el yo ("el cuerpo molido"). La integración de los aspectos visual-ideales (los sueños) con aquellos hepáticos materiales, representados por el cuerpo que sobrecargado de estímulos resulta "afiebrado" y "molido", equivale a la sustitución de la protomelancolía, presente en el substráctum de su vínculo simbiótico, por una protodepresión.
Pocos días más tarde dice:
P: Estoy medio sonámbula, como aturdida, me parece que usted no me oye, que usted está lejos.
Luego, en esta misma sesión, expresa:
P: (Hablando de la hija de una amiga) Fui a ver a la nena de Ofelia, que estaba con diarrea, en cama... Ofelia estaba nerviosa, asustada. La hija con un dolor de cabeza horrible y el cuerpo frío. Tenía los pies helados, asustada
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lo malo de esta nena es que sabe demasiado para la poca edad que tiene.
En este material nos muestra los aspectos peligrosos vinculados a la integración con los elementos visual-ideales. Por eso el ataque ocurre en la cabeza como aturdimiento y dolor por el hecho de saber demasiado, y en el cuerpo como diarreas que son la expresión del miedo (estaba "asustada") y del sometimiento al objeto que la vacía. Esto mismo queda asociado al sonambulismo, como el resultado de la pseudoidentificación (sometimiento) con los contenidos del núcleo que está dejando de ser aletargado. El "usted está lejos", además de ser una fantasía optativa, puesto que yo contengo aquello que ella teme y está en mis interpretaciones que le hacen saber demasiado (como "la radio"), representa a mi juicio una crisis leve de despersonalización (Grinberg, L., 1954) mediante la cual (identificación proyectiva masiva) se defiende de aquello introyectado que la aturde. A continuación transcribimos otro párrafo de la misma sesión:
P: Ayer recordaba... cuando estaba desvelada recordaba lo que dijo Pichon Rivière, que los suicidas... los grandes ataques de la neurosis, se producen de noche.
No podía leer para no despertar a mi marido.
El decía que había que crear una sociedad para poder llamar un psiquiatra de noche.
No dormir es la verdadera tragedia, la oscuridad trae todo aparejado.
A: La oscuridad es lo negro que siente adentro, tiene mucho miedo y me siente lejos.
Vemos pues cómo aquello que deja de estar aletargado ("no dormir"), como lo ha postulado Cesio (1962), no sólo pasa a ser involucrado en una estructura melancólica, sino que sus consecuencias pueden ser gravísimas ("suicidio"). En este material, como le interpreté más adelante, además de transferir sobre mí la imago que debía hacerse cargo de aquello peligroso, yo soy también eso mismo peligroso, como el libro cuya lectura podría despertar a lo que todavía estaba aletargado ("no podría leer para no despertar a mi marido"), y por eso me sentía lejos, como resultado de sus mecanismos defensivos.
Incremento de la capacidad para envidiar
Las características del diálogo en la sesión que voy a mostrar me decidieron a transcribir una extensión suficiente como para que cada una de mis intervenciones pueda ser juzgada con unacierta consideración del contexto que incluye las otras. Además me era imprescindible hacerlo así para poder mostrar el "clima" venenoso de este material, que se "escapa" si se lo divide en fragmentos aislados, máxime considerando que no es posible traducir en la escritura los tonos de voz, que en esta sesión fueron fundamentales. Por último, también me decidió a hacerlo de esta manera el hecho de que constituye una muestra de cómo muchas de las interpretaciones más "acabadas" que frecuentemente elegí para reproducir en este trabajo, se fueron gestando a lo largo de una sesión y a través de un "diálogo" más espontáneo.
Comienza quejándose porque a partir de este día le adelanté en diez minutos su hora de tratamiento. Esta queja es "venenosa", algo así como una mezcla de ironía y amargura.
P: Bueno, yo antes o después le pago una hora que es lo que me pertenece, no tengo por qué enojarme. Me fastidiaré hasta que me acostumbre a diez minutos antes (absorbe moco por la nariz y se queda en silencio).
A: Los diez minutos son un símbolo de que yo tengo otras cosas además de usted y eso le fastidia mucho. Se siente abandonada (silencio largo). ¿En qué se quedó pensando?
P: (Se sobresalta) Ay... estaba distraída (silencio).
A: Se siente amargada, pero también me ataca y me desprecia con su silencio, es como si me dijera: total para qué.
P: Si no se lo digo lo pienso. Si después de un año y medio estoy como al principio no vale la pena (se queda en silencio).
A: Buenos ¿y qué se le ocurre? ¿Por qué le habré cambiado la hora?
P: Que tiene algo que hacer, afuera, no acá, o que le es más cómodo el cambio por cualquier circunstancia. Se me ocurre que tiene que llegar a algún lado diez minutos antes, o algún cambio de hora, no sé. No se me ocurre que es aquí, se me ocurre que es afuera.
A: ¿Se da cuenta que la rabia que tiene, tiene que ver con algo más que los diez minutos?
P: ¿Por qué?
A: Porque está furiosa.
P: Tengo ganas de dormir.
A: Dormir es una forma de tapar todo.
P: Y bueno... (murmura).
A: ¿Cómo dice?
P: Que así le resulta fácil analizar. Le doy menos trabajo, me quedo callada y ya está.
A: Me dice esto porque me quiere amargar, para que yo me sienta como se siente usted.
P: Pero siempre empieza y termina todo en mí, porque usted es siempre igual; soy yo la que tengo sensaciones distintas hacia usted
A: Siente que yo la abandono, que la dejo sola con todo lo suyo, que la traiciono en esos diez minutos.
P: Tendré reacciones infantiles, pero usted: ¿cómo me puede abandonar? Le pago una hora, entonces usted me atiende y me voy, lo demás es cuestión mía.
A: Pero siente acá que la traiciono, por eso me dice muchas veces que leo en lugar de atenderla.
P: Bueno, pero al principio tenía la impresión que leía y lo toleraba, en cambio ahora no puedo. O sea, acumulé bastante rabia. O como si ahora me atrevo a decírselo no porque esté mejor, sino porque acumulé bastante bronca. Recién estaba pensando... que se me ocurre pensar como si toda la gente que está en la calle estuvieran todos locos. Y pensé que eso deben sentir ustedes en el Hospicio. Yo veía la gente, escuchaba las voces. Ayer en la oficina del negocio había una mujer que gritaba tanto que dominaba todo, y yo pensaba cómo el marido la aguanta, debería estar encerrada. Estamos todos igual.
A: Se siente loca por todas las cosas que me dice con bronca, y sobretodo por las que se calla, que son como voces, como gritos adentro de su cabeza (se queda en silencio y absorbe varias veces con la nariz). Además está llorando.
P: No, hoy no lloro, estoy bien (suspira). Que me pica la nariz no es llorar, o usted quiere que llore siempre ahora (se queda en silencio). Realmente ustedes son bastante sádicos, ¿no?; parecería que cuando uno llora están más contentos. Buscándole la otra parte sería que ustedes creen que uno se alivia cuando más se angustia... pero como podemos buscar cualquier cara de la moneda (silencio).
Siento ganas de irme (se despereza y bosteza), me parece tan idiota que esté aquí que no me voy porque no tengo bastante valentía. Varias veces lo pensé y algún día lo haré para ver que sensación se siente, y cuando lo haga voy a ver que no pasa nada.
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¿Por qué si tengo ganas de irme no me voy?
A: Porque teme hacerme daño.
P: Y bueno, pero estando aquí tampoco le hago bien, estoy como un cactus, llena de espinas. Así no sé qué bien le puede hacer mi compañía.
A: Tiene esperanzas de que pueda estar al lado de usted aunque usted esté como un cactus.
P: No tiene más remedio que estar ahí sentado y me tiene que aguantar; eligió esta profesión como yo elegí estar entre trapos (se queda en silencio, se seca los ojos, carraspea).
Ayer estaba muy descompuesta; después que me fui de aquí me sentí muy mal, estaba muy mareada, tenía náuseas, estaba casi sin voz... Sonia (una amiga) me preguntó: ¿Qué te pasa? Algo que se me atravesó y no lo trago, me duele el hígado. Me dijo: Andate. No -le contesté-, hay tanto que hacer, que me voy a mejorar. Y realmente fue así; sabiendo que hacía tanta falta me fui imponiendo a mis cosas y ni siquiera almorcé... y trabajé hasta las ocho de la noche... en cambio, pensaba, si hubiera estado en cama me hubiera sentido peor... sintiendo que era útil para algo lo pasé mucho mejor.
A los efectos de poder mostrar la evolución de mi paciente, me interesa destacar aquí su creciente capacidad para expresarme los celos. Estos celos, expresados ante el tiempo, los diez minutos, como el afuera material en donde yo la traiciono con mi mujer, mis hijos y mis otros pacientes, son en realidad una forma manifiesta de aludir a lo latente, negado, el "acá" en donde ocurre la unión entre ella y yo que la tiene "loca" de celos y envidia. Cuando dice: "me atrevo a decírselo no porque esté mejor", está negando su mejoría; lo cual se torna evidente por sí mismo si pensamos que el "no" no existe en el inconciente, de acuerdo con lo afirmado por Freud. Esta mejoría que le permite "atreverse a decírmelo" debe corresponder, a mi juicio, al contenido de riqueza de aquellos aspecto visual-ideales que, aunque en parte han sido traumáticamente integrados y la están pudriendo, en parte "re-capacitarían" al yo para envidiar mejor.
Entre los elementos que pueden ser destacados dentro de esta sesión me referiré solamente a la continua aparición del letargo (dormir, desperezarse, bostezar) vinculado a la amargura (que es el "fracaso" de la envidia). Así, cuando lo venenoso (bilioso) fracasa en su ataque hacia afuera, queda amargada y se aletarga. La amargura, aquello que le queda atravesado en el hígado, son los diez minutos, porque representan el tiempo externo "real", el "afuera" material en donde debe compartirme, pero sobre todo porque simbolizan el fracaso de su omnipotencia "ideal" durante la sesión debido a la mutación provocada por mis interpretaciones.
Así como hacía "beneficencia" con el dinero (material) de sus hermanos, había estado depositando en mí, transferencialmente, ese rol (materno-placentario). En esta época mis interpretaciones la obligaban a hacer conciente la dependencia contenida en su vínculo simbiótico. Es cuando se deshace la omnipotencia. Entonces le duele el hígado, y este dolor desaparece cuando puede "hacer", aunque para esto debe "ni siquiera almorzar". (De acuerdo con ideas ya expuestas, pienso que el dolor representa aquí su impotencia "hepática", su incapacidad para "realizar", inclusive un hijo, vivida como una "castración hepática", simbolizada y asociada en el inconciente con fantasías de nacimiento (Chiozza, L., 1963a).
En otra sesión, dos días más tarde, y siempre dentro del mismo clima ambivalente, alternado entre ataques venenosos (envidia) y ansiedades depresivas (surgidas ante el "choque" de envidia y gratitud), me cuenta que vio a una mujer pobre, mal vestida pero limpia, que todos los días trae pedazos de un bofe picado envuelto en papelitos blancos, y se los tira a través de una verja a ocho ó nueve gatos ariscos que los comen, luego agrega que los gatos cuando ven gente se esconden.
El gato es ella, que come de mí y no puede hacerlo si la miro (mal de ojo). Pero sobre todo soy yo, como los hijos que no tuvo por miedo a morirse durante el embarazo, los hijos-fetos que le habrían comido el hígado en 8 ó 9 meses (del mismo modo que ella, en sus fantasías, mató a la madre con un cáncer hepático). Yo soy entonces ese hijo-pecho-pene que la llena de envidia y celos devoradores. Más profundamente todavía, el gato representa sus instintos, que comen de su organismo si les falta un objeto externo adecuado. Entonces su "bofe" equivaldría a "la castración" hepática del recién nacido (frecuentemente ictérico), puesto que el propio hígado debe absorber los instintos de muerte que antes absorbía la placenta.
El sufrimiento ligado al abandono, que en un nivel primitivo, como ruptura de un vínculo simbiótico, queda simbolizado por el corte del cordón umbilical, muestra en este material sus conexiones con los celos y la envidia.
La proyección del instinto de muerte, de "lo malo destructivo", como lo ha señalado Freud (1920g, 1924c y 1925h) y Klein (1952a), constituye una defensa del yo. También ha señalado Klein el contenido proyectivo-destructivo de la envidia. Pero se desprende de la obra de estos mismos autores que no basta la proyección del instinto de muerte, el destruir afuera, para proteger al yo de su autodestrucción, de su autólisis. Es necesaria la incorporación de sustancia. Solamente la "realización" de ese proceso destructivo-incorporativo completo conduce a la alimentación-asimilación que puede proteger al yo de la autodestrucción. La envidia, para ser eficaz como defensa, debe contener por lo tanto la "esperanza" de la introyección, aunque en esencia su mecanismo sea proyectivo.
De acuerdo con lo que acabamos de decir, prodríamos pensar que tanto el letargo como la envidia la defienden del "suicidio" contenido en la identificación con los aspectos visual-ideales que habían estado aletargados. (Este suicidio, aun considerado como un elemento melancólico, por sus vinculaciones con lo oral debe corresponder a una fantasía de autodigestión). Pero mientras que el letargo contiene un cierto grado de sometimiento frente a lo aletargado, la envidia, como algo perteneciente a un estadio más progresivo (hépato-biliar), constituiría una defensa más efectiva, puesto que intenta la destrucción de todo aquello que no se puede incorporar. Esta interpretación de la "función" de la envidia nos permitiría entonces comprender por qué, en este momento de su evolución, la paciente, a través de un incremento de sus ataques envidiosos, se dirige hacia la integración con aquellos contenidos "peligrosos" que pasan a ser simbolizados como lo podrido. (Porque lo podrido sería el producto de una unión traumática en un nivel anterior (hepatoglandular) entre lo visual-ideal y lo hepático material).
Integración con lo asqueroso y lo podrido. El incesto
Veamos ahora cómo pudo llegar, a través de una mayor posibilidad para envidiar, a verbalizar mucho mejor los contenidos asquerosos y podridos por los cuales comienza a integrarse.
La integración con los aspectos aletargados era equiparada en su inconciente con un coito incestuoso.
En una sesión, y a través de la película "Viridiana", me trae un material muy rico en contenidos "a flor de piel". Expresa:
P: Está todo a flor de piel, es una película para pensar. Invité a Adrián y Berta (el hermano copartícipe del incesto y su esposa, cuñada de Mary). Salimos todos shockeados. Se ve... así... la atracción sexual... Hasta la gente buena es tan torcida que hace más desastres... pensé: algo positivo tiene que tener, y lo encontré en el personaje masculino que da dinero para salvar a la prima (esta prima iba a ser violada).
A: Yo, como Buñuel, le remuevo las cosas que la hacen pensar y la dejó shockeada. Y así descubre también cosas buenas, como que sus hermanos le pagan el tratamiento. Pero tiene miedo de la atracción sexual entre nosotros.
P: Ayer a Adrián lo ataqué a patadas debajo de la mesa; hoy si tengo tiempo lo voy a atacar verbalmente.
La dejo continuar y sigue diciendo:
P: Aparece, Dr., un chiste, así, de la gente de pueblo, que mamá contaba que era común en la gente pordiosera. Rose Marie dice que es horrible, pero mamá contaba que era como un chiste. Se ve así que una persona dice que va a sacar una fotografía, y le preguntan con qué máquina, y dice con la que me regalaron mis padres, y les muestra los genitales.
Adrián estaba inspirado, dijo: no te diste cuenta que la cena representa "la última cena"; me pareció genial, realmente era la última cena que iban a hacer como ricos.
Adrián va a ir a Chile, al campeonato (de fútbol), con Luqui. Berta no lo quiere acompañar, y entonces empezó a hacer chistes sobre el sexo de Luqui. Alusiones a la impotencia. Le di patadas a Adrián por debajo de la mesa. Hablaba de la película, hay un motivo dramático, un hombre enamorado de su mujer que murió el día de la boda, y guardó toda la ropa, y un mendigo se la puso, sucio, sin dientes... uno como la ilusión de vivir y el otro de morir.
Adrián dijo: Luqui ya me lo veo a usted, con el tul y la faja de novia. Daba vueltas en la herida. Qué tragedia son los chistes.
A: usted me expresa muchas cosas. Siente que usted y yo, inspirados, unidos como en una boda macabra, pensamos y resolvemos cosas horribles, como los genitales que no se pueden mirar, como el pordiosero sucio y desdentado disfrazado de novia.
La fotografía es "sacada" con los genitales; éstos representan entonces al "ojo" que "fija" y "mata". Son a la vez insoportables a la vista. Esto último es exactamente, tal como lo describió Freud (1940c [1922]), el contenido latente del mito de las Gorgonas, y coincide con el material de la cabeza de la Medusa que mi paciente expresó, según vimos ya, más de un año antes. Yo soy en este material la gente buena que también "hace desastres", porque el incesto está ocurriendo en ese momento, cuando me ataca "a patadas debajo de la mesa" y "verbalmente", así siente que quedo expuesto a la "fotografía" con sus genitales horribles.
La última cena como ricos equivale al fin de la manía y del vínculo simbiótico que la provee, en su fantasía, de una manera inagotable. Esta manía es nuevamente el incesto, nuestro incesto vivido como una riqueza oral que se está acabando al hacerse éste conciente. El chiste es una transacción, un intento de burlar al superyó frente a los contenidos reprimidos que están emergiendo, pero es un intento muy "fallido" porque tiene plena conciencia de la "tragedia que son los chistes".
Además el primo de Viridiana, que paga para salvar a la prima, con la cual mantiene relaciones sexuales, es obviamente Adrián (yo), y con esto mi paciente "me está haciendo adivinar" el incesto, o para ser más exactos, se va integrando cada vez más, a través de mí, con sus fantasías incestuosas "realizadas" en la transferencia.
Por último, aparece la imago del hombre cuyo sexo se confunde y queda como homosexual e impotente. Representa una imago paterna castrada, como contraparte de la imago materna fálica que se ha apoderado del pene. Tanto una como otra imago quedaban alternativamente depositadas sobre mí en la transferencia, mientras ella desempeñaba el rol complementario.
Junto a la imago paterna castrada que frecuentemente estaba representada por el marido, frente al cual ella era en cierto modo "fálica", fue surgiendo en esta época del análisis otra imagen paterna más oculta e inconciente, la de un bruto, celoso y loco. En un sueño de esta época, por ejemplo, aparece en un baile un napolitano que de pronto enloquece y saca un cuchillo. Aunque podemos suponer que esta imago era el producto de la proyección sobre sus objetos de sus propios celos enloquecedores, resulta singular la circunstancia de que estas fantasías de padre "loco" se realizarían cuatro o cinco meses más tarde, pues el padre se fue hundiendo poco a poco dentro de una psicosis paranoide con episodios delirantes, muchas veces violentos.
De acuerdo con lo dicho hasta aquí, podríamos pensar que el incesto era una identificación maníaca con esta imago "loca", un deseo de apoderarse de este pene perseguidor y a la vez envidiado. También podríamos pensar que en un punto de fijación oral este pene, representando al padre perdido a la edad de un año, era introyectado melancólicamente en una vagina (¿o ano?) erotizada con libido oral. Además tener pene, y precisamente el del hermano., era aspirar a ser querida por este padre (y madre) que habían esperado ansiosamente a su único hijo varón.
Pero lo que más me interesa destacar en este lugar es cómo a través de la regresión transferencial llegamos a los contenidos más primitivos del incesto. En estos niveles precoces, dentro de una estructura protomelancólica que configura en su conjunto un núcleo que está dejando de estar aletargado, los núcleos visual-ideal y hepático-material "unidos" quedan equiparados en el inconciente a una escena primaria (el incesto), y el contenido traumático constituido por la descarga ("epilepsia") de las cargas "ideales" sobre la sustancia "material" es simbolizado con un coito sádico (que "pudre").
Aquello que está a "flor de piel" despierta inmediatamente asociaciones con un absceso, con un contenido purulento; y efectivamente, lo descompuesto, lo podrido, aparecen en este período del tratamiento con más frecuencia que nunca, asociados a las vivencias de asco y náuseas. Durante su infancia había sufrido numerosos abscesos, y estos relatos parecen en este momento asociados a una imago nauseabunda que queda proyectada sobre mí en la transferencia. Esta imago es predominantemente materna, así como la imago "loca" es predominantemente paterna. Durante la época que estamos considerando, me habla frecuentemente de una tía que es para ella una "madre cálida", "amorosa". Pero mientras tanto esta tía, operada y con un cáncer de intestino, se consume, como antes la madre de mi paciente, dentro de una atmósfera pestilente. El análisis de mi contratransferencia frente a esta "madre cálida", "amorosa", me permitió interpretar el carácter repugnante y pegajoso de esta imago invasora y absorbente -madre Moloc (Racker, H., 1948), madre "araña" (Chiozza, L., 1963a)-, que una vez le dijo: "Querida, somos ancianos, con la edad es pesado, no conozco ningún hombre simpático con la edad. El hombre es repugnante en general".
Veamos "lo podrido" en otro material:
P: Recién estaba pensando... ¿y por qué pensaré esto en este momento? Al lado de mi casa hace un año que está cerrado, y ahora vendieron todo y están deshaciendo toda la casa. En el edificio había ratas pero ahora se las combate, tanto que no hay más. Hace quince días volvió el problema de las ratas. Y ahora los bichos salen desesperados de la casa de al lado y se meten. El portero hizo un nuevo invento, mezcló con queso un veneno nuevo, sobre rodajas de pan. Una cayó en una trampa, otra la matamos con un cepillo. El peligro es cuando se comen la comida envenenada, se meten en los entrepisos y se mueren. En este momento debe haber muerto alguna en un entrepiso y hay un olor espantoso en el departamento. Está impregnado de un olor que marea, le hago poner colonia, velitas, desinfectantes. Apago la calefacción porque hace el ambiente más pesado. Tengo hasta el estómago revuelto cuando paso por delante de ese lugar... Hoy ya hay otra, no es ésa sola, el olor es más penetrante. O es la misma en el peor momento... Debe ser horrible la muerte de un bicho encerrado después de haber comido veneno. Le pedí al portero que fuera al lado, para decirle que le pusieran el veneno al lado, antes que empiecen a deshacer, nos dijo que no nos llevaban el apunte. Es un problema tremendo.
El "problema tremendo" es lo que ocurre en el tratamiento con mis interpretaciones que son como una "trampa", como un veneno "nuevo", que la enfrenta con sus contenidos fetales aletargados y disociados ("en la casa de al lado").
Estos contenidos fetales (el "bicho encerrado") corresponden a aspectos de su yo, que sometidos a una comida ambivalentemente valorada (asquerosa), el queso envenenado que representa a mis interpretaciones, se han convertido a su vez en asquerosos, en podridos, y de una manera tal que ya no pueden se aletargados dentro de una atmósfera anal (la "colonia"). El mareo (náusea) está representando en este material el asco mencionado. Yo soy aquí también el que se empeña en "deshacer" antes de limpiar y esterilizar todo el contenido. Con esto último me está expresando su ansiedad paranoide frente a lo nauseabundo que hay en su interior, pero también yo aparezco mucho menos persecutorio que al comienzo del tratamiento, porque en aquel entonces (recuérdese el sueño del lanzallamas) yo era precisamente el que la iba a limpiar y esterilizar por dentro. Esto equivale a afirmar que si bien el contenido "podrido" es temido, también era temida su destrucción, porque contiene partes necesarias y por lo tanto valiosas.
En un sueño de esta época podemos ver cómo han disminuido sus ansiedades paranoides frente al tratamiento.
P: usted venía a analizarme a mi casa, y se quería sentar en un sillón y yo le hablaba, lo entretenía y entonces usted me dijo: a ver deje todo eso y vamos a hacer la sesión. Sí, claro, Dr., porque daría la impresión que quiero conquistarlo, pero espere, deje todo, siéntese que yo antes voy a arreglar todo. Era todo tan un revoltijo, pero se ve que usted no le ponía importancia. Yo estaba contenta que usted entrara en mi casa, decía qué lindo, qué buen mozo, yo quería arreglar. Arreglaba la cama y pensaba: qué horror, se va a pensar que me quiero acostar con él. Entonces usted se ponía serio: bueno mire se va a pasar la hora, yo me voy a ir. Buenos dije, no voy a tener más remedio, tengo que analizarme. Entonces fui así, caminando perezosamente. Usted entre tanto tenía un libro en la mano. Yo tenía una silla enfrente de usted y me senté como el que va al banquillo de los acusados. Después me desperté.
A pesar de que la elaboración secundaria de este sueño es muy grande, y que las fantasías paranoides negadas surgen a través de la seducción, estas fantasías persecutorias han disminuido sensiblemente, si se las compara con aquellas contenidas en el sueño del lanzallamas en el comienzo del tratamiento. Mientras que en aquella ocasión yo, como el fuego (lanzallamas) que puede dar vida, pero que quema, la destruyo por dentro, ahora solamente la expongo a lo sucio y revuelto que, si bien en un nivel primitivo es lo podrido que contiene también cargas agresivas, ha progresado ahora hacia las fantasías correspondientes al período anal. En la misma sesión en que trajo este sueño me dice luego:
P: Mi hígado va a funcionar siempre mal, así que por más que le cuente, siempre que como algo que no debo... eso lo siento así con mucha seguridad.
Con esto me expresa que el "contarme", que es equiparado en su inconciente a dejar salir el contenido deseado y temido, no es la solución, puesto que la reintroyección-incesto ("siempre que como algo que no debo") recrea el sufrimiento.
La disminución de sus ansiedades paranoides le permite introyectar mejor mis interpretaciones; esto la lleva a sentirse reparada y a intentar repararme. Actúa así identificada conmigo en la separación, desarrollando el modelo de imagos contenidas en sus posibilidades latentes.
En una sesión de este período expresa: "No hay que dejar solo a Alsogaray" (yo intentando repararla), si bien añade que la misma persona que ha dicho eso saca dinero "negro" para eludir el impuesto a los réditos.
Este es a mi juicio otro ejemplo de la ambivalencia en estos niveles primitivos. El dinero negro son las heces, más profundamente debe ser lo podrido y descompuesto vinculado a la muerte y al núcleo aletargado, productos de una mala degradación metabólica. Pero además esto es casi el único alimento que dispone acumulado,, aquello disociado y escamoteado, aquello que no puede verbalizar todavía, de lo cual siente que me está privando, a mí, que represento en este momento una parte viva de ella que, sometida a un "pecho de mierda", lucha por respirar.
El análisis de estas fantasías me llevó paulatinamente a verbalizar por ella partes del contenido de su "secreto", puesto que aparecían alusiones cada vez más directas al incesto fraterno consumado. Así volvió a surgir en una sesión la película "Viridiana" y el coito entre primos, asociados al hermano que la ayudaba a pagar su tratamiento, y entonces le expresé que me estaba comunicando, a través del material, que por lo menos una parte de lo terrible era el haber mantenido relaciones sexuales con Adrián. Ni asintió ni negó; en esta ocasión se limitó a otorgar con el silencio.
Esto equivalía, en la transferencia, a la posibilidad, muy débil todavía, de comenzar a verbalizar con un contenido emocional más intenso y directo la culpa y la angustia de muerte vinculada al incesto que estaba ocurriendo conmigo.
Hacia lo oral a través de fantasías de nacimiento
A medida que sus fantasías inconcientes adquieren un mayor contenido verbal ocurre como un "despertar", que es a la vez un "afuera", un mundo externo "real" (extrauterino). Una especie de "salida" de una "estado segundo" en el cual ocurren esas fantasías, que va ligada a un mayor grado de conciencia.
Por esta época comienza una sesión refiriéndose a que tiene molestias en la garganta, algo que la ahoga asociado a fantasías de bocio. En esta sesión nos movemos en un ambiente pesado letárgico. Me cuenta que hizo una "conquista": un señor la invitó a tomar un cóctel y ella aceptó. Era un señor grande, corpulento y buen mozo; cuando la acompañó hasta la casa, llevándola en un taxi, quiso besarla y ella se asustó. Luego sigue contándome que el marido, mientras estaba dormido, excitado, la acarició, y que cuando ella se lo hizo notar, a la mañana siguiente, se puso colorado.
Yo me siento durante este relato invadido por una modorra que destruye mi capacidad para interpretarle y apenas me permite escucharla. Cuando puedo hacerlo conciente, venciendo la inhibición, le interpreto que yo, como el marido, soy una parte de ella excitada pero dormida, aletargada. Que la unión sexual ocurre aquí como si fuera un sueño, como si no fuera realidad. Pero ahora soy el señor del taxi que quiere besarla despierto, lo cual la asusta mucho y por eso me preferiría dormido.
Por la época que estoy comentando se une mejor con su marido. Está casada desde hace doce años aproximadamente, y el esposo fue siempre un poco su "peor es nada"; un hombre muy alejado de la realidad "material", que casi no gana para vivir. Su vínculo con ese marido, como todos los que ella creaba, fue simbiótico, y la comunicación, casi exclusivamente, preverbal. En este período de su tratamiento psicoanalítico el esposo "comenzó a existir". Al mismo tiempo le encargó a un carpintero que uniera las camas separadas que ellos usaban en lugar del lecho conyugal y compró juegos de sábanas para cama de dos plazas.
Sus fantasías de bocio, que representaban la acción de imagos superyoicas, sobre todo maternas, que reprimen sus contenidos pregenitales (Rascovsky, A., 1947), expresaban además, en un nivel más primitivo, la vivencia de un "encierro" angustiante, en donde ella, identificada en parte con sus contenidos monstruosos se sentía "atravesada" en su propia garganta, mientras por otro lado se sentía embarazada con esos contenidos.
Su mayor contacto con "la realidad", logrado paulatinamente, se expresa también con el deseo de ir reduciendo la cuota que recibe de sus hermanos para pagar mis honorarios. Debo aclarar que por esta época estos últimos ya no pagan totalmente su tratamiento, puesto que a medida que fui aumentando el precio de las sesiones, cosa que ocurrió tres veces en estos dos primeros años, fue pagándome con sus propios recursos la diferencia.
En una sesión de esta época comienza refiriéndose a mi departamento lleno de sol. (Mientras yo soy el sol, lo vivo de ella misma idealizado; otra parte de ella, disociada, la tía enferma, moribunda,, huele mal y "hay que echarle colonia"). Cuando ella visita a la tía, el marido (su parte aletargada) se queda durmiendo en el coche.
P:... se quedó en el auto porque vomita cuando se asusta o tiene asco. Yo le dije: andá y saludala. Pensé: si se descompone no me va a dar lástima, que no ofenda a la viejita. Le dio un beso y nos fuimos. Le dije: lástima que no te estés analizando.
Repite así "activamente lo que sufre "pasivamente" en el análisis. Yo analista aparezco aquí como aquello que la obliga a vencer su asco y besar (en un nivel oral) a "sus muertos". Pero además soy lo vivo de ella misma, y es ella la viejita a la cual debo "besar" para no ofenderla. En ambas fantasías el factor común es la integración a pesar del asco, y por lo tanto maníaca, lograda mediante la negación. Esto último aparece más claro un poco más adelante en la misma sesión:
P: Comí lechón y chucrut, a riesgo de descomponerme. Francisco (el esposo) y Martita, cuando me ven comer así, se alarman. Después bailé, tomé whisky... era una linda noche de luna... Yo comí como un chico, para ver qué pasa. Felizmente no pasó nada.
Aquí vemos también cómo en una misma fantasía de introyección quedan asociados el coito (baile, noche de luna) y la ingestión. Continúa luego refiriéndose a un perrito recién nacido, de veinte días, que:
P:... lloraba porque la madre empieza a dejarlo. Tiene frío. Tiene toda la leche de diez perros... hambre no tiene. La madre se va a jugar con otros perros y lo empieza a abandonar. Qué será mejor, ¿los diez que murieron o este que vive? Ahora tiene la leche de diez hermanos, pero después hambre.
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¿Por qué lo eligieron a él y los otros murieron? Qué destino raro. ¿Qué será mejor?
Esta sesión es de un día lunes, y me expresaba así que "ahora" tenía la leche de todos, pero luego la abandono, en el fin de semana por ejemplo. Entonces se pregunta si no sufre aún más "que los perritos muertos", aquellos hermanitos que nuca nacieron (es hermana menor) y que no conocieron la teta. Pienso que en el presente transferencial estos hermanitos no nacidos representan contenidos inconcientes todavía, aquellas partes de su yo que "no conocen" el afuera, que "no han surgido a la luz". Es en este "afuera" extrauterino donde ocurre la tremenda frustración, la pérdida de objeto masiva como producto de la repetición "compulsiva" de su pasado. Esto la tienta nuevamente a regresar, a identificarse con aquellas partes de su yo que no han nacido todavía (los perritos "muertos").
A medida que la disminución de la ansiedad paranoide (o si se quiere depresiva, porque me estoy refiriendo a la amenaza para el yo que significa la pérdida de objeto) le permite ir despertando de su letargo, aparece con una mayor capacidad de verbalización la seducción incestuosa con la cual, en un nivel oral, busca "tragarme". Por primera vez, entonces, cuando le incluyo en mis interpretaciones una referencia a su incesto fraterno consumado en la edad adulta, asiente con la cabeza confirmándolo.
Al día siguiente, en una sesión en donde continúa el clima erótico, y en donde surge un material que me permite interpretarle su envidia a mi pene interpretación, del cual desea apoderarse ahora como antes lo intentó con Adrián, me cuenta algo que "se olvidó" varias veces en el transcurso de la sesión y que de pronto recuerda. Se trata de que hace varios días habló con su hermano Adrián para decirle que yo "sabía lo de ellos". Me expresaba de esta manera una progresiva integración con sus imagos a través de un "pasaje" por los objetos externos reales. Además, dentro del contexto particular de esta sesión esto representaba la sustitución de la envidia por la gratitud. Así me continúa diciendo que siente dentro "un llanto distinto", "como una lluvia que tiene que caer". Me cuenta entonces que mucha veces, al comienzo del tratamiento, pensaba en "las cosas que yo le había dicho ayer" (el incesto consumado), y sentía mientras lloraba que se ahogaba, que "nunca lo iba a poder decir".
Quince días más tarde, refiriéndose a la tía, me dice:
P: Comprendí que la enferma debe tener miedo que uno le tenga asco, y la beso muchas veces, para demostrarle que no le tengo asco, pero por otro lado siento deseos de besarla, están las dos cosas.
Recuerda en esta sesión "el final de mamá". De esta manera, con este recuerdo, alude a los duelos transferenciales que está realizando y que le permiten movilizar y convertir en recuerdos sus repeticiones masoquistas ligadas a su estructura melancólica.
P: La ubico en mamá (la tía), debe ser un problema de que yo en el último tiempo con mamá me levantaba cada hora de noche. Estaba tan cansada que había momentos que no daba más. Sentía deseos de decir: mamá algún día no va a vivir y vamos a descansar. Tía remueve todo eso y me hace sufrir terriblemente.
A: Yo soy la tía que remueve todo eso. En este momento me tiene asco y me quiere besar, porque guardo todas sus cosas descompuestas, pero son cosas suyas y las quiere aunque las teme. No las puede dejar morir en paz, como ese pasado del cual siempre dice que no tiene remedio.
(En la última interpretación me estoy refiriendo al duelo interferido por la ambivalencia frente a las imagos con las cuales está identificada melancólicamente. Esto era lo que se estaba "removiendo" y la hacía "sufrir terriblemente").
En esta sesión me habla de "las transfusiones de sangre que le hacíamos a mamá, algunas le hacían bien, otras le daban shocks". Todavía recibe así mis interpretaciones, equiparadas al alimento en el nivel fetal. Cargadas ambivalentemente, en ocasiones eran aprovechadas, en otras, experimentadas como un ataque muy primitivo y masivo: el shock.
En conclusión diremos que aquellos contenidos correspondientes a sus fijaciones prenatales paulatinamente progresan hacia lo oral, simbolizando con frecuencia en este material (por ejemplo los besos). Pero todavía el "afuera" (el coito "despierto") del cual la separaba el nacimiento, es equiparado a lo peligroso, mientras que el "adentro" (lo que está dejando de ser aletargado), siendo idealizado, contiene la persecución en forma encubierta.
Resumen
Intentaremos resumir brevemente el contenido esencial de este segundo año de tratamiento:
1) La ruptura del vínculo simbiótico, que se manifestó en la transferencia, sobre todo asociada a la separación ocasionada por mis vacaciones anuales, la conduce a la reintroyección de lo depositado. Entonces aparecen fantasías de un embarazo "gestósico", peligroso y también de una pérdida, de un arrancamiento de una parte de su yo que pasa a ser simbolizada como un "aborto". Yo soy entonces, y alternativamente, un feto monstruoso y "chupa-sangre" (siniestro), o un feto "abortado" y moribundo (taliónicamente persecutorio).
2) La introyección melancólica de este objeto perdido (depositado en mí mediante la transferencia) y el incremento paulatino de la regresión transferencial la conducen durante este período a la identificación con el rol complementario (el feto "abortado"). Y esto con una mayor o menor cantidad de muerte o vida en los distintos momentos, según predominen los mecanismos melancólicos o depresivos.
3) Dentro de estos niveles muy precoces de la evolución, y gracias a la disminución de las ansiedades paranoides, se va integrando con aquellos aspectos (visual-ideales) en los cuales debemos suponer que durante el desarrollo había quedado "detenida" parte de sus cargas tanatolibidinosas. Esta movilización, vivida como muy peligrosa, como algo que es "la locura", la enriquece al permitirle reinvestir a su yo con magnitudes de catexis que habían quedado fijadas en niveles primitivos.
4) Su yo así enriquecido puede defenderse más eficazmente frente a la reintroyección de aquellos contenidos que corresponden a las partes de su personalidad disociadas más precozmente: el núcleo psicótico sobre el cual se ha ido estratificando su enfermedad. Este núcleo psicótico, depositado en mí mediante la transferencia, es "atacado" con mecanismos envidiosos a través de los cuales se intenta destruir en él aquello persecutorio que dificulta la reintroyección.
5) Aparece entonces el contenido de este núcleo psicótico como algo "loco", pero sobre todo como algo asqueroso y podrido que queda referido a la repetición del incesto en la relación transferencial. Lo asqueroso como la valoración ambivalente del objeto en este nivel primitivo. Lo podrido como el resultado de una escena primaria protomelancólica; un coito-ingestión "sádico" que ocurre en la transferencia como la expresión de aquello contenido en ese núcleo que está dejando de ser aletargado. Esta escena primaria corresponde a la descarga ("epiléptica") de aquellos contenidos visual-ideales asociados a una imago paterna, sobre los aspectos materiales que, vinculados a lo materno, quedan así convertidos en la imago de una madre destruida, podrida y nauseabunda (el cadáver), como resultado de ese coito sádico. El incesto aparece así, en una fantasía referida a lo "genital" (¿en un nivel prenatal?), como el resultado de una identificación maníaca con el contenido de ese núcleo psicótico tan persecutorio y valioso que, siendo asqueroso, es en parte envidiado Podemos pensar que dentro de este núcleo ocurre la fijación a los objetos originales que determina el incesto. Los aspectos "digestivos" de esas fantasías incluyen la vivencia de una "pareja combinada" absorbente y "chupa sangre" -madre Moloc (Racker, H., 1948), madre "araña" (Chiozza, L., 1963a) que puede ser, además, fálica-. Esta imago contiene la proyección de la propia actividad yoica en un nivel embrionario-fetal.
6) Vemos pues cómo la regresión transferencial y la creciente capacidad para identificarse con sus contenidos prenatales, obtenida mediante la disminución de las ansiedades paranoides precoces a través de su pasaje por la transferencia, la llevan a enfrentarse con la disociación contenida en su psiquismo en forma de puntos diposicionales, que son remanentes de trastornos fetales correspondientes a la primera serie complementaria de Pichon Rivière, y que constituyen el núcleo psicótico sobre el cual se estratifica toda su enfermedad en los distintos niveles.
He mencionado cuáles son a mi juicio los motivos por los cuales esta integración (protodepresión) pasa a ser simbolizada como un nacimiento. Desde estos niveles primitivos en donde el yo se re-capacita con las cargas que habían quedado ahí fijadas; se inicia una progresión hacia lo oral. Esto enriquece las fantasías orales contenidas en otros sectores más evolucionados de su personalidad, permitiéndole una más adecuada economía tanatolibidinosa en este último nivel, que la faculta para el duelo y la gratitud. Pero todavía el "afuera" correspondiente a estas fantasías orales es el mundo externo donde ocurre la tremenda frustración (pérdida de objeto), que es la repetición compulsiva de su pasado (el abandono), mientras que el "adentro" (lo que está dejando de ser aletargado), siendo idealizado, contiene la persecución en forma encubierta.
Notas
(4) Grupo de estudio coordinado en 1962 por Fidias Cesio y constituido por Sergio Aizenberg, Luis Chiozza, Gilda S. de Foks, Julio Granel y Jorge Olivares