Cuando la envidia es esperanza
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Dr. Luis Chiozza

CAP. V

TERCER AÑO (5)

A medida que va creciendo su capacidad para verbalizar las fantasías correspondientes a sus ansiedades psicóticas, sus imagos yoicas y objetales se van integrando más. Se realizan así duelos que le permiten adquirir partes perdidas que habían sido disociadas de su self. Esto conduce a cambios caracterológicos y corporales sorprendentes. Está más viva, su piel más sana y más rosada, sus ojos con más brillo; ha dejado de caérsele el pelo y de tener aspecto amargo y agrio. Los cambios mencionados son tan evidentes que continuamente provocan comentarios en la gente que la rodea. Algunos de estos comentarios me han llegado por intermedio de otros pacientes.

Noviembre de 1962:

Nuevamente frente a la circunstancia de mis próximas vacaciones, aparece la vivencia del embarazo vinculada a las fantasías de recuperarme a través de un hijo. Estas fantasías se acompañan de una amenorrea que la lleva a efectuar la reacción de Galli Mainini. Teme estar embarazada porque, como hemos visto repetidamente, siente que sólo puede engendrar en su interior un hijo monstruo, producto de "el pecado" (culpa) y de la destrucción.

Me habla del "lento y penoso desarrollo del ser humano", con lo cual alude a su paulatina integración vivida como el crecimiento de una criatura, el hijo que se desarrolla entre los dos. En un nivel anal proyecta en mí sus escrúpulos obsesivos, hablándome de mi casa "limpia" y del "bochinche" que hará mi hijo pequeño cuando empiece a caminar.

Mi interpretación de los contenidos anteriores la lleva a asociar con una película en la cual dos gotas de lluvia ruedan, como dos lágrimas, sobre la cara de dos amantes que se han convertido en piedra y son ahora una estatua. Así alude al aletargamiento de sus contenidos incestuosos "monstruosos", coincidiendo nuevamente con lo simbolizado en el mito de las Gorgonas, puesto que según este mito quien las miraba quedaba convertido en piedra (Freud, S., 1940c [1922]).

Este material, entre siniestro e idealizado, correspondiente a imagos intrauterinas, aparece repetidamente en el ulterior transcurso de la sesión. A veces estas imagos quedan transferidas sobre mí, otras veces ella y yo somos en la transferencia los espectadores de aquello que ocurre en su interior.

Así me habla de las futuras generaciones, de su deseo de "ver lo que vendrá". Pero agrega que ante la enunciación de ese deseo la hermana le contesta: "A lo mejor te llevás un susto bárbaro". Me cuenta que esta misma hermana le indica que lea El tercer ojo, y luego se refiere al fenómeno de la reencarnación. Con el tercer ojo representa, de acuerdo con conceptos de Rascovsky (1960) y de Cesio (1960), el insight o visión interior de sus contenidos monstruosos aletargados, asociados a sus posibilidades latentes, igualmente aletargadas, que equivalen a los remanentes prenatales del psiquismo. En cuanto a la reencarnación, posiblemente simbolice la forma contenida en el plasma germinal, que se "encarna" en cada hijo, y se conserva a pesar de la muerte mediante la transmisión hereditaria.

Hay otras alusiones al "más allá" en esta sesión. Me hace comentarios sobre un libro que traía en la mano al entrar y que está leyendo, titulado "sobre cosas que se ven en el cielo", y se refiere a los "objetos no identificados". Asocia entonces con marcianos, con el mundo que vendrá, y termina contándome que, con un vestido blanco que le gustaba mucho, se miró en el espejo y se encontró con una cara fea, agresiva, y una mirada rara. Dice: "¿La gente que me ve a mí me ve así? ¿Qué expresaré con esa mirada?".

El cielo aparece aquí como referencia a la idealización y la muerte, lo mismo que el vestido blanco. Los "objetos no identificados" son sus imagos yoicas y objetales confusas, sometidas al mecanismo de identificación proyectiva que conduce a la despersonalización, y representan lo siniestro "contenido en sus ojos" como si fueran "el espejo" de su mundo interior (el "doble"). Como lo hemos dicho ya, tales imagos eran reintroyectadas ante la ruptura del vínculo simbiótico, que se veía nuevamente amenazado por mis próximas vacaciones.

Esta reintroyección conduce nuevamente a crisis hepáticas, porque el contenido de lo reintroyectado representa una sobre carga visual-ideal que debe ser "metabolizada" hepáticamente.

10 de diciembre de 1962:

Se esfuerza por mantener disociado y colocado en otro analista un aspecto idealizado, "amoroso", mientras que yo en cambio soy "el analista", prosaico. Esto último ocurre, a mi juicio, porque necesita defenderse de la persecución extrema contenida y encubierta en el objeto idealizado, mucho más temido que el "prosaico". También me cuenta que la suegra tuvo "un ataque de hígado", con dolor, náuseas, vómitos y mareos que la obligaron a tomar Dramamine (antihistamínico específicamente antinauseoso). Ella misma, según sigue diciendo, se quedó mareada y descompuesta durante una discusión sobre análisis y antisemitismo, y este mareo se lo atribuyó al olor a bencina que había dentro del automóvil.

Aquí la náusea representaría pues la identificación proyectiva "masiva" y "difusa" con la cual se defiende frente a lo introyectado, pero a expensas de una cierta "pérdida de los límites" de su yo (despersonalización). Más adelante me habla de una mujer de 88 años: "... vieja como una momia, la piel era un pergamino; yo la besé para que no crea que tenía asco". Y continúa diciendo: "No hablo más porque estoy aburrida de oírme".

En este punto se queda callada y bosteza. La momia simboliza el contenido que está dejando de ser aletargado, el contenido asqueroso que se está incorporando en un nivel oral representado en el beso. Frente a este contenido introyectado se aburre (se "pudre") y bosteza.

13 de diciembre de 1962:

Se refiere a un cuñado con hepatitis y aparecen nuevamente alusiones al asco y la náusea. La integración con los elementos visual-ideales se expresa además en el hecho de que siente cómo le laten las sienes, sufre una cefalea intensa y "está aburrida de tener la cabeza puesta", según su propia expresión. Luego se queja amargamente porque el marido no se ubica en la "realidad material", y un negocio que él está intentando ella "no lo ve". El marido representa sus contenidos visual-ideales traumáticos, los sueños descabellados y desubicados frente a la "realidad", sueños que ella se "niega a ver" porque la dañan. La amargura simboliza la inhibición del ataque envidioso que podría facilitar la incorporación de estos contenidos.

14 de diciembre de 1962 (al día siguiente):

Se produce este ataque envidioso sobre estas imagos "ideales" depositadas sobre mí mediante la transferencia. Aparece el tema de los celos muy claramente. Encuentra un pelo en el diván, y afirma: "Es de otra paciente"; luego lo quita de una manera decidida que contiene un reproche. Estos celos quedan asociados a cefaleas y estado nauseoso. La "otra" es una parte de ella misma unida conmigo de una manera "ideal". El "tener que tragarse" esta escena primaria visual-ideal y traumática resulta en "un dolor de cabeza", y luego cuando intenta defenderse mediante la identificación proyectiva utilizada de una manera "masiva" aparece el estado nauseoso.

En esta misma sesión me habla de la obra Amadeo, de Ionesco, en la cual se trata de un cadáver "que crece", invasor y venenoso. Me habla también del suicidio de Marilyn Monroe, y luego me cuenta que tuvo que ponerse una bolsa de hielo en el vientre porque se sentía mal. Lo venenoso y cadavérico representa una vez más aquello (la escena primaria visual-hepática) que está dejando de estar aletargado y que la expone al suicidio como una forma de identificación. La bolsa de hielo en el vientre debe corresponder a una fantasía de embarazo monstruoso (la misma escena primaria sádica contenida en el hijo) que tiene que ser enfriada (aletargada).

8 de enero de 1963:

Aquí nos muestra su identificación con la imago embrionario-fetal "abortada". Comienza la sesión refiriéndose a que le "falta el aire". Bosteza. Luego expresa que se siente como un pescado que vio fuera del agua, boqueando. Le interpreto: "Así se siente porque me voy, ahogada. El aire que le falta soy yo".

Más adelante aparecen sus celos y envidia referidos a través del material en donde me cuenta de una cuñada de la madre, cuando esta última era joven y vivía en Italia. Era bonita y adinerada, pero:

P:... era tan tonta que mamá tenía que ocuparse que le diera de mamar a los hijos, porque ella no se daba cuenta cuando tenían hambre. Mamá decía: hija mía, si yo no le cosía la blusa, iba que se le veían las tetas. Mamá estaba cansada de ocuparse de todo; lo conoció a papá que era mozo de hotel, en otro pueblo y se casó.

Aquí le interpreto:

A: Ahora tiene mucha rabia y envidia porque yo me quedo con todo, plata, leche... Se queja diciéndome que no me doy cuenta que usted tiene hambre; soy tonto.

En este material vemos cómo la misma imago idealizada es atacada envidiosamente y desvalorizada, coincidiendo esto con una progresión desde lo prenatal hacia lo oral. Además, si queremos hacer inferencias acerca de su historia personal, podemos pensar que (a través de la madre que tenía celos de aquella cuñada, esposa de un hermano, y que se casó porque no aguantaba más) está mostrando su propia situación edípica desplazada al hermano y los celos hacia Berta, que tuvo hijos con él; y también su casamiento "despechado" que debió seguir el modelo de aquel acting out de hace dos años, cuando ante mis vacaciones "se fue con otro hombre" (le fue infiel al esposo).

El lunes siguiente "se levantó mal", con náuseas, malestar en el vientre, mareos y sensación de desmayo. Intentó llegar a mi consultorio a pesar de eso, porque "pensó que podía aliviarse". Ya viajando en el automóvil le acometieron vómitos y dolores en el abdomen que le obligaron a volverse. Entonces se quedó en cama "horriblemente descompuesta", le recetan por teléfono supositorios que no la calman, y por fin le aplican un opiáceo por vía intramuscular. No obstante, los dolores volvieron, y le fue diagnosticado un cólico renal, pero el diagnóstico debió ser dudoso, porque le recetaron también Chofitol (colerético y colagogo).

Faltó también el martes, y recién el miércoles a la hora de la sesión me llamó por teléfono para contarme lo que estaba pasando. Le dije entonces que estaba peleada conmigo adentro de ella, y que yo pensaba que se podría aliviar en la medida que comprendiéramos eso que estaba sucediendo. A pesar de que le habían prescripto reposo en cama, prometió concurrir a su próxima sesión, el día viernes, y así lo hizo, trayendo las radiografías de riñón que le habían efectuado buscando una litiasis que no se comprobó. Estaba deshecha, todavía dolorida y mareada, tenía miedo hasta de caminar, y se veía asustada y confundida por la crisis que estaba atravesando.

Mi intervención en esta sesión, a la cual llegó tarde, casi se limitó a escuchar su relato completo y a mostrarle nuevamente la pelea conmigo que está ocurriendo en su interior, en donde me retenía. Le dije además que esa crisis era la dramatización del arrancamiento que la llenaba de rabia, celos y envidia: mis vacaciones de febrero.

Yo hacía conciente aquí mi contraidentificación proyectiva (Grinberg, L., 1956) con un objeto perseguidor introyectado que la dañaba, porque me servía -siguiendo el modelo que Racker (1957) ha descripto para la transferencia como resistencia y como contenido- para mantener inconciente mi contraidentificación proyectiva con el aspecto traumatizado. Esto último quedaba pues actuado cuando ella "me inundaba" de "estímulos" con su relato y yo me sometía -por una contrarresistencia (Racker, H., 1957)-, contraidentificado también inconcientemente con las resistencias que me proyectaba.

La encontré tan mal que le propuse una sesión extra para el día siguiente, y en esa sesión pudimos aclarar el mecanismo recientemente expuesto. Antes de considerar esa sesión, que corresponde al 19 de enero de 1963, se impone un breve comentario sobre la integración de los aspectos "materiales", vinculados a la actividad hepática, con aspectos ideales vinculados a lo visual.

Apoyándonos en las ideas de Garma (1956a) sobre la génesis traumática de los sueños, de Pichon Rivière (1944) sobre la situación sadomasoquista (melancólica) contenida en la epilepsia y de Cesio (1960) sobre el letargo, el ataque epiléptico podría ser concebido (Chiozza, L., 1963a) como una integración con ese núcleo u objeto aletargado que contiene el estímulo visual-ideal traumático. Este estímulo "visual-ideal" traumático, que puede provenir tanto del ello como del mundo externo previamente introyectado (traumáticamente), podría aparecer entonces en una imagen visual, como ocurre en los sueños, en una descarga motora, como ocurre en la epilepsia, en estados intermedios, como ocurre en los sueños acompañados de "sobresaltos" musculares, o también en el "aura" de la epilepsia.

De acuerdo con estas ideas, los cólicos, o espasmos de la musculatura lisa, pueden ser descriptos independientemente de cuál sea "su origen", como equivalentes viscerales "epilépticos" -lo cual enriquece, a mi juicio, el concepto de epilepsia visceral (Pichon Rivière, E., 1944; Marañón, G., 1951)-. La integración entre los aspectos ideales y materiales suele ser simbolizada por el nacimiento, porque en el nacimiento ocurriría posiblemente la más grande insuficiencia relativa de aportes materiales (alimento-oxígeno) frente a la sobrecarga de estímulos traumáticos (visual-ideales). Esta situación, vinculada al corte de cordón umbilical, que denominamos castración hepática (Chiozza, L., 1963a) y se halla "contenida" en la ictericia del recién nacido, quedaría revivida posteriormente en cada situación en donde ocurre un contacto traumático, doloroso, con la realidad que se impone "materialmente". El cólico, que se ha equiparado muchas veces, inconcientemente y a través del lenguaje, con un parto (por ejemplo, se dice que es "peor que tener un hijo", o se habla del "parto de un cálculo"), queda así nuevamente asociado, a través de su conexión simbólica con el nacimiento, a esta integración dolorosa entre lo ideal y material a la cual nos hemos referido (cuanto mayor ha sido el grado de disociación protomelancólica, patológica, ocurrida durante la vida prenatal mayor será el dolor de la integración. Esto correspondería al contenido estructural de la llamada defusión instintiva congénita).

Volvamos a la sesión del 19 de enero, casi inmediatamente posterior al cólico.

Comenzó diciendo:

P: Anoche me sentí muy mal, yo no sé que me pasó, me asusté muchísimo, no veía las letras de La Razón (el diario vespertino). Tuve como una especie de alucinaciones, quería leer y veía figuras largas, sentía como una hinchazón en el cuello, me sentía tan mal

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Me quedé dormida con la luz prendida y...no sé lo que pasó, de repente asustada por las figuras que veía me senté en la cama, y despierta seguía viendo así... veía figuras enormes en la habitación, figuras paradas así al lado de los ojos, cosas horrendas... estuve casi sin dormir, me senté en la cama desesperada... Hacía media hora nada más que dormía, pensé. Cuántas cosas soñé y recién hace media hora que duermo. Pensé que estaba intoxicada con tanto remedio; si soy tan estúpida que no puedo vivir las cosas naturalmente. Le empecé a hablara Francisco de todas las cosas que soñaba, tenía un susto horrible. parecía escapada del manicomio, tenía unas ganas de llorar horribles (se echa a llorar). Dormí un rato con esa sensación de vivir en un mundo de fantasía. El me escuchaba le que le contaba, estaba nervioso. Si le toca a una persona más débil que yo, sin ayuda, cree que está loca del todo y se escapa. ¡Qué espanto!

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Parece que tomé un remedio equivocado. Mi marido fue a mirar en un cajón y fue a buscar todo lo que había tomado. El prospecto de uno decía: no darlo a personas sensibles y nerviosas, y el que yo había tomado tenía una fórmula parecida (se trataba de una sulfamida de acción lenta unida a un antiséptico urinario). Era tal el terror, que me agarraba de la mano de mi marido. El se sentó en la cama; me dijo: yo me voy a quedar despierto; él, que duerme tanto y con sueño pesado, estaba horrorizado.

A: Ahora siente que me deja horrorizado a mí, como usted se quedó impresionada por todas las ideas de locura y las figuras que veía.

P: Pensaba: esto es un proceder de locura, es un ataque de locura, no estoy enferma, no es posible que haya estado tan mal y ahora tan bien (se refiere al cólico; llora).

Cuando estoy así lo anulo en tal forma que creo que me moriría y no lo llamaría (llora).

Hoy me levanté y habría llorado a gritos... cuando me vi sola en casa... me parecía que me caía.

A: Siente que yo quedo anulado, como usted misma frente a la locura que le surge de adentro, entonces se queda sola.

P: Martita se va de viaje y no quería decirle, pensé: con todo esto se va a ir asustada. Hubo como una reunión de psicoanalistas de toda la familia, como si fuera una consulta porque todos contaron en su sesión lo que me pasaba. Me daba vergüenza, me parecía que lo hacía quedar mal a usted.

A: Yo me voy de viaje y usted me quiere asustar para que sepa lo que usted sufre y por vergüenza, por eso también siente que me hace quedar mal con los otros analistas, pero también se asusta usted porque siente que enloquece de rabia y de celos.

Un poco más adelante me dice:

P: Qué estúpida soy, estoy pensando siempre en el dinero y lo importante es que lo tengo a él (en lo manifiesto al esposo). Que me acompaña cuando estoy mal. Dormía abrazada a él y pensaba que es una persona inteligente, que se da cuenta de todo, y pensaba si hice todo este lío para acercarme más a él.

Los contenidos de esta sesión corresponden a mi juicio a la transformación del cólico anterior en una descarga equivalente pero en un plano más psicológico. Yo en la transferencia, junto con un pedazo de su self, quedaba convertido en objeto de esa descarga, como antes en el cólico atacaba dentro de ella misma una parte que me representaba.

De acuerdo con las ideas anteriormente expuestas, estos contenidos "de locura" correspondían a las imágenes ideales, a la sobrecarga de estímulos traumáticos, y yo, en una parte de ella misma, simbolizada por su cuerpo, soy el objeto que debe "metabolizar" y asimilar esos estímulos: el hígado.

Así, en la próxima sesión, el 21 de enero, me expresa que se siente mejor al lado mío, pero me cuenta que siente dolores en el hígado y náuseas. El sentido de estos síntomas queda más claro cuando en el transcurso de esa misma sesión, y refiriéndose a una situación entre padres e hijos, se expresa así:

P:... los llevan de un lado para el otro, de repente les están encima, de repente los dejan, me resulta inaguantable, los ahogan de amor y por otro lado los ahogan de angustia (mientras me dice esto se frota con la yema de los dedos el reborde costal derecho en la zona del hígado).

De esta manera yo soy ahora el objeto que la ahoga, inaguantable. Así como ella, en la sesión anterior, me inundó con contenidos idealizados y angustiantes, que no puede asimilar y le "patean el hígado" (como patea el feto en el útero). Cuando más adelante en la misma sesión alude al cólico de los días anteriores dice: "Sentía que me arrancaban el hígado, los ovarios y todo lo que tengo por ahí".

Para evitar extenderme demasiado diré que, aparte de los contenidos mencionados, "el adelanto" de la crisis y de la "reconciliación", caracterizó este año a la separación causada por mis vacaciones. Antes de mi partida, y aunque en el material me seguía trayendo alusiones al arrancamiento, quedó muy conectada conmigo con un ligamen libidinoso que le permitiría expresarme el deseo de que yo volviera pronto y, sobre todo, le permitía conservarme entero dentro de ella durante la separación.

Trajo en este contexto material de situaciones orales en parte gratificantes, "dulces", relativas a los tíos de Italia. Una vez, por ejemplo, el tío viajó con grandes sacrificios hasta otro pueblo, para traerle unos dulces especiales como regalo. Claro está que con esto me expresaba también una esperanza, la idealización de la espera a que la sometía con mi "viaje".

A la vuelta aparece nuevamente material relativo al nacimiento y a la aceptación de los requerimientos materiales de la realidad. Por ejemplo, el dinero; o también, otro ejemplo, el "tercero", la presencia material de otros con los cuales debía compartir mi cariño.

12 de marzo de 1963:

Me habla de "economía"; del dinero que siempre se le "escapó de las manos". Me cuenta cómo malgastó siempre en pésimas inversiones las distintas sumas que recibió en concepto de retroactivos o participación anual en las ganancias, lo cual queda asociado con sus diarreas y con su necesidad de sentirse omnipotente. En todo esto queda evidenciado el sometimiento a los aspectos idealizados (visual-ideales) que constituyen los contenidos "de locura" y que le chupan su vida "material" (el dinero, las heces "buenas"); por eso en esta misma sesión se refiere al padre, que aparece hundiéndose en una psicosis paranoide. También comenta, asociando con una película de Buñuel:... si me dijeran que esa mujer termina salvada por el amor es un "cuento rosa". El "cuento rosa" representa la idealización, que ya siente absurda, de la escena primaria incestuosa que ocurre entre los dos, y que, por otro lado, todavía, debido a las fijaciones pregenitales primitivas, es el tipo de contacto que siente más cargado de afecto y por lo tanto más genuino. Pero este contacto, por la culpa y el masoquismo que contiene, es el "amor" que no la puede salvar..

Nuevamente abandona pues la identificación con estas imagos idealizadas para pasar a sentirse perseguida por ellas, que aparecen entonces unidas en un coito que la sume en el abandono, y que son atacadas con envidia.

14 de marzo de 1963 (dos días más tarde):

Aparece (vinculado a una crisis de celos frente a otra paciente, y cuando le señalo que se rasca el hipocondrio derecho) material referente a un cólico hepático que sufrió cuando sorprendió a su novio (el actual marido) abrazado con otra mujer en una confitería. Aquí la crisis hepática puede ser concebida en un nivel hepatobiliar como el resultado de un aumento masivo de la envidia que no puede derivar adecuadamente hacia el exterior, y en un nivel anterior, hepatoglandular, como la consecuencia de un enfrentamiento doloroso con la "realidad", simbolizada por el "tercero", que destruye la omnipotencia. Esto quedaría asociado a una vivencia de castración hepática contemporánea, en su origen, con el nacimiento.

En abril existe una secuencia de sesiones en donde aparecen muy claramente vinculados: el incesto, lo "muerto", la reintroyección de este objeto, y sus vicisitudes expresadas como somatizaciones hepáticas e intestinales y como fantasías de embarazo monstruoso. Me habla de un cuñado con "un ataque tremendo de hígado". Simultáneamente, el perrito del mismo cuñado moría como resultado de una hepatitis, por la cual consultaron a varios veterinarios. Comenta que no le dijeron nada a los nenes y que "lo enterraron en la quinta", añade luego:

P:... me dio impresión, van a tener un muerto. Pensé que era un bicho gordo, pensé qué era lo que tenía adentro ese muerto para que fuera un perro con vida (la alusión a sus contenidos aletargados es aquí evidente).

Estos contenidos que estaban dejando de ser aletargados son introyectados con grandes dificultades. Así me expresa luego que tuvo tanto asco, cuando "vació" un pollo para comerlo, que después lo regaló, porque pensó que le haría mal. A esto asocia que al irse de la última sesión compró cosas en una fiambrería ("fiambre": cadáver) que se encuentra en el mismo edificio que yo habito.

Pocos días más tarde este material queda nuevamente asociado al incesto. En una sesión en donde aparece "el padre loco", y tiene puntadas en el estómago y el hígado, me habla de un baile que vio en el Teatro Colón, y me dice que "todo el baile estaba en la cabeza". Alude así, según creo, a "la locura", a la sobrecarga de contenidos ideales asociados a la imago paterna, al coito maníaco incestuoso y "loco" con esta imago masculina: el "baile" que le trastorna la cabeza. Pero a la vez este "baile" es algo que no puede "tragar" materialmente, que no puede asimilar en su yo, porque es algo terrible que, vivido como asqueroso y nauseabundo, le da "puntadas en el estómago y el hígado".

En el mes de mayo podemos comprobar la evolución que experimentan sus imagos. Comienza a elaborar la muerte de la madre, y entonces aparece por primera vez (a través de la transferencia) "el pobre papá", que en este contexto no es "un bruto y un loco", sino alguien despreciado por sus hijos, que en el velatorio de mamá "hablaba y hablaba sin que nadie le pusiera atención", porque "todos le echábamos la culpa".

Por esta época, en una sesión en donde le muestro sus ironías como un ataque "bilioso" disfrazado de amabilidad, y con el cual busca amargarme subrepticiamente, me cuenta, luego de una crisis de bostezos, que vio en una película la maestría con que los médicos quitaban el veneno de la boca a las serpientes y hacían vacunas. Con los bostezos, en su fantasía, estaba abriendo la boca para ese fin. Expresa con esto su creciente insight, que le permitía ir cambiando sus imagos yoicas. Una semana más tarde me dice, refiriéndose a una amiga que me envió para que la orientara hacia un tratamiento psicoanalítico, "porque estaba suicidándose inconcientemente": "La hemos salvado a Diana". Luego me habla de su infancia con sus tíos de Italia, de sus "lunas" infantiles. Aparecen entonces sus ansiedades orales, la culpa por "haber tomado demasiado". Cuenta que había una sola vaca y que:

P:... el tío tenía úlcera y tenía que tomar mucha leche... Mamá, sin que nadie supiera nada, mientras ordeñaba la vaca, y antes que nos dividiéramos la leche entre todos, me dejaba tomar todo lo que yo quería. Yo era chiquita y ya sabía que no tenía que decir nada.

Es en esta sesión cuando, llorando, me cuenta la separación de su madre, allá en Italia, justo en el momento de partir. El relato de esta separación, con el cual iniciamos este historial, queda de esta manera asociado al "haber tomado demasiado".

Pocas sesiones después me dice que fue a ver nuevamente la película Nunca en domingo, y me cuenta que la primera vez "no se había dado cuenta del tipo que está llorando como un chico y reclama a la madre". Así me expresaba la creciente posibilidad de enfrentarse con sus contenidos orales, circunstancia que era el resultado de su "salida" de los niveles más primitivos a los cuales había regresado ante el impacto de las separaciones.

Las ansiedades orales ante las pérdidas de objeto quedan representadas en esta misma sesión, por ejemplo, a través de un material en donde me cuenta que su tío solía traerle de otro pueblo "una naranja preciosa, redonda y amarilla", y que ella jugaba con esta naranja días enteros sin comerla por no quedarse sin ella. Por fin, cuando ya amenazaba secarse, se decidía a comerla, pero frecuentemente, de esta manera, se perdía el momento en que tenía su mejor sabor (aludía así al objeto idealizado transformándose en lo podrido que estaba encubriendo).

Su progresión hacia el nivel oral le permite un mayor insight de sus remanentes prenatales y a la vez una posibilidad mayor de incorporación en el yo. En una sesión, luego de comunicarme que el esposo (yo en la transferencia) fue a dar sangre para una persona que tenía que operarse, añade que sus clientes la ven muy bien, que le dicen que es increíble, que está más joven, mejor de cara... con más brillo en los ojos... Siente de esta manera, y todavía, que se nutre de mi sangre más que de mi leche, pero sus ansiedades depresivas, su temor al daño que puede realizarme, han disminuido sensiblemente; porque yo soy paralelamente depositario de las imagos que posee en sí misma, y siente entonces que me repara reparándose.

En junio aparecen claramente fantasías referentes a la vida intrauterina y al nacimiento. Pero lo importante es que en estas fantasías de ahora lo negativo está en el "adentro", y lo positivo, aunque el tránsito sea doloroso, aparece en cambio referido al "afuera". Así, en una sesión que comenzó diciendo que "tiene que meterse de cabeza en el tratamiento" y pagarlo con su propio sueldo, me narró un sueño en donde "estaba naciendo", había algo que le apretaba la nuca y no la dejaba salir y respirar; me dice además que se acordó del sueño mientras decía "meterse de cabeza".

En estos días decide efectivamente hacerse cargo del pago completo de su tratamiento, aceptando las limitaciones que eso le ocasiona. Tal situación la fuerza nuevamente a regresar a un nivel prenatal, pero con un insight suficiente como para que la recuperación sea más fácil.

 

El 2 de julio dice:

P: Estoy alejada del mundo como en una cápsula. Haber renunciado al dinero que me daban debe ser lo que me tiene encerrada; me adelanté antes de estar madura. Me veo en el negocio vieja, llena de muecas; estaba asquerosa. Todo me pasa por arriba... me choca oírme mi voz.

La voz que le choca oír es evidentemente la voz de "afuera" que representa al mundo "real", insoportable, que le llega a través de mí. Este mundo real "material" le "da en el hígado".

El 12 de julio:

P:... ayer me dolió el hígado todo el día; al respirar siento que me duele en el lugar de la vesícula".

Cuatro días más tarde me habla de la película Mondo cane en la que, según me expresa horrorizada, ve cómo le "hinchan el hígado a los gansos con los cuales hacen el pâté de foie":

P: le dan de comer con un embudo y cuando el bicho está gordo, que revienta (aquí se toca el hipocondrio derecho con un gesto inconciente) lo matan para comerlo".

Un poco después y hablándome del marido se pregunta:

P: ¿Lo habré lastimado?, le hablaba de cosas de dinero y enseguida roncaba.

En la transferencia, con mis "cosas de dinero" le hablo de cosas "reales" que le "hinchan el hígado" y la lastiman.

El 2 de agosto, mientras tratamos un nuevo aumento de honorarios que le sería muy difícil pagar, por cuanto se suma a su reciente decisión de hacerse cargo totalmente del pago de su tratamiento, aparecen referencias a la madre "cálida" que queda en este contexto denunciada como la idealización de la madre Moloc (Racker, H., 1948), absorbente, pegajosa y chupa sangre (la madre araña; Chiozza, L., 1963a).

El 8 de agosto estas vivencias quedan encubiertas por bostezos y aburrimiento; dentro de este clima surgen alusiones a un personaje de la película italiana Las horas del amor, lo cual nos brinda la ocasión de interpretar el contenido de ese aburrimiento.

En la película mencionada se trata de un hombre soltero, gordo y humorista, que es amigo del personaje central, casado y permanentemente aburrido en compañía de su mujer. El "gordo" aparece como un "donjuán" rodeado de mujeres, siempre "divertido" y con un departamento de soltero. En el fondo se denuncia que vive como alguien aterrado ante el abandono, por cuanto a cada fiesta que concurre lo hace acompañado por una mujer a la cual llama la "consolante certeza"; de esta manera, si no consigue compañera en esta fiesta tiene la "consolante certeza" (como él dice) de que podrá volver a su departamento acompañado.

En su departamento, solo, dialoga con una araña a la cual llama Luisa, y es en el fondo su única compañía. En un momento determinado en que su enfermedad hace crisis, aparece un cólico hepático que lo hace revolcarse en la cama con sus dos manos aplicadas sobre el hipocondrio derecho, grita entonces que todas las mujeres le chupan la sangre y arroja un zapato sobre la araña Luisa, lo cual se traduce en un nuevo paroxismo de dolor que lo "dobla en dos", obligándolo a echarse en posición fetal sobre la cama.

Resumen

Resumiremos en tres puntos lo esencial de la evolución durante este último año:

1) Se evidencia una mayor aceptación de la realidad "material" equivalente a una "salida" del mundo predominantemente ideal (ideativo-visual). Lo negativo queda ahora pues más referido al "adentro", mientras que el "afuera", aunque el tránsito sea doloroso, es reconocido en sus aspectos más positivos.

2) Sus imagos yoicas y objetales se van integrando más a medida que progresa en su creciente capacidad de verbalización. Se realizan así duelos que le permiten adquirir partes perdidas que habían sido disociadas de su self. Esto conduce a cambios caracterológicos y corporales muy evidentes.

3) Sus fantasías orales quedan enriquecidas por las catexis "rescatadas" de aquellos niveles prenatales en donde habían quedado fijadas. Esto se traduce por una mayor abundancia y predominio de estos contenidos orales en la relación transferencial, coexistiendo junto a las fantasías fetales que son ahora mejor verbalizadas.

Notas

(5) He preferido transmitir en forma de relato la historia de aquello que ocurrió durante el tercer año de tratamiento, con el fin de poder desarrollarla en unas pocas páginas. Incluyo sin embargo parte del diálogo correspondiente a una sesión, en donde aparecen fantasías vinculadas con lo que quizás caracterice más específicamente la evolución en el transcurso que estamos considerando. Se trata de vivencias persecutorias frente a lo visual-ideal que está dejando de ser idealizado, asociadas a la castración hepática que, repetida inconcientemente en la transferencia, es simbolizada como un trauma de nacimiento.

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