Cuando la envidia es esperanza
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Dr. Luis Chiozza

CAP. VII

TRES AÑOS DESPUES

Mary, cuyo material sirve de base para este trabajo, cumplió ya su sexto año de tratamiento psicoanalítico. Cuando presenté el "historial clínico" expuesto en la primera parte de este libro, me proponía, ante todo, mostrar la evolución del análisis, las vicisitudes de la transferencia-contratransferencia y la modalidad y formulación utilizada en las interpretaciones. Abarcaba los primeros tres años de su tratamiento. Entre el cúmulo de síntomas o fenómenos a través de los cuales se desarrollaba la dinámica de la transferencia-contratransferencia y su análisis, se destacaban en aquel momento el letargo, la somatización y la simbiosis, que fueron comprendidos, en la valoración de esos tres años, como la manifestación de una regresión a contenidos y mecanismos fetales ante las repetidas y masivas pérdidas de objeto.

Cuando Mary comenzaba a caminar, al año de edad, la madre se trasladó a Italia con los hijos; el padre quedó en Buenos Aires. Fue en esa oportunidad, frente a la partida, y en ocasión de tomarse una fotografía, que la familia se reunió con la presencia de todos sus miembros por primera y única vez, puesto que dos hermanas mayores, Rose Marie y Luisa, no habían vivido hasta entonces con los padres, sino que habían sido entregadas para su crianza ante el nacimiento de los nuevos hermanos, que fueron en orden sucesivo, Marta, Adrián y mi paciente, cinco años menor que su hermano varón.

Cuando la madre regresaba de una pequeña aldea de Sicilia con todos sus hijos, para reunirse con el padre aquí, en la Argentina, en el momento de la despedida, Mary fue abandonada en brazos de una tía, quien solicitó llorando que la dejaran con ella, y así, a los tres años de edad, tuvo que separarse repentinamente de la madre, de los hermanos y hasta de su ropa, que quedó en el baúl que trajeron a Buenos Aires.

Tenía siete años, y ya sus tíos eran sus nuevos padres, cuando tuvo que volver, requerida por la madre, y viajar con gente extraña.

Cuando comenzó su tratamiento, Mary tenía cuarenta y seis años. La describí en el historial anterior diciendo que era bajita, delgada, de aspecto duro y apergaminado, con un rostro entre descompuesto y agrio, con la apariencia y la actitud de una señora "bien" y vestida muy elegantemente. Casada, sin hijos, con un aborto a los veintisiete años de edad, vivía en una simbiosis familiar de intensidad notable y dentro de una estrecha dependencia. Sufría en aquel entonces una colitis, diagnosticada como amebeásica, que la llevo a tener hasta doce deposiciones diarias. Esta colitis, que mejoró rápidamente con el establecimiento de la situación analítica, sus frecuentes anginas febriles y su temor a morir muy pronto fueron, en el contenido manifiesto, el motivo que la indujo a buscar un tratamiento.

Sufría una incipiente y progresiva paradentosis y el pelo se le caía de una manera alarmante. Su rostro agrio y su piel apergaminada constituían rasgos sobresalientes en su aspecto.

Promediando el primer año de tratamiento me relató el siguiente sueño:

Anoche tuve pesadillas horribles, sueños raros, había ruidos, gente ajena... Soñé... no sé quién era... no sé nada... que estaba sola en la cama sin mi marido, una sierra cortaba la mano de alguien que estaba a mi lado... Había un coche, alguien al lado que no sabía quién era.

Y luego de asociar este sueño con la película La faena, continuó:

Después, despierta, pensé en la cabeza de los animales que, sin piel, las parten y caen mitad para cada lado.

Mientras contaba esto cambiaba de posición en el diván y se acurrucaba de costado, casi en posición fetal.

Nos expresaba así, entre otros contenidos que no nos interesa destacar ahora, su manera de vivenciar, como un daño corporal horrible, las separaciones y los abandonos de su historia repetidos en el vínculo transferencial conmigo. Y nos mostraba también cómo semejante abandono, representado en la pérdida que incluye hasta su propia ropa, adquiere el carácter de una injuria narcisista extrema, que la deja sin piel y la divide en dos mitades, dentro de la profunda regresión e identificación melancólica con los objetos en las cuales se hallaba sumergida.

Hoy, seis años después, Mary es una mujer baja y pequeña, pero no delgada. Puede ser simpática y atractiva a pesar de su edad. Sigue siendo elegante, y su piel, más rosada le brinda una apariencia más saludable. La caída del cabello y la paradentosis se han detenido. La simbiosis que caracterizaba sus vínculos familiares ha disminuido. Continúa sufriendo sin embargo, y como entonces, insomnio y cefaleas.

El dato que más impresiona de este historial es la circunstancia de que mi paciente consumó materialmente sus deseos genitales incestuosos con su hermano. Adrián había comenzado su tratamiento psicoanalítico, según nos contó el colega que lo trataba, "al borde del suicidio" y con la fantasía de estar enfermo de cáncer, poco tiempo antes que Mary. Tal enfermedad, que motivó el fallecimiento de su madre hace unos diecisiete años, adquirió por mucho tiempo un papel preponderante en las sesiones de Mary a través de la figura de una tía con un cáncer de intestino, de quien ella se ocupó frecuentemente hasta su muerte.

Durante la confección del historial anterior, una misma pregunta volvió una y otra vez a presentarse en mi mente sin que me fuera posible conjeturar su respuesta. ¿Cuáles eran los motivos que condujeron o permitieron a esta paciente llevar hasta su fin y consumar materialmente en el objeto prohibido las fantasías incestuosas que habitan en cada uno de nosotros? Si es cierto que la consumación material del incesto ocurre excepcionalmente -aunque no tan excepcionalmente como nuestra represión procura hacernos creer (Kirson Weinberg, S., 1966)-, yo me preguntaba entonces qué estructura y qué dinámica, igualmente excepcionales, constituían el contenido de una enfermedad capaz de conducir a esta paciente a un tal desenlace. Hoy, tres años después, conociendo la circunstancia de que el incesto se consumó repetida y frecuentemente durante un largo período que incluye su primer coito, a los dieciocho años de edad, y se extiende por lo menos hasta hace poco más de un año, tal pregunta, como si fuera el acertijo de la Esfinge, adquiere una nueva fuerza.

Estudiaremos el material correspondiente a una semana de análisis que transcurrió hace pocos meses, que fue elegida "al azar", y constituye un adecuado paradigma de aquellas fantasías básicas que hemos podido observar muchas veces en el curso del tratamiento, ya que configuran, en un lento proceso de mutación, la trama que se destaca en un retorno constante.

Notas

(7) Entendida como una forma de contratransferencia, me coloca frente a ella como se hallaba Edipo en la encrucijada frente a la Esfinge, sintiendo que su vida dependía de la respuesta. Cabe también pensar que este trabajo, surgido a impulsos de esa contratransferencia, nació con mi deseos inconciente de que fuera una oportuna apelación al coro. Considerado así, la misma ejecución del trabajo como una actuación que expresa inevitablemente una forma de contratransferencia, representa ya una apertura en el destino trágico de Mary, porque puede ser entendida como mi identificación con un aspecto de ella que utiliza el pensamiento en lugar de la acción en un intento de elaborar los impulsos inconcientes prohibidos. Este intento de Mary contiene también la continua racionalización de su actuación incestuosa repetida en el transcurso del tratamiento, escollo que he procurado evitar durante la elaboración teórica del historial presentado. Entendida como una forma de contratransferencia, me coloca frente a ella como se hallaba Edipo en la encrucijada frente a la Esfinge, sintiendo que su vida dependía de la respuesta. Cabe también pensar que este trabajo, surgido a impulsos de esa contratransferencia, nació con mi deseos inconciente de que fuera una oportuna apelación al coro. Considerado así, la misma ejecución del trabajo como una actuación que expresa inevitablemente una forma de contratransferencia, representa ya una apertura en el destino trágico de Mary, porque puede ser entendida como mi identificación con un aspecto de ella que utiliza el pensamiento en lugar de la acción en un intento de elaborar los impulsos inconcientes prohibidos. Este intento de Mary contiene también la continua racionalización de su actuación incestuosa repetida en el transcurso del tratamiento, escollo que he procurado evitar durante la elaboración teórica del historial presentado.

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