Cuando la envidia es esperanza
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Dr. Luis Chiozza

CAP. VIII

ACERCA DEL MÉTODO Y EL PROPÓSITO

Retomaremos aquí algunas consideraciones que, acerca de los antecedentes de Mary, realizamos en el historial anterior.

Desde mucho antes de que yo la conociera, el pasado se hizo "carne" en Mary, formándola como persona. Mientras una pequeña parte quedó "disponible" como recuerdo, otra parte configuró su carácter y su enfermedad. Luego, durante el tratamiento psicoanalítico, una parte de ese pasado (repetido mediante la transferencia inconciente en la conducta y en la enfermedad) se ha transformado "momentáneamente" en recuerdo, en historia personal o familiar. Pero no ha permanecido ahí. Disponible como recuerdo sólo ha permanecido "el esqueleto" de los acontecimientos pasados. La vivencia que constituía "la carne" de tales recuerdos ha pasado nuevamente a formar parte de la conducta, el carácter y el cuerpo de Mary, modificados por ese proceso.

Hay en mi mente y en la de ella, aunque no siempre presente en la conciencia, un estado actual de aquello que constituye "la vida" de su historia, pero se trata de un estado actual en continua evolución. Sus imagos yoicas y objetales, y los antecedentes personales y familiares que yo podría escribir, son "distintos", hoy, de los que tuvimos cuando ella comenzó el tratamiento, y seguramente distintos también de los que tendremos ambos cuando el proceso ininterrumpido del análisis vaya transformando el sentido de los "datos objetivos", completando las "series psíquicas" con eslabones inconcientes que transforman su significado.

De todos modos, en cuanto al campo de trabajo terapéutico psicoanalítico, el "hecho" histórico-genético, que permite inferencias y construcciones a partir de la transferencia, importa ante todo como una realidad "psicológica" del paciente o como una representación mental del analista, ambas en continua evolución, más que como una realidad "externa", pasada, a la cual no tenemos acceso directo. (Hoy diríamos que la existencia misma de esa "realidad externa pasada" a la cual "no tenemos acceso directo" es una inferencia indemostrable).

Puesto que no tenemos acceso directo a la llamada realidad histórico-genética, aun suponiendo que los hechos que se presentan en una historia personal o familiar "seguramente ocurrieron", no podemos saber si "realmente ocurrieron así", es decir: de qué modo significaron en esa pretendida época pretérita. Bion (1965) denomina transformation al proceso según el cual una invariante que se mantiene "en principio" reconocible, cambia su "forma" o su "naturaleza" en diferentes contextos temporoespaciales. Cesio (1965a) desarrolla la idea de que la transferencia ocurre en un presente atemporal. Rodrigué (1966), conservando la doble connotación de "presente" y "acto" que posee la palabra "actual", menciona el carácter actual de la transferencia. Teniendo en cuenta tales ideas, podemos pensar que el producto de la transformación de la historia está y es presente en la transferencia-contratransferencia, y que a su vez ese presente se transforma en historia, en recuerdo, cuando nos acercamos a él y lo mutamos mediante la interpretación. El grado de coincidencia de este recuerdo con lo "objetivo" pasado es teóricamente incognoscible.

Tal como se expresa en Rashomon o en Seis personajes en busca de un autor, de Pirandello, los acontecimientos pasados sólo constituyen historia en función de un significado que, por su misma naturaleza de significado, ocurre forzosamente en un ámbito subjetivo y variable. Lo único que podemos afirmar "objetivamente", desarrollando un paso más el razonamiento que llevó a Freud al descubrimiento del carácter encubridor de algunos recuerdos, es que la "historia objetiva" es presente en una totalidad cuatridimensional inabarcable, mientras que el recuerdo, todo recuerdo de aquello que ocurrió, sea del paciente o del analista, es una representación o apariencia de aquello que está ocurriendo actualmente.

Sin embargo la representación de cualquier material clínico constituye, inevitablemente, una historia y, como tal, implica detenerse a pensar y escribir acerca de un paciente que en ese momento no ocupa el diván. Pensar en lo que pasó más que en lo que está pasando actualmente, "aquí y ahora" durante el mismo proceso de realizar esa historia, como el producto de una situación compleja, rica en contenidos inconcientes. Situación que conjuga al analista con el significado de sus notas o grabaciones, sus recuerdos del paciente, de sí mismo y del contorno social profesional al cual dirige su trabajo, sus propósitos, concientes e inconcientes, frente a sus objetos internos, representados ahora en especial por ese medio social y por ese paciente. Recordemos aquí la profunda pregunta de Bateson "¿... cómo hacen las personas objetivas para elegir las cosas respecto de las cuales quieren ser objetivas?" (Bateson, G., 1948-1969, pág. 73).

Definamos pues la coordenadas que configuran el encuadre de este trabajo.

No intenta incluir una historia" unilateral" de la vida ni de la enfermedad de Mary. Por eso la exposición de sus antecedentes personales y familiares no ocupa un lugar separado, "armado" fuera de la secuencia temporal del tratamiento.

No se propone, aunque bien valdría la pena alguna vez, si es posible, intentarlo, tocar el otro polo y constituirse en una análisis, fechado a la manera de un diario (y sin embargo el más atemporal de cuantos pudieran intentarse), de lo que está ocurriendo "aquí y ahora", durante el mismo proceso de realización de este trabajo, como diálogo entre mis objetos y yo en el área que comprende mis recuerdos del paciente y su tratamiento.

Tampoco se propone constituirse en una historia, apretada en unas pocas páginas, de "lo que pasó" en un tratamiento psicoanalítico que ya ha cumplido seis años y sobre el cual podrían escribirse numerosos "historiales". Centrándose por ejemplo en su evolución a lo largo del tiempo transcurrido, o enfocando la problemática de la terminación del análisis, o tomando por eje las vicisitudes contratransferenciales y el manejo técnico del caso, o limitándose a comparar el campo de la transferencia-contratransferencia con la reconstrucción de su "pasado" o de su mundo "externo" a través de sus relatos.

De todas estas historias que podríamos concebir acerca del tratamiento de Mary por el analista que fui "allí y entonces", en cada decurso temporal examinado, elegimos una, limitada en el tema y breve en el tiempo que abarca. Ofrece la ventaja de brindar con suficiente detalle, como si fuera con una lenta de mayor aumento, el material que forma la trama del campo transferencial-contratransferencial. Tomamos la historia de una semana de análisis, en la esperanza de que nos permita, no digamos corroborar, ya que ésa no es nuestra intención, sino presentar y ejemplificar una hipótesis que sea coherente desde el punto de vista teórico y verosímil desde el punto de vista clínico, acerca del contenido latente del horror al incesto y de las condiciones dinámico-estructurales que determinan la consumación del coito incestuoso.

Aun sin adentrarnos en la difícil problemática de los tipos de verificación y su valor para la ciencia, se impone, dada la preocupación por dicha problemática que hoy "está de moda", un brevísimo comentario acerca del encuadre metodológico.

Es evidente, en primer lugar, que una hipótesis del tipo considerado no puede adquirir aquello que se llama abusivamente "suficiente corroboración clínica", dentro de los límites de este trabajo, y que nuestras conclusiones permanecerán, por lo tanto, desde ese injustificado punto de vista en el llamado "terreno de las hipótesis".

Debemos tener en cuenta, en segundo lugar, que actualmente tiende a enfatizarse que la hipótesis es un juicio, pensamiento o enunciado, que debe implicar "una anticipación de hechos ulteriormente comprobables" (Ferrater Mora, J., 1965), y que asumiendo ese punto de vista parece necesario, en consecuencia, determinar prolijamente cuáles serán tales "hechos anticipados", que la hipótesis delineada implica, y en cuya búsqueda y posterior hallazgo podrá basarse la deseada verificación. Sin embargo, aunque nos halláramos dentro de la plena aceptación de este último criterio, no compartido por todos, esta determinación constituye una tarea que, por ser ulterior, no emprendemos aquí ex profeso.

Los primeros pasos en la construcción de una hipótesis, los más difíciles de definir, son también los más interesantes. El pensamiento juega con los elementos de la teoría y los recombina hasta obtener un producto "explicativo" que, a falta de nombre mejor, denominamos "coherente", por oposición a la llamada "incoherencia", en la cual "falta una relación ordenada y sistemática de las partes" (Warren, H., 1956), y dejando constancia de que el tipo de orden o sistema constituye una función dependiente y variable.

Al mismo tiempo obran en nuestro interior materiales de la más diversa fuente: trabajos publicados por otros colegas, datos extraídos de otras ciencias, obras literarias y, sobre todo, el material en conjunto de los pacientes, propios y ajenos, que se tiene la oportunidad de conocer. Tales materiales proporcionan, durante la elaboración de la teoría y de una manera no siempre conciente, el carácter de "visto y oído" a muchas de las consecuencias fácticas implícitas en la hipótesis que se está construyendo, y prestan así verosimilitud clínica a la teoría que se está elaborando. Pero también este criterio de verosimilitud es una función dependiente y variable, y a veces encontramos en el terreno de lo inverosímil la "verdad" que estábamos buscando.

Presentar, a través de la exposición e interpretación, forzosamente parciales, de un material que no fue el único operante durante la construcción de la hipótesis considerada, la verosimilitud clínica de esa hipótesis, es una tarea que depende en alto grado de una previa y suficiente coincidencia, con el lector, en el acervo de experiencias clínicas. Como tales experiencias clínicas pasadas están inevitablemente codeterminadas por el esquema "referencial" teórico, la coincidencia deseada depende también de una previa coincidencia de esquemas. Por esta razón no sólo procuramos a lo largo del texto explicitar, tantas veces como resulta posible, el esquema teórico utilizado, sino que, además, intentamos aunar las líneas divergentes entre algunos esquemas, volviendo al "tronco común" cada vez que ello es compatible con la hipótesis planteada.

De acuerdo con lo que afirma Freud cuando expresa: "Las ideas latentes descubiertas en el análisis no llegan nunca a un límite y tenemos que dejarlas perderse por todos lados en el tejido reticular de nuestro mundo intelectual" (1900a [1899], t. I, pág. 539), si obtenemos, basándonos en nuevos elementos o enfoques, interpretaciones "diferentes" de un mismo material, estas interpretaciones no deben ser consideradas excluyentes entre sí, sino que, por el contrario, pueden coexistir y complementarse en un conjunto cada vez más enriquecido.

Notas

(8) Véase en Psicoanálisis: presente y futuro (Chiozza, L., 1983a) las consideraciones que realizamos acerca de la existencia de un tiempo primordial.

(9) La tarea de psicoanalistas como Lacan (1970) y Liberman (1962, 1970), que abordan un encuadre metodológico del psicoanálisis a partir de la lingüística moderna, estudiando la estructura del inconciente y el proceso de la transferencia en la estructura del lenguaje, enriquece y fundamenta las apuntadas consideraciones acerca del significado del "hecho" histórico y su evaluación genética como manifestaciones de esa configuración que M. y W. Baranger (1961) denominan el campo psicoanalítico.

(10) Véanse las consideraciones que realiza Laing (1982) sobre este tópico en La voz de la experiencia

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