Cuando la envidia es esperanza
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Dr. Luis Chiozza

CAP. IX

ESTUDIO DEL MATERIAL CLINICO

Viernes 14 de octubre de 1966:

(Mira, al entrar, un libro abierto sobre el escritorio). ¿Sigue estudiando, doctor? (Influido por mi conocimiento de material anterior pensé que, al mismo tiempo que me estaba elogiando, me estaba expresando que se sentía abandonada. Luego, refiriéndose al sol que entra por la ventana): ¡Qué bien se está acá! (mientras se dirige al diván) ¡Qué raro está esto! (sacude la toallita que habitualmente coloco sobre el cabezal y acomoda el plástico extendido sobre la zona de los pies. Con este ritual suele anular la "presencia" de los otros pacientes). No sé, está todo torcido (se acuesta). Ay, no sé qué me pasa doctor que duermo poquísimo. Cuando no se va mi marido igual, si no peor. Cuando está tampoco duermo, cuando se va duermo menos (luego de una pausa y con voz destemplada, cascada): ¡Ah! ¡Qué sueño horrible tuve ayer! ¡Qué espanto!

Mi primer pensamiento hubiera podido completarse más o menos así: yo con los libros no me ocupaba de ella, o ella misma era un libro en el cual yo estudiaba satisfaciendo narcisísticamente mi curiosidad. Pero al mismo tiempo ese abandono era idealizado en parte y en parte negado, ya que en su fantasía los libros y el estudio eran también para comprender mejor a mis pacientes, eran una forma de estar pensando en ella.

La negación aparece también en la frase siguiente, en la cual me expresa que está bien "acá", al calor del sol, conmigo, por contraste con lo mal que está "allá", en el frío de la separación. Pero niega que esa separación está también presente "acá", causando el reproche por el abandono y también como consecuencia de ese reproche. Este abandono del cual ella me acusa posee innumerables representaciones: el fin de semana próximo, los otros pacientes "presentes" en el diván que ella acomoda, en lo "raro" y lo "torcido", en el esposo que "se va" periódicamente. Considerando el presente en el cual ocurre la transferencia, representa un fracaso en el intento de poseerme omnipotentemente. Si admitimos que, dentro de esta fantasía de posesión omnipotente, quedo confundido con su propio yo, representa también una injuria narcisista.

Primero afirma que cuando el marido está presente el insomnio es igual o peor; luego expresa que duerme menos cuando el marido se va. Podemos pensar que expresa así su ambivalencia, su resentimiento y sus celos íntimamente vinculados a la excitación dolorosa del insomnio y negados en el bienestar frente al sol.

(Otra pausa) Soñé que mataban a un hombre delante de mí... Parecía una especie de revolución, no sé. Debía ser como... bueno, parecía ser un fondo de una antigua casa, así, que en una época fue un castillo... y desde la terraza, desde una habitación yo veía hacia los fondos de la casa que había una especie de columna alta y desde ahí se veía un soldado y había revolución; entonces yo estaba ahí escondida y había un hombre que no sé quién era, no, no, así sería como la figura del carpintero que está siempre, un tipo bajo, gordo; después hay una figura de mujer y un sillón, tampoco sé quién es, y de repente yo le dije que no mirara, que no saliera, que lo iban a ver y lo podían matar; entonces él dijo que él no tenía miedo, entonces saca la cabeza y de repente esa figura, así, del soldado, aparece peleando adentro de la habitación ¿no? Entonces yo me escondía y me metí en una especie de cajón, toda arrugada como un gato, toda apretada, mientras oía, como a mi espalda, era la lucha y yo sentía... hasta que, bueno el soldado lo mata al hombre y yo sentía, así, como le puedo decir, el estertor de la muerte, una sensación así de que se ahogaba, de que no podía respirar más y yo seguía allí metida sin moverme, con un terror de que me iba a pasar a mí exactamente igual, pero yo pensaba, bueno, si no me ve, puede ser, que no me vea. Entonces de repente sentí un gran golpe en la nuca, entonces yo sentía lo mismo, que yo me iba muriendo, faltándome la respiración y sentía que me iba ahogando hasta que me quedé muerta. Mire qué sueño horrendo ¿no? (bosteza). Bueno, me desperté muy angustiada, muy asustada, me levanté, fui a tomar un Indian Tonic, caminé hasta comprobar que estaba viva y lo único que me pasaba era que me dolía la cabeza, pero no me había muerto. Sabe que ahora tengo la sensación de un dolor en la nuca que no me deja, no sé qué es lo que me pasó de noche, entonces sentía que la muerte, todos los golpes, eran en la nuca...

La interpretación de este sueño fue realizada, en el transcurso posterior de la sesión, como si se tratara del material "común", incluyendo algunos de sus elementos en las sucesivas interpretaciones que fueron surgiendo vinculadas al material siguiente. Aunque nos hallamos "ahora y aquí", en un cierto modo "fuera del contexto" frente al material de este sueño, es posible señalar en él determinadas fantasías que, por su elevado grado de universalidad en cuanto a su condición de símbolos y por aquello que podemos inferir de la sesión presentada, es razonable suponer como probablemente presentes. Nos interesa destacar especialmente las que pueden contribuir a enriquecer nuestra comprensión de la situación transferencial inconciente. La misma Mary nos lleva en esa dirección cuando insiste en subrayar que en ese momento, durante la sesión, tiene un dolor en la nuca que no la deja, tal como ocurre en el sueño.

La revolución debe representar aquí, unida a la muerte, su vivencia temerosa frente a la emergencia de lo inconciente. La lucha que sucede a su espalda constituye probablemente un símbolo de la posición analítica y alude seguramente a la angustia que despierta en Mary el sentirse incapaz de controlar ("ver") el proceso. El peligro y las consecuencias dañosas parecen ser proyectados sobre mí, si admitimos como posible que el hombre que saca la cabeza (que observa y que piensa) y que, a pesar de sus advertencias, llevado por la excitación escoptofílica, se expone a morir, me representa. Luego es ella misma quien aparece como víctima, tal vez porque esta proyección fracase. O quizás esto último también alude a su temor de que mi excitación y mi curiosidad, al exponerme, la expongan sin protección frente al mismo peligro.

¿Cuál es este peligro? El mismo sueño nos ayuda a comprenderlo. En primer lugar hay un soldado que estaba en el fondo de la casa y que, de repente, al ser observado, aparece peleando adentro de la habitación. Luego ella se esconde en una especie de cajón; "toda arrugada como un gato, toda apretada".

Además del significado de algo oculto como un contrabando, contenido en la conocida frase "hay gato encerrado", sabemos que el gato es un símbolo universal de los instintos. El gato encerrado debe de aludir aquí también a sus instintos dificultosamente contenidos, y lo peligroso debe de quedar unido sin duda a la liberación de esos instintos. Una fantasía latente similar aparece en el soldado, aunque aquí el contenido instintivo queda amalgamado a un componente que posee cierto tinte superyoico, y que por lo tanto puede ser también interpretado como un castigo por la escoptofilia. Este soldado, merced a la intervención de mi curiosidad y de mis interpretaciones, de repente, sin que ella pueda controlarlo, abandona el fondo de la antigua casa, el inconciente, para aparecer en la misma habitación-terraza de la conciencia, "peleando" en una escena primaria sádica y terrorífica.

Debe ser entonces esta escena primaria aquello que la golpea en la nuca, es decir, en la cabeza, pero desde atrás, desde donde la amenaza mi presencia. El sueño está representando pues su angustia en el encuentro conmigo, encuentro que la expone a una vivencia de horror y de espanto. Podemos suponer por lo tanto que en el contenido inconciente de su fantasía transferencial está consumando nuevamente el incesto conmigo, y que esto corresponde a lo "sobreentendido" que no debe ser hablado, el contrabando oculto en el "gato encerrado".

Si interpretamos el símbolo primario contenido en el encierro del gato que la representa, podríamos añadir que tal alegoría identifica los impulsos reprimidos de Mary con aspectos narcisistas vinculados a la vida intrauterina. La antigua casa del sueño, "que en una época fue un castillo" y que ha dejado de serlo, parece aludir a la salida o ruptura de la muralla narcisista.

La intensidad de la angustia queda adecuadamente representada en el sueño mediante el ahogo y el estertor. El ahogo, como la expresión básica de la angustia en un lenguaje corporal; el estertor, como el sonido que reemplaza a la palabra de auxilio en el umbral de la muerte por asfixia. Ambas representaciones apuntan hacia la expresión de fantasías muy precoces. La misma angustia, transferencial y presente, aparece en la voz destemplada y cascada y en el bostezo con que finaliza el relato del sueño.

Repasando el material de esta sesión encontramos dos fantasías básicas aparentemente contradictorias. Por un lado aparece el resentimiento, la frustración por el abandono que resume la injuria narcisista, el fracaso en su deseo de poseerme de una manera omnipotente. Por otro lado, aparece el horror ante el encuentro conmigo. Tal como lo expresa refiriéndose al marido, ni mi ausencia ni mi presencia la defienden de la ansiedad representada a través del insomnio.

Podemos pensar que la paciente proyecta sobre mí dos objetos diferentes (que en otras ocasiones o "estratos" asume en su yo). Disociando mi imago mediante este mecanismo, me reprocharía entonces que yo, como la imago de un objeto protector, la abandone frente al encuentro conmigo, depositario de la imago ante la cual sufre una excitación temible e insoportable que la llena de horror.

¿De qué manera podemos definir teóricamente estos dos objetos diferentes que la paciente proyecta sobre mí? En primer lugar, la imago de un objeto persecutorio, cargado con una excitación que le provoca horror, puede ser homologada a la imago de los objetos originales de la identificación primaria, contenidos en el "maná" del superyó precoz que resulta de tal identificación. En segundo lugar, la imago de un objeto protector puede ser homologada a la imago de un objeto interno que resulta de la identificación secundaria, que adquiere así la estructura de un superyó posteriormente constituido, cuyo contenido instintivo, atemperado por el pasaje proyectivo-introyectivo en la relación con objetos gratificantes, posee un menor componente tanático.

Dentro de la organización estructural primaria que corresponde al superyó precoz, y que debemos considerar como coexistente, en el individuo plenamente desarrollado, con otras organizaciones posteriores, es importante teóricamente valorar el significado que adquiere la expresión "sentimientos de culpa", clave para adentrarnos en el estudio de la inhibición del incesto y del incesto consumado. Encontramos en Freud (1923b) que el sentimiento inconciente de culpabilidad "reposa en la tensión entre el yo y el ideal del yo", ideal que equipara, en la misma obra de donde extraemos la cita, con el superyó precoz. Esto nos permite suponer de una manera teóricamente lícita que, dentro de la organización estructural primitiva,

a) la excitación que se origina de acuerdo con una pauta "regresiva",

b) la defusión instintiva o el incremento de tánatos,

c) el "maná", y

d) los sentimientos de culpa inconcientes,

son aspectos o enfoques diferentes de una misma situación que queda resumida como "tensión" o "distancia" entre el yo y el superyó precoz, y que suele expresarse a través de fantasías de castigo. Completa estas consideraciones la afirmación de Freud acerca de que Eros desexualizado, bajo la forma de libido narcisista, constituye una energía indiferente en sí, y desplazable, que puede agregarse a un impulso erótico o destructor, cualitativamente diferenciado, e intensificar de este modo su carga general (Freud, S., 1923b).

La posibilidad que posee la energía libidinosa frustrada, coartada en su fin, de contribuir al incremento o a la realización de tánatos, nos permite comprender entonces que la angustia que se manifiesta en el sueño como de caracteres horribles, se encuentre íntimamente vinculada con la excitación insatisfecha, y que tal excitación, coartada en su fin, y habiendo emprendido un camino "regresivo, haya adquirido ya una cualidad tanática, pregenital, capaz de engendrar temor también ante la posibilidad de su descarga.

El soldado del sueño, que protagoniza una escena primaria de características sádicas y al mismo tiempo "mata" con los golpes en la nuca que quedan asociados a fantasías inconcientes de castigo y a la escoptofilia, parece representar adecuadamente a un objeto interno superyoico precoz, "representante del ello ante el yo", y dentro del cual se conjugan, íntimamente unidos, los impulsos del ello y las fantasías de castigo, bajo la forma de tendencias masoquistas.

Lunes 17 de octubre de 1966:

En esta sesión comienza elogiando mi consultorio y el día "precioso". Se refiere a lo bien que se está en un ambiente "lindo, tibio, lleno de sol y de luz".

A: (Impulsado por una incomodidad que permaneció en la penumbra de mi conciencia). Todo le parece lindo y precioso acá.

P: Cuando llego acá Dr. (irónicamente): Estoy enamorada, ¿usted se olvidó eso?

A: Lo que me está diciendo es una manera de hacer algo conmigo, de meterse dentro de mí (pausa).

P: Pensé, cuando se lo decía, hasta qué punto es verdad y hasta qué punto macaneo ¿no?

A: En este momento, mientras me dice que está enamorada lo siente menos que en otros momentos en que no lo dice.

P: Ahora sin embargo pienso así, que quise macanear y lo dije de verdad.

El análisis de los sentimientos ambivalentes que conformaban mi contratransferencia haciéndome sentir incómodo y con cierta tendencia a desvalorizar (a través de mis palabras: "todo le parece") el afecto existente entre los dos, nos permite comprender el contenido de la ironía con la cual procura, defensivamente, sorprenderme e invadirme. Junto al amor, confesado a medias y con disgusto, aparecía el ataque sarcástico y destructivo, destinado a anularlo o por lo menos negarlo.

Luego de mi segunda y mi tercera intervención, dentro de las cuales mi tono y mis palabras, exentos de reproches, le muestran no sólo que puedo tolerar la ambivalencia, sino que no me someto al carácter destructivo de su ironía y vuelvo a mencionar el amor genuino que ella oculta, recupera paulatinamente la posibilidad de identificarse con los sentimientos transferenciales positivos, ya sean sexuales o sublimados, anteriormente intolerables. El material emergente, como veremos enseguida, ilustra las vicisitudes de estos sentimientos.

P: Recién me encontré, cuando iba a subir en el ascensor... me encontré con mi hermano de análisis, que bajaba en el ascensor que viene hasta aquí arriba y estaba sin luz. Entonces él dejó la puerta abierta y me dijo: "¿Quiere tomar éste? Pero no tiene luz". Estaban los dos abajo y yo dije: "No. Me gusta la oscuridad cuando estoy acompañada, pero sola y en un ascensor, la verdad que no. Yo voy a tomar éste que tiene luz". Entonces se rió y me dijo: "¿Qué pasó que la veo tan poco?". "Bueno, yo puedo decir exactamente igual, últimamente nos vemos menos...". Entonces me dijo cómo andaba: "Cómo está", me dijo, y yo le dije: "Bueno, bastante bien, no sé si es la primavera pero parece que siempre cuando hay sol una tiene más... se siente mejor", le dije ¿no?... Bueno entonces nos dimos la mano, y bueno, "Hasta mañana", y cuando ya iba a cerrar el ascensor yo dije: "Chau rico", y después dije: "¿Qué impresión le haré a este hombre?" (riendo): ¡Qué caradura!...

Se hicieron presentes allí, y "en mi ánimo", dos circunstancias: Mary había consumado repetidamente el incesto con su hermano Adrián, desde su primer coito, a los dieciocho años de edad, a veces con intervalos más o menos largos de abstinencia, prácticamente hasta entonces, y Pedro, su "hermano de análisis", hijo de padres separados, durmió a solas con la madre, en la misma cama, hasta los veintitrés años, edad en que comenzó el tratamiento psicoanalítico. Estas dos circunstancias se hicieron presentes bajo la forma de un pensamiento: Mary colocaba a Pedro nuevamente ante la excitación incestuosa del colecho, haciéndole "activamente" sufrir lo que ella experimentaba "pasivamente" en la transferencia. Me sentía también preocupado por las características del encuentro entre dos de mis pacientes, y recordé que tiempo atrás, como consecuencia de haberme traído una fotografía de su hermano Adrián, impresionantemente parecido a Mary, pudimos analizar el carácter gemelar o especular de su coito incestuoso, que adquiría así el significado de un coito "consigo misma".

Si tomamos este relato como la narración de un acontecimiento que ocurrió en un tiempo anterior al presente en el cual transcurría la sesión, y ése fue, en primera instancia, el impulso que seguí "allí y entonces", podríamos seguramente adentrarnos en interesantes consideraciones acerca de la dinámica de un acting out semejante y de las fantasías de un incesto fraterno implícitas en él, puesto que la paciente nos narra un episodio de seducción de una intensidad poco común en esas circunstancias, que se materializa precisamente con un "hermano de análisis". Con el deseo de mantener una línea coherente, abandonaremos sin embargo este enfoque. Tomaremos el material como una manifestación del presente en el cual estaba ocurriendo la transferencia.

Mary comenzó su relato diciendo: "Recién me encontré...". Parece aludir así, por de pronto, al momento que analizamos previamente, en el cual logró identificarse con sus sentimientos transferenciales eróticos. Ahora intenta disociar nuevamente estos sentimientos, colocando su excitación sexual (primavera, clima erótico del relato) en un objeto aparentemente distinto y dejándome excluido, preocupado, con los celos o el "celo" (excitación) que ella experimenta en la transferencia, en un estrato de la cual Pedro también me representa.

Más interesante aún resulta analizar el carácter incestuoso de esta excitación. En primer lugar la elección del hermano de análisis constituye una manera de reencontrar al analista en esa representación. En segundo lugar, y dentro de una interpretación más compleja que luego veremos con mayor detalle, podemos pensar que tal elección incestuosa contiene enmascarado el deseo de reencontrarse a sí misma en una relación de objeto "cosanguínea". Encontramos en el material algunos elementos que apoyan esta interpretación. Cuando comienza diciendo: "Recién me encontré, cuando iba a subir en el ascensor... me encontré con mi hermano de análisis", parece significar que no sólo se encontró con el hermano, sino que se encontró en el hermano. Más adelante, ante una pregunta de Pedro contesta: "Bueno, yo puedo decir exactamente igual", mostrando así nuevamente este encuentro con ella en el "hermano".

P: (Refiriéndose a Pedro)... no sé qué puede pensar él, por más que no creo que le gusten mucho las mujeres. No sé si lo digo porque... bueno lo noto así, como de repente, como que quiere estar conmigo... como si me tuviera miedo, las dos cosas tengo la impresión de él. Ahora yo siento que le tengo afecto, qué cosa extraña ¿no?

A: A través de Pedro me expresa lo que siente en su relación conmigo.

P: Ayer pasé una noche de perro, Dr. ¡Ah! Estoy casi sin dormir, ¡Ay! Que loca estoy ¿no? No parezco, sí, de día no parezco que estoy tan mal ¿no? Lo disimulo bastante, la otra parte, la otra cara...

Continúa relatándome que estuvo despierta horas y horas. Entonces se acordó que tenía en la mesita de luz una revista de psicoanálisis y se dedicó a leer. Pensó que después de todo "no le importaba que tuviera sueño", pensó que "era lindo poder sentirse cerca de mí a través de la lectura que le hacía recordar las cosas que yo le digo".

A: No sabe bien qué es lo que más le gusta y qué es lo que más la hace sufrir. Estar conmigo presente o con el recuerdo de mí... Hay momentos en que piensa que está mejor con el recuerdo... con el recuerdo de mí puede hacer lo que usted quiere, conmigo siente que no.

Desde el ángulo que más nos interesa, el insomnio parece representar aquí la imposibilidad de elaborar los impulsos incestuosos frustrados, coartados en su fin, impulsos que se expresan también a través de los celos que no consigue mantener proyectados sobre mí mediante la utilización de la representación Pedro. Podemos pensar que cuando dice: "¡Ay! Qué loca estoy ¿no?", expresa maníacamente su temor a perder, durante la sesión tanto como "de noche", durante el sueño, el control de la excitación.

Las palabras con las cuales continúa refiriéndose a la revista de psicoanálisis, muestran el vínculo con un objeto-analista intrapsíquico, de naturaleza ideal. Es por lo tanto un vínculo melancólico (introyección del objeto en el ideal del yo) y narcisista (elección narcisista de objeto subyacente a la melancolía, e introversión).

Fenichel ha escrito: "Regresión de la relación de objeto a la identificación', 'regresión al narcisismo' y 'regresión a la oralidad', significan una y la misma cosa contemplada desde diferentes puntos de vista" (Fenichel, O., 1957, pág. 447). En el material presentado aparecen así contenidos orales que expresan, en el contexto de la relación objetal transferencial, y desde otro ángulo, la regresión narcisista. Cuando Mary le dice a Pedro: "Chau, rico", evidencia dos mecanismos combinados en una proporción incierta. En primer término, que sus deseos orales han ocupado en parte el lugar de las fantasías genitales incestuosas. En segundo término, que tales impulsos orales se adjudican la representación de los deseos genitales expresados a través de la "primavera", haciendo uso de la equiparación que se establece en la fantasía inconciente entre el coito y la incorporación.

Señalamos ya que la excitación incestuosa placentera y el horror que aparece tan estrechamente asociado con ella pueden ser considerados, de acuerdo con las afirmaciones de Freud (1912-1913) acerca del "maná", como dos experiencias diferentes del yo frente a una misma energía que actúa de una u otra manera según el estado relativo de la carga en el yo para un instante dado. Podemos agregar ahora que el carácter narcisista de estos impulsos nos permite comprender que mientras el incesto constituye un intento, a medias logrado, de abandonar el narcisismo propiamente dicho, en el cual la libido se deposita sobre el yo (que la "descarga" en crecimiento), simultáneamente constituya un intento de conservar ese narcisismo mediante la elección de un objeto, cosanguíneo o endogámico, que represente al propio yo a través del yo ideal.

Más adelante, refiriéndose en el contenido manifiesto al esposo me dice:

P:... me sentía tan mal que tenía como el cuerpo afiebrado, yo lo sentía en la cama, era un cuerpo caliente, caliente como cuando se tiene temperatura.

Cuando le interpreto el carácter febril de la excitación que experimenta en la transferencia me habla de sus calores en la cara y el cuello y me expresa:

P:... hay momentos en que siento ese acaloramiento, esa transpiración de repente que parece que... que siento que... que me corre por las venas. Parezco una vieja gorda que se ahoga.

Solamente comentaremos en este material tres elementos: a) la fiebre y los calores "menopáusicos" como una transformación patológica de la excitación insatisfecha;

b) el ahogo que reedita el contenido angustiante y tanático, expresado en el relato del sueño de la sesión anterior, y que aquí queda claramente vinculado con la frustración instintiva; y

c) la vieja gorda, en la cual, además de los contenidos orales y melancólicos, se anticipan fantasías de embarazo que veremos más claramente en sesiones posteriores.

Poco después, refiriéndose en lo manifiesto al deporte que practica el esposo que le parecía "una cosa de infierno realmente":

P: Yo pensaba doctor, por qué todavía somos tan esclavos. Tantas cosas heredamos... pero, por ahí pensaba... mi marido tiene ganas todavía ¿no? ¿Por qué le gusta tanto? ¿Qué le pasa? ¿Qué necesidad tiene de sufrir así como una bestia...?

A: (Le interpreto, completando una interpretación anterior): Se pregunta de dónde sale esta necesidad de sufrir... por qué estamos aquí, qué sentido tiene, qué significa esta fiebre, esta calentura (y luego de un material semejante prosigo): Se pregunta frente a mí, como si estuviera hablando con Adrián y le dijera: pero ¿qué nos pasa?, ¿por qué no podemos separarnos?, ¿por qué no podemos vivir sin tanto sufrimiento?

P: (Después de una pausa breve): ¡Se lo dije muchas veces doctor! (Y luego de otra pausa mayor y en voz muy baja): Me quedé pensando en mi suegra, se descompuso, tuvo un ataque de hígado... últimamente está teniendo así ese tipo de descompostura que se marea, que tiene vómitos... está así asustada o mucho más envejecida; tal vez con una vida controlada estaría mejor, una señora que hace cualquier cosa ilógica, por supuesto para su edad y para todo...

Subrayemos aquí en primer lugar, el contenido "infernal" de la excitación, febril y dolorosa, íntimamente vinculada a la frustración y al abandono, que aparece representado a través de la esclavitud, con la cual alude a la dependencia. En segundo lugar el impacto que "le da en el hígado" y la descompone, causado por mi mención del incesto con Adrián y conmigo en la transferencia. Este incesto es la "cosa ilógica", la vida descontrolada para una señora de su edad "que tiene ganas todavía". Pero precisamente por eso, porque "tiene ganas todavía" de materializar el incesto, le duele y le asusta que yo hable del que ocurre entre nosotros, puesto que esto la expone en su fantasía al encuentro con la frustración de tales impulsos, dejándola abandonada a los celos que la descomponen y le provocan un "ataque de hígado".

Con la ayuda de mis interpretaciones, y a medida que progresa la sesión, intenta elaborar, o por lo menos controlar mediante el pensamiento, presente en las continuas preguntas que se dirige a sí misma, las fantasías incestuosas que al iniciarse la sesión anterior determinaron la cefalea y que adquirían una representación a través del insomnio.

P: (Luego de un silencio) Estaba pensando qué me contestaba Adrián... siempre la misma palabra: "Ya sé, ¡perdoname!...". Yo supongo que no le contestaba...

Le interpreto que, identificada con Adrián, siente que no contesto a sus preguntas. Apoyándome en el recuerdo de material anterior le digo además que se siente acusada por mí, siente que ella y yo somos "diferentes", que eso no tiene remedio, y que, por eso, no le cabe concebir esperanzas.

P: (Cambiando de tono y de actitud en voz baja): Por lo menos me entretengo... ¡Ay!...

A: Una de las fantasías que la trae al tratamiento es curarse; la otra fantasía no contiene esperanzas de curarse; busca entonces entretenerse conmigo, repetir lo que le causa dolor y satisfacción al mismo tiempo, su relación con Adrián.

P: (En un tono "intrascendente", riendo): De paso (bosteza).

A: Su angustia ante lo que estamos hablando aparece en el bostezo.

P: (Cambiando nuevamente de tono): Recién me parecía que no podría aguantar más (silencio).

A: (Utilizando el recuerdo de material anterior): Se siente intoxicada, como si tuviera que despertar de un sueño que la asfixia.

P: (Muy conmovida): Sí, No aguanto... Hay momentos que... necesito un... un respiro.

Llevado por una contratransferencia en donde predominaba el desasosiego, le interpreto que su hablar y mi hablar en la sesión adquieren el carácter, como representación, de una relación sexual entre nosotros, pero una relación penosa, sin la posibilidad de que la excitación se descargue con alivio, como ocurre en un orgasmo adecuado. La sesión finaliza alrededor de este tema cuando Mary expresa su temor a volver a estar sola "en la oscuridad del ascensor".

Dejaremos de lado los múltiples comentarios a que puede dar lugar este material para centrarnos en algunos aspectos que nos interesan particularmente.

Cuando Mary pone en boca de Adrián: "... siempre la misma palabra: Ya sé, ¿perdoname!...", expresa su angustia ante la vivencia de repetir el incesto en la transferencia. Manifiesta con esto sus sentimientos de culpa frente a la excitación conmigo que la tortura y ante la cual se pregunta, proyectándola sobre la representación del marido: "... por qué todavía somos tan esclavos, tantas cosas heredamos... pero por ahí pensaba, mi marido tiene ganas todavía ¿no? ¿Por qué le gusta tanto? ¿Qué le pasa? ¿Qué necesidad tiene de sufrir así como una bestia?...".

La esclavitud alude a la debilidad de su yo que, como lo señala Freud (1923b), se ve obligado a servir a tres amos: el ello, el superyó y el mundo exterior.

Podríamos pensar que el ello y el superyó aparecen netamente diferenciados en este material, ya que Mary se siente esclava de las ganas y pide perdón al copartícipe que, complicado en el acto prohibido, se ha transformado en acusador. Si tenemos en cuenta, sin embargo, el desarrollo ulterior de la sesión, en el cual subrayamos especialmente la intensidad de los sentimientos que Mary proyectaba sobre mí, presentes en el desasosiego que destacamos como la contratransferencia utilizada en ese momento para centrar las últimas interpretaciones, caemos en la cuenta de que el mismo objeto superyoico por el cual Mary se siente juzgada y ante el cual solicita perdón, contiene la excitación incontrolable que la paciente teme y constituye a la vez un objeto ideal seductor y excitante capaz de engendrar el horror al incesto.

Señalemos además su "pensar" en el incesto y en la culpa, su angustia frente a mi señalamiento de que busca "entretenerse" repitiendo conmigo su incesto con Adrián, señalamiento que vivencia como acusación, y su defensa habitual ("de paso..."), de carácter mordaz e irónico, frente a esta angustia. Pero esta ironía contiene también su desesperanza, y adquiere el carácter siniestro del dolor frente a lo irreparable, que la conduce al deseo de repetir el incesto, "entreteniéndose", en parte al servicio de los instintos de muerte, en su desesperación y en su drama.

Deshecha esta estructura repetitiva, que debilitaba a su yo, mediante el concurso de la interpretación que procura hacerle conciente la excitación que teme descargar bajo la fantasía de un orgasmo penoso, parcialmente tanático, contaminado por el miedo y la culpa, responde conmovida: "Sí. No aguanto... Hay momentos que... necesito un... un respiro". En esta vivencia -la necesidad de un respiro- el superyó y el ello quedan confundidos como fuentes de un tormento semejante ejercido a través de los impulsos instintivos que recaen sobre el yo en la forma de una excitación "indiscriminada".

El ahogo, presente en esa necesidad de respiro, y el bostezo, integran este material con el sueño relatado en la primera sesión comentada. La excitación "indiscriminada", dentro de la cual se confunden Tánatos y Eros, puede equipararse al "maná" que, en las consideraciones teóricas que realizamos anteriormente, proviene de los objetos originales de la identificación primaria y carga de este modo al superyó precoz, fuente de los primitivos sentimientos de culpabilidad, íntimamente confundidos aquí con los impulsos masoquistas del ello

Martes 18 de octubre de 1966:

Comienza de una manera que puede ser interpretada, en la secuencia de la sesión anterior, como la expresión de una fantasía inconciente que traduce en la transferencia sus dificultades en cuanto a la descarga de la excitación. Luego me cuenta, dentro de un relato extenso que se ha ce pesado y aburrido, al fin del cual bosteza repetidamente, que acompañó a una amiga embarazada que salía de compras. Esta amiga quiere un traje sastre porque está "cansada" de verse "con barriga", "aburrida", de verse "cuadrada" debido a los múltiples y continuados embarazos que "no le daban respiro". Comenta con Mary: "Voy a tener que empezar a tener que tomar pildoritas... pero yo a las pildoritas les tengo mucho miedo; me dicen que hacen mal... Dicen que hinchan mucho... que quienes las toman están todas hinchadas". Mary continúa el relato:

P: Entonces yo pensé: bueno, aquí está la trampa de la naturaleza, dándose vuelta, asustando a la gente, para seguir haciendo hijos a montones ¿no? Es decir, que en el momento sentí que no era una cosa de que haya medios y esos medios aun en el aspecto religioso puedan sacar culpabilidad a la gente, Sino que a pesar de todo eso la naturaleza se ingenia para seguir adelante ¿no?. Entonces lo sentí como que, bueno, a lo mejor se va a controlar la misma gente que se controlaba antes. Me pareció que a lo mejor la gente pobre lo va a aceptar con más tranquilidad. No sé si lo oí a través de mi madre, también de las cosas que escuchaba, pensé que la gente así, digamos de nuestra sociedad, seguirá teniendo una enormidad de hijos por miedos, es decir que aunque le quieran sacar el miedo, el miedo está en el hombre a través del tiempo; entonces, bueno, por ahí si no tienen el embarazo que es una hinchazón de nueve meses, van a estar todas completas hinchadas por miedo a la... a las píldoras.

Vemos aquí, a través de una amiga que la representa, cómo el embarazo pasa a simbolizar el contenido temible de los instintos actuando sobre el yo. Las fantasías homosexuales que aparecen en el vínculo con la amiga y también en el traje sastre como un representantes "masculino", mediante el cual se intenta negar y evitar mágicamente el embarazo, surgen aquí probablemente como una defensa frente al contenido latentes simbolizado a través de este embarazo. Las píldoras, a través del embarazo, representan el control de la excitación, control que intenta constituirse en un pacto "religioso" con el superyó, es decir un pacto destinado a evitar los sentimientos de culpa. El superyó aparece aquí, nuevamente, en el sentido "biológico" señalado por Freud (1923b) y también por Garma (1962), como representante del ello, como la "naturaleza" que "se ingenia para seguir adelante", y a él se alude otra vez cuando se menciona "la trampa de la naturaleza".

"La gente pobre" parece constituir aquí una alegoría mediante la cual se hace referencia a la contraparte del arrogante narcisismo representado en la gente de la sociedad. Esta última aparece como sometida a ese narcisismo, a merced de los temidos "ricos" impulsos del ello, que están "en el hombre", heredados "a través del tiempo", y que adquieren una formulación también "religiosa", ideal, superyoica. El contenido penoso de la excitación que la deja "hinchada" y "aburrida", aparecía también transmitido a través del mismo relato, que resultaba extenso, pesado, letárgico (Cesio, F., 1960).

Poco después, en la misma sesión, vuelve a ocuparse extensamente del embarazo temido. Me cuenta, con una risa que oculta su angustia, que una cliente de la tapicería que se halla a su cargo, embarazada de dos meses, se mareó en el negocio. Mary, que la hizo pasar a una habitación utilizada como vestuario, dice:

P: Entonces le hice bajar la cabeza, le apagué las luces... Me quedé al lado de ella. Entonces le pregunté si tenía mucho miedo. ¡Mire lo que se me fue a ocurrir! Le digo: no, usted no está mal, tiene mucho miedo. Está muy asustada. Entonces me dijo: exacto, no sabe el susto, ¡el miedo que tengo! Yo le dije: bueno ¿sabe qué pasa? Hizo demasiadas cosas en muy poco tiempo. Las cosas hay que poder asimilarlas, hacerlas de una y recién después seguir adelante

Luego de una interpretación con la cual procuro llevar a su conciencia el miedo que me expresa mediante la representación de su cliente, continúa hablándome de ésta, de cuya vida conoce algunos episodios. Es una mujer que de la noche a la mañana "se encontró" casada con un médico al cual había recurrido para adelgazar unos kilos, y este casamiento la transformó de una muchacha pobre que vivía con su madre manteniéndose a duras penas, huérfana de padre desde los quince años, en una mujer rica y llena de responsabilidades, ya que el "hombre es muy ocupado, entonces ella es la que tiene que correr para hacer todo. Expresa:

P: Pobrecita, parecía un pollito mojado en el vestuario, mareada, asustada. Pensé: Bueno, qué difícil es realmente recibir lo buenos y lo malo. Yo creo que lo bueno es mucho peor todavía. Verse así, dueña, le ha puesto los departamentos a nombre de ella. Se siente responsable de toda esa cantidad de cosas que le regalan. Y está tan apabullada, tan asustada, bueno, y el embarazo que seguro ella no se lo imaginaba tampoco, tan enseguida de casarse. Entonces tiene tanto miedo, que cuando me contaba así el miedo que tenía, estaba tan blanca, tan blanca, que me parecía que se iba a desmayar en el vestuario. Después, a medida que fue conversando, así, se fue recuperando un poco.

Entre la multitud de cosas que surgen de este material subrayaremos algunos aspectos de la fantasía "actual" de Mary en relación conmigo.

El diálogo con su cliente en la intimidad del vestuario, tal como en el material anterior el traje sastre de su amiga, alude al contenido homosexual que adquiere en la transferencia, y en un aspecto que nos interesa subrayar, el valor de una elección narcisista.

Abadi (1960), estudiando distintos mitos, y desarrollando consideraciones que encontramos en Freud (1905d, 1910c), ha destacado que las fantasías homosexuales contienen un anhelo procreativo narcisista y bisexual, simbolizado a través del ser andrógino o hermafrodita y presente entre los atributos de la divinidad. Esta divinidad, tal como lo ha señalado Freud (1932a [1931]), es a su vez no sólo representante del superyó, sino también de "la omnipotente vida instintiva", concepto que nos permite integrar estos contenidos con el material anterior en el cual Mary mencionó el aspecto "religioso" que adquiere "la naturaleza" cuando "se ingenia" para salir adelante, "asustando a la gente, para seguir haciendo hijos a montones".

La cliente que tiene que "correr para hacer todo", de hombre y de mujer, contiene pues un aspecto narcisista que puede quedar representado mediante una fantasía de cópula hermafrodita, la cual, tal como aparece en el material, despierta la vivencia de cambios corporales temibles.

En la primera sesión comentada, el hombre "muy ocupado", el analista que "sigue estudiando", la abandona dejándola a merced de su excitación con el objeto ideal que canalizaba sus impulsos incestuosos. En la segunda sesión estos impulsos evidencias su carácter narcisista bajo la representación de Pedro como símbolo de una unión de ella consigo misma. En el fragmento que acabamos de ver se añade el elemento procreativo extremadamente persecutorio e igualmente narcisista.

Utilizaremos la palabra "hermafrodita" para referirnos a este aspecto procreativo de las fantasías narcisistas, íntimamente ligado, en la fantasía inconciente, a vivencias hipocondríacas de crecimiento corporal.

Para Mary "verse así, dueña", identificada con el ideal, responsable de todo, "sola" con su excitación creciente representada a través del embarazo que se hincha y crece, la enfrenta nuevamente con los impulsos temidos que amenazan precipitarla en el "desmayo" (símbolo tal vez, como pérdida de conciencia, de la ausencia de objetos, aunque sean ideales, intrapsíquicos, en los cuales descargar la excitación tenida). Esta excitación, producto yoico de la descarga instintiva que proviene del ello, adquiere la representación de una escena primaria peligrosamente fecunda con la cual se identifica, probablemente defendiéndose de los celos, a costa de quedar "poseída", sometida a una excitación que siente incontrolable. Este último aspecto (si admitimos que lo "bueno", la escena primaria, representa el objeto de la identificación deseada y temida) aparece en el material cuando Mary expresa: "qué difícil es recibir lo bueno y lo malo. Yo creo que lo bueno es mucho peor todavía".

Podemos admitir también que Mary, intentando defenderse de la excitación, transfiere sobre el analista esta fantasía de una cópula primitiva, internalizada, que contiene la mayor parte de sus cargas narcisistas, sean primarias o secundarias. Entonces aquella parte de su yo, disociada como un tercero excluido y empobrecida de libido narcisista, con la cual Mary queda identificada, asiste como un "pollito mojado", "asustada", desprovista de orgullo y arrogancia (Mary le "hace bajar la cabeza" y le "apaga las luces"), al espectáculo de la escena primaria que fue simbolizada, en el sueño de la primera sesión comentada, como la "revolución" y la pelea que la llena de espanto y horror.

El alivio al cual alude al final de este fragmento, logrado "a medida que fue conversando!", ha de ocurrir probablemente debido a que consigue proyectar mediante sus palabras una parte de la excitación que de esa manera, tal como ocurre en el vestuario, comparte conmigo. Elabora así, muy lentamente, y a través de su pasaje por los objetos externos, sus fantasías más primitivas acerca de la escena primaria.

Mi interpretación se centró en el aspecto persecutorio de este embarazo que representaba el producto de su vínculo conmigo. Como emergente, poco después, me expresó:

P: Bueno, hoy sentía por ejemplo, y ayer, así, a través de las últimas sesiones, que estaba muy comunicada con usted, que tenía menos miedo a quererlo, menos vergüenza a quererlo, siento con más fuerza que lo quiero.

A: Siente menos vergüenza pero parece tener mucho más miedo: tal vez porque justamente el hecho de que tenga menos vergüenza le da más miedo.

P: Hoy sentía que si se volvía a dar el clima de ayer, que... de antes de ayer, que... no del viernes, bueno, últimamente, así como que... bueno... que iba a explotar (se ríe angustiada). Y bueno, fíjese la idea que tenía ¿no? Hubiese dibujado un globo que reventaba, como si tuviese demasiadas cosas y no pudiese asimilarlas mejor.

Vemos en este material cómo el contenido temible comienza a transformarse paulatinamente en un impulso coartado en su fin, en el cariño que le da "menos vergüenza", aunque hemos de ver seguramente en esa disminución de la vergüenza también una mayor aceptación del componente sexual presente en la transferencia.

El miedo, que corresponde al remanente de libido narcisista y objetal tempranas insatisfechas que ha escapado a esa transformación y que constituye todavía la mayor parte de su excitación, está negado y es muy grande. Luego de la interpretación, centrada en este último aspecto, ese temor actuado, presente en todas las sesiones comentadas, se integra mejor en la conciencia y aparece por fin verbalizado de una manera más completa cuando expresa, con la angustia manifestada en su risa, que siente que "iba a explotar".

La intensidad de su angustia frente a esta vivencia no sólo se manifiesta en la risa, sino en sus intentos defensivos, ya que en su formulación coloca en la representación de las sesiones anteriores ese temor que, en parte atenuado, puede verbalizar mejor en ésta. Simultáneamente, y con idénticos propósitos, recurre al mecanismo de la confusión cuando expresa: "... ayer... antes de ayer... no, el viernes, bueno, últimamente".

La alusión al "globo que reventaba" y al "explotar" simboliza, junto a la representación de un embarazo peligrosamente creciente, la vivencia angustiosa del yo frente al incremento de la excitación.

Poco más adelante, finalizando ya la sesión, aparecen más claramente los contenidos orales antes esbozados. Se refiere por ejemplo a las gordas que pueblan el instituto del marido de su cliente, a las cuales, cuando "llega el verano, les agarra una furia a todas por tener silueta... pero comen como bestias, ¿no?".

Estas fantasías oraldigestivas (Garma, A., 1962) representan a la vez una traducción simbólica y una transformación de la libido narcisista temprana cuyos contenidos, básicamente al servicio de la reproducción presente en el crecimiento, más que como genitales pueden ser quizás caracterizados como bisexuales, "hermafroditas", al servicio del desarrollo, y simbolizados, como en este caso, a través de la procreación. Como veremos al estudiar la sesión siguiente, se configura así la fantasía de un embarazo patológico, de un crecimiento embrionario, tumoral.

Además de estos elementos aparecen, en relación con el mismo material de las gordas que condensa las fantasías de embarazo y los contenidos oraldigestivos, alusiones a la cura del sueño practicada en el instituto mencionado por Mary. La alusión a esta cura del sueño, que reactualiza los trastornos del dormir y el letargo repetidamente manifestados en las sesiones precedentes, nos permite, siguiendo las ideas de Bion (1966), considerar también las fantasías digestivas como el modelo simbólico a través del cual se representa el fracaso en la función de soñar o elaborar los aspectos mencionados. Podemos añadir, sin embargo, para definir esto de una manera más clara, que los contenidos narcisistas tempranos parecen retener en este punto de la evolución la mayor parte de la carga, mientras que los trastornos oraldigestivos y aun los trastornos del soñar, cargados en parte mediante una transformación progresiva de la libido, parecen adquirir en este momento su valor principal como re-presentación de esa fantasía básica "hermafrodita", proliferativa, invasora y terrorífica.

Jueves 20 de octubre de 1966:

Luego de un comienzo en el cual me cuenta que llegó 15 minutos antes y se quedó esperando junto al hermoso sol que entraba por la ventana dice:

P:... mientras estaba en la peluquería me veía en el espejo y me veía vieja... desde que estoy en una señora menopáusica me noto con muchas arrugas. En la garganta tenía una sensación de nervios, donde parece que todos los tendones están a flor de piel. Me preguntaba por qué al hablar me excito. En cualquier cosa que hago me parece que me quemo. Por qué con tantos años de tratamiento no puedo ser más razonable. Lo sentía como una falla.

Le interpreto que lo que siente como falla lo siente como mi falla, como que no consigo ayudarla para que no sufra esa excitación. Hace un breve silencio y me cuenta que en una reunión de familia, y ante una pregunta suya acerca de cómo estaba Adrián (el hermano copartícipe del incesto), Rose Marie la llevó aparte y le contó, pidiéndole que guardara silencio, que Perla estaba embarazada. (Perla, hija de Adrián, estaba enferma desde hacía varios meses con fiebre, astenia, enflaquecimiento acentuado, con un cuadro que fue diagnosticado, después de muchos titubeos y sin mayores evidencias clínicas, como hepatitis virósica. Desde entonces Mary hablaba muy frecuentemente de Perla en las sesiones). Continúa relatando sus impresiones ante la noticia comunicada:

P: A mí me cayó tan mal, doctor. Lo que primero sentí fue asco, una sensación penosa, susto, rebeldía. Cómo puede ser que vengamos al mundo solamente porque dos seres están juntos (Aquí me pregunta si la oigo y si no le digo nada, luego, ante mi silencio, continúa): Qué derecho hay de complicar a un nuevo ser en tal enredo. Sentí frío, la garganta apretada. Caminaba por la calle angustiada (pausa). Le contesté (a Rose Marie): qué horror, qué disparate. Dormí mal. Me sentí llena de angustia y de indignación, me ponía en hijo, en feto, no en madre. De ese horror puede nacer una persona que viva cincuenta o sesenta años, y cómo puede vivirlos. Después sentía que no podía comer, quería dormir y no podía. Pensaba en Perla y me daba lástima. Pensaba en ella y la veía como una muñeca, deshuesada, como si fuera una muñeca de paja. No la veía ni como mujer ni como madre.

El asco, el susto, la rebeldía, el horror, el disparate, surgen aquí ante la unión de "dos seres", es decir: ante la escena primaria. Mary experimenta seguramente ante esta escena primaria las emociones que señala Melanie Klein (1932) en su descripción del Edipo temprano. Además de estos contenidos que incluyen celos, envidia, culpa y temores taliónicos, y que no destacaremos ahora, podemos suponer, teniendo en cuenta el material de las sesiones anteriores, por ejemplo el relato del encuentro con Pedro, su "hermano de análisis", que el horror y el asco expresados por ella se hallan ligados al carácter incestuoso de esta unión y a su contenido latente narcisista.

De acuerdo también con las consideraciones realizadas en los comentarios de la sesión anterior, podemos pensar que el aspecto proliferativo "hermafrodita" a través del cual se expresa el contenido narcisista del incesto, aparece nuevamente en este material simbolizado a través de un embarazo inconcientemente deseado y concientemente temido, que alude a la "proliferación" narcisista invasora, al cambio del esquema corporal afectado por un crecimiento parcial.

Tal vez cuando me pregunta si la oigo, como antes cuando me preguntaba si seguía estudiando, proyecte sobre mí esa fantasía de una cópula bisexual, esta escena primaria "hermafrodita", y sienta que la abandono entregado a mi propia excitación narcisista.

En el mismo material vemos como Mary puede ponerse en feto y en madre, puesto que se identifica con ambos. Pero no desea colocarse en madre, ya que se siente procreando un engendro que la amenaza y la horroriza, un producto del incesto que es capaz de vivir cincuenta o sesenta años, como ella misma. El carácter oraldigestivo unido a esta fantasía procreativa aparece cuando menciona que no podría comer, tal vez porque comer le representa engendrar a partir de la ingestión vivenciada como un coito. Tampoco podía dormir, y podemos suponer que dormir le representa engendrar y dar vida en los sueños a esas mismas fantasías terroríficas.

El frío parece aludir nuevamente a los componentes tanáticos de su excitación, si tenemos en cuenta la interpretación que hemos hecho en sesiones anteriores. Su deseo de acercarse al sol y al analista, expresado también en el comienzo de esta sesión, debe constituir seguramente, además de una compulsión al servicio de los instintos de muerte, un intento de erotizar nuevamente esa excitación, a partir de la vida atribuida a las imagos mencionadas.

Su "garganta apretada", como antes la sensación de "nervios" en el mismo lugar, "donde parece que todos los tendones estuvieran a flor de piel", señala posiblemente la angustia que le impide hablar, externalizar mediante la voz y "dar así vida" a las fantasías penosas que le causan horror, y recuerda la repetida mención de los ahogos para los cuales Mary solicitaba un respiro.

En mi contratransferencia predominaba nuevamente la inquietud, cierto malestar unido a una vaga sensación de preocupación por el desenlace de una situación transferencial como la que aparecía representada a través del embarazo "temible" de Perla. Mi interpretación del fragmento citado se limitó a mencionarle que en ese momento, junto conmigo, se sentía embarazada, que tenía miedo, horror, asco, que temía lo que pudiera surgir de ese embarazo y de la excitación que sentía en su relación conmigo. Poco después aparece un material semejante; se pregunta:

P:... qué va a pasar ahora con la hija de Perla... Me asustó la idea de una criatura enferma. Qué cosa tremenda, cómo lo puede vivir Adrián. Qué horrible para un padre ver salir eso de su hija acabada. (Y luego): Cuando no podía dormir pensaba ¿qué me pasa? ¿qué parte de Perla tengo en actividad que estoy tan desesperada?.

Su expresión: "... ver salir eso de su hija acabada", y más aún su pregunta: ¿qué parte de Perla tengo en actividad? trasmite su fantasía de que "eso", el engendro patológico, es temible, puesto que está "en actividad" dentro de ella misma y la está dejando "acabada", como una excitación con la cual no puede acabar, "deshuesada". El carácter narcisista de esta fantasía de embarazo aparece nuevamente en su contenido acerca de que Perla tendrá una hija, es decir, que procreará un ser de su mismo sexo.

Más adelante, y luego de una interpretación semejante a la anterior, me habla de una psicoanalista a la cual le escuchó una conferencia:

P: Fue una cosa elemental, sin vida. Cuánto más calor tiene usted, más joven. Cuando me dice algo me da la impresión de que me entra por las venas... Cuando escucho a alguien que no es tan capaz como usted me siento gorda (sonriéndose): ahí está el embarazo, me siento rica, digo ¡qué suerte!, podría haber dado con otro médico... pensé en Beatriz, que se trataba con una mujer, y me sentí más importante por estar en contacto con usted. (Casi enseguida, y continuando con el tema de la conferencia agrega):... decía que un paciente en análisis puede desarrollar un cáncer, y en ese caso el cirujano debe operarlo, mientras que el psicoanalista se ocupa de su psicoterapia. Yo pensaba: ¡Qué distinto pensará mi médico!... Es un todo, no se puede separar, a ella le pasaba lo mismo que le pasa a los pacientes, separan el cuerpo de la mente, como los separaba yo... yo aquí los separo, pero afuera los debo tener unidos, porque Marta me combate, el otro día comentaba que Rita tenía hemorragias (metrorragias) y decía que es por culpa de la fiebre psicoanalítica, decía: creen que porque van al analista está todo arreglado y descuidan el cuerpo. Yo le contesté: tiene tres operaciones ¡Qué más querés que se haga! Pienso que me lo dicen porque yo, desde que me analizo, paso años sin ir al médico. Me dijo: imaginate, no se atiende, se va a morir.

Le expresé que yo representaba a una persona que no se daba cuenta de la importancia que el encuentro con ella y las cosas que le decía tenían para Mary, que no se daba cuenta del "embarazo" de Mary. En esta interpretación concluía diciendo:

A: Teme que ese embarazo sea como un cáncer y que yo no la trate como un médico.

Durante esta interpretación la preocupación que "pesaba" en mi contratransferencia se iba haciendo cada vez más conciente, bajo la forma de un sentimiento de responsabilidad que evidenciaba su íntima vinculación con la culpa inconciente. El tema con el cual continúa el resto de la sesión puede resumirse a través de las siguientes expresiones de Mary:

P:... cuando pensaba en tener un hijo pensaba en un hijo enfermo, por eso nunca lo quise tener, tuve miedo y me parece que hice bien. Me parecía que podía tener un hijo tarado, un hijo que no viera, como mi marido (miope)... un hijo enfermo que me reprochara... no quise exponer a nadie...

En este material junto al aspecto frío, "sin vida", símbolo del abandono revivido en la transferencia, frente a un analista que no la atiende y la expone a morir, aparece el "calor" del cual afirma: "... me entra por las venas", "la fiebre psicoanalítica", que configura otro aspecto igualmente temible, el incremento de una excitación que posee características tanáticas. Vemos también cómo el símbolo utilizado recientemente por Mary, el embarazo de Perla, se ha transformado aquí en otros símbolos: un cáncer o una metrorragia que amenazan con la muerte.

La representación de un desarrollo tumoral y maligno, el cáncer, condensa y resume las fantasías de un engendro monstruoso, de un crecimiento patológico invasor y destructivo, embrionario y "narcisista". Cabe recordar aquí las palabras que Freud ha escrito en Más allá del principio del placer: "Las células germinativas mismas se conducirían de un modo 'narcisista’... Quizás se deba también considerar como narcisistas, en el mismo sentido, a las células de las nuevas formaciones nocivas que destruyen al organismo. La patología se inclina a aceptar el innatismo de los gérmenes de tales formaciones y a conceder a las mismas cualidades embrionales"(Freud, S., 1920g, t. I, pág. 1118).

Si aceptamos estos conceptos de Freud no ha de extrañarnos el que pueda utilizarse la representación de un crecimiento tumoral para aludir al contenido "narcisista" de una excitación incontrolada, siendo que precisamente suponemos que el proceso somático que corresponde a tal representación se halla determinado por una semejante configuración narcisista.

La metrorragia parece simbolizar otro aspecto de esta misma representación, una fantasía de expoliación, de morir "desangrada", a través del parto o el aborto de un objeto que, como el cáncer devorador, le succiona la vida, el calcio de los huesos, la libido narcisista, y la transforman en una de aquellas que "descuidan el cuerpo".

Por último, cuando Mary me dice: "Es un todo, no se puede separar... el cuerpo de la mente, como los separaba yo... yo aquí los separo, pero afuera los debo tener unidos, porque Marta me combate", parece aludir nuevamente a la unión de "dos seres", a la escena primaria que, en este caso, configura con todo, algo hermafrodita que no se puede separar sin un grave daño corporal, un todo simbolizado aquí por la unión del cuerpo con la mente.

Si bien es posible pensar que yo quedo representado a través de Marta, su hermana, quien, como una parte celosa de Mary, la "combate" para separar a la pareja, el punto de urgencia se encuentre tal vez en la fantasía de que, a través de las interpretaciones, identificado con el psicoanálisis que queda simbolizado mediante la mente, me uno con ella, el cuerpo, en una cópula "hermafrodita", peligrosa, a cuyo producto se alude con el embarazo temido y el cáncer.

Este producto de la unión que revive en el campo transferencial, y que alude seguramente a la "nueva" Mary que puede surgir del tratamiento psicoanalítico, adquiere luego de mi interpretación, la representación de un hijo enfermo, tarado, ciego como Edipo, y que, cargado de reproches, constituye en sí mismo un castigo. Sin embargo configura un perseguidor que, a diferencia del cáncer o la metrorragia, no la amenaza con la muerte, y podemos tal vez asociarlo a los objetos internos que provienen de la identificación secundaria.

Considerando esta sesión en su conjunto vemos que Mary, expresando sus fantasías a través de símbolos que aluden a la vida intrauterina, me dice, calurosamente unida a su ideal que deposita sobre mí, que mis palabras le "entran por las venas". Pero en la misma sesión me expresa su temor hipocondríaco a morirse de un cáncer, fantasía con la cual se refiere a mi abandono frente a una imago peligrosa que también me representa y que crece en su interior como algo que siente fuera del control de su yo.

Podemos pensar que sobre esta estructura tanática o masoquista básica, que la debilidad de su yo condiciona y perpetúa, se estructuran los sentimientos de culpa inconcientes y las fantasías de castigo primarias, formulados en términos freudianos de "tensión" entre el yo y el superyó, y refiriéndose en este caso específicamente al superyó precoz.

Podemos pensar también que para evadir tales sentimientos de culpa que se traducen en fantasías inconcientes de castigo (hipocondría), Mary realiza aquellos actos que, como es el caso del incesto consumado, la conducen a incrementar secundariamente, y dentro de una repetición compulsiva que se halla "más allá del principio del placer", sus sentimientos de culpa.

Continuando con esta hipótesis, diríamos que tales sentimientos de culpa pasan a quedar contenidos así en un superyó más tardío, referido a los objetos externos de un ligamen incestuoso, y que resultan atribuidos a los actos realizados precisamente para encubrir la conciencia angustiante de la culpa inconciente primaria, que en este "nivel" se confunde casi con el masoquismo primario. Cabe recordar aquí las consideraciones que estableció Freud al ocuparse de los delincuentes por sentimiento de culpabilidad: "... he de afirmar que el sentimiento de culpabilidad existía antes del delito y no procedía de él, siendo, por el contrario, el delito el que procedía del sentimiento de culpabilidad... los delitos cometidos para la fijación del sentimiento de culpabilidad habían de ser realmente un alivio para el sujeto atormentado"(Freud, S., 1916d, t II, pág. 1093-1094).

Notas

(11) Perestrello (1963) ha señalado que el contenido inconciente de la cefalea corresponde a la internalización de una escena primaria que desencadena una excitación incestuosa traumática.

(12) Cabe tener en cuenta también la fantasía complementaria que es posible suponer en el inconciente de Mary, y según la cual la imago protectora es la que tolera la excitación compartida, mientras que la imago temible ha de quedar asociada al horror al abandono dentro de una soledad que imposibilite toda descarga de la excitación intolerable.

(13) Afirma Freud que "la excitación sexual nace, como efecto secundario, en toda una serie de procesos internos -'en realidad todos y cada uno de los órganos' (Freud, S., 1905d, pág. 818)- en cuanto la intensidad de los mismos sobrepasa determinados límites cuantitativos" (1924c, pág. 1025). Si tenemos en cuenta que para Freud) "las diferencias que presentan las funciones psíquicas de los diversos instintos pueden atribuirse a la diversidad de las fuentes de estos últimos" (1915c, t. I, pág. 1037-1038), podemos considerar que el aspecto cualitativo queda de esta manera indisolublemente ligado a tal formulación económica. En lo sucesivo, cuando dentro de una separación conceptual, y por lo tanto artificial, nos referimos al aspecto económico, y sobre todo cuando utilizamos la palabra excitación para referirnos a una carga tánato libidinosa del yo que éste procura descargar, suponemos implícita la consideración del aspecto cualitativo, tal como se desprende de las anteriores palabras de Freud integradas con sus conceptos posteriores acerca de los instintos de muerte, y damos por sentado además que, cualquiera sea la excitación a la cual aludimos, ésta se encuentra ligada en la fantasía inconciente al vínculo con determinados objetos

(14) El ascensor a oscuras, en el cual tiene miedo de encerrarse sola (tema que retorna al final de la sesión), como el encierro del gato en el sueño que relató el día viernes, parece aludir al carácter narcisista, expresado en símbolos de la vida intrauterina, de sus pulsiones instintivas temidas, de las cuales intenta defenderse compartiéndolas con una partenaire cuyas características acabamos de comentar.

(!5) Podemos comprender mejor esta postulación de Fenichel si tenemos en cuenta, más que la carga oral del objeto, es la identificación, como desenlace del fin oral del instinto, aquello que coincide con el narcisismo

(16) Dentro de una serie ininterrumpida que abarca desde el protonarcisismo absoluto de un yo-ello indiferenciado (Freud, S., 1940a [1938]) hasta la relación con un objeto elegido por "aposición" (Freud, S., 1914c), cabe distinguir este narcisismo "propiamente dicho", fundamentalmente teórico, sea primario (1914c) o secundario (Freud, S., 1923b), en el cual la libido se deposita sobre el yo, de aquellas "situaciones" o "modalidades" que suelen también denominarse narcisistas, tales como la introversión hacia los objetos de la fantasía (Freud, S., 1914c) (que incluye al vínculo introvertido con el yo ideal) o la elección narcisista (1914c) de un objeto que representa al yo ideal.

(17) Cabe preguntarse entonces por qué razón la elección narcisista (Freud, S., 1914c) es en algunos casos predominantemente homosexual (sea o no cosanguínea), mientras que en otros, como ocurre con Mary, el narcisismo se manifiesta en la particular intensidad de la fijación incestuosa heterosexual. Intervienen aquí otros factores cuyo estudio no emprenderemos en este momento (Chiozza, L. y Wainer, G., 1973a). Mencionaremos sin embargo que la excitación narcisista homosexual, en condiciones "normales", se satisface a través de la identificación con mayor amplitud que la heterosexual.

(18) Otro elemento que nos interesa destacar, y que retornará posteriormente en la sesión con un contenido oral digestivo aún más claro, es la incapacidad de asimilar los estímulos ideales, "las luces", que la hinchan y la aburren, como hemos visto poco antes, debido precisamente a esa incapacidad de asimilación simbolizada en la sesión anterior a través de los trastornos hepáticos de la suegra, incapacidad que se manifiesta en este material a través del "muy poco tiempo", probable alegoría que se refiere a un tiempo maníaco.

(19) El "gato encerrado" de la primera sesión considerada ("la trampa de la naturaleza"), temible, como representante de los impulsos narcisistas incontrolados, apareció en la sesión anterior simbolizado en la oscuridad del ascensor que busca compartir para defenderse de ese peligro. En otro material de esa misma sesión aparecían las luces confusas del puerto vistas desde un barco perdido en la oscuridad del agua, como un símbolo probable de la formación de un ideal disociado del yo (Freud, S., 1921c), a través del cual se intenta escapar del encierro narcisista intrauterino, hacia la luz del nacimiento. En este fragmento las luces aparecen en cambio como un daño, aluden a los estímulos que el yo no puede asimilar, probablemente porque constituyen, como símbolo del ideal, un representante que contiene un gran remanente de aquel narcisismo primitivo, mientras que el objeto que comparte la excitación temida dentro del encierro a oscuras (el analista en la situación transferencial) posee una "existencia corporal" y, conectandose a través de la palabra, la ayuda a "bajar la cabeza" y a separarse de la luz que la marea.

(20) Una vez más aparece la excitación que la perturba. El deseo de encontrarse conmigo, negado en la confusión acerca de la hora, la impulsa a llegar 15 minutos antes. La menopausia parece aludir a su incapacidad para desprenderse, a través de un hijo, de los contenidos excitantes que la dejan "embarazada", "hinchada". Las "arrugas", la imagen "vieja" que le devuelve el espejo, representarían entonces su figura quemada por la excitación del sol. En este material se ve más claramente que en los anteriores cómo esa excitación que la quema es en el contenido latente el mismo sol que me representa, buscado activamente por ella y temido al mismo tiempo. Por eso lo deseado y lo temido quedan así defensivamente disociados en el contenido manifiesto. Mientras que el sol representa lo deseado, la excitación en compañía de una imago protectora, capaz de compartirla, los nervios y tendones a flor de piel y el hablar, que la excita y le hace parecer que se quema, simbolizan el dolor de esa misma excitación convertida en celos y celo frente a un objeto seductor que la abandona dentro de la frustración.

(21) No podemos resistir la tentación de incluir aquí la nota o comentario que, en la edición que estamos citando (Biblia, s.f.), se agrega al versículo 9, cap. 18, del Levítico, Antiguo Testamento, versículo que se refiere a la prohibición del incesto fraterno. Dice así: "El principio en que se basa la prohibición del incesto es que los parientes son una misma carne, y nadie debe fecundarse a sí mismo". Subrayemos que el énfasis de la prohibición recae, más allá del acto mismo, en su consecuencia, la fecundación, que representaría precisamente el grado más acabado de desarrollo en cuanto a los fines genitales del instinto.

(22) En situaciones semejantes suele expresar temor de que yo, tal como le ocurre muchas veces a su esposo, me aburra y me duerma mientras ella me habla. Proyecta así sobre mi una reacción de su yo ante la identificación con la escena primaria

(23) No podemos estudiar en el espacio de este trabajo la interesante asociación que se establece entre el lenguaje de la enferma y representaciones surgidas del "lenguaje médico". Por ejemplo, las relaciones entre a) la enferma deshuesada, b) el proceso de pérdida del calcio depositado en los huesos y los dientes que puede ocurrir durante el embarazo, c) la interdependencia entre calcemia y excitación, d) sus expresiones acerca del "calor" que le "entra por las venas" y e) lo que ocurre con las inyecciones endovenosas de calcio

(24) En el comentario final de la sesión del día lunes nos extendemos en algunas consideraciones, basadas en el material, que refuerzan esta hipótesis. Agregaremos además que, de acuerdo con las ideas que Freud (1923b) expresa en El yo y el ello, en donde señala que el yo extrae del ello su superyó, los sentimientos de culpa inconcientes, formulados en términos de tensión entre el yo y el superyó precoz, constituyen el exponente de una pauta heredada.

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