Dr. Luis Chiozza
UNA SEMANA DE ANÁLISIS TRES AÑOS DESPUÉS
... no podían dormir, estaban tendidos, con los ojos abiertos, y procuraban adormecerse cerrándolos con fuerza. No me interesa establecer qué le pasaba a la muchacha, pero en cuento a Wiligis diré que conmovido por la muerte de su padre y pensando en su propia vida suspiraba excitado hasta que por fin saltó de la cama y con los pies desnudos... alzó el cobertor de Sibylla y, abandonado por Dios, entre mil ilícitos besos entró en el lecho de su hermana.
Esta dijo, bromeando con voz ahogada que excluía toda broma:
-¿Cómo, señor duque? Me concedéis un gran honor con esta inesperada visita. ¿Qué méritos tengo para sentir vuestra querida piel junto a la mía? Mi alegría sería completa si callaran los lúgubres graznidos de las lechuzas que revolotean en torno de la torre.
-Siempre chillan.
-Sí, pero no tan angustiosamente. En verdad yo creo que ello se debe a que no dejáis en paz vuestras manos, que de un modo tan extraño están luchando conmigo. ¿Qué significa, hermano, esta lucha? Ahora tengo junto a mis labios tu dulce cuello. ¿Por qué no? Me gusta; sólo te pido que no quieras separarme así las rodillas, pues éstas siempre quieren estar absoluta y completamente unidas.
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hermana duquesa, dulce parte mía, amada.
-Recuerda -dijo ella con voz apagada- que murió hoy y está allá abajo en el féretro. ¡Déjame, la noche pertenece al muerto!
-Hemos nacido de la muerte -tartamudeó Wiligis- y somos sus hijos. ¡Oh! dulce amada, ¡ríndete a tu hermano en la muerte y concédeme lo que Amor otorga como meta del amor!
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Así llegaron ellos hasta el fin y satisficieron el deseo que el demonio les había inspirado. Y dijo él enjugándose la boca: -Ahora ya está hecho, lo podremos hacer una y mil veces más...
Thomas Mann (6)
Notas
(6) El elegido, Edit. Sudamericana, Buenos Aires, 1953.