CONSIDERACIONES SOBRE UNA "METAPSICOLOGÍA" EN LA OBRA DE CHIOZZA 85
Gustavo L. Chiozza.
Si bien estamos familiarizados con la idea de que todo acto de percepción es, también, un acto de interpretación ejercido desde un sistema de creencias que antecede al acto de percibir (Chiozza, L., 1974d), no menos cierto es que, en ciertas ocasiones, la naturaleza de lo percibido pone en crisis el sistema de creencias. De esta manera, podemos comprender cómo la observación clínica y la conceptualización teórica se influyen mutuamente y se desarrollan juntas 86.
Dado que para recoger agua, no hace falta cruzar el río, tomemos un ejemplo de nuestra propia ciencia: El psicoanálisis mismo, surge frente a la insuficiencia de la neurología para dar cuenta de los hallazgos de Freud al observar las pacientes histéricas. Como estigma de sus orígenes, las primeras teorizaciones con las que Freud intentó dar cuenta de los fenómenos psicológicos tomaron como paradigma a la neurona (Freud, S., 1950a [1887-1902]).
La misma diferencia que existe entre la representación cosa y la representación palabra, o entre la cosa en sí y nuestro concepto de la cosa, existe entre lo observado y la teoría con la que intentamos aprehenderlo. La conciencia de esta diferencia lleva a Freud a decir "Me ocupé continuamente de la psicología en verdad de la metapsicología -" (Carta a Fliess de 1896, citada por Rodrigué, E., 1996, pág. 149).
Si entendemos, en sentido amplio, que toda teoría acerca de la psicología es "metapsicología" entonces podemos coincidir con Rodrigué (ibídem pág.151, citando a Ecksterman) cuando afirma que la obra freudiana es "un enorme texto metapsicológico". Podemos incluso extender esta afirmación y decir que todo cuanto se pueda decir sobre la psicología no es otra cosa que metapsicología 87.
En sentido restringido, en cambio, debemos reservar la designación de "metapsicología" para el modelo propuesto por Freud 88, diferenciándolo de otros modelos propuestos por otros autores; por ejemplo " los matemas de Lacan (...), la grid de Bion" (Rodrigué, E., ibídem pág. 151) y, agregamos nosotros, la metahistoria de Chiozza 89.
¿A qué llamaremos entonces metapsicología? Nada se opone a que aceptemos la sugerencia del mismo autor: "Propongo que cuando consigamos describir un proceso psíquico en sus aspectos dinámicos, tópicos y económicos, eso se llame una exposición metapsicológica" (Freud, S.,1915e, pág. 178) 90.
Desde esta perspectiva, podemos considerar a la primera y a la segunda tópica, dos modelos metapsicológicos distintos, ambos freudianos; el primero basado en sistemas (Cc, Prcc e Icc) y el segundo en instancias (Yo, Ello y Superyó). En otras palabras, mediante los mismos principios (tópicos, dinámicos y económicos) Freud intenta dar cuenta de los fenómenos psicológicos de dos maneras distintas. Obviamente no se refiere a la existencia en sí de dos aparatos psíquicos sino a la existencia en mí de dos teorías.
No valdría la pena detenernos en esta obviedad si no fuera porque me propongo reintroducir estas consideraciones en lo concerniente a la obra de Chiozza. Me parece esclarecedor señalar que, parafraseando al mismo autor (Chiozza, L., 1978i [1977],1978g), en la obra de Chiozza, junto a los desarrollos explícitos de una metahistoria existen otros que configuran, de manera implícita, una metapsicología original, distinta de los modelos propuestos por Freud.
En 1963 Chiozza produce una revolución en la teoría psicoanalítica al postular una etapa del desarrollo en donde el psiquismo adquiría las cualidades de la libido emanada del funcionamiento hepático durante el período fetal. Esto implicaba "agregar" una nueva primacía libidinal a las ya descriptas por Freud, con su correspondiente punto de fijación. Justificaba tal modificación en la teoría el hecho de que una serie de evidencias clínicas, insuficientemente esclarecidas, podían comprenderse mejor si se las consideraba derivadas del funcionamiento hepático 91.
Si bien el psicoanálisis de la época estaba familiarizado con la idea de un psiquismo fetal a través de los desarrollos de Rascovsky 92, el modelo de aparato psíquico que suponía este autor, para ese período, era incompatible con la primacía hepática propuesta por Chiozza 93. Así, Chiozza se ve en la necesidad de construir un modelo del aparato psíquico fetal 94 que permita armonizar, de manera coherente, las distintas observaciones; no sólo las de Rascovsky, sino también la de otros autores95 que habían descripto fantasías que parecían sugerir la necesidad de considerar teóricamente "un período anterior a la posición paranoide-esquizoide de Melanie Klein" (Chiozza, L., 1963a).
La presentación de ese modelo en "La estructura psicológica en un nivel hepático y sus trastornos" lleva la misma advertencia que reclama Freud para su metapsicología: "Tales ideas... No forman la base del edificio, sino su coronamiento, y pueden ser suprimidas o substituidas sin daño alguno" (Chiozza, L., 1963 a, pág.82 cita textual de Freud-). En 1970, el capítulo pasa a llamarse "Ubicación de lo hepático en un esquema teórico estructural" (Chiozza, L., 1970f [1963-1968]) y el autor agrega una "Nota previa" (1970a, pág.225/6) en la que expresa su inquietud por el malentendido que pudiera generarse a partir del grado de abstracción que posee ese capítulo. Para evitar malentendidos, explicita que la "base del edificio" al cual estas ideas pretenden "coronar", está constituida por las observaciones clínicas expresadas en "La interioridad de los trastornos hepáticos".
A través de estos detalles bibliográficos podemos observar que el modelo planteado por Chiozza se refiere explícitamente a una concepción particular del psiquismo específica del período fetal; en otras palabras, Chiozza "añade" a la concepción freudiana del aparato psíquico un período anterior, correspondiente a la vida fetal 96; una fijación en estos niveles, permitirá que el psiquismo regresione hacia estas formas "primitivas" de funcionamiento.
En este aparato psíquico primitivo el autor reconoce precursores de las funciones y estructuras del aparato psíquico postnatal; así la melancolía oral encuentra su precursor en la protomelancolía hepática, del mismo modo que el proto superyó visual-ideal antecede al superyó del complejo de Edipo. También para la manía, la persecución y la depresión, Chiozza describe formas "anteriores" a las postnatales, clásicamente reconocidas.
Si bien, como se puede ver, este modelo quedó restringido a una particular etapa del desarrollo, la misma revolución que estas ideas iniciaron reveló en el modelo una fecundidad inicialmente insospechada. A lo largo de los casi treinta y cinco años que nos separan de la formulación original, de manera implícita y a veces confusa, hemos ido extendiendo la utilidad del modelo, convirtiéndolo, por momentos, en un digno sustituto del modelo metapsicológico freudiano. Ya es hora de que lo explicitemos.
En tanto el modelo de Chiozza contiene elementos tópicos, dinámicos y económicos, constituye sin duda una metapsicología que, como la freudiana, se expresa en los términos de la física. Mientras que el paradigma biológico de Freud es, por momentos la neurona (Freud, S., 1950a[1887-1902]) y por momentos la ameba (Freud, S., 1920g), vale tener presente si deseamos ampliar el modelo que el paradigma que utiliza Chiozza (es decir la representación más acabada para ese modelo) lo constituye el feto durante la vida intrauterina.
Si aceptamos la afirmación precedente, el paso siguiente sería describir los lineamientos esenciales de esta metapsicología "despegándola" de la referencia concreta al período fetal. Al hacerlo, intentaremos integrar en la metapsicología de Chiozza los lineamientos esenciales de la metapsicología freudiana 97. Como veremos, este modelo permite comprender un gran número de fenómenos con una notable economía de principios.
Siguiendo la idea de que la función hace al órgano, el aparato psíquico, como lo concibe Chiozza, esta estructurado en torno a una única función: materializar ideas. Tópicamente hablando, estas ideas son, en principio, ajenas al yo, es decir, son no-yo. Tanto los estímulos perturbadores del mundo externo como las formas ideales contenidas en el Ello son, en principio, tramitadas del mismo modo 98, es decir, como exigencias ideales.
El concepto de materialización permite reunir, bajo un mismo origen y con una gran economía de principios, conceptos como la asimilación, la identificación, el crecimiento, la procreación y la sublimación. Cuando el proceso de materialización se lleva a cabo exitosamente, el resultado (análogamente a lo que sucede con el anabolismo) redunda en una mayor complejidad y enriquecimiento; corresponde al Eros freudiano.
Si el estímulo supera la capacidad del yo para materilizarlo (insuficiencia relativa a la magnitud del estímulo), el estímulo desorganiza al yo destruyendo una parte a la manera del catabolismo; corresponde a lo que clásicamente describimos como Tánatos. Así, correspondiendo a lo que se observa en la clínica, una idea (o estímulo) será angelical o demoníaca dependiendo de la capacidad que tenga el que debe lidiar con ella. Eros y Tánatos dejan de ser dos principios para convertirse en dos desenlaces de un principio único: la función de materializar ideas.
Digamos también que toda materialización comporta un duelo, inevitable, tanto por los aspectos del ideal que no pueden materializarse como por los aspectos del yo perdidos al producirse la materialización (identificación). De esta manera identificación y duelo, o mejor, la capacidad de materialización (o hepática) y la capacidad de duelo (o renal) configuran dos versiones distintas de un mismo proceso; en otras palabras, dos caras de la misma moneda 99.
Para llevar a cabo sus funciones, Chiozza concibe al yo con dos sectores o polos diferenciados; uno para la recepción del estímulo y otro para la recepción de la materia 100. Dicho en otros términos, por un lado los fines y por el otro los medios.
Visto de esta manera podemos trazar una nueva analogía con la metapsicología freudiana. Podemos reconducir a este modelo las dos fuentes libidinales propuestas por Freud. Así, la libido narcisista estaría vinculada al polo visual-ideal. Las elecciones narcisistas de objeto recaen sobre los objetos investidos por el Ello en forma directa; a partir de allí, el yo desea SER el objeto, identificándose con él.
De manera análoga, la libido objetal estaría vinculada al polo hepático-material del yo; representa el interés "material" del yo por aquellos objetos que aportan la materia para concretar el ideal. En otras palabras, deseamos, por ejemplo, SER el padre, para TENER a la madre y TENER a la madre para SER el padre; donde "ser" es sinónimo de "materializar la identificación", y "tener" es sinónimo de "contar con los aportes materiales" 101.
Siguiendo con las correspondencias, si el estímulo es demasiado intenso la desorganización traumática que produce genera mecanismos de defensa. El primer movimiento de la defensa (en estrecha correspondencia con los desarrollos de Klein y Freud) es la escisión del yo; el pedazo del yo desorganizado por el estímulo se separa y pasa a formar un núcleo u objeto que contiene el ideal para ese yo; en otras palabras constituye aquello que conocemos como ideal del yo o superyó 102.
En tanto idea y materia constituyen una separación conceptual, fuera de la cual no se puede concebir la una sin la otra, el superyó visual-ideal implica necesariamente un aspecto hepático-material de características ideales. Podríamos decir que un estímulo "tan ideal" que no ha podido materializarse, genera la idea (ideal) de un "hígado ideal", capaz de materializarlo.
En estricta correspondencia con lo expresado por Freud en Duelo y melancolía (1917e [1915]) esta disociación supone una defensa melancólica básica. No se trata de la melancolía oral ni tampoco de la protomelancolía hepática, sino de una defensa básica que se repetirá en las distintas fases del desarrollo libidinal 103. El concepto de melancolía de Chiozza es, entonces, más abarcativo que el de Freud, y brinda un marco metapsicológico más adecuado para comprender aquello a lo que se refería Pichon Rivière al hablar de la melancolía como la enfermedad única (Pichon Rivière citado por Chiozza, L., 1970a, pág. 236).
De las vicisitudes de la relación del yo con este objeto "interno" (superyó) que contiene el ideal traumático que obligó a la disociación y al empobrecimiento yoico, surgirán otras formas básicas de defensa frente a un "duelo/materialización" que resulta imposible. Ellas son la manía y la paranoia, en el mismo sentido en que las describe Freud. Pero en la metapsicología de Chiozza, para ellas es válido también lo referido anteriormente para la melancolía.
La manía, básicamente consiste en negar el estímulo ideal traumático que disocia al yo, empobreciéndolo. Al negar la disociación, el yo queda mágicamente identificado con un yo omnipotente (no disociado) que coincide con el ideal. En la paranoia, el yo dañado por el impacto traumático del ideal (junto con el ideal perturbador), es proyectado fuera convirtiéndose en el perseguidor.
Vemos que la paranoia, al proyectar fuera de sí a la perturbación (tanto al yo empobrecido como al estímulo ideal), " contiene" a la manía (o bien evoluciona a partir de esta) 104. Algo semejante ocurre con la melancolía donde "la sombra del objeto (ideal) cae sobre yo" (Freud, S., 1917 e [1915]); el sujeto como si fuera el ideal (manía) proyecta al impotente (paranoia) sobre "otro" que es el propio yo, al que reprocha. Al convertirse el reproche en autorreproche, el sentimiento de culpa restituye la omnipotencia del yo (otra vez, la manía). De este modo, podemos ver a la defensa melancólica como una evolución de las defensas maníaca y paranoica (a las que, a su vez, "contiene") 105.
De esta manera, siguiendo el camino inverso al recorrido por Chiozza en Psicoanálisis de los trastornos hepáticos, es decir despegando el esqueleto estructural del contenido dado por las fijaciones hepáticas y tomando al funcionamiento hepático como un símbolo privilegiado de la materialización - más amplia -, hacemos explícita una metapsicología simple y al mismo tiempo abarcativa, que ha mostrado su utilidad en numerosos desarrollos, tanto de Chiozza como de aquellos que nos nutrimos de sus ideas.
Como lo expresara el mismo Chiozza 106, no sólo arroja nueva luz sobre la relación cuerpo-alma sino, sobretodo, constituye un abordaje psicoanalítico al problema de la relación entre idealismo y materialismo.
Notas
85 Quisiera dedicar estos comentarios a mi padre como tardía compensación por las "hojas guillotinadas" que nunca llegaron.
El texto de este capítulo pertenece a un trabajo presentado en el simposio de enero de 1998 de la Fundación Luis Chiozza, trabajo que mereció el Premio Adriana Terni correspondiente a dicho año.
86 Sin que resulte novedosa para quienes estamos familiarizados con la obra de Chiozza y con la lectura que él hace de la obra de Freud, encuentro muy lograda la descripción que hace Rodrigué de esta observación: "O sea que la teoría, en su estadio de diamante en bruto, surge de una matriz en la que lo abstracto precede a lo concreto. Esa teoría, todavía imperfecta, condiciona la práctica para alimentarse de ella, reconstruyéndose con ella. La teoría existe antes y después de la práctica con la cual está ligada" (Rodrigué, E., 1996, pág. 153/4).
87 Para Chiozza aquello que caracteriza a lo psíquico es el significado, que surge del sentido que adquiere una cosa cuando se la puede encadenar con otras en una serie coherente. Esta serie coherente, es para este autor una historia; por lo tanto podemos decir, siempre en sentido amplio, que la metahistoria es también una metapsicología; sólo que en lugar de recurrir al modelo físico, recurre al modelo lingüístico.
88 Cuando me refiero al modelo metapsicológico freudiano no me refiero a los distintos modelos de aparato psíquico que surgen del extenso peregrinaje teórico de Freud, desde el Proyecto... hasta El yo y el ello, sino al modelo físico implícito en todos aquellos desarrollos.
89 Podíamos conjeturar que Lacan recurre a la matemática por su cualidad de máxima abstracción, Bion recurre a las aptitudes de la tabla para la tipificación y Chiozza, como dijimos, recurre a la lingüística que "como residuo organizado de una con-vivencia pretérita, configura un aspecto privilegiado del mundo social, que permite objetivar las líneas que estructuran el universo de los significados" (Chiozza, L., 1976h).
90 Siguiendo la definición propuesta, si recurriéramos a describir el triángulo edípico (enfatizando el lugar del tercero excluido) con la formula "3 = 2 1", al usar el modelo matemático en lugar del modelo físico, no estaríamos haciendo un enunciado metapsicológico (en sentido restringido).
91 Por ejemplo la envidia, que tanta importancia tenía en los desarrollos kleinianos, quedaba referida a la libido oral, mientras que las fantasías de atacar envidiosamente estaban ligadas tanto a los dientes como las orinas - e incluso las heces - ácidas. Algo similar ocurría con fenómenos como la melancolía, el letargo, la RTN, las toxicomanías, el vampirismo y el humor negro (por citar algunos), mientras que otros carecían de un esclarec imiento en términos de fantasías inconcientes (lo viscoso, la amargura, la ciencia-ficción, etc.). El lector interesado en estos temas puede remitirse a Psicoanálisis de los trastornos hepáticos, (Chiozza, L., 1963a).
92 "Esquema de la organización del psiquismo fetal" (Rascovsky, A,. 1957) y El psiquismo fetal (Rascovsky, A,. 1960).
93 Aunque no puedo ahora extenderme en este tema, creo que las ideas de Rascovsky se fundamentan en fantasías postnatales en las cuales el período intrauterino aparece, retrospectivamente, altamente idealizado. Así, según supone Rascovsky, se trataría de un período nirvánico, sin frustración (y por lo tanto sin punto de fija ción aunque el autor habla de regresiones fetales), sin mundo externo, etc
94 Nótese que recién en 1984, en la tercera edición de Psicoanálisis de los trastornos hepáticos (Chiozza, L., 1984a[1970]), se agrega el subtítulo: "Una nueva hipótesis sobre el psiquismo fetal en la teoría y la experiencia clínica".
95 Freud, la misma Klein, Cesio, Garma, Pichon Rivière, Bleger, Racker, Abadi y Grinberg (Chiozza, L., 1970f [1963-1968]).
96 Al finalizar el apartado en el que desarrolla el modelo del psiquismo fetal centrado en la primacía hepática, Chiozza escribe: "Hasta aquí hemos descrito el esqueleto estructural de la patología en un nivel hepático y su estratificación hasta llegar a un nivel oral posnatal. Ya nos ocupamos de las fantasías que constituyen el contenido de esta estructura en el capítulo 3" (Chio zza, L., 1984a[1970], pág. 254).
97 Debido a la necesidad de ser breve haré una exposición condensada, tanto del modelo de Chiozza como de ciertos conceptos freudianos, suponiendo que ellos son conocidos por el lector.
98 Si bien Freud, en su segunda tópica, deja abierto el Ello al exterior, como ha sido señalado en reiteradas oportunidades su concepto de Ello es más restringido (e individual) que el de Groddeck. En este punto, el modelo de Chiozza parecería ser más fiel al concepto de Ello que propone Groddeck.
99 Podría pensarse que en ciertas ocasiones, frente a la absoluta incapacidad de materializar un ideal, la resignación del mismo (duelo primario) sería independiente de toda identificación. Creo que no es así; en ese caso, al realizarse el duelo primario, al mismo tiempo se modifica el yo (ya no anhela aquel ideal). En otras palabras el yo se identifica con un yo-ideal capaz de realizar ese duelo.
100 Esta formulación metapsicológica "contiene" a aquella otra descripción que conocemos como "doble organización del conocimiento en la conciencia" propuesta también por Chiozza (1976d [1975], 1974a [1972]).
101 Creo entender que a esto mismo se refiere Grinspon (1997) cuando sostiene que las mismas temáticas a veces se nos presentan como "Edipo" y otras como "Narciso". Debido al carácter metapsicológico de este trabajo (y su acotada extensión), no puedo, como me gustaría, detenerme más extensamente en los desarrollos de esta autora. En un esquema muy logrado, la autora, recurriendo al modelo de la intersección de conjuntos, supone una interfaz Edipo-Narciso sobre una base prometeica. Aquello que ella, desde el paradigma fetal o hepático, denomina "prometeico" es lo que aquí considero como el modelo metapsicológico de Chiozza según el cual el aparato psíquico consiste en un yo que procura materializar las ideas. Si procurara, al modo de los matemas de Lacan, resumir todo este trabajo en la máxima abstracción gráfica que me fuera posible, sin duda eligiría el esquema propuesto por Grinspon.
102 En la teoría freudiana estos términos no son exactamente sinónimos. Esta posible inexactitud, surgida de la brevedad en la exposición, no es tal si, siguiendo a Chiozza (1970a), tenemos presente que lo que estamos habituados a considerar en términos estructurales tiene su origen en funciones. Para hablar de superyó deberíamos incluir, por ejemplo, la conciencia moral que nace de las voces de los padres y representa, en última instancia, a las exigencias de la realidad (Chiozza, G., y colab., 1993b); pero recordemos que comenzamos diciendo que en Chiozza, inicialmente, el Ello y el mundo externo son, para el yo, lo mismo: exigencias ideales.
103 Así describirá Chiozza una melancolía cardíaca (1981c), una respiratoria, una diabética, una ósea, una renal, etc. (Chiozza, L., y colab., 1991a y 1993a)
104 Nótese por ejemplo la actitud omnipotente con que el paranoico cree saberlo todo acerca del "complot" en su contra.
105 La consideración de las tres formas básicas de la defensa bajo esta particular dinámica (que difiere un poco con las primeras descripciones hechas en el 63) llevó a Chiozza (comunicación personal) a pensar que, de considerarse una enfermedad única en el sentido que lo hacía Pichon Rivière, esta debería ser la manía
106 Comunicación personal.