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LAS FANTASÍAS INCONCIENTES DE LOS PADRES EN LA ENFERMEDAD DE LOS HIJOS1

L. Chiozza, A. Fonzi, V. Laborde

La investigación psicoanalítica de las enfermedades infantiles permite descubrir que, en todos los casos, las fantasías inconcientes del niño funcionan como un "par complementario" con las fantasías inconcientes de los padres, que pueden ser consideradas como la otra cara de una misma moneda.

Tener en cuenta que la problemática inconciente de ambos padres, en su conjunto, codetermina la enfermedad del niño y las vicisitudes de su evolución y tratamiento, otorga una nueva vía de acceso a la psicoterapia, ya que al variar una de las facetas de la estructura creada deberán variar las otras. Se trata de una vía especialmente valiosa, porque no siempre es fácil conmover una estructura familiar actuando únicamente sobre el psiquismo de un niño pequeño.

Nuestra experiencia clínica, que ejemplificaremos con algunos casos, confirma que el conocimiento de las fantasías inconcientes de los padres, involucradas o inherentes a la enfermedad de los hijos, amplía las posibilidades terapéuticas.

Diego

Los padres de Diego, un niño de cuatro años, consultaron debido a que presentaba un estrabismo bilateral convergente predominantemente del ojo izquierdo. Hubo momentos de estrabismo desde que Diego era muy pequeño, sin embargo sus padres no tomaron plena conciencia del trastorno hasta que tuvo un año y medio de edad y decidieron en ese momento hacer una consulta.

El oftalmólogo diagnosticó, entonces, la existencia de un trastorno estrábico neu rógeno congénito centralmente condicionado. Se aconsejó la oclusión ocular, con el fin de evitar las dificultades provenientes de la ambliopía y, en un tiempo posterior, la intervención quirúrgica, que debía retardarse todo lo posible para evitar las frecuentes recidivas que se observan a menudo en las operaciones precoces.

El consejo quirúrgico fue resultado de repetidas consultas que ocuparon, con irregularidades e intervalos, el tiempo transcurrido desde el año y medio de edad hasta la fecha en que los padres de Diego deciden solicitar nuestra ayuda antes de decidirse por la cirugía.

Ambos padres poseían el conocimiento de que la corrección del ojo desviado exigía muy a menudo la ejecución de dos o tres intervenciones, debido al retorno del trastorno corregido.

Si consideramos que la posición del ojo es un movimiento inconciente que expresa determinadas fantasías, tal como ocurre en los gestos o en los vicios y hábitos de posición corporal, la repetición del trastorno, luego de la operación, significaría precisamente la insistencia de esa forma de expresión que trata, espontáneamente, de manifestarse.

Conversamos con los padres acerca de la necesidad de tener en cuenta ese aspecto. Sobre esa base decidimos emprender el estudio patobiográfico del grupo familiar.

La historia de Diego y el resultado de su hora de juego mostraban, en primer lugar, a un niño que se sentía dañado de manera irreparable, con muy pocas esperanzas de mejorar. Se sentía malo y culpable. Estos sentimientos de culpa tenían, sin embargo, características específicas: sentía que era un niño sin derecho de "mirar lo que se le antoja", ya que el mirar quedaba en él asociado a fantasías escopofílicas muy angustiantes. Era además muy evidente que se sentía vigilado por el ojo omnipresente del Dios-superego que adivinaba todos sus "malos" deseos. La enfermedad, por lo tanto, era para él también un castigo, una mancha, un deshonor que lo convertían en el bizco, siniestro, que no era agradable mirar.

Pensamos que ambas fantasías inconcientes, la prohibición de un mirar furtivo, y el sentimiento de ser controlado por un ojo vigilante, aparecen condensadas en el trastorno completo. Mientras el ojo derecho se arrogaba la representación del culpable escopofílico, el izquierdo, convergiendo sobre la línea media como si observara la mirada del otro ojo, se adjudica la representación del vigilante (en este caso siniestro) que sospecha ("¿donde miras?") o critica ("miras lo que no debes"). Parece que Diego no puede mirar tranquilo ni "derecho", porque uno de los ojos tiene que controlar lo que el otro mira.

El interrogatorio de Gabriela, la madre, nos enfrenta con una amalgama de culpa, resentimiento, envidia y exigencias. De origen humilde, llegó a obtener el título de abogado como un logro muy valorado en un hogar pleno de sacrificios. Ricardo, su esposo, en cambio, también abogado, es hijo de ricos. La ambición de Gabriela, acostumbrada a "subir desde abajo", la llevó muy pronto a trocar su anterior admiración por la posición y la cultura de Ricardo, en desprecio por su escasa capacidad de progreso. Diego debía haber sido su orgullo, el niño perfecto que demostrara su capacidad y quitara importancia a su origen pobre e inculto. El "mirar torcido" de Diego aparece, en las fantasías inconcientes de Gabriela, como una evidencia dolorosa de la culpa y su correspondiente castigo, pero, ante todo, representa la mirada torva de su propia envidia, como si su hijo se hubiera convertido en un espejo siniestro que la remeda de manera insoportable. Por este motivo niega el trastorno hasta que ya no puede más pasarlo por alto y, cuando la negación se deshace, habla de la reparación quirúrgica con un optimismo que el oftalmólogo está lejos de compartir.

En el momento en que se produce la consulta por el estrabismo de Diego, Gabriela, cuyas exigencias ideales son muy grandes, acaba de fracasar en un concurso laboral que le importaba mucho. Su fracaso en ese concurso la obliga a volverse hacia su hijo intentando que este le devuelva, como madre, el éxito que siente haber perdido como abogado.

Ricardo se siente un fracasado. No solamente es abogado, es, también, el hijo de un abogado exitoso y siente que no ha podido superar al padre. Se siente despreciado por la mujer y sometido a un padre ideal.

De la historia infantil de Ricardo surge que su sexualidad ha quedado reprimida por obra de una madre cuya religiosidad, entrando al servicio de su neurosis obsesiva, la lleva a ver al sexo como a una cosa sucia. La enfermedad de Diego representa, para Ricardo, ese mismo castigo por la existencia de una sexualidad prohibida. Es lo monstruoso y, al mismo tiempo, representa al fracaso de sus ideales de perfección.

Las fantasías de infidelidad conyugal de Ricardo, que le provocan intensos sentimientos de culpa, reactivan, inconcientemente, un recuerdo infantil según el cual su madre se angustia ante sus juegos masturbatorios. Este conflicto actual forma parte de la fantasía inconciente que Ricardo posee sobre la enfermedad de Diego, de modo que Ricardo también, como Gabriela, se siente al mismo tiempo que vigilado, denunciado por un hijo que lo representa y que "lo mira to rcido".

Realizamos, una vez finalizado el estudio, dos entrevistas con cada uno de los miembros de este grupo familiar, para tratar de llevarlos a elaborar, a cada uno de ellos, una parte de sus propias fantasías inconcientes, es decir: aquellas fantasías que se expresaban en el trastorno ocular, en las vicisitudes de ese trastorno y también en la forma que interpretaban, de manera inconciente, tales vicisitudes.

La intervención quirúrgica fue postergada. Una observación posterior, realizada varios años después gracias a que los padres de Diego consultaron por dificultades conyugales, nos permitió comprobar que el estrabismo había mejorado junto con la problemática que, al respecto, evidenciaban ambos padres. Esta mejoría fue precedida, según nos informaron, por un "cambio de carácter" de Diego, que puede ser descripto, sucintamente, como angustia y rebeldía.

Jazmín

Jazmín es una niña de cincuenta días de edad que presenta una cardiopatía congénita acianótica con hipertensión pulmonar severa e insuficiencia cardíaca. Los médicos consultados suponen que se trata de una comunicación interventricular. Le han prescrito digital, diuréticos, y potasio por vía oral. El cardiólogo aconseja esperar seis meses para hacer cateterismo y operarla, pero el empeoramiento de su estado clínico obliga a acortar ese plazo.

Judith, la madre, que había abortado cinco embarazos anteriores, durante el embarazo de Jazmín tuvo metrorragias leves en el segundo y en el tercer mes. Jazmín nació mediante una cesárea al octavo mes y medio de su gestación, debido a que, según lo que informaron a los padres, en el octavo mes se diagnosticó un síndrome de detención del crecimiento fetal.

Nació con un peso de dos mil cuatrocientos gramos, sin disnea ni cianosis, con buen apetito y aumento normal de peso. La enfermedad comenzó con disnea durante la alimentación, a raíz de lo cual le descubrieron un soplo cardíaco. Averiguamos, luego, que la disnea de Jazmín se presenta dos días después del destete. En ese mismo momento, por su trabajo, Judith la deja con mucha mayor frecuencia con la abuela materna.

Los padres pidieron una consulta en nuestro Centro buscando "algo más", "algún consuelo". Temían cometer algún error "psicológico" en el tratamiento de la nena y deseaban una orientación general en este problema. Nosotros teníamos además la esperanza de que la comprensión de los significados inconcientes de la enfermedad pudiera ayudarnos a cambiar su curso. En este caso, más qué en ningún otro, era importante estudiar las fantasías inconcientes de los padres, ya que, tratándose de una niña de cincuenta días de edad, los procedimientos de acceso a su inconciente no pueden ser los de la psicoterapia habitual.

"Pepe", el padre de Jazmín, es español, de ascendencia árabe, y habita en la Argentina. Es bautizado y de tradición católica. Muy unido a su madre, actualmente cardíaca, no pudo realizarse en ningún campo. Impresiona como poco sólido, débil, infantil, maníaco. Abandonó el estudio y siempre ha tenido dificultades para mantenerse en un trabajo. Actualmente se desempeñan en una actividad muy mal remunerada.

Judith es argentina, judía y médica. La madre de Judith, que aparece como un personaje duro, frío y lejano, la abandonó cuando aún era una niña, dejándola a cargo de la abuela materna. El padre de Judith es cariñoso y débil.

Antes de conocer a Pepe, su actual marido, "conoció" a varios hombres. Con ellos tuvo los cinco embarazos que terminaron en abortos. Tanto el noviazgo como el casamiento de Pepe y Judith fueron objeto de una fuerte oposición familiar, que se basaba, por lo menos desde un punto de vista manifiesto, en las religiones diferentes. Con el tiempo las tensiones parecen disminuir, sin embargo el padre de Judith, aunque les regala el departamento en el que habita el matrimonio, lo escritura exclusivamente a nombre de su hija. Aparentemente Pepe considera que esta situación es natural.

El estudio del material de Jazmín y de sus padres permitió comprender aquellas fantasías inconcientes de cada uno de ellos que se expresan, se "traducen", o se representan en la enfermedad cardíaca de la niña. Estas fantasías dan un sentido a la enfermedad que aparecía como un "accidente", y nos permiten comprenderla como un episodio lleno de significación en la biografía de los tres.

Pepe, quien teme ser el culpable de la desgracia, siente además que:

a) La enfermedad representa, dramáticamente, la "mezcla" que él hizo al casarse con la judía "extranjera" Judith.

b) La detención del crecimiento en el último mes del embarazo lo representa a él mismo detenido, sin poder crecer ni desarrollarse.

c) La cardiopatía es una "herida en el corazón" análoga a la de su madre cardíaca, herida frente a la unión de Pepe con Judith, y también análoga a la de él mismo, con el corazón "partido" frente a la unión de Judith con el padre de ella, unión de la que se siente excluido como un niño.

d) La comunicación interventricular, como el agujero que no cierra, la pared que no termina de formarse, lo representa a él mismo que tampoco termina de formarse del todo. Además simboliza la mezcla de sangres, de religiones, de razas, que él siente haber hecho y por las cuales se siente muy culpable. Vive el amor de su mujer con mucha culpa, pero también está ofendido, peleado, denigrado. Es la ofensa del "extranjero" , que no se siente árabe, ni español, ni argentino. El nombre árabe, de la hija, elegido por él, contiene también una venganza.

e) La insuficiencia cardíaca es una representación muy adecuada de sí mismo, "igualmente" insuficiente frente a las demandas de la vida, experimentadas como una sobrecarga.

 

Judith, en cambio, siempre se sintió una nena aterrada, débil, abandonada. Ve en Jazmín, en peligro de muerte, su retrato ampliado. Siempre tuvo un ligamen intenso y culposo con su padre, que intentó cortar con sus múltiples relaciones. Los abortos podían ser comprendidos como la consecuencia de estas uniones que, vividas ambivalentemente, conducían a la búsqueda de castigo.

Al encontrar a Pepe, "goy", concreta la exogamia deseada, que, al mismo tiempo, siente como una traición a su padre. Fruto de esa traición es Jazmín. En ella se conjugan el acto y la "maldición" correspondiente: detención del crecimiento fetal, cesárea y enfermedad cardíaca. Debe pagar por la "mezcla de sangres", de la cual la comunicación interventricular parece ser un "testigo". También siente que esa nena enferma es el producto de su vientre dañado por los abortos.

Las fantasías de ambos padres convergen en Jazmín. Podemos suponer que, "dentro" de esta situación inconciente, experimenta sentimientos semejantes a los que nos vemos forzados a describir con las palabras del adulto. Es decir: sobrexigida, con la responsabilidad de reunir a ambos padres que, de pronto, se le aparecen como dos contrarios, dos "sangres" distintas. Frente a esta exigencia se siente desfallecer, "insuficiente" y en peligro de muerte, "no le da el corazón" frente a lo que siente que se espera de ella.

Una vez comprendida la situación se realizaron entrevistas con ambos padres, a los fines de elaborar con ellos los puntos más importantes de la dinámica familiar inconciente. Jazmín no podía, como los niños de mayor edad, "escuchar" nuestras interpretaciones, pero, dada la gravedad de su situación, no podíamos resignarnos a no intentar algún tipo de influencia sobre sus fantasías inconcientes. Optamos por pedirle a la madre que concurriera a las entrevistas llevando a su hija en brazos, teniendo en cuenta al riquísimo intercambio de sentimientos inconcientes que caracteriza a la relación madre-hijo y las numerosas evidencias que existen acerca de la capacidad que posee cada uno de ellos para percibir los estados afectivos del otro.

Durante el acto quirúrgico se constató, y se intervino, un ductus arteriovenoso muy grande, en lugar de la comunicación interventricular que formó parte del diagnóstico presuntivo. A pesar que el pediatra, basándose en el estado clínico previo a la intervención, efectuó un pronóstico reservado, la recuperación fue excelente. Ignoramos cuál fue el grado de la influencia que tuvo, en esa recuperación, el alivio de la problemática familiar, que obtuvimos mediante nuestro esclarecimiento de la situación inconciente.

Hernán

Hernán era un niño de ocho años de edad a quien nuestro pediatra diagnosticó una hernia ínguino-escrotal izquierda, no muy desarrollada y evidente a simple vista. Con maniobra manual era fácilmente reductible. El testículo derecho estaba ascendido y podía ser descendido manualmente.

Se lo veía modoso, tímido, con gestos un poco teatrales y algo femenino. Su contextura mostraba tendencia a la obesidad, modelo extraído de sus identificaciones con la pareja de sus padres, notablemente obesos.

Los primeros síntomas fueron descubiertos por Hernán en el verano del año anterior, cuando se encontraban de vacaciones en una playa. Le llamó la atención cómo estaba hinchado su escroto. La madre consultó, telefónicamente, con su médico de confianza, quien le recomendó reposo y los síntomas cedieron. Al ver que rápido se solucionó todo, no prestaron, en lo sucesivo, mayor atención a ese problema.

Aquellas vacaciones habían tenido un planteo distinto de las anteriores. Su padre, dos meses antes, había decidido un viaje a Israel inesperado para todos, cuya precipitación no permitió que fuera bien elaborado. Hernán y su hermano, dos años mayor, pasaron sus vacaciones con la madre. Pudieron alquilar en un hotel una habitación para los tres, en la que convivieron durante diez días.

El niño, en parte motivado por sus padres, y también por competencia con su hermano Rubén, que se destacaba en natación, había adquirido un hábito deportivo que lo preservaba de su tendencia a engordar. Dicha actividad se interrumpió, por consejo médico, en el momento de aparición de la hernia. Esto produjo un cambio en el niño, quien, por su inactividad, quedaba sumido en la contemplación de programas televisivos.

Cinco meses después de las vacaciones en las cuales se descubrió la hernia, luego de haber visto a varios médicos que le aconsejaron la operación a corto plazo, solicitaron una entrevista en nuestro Centro. Se pudo ver en la entrevista que no solamente la hernia de Hernán motivaba la consulta, ya que el matrimonio pasaba en aquellos momentos por una crisis completamente negada, manifestándose en el hijo la materialización del conflicto. Se convino en realizar una patobiografía del niño y sus padres.

En la historia del padre pudimos detectar uno de los factores eficaces desencadenantes de la crisis. Su esposa se había graduado como odontóloga poco tiempo antes de que él decidiera viajar solo a Israel. Había intentado cursar la carrera de veterinario, con muchos fracasos y traspiés que lo llevaron a abandonar sus estudios. Se sentía dolorosamente humillado por el logro intelectual de su mujer, muy valorado en el grupo familiar. Le era muy difícil de soportar el sentirse mostrando una ima-gen pobre ante sus hijos. Buscaba algún camino para restañar la herida, y este camino surgió cuando su actuación en una comunidad israelita le permitió realizar su viaje, viaje que representaba recuperar su estima, disminuyendo el estado de tensión en que vivía la familia. Sus intensos celos y envidia se expresaban, con sus hijos, en frecuentes gritos y palizas, que lo dejaban sumido en intensos remordimientos y sentimientos de culpa.

Su apariencia dominante y "mandona" encubría los temores a ser descubierto como un "nene débil", justamente ahora que su esposa había logrado un título universitario, despertándole la fantasía de que podría abandonarlo buscando un "mejor partido".

La madre aparecía como una mujer con una vida de la cual estaba harta, llena de deberes y privada de goces. Reprimía su sexualidad, que sentía como algo sucio y vergonzoso. Esta frustración se trasluce en sus actitudes exigentes frente a su marido y sus hijos. El tipo de vínculo libidinoso que establece con sus objetos hace que estos se sientan maltratados e "hinchados".

Podemos comprender el síntoma, de manera simbólica, si pensamos que Hernán se siente cohabitando con su madre mientras el padre está afuera. El esfuerzo que la frustración libidinosa y la tentación conflictiva le exigen queda expresado por la hernia, que representa simbólicamente algo que se "hincha" a través de una pared que, incontinente, "revienta". Se trata de un "contenido" que el yo no puede elaborar o "contener". Al mismo tiempo, tal como aparecía claramente en el material de la hora de juego realizada por Hernán, este pasaje de una a otra cavidad simbolizaba la pérdida de límites de las zonas geográficas de la vivienda familiar, especialmente su cuarto y el dormitorio de los padres.

La situación planteada provoca intensos sentimientos de culpa en la madre, los cuales intenta apaciguar apoyando vehementemente la intervención quirúrgica, que borraría el daño que siente haber realizado.

Los dibujos de Hernán permitieron comprender que vivía como "exclusiva" a la unión con su madre. Cuando dibuja al taller donde aprende dibujo aparecen todos "metiendo las manos en la masa", representando así su temor a ser descubierto "con las manos en la masa", es decir, en sus fantasías masturbatorias y sus deseos edípicos. La fecha incierta del regreso del padre, que podía irrumpir en cualquier momento en la habitación del hotel, hizo aún más persecutoria esta situ ación.

Al recortar un pájaro, durante la hora de juego, le corta el pico, le saca la cabeza, y se le caen las alas; representa de este modo que se siente castrado. El pico cortado parece simbolizar la operación de adenoides y amígdalas que le había sido realizada y, más profundamente, a su circuncisión.

La figura que lo representa, en el trabajo con plastilina, queda ubicada entre sus padres, más cerca de la madre y mirándola. Esta madre aparece como un objeto "frío", distante e ideal, objeto en el cual Hernán tiene puestos sus pensamientos y su excitación prohibida. Siente, al mismo tiempo, que su fuerza instintiva es la del padre, representado en los dibujos por pelos y por una pelota amarilla.

Cuando Hernán representa su propia figura pone sobre su cara una masa que da la sensación de "bajar la nariz", simbolizando el intenso sometimiento. A esa figura le faltan los brazos y un pie, lo cual parece expresar su dificultad para hacer, su castración, que lo conduce a depositar sus energías en la acumulación de grasa.

Pudimos comprender que, debido a la intensidad de sus ansiedades de castración, la operación adquiría, para Hernán, connotaciones peligrosísimas, ya que en su fantasía inconciente durante la intervención el padre le cortaría los testículos por haber ocupado su lugar al lado de la madre.

Aconsejamos una preparación psicoprofiláctica preoperatoria con el objeto de acercar a la conciencia estas fantasías, disminuyendo así su poder patógeno, que podría llegar a manifestarse como complicaciones durante el acto quirúrgico o en la evolución posterior.

Hernán ha vuelto a reiniciar una actividad deportiva leve, sin ninguna complicación. La operación fue pospuesta, esperando un momento más propicio, en el cual la disminución de sus intensas ansiedades de castración permitiera operarlo comprometiendo menos la continuidad de su desarrollo infantil.

Notas

1 El presente trabajo fue presentado en Febrero de 1975 en la clínica Pedriática del Policlínico de la Escuela Medica de la Universidad Estatal de Roma.

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