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entre medicina y psicoanálisis
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EVOLUCIÓN DE UNA PATOBIOGRAFÍA EN UN TRATAMIENTO PSICOANALÍTICO

L.Chiozza, S. Aizenberg, L. Barbero, C. N. de Califano, E. Obstfeld, J. C. Scapusio

Publicamos, hace ya algunos años, en el libro ¿Por qué enfermamos?, una síntesis del Estudio Patobiográfico de una paciente con una leucemia linfoblástica aguda. Reproduciremos aquí el relato de la evolución de esa paciente durante dieciocho meses de tratamiento psicoanalítico1, dado que nos interesa mostrar, a través de un ejemplo, de qué manera ambos métodos se refuerzan y se enriquecen mutuamente en su posibilidad de mutar los significados inconcientes que sostienen la enfermedad somática. Reproduciremos también, en apretada síntesis, los datos esenciales de la historia de Sonia.

HISTORIA CLÍNICA

Hacía ya un año que Sonia padecía depresión, astenia y severos mareos, cuando le fue diagnosticada la leucemia. El informe de ese momento consigna: Plaquetopenia, anemia normocrómica y 80.000 blancos por mm3, con características inmaduras (linfoblastos). Discreta hepato-esplenomagalia. La punción medular revela "remplazo" de las progenies roja y blanca por la presencia de linfoblastos semejantes a los en-contrados en la sangre periférica. Diagnóstico: Leucemia linfoblástica aguda.

El pronóstico, en cuanto a la posibilidad de sobrevida, es malo.

Se decide entonces inmediato tratamiento con citostáticos y radiaciones sobre el sistema nervioso central. Inicia, casi simultáneamente, un Estudio Patobiográfico y un tratamiento psicoanalítico en cinco sesiones semanales.

El tratamiento se realiza de acuerdo con el protocolo uti-lizado por la Academia Nacional de Medicina. En la primera etapa se utilizó Vincristina, Prednisona y Metotrexato oral e intratecal. También Asparaginasa Aracytin y Puri-nethol. Se efectuaron diez aplicaciones de radioterapia en la zona encefálica por una única vez.

Su facies adquirió un aspecto cushingoide. La pérdida del cabello, de las cejas y del vello corporal fue completa, pero la medicación citostática fue muy bien tolerada durante todo el tratamiento, y no hubo necesidad de hacerle más que una sola transfusión de sangre. El efecto de la terapéutica fue controlado, en la primera etapa, con análisis hema-tológicos semanales y punciones medulares frecuentes.

Al finalizar los dos meses de la primera etapa, Sonia logra lo que dentro del prot ocolo utilizado se considera remisión completa. Permanece asintomática. En la sangre periférica se encuentra 11,1 g. % de hemoglobina, 3600 leucocitos en cifras absolutas, y 368.000 plaquetas por microlitro. La punción medular muestra celularidad disminuida, menos del 5% de blastos y la presencia de las tres series hematopoyéti-cas.

En la segunda etapa, luego de un descanso de una semana, fueron utilizadas las mismas drogas durante un mes. El Metotrexato se administra ahora por vía oral. En este período su padre, inválido, muere en Italia.

Casi cuatro meses después de iniciada la quimioterapia, So-nia comienza el período de mantenimiento, que durará, aprox-imadamente, dos años. Las dosis de Prednisona, Metrotexato, Puri-nethol y Vincristina son mucho menores. Se suprimen la Asparaginasa y el Aracytin. Se realizan hemogramas cada dos semanas y punciones medulares cada tres meses.

Hubo en este período un sólo episodio de leucopenia, en el cual el número de leucocitos descendió por debajo de los 1500. El trastorno coincidió con la visita de su madre, que viajó hasta Brasil. Sonia se encontró con una mujer de setenta años que no representaba su edad. Autosuficiente e interesada en sus propios asuntos, no se conmovió demasiado al enterarse de la enfermedad de su hija.

PATOBIOGRAFÍA

Se trata de una mujer lúcida e inteligente, vestida con elegancia, cuyo rostro no r evela la edad que tiene. Su trato es educado y cordial pero distante.

Es la primera hija de un adinerado matrimonio judío oriundo de Checoslovaquia. Hasta el advenimiento del nazismo vive, junto a sus padres, en la prosperidad de la sociedad a la cual pertenece.

Su padre, extremadamente exigente y de una personalidad "avasalladora", se ocupaba de ella con mucho cariño, "tanto en los estudios como en las diversiones, o lo que sea, estaba detrás mío tratando de que lo haga perfectamente... y eran obligaciones, obligaciones, obligaciones...". En estas palabras su voz dejaba traslucir el intenso placer que existía detrás de la exigencia. "Ese viejo león me dejó a la miseria, con la responsabilidad de cubrir, donde hubiese faltas, porque mi madre no podía y mi hermano no sabía… Yo realmente fui la adulta, era la confidente de mi madre, que nunca me ocultó sus amoríos".

Recuerda, emocionada: "Fui la niña de los ojos de mi padre". Es posible que nos exprese de este modo que, en los ojos de su padre, se veía a sí misma, y que esa mirada le otorgaba un elemento esencial para configurar la imagen de su propia identidad.

Cabe pensar que la excitación de sentirse "la elegida" debe haber sido muy grande, tanto como la culpa y el miedo de perder ese privilegio.

Describe con admiración a su progenitor, quien se había re-velado valerosamente contra una alta figura del gobierno nazi y había sido recluido en un campo de concentración durante seis meses. La guerra, con sus horrores, y la amenaza de sufrimiento, los unió entrañablemente y solidificó una particular estructuración edípica.

Guarda especial significación una fotografía, en la cual se la ve abrazada a su pa dre, al borde de una ventana, mientras que en el fondo se divisa una sinagoga que fue incendiada poco tiempo después. A los 13 años, luego de que Alemania perdiera la guerra y ante la amenaza de la invasión rusa, huyen a Occidente con "sólo lo puesto".

Ya en Occidente, su madre hace públicas sus continuas infidelidades conyugales, y se aleja afectivamente de su marido, que queda "al cuidado" exclusivo de la hija.

Llegan a Brasil un año después de la huida. Su padre, in-tentando alcanzar la lujosa vida que una vez habían tenido, arruinaba cuanto negocio comenzaba. Durante una de las tantas quiebras, Sonia, que entonces tiene 16 años, se ve "obligada" a dejarse conquistar por un socio del padre, en un intento de lograr que este socio los ayudara.

Acerca de su adolescencia puede contar muy poco. Se casa a partir de la primera relación que establece, a los 25 años. Interpretamos que lo hace para alejarse de sus padres, que viajan a Italia tentando nuevamente fortuna.

Su matrimonio es una relación formal, con un "buen marido", "trabajador" y "recto", en la cual sobresale la falta de amor. Sus ojos quedan puestos en las vicisitudes que sufre su padre en Milán. "Nunca me sentí realmente enamorada de nadie".

Poco tiempo después se radica en Venezuela, a raíz de un con-trato profesional de su marido. "La falta de paz se instaló otra vez… empecé a organizar todo tipo de negocios para ayudar a mi padre a vivir mejor".

En una época en que el marido intenta un acercamiento afec-tivo, sufre fiebre del heno. Podemos interpretar esta reacción alérgica como la dramatización corporal de un rechazo a lo que es vivido como extraño, su marido, mientras mantiene la simbiosis endogámica.

Su padre comienza a padecer un proceso arterioesclerótico, después de un fracaso comercial que desbarata las últimas esperanzas. Sufre entonces un ictus apoplético, que lo deja inválido y afásico. Por esta razón Sonia viaja para visitarlo. Lo encuentra en un profundo deterioro psíquico y, cuando se despide de él no la reconoce. Se siente ya sin padre.

Cuando vuelve a Brasil comienza a sufrir mareos esporádicos y cansancio permanente. Poco tiempo después se le diagnostica la leucemia linfoblástica.

Cómo Sonia produjo una leucemia

Sonia y papá eran "de la misma sangre", eran "Cobo", a diferencia de Bernardo, "un cabeza hueca", y de mamá. Sonia se sentía "Sonia-Papá Cobo". Si hubiera completado exitosa-mente su diferenciación individual, habría llegado a sentir que ella, Sonia Cobo, era una mezcla "No Bernardo" de "Papá Cobo" y "Mamá Levi". Pero habría debido enfrentar la viven-cia de ser una "Sonia Cobo No Papá".

Su identidad de "Sonia-Papá Cobo" podría quedar simbólica-mente representada por el "mapa" de una determinada selec-ción clonal, de progenies linfocitarias toleradas, corre-spondiente a una parte de su identificación primaria. Mapa que parece haberse mantenido sin mayor variación a pesar de su casamiento y su maternidad, ya que no se ha sentido perteneciendo al clan de los Rozenbaum, ni siente que sus hijos son Cobo.

Cuando su padre, enfermo, la "desconoce", lejos de romperse su identidad simbiótica con él, siente que algo suyo la trata como extraña, y ese algo se le vuelve extraño. Sonia debe entonces tratarlo como ajeno y, para "reconocerlo" como antígeno, debe estimular el "recuerdo linfoblástico" de una configuración antes "dormida", frente a lo que toleraba. Sin embargo el proceso no se completa: Sonia no puede "atacar" a "su padre", como ocurre normalmente en el proceso de difer-enciación que llamamos adquisición de una identidad propia, porque todavía --como quién, acechando a un enemigo, estuvo cerca de matar a un ser querido-- teme destruir a una parte de "Sonia-Papá Cobo". Por este motivo, porque los linfocitos maduros pasan a representar simbólicamente el ejercicio de esa función, no puede generarlos normalmente. El clon lin-foblástico que, impotente para madurar y finalizar el pro-ceso detenido, se multiplica monstruosamente hasta desarrol-lar la leucemia, simboliza el proceso conflictivo por el cual no puede ser "Sonia Cobo No Papá" ni regresar a "Sonia-Papá Cobo". Antes no pudo ser "Mamá Levi", y después, tam-poco, ser Rozenbaum. Ahora que Papá comienza a hacerse ex-traño, como si fuera Rozenbaum, no puede "atacarlo" para diferenciarse.

Entre las fantasías inconcientes que son específicas de las leucemias linfoblásticas y que suponemos corresponden a un trastorno de los procesos de diferenciación de la identidad "familiar", que deriva de las identificaciones más primiti-vas, encontramos, como era de esperar, las que son propias de la proliferación cancerosa y llevan implícita la apari-ción de una determinada tolerancia frente a desviaciones o mutaciones celulares.

La intolerancia "inmunitaria" de Sonia hacia todo lo que no fuera "Sonia-Papá Cobo" ha intentado primero crecer para in-cluir en el rechazo a Papá, que se ha vuelto extraño. Pero luego, ante el fracaso de este intento conflictivo, que se expresa en un linfoblasto que no logra madurar, "tolera", en una substitución transaccional, la proliferación linfoblás-tica. Esta proliferación, anárquica con respecto al plan del organismo, representa, como todo cáncer, el triunfo de una progenie "primitiva" que satisface de forma extrema su pro-pio "narcisismo". Se presta, por lo tanto, para representar substitutivamente el "triunfo", simbólico, de la intoleran-cia narcisista de Sonia, intolerancia que, al mismo tiempo que permanece exacerbada y fallida, regresa hacia su fi-jación "hermafrodita".

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Hemos esbozado un esqueleto biográfico que pueda mostrar lo esencial del momento actual en la vida de Sonia, y que nos ayude a comprender el significado que adquiere tanto la localización como la forma de la enfermedad.

Siente que debe elegir entre su familia pasada, que cada día experimenta como más destruida, y su familia actual, por la cual nunca sintió el mismo atractivo. Se siente dolorosamente desgarrada por ese dilema. Le surgen frecuentemente deseos de desaparecer, para "liquidar de una vez" la tortura que la acosa

Desde Italia llega una carta en la cual le comunican que su padre necesita, urgentemente, ser internado. Es evidente, por la actitud de su madre, que intenta desligarse de él. Sonia siempre habló de responsabilidad y de culpa, pero la historia que transcurre subterráneamente es otra. En ella se entreteje el afecto profundo y entrañable de su amor incestuoso, simbiótico, con el intolerable dolor de no poder ayudar a su padre frente a la inminencia de una muerte que confunde, inconcientemente, con la suya. Es el drama de un vínculo de sangre, y es en la sangre en donde ahora su enfermedad se manifiesta.

Su niñez la ha marcado especialmente. Sintió mucho placer en su infancia. Fue la única figura a quien su padre "amó" y también la que ocupó el lugar que su madre dejara vacante, el rol de la señora responsable y adulta que se hace cargo de la casa. Se sentía "todo" para él. Vivió sus exigencias como una carga penosa, pero la excitación de sentirse la elegida fue más grande aun. Cuando aconteció la guerra, la persecución y el sufrimiento, consolidaron su unión.

Su vida, tanto en el Brasil como en Venezuela, giró en torno del ganar dinero para ayudar a su padre y devolverle algo de la vida que él había perdido. Siempre sintió que, en su corazón, el pasado, que representaba toda su antigua y bienquerida vid a, luchaba con el presente, representado por su familia actual.

El ataque cerebral de su padre parece haberla sumido en un estado de profunda depresión. Parece evidente que su empeoramiento de este último año marchó paralelo con el deterioro creciente de su progenitor. Cuando él ya no la reconoce, Sonia siente que ya no sabe quién ser. Mucho antes de enfermarse de leucemia tenía un problema: salvarse, vivir con su familia actual y enterrar el pasado, su padre y la historia europea, Pero sentía entonces que eso era como matar en ella todas aquellas cosas por las que había vivido. Frente al peso de su historia, sus hijos y su marido no eran su familia. Su identidad de clan estaba allá, en Europa, y ahora, paulatinamente, junto a la agonía de su padre, esa identidad se deshacía amenazando con dejar en su lugar ninguna. De haber podido construir su identidad en el vínculo con sus hijos, proyectado hacia el futuro, no habría enfermado de leucemia.

DIECIOCHO MESES DE TRATAMIENTO PSICOANALÍTICO

Sonia hace cinco sesiones semanales de un tratamiento psicoanalítico que inicia al mismo tiempo que el Estudio Patobiográfico en nuestro Centro, al descubrirse su leucemia. Comienza la quimioterapia, una semana más tarde, al finalizar el Estudio.

Su psicoanalista nos relata:

Sonia era un caso de leucemia linfoblástica aguda con un pronóstico pésimo; el colega que me propuso su tratamiento me dijo que era un presente griego. A pesar de eso decidí entrevistarla y, desde ese momento, su presencia de mujer inteligente, sensata y agradable, despertó en mi un particular interés que se mantiene vivo de sesión a sesión. En su primera entrevista, a la que acudió sola, pese a la gravedad de su estado, me dijo: yo sentía que me moría... no tenía ganas de nada... ya hace un año que me siento así, cuando Olga (una amiga, hematóloga) me dijo que era leucemia, me salió de adentro decirle: "es una solución", y por eso me mandó a que me tratara con usted.

Trataremos de mostrar, a través de una apretada síntesis de los primeros dieciocho meses del tratamiento psicoanalítico de Sonia, cómo las vicisitudes de su vida que representan una particular patología "de la identidad", evolucionan junto con los trastornos de la leucemia linfoblástica que, de acuerdo con lo que pensamos, simbolizan a esa particular patología.

La familia

Veamos un material de sus primeras sesiones:

... me siento sola, si tuviera a mis padres, mi hermano..., si tuviera tíos... yo estoy sola, sola de familia mía... Cuando llegamos a el Brasil, a mi marido se lo chupó la familia. El se encontró con todo lo suyo, y a mis chicos los ubicaron enseguida, en colegios... todo. Yo sentía que a ellos los aceptaban porque eran Rozenbaum, a mi no, yo era de afuera. Siempre me sentí así, sentía que a mí no me nece-sitaban...

Para Sonia su familia era la de sus padres. No se sentía casada con Ernesto. Esto nos permitió comprender por qué el vivir con sus hijos no le alcanzaba para dar sentido a su vida. Ella sentía hasta a sus propios hijos, como a "los Rozenbaum", los de la otra familia.

Sentirlos como parte de su vida era traicionar a la que ella consideraba su "verdadera" familia. Cuando más adelante nos dice que "no la necesitaban", pensamos que este sentimiento tan penoso provenía de la fantasía de haber sido "chupada" 2 para hacer "Rozenbaums", y luego dejada.

A los pocos meses de comenzar su tratamiento muere su padre en Italia:

Me llamó Toti (la esposa de su hermano Bernardo) desde Italia para avisarme que murió mi padre. Me dijo que me quedara tranquila, que papá no había sufrido... que le habían hecho una misa, que estaba cerca de Jesucristo... ¿Se da cuenta?... Que mamá habló con un cura y que le hizo mucho bien. En Checoslovaquia éramos una familia importante. Los Cobo éramos una familia judía conocida, se imagina ahora..., Toti alemana y católica, educando a los hijos en eso..., es como si no fuéramos... nadie... no queda nada...

La muerte de su padre simbolizaba, para Sonia, la pérdida de su identidad. Siente que su vieja historia desaparece con él, ya que su hermano, "débil", se ha casado con una mujer "alemana y católica", dejando caer así el estandarte familiar. "Ya no queda nada" por qué vivir. Vivir, para Sonia, era sostener "lo familiar", "lo judío", que era lo que sentía más suyo. Ya no era Cobo, lo "Cobo" desaparecía con su padre, y no era Rozenbaum porque no se sentía casada.

Cómo ser

Han pasado varios meses y es a través de un sueño que empie-za a insinuarse la temática acerca de "cómo ser". Lo viejo está podrido, socavado, nos va a decir, es necesario ahora comenzar la búsqueda... Veamos el sueño:

Mi casa está en venta y vale lo mismo que una especie de pueblito donde son todos de una familia... y es como en la época medieval. Está sobre un pasto hermoso. Pero está como en un lugar que de arriba cae agua y socava, pudre... yo sentada en el pasto mirando un desfile de modelos. Después, en una calle… por la calle viene bajando un carruaje con caballos desbocados. Me salvo tirándome para otro lado.

Vuelve a aparecer la fantasía de que su identidad es la de su familia, "la medieval, la vieja". Esta vivencia aparece idealizada en el "pasto hermoso", pero "cae agua que socava y pudre". Alude así a su vieja identidad. El "desfile de modelos" implica la incipiente conciencia de la necesidad de buscar una nueva identidad.

Ella vive su leucemia, como algo arrollador, que puede matarla, y que, para la percepción conciente, proviene desde afuera, como el carruaje del sueño. En este sueño aparece también la idea de que puede salvarse, idea que más adelante se repetirá de diferentes maneras.

Otro sueño de la misma semana reitera una temática semejante:

Soñé que tenía que salir al escenario y era la actriz principal. Era muy angustiante porque no me acordaba nada de lo que tenía que decir, no estaba preparada. Desesperada preguntaba si me iban a soplar... no sabía nada.

Expresa dramáticamente que tiene que salir al escenario de la vida. "No se acuerda de nada", no es la de antes, pero todavía no se siente preparada para un nuevo papel que aún no sabe cuál es. Está sola, sin un padre que "le sople". Recordemos que su padre, tiempo antes de morir, estaba afásico y no la reconocía.

La recuperación del ancestro

Sonia ha terminado la primera etapa de su tratamiento qui-mioterápico logrando la remisión completa. Esto significa que ya no se encuentran linfoblastos en la sangre periférica ni en la médula ósea. Comienza a generar nuevamente linfocitos maduros. De acuerdo con nuestra interpretación de la leucemia, podríamos decir que estos linfocitos representan el intento de crear una nueva identidad "viable". Recordemos a Goethe: "Lo que por herencia tienes de tus padres adquiérelo tú a fin de poseerlo…". Sonia no ha podido hacer suyo lo que de "su padre" recibiera. En las sesiones que siguen aparecen sus intentos de rescatar "lo viejo" para asimilarlo como propio y utilizarlo en la gestación de "lo nuevo". Lo nuevo aquí representa aquello que se manifiesta en cada uno de nosotros como el sentimiento de poseer una identidad original y distinta de todas las demás.

Sonia viaja con su marido a Buenos Aires luego de haber pa-sado algunos días en una vieja ciudad brasileña, cercana a Porto alegre. Para Ernesto comenzaba una crisis muy profunda. No sólo es una crisis económica, sino que significa el derrumbe de la familia de sus padres:

Yo le quiero hablar de mis proyectos, mis ideas, pero... se imagina..., yo con la idea de invertir y Ernesto con un montón de problemas. La fábrica no funciona, parece que van a tener que cerrar. Yo con leucemia... Usted sabe que yo me siento curada, pero... bueno..., y yo le vengo con proposiciones de invertir...

Lo que a mi me gustaría hacer, y que además me siento capaz de hacer, sería comprar un campo en Porto alegre, plantar frutales para hacer dulces, especias para las comidas, poner una casa de té con tortas, llamar gente que teja de acuerdo con mis diseños... pero no la gran industria. En fin... no todo es idea mía. Conocí, en Venezuela, lugares así. A veces siento que en una ciudad grande me pierdo, soy anónima, en un pueblo pequeño podría ser yo.

Comprendimos que el campo del pequeño pueblo brasileño representaba adecuadamente los nuevos límites de su yo. En un sentido expresaba sus intentos de diferenciación de su marido y la familia de él, que siempre habitara en grandes ciudades. En otro sentido el pequeño pueblo que se caracteriza por el cuidado de lo viejo y de la tradición representaría, para Sonia, a su padre y a su vieja historia. El campito de Porto Alegre en el que quiere construir y sembrar simboliza seguramente la germinación de los nuevos brotes de una identidad que asienta dificultosamente sus retoños, nutriéndose a duras penas de lo viejo, sobre la devastación de la quimioterapia. La idea de servir el té, tal vez, represente al intento de extrovertir su libido, encerrada en un proceso narcisista 3 .

Veamos el mismo tema en otras dos sesiones:

¿Le conté que a mí nunca me hicieron regalos y que yo no tengo objetos? Ningún recuerdo de mi padre de Checoslovaquia, ni de otros. Y no se me había ocurrido nunca que, si me interesa, me los puedo comprar yo. Es algo que nunca había pensado. Ahora tengo ganas de poner en casa un tapiz de Checoslovaquia, son cosas que me encantan.

Sabe, mi cuñado y su mujer tienen dos hijos adoptados... La nena es una belleza... muy inteligente, pero es una belleza india, y creo que debe ser muy difícil para ella... Fíjese, los días de fiesta judía faltó a la escuela porque ella quiso. Juntar todo debe ser muy difícil. Me acordaba que en Estados Unidos la adopción no es tabú, como acá. Todo es más natural. Crían a los chicos, como en el caso de esta chica, con las costumbres de las familias de adopción; pero además tratan de mantenerle lo que tiene que ver con el origen, en este caso lo indio, que es tan evidente en ella.

Vivir es, ahora, para Sonia, construir una historia propia que no implica, como en el pasado, vivir para su padre, sino, por el contrario, hacer suyo lo que él representa.

 

Encomendándose a Dios

Sonia había terminado su tratamiento quimioterápico e ini-ciaba lo que se llama "el mantenimiento". Consiste en un tratamiento más leve, cuya finalidad es prolongar la duración de la remisión completa y, en el caso de una recaída, impedir la brusca irrupción de linfoblastos. A veces se pueden encontrar linfoblastos en focos ocultos, aunque no se detecte su presencia en la médula ósea, o en la sangre periférica. Por esta razón se realiza el "mantenimiento". Los hematólogos afirman que no saben qué es lo que puede desencadenar una recaída y, eventualmente, la muerte en este período. Llegado a este punto consideran que han hecho por su paciente, en cuanto a tratamiento se refiere, todo lo que pueden hacer. Sostienen, y se lo hacen saber a los enfermos, que en el período de mantenimiento no ha pasado el peligro; muy por el contrario, ha desaparecido la relativa seguridad proporcionada por la posibilidad de producir una remisión mediante la droga. De acuerdo con lo que Sonia contó en una de sus sesiones de esta época, su médico le había dicho que, de ahora en adelante, se encomendara a Dios, a Mahoma o a su psicoanalista.

Coincidimos, desde nuestra perspectiva, en considerar a este momento como muy peligroso. Entendemos que, en la primera etapa del tratamiento, el enfermo, bajo el impacto del miedo a la muerte y teniendo que "zambullirse" en la terapéutica "para salvar la vida", no puede "pensar dos veces" lo que decidirá, pero, lograda la remi sión completa, y ya sin síntomas, cuando la familia y los amigos han vuelto cada uno a lo suyo, el enfermo, otra vez solo, se pregunta cómo trazar la nueva vida.

Estoy muy mal. Me siento peor que cuando me enfermé. En esa época estaba deprimida pero sabía lo que quería, podía tomar decisiones. Ahora es un desastre, tengo la sensación de no saber quién soy, ni qué quiero... El otro día me estaba bañando y me miré en el espejo... antes no me animaba... y me vi. Estoy gorda. El pelo de la cabeza me está creciendo bastante, pero sólo el de la cabeza. Pero esa sensación de que no puedo definirme en nada... Hoy pienso de una manera y mañana de otra, me tiene mal todo eso.

Dios es la participación en la vida

Yo estaba decidida, si él no quería le dije que me dejara el auto,... yo iba sola. Fue difícil, tenía un dolor en el pecho y un miedo... pero le dije que yo no le voy a torcer el brazo, pero que tampoco quería que él me lo torciera a mí, que entonces cada uno siguiera su camino.

Con estas palabras nos expresa Sonia cómo está en el camino de ser ella misma, a través de un proyecto personal, que siente con una fuerza que va más allá de su voluntad conciente.

Compramos el campo, estoy chocha. Ernesto también se entusiasmó, después... Es hermoso, está en una loma, en la ladera, desde arriba se ve el río, y tiene unos manantiales. Quiero conservar lo que tiene de natural... y plantar además, pero lo que plante tiene que ser especies que crezcan sin pesticidas...

Este campo, este proyecto, la representa en su deseo de crecer respetando lo que siente como más íntimamente suyo. Simboliza en una especie de plantas, capaces de crecer sin pesticidas, su deseo de curarse sin necesidad de recurrir a las drogas anticancerosas.

Sonia se plantea cómo hacer para vivir sin que este vivir sea muerte para otros, aludiendo así a sus conflictos de individuación, que la enfrentan con la fantasía de dañar a los objetos de los cuales se separa, en el proceso de ruptura de un vínculo que experimenta como simbiótico.

... un día me dijeron que si plantaba iba a tener que matar las liebres, porque se comen a las plantas. Esa noche lloré como una loca, porque yo sentía... qué prepotente es el género humano!... cómo iba a matar a ese animalito que estaba allí, en su ambiente, desde hace tantos años... qué derecho tenía yo...

Las liebres, como Ernesto, que tiene sus propias necesidades y sus propios d eseos, podrían representar a los otros seres que, tal como ella lo siente, se oponen a su proyecto. Teme comportarse con la familia como un "monstruo egoísta", pero siente que, si no lo hace, hay algo en su interior que, permaneciendo insatisfecho, la devora. Cuando se propone conservar la vida de su alrededor, se re-fiere quizás, intuitivamente, a su necesidad de curar su alteración cancerosa sin atacar "la vida joven" que, en sus células, ha comen-zado, mediante la quimioterapia, a morir junto al cáncer. Su pro-yecto "ecológico" alude así a una "participación en la vida" que otorga un sentido profundo al "consejo" de "encomendarse a Dios".

Sabe que allá nos vienen a ver... nos ven como los que vamos a dar vida a ese lugar. El otro día nos dijeron que era una suerte, que era como que estábamos dando una transfusión de sangre fresca a ese lugar, que hacia falta. Se ofrecen para trabajar, y, cuando podemos, los favorecemos.

Una cuestión de suerte

Hace poco, en una sesión, Sonia decía:

... lo más importante que aprendí de la leucemia es que no somos eternos, que ya pasaron cincuenta años de mi vida y no pude hacer algo como yo lo quiero... Te digo, estoy tan ocupada, que de la leuce-mia casi no me acuerdo... yo me siento curada, tengo mucho para hacer... Le decía a Ernesto que, cuando tenga la edad de él (ocho años más) ya los árboles van a producir...

Cuando Sonia enfermó, sentía que morir era su solución. Así lo dijo en su primera entrevista. Luego lo que más la afectaba era percibir que nadie hacia proyectos futuros con ella. Ahora su leu-cemia se ha ido transformando en otro proyecto que significa vivir...

Contaba que hace unos días, en casa de unos amigos, alguien que no sabía de su enfermedad, le dijo que sus ojos eran más vivaces que los de otra gente. Allí la hematóloga que la había considerado un presente griego le dijo: "Hay muy pocos, los puedo con-tar con los dedos de una sola mano, que soportan el tratamiento como vos, sin complicaciones... ¡Qué suerte que tuviste!".

En un sueño que relató hace un tiempo, tenia que seguir buscando las piezas que le faltaban para armar un rompecabezas... Su identidad es un proceso en curso, como es natural, pero ya no pa-rece ser el motivo de una terrible destrucción... "¿Una cuestión de suerte?"...

LA EVOLUCIÓN POSTERIOR

Cuando Sonia finalizó los primeros dieciocho meses de tratamiento psicoanalítico se trasladó a su campo de Brasil y viajaba a Buenos Aires una vez por mes para continuar, de este modo, realizando algunas sesiones. También decidió, bajo su responsabilidad, interrumpir la quimioterapia, aunque no se había cumplido todavía el tiempo estipulado en su protocolo 4. Un año más tarde interrumpió también, completamente, su tratamiento psicoanalítico. Han pasado ocho años desde entonces y, de acuerdo con los datos que hemos recibido, Sonia continúa curada. Su historia nos recuerda las palabras que escribimos en ¿Por qué enfermamos?:... al hombre enfermo que busca un tratamiento, lo anima la idea de "volver" a un estado anterior. Pero la enfermedad, como toda pérdida de la inocencia, es siempre irreversible, y la salud sólo puede provenir de un doloroso progreso, que es totalmente opuesto a la ilusión de volver.

Notas

1 El material que reproducimos formó parte de un trabajo presentado en el CIMP (Centro de Investigación en Psicoanálisis y Medicina Psicosomática ) en 1985.

2 Es posible relacionar la fantasía de ser "chupada" vampirescamente con la presencia de trastornos anémicos.

3También expresa aquí, como luego veremos, el primer indicio de un proyecto, vital y personal, que ya no la abandonará y llegará a constituir un epicentro sobre el cual orbitará su vida.

4 El objetivo principal de la quimioterapia en estos casos, es eliminar los blastos del organismo, sobre todo de la médula ósea, permitiendo así el retorno de la hematopoyesis normal. Cuando esto ocurre los hematólogos hablan de remisión completa. Luego el tratamiento continua con el llamado mantenimiento, cuyo objetivo es prolongar la duración de la remisión completa y, en el caso de una recaída, impedir la brusca irrupción de blastos. El mantenimiento se realiza como prevención, dado que se supone la existencia de estos elementos en focos ocultos, aún cuando no se detecte su presencia en la sangre periférica o en la médula ósea. A los tres o cuatro años de remisión completa y continua suele suspenderse todo tratamiento, pero los esquemas varían según las distintas escuelas.

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