Los afectos ocultos en ...
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VIII - ORGANSPRACHE
Una reconsideración actual del concepto freudiano*

Dr. Luis Chiozza

 

La expresión "Organsprache", utilizada por Freud en su artículo "Lo inconciente" (1915e*), remite a un concepto entretejido en el conjunto entero de su obra, desde los "Estudios sobre la histeria" (Freud, 1895d*) hasta el "Esquema del psicoanálisis" (Freud, 1940a [1938]*).

I - Acerca del lenguaje y del habla

Strachey, en su versión inglesa de Freud, utiliza el sustantivo compuesto organ-speech para traducir la expresión "Organsprache". Tanto López Ballesteros como Etcheverry, en sus versiones castellanas, recurren, en cambio, a la palabra "lenguaje", tal vez porque no existe, en las lenguas latinas, una palabra que, como el inglés speech, posea un parentesco etimológico con el alemán Sprache (Partridge E., 1961; Skeat W., 1882).

El término "lenguaje", derivado de "lengua", la palabra que designa al órgano que ocupa la cavidad oral, fue utilizado originalmente para referirse al hablar como facultad, y como medio expresivo, que se realiza a través de la emisión de sonidos vocales. Más tarde extendió su significado para designar cualquier sistema de signos, independientemente de la participación del sonido (Real Academia Española, 1950; Salvat, 1985).

En inglés, lo mismo que en italiano y en francés, existen equivalentes de la palabra "lenguaje" que derivan de una misma raíz etimológica. No es así en alemán, idioma en el cual el significado de "sistema de signos", propio del término castellano "lenguaje", queda cubierto por el vocablo Sprache, que no deriva de la palabra "lengua" (en alemán Zunge). Así, por ejemplo, el lenguaje escrito es Schriftsprache, el lenguaje hablado Lautsprache, el lenguaje expresivo Expressivsprache, el lenguaje de los ojos Augensprache y el lenguaje por señas Zeichensprache (Ruiz Torres, 1959).

A partir de estas consideraciones podemos pensar que la expresión usada por Etcheverry, "lenguaje de órgano", o la que utiliza López Ballesteros, "lenguaje de los órganos", constituyen traducciones adecuadas del original alemán, ya que el significado que posee la palabra "lenguaje" no se refiere solamente a un sistema de signos, sino que incluye, tanto en un sentido directo como figurado, lo que denominamos "habla", --es decir el uso particular que, de una lengua, hacen los hablantes (De Saussure F., 1945)--.

No cabe duda de que Freud lo pensaba de ese modo, ya que, en el historial de Dora (1905e [1901]), señala, refiriéndose a un acto sintomático que ella realiza con sus manos, que "Aquellos cuyos labios callan, hablan (Schwatzen = charlan) con los dedos" (pág. 635).

II - El órgano habla

Cuando Freud (1915e*, pág. 194-5), en "Lo inconciente", se ocupa de las alteraciones del lenguaje en la esquizofrenia, se refiere a una enferma de Tausk, la cual, hablando de sus trastornos, decía: "Los ojos no están derechos, están torcidos". Representando así las vicisitudes de una disputa con su amado, a quien consideraba un "torcedor de ojos" (Augenverdreher, simulador).

En otro momento la misma enferma cuenta que "... está en la iglesia, de repente le da un sacudón, tiene que ponerse de otro modo, como si alguien la pusiera, como si fuera puesta", para expresar de este modo que su novio " le ha falseado la posición" (Freud, 1915e*, págs. 195).

Con respecto al primero de los ejemplos señala Freud, de acuerdo con Tausk, que "... la relación con el órgano (con el ojo) se ha erigido en el representante de todo el contenido" y añade: "El dicho esquizofrénico tiene aquí un sesgo hipocondríaco, ha devenido lenguaje de órgano". Pocas líneas más abajo afirma que esas dos observaciones "... dan testimonio de lo que hemos llamado lenguaje hipocondríaco o lenguaje de órgano" (Freud, 1915e*, pág 195).

Se inicia aquí una cuestión fundamental:

Dado que el dicho esquizofrénico es un enunciado de palabras, una lectura apresurada puede llevarnos a entender que lenguaje hipocondríaco, o lenguaje de órgano, es aquel en el cual un órgano particular deviene el referente de una frase o discurso verbal. Se trataría entonces de un paciente que habla de un órgano y que lo hace con palabras.

Sin embargo una lectura más atenta nos lleva a comprender que Freud alude a un pensamiento más complejo cuando se refiere, en el párrafo citado, a la adquisición de un sesgo hipocondríaco.

1- Freud señala, en la misma página, que una histérica habría torcido convulsivamente los ojos y que, en el segundo ejemplo, habría ejecutado en la realidad el sacudón, es decir que no lo hubiese expresado en un lenguaje verbal. Añade que esto hubiera ocurrido en lugar de "sentir el impulso" o de "tener la sensación de él", como le sucede a la enferma de Tausk. Parece evidente que esta sensación somática constituye el "sesgo hipocondríaco" al cual se refiere Freud.

2- La expresión organ-speech no ofrece dudas, por su construcción gramatical, en cuanto al hecho de que el término "organ" indica de que clase de speech se trata (Eckersley C. E., 1960). Numerosos ejemplos, similares a los que hemos citado, permiten afirmar que ocurre lo mismo con el alemán "Organsprache". Por lo tanto se trata de una clase especial de lenguaje, lenguaje "del órgano", distinto del lenguaje verbal.

A partir de las dos afirmaciones anteriores podemos sostener que, en las palabras de Freud, el dicho esquizofrénico, verbal, no es todavía lenguaje de órgano, sino que deviene ese tipo de lenguaje por el hecho de tener allí, en ese caso, un "sesgo hipocondríaco".

Es decir que, ya sea a través de una alteración somática perceptible (signo), como sucede en la histeria, o a través de una sensación somática (síntoma), como es el caso de la hipocondría, se habla con el órgano (o, también, como veremos luego, es el órgano el que habla).

Ya en el historial de Anna O. (Freud, 1895d *) surge la idea de que no solamente el discurso verbal puede tener como referentes a los órganos y sus funciones, sino que los órganos mismos pueden "intervenir en la conversación" (mit-sprechen) (págs. 61 y 301).

El término mitsprechen, utilizado para designar al "... interesante y no indeseado fenómeno" (Freud, 1895d*) por el cual un síntoma, sensación, o perturbación somática "responde", "se entromete", "interviene", "participa" o "se mezcla", en la conversación, se repite varias veces en la obra de Freud (1895d*, 1896b*, 1918b [1914]*).

III - La zona erógena como fuente, agente y objeto de la expresión lingüística

En un extenso y meduloso párrafo del historial de Elisabeth von R., Freud (1895d*, pág.193), al ocuparse de la simbolización en la histeria, analiza el uso de algunos giros lingüísticos como los que equiparan una injuria a una "bofetada", una ofensa a una "espina en el corazón" y el hecho de no poder defenderse de un ultraje con el tener que "tragarse algo".

Sostiene entonces que jamás se nos hubiesen ocurrido tales giros lingüísticos para referirnos a determinados afectos, si no hubiéramos experimentado alguna vez, en ocasión de esos afectos, precisamente las sensaciones corporales a las cuales dichos giros aluden.

En estos casos, señala Freud, la expresión lingüística nos parece una transferencia figural, porque las sensaciones e inervaciones somáticas que acompañan a esas emociones, y las expresan, se hallan hoy debilitadas; aunque en su origen --según nos lo ha enseñado Darwin-- encontraban su sentido en su adecuación a un fin.

A partir de este punto Freud (1895d*, pág.193) afirma que la histeria "... acierta cuando restablece para sus inervaciones más intensas el sentido originario de la palabra", cuando "... vuelve a animar las sensaciones a que la expresión lingüística debe su justificación" y concluye diciendo que el síntoma histérico "... quizá no haya tomado al uso lingüístico como arquetipo, sino que se alimenta junto con él de una fuente común".

De modo que una misma fuente, que podemos identificar como la zona erógena, origen de la pulsión, alcanza por un lado a la conciencia como sensación somática, por ejemplo una disfagia, mientras que por el otro inviste las representaciones-palabra preconcientes que constituyen al giro idiomático o figura lingüística, en este caso "tener que tragarse" un ultraje.

Freud (1905d*, pág.187) aclara que la erotización, siguiendo "las vías de la influencia recíproca" perturba a la función fisiológica que forma parte de la clave de inervación inconciente (Freud, 1900a [1899]*, t. V, pág 465) de un afecto normal.

En el caso que consideramos, ocurre sin embargo algo más: las inusuales inervaciones e inhibiciones corporales que constituyen los síntomas corporales de la histeria, son la transposición de un afecto normal que ha quedado "estrangulado" por haberse desarrollado en una situación patógena. "Cuando un cauce se divide en dos canales, se producirá la congestión de uno de ellos tan pronto como la corriente tropiece con un obstáculo en el otro (Freud, (1910a [1909]*, pág. 15).

Vale la pena aclarar aquí que, además de los dos caminos ya mencionados (es decir, la sensación somática y la investidura de las representaciones preconcientes), existe un tercero por el cual la excitación se descarga de un modo, totalmente inconciente, que modifica la estructura o la función del cuerpo. En este último caso sus efectos son a veces percibidos por los órganos de los sentidos (o por sus prolongaciones instrumentales), como una alteración somática que no se acompaña de sensación alguna.

 

 

 

Los tres derivados mencionados (percepción de una alteración somática, sensación somática y representación preconciente) mediante los cuales la excitación emanada de la fuente pulsional alcanza la conciencia, coinciden con lo que Freud describe como las tres posibilidades de generar excitación en la fuente: desde el mundo exterior, desde el interior del organismo, y desde la vida anímica (Freud, 1905d*).

Esta coincidencia que "cierra un círculo" entre las direcciones "centrífuga" y "centrípeta" de la excitación, nos lleva a reparar en que la teoría psicoanalítica de las zonas erógenas (que tuvo su origen en el concepto, preexistente, de zona histerógena) lleva implícita la idea de que la zona puede ser objeto, fuente y, además, agente de la excitación pulsional.

Por este motivo, cuando se habla del órgano (objeto), pero, más aún, cuando se habla con el órgano (agente), es el órgano (fuente) el que habla. En el terreno de los significados primordiales, ocurre que el deseo que "el sujeto" dirige hacia una boca (objeto), o el deseo que expresa con la boca (agente), es un deseo oral que la boca (fuente) "hace" expresar al sujeto.

IV - El lenguaje hipocondríaco y las metas específicas de las distintas zonas erógenas

Si queremos comprender mejor por qué Freud equipara el lenguaje hipocondríaco con el lenguaje de órgano, debemos profundizar un poco más en lo que plantea acerca de la hipocondría.

No sólo afirma que la "viabilidad del término hipocondría se perjudica por su referencia fija al síntoma del miedo a la enfermedad" (Freud, 1895d*, pág. 266), sino también que "demanda, como condición previa, la existencia de parestesias y de sensaciones corporales penosas" (Freud, 1895b [1894]*, pág.93). Estas, y otras consideraciones que veremos enseguida, lo conducen a ubicar a la hipocondría entre las neurosis actuales (Freud, 1895d*; (1910a [1909]*); 1912f*; 1914c*; 1916-1917d [1915-1917*]).

Sostiene repetidamente (Freud 1905d*; 1913j*; 1914c*; 1916-1917d [1915-1917*]; 1923a*; 1924c*; 1933 a [1932]*; 1940 a [1938]*) que pueden funcionar como zonas erógenas todos y cada uno de los órganos y que la erogeneidad es una propiedad general de todos ellos, susceptible de aumentar o disminuir en una determinada parte del cuerpo.

En "Pulsiones y destinos de pulsión" (1915c*) afirmará también que a veces pueden inferirse con certeza las fuentes de la pulsión a partir de sus metas.

Esa erogeneidad específica de determinadas estructuras y funciones corporales, que aparece, cuando se incrementa su intensidad, como una sensación somática, originará, en su descarga, el placer de órgano (Organlust) (Freud 1915c*; 1916-1917d [1915-1917*]; 1933 a [1932]*).

El placer de órgano, que es autoerótico, parcial y preliminar, suele aumentar la tensión libidinosa, porque la zona corporal que es objeto de esa descarga placentera se convierte, a su vez, en fuente de una nueva excitación.

La acumulación de la tensión que no logra su descarga configura una "estasis libidinal" actual hipocondríaca (Freud , 1914c*), que, como precondición de la neurosis, equivale a lo que en el historial de Dora (1905e [1901]*, pág. 37) denominó "solicitación somática".

Así, a partir de la "actualidad" de una erogeneidad específica, nace la sensación somática que es condición para que se constituya el "sesgo hipocondríaco".

Ese "sesgo" es la partícula de hipocondría que, para decirlo con otras palabras de Freud (1914c*, pág. 80), "no es excesivo imaginar" como parte constitutiva de cualquier neurosis.

Surge en este punto otra cuestión fundamental:

A pesar de la división entre neurosis actuales y psiconeurosis, o entre lo que Freud denomina perturbaciones neuróticas y psicógenas del órgano (1910i*), no puede sostenerse, a la luz de sus propios conceptos acerca del lenguaje hipocondríaco, y por varias razones, que actualidad y significación se excluyan recíprocamente:

1- Porque, de acuerdo con sus propias afirmaciones, existe una partícula de hipocondría, y con ella un componente actual, en cualquier psiconeurosis.

2- Porque, de acuerdo nuevamente con lo que dice Freud, la cantidad de excitación que determina la actualidad se acompaña siempre de una cualidad específica, es decir de una meta, finalidad, sentido o significado.

3- Porque en la expresión "lenguaje hipocondríaco" se compromete, en un mismo concepto, la actualidad de la hipocondría con el significado del lenguaje.

La utilidad y la validez del concepto "actualidad" es indiscutible, ya que recorre, como pieza fundamental, toda la teoría psicoanalítica, desde la distinción entre necesidad y deseo, hasta la que existe entre percepción y recuerdo, o entre signo y símbolo, pasando por la metapsicología del afecto y de la acción eficaz.

Si volvemos sobre la idea de que la percepción, la sensación y el recuerdo, constituyen los tres "orígenes" de los "contenidos" de la conciencia, parece oportuno distinguir:

1- La presencia "física", percibida, mediante los órganos sensoriales, como un "hecho" del mundo que viene del pretérito.

2- La actualidad "histórica", que surge como la sensación "anímica" de un acontecimiento que esta ocurriendo en el cuerpo propio , o de un acto, en curso, de ese mismo cuerpo.

3- La representación "atemporal" de un recuerdo-deseo que adquiere la forma "espiritual" de un sentido, de una meta ideal y futura.

4- La ausencia física, que se constituye cuando no se percibe lo que se recuerda o desea.

5- La latencia histórica, que se constituye cuando lo representado se vivencia como postergación o espera porque carece de la sensación "somática" conciente que corresponde a un acontecimiento en curso .

6- La incoherencia de sentido, que se constituye cuando una sensación actual carece de finalidad o significado conciente.

V - El código con el cual "el órgano habla"

El análisis de las cuestiones planteadas por el lenguaje de órgano nos conduce al tema de la herencia arcaica. Freud se ocupó de la continuidad de la filogenia en la ontogenia, en diferentes contextos, tales como el de los símbolos universales, (1900a [1899]*; 1916-1917d [1915-1917*]), el de las fantasías primordiales 1916-1917d [1915-1917*]; 1918b [1914*), o el de la equivalencia entre la histeria, como afecto individual neoformado, y el afecto como histeria general que se ha vuelto hereditaria y contiene la reminiscencia de un suceso filogenético (1926d [1925]*; 1933a [1932]*).

Hemos visto que las zonas erógenas originan pulsiones cuyas metas específicas permiten deducir su fuente. En otras palabras, la cualidad particular de una meta pulsional posee una relación específica con una parte determinada de la estructura y el funcionamiento del cuerpo.

Decir que una relación es específica implica afirmar que la vinculación "preferencial" de uno de sus términos con el otro es "universal", ya que es compartida por todos los organismos semejantes.

Algunos cambios en la estructura y el funcionamiento de una parte del cuerpo constituyen el lenguaje de órgano, precisamente en función de esa universalidad que equivale a compartir un código o sistema de signos. De modo que el lenguaje de órgano es tan universal como los símbolos congénitos que se conservan en los mitos, en los sueños, en el arte, o en los usos de una lengua.

Freud llega a hablar de un "modo de expresión antiguo, pero desaparecido, del que en diversos ámbitos se conservan diferentes cosas", y lo asocia con la idea de Schreber de un lenguaje fundamental que dejaría, como restos perdurables, algunas referencias simbólicas (1911c [1910]*).

En "El interés por el psicoanálisis" (1913j*, pág 180) sostiene que "... lo inconciente habla más de un dialecto" , retomando así una vez más la idea de un lenguaje que, utilizando los recursos de la figuración que es posible observar en los sueños (1900a [1899]*), expresa un significado por diferentes medios.

Cuando, con un modelo análogo al de la solicitación somática, señala la existencia de una solicitación lingüística (Freud, 1901b*), aclara que esta "solicitación" no sólo posibilita la determinación del fenómeno que buscamos interpretar (desliz en el habla o en la escritura), sino que marca sus límites.

A partir de ese punto, y de la idea de que el síntoma corporal "participa de la conversación", Weizsaecker (1951) construirá su concepto de dialecto de órgano.

Cada órgano, en la opinión de Weizsaecker , participa "hablando" en el "conjunto de voces", pero lo que Freud (1900a [1899]*) llamaba "el miramiento por la figurabilidad" (no se puede soñar con aquello que no puede "figurarse") sucede también en este caso. El órgano no puede tener mayor riqueza de vocabulario que la que su estructura y su función condicionan. Cada uno de ellos tiene su "dialecto", su código lingüístico particular y específico, formado por unos pocos "vocablos" que determinan su propia manera de hablar.

Sin embargo, si las únicas posibilidades fueran esas, el lenguaje de órgano sería demasiado pobre como para dar cuenta de la normal combinatoria de los significados propios de distintas zonas erógenas.

Pero recordemos que un afecto "estrangulado" puede descargarse por la sobreinvestidura de alguna de las inervaciones singulares que forman parte de su clave normal. Lo que devuelve la riqueza significativa al código, aparentemente torpe, de un dialecto de órgano, es precisamente su capacidad "latente" de evocar, en el intérprete, el significado de la clave que el proceso defensivo ha deformado. En lo inconciente del enfermo, el síntoma que descarga la investidura se ha erigido en representante simbólico, transaccional, de las emociones implicadas.

Freud (1915e*) dice que la meta genuina de la represión es la sofocación del desarrollo del afecto. El afecto constituye, pues, la importancia del significado. De modo que el síntoma corporal, erigido en representante de un afecto conflictivo, no solamente "habla", sino que su significado es el que más nos "dice".

VI - La segunda hipótesis fundamental del psicoanálisis

Cuando Freud (1900a [1899]*, pág 118), en los comienzos de su obra, defiende la tesis de que los sueños son interpretables, señala que la ciencia acuerda en considerar que "el sueño no es en absoluto un acto anímico, sino un proceso somático que se anuncia mediante ciertos signos en el aparato psíquico".

En 1915 escribe "Justificación del concepto de lo inconciente", y aborda allí la cuestión de si es posible aceptar la existencia de una vida psíquica que no sea conciente (Freud, 1915e*, pág 163-167).

Casi veinticinco años después retoma la misma discusión. Existe general acuerdo, dice Freud, en que los procesos concientes no forman series cerradas, sin lagunas, por esto se adopta el supuesto de unos procesos físicos o somáticos, concomitantes de lo psíquico, que forman series más completas, ya que algunos de ellos tienen procesos concientes paralelos y otros no (1940a [1938]*).

También señala Freud (1940b [1938]*, pág 285) que "La equiparación de lo psíquico con lo conciente tuvo la desagradable consecuencia de que los procesos psíquicos quedaran arrancados de la conexión del suceder universal".

Sin embargo, dice luego, "... era imposible dejar de ver ... que los fenómenos psíquicos dependen en alto grado de influencias corporales y que, a su vez, ejercen el mayor efecto sobre los procesos somáticos"; "... los filósofos tuvieron que aceptar ... que existirían procesos orgánicos paralelos a los psíquicos concientes, coordinados con estos de alguna manera difícilmente explicable ... Más esta solución fue siempre insatisfactoria".

Cuando Freud escribe esas palabras tiene ochenta y dos años y, tal como lo consigna Strachey, presentará, por última vez, sus ideas. En las palabras de Freud (1940a [1938]*, pág. 139)"su propósito ... es reunir los principios del psicoanálisis ... en los términos más inequívocos".

Expone, entonces, "la segunda hipótesis fundamental del psicoanálisis" (1940a [1938]*, pág. 156) el psicoanálisis "declara que esos procesos concomitantes presuntamente somáticos son lo psíquico genuino, y para hacerlo prescinde al comienzo de la cualidad de la conciencia".

En otras palabras: la segunda hipótesis fundamental del psicoanálisis afirma que, cuando lo psíquico inconciente se presenta a la conciencia privado del sentido que le otorga su integración en una cadena de significados, constituye lo que, desde la psicología de la conciencia, se categoriza como proceso somático. O también: llamamos somático a lo psíquico "genuino" cuando la significación que lo integra en una serie psíquica continua permanece inconciente.

Es difícil exagerar la importancia de esta hipótesis, porque no sólo nos demuestra que la interpretación de lo somático es el psicoanálisis, sino que revela una epistemología freudiana generalmente latente y distinta de la que se manifiesta en muchos de los conceptos con los que teoriza sus descubrimientos.

El Freud (1910i*) de "La perturbación psicógena de la visión ...", o el que sostiene la existencia de un representante psíquico de la excitación somática, es un Freud muy distinto del de la segunda hipótesis. En las dos primeras teorizaciones soma y psique son dos "realidades" que existen más allá de la conciencia, y en la última son categorías que la conciencia establece en su contacto con la "cosa en sí". Esa "cosa en sí", en tanto incognoscible, no puede ser categorizada, "en sí misma", como psíquica o como somática.

VII - El lenguaje de órgano en la sesión psicoanalítica

En tanto el lenguaje de órgano posee un significado inconciente, constituye un material a interpretar durante una sesión psicoanalítica.

Hemos visto ya que: se habla del órgano, se habla con el órgano, o es el órgano el que habla. Aunque el primer caso no constituye un lenguaje de órgano, lo lleva implícito, porque, en la ocasión concreta de una sesión psicoanalítica, un paciente habla de un órgano cuando ese órgano "le habla".

En el capítulo de la "Interpretación de los sueños" (1900 a [1899]*) titulado "Sobre la psicología de los procesos oníricos" en un párrafo que sufrió varias correcciones, Freud opone la realidad psíquica a la realidad material. Se trata de una distinción fundamental desde el comienzo de su obra, cuando surge el concepto de "signos de realidad objetiva" (1950a [1887-1902*]) hasta sus últimos escritos, donde esa distinción aparece asociada con la idea de una "desmentida de las percepciones" (1940a [1938]*).

En el "Complemento metapsicológico a la teoría de los sueños" (1917d [1915]*, pág. 231) señala que la diferencia entre el modo de defenderse de los estímulos del mundo y el modo que se utiliza contra la excitación que proviene de las pulsiones, se constituye en un signo distintivo de la realidad. Allí discrimina, además, en una nota al pie, entre "examen de la realidad" y "examen de la actualidad", aunque, lamentablemente, no vuelve a referirse al tema.

En el discurso verbal del paciente podemos distinguir tres tipos de referentes. Puede hablar de las cosas presentes, incluyendo entre ellas su cuerpo, que percibe en el mundo; puede hablar de sus sensaciones somáticas actuales o, también, de la ausencia de unas y otras, lo cual, en última instancia, es hablar de representaciones. Cuando se trata de un órgano sus representaciones pueden recorrer una gama muy amplia, que incluye tanto sus conocimientos acerca del órgano, como, por ejemplo, el relato de un sueño que se refiere a ese órgano.

Podemos decir que los tres referentes básicos del discurso, son también los referentes básicos de cualquier forma de lenguaje y, al mismo tiempo, el origen de todo lo que ingresa a la conciencia. Percepciones, sensaciones y representaciones, se integran de un modo generalmente inconciente para formar pensamientos, sentimientos e intenciones.

Las representaciones concientes "puras" son "ausencias" y "latencias", investiduras de huellas mnémicas que alcanzan la conciencia por su ligadura con restos mnémicos de la percepción, entre los cuales preponderan las representaciones-palabra.

Las sensaciones somáticas "puras" son descargas actuales que derivan de las claves inconcientes de inervación de los afectos y pueden alcanzar la conciencia, como ellos, sin necesidad de unirse con representaciones-palabra.

Las alteraciones corporales "puras", es decir, que no se acompañan de sensaciones somáticas asociadas, se producen cuando la descarga de las investiduras pulsionales que alteran el funcionamiento o la estructura del cuerpo se realiza de manera inconciente.

Las noticias de alteraciones en el mundo, y en el cuerpo, cuando llegan a través de los cinco sentidos, son presencias que dependen del "recorte" que la atención impone a las percepciones. Este recorte está determinado por representaciones que son investiduras específicas de las pulsiones inconcientes.

Cuando eso no ocurre, porque la alteración no se percibe, pueden sin embargo llegar como una información adquirida en el mundo por intermediación de representaciones preconcientes. Tal puede ser el caso, por ejemplo, de la información adquirida como diagnóstico médico.

 

En ambas situaciones, cuando una alteración somática "pura" alcanza la conciencia, lo hace bajo la forma de una percepción "exterior".

Las alteraciones somáticas "puras" (signos) y las sensaciones somáticas privadas de un significado afectivo (síntomas), son interpretadas, por el sujeto que las padece, como producto de una causa o influencia ajena.

En la sesión psicoanalítica los referentes básicos se manifiestan a través de cuatro vías:

1- El discurso verbal.

2- Otras formas de la percepción sensorial del analista, que le permiten descubrir signos tales como palidez, obesidad, humedad de la mano, etc.

3- El lenguaje no-verbal, al cual pertenecen tanto las connotaciones extrasistemáticas del lenguaje mismo, como el inmenso concierto de gestos, conductas y actitudes.

4- Los emergentes de la contratransferencia, la cual, en última instancia, constituye la verdadera usina en donde se genera la atribución de significado.

VIII - El lenguaje de órgano en la transferencia-contratransferencia

Cuando describe por primera vez la transferencia, Freud (1895d*) subraya su carácter de "enlace falso". El contenido del deseo inconciente que, durante el tratamiento, se hizo conciente, quedó enlazado, por la compulsión a asociar, con la persona de Freud, de la cual era lícito que la paciente se ocupara.

Poco tiempo después (1900a [1899]*) afirma, en términos metapsicológicos, que la representación inconciente, incapaz de devenir conciente, transfiere su intensidad sobre una representación preconciente que la encubre y que adquiere así una importancia inmerecida. En el historial de Dora (1905e [1901], págs. 654-655) describe las dificultades creadas por "la substitución de una persona anterior por la persona del médico".

Hay una transferencia, pues, de "falso enlace", que se produce, en un "presente atemporal", por el hecho de que la representación preconciente del psicoanalista es, entre todas las demás, la única que, durante el transcurso de la sesión, posee los signos de realidad que permiten diferenciar la percepción del recuerdo.

Hay, además, una neurosis de transferencia que contiene la historia de la relación con el analista, como entretejido de falsos enlaces y contactos "reales", ya que el analista también es, en alguna medida, un personaje real en la vida real del paciente.

El analista de la neurosis de transferencia funciona, en la sesión, de un modo análogo a como funcionan aquellos personajes del relato que son objeto de una transferencia intensa y actual, como por ejemplo, en el caso de Dora, el Sr. K.

Dado que la intensidad relativa de la transferencia en estos dos personajes (el analista y el Sr K.) varía, uno cualquiera de ellos puede, en el discurso del paciente, encubrir al otro.

Tanto la transferencia por falso enlace como la neurosis de transferencia, provienen, en lo esencial, de la transferencia de los complejos inconcientes infantiles reactivados por la regresión que el encuadre y la interpretación producen.

Es inevitable, sin embargo que, en condiciones normales, nuestro conocimiento de la realidad se obtenga mediante la transferencia de un significado extraído del conjunto de nuestras experiencias pasadas.

Aunque ese significado puede evolucionar liberándose cada vez más de sus componentes de compulsión a la repetición, sería inadecuado hablar, en ese caso, de una transferencia neurótica inicial, ya que constituye, como instrumento del conocimiento, un procedimiento normal. Es la transferencia que configura la alianza terapéutica con el psicoanalista y que interviene en el mantenimiento de un encuadre adecuado.

Las posibilidades que ofrece la contratransferencia como instrumento técnico fueron profundamente estudiadas por Racker (1957a), aunque los antecedentes ya se encuentran en Freud, quien no sólo escribe (1912e, pág 115 ) "... lo inconciente del médico se habilita para restablecer, desde los retoños a él comunicados desde lo inconciente, esto inconciente mismo que ha determinado las ocurrencias del enfermo", sino que también legitima la utilización de las ocurrencias del psicoanalista precisamente en los casos en que el paciente nada asocia frente a determinados elementos del sueño (1916-1917 [1915-1917]*).

Desde el punto de vista metapsicológico la contratransferencia es una transferencia y, por lo tanto, valen para ella las consideraciones que, acerca de la transferencia, realizamos. Nos encontramos, pues, con una contratransferencia "falso enlace", una neurosis de contratransferencia y una contratransferencia que es un instrumento, en el psicoanalista, que le permite interpretar lo inconciente reprimido en el paciente.

El mérito de Racker consiste en haber demostrado que también las dos primeras formas de contratransferencia pueden ser convertidas en un instrumento técnico mediante una labor adecuada.

En cuanto a la manera en que el lenguaje de órgano se manifiesta en la transferencia-contratransferencia podemos decir lo siguiente:

1- Las representaciones concientes "puras", que son "ausencias", tienden a transferirse sobre los personajes del relato del paciente, entre los cuales se cuenta el analista objeto de la neurosis de transferencia.

2- Las sensaciones somáticas, por su carácter de actualidad, tienden a transferirse, en el presente atemporal de la sesión, como un falso enlace con el objeto "que está allí", excitando los signos de realidad.

3- La enfermedad somática "pura", privada de sensaciones somáticas, se constituye de acuerdo con el principio de que aquello rechazado y proyectado sobre el mundo retorna como percepción exterior (Freud, 1896b*; 1918b [1914*]). Se manifiesta. pues, como una alteración objetiva (signos) que el paciente percibe o ignora. Por este motivo la enfermedad somática tiende a presentarse en la transferencia-contratransferencia como una alteración del encuadre, como una distorsión particular y específica de la alianza terapéutica y del contacto con el analista "real".

Tanto en el caso de los síntomas (sensaciones) como en el de los signos (percepciones), para que el órgano "hable", es necesario que el psicoanalista pueda "contraparticipar en la conversación" a partir de la conciencia de su contratransferencia, teñida con la especificidad que cada uno de los órganos, y cada uno de los trastornos, le impone.

En el caso de las sensaciones somáticas su tarea se acerca más a los postulados de la técnica habitual, pero cuando se trata de alteraciones somáticas "puras", deberá recurrir (de manera análoga a lo que sucede en la situación planteada por los símbolos universales en el fenómeno onírico) a su conocimiento de las "fantasías de órgano".

Sin embargo, durante el ejercicio cotidiano de su práctica clínica, deberá conformarse, la mayoría de las veces, con limitar su interpretación al terreno de las resignificaciones secundarias que revisten a tales fantasías.

Resumen

El término alemán sprache, lo mismo que su equivalente inglés, speech, condensa los significados de "código" y "habla", incluidos en el vocablo castellano "lenguaje" y en sus equivalentes francés e italiano. Con la palabra "código" aludimos a un sistema de signos que pueden, o no, ser verbales, y con el término "habla" nos referimos al acto particular mediante el cual se ejerce ese sistema.

La expresión "Organsprache" es utilizada por Freud, por única vez, en su trabajo de 1915 acerca de lo inconciente. Allí señala que el dicho esquizofrénico deviene lenguaje de órgano porque adquiere (por obra de una sensación somática) un "sesgo hipocondríaco".

El término "Organsprache" alude, por lo tanto, inequívocamente, a una clase particular de sprache, o lenguaje, aquel que se ejerce con los órganos o, también, aquel que los órganos ejercen.

Los órganos pueden, entonces, como los "síntomas" histéricos, (Freud, 1895d*, 1896b*, (1918b [1914*]) "intervenir en la conversación" (mitsprechen), mediante los síntomas y signos que derivan de sus alteraciones.

Freud (1895d*) señala que la histeria restablece, para sus inervaciones más intensas, el sentido originario de la palabra, cuando vuelve a animar aquellas sensaciones somáticas a las cuales debe su justificación la expresión lingüística, y concluye afirmando que el síntoma histérico quizás no haya tomado al uso lingüístico como arquetipo, sino que se alimenta junto con él de una fuente común.

Sostiene (1905d*, 1915c*) que pueden funcionar como zonas erógenas "todos y cada uno de los órganos", es decir no sólo la piel y las mucosas, sino también los órganos internos, y que el examen de las metas de la pulsión nos permite deducir su fuente. Podemos deducir entonces que la fuente común a la cual alude el párrafo anterior, es, en la teoría psicoanalítica, una zona erógena.

La excitación, cualitativamente diferenciada, que deriva de esa zona erógena posee la capacidad de alcanzar la conciencia como sensaciones somáticas particulares y determinadas (disfagia, por ejemplo) o como investiduras específicas de las representaciones-palabra preconcientes que constituyen al giro lingüístico (en el ejemplo citado: "tener que tragarse" un ultraje).

Notas

(*) El presente texto corresponde a la participación del Dr. Luis Chiozza en el seminario sobre "Organsprache", que se desarrolló en Roma, en el Instituto Superiore di Sanitá, organizado por el Gruppo Di Ricerca en Psicosomática de Peruggia, en homenaje al "XXXVI Congreso Internacional de Psicoanálisis", el 28 y 29 de julio de 1989. En ese seminario los Dres. Luis Chiozza y André Green, luego de exponer sendas introducciones al tema, mantuvieron un diálogo que se prolongó durante las dos jornadas. Tres años después, en 1992, Alianza Editorial de Argentina publicó las introducciones y el diálogo en el libro Diálogo psicoanalítico sobre psicosomática, y seis años después la Segunda Edición, Diálogo psicoanalítico sobre psicosomática, Luis Chiozza y André Green, Alianza Editorial, Buenos Aires, 1998.

(72) Freud afirma que "... aunque para la pulsión lo absolutamente decisivo es su origen en la fuente somática, dentro de la vida anímica no nos es conocida de otro modo que por sus metas, [...]. Muchas veces puede inferirse retrospectivamente con certeza las fuentes de la pulsión a partir de sus metas" (Freud, 1915c*, pág. 119).

(73) Uno de los ejemplos más comunes de estas relaciones es la que existe entre sonrojarse y la vergüenza, que está orgánicamente determinada y por lo tanto es universalmente compartida

(74) "Al tomar literalmente la expresión lingüística, al sentir "la espina en el corazón" o la "bofetada" a raíz apóstrofe hiriente como un episodio real, ella no incurre en abuso de ingenio (witzig), sino que vuelve a animar sensaciones a que la expresión lingüística debe su justificación ¿Cómo habríamos dado en decir, respecto del afrentado, que "eso le clavó una espina en el corazón" si la afrenta no fuese acompañada de hecho por una sensación precordial interpretable de ese modo y se la reconociera en ésta? ¿y no es de todo punto verosímil que el giro "tragarse algo", aplicado a un ultraje al que no se replica, se deba de hecho a las sensaciones de inervación que sobrevienen en la garganta cuando uno se deniega el decir, se impide la reacción frente al ultraje? Todas estas sensaciones e inervaciones pertenecen a la "expresión de las emociones, que, como nos lo ha enseñado Darwin (1872) consiste en operaciones en su origen provistas de sentido y acordes a un fin; por más que hoy se encuentren en la mayoría de los casos debilitadas a punto tal que su expresión lingüística nos parezca una transferencia figural, es arto probable que todo eso se entendiera antaño literalmente, y la histeria acierta cuando restablece para sus inervaciones más intensas el sentido originario de la palabra. Y hasta puede ser incorrecto decir que se crea esas sensaciones mediante simbolización; quizá no haya tomado al uso lingüístico como arquetipo sino que se alimenta junto con el de una fuente común" (Freud, 1895d*, pág. 193).

(75) "... al parecer, pueden actuar en calidad de [zonas erógenas] todo lugar de la piel y cualquier órgano de los sentidos (y probablemente cualquier órgano); no obstante, existen ciertas zonas erógenas privilegiadas cuya excitación estaría asegurada desde el comienzo por ciertos dispositivos orgánicos. Además, se genera una excitación sexual, por así decir como producto secundario, a raíz de una gran serie de procesos que tienen lugar en el organismo tan pronto alcanzan cierta intensidad... " (Freud, 1905d*, pág. 212).

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