Gustavo L. Chiozza
Apendice
LO INCONSCIENTE Y LO DES-CONOCIDO 1
Dos formas de malentendido:
En 1998, estudiando 2 el tema del malentendido en la obra de Chiozza, noté que el autor utiliza el concepto de malentendido en dos sentidos distintos. Según uno de ellos, el malentendido es una forma de la defensa equiparable a la represión; sostiene Chiozza que la resistencia, que metapsicológicamente describimos como "sustracción de investidura" y "contrainvestidura" (represión), no es otra cosa que lo que metahistóricamente llamamos malentendido (1983e, pág. 273; 1986c, pág. 94). Esta forma de malentendido, continúa el autor, suele presentarse de tres distintas maneras 3 que ejemplifica como respuestas de un supuesto paciente a la interpretación del analista: un erróneo " ya lo sé", un erróneo "no es así" y un erróneo "ah, bueno" (Chiozza, 1983e, pág. 273-4). También sostiene que aquello que, privilegiando su carácter afectivo (lo cardíaco) llamamos malentendido, encuentra en la paradoja y en la falacia equivalentes en los que se enfatiza, respectivamente, el pensamiento (lo cerebral) y la acción (lo hepático) (Chiozza, 1983e)4.
Según el otro sentido, el malentendido es considerado como inherente a toda forma de comunicación, situación que Chiozza compara con La Torre de Babel 5 (1983e, pág. 270; 1986c, pág. 86). En un ejemplo grotesco, si yo digo "madre hay una sola", el referente de la palabra "madre" es, para mí, la mía, mientras que para cada uno de los que me escucha el referente será, en cambio, la propia. Así, unos pensarán que me refiero a una injusticia; otros, a una compensación 6.
A los fines de enfatizar esta diferencia me parece apropiado llamar malentendido primario a aquel inevitable, presente en toda comunicación y malentendido secundario a aquel otro, defensivo y evitable, que surge a los fines de defender una fantasía optativa (designación que, naturalmente, puede hacerse extensiva a la paradoja y a la falacia).
Malentendido y represión:
Dado que para Chiozza el malentendido es el equivalente metahistórico de la resistencia (exteriorización clínica de la represión) (1983e, pág. 273) parece adecuado hacer corresponder la distinción que hemos hecho con aquella otra que hace Freud (1915d*) entre represión primaria (o primordial) y represión secundaria (o propiamente dicha).
Para Freud la represión secundaria actúa sustrayendo investidura a las representaciones de suerte que estas no pueden permanecer en la conciencia; en otras palabras, lo que solemos llamar "restar importancia". Sin embargo este mecanismo debe complementarse con otro, a fin de que la representación permanezca inconciente. Ese otro mecanismo es la contrainvestidura, es decir, anteponer otro sentido a fin de que el primero no adquiera "importancia". Tanto este "contrasentido" (el erróneo "ah, bueno" o el erróneo "no es así") como aquel "restar importancia" (el erróneo "ya lo sé") 7 son ya un malentendido.
Sin embargo, afirma Freud que «la represión no es un mecanismo de defensa presente desde el origen; no puede engendrarse antes que se haya establecido una separación nítida entre actividad conciente y actividad inconciente del alma» (1915d*, pág.142), por lo tanto se ve forzado «a suponer una represión primordial, una primera fase de la represión» (ibid., pág. 143). Está última sería la responsable de la separación entre los sistemas Incc y Prcc; de que la representación permanezca inmutable y de la fijación, según la cual la pulsión se liga a la represen tación (1915d*, pág. 143). Dado que en la represión primordial no podría llevarse a cabo la sustracción de investidura (esfuerzo de dar caza), su modus operandi es la contrainvestidura «con la cual el sistema Prcc se protege contra el asedio de la representación inconciente» (1915e*, pág. 178).
El concepto de represión primordial alude, entonces a algo constitutivo cuyo origen sólo podría ubicarse en "un hipotético instante primitivo"; esto, sumado a lo dicho por Freud acerca de la fijación, induce a que nos representemos excesivamente a la represión primordial como algo "ya ocurrido"; de una vez y para siempre; inaccesible a las posibilidades del tratamiento psicoanalítico. Creo que a la luz de los conceptos de Chiozza sobre el malentendido, este malentendido se deshace. (Aunque lo dicho parezca una paradoja... no es una falacia!)
¿Qué significa "contrainvestidura" en este contexto? Que, incluso más allá de toda intención defensiva, no se puede estar en dos sitios al mismo tiempo (por ponerlo en una metáfora tópica); que sólo podemos atender a una cosa a la vez, y por lo tanto las demás quedaran "desatendidas" (reprimidas) por la misma atención que dispensamos a lo que estamos haciendo. Lo inconciente es inherente a la "mono-disponibilidad" de la conciencia; atender implica necesariamente desatender (sin segundas intenciones).
Lo que comienza por ser descriptivo termina por ser también dinámico, dado que esta misma "monodisponibilidad" implica, un recorte inevitable, subjetivo y parcial, que marca una diferencia insalvable entre "la cosa en sí" y "la cosa en mí". A esta diferencia alude Freud cuando sostiene que mientras que la representación de cosa (inconciente) es "abierta", la representación palabra (preconciente) es "cerrada". Territorio versus mapa, como sostiene Chiozza, tomando la metáfora de Korzybski 8.
Pero si bien es cierto que el malentendido está presente en toda forma de comunicación (o conocimiento) y es, por lo tanto inevitable, eso no significa que la proporción en que se presenta no pueda variarse. Así, el objetivo del tratamiento psicoanalítico no se restringe a rescatar para la conciencia aquello que una vez fue conciente y ahora está reprimido 9; no menos importante es la tarea de ampliar los contextos de significación inaugurando, para la conciencia, significados nuevos 10. Este progreso, que implica como conquista, ganar para la conciencia contenidos del inconciente, es aquello a lo que se refería Freud cuando definía la meta del tratamiento psicoanalítico diciendo «Donde Ello era, Yo debo devenir» (Freud, 1933a [1932]*, pág. 74). (Distinto a llenar las lagunas mnémicas.)
"Ser tonto" y "hacerse el tonto":
Una lograda metáfora para la comparación entre el inconciente, sede de las pasiones donde ninguna representación perece, y la conciencia, con su "monodisponibilidad" imprescindible para el pensamiento y la acción, es decir que mientras que, para la conciencia, el inconciente es loco, para el inconciente, la conciencia es tonta (Chiozza, 1995l [1989]).
Sin embargo esta "tontería" inherente a la conciencia puede ser artificialmente aumentada cuando, a los fines defensivos, se sustraen representaciones que ya eran concientes (represión propiamente dicha o malentendido secundario); es decir, se las "desaloja" de la conciencia.
No siempre resultará fácil determinar a priori si, en un caso particular, se trata de malentendido primario o secundario; a posteriori, cuando la represión se levanta, el paciente experimentará la conciencia de algo nuevo, en el primer caso, o bien de algo que siempre supo pero prefirió ignorar, en el caso de la represión secundaria.
Así, mientras que para Klein, al principio, el bebé no se halla en condiciones evolutivas para percibir objetos totales (es decir, "es tonto"), para Chiozza esta incapacidad es secundaria y defensiva (es decir, "se hace el tonto"). Al mismo tiempo, Chiozza al referirse al falso privilegio del padre en el complejo de Edipo, considera, por un lado, una incapacidad evolutiva para discriminar las dos funciones que cumple un mismo objeto en distintos vínculos (madre/esposa), y por el otro, las fantasías optativas en las que radica el deseo de mantener el malentendido del falso privilegio del padre 11 (Chiozza, 1977b; 1983e , pág. 276).
No obstante esta separación entre malentendido primario y secundario (que creo útil) no debemos desatender el "funcionamiento" conjunto de ambos. «Se comete un error cuando se destaca con exclusividad la repulsión que se ejerce desde lo conciente sobre lo que ha de reprimirse. En igual medida debe tenerse en cuenta la atracción que lo reprimido primordial ejerce sobre todo aquello con lo que puede ponerse en conexión. Probablemente, la tendencia a la represión no alcanzaría su propósito si estas fuerzas {atracción y repulsión} no cooperasen, si no existiese algo reprimido desde antes, presto a recoger lo repelido por lo conciente» (Freud, 1915d*, pág. 143). En otras palabras, cuando un significado resulta insoportablemente conflictivo para la conciencia es porque ese conflicto "asienta" sobre un contexto de significación anterior, que contiene ya un malentendido inconciente. (Al fin y al cabo, hacerse el tonto es una tontería como dramáticamente se ve en el caso del avestruz).
Sólo podemos restituir a la conciencia un significado desalojado cuando al mismo tiempo modificamos los motivos de aquel desalojo 12. Isabel sabía de su deseo por su cuñado, pero prefirió ignorarlo (represión secundaria); lo que, "sin saber", ignoraba es que ese deseo le resultaba tan censurable por "confundirlo" con sus deseos edípicos (malentendido primario). Lo que ignoraba la llevó a querer ignorar lo que sabía.
Lo inconciente y lo des-conocido:
Para completar el recorrido que hemos realizado, a partir del concepto de male ntendido, faltaría ocuparnos, brevemente de la diferencia que hace Freud entre lo inconciente reprimido y lo inconciente no-reprimido (no-"secundariamente" reprimido, se entiende).
El malentendido primario nos separa de lo que es inconciente 13 mientras que recurrimos al malentendido secundario para no reencontrarnos con lo que ha sido des-conocido 14. El malentendido primario constituye, entonces, un límite natural e inevitable que obedece a "la forma en la que estamos construidos" 15. El malentendido secundario, en cambio, constituye la mejor solución que hemos encontrado, atenazados por un malentendido primario que opera como contexto de significación.
Del mismo modo podemos establecer una diferencia entre una culpa primaria por aquello que escapa a las posibilidades del yo, y una culpa secundaria por acciones u omisiones que surgen de una fantasía optativa 16.
Utilizando este mismo modelo podemos también distinguir, por un lado, una nostalgia y un anhelo secundarios, que surgen defensivamente como una huida (hacia el pasado o hacia el futuro) del presente actual donde deben satisfacerse los deseos (Chiozza, 1981c). Por el otro, una nostalgia y un anhelo primarios, que surgen del hecho mismo de que pasado y futuro están ya implícitos en la idea de recuerdo y deseo. Del mismo modo, cuando nos proponemos trabajar "sin memoria ni deseo" nos referimos a no evitar, contrarresistencialmente, el encuentro genuino en el instante presente; sin embargo, "primariamente" hablando, en sentido estricto, sin memoria (recuerdo) no hay percepción y sin deseo no hay atención.
Nuestro conocimiento es incompleto, parcial y deformado por el mismo proceso de conocer; no obstante podemos asumir auténticamente nuestras creencias a sabiendas de que se estructuran, inevitablemente, sobre un malentendido primario. Pero también podemos incurrir en la falsedad de distorsionar las cosas acorde a nuestros deseos (Chiozza, 1980e). Incurrimos entonces en un malentendido secundario y nos hacemos merecedores de la sentencia de Freud: «Está por verse si llegará en la vida a algo más que a la hipocresía o a la inhibición quien (...) pretenda ser "mejor" de lo que ha sido creado» (1925i* pág. 136).
Notas
1 El texto del presente capítulo pertenece a un trabajo presentado en el Simposio 2000 de la FUNDACIÓN LUIS CHIOZZA, realizado en los días 14 y 15 de enero de 2000.
2 Con motivo de una presentación centrada en el concepto de malentendido en la obra de Chiozza, realizada en el Instituto de Docencia e Investigación de la FUNDACIÓN LUIS CHIOZZA el 17 de Julio de 1998.
3 Para ser exactos, Chiozza se refiere a «tres formas principales del malentendido» (ibid., pág. 273); sin embargo, no deben confundirse con las dos formas a las que se refiere este apartado. Luego introduciré otros términos que, confío, aclararán mejor los distintos conceptos.
4 «El yo es un conjunto coherente de pre-juicios (Freud, 1950a [1887-1902]*) que, desde un punto de vista metahistórico, son temáticas o significados recurrentes. Podemos encontrar en este conjunto algunos núcleos de cristalización que, iluminados desde un ángulo particular, se manifiestan como malentendidos, o, desde otro ángulo, como paradojas y falacias» (Chiozza,1983e, pág. 274).
5 «La Torre de Babel no sólo es un símbolo que alude a las distintas lenguas, sino ante todo a ese retículo inabarcable de la vida inconciente, frente a la cual cada ser humano tiene su "idioma" propio y su propio motivo de discordia» (Chiozza, 1983e, pág. 272)
6 La representación del objeto se construye a partir de una experiencia subjetiva, de modo que objeto y sujeto o percepción y sensación son dos caras de un mismo fenómeno: la conciencia ("Acerca de las relaciones entre presencia, ausencia, actualidad y latencia", Chiozza, G. 1999, trabajo presentado en la FUNDACIÓN LUIS CHIOZZA el 3 de Diciembre de 1999).
7 Sostiene Freud que «es muy posible que precisamente la investidura sustraída de la representación se aplique a la contrainvestidura» (1915e *, pág. 178).
8 «Según lo ha señalado Bateson (1972), basándose en ideas de Korzybski, los conceptos, las imágenes, los pensamientos o las concepciones que poseemos acerca de la llamada realidad, poseen con esta realidad el mismo tipo de relación que posee un mapa con el territorio al cual se refiere. Una teoría es un mapa» (Chiozza, 1983c [1982], pág. 249).
9 Como se ocupa de subrayar Molteni, Freud afirma que el primer movimiento de la represión (secundaria) es siempre voluntario; en otras palabras es, justamente, un esfuerzo de desalojo. (Molteni, María Estela Bruzzon de, 1993 "Acerca de la Voluntad", trabajo presentado en la Fundación LUIS CHIOZZA).
10 Veamos algunas afirmaciones de Chiozza que abonan este sentido: «El analista encuentra la interpretación acertada cuando logra integrar los sentidos contradictorios del paciente en un nuevo sentido que trasciende el conflicto anterior ampliando la significación» (1983e, pág. 272). «Interpretaciones tales como la del significado específico de los trastornos somáticos, trascienden el ámbito propio de la interpretación psicoanalítica de los complejos infantiles reprimidos y representa un cambio epistemológico...» (Chiozza, 1980e, pág. 192).
11 «La capacidad para distinguir en esa mujer dos personas distintas, dos objetos (la madre y la esposa) que derivan del ejercicio de funciones diferentes en el triángulo edípico, es una adquisición que depende de la posibilidad de construir una estructura eidética entretejiendo los datos de la percepción sensorial actual con el recuerdo, para estructurar la imagen de una persona como producto de un vínculo. Al ser esta capacidad una adquisición compleja y tardía, resulta especialmente vulnerable a los ataques que, al servicio de las fantasías optativas, condicionan la regresión del pensamiento» (Chiozza, 1977b; 1983e, pág. 276).
12 Freud (1915d*; 1915e*) sostiene, como vimos, que la represión secundaria opera mediante la "sustracción de investidura" y la "contrainvestidura"; la primera (esfuerzo de dar caza) desaloja de la conciencia y la segunda mantiene la representación fuera de ella. La represión primordial sólo utiliza la "contrainvestidura". Si pensamos en las fuerzas de atracción y repulsión a las que se refiere Freud, podemos decir que la "contrainvestidura" de la represión secundaria, que mantiene a la representación fuera de la conciencia, no necesariamente debe ser "otra" que la "contrainvestidura" de la represión primordial; en otras palabras, el malentendido primario que, como contexto de significación, genera el malentendido secundario. Llenar las lagunas mnémicas, implica también, al menos en parte, un devenir Yo donde Ello era.
13 Si el malentendido primario separa lo inconciente de la conciencia, entonces separa también el proceso primario del secundario. En otras palabras el proceso secundario es una versión "malentendida" del proceso primario. A partir de aquí, podemos ver en el proceso terciario (Chiozza, 1970j [1968]) (el "como si" al que también pertenecen la transferencia, el teatro y el juego) aquella posibilidad de progreso consistente en ampliar el contexto de significación. Deshacer un malentendido primario sustituyéndolo por otro mejor.
14 Evidentemente ambos términos significan lo mismo; in-conciente significa "no conocido" y no es necesario decir lo que ya sabemos sobre la negación como mecanismo de defensa. El mismo hecho de que no exista un término que, sin hacer uso de alguna forma de negación, designe aquello que escapa al conocimiento de la conciencia, ilustra aquello que queremos significar con el concepto de malentendido primario. Luego de algunas dudas me resolví por utilizar, para designar aquello que resulta de la represión secundaria, el término "des-conocido" (enfatizando su significado con el guión); como en la frase "si haces eso ya no eres mi hijo, te desconozco". Si bien "afectivamente", como psicoanalistas, emparentamos "lo inconciente" con lo reprimido y permanecemos más "neutros" frente al término "desconocido", me pareció más adecuado reservar el término "inconciente" para lo inconciente no-reprimido privilegiando el sentido privativo de la partícula "in" por sobre el de negación. De todos modos, ningún argumento, ni a favor ni en contra, me resulta del todo contundente.
15 «El supuesto psicoanalítico de la actividad anímica inconciente nos aparece (...) como una continuación de la enmienda que Kant introdujo en nuestra manera de concebir la percepción exterior. Así como Kant nos alertó para que no juzgásemos a la percepción como idéntica a lo percibido incognoscible, descuidando el condicionamiento subjetivo de ella, así el psicoanálisis nos advierte que no hemos de sustituir el proceso psíquico inconciente, que es el objeto de la conciencia, por la percepción que esta hace de él» (Freud, 1915e*, pág. 167).
16 Como suele ejemplificar Chiozza en sus seminarios (si no lo he entendido mal), cuando tengo al mismo tiempo dos compromisos de igual importancia y sólo puedo asistir a uno incurro en un tipo de culpa que es distinto al caso de no asistir a un compromiso pudiendo haberlo hecho. Vivir es elegir; elegir es renunciar y esto implica una falta primaria.