Dr. Luis Chiozza
Capítulo I
EL TRECHO DEL DICHO AL
HECHO
Introducción al estudio de las relaciones entre presencia,
transferencia e historia1
La neuralgia de Dora
Freud afirma que la pretendida neuralgia facial de Dora era un modo de autocastigo, de remordimiento por la bofetada propinada a K y por la transferencia sobre Freud de los sentimientos de venganza extraídos de aquella situación (FREUD, S., 1905e [1901). Si analizamos a la luz de la metapsicología las afirmaciones implícitas en esta postulación de Freud nos encontramos con una complicada red de implicaciones teóricas. Una parte de esa reconstituye lo que en los comienzos del psicoanálisis fue denominado un "complejo". Vale la pena recorrerla, pausadamente, en varios puntos sucesivos..
1) El dolor en la cara corresponde a una descarga que, en un sentido amplio, tal como lo sostiene Freud en Inhibición, síntoma y angustia, constituye un afecto (FREUD, S., 1926d [1925]; CHIOZZA, L. 1976c[1974]).
2) El deseo de castigo se realiza en esta descarga que, como tal, posee el componente de acción motora que corresponde al afecto (FREUD, S., 1915e; CHIOZZA, L., 1976c [1974]).
3) El remordimiento es una representación oral utilizada por Freud para referirse a otro afecto, el sentimiento de culpabilidad, que permanece inconciente, como disposición latente (FREUD, S., 1915e), porque se realiza o descarga a través del dolor sustituto gracias a la vinculación preformada, existente como fantasía compleja, entre culpacastigoexpiación por un lado y castigodolor por el otro.
4) La bofetada propinada a K constituye ahora un recuerdo de Freud acerca de algunos conocimientos que le proporcionó el tratamiento de Dora, y, por lo tanto, una idea reprimida por Dora que proporciona una clave de inervación afectiva (FREUD, S., 1900a [1899]; CHIOZZA, L., 1976c [1974]) y determina de este modo la localización del dolor. Acabamos así de comprender "por qué precisamente aquí" (WEIZSAECKER, V., 1947), en ese lugar del cuerpo y no en otro.
5) Los sentimientos de venganza que Dora experimentó hacia el Sr. K y que la condujeron a propinarle la bofetada, aparecieron como producto de un complicado desarrollo, cuya descripción exigiría repetir la mayoría de las incidencias consignadas en el historial. Nos basta con señalar que provenían del sufrimiento asociado a la frustración de los deseos de Dora, y que, por lo tanto, esos sentimientos de venganza fueron reprimidos, porque su conciencia se hubiera acompañado de la conciencia displacentera de esos deseos y de esa frustración.
6) Los sentimientos de venganza reprimidos, en lugar de ser recordados durante el tratamiento, fueron "repetidos" de manera inconciente (FREUD, S., 1914g), me diante la transferencia sobre la persona de Freud. Para expresarlo con más claridad, debemos señalar que tales sentimientos inconcientemente adheridos a la figura de K fueron transferidos sobre la representación preconciente de Freud, porque en el momento en que amenazaban hacerse concientes por obra del tratamiento, Freud era la única persona que estaba allí, es decir, la única persona cuya representación preconciente poseía en ese instante los "signos de realidad objetiva" que diferencian a la percepción del recuerdo (FREUD 1950a [18871902]*, pág. 370, CHIOZZA, L., 1970k [1968]). Sabemos que dicha transferencia fue inmediatamente reprimida y permaneció desde entonces inconciente, ya que Freud comprendió sus vicisitudes cuando Dora ya había abandonado el tratamiento. Esta transferencia inconciente formó parte desde entonces del "complejo" asociativo que estamos describiendo.
7) Las noticias que Dora leyó en el periódico acerca del nombramiento de Freud como profesor (FREUD, S., 1905 e [1901]), hecho que debió ser interpretado como auspicioso y placentero para él, reactivaron en Dora los sentimientos de venganza, y con ellos todo el "complejo" agresiónculpacastigo consiguiente, del cual la "neuralgia facial" es su resultante transaccional. Esta noticia, como factor eficaz específico desencadenante, determina el momento de aparición del dolor. Podemos comprender de este modo el "por qué precisamente ahora" (WEIZSAECKER, V., 1947) y no antes o después.
8) Mientras que la idea original que constituye el "complejo" permanece inmodificada como actualidad en el inconciente de Dora, el afecto original "desaparece", es decir, sólo permanece como disposición latente "contenida" en la idea inconciente (CHIOZZA, L., 1976c [1974]) y queda totalmente substituido o derivado por su transformación actual en la neuralgia facial.
9) El dolor facial penetra en la conciencia de Dora asociado a ideas preconcientes distintas (CHIOZZA, L., 1974d) ("neuralgia", tal vez "a frigore", traumática, infecciosa, etc.) de la idea inconciente original, pero tales ideas son derivados más o menos lejanos de dicha idea inconciente que se constituyen mediante la transferencia de los impulsos reprimidos sobre distintas representaciones preconcientes. Son derivados lo suficientemente "cercanos", o específicos, como para satisfacer la descarga, y suficientemente lejanos como para mantener reprimido al "contenido" del complejo original.
10) También en el preconciente de Freud determinadas representaciones reciben la transferencia (contratransferencia) de ideas inconcientes distintas que continúan reprimidas y son reactivadas mediante su contacto con Dora y con la transferencia que ella realiza (CHIOZZA, L., 1970k [1968]). Por ejemplo, Freud recuerda de pronto las noticias del periódico y "se le ocurre" que Dora debe haberlas leído. A partir de esta ocurrencia completa su interpretación de la neuralgia.
11) Las ideas que permanecen inconcientes en Freud, y que fueron reactivadas por el contacto con Dora, constituyen el "receptor" inconciente con el cual se capta lo inconciente del paciente (FREUD, S., 1912e), o "el arpa" que resuena de manera acorde con él (RACKER, E., 1957a). Vemos, por ejemplo, porque el mismo Freud lo consigna, que ante la neuralgia de Dora Freud "no puede reprimir una sonrisa" (FREUD, S., 1905e [1901]), y no es aventurado suponer que esta sonrisa de Freud se halla sostenida, desde lo inconciente, por la reactivación de la satisfacción que el niño experimenta frente al pecho gratificante, en la relajación de las mejillas que sobreviene después haber mamado. Si prosiguiéramos con este análisis veríamos que Freud intenta reprimir esta sonrisa por los sentimientos de culpa que experimenta frente a su satisfacción, porque inconcientemente la equipara con el triunfo y con su propia venganza ante el abandono de Dora. Encontramos que el contacto con Dora reactiva en Freud un "complejo" asociativo similar al de Dora.
12) Es a través de la asociación preconciente con estos derivados que surge la interpretación en el sistema concientepreconciente de Freud, acerca de la situación de Dora (CHIOZZA, L., y colab., 1970a [1966].
13) De más está decir que tal interpretación no constituye un producto de "la deducción a partir de la contratransferencia", ni creemos que lo ideal sea el que durante el trabajo psicoanalítico suceda de ese modo, sino como producto espontáneo de una labor que se realiza de manera inconciente (CHIOZZA, L. y colab., 1970a [1966].
14) La organización conceptual que, acerca de la situación de Dora, detallamos, pertenece al sistema concientepreconciente de Freud, y constituye un descubrimiento acerca de Dora que puede ser "contagiado" a esta última mediante la comunicación verbal. Esto equivale a decir que la comunicación verbal que denominamos interpretación tiende a vencer la represión, a modificar la transferencia y la descarga afectiva, puesto que el hacer verdaderamente partícipe a Dora del descubrimiento de Freud sólo puede ser realizado a través de dichos procesos.
15) Si admitimos que la transferencia de Dora codetermina la contratransferencia de Freud, debemos admitir ahora que un cambio en la contratransferencia de Freud tenderá a modificar la transferencia de Dora mediante un proceso análogo, y que esta modificación actuará sobre la represión y la descarga afectiva. Este proceso se produce a través de la influencia directa que trasciende a la interpretación verbal aunque no la sustituye. La palabra tampoco puede sustituir por sí sola a esta influencia que constituye la esencia de la terapéutica (CHIOZZA, L., 1970k [1968]). Sin embargo, el campo de acción del pensamiento verbal se demuestra privilegiado en su eficacia para la mutación de la contratransferencia (CHIOZZA, L., 1970k [1968]; 1972b).
Entre el hacer y el decir
En la complicada red de nociones teóricas implícitas en la afirmación de Freud con la cual comenzamos nuestro trabajo, hemos ido recorriendo una línea conceptual de manera similar a como marcamos con un lápiz un determinado trayecto en el dibujo de un laberinto. Trataremos de ver ahora cuáles son los puntos que reclaman nuestra atención en la contemplación panorámica de ese trayecto.
1) El dolor es el producto de una idea inconciente o clave de inervación que constituye la "puerta de entrada" al suceso que se registra como somático. Esta afirmación queda avalada por lo que Freud establece acerca del mecanismo de producción de los fenómenos histéricos (FREUD, S., 1895d).
2) En esta clave de inervación inconciente participa un suceso que se realizó como acto materialmente ejecutado y sensorialmente percibido (la bofetada que explica la localización) y otro suceso que se realizó en el terreno de la idea sobre la representación preconciente que Dora poseía acerca de Freud y fue vivenciado (la transferencia que explica el momento de aparición).
3) Surge con claridad de lo anterior, dado que la transferencia participa en la producción del síntoma, que la transferencia también se manifiesta en los síntomas y no sólo a través del lenguaje.
4) Afirmando esto mismo desde otro ángulo diremos que si bien todo lenguaje verbal, en cuanto constituye una carga de representaciones preconcientes a partir de representaciones inconcientes, es transferencia, no toda transferencia se realiza o manifiesta como lenguaje verbal. Es claro que podría afirmarse que esta transferencia fue en su origen realizada sobre una representación cuyo epifenómeno se hallaba constituido por la palabra "Freud", pero veamos a qué nos conduce una nueva contemplación del panorama.
En todo el desarrollo teórico freudiano se halla implícita o explícita la existencia de dos realidades; una sensorialmente percibida, a la cual pertenecen las nociones de acto, descarga, materia y cosa, y la otra, vivenciada, a la cual pertenecen las nociones del recuerdo, afecto, idea y significado (CHIOZZA, L., 1976h). Existe por lo tanto una presenciaenausencia de la cualidad sensorial. La presencia en el recuerdo, la de la imagen, la representación, el símbolo o la palabra que, como es el caso de "pan", por ejemplo, evoca, alude, conjura o determina la presencia sensorial de la cosa comestible, mientras que permanece ella, en sí misma, incomestible.
La capacidad que posee el psicoanálisis (y no sólo el psicoanálisis sino también el espíritu humano en su conjunto) para cambiar la realidad material, no depende solamente de la posibilidad de materializar las ideas sino también de la posibilidad de "idealizar" a la materia.
El mundo de las ideas, que es el mundo del valor, de la importancia y del significado, es también el mundo de la historia y de la palabra. (Siempre que aclaremos que no entendemos por historia una multitud de sucesos ordenados en una secuencia que depende del "tiempo físico objetivo" (CHIOZZA, L., 1976h).
Durante el proceso del tratamiento psicoanalítico el hecho se transforma en dicho y así se hace posible que una nueva manera de decir se constituya en un cambio de los hechos. Cabe subrayar ahora que toda la teoría se apoya sin lugar a dudas en la posibilidad de distinguir entre el decir y el hacer. Tal como lo señala la sabiduría popular cuando afirma que "del dicho al hecho hay mucho trecho".
Pero ese trecho tan fundamental entre la cosa material concreta y la palabra, como para que sobre él se edifique la cultura y el mundo de lo humano, no es un espacio vacío. Es evidente de que todo decir es un hacer y todo hacer inevitablemente compromete un significado y por lo tanto se constituye en un decir. Junto al intrincado retículo que así se constituye, existe la inmensa significación de que el trecho que media entre el dicho y el hecho se halla habitado por innumerables y mal conocidas instancias. Instancias tales son las representaciones de cosas (FREUD, S., 1915e), los restos mnémicos de distintas percepciones (FREUD, S., 1923b) o el mundo de objetos que constituye la interioridad estudiada por la psicología en el universo zoológico de otros seres animados (UEXKÜLL, J. von, 1934).
Todas esas instancias configuran la sustancia vital del fenómeno que denominamos transferencia y la rica y multiforme matriz del lenguaje, ante cuya pérdida la palabra es vacía y frente a cuyo desconocimiento teórico la terapéutica psicoanalítica resulta desaprensivamente mutilada. No sólo se trata de una mutilación en su ejercicio presente, sino también en el desarrollo de sus posibilidades futuras de intervención en lo somático esclareciendo los símbolos y las representaciones que no alcanzan la plenitud de la palabra y constituyen sin embargo otras formas de comunicación e influencia.
Notas
1 El contenido del presente capítulo corresponde, con escasas modificaciones a un texto que fue publicado en Eidón, año 4, Nº 7, CIIMP, Buenos Aires 1977, págs. 5764.