Presencia, transferencia e historia
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Dr. Luis Chiozza

Capítulo I

EL SIGNIFICADO Y LA FORMA EN LA NATURALEZA Y EN LA CULTURA 1

 

Tenemos cuatro términos fundamentales en el título: significado, forma, naturaleza y cultura, y antes de introducirnos en sus relaciones, es natural que nos ocupemos de indagar, aunque sea someramente, en los términos mismos.

 

El problema del significado

Con respecto al significado recuerdo ahora el nombre de dos libros: uno de Christiansen, sobre La naturaleza del significado (1968), y otro de Obsden y Richard, El significado del significado. La sola enunciación de estos dos títulos, que contienen dos interrogantes diferentes, plantea, como veremos luego, un aspecto fundamental del problema. Christiansen (1968) se pregunta qué clase de cosas son los significados, y concluye afirmando que, de acuerdo con Paul Henle, "... apenas es exagerado pretender que el problema del significado es el problema de este siglo".

Es realmente interesante esto que se ha despertado como interrogación por el significado.

Si buscamos el origen de la palabra (y toda indagación etimológica es profunda mente simpática para quien tiene un espíritu psicoanalítico) nos encontramos con que la palabra evolucionó hacia su significado actual, pero que en su origen "significado" era un objeto que había recibido un signo y "significante", el sujeto que traza el signo sobre el objeto, que pasa así a quedar "significado".

Esto, aunque esquemáticamente dicho, arroja ya alguna luz sobre lo que es significado.

Hay tres puntos que me parece importante subrayar a los fines de delinear el modo en que podemos utilizar el concepto de significación y el de significado para ocuparnos de la relación entre los cuatro términos que el título contiene.

Hay en castellano una palabra magnífica, la palabra "sentido" (lo mismo ocurre c on el italiano "senso"), porque tiene tres acepciones en cuya conjunción surge, de algún modo, una especie de reforzamiento mutuo que comporta un esclarecimiento.

El primer significado de la palabra "sentido" es, precisamente, "significado". Pero también "sentido" es lo que siento. Y también "sentido" es, como se ve claramente cuando se piensa en el tráfico, la dirección de la marcha.

Luego veremos cómo esto se relaciona de manera muy importante con la luz que arroja el psicoanálisis sobre la significación.

Otro punto que es fundamental consignar en cuanto se refiere a la palabra, "significado", es la diferencia que establece Susanne Langer entre dos elementos fundamentales de la significación, uno es el signo y el otro es el símbolo.

Susanne Langer (1941) los distingue claramente, "signo" es lo que indica la presencia de algo, y "símbolo" lo que representa su ausencia. Agreguemos a esto que, tal como lo hemos expuesto más extensamente en trabajos anteriores, todo signo conciente se establece con la colaboración de un símbolo inconciente, y todo símbolo conciente con la colaboración de un signo inconciente.

Por último, el otro punto a considerar en lo que respecta al problema del significado es que, de algún modo, permite, a partir de allí, formarse una cierta representación de la esencia de lo psíquico.

Podríamos decir sin temor a equivocarnos demasiado, que si tuviéramos que elegir algún término representativo de lo que es el psiquismo, elegiríamos justamente a la significación, dado que este término tiene la ventaja de ser irreductible al tratamiento por metodologías científicas que estudian a los objetos materiales.

 

La forma

Pasemos ahora al término, "forma". La etimología de "forma", se pierde en la noche de los tiempos, pero hay una serie de palabras que pueden darnos una idea de la riqueza de este término. Una es la palabra "horma", otra es la palabra "información", otra es la palabra "transformación", con sus variantes, "conformar", "uniformar", "reformar", "deformar"; otra es la palabra "formalidad", con sus variantes, "formalismo", "informal" e "informalidad", que compromete a la palabra "norma". Y, por fin, la expresión "en forma", por oposición al ser "en ruinas".

Aquí también tres tópicos nos ayudan a trazar las coordenadas desde las cuales vamos a intentar relacionar significado con forma, y ambos con la naturaleza y con la cultura.

Un tópico es el concepto de figura que deriva del concepto de horma. "Figura" deriva de "fingere", que significa amasar con los dedos, y alude a la forma como algo moldeado, o como algo que se destaca sobre un fondo.

Otro tópico es el término "estructura", que habla de la forma como gestalt, de la forma como una totalidad que se pierde al descomponerse en partes y que también lleva implícito al sentido de relación entre las partes.

Y, por último, otro importante tópico comprometido en la palabra "forma", es el de abstracción conceptual, al cual se alude, por ejemplo, en la expresión "el rigor formal de la lógica matemática", cuyo significado es vecino al de "norma", con su implicancia moral, que se evidencia en uno de los usos de la palabra "formalidad",

La naturaleza

Pasemos ahora a la palabra "naturaleza". La palabra "naturaleza" en su acepción primitiva designa a lo nacido; "natura" es algo que ha nacido. Aquí también podemos considerar tres puntos que pueden servirnos para contemplarla en su relación con los otros términos que integran el título.

Uno se constituye en torno a la idea del ser. Así la usamos cuando nos preguntamos, por ejemplo, por la naturaleza de las cosas. Nos preguntamos entonces por su cualidad óntica, por lo que son, por su ser natural, por las cualidades o las características de su ser.

Otro de los puntos a considerar podemos verlo, por ejemplo, en el uso que adquiere la palabra en la expresión "ciencias naturales". Allí se la usa para definir un tipo de objeto del conocimiento cuyo patrón esencial está en la física y en las ciencias que de ella derivan (química, fisiología, etc.). Se trata de un objeto caracterizado como cuerpo que ocupa un lugar en el espacio, algo material en el sentido de ser organolépticamente perceptible, es decir, que se percibe con los sentidos, sometido a las leyes de una relación de causa–efecto que nos permite hablar de mecanismos, que son los procedimientos de los cuales se vale la causa para producir el efecto. Este tipo de pensamiento, que conforma a las ciencias llamadas naturales, se contrapone, desde hace ya mucho tiempo, al que es propio de las llamadas "ciencias del espíritu". Es una oposición que actualmente ha entrado en crisis, y esto nos lleva al tercer punto.

Hay un tercer significado de la palabra "naturaleza" que se pone de manifiesto en el sentido que adquiere en la expresión "la diosa naturaleza", o también cuando decimos que la naturaleza es sabia, o hablamos de la evolución natural. Allí la naturaleza es algo así como un sujeto que acciona con intencionalidad y sentido.

 

La cultura

La palabra "cultura" proviene de cultivo y compromete la idea de elaboración. Así como la naturaleza compromete, por ejemplo en el hombre, su carácter óntico, su ser, la cultura nos enfrenta con lo que Weizsaecker llamaba el pathos, el carácter pático de la existencia, en su doble sentido de sufrimiento y pasión. En otras palabras, el hombre no se define esencialmente por lo que es, sino por el hecho de que está continuamente siendo, es un ser siendo. Se trata de una posición filosófica similar, en lo que a este asunto se refiere, a la de Ortega y Gasset, Heiddegger y Sartre. El hombre –dice Weizsaecker (1947, págs. 106-109)– vive "dentro" de cinco categorías páticas: querer, poder (en el sentido de capacidad), poder (en el sentido de permiso) deber, y tener (en el sentido de obligación). Así, entre estas cinco categorías, dentro de ese pentagrama, el hombre de algún modo se define como un sujeto de la cultura.

También en el caso de la cultura podemos considerar tres puntos que pueden ayudarnos a contemplar su relación con la naturaleza, la forma y el significado.

Cultura –dice un viejo proverbio– es lo que queda cuando uno se olvida todo lo que aprendió. ¿Qué puede ser esto, aprendido, que permanece más allá del olvido? Digámoslo de manera rotunda: es el significado de la información. La tarea de memorizar el contenido de la guía telefónica es sobrehumana porque se trata de una gran cantidad de información con un significado muy escaso. Todo lo contrario de lo que ocurre con una buena poesía, dotada de un significado rico. Este es el primer punto que debemos considerar en lo que respecta a la cultura.

La cultura, en otra acepción, que nos conduce al segundo punto, es civilización, es decir, atemperación de los afectos, una evolución de ese corpus que se llama social.

Por último, la cultura, como la naturaleza, da lugar a una serie de ciencias, en este caso las ciencias del espíritu. El tercer punto a considerar es, pues, que la cultura pertenece esencialmente al espíritu, si entendemos por espíritu aquello que todas las almas tienen en común.

 

El hombre enfermo

Hemos definido los cuatro términos que componen el título con la intención de esclarecer algunos de los puntos de vista desde los cuales intentaremos contemplar sus relaciones.

Abordaremos ahora desde el psicoanálisis, que es el campo de mi experiencia profesional, el tema del significado y la forma en la naturaleza y en la cultura.

Preguntémonos entonces cuál es el panorama que nos abre el hombre enfermo con respecto a la interrelación entre significado, forma, naturaleza y cultura.

Debemos aclarar, en lo que respecta al hombre enfermo, que no pretendemos definir a la enfermedad de manera rigurosa. Nos referimos al hombre enfermo más que a la enfermedad, dado que, en cuanto a los fines que perseguimos en este momento, nos bastará con una caracterización intuitiva que nos conduce hacia el hombre que sufre, el hombre que padece, el hombre que es enfermo según la etimología de la palabra enfermedad, que deriva de la palabra "infirme", es decir, vacilante. Centremos nuestra atención en lo que el hombre que se encuentra en esa circunstancia nos enseña.

Rof Carballo escribió un libro, El hombre a prueba, en donde recurre a una metáfora muy lograda. Dice que el hombre enfermo, en su crisis, en su fractura, nos muestra su interior. Podríamos decir que hay un "interior" del hombre que aparece cuando el hombre se arruina, en el doble sentido de estar arruinado, de ser una ruina, y de ser ruin. No por casualidad se vinculan esas dos palabras, dado que quien en algún punto de sí mismo, durante el vivir, se arruina, también adquiere una particular manera de ser ruin. Ya vislumbramos aquí algo de lo que puede habernos enseñado el psicoanálisis acerca de las relaciones entre significado, forma, naturaleza y cultura.

¿Cuáles son los puntos que (desde el psicoanálisis y muy esquemáticamente) podríamos subrayar ahora para mostrar cómo la visión psicoanalítica del hombre enfermo (de ese hombre al cual le sucede algo peculiar, de ese hombre que consulta porque padece) nos ha ayudado a comprender de una manera que es nueva, la relación entre los cuatro términos que nos ocupan?

 

Significado y forma en la histeria

En primer lugar debemos mencionar los estudios sobre la histeria, puesto que allí Freud nos habla de una "capacidad plástica" de la representación inconciente, es decir, de una capacidad "patoplástica corporal", como solía decir Liberman, de manera incorrecta pero gráfica, para referirse al hecho de que el cuerpo, en su transformación material, puede representar un contenido psíquico. Freud lo conceptualiza mejor aún diciendo que, cuando la histeria parece representar plásticamente una determinada fantasía, quizás no haga otra cosa que "extraer sus materiales" de una fuente que es común para la histeria y el lenguaje. En esta comunidad entre transformación "plástica" del cuerpo y lenguaje tenemos, ya, un modo originalísimo de empezar a poner en relación significado y forma.

 

Las metas pulsionales

En nuestros tiempos el psicoanálisis se está quedando corto en cuanto a su posibilidad de enriquecer otras disciplinas científicas, debido, según creo, a que ha descuidado la importancia de uno de los elementos fundamentales de la teoría freudiana, el concepto de metas pulsionales.

Freud se postuló decididamente a favor de considerar que la pulsión se caracter iza por su cualidad y no sólo su cantidad. Las pulsiones tienen metas específicas. Las pulsiones son cualitativamente diferentes, no son mera cantidad. Es claro, surgen de zonas erógenas diferentes, y Freud también insistió en que todos y cada uno de los órganos pueden funcionar como zonas erógenas, subrayando, además, que del examen de los fines de la pulsión es posible deducir, muchas veces, cuál es la particular fuente que le ha dado origen.

 

El significado del cuerpo

Esto lleva implícita la trascendental afirmación de que el psiquismo surge, o es propio, de todo el cuerpo y no solamente del cerebro. Dado que una determinada meta pulsional, la finalidad de una particular pulsión, es al mismo tiempo, una fantasía especifica, propia, de una zona erógena determinada, llegamos a la conclusión que la importancia del sentido (podemos decir la "significancia", utilizando un neologismo justificado ya que en castellano disponemos del término contrario, "insignificancia"), se determina en el cuerpo, en todo el cuerpo, y no solamente en el cerebro.

Vemos entonces cómo el psicoanálisis nos conduce a pensar que el fenómeno que denominamos "significado" puede relacionarse de un modo más plausible con el ADN celular, que con una supuesta actividad simbólica cerebral que se resiste a todos los intentos de descripción hasta ahora realizados. En algún lugar que no he podido volver a encontrar he leído una cita de Sherrington, el gran neurofisiólogo, en donde afirmaba que el problema de la relación entre la mente y el cerebro no es solamente un problema insoluble, sino un problema mal planteado desde sus inicios.

Cuando Etcheverry en Sobre la versión castellana (1978) intenta precisar algunos conceptos freudianos, como, por ejemplo, el de alma, se ocupa de la relación entre el pensamiento de Freud y el pensamiento de Haeckel. Haeckel diferenciaba entre una célula perteneciente a un individuo pluricelular y una célula protista, que constituía en sí misma un organismo completo. De modo que cuando hablamos de una representación "somática" del significado, y decimos que su representante más plausible no es el cerebro sino la cadena de ADN celular, pensamos en primer lugar en el ADN de una célula protista que se copia, posteriormente, en cada una de las células de un organismo pluricelular.

 

La significancia del afecto

Otro aspecto fundamental del concepto de metas pulsionales es su relación con la teoría psicoanalítica de los afectos. No solamente Freud nos ha mostrado que el afecto se origina como se origina el deseo, a partir de una meta pulsional cualitativa, sino que ha insistido en que al afecto no es sólo un proceso de descarga , es decir una cantidad, sino también un monumento conmemorativo. Es un resto mnémico, es una memoria, y posee, por lo tanto, una significación.

¿Cuál es el tipo de memoria implícita en el afecto? Freud lo dice claramente: equivale a un ataque histérico "filogenético", es decir que se constituye del mismo modo que la histeria, como un suceso motor que en su origen fue justificado, pleno de sentido, a partir de una escena filogenética, en lugar de ser resignificado, como ocurre en la histeria, a partir de una escena infantil. Vemos pues cómo, desde este punto de vista, el afecto es lenguaje.

 

La segunda hipótesis fundamental del psicoanálisis

Entre todos los conceptos planteados por el psicoanálisis que pueden ayudarnos a ver de una manera nueva las relaciones entre significado, forma, naturaleza y cultura, quizás el más importante consista en la hipótesis que Freud denominó "segunda hipótesis fundamental del psicoanálisis".

Reparemos en que Freud enunció solamente dos hipótesis fundamentales de la teoría psicoanalítica, hecho que adquiere toda su importancia cuando recordamos que, por el contrario, acerca de conceptos metapsicológicos esenciales, como por ejemplo, el de libido yoica, o el de pulsión, afirmó (1914c*, 1915c*) que no formaban la base del edificio psicoanalítico sino su coronamiento, y que podían ser substituidos sin perjuicio alguno.

La segunda hipótesis sostiene, en esencia, que llamamos "cuerpo" al psiquismo inconciente cuando penetra en la conciencia privado de su significación inherente. Se trata de la misma idea que expresara, de manera aún más elocuente, el poeta William Blake: Lo que llamamos cuerpo es el trozo del alma que se percibe con los cinco sentidos .

 

Cultura y naturaleza

Chomsky, entre otros, ha mostrado de manera radical, que hay natura en la cultura cuando dice, por ejemplo, que el lenguaje se desarrolla como un órgano natural en un contexto cultural que lo acota pero que no lo crea. El psicoanálisis, como acabamos de ver, nos está mostrando cada vez más que, inversamente, hay cultura en la natura.

Si somos consecuentes con la segunda hipótesis fundamental del psicoanálisis ya no podemos concebir al cuerpo y al alma como dos entidades ontológicamente diferentes que existen más allá de la conciencia. Este postulado psicoanalítico constituye, a mi entender, la máxima contribución realizada a la solución del problema de la relación cuerpo–alma.

Lorenz, en su libro La otra cara del espejo (1973), en el cual aborda cuestiones fundamentales de la epistemología, se apoya en Jennings, uno de los protozoólogos más eminentes, para afirmar que la vida, aún en sus formas más elementales, es siempre animada. Jennings sostiene que si un protozoario fuera, por ejemplo, del tamaño de un perro, no vacilaríamos en atribuirle una vida subjetiva, ni sentimientos tales como la ambición o la codicia.

Hace poco he leído uno de los últimos diálogos de Konrad Lorenz y Karl Popper. Reproduciré tres de los planteos que Lorenz realiza allí, porque marchan en la misma dirección de lo que sosteníamos cuando afirmábamos que el cuerpo y el alma no son entidades ontológicamente diferentes. Lorenz le dice a Popper: "cuando pienso en Karl Popper no pienso ni en el Karl Popper psíquico ni en el Karl Popper somático ni corporal, para mí esto es una realidad unitaria, significa que, para mí, cuerpo y alma no pueden ser concebidos dentro de una hipótesis de paralelismo sino dentro de una hipótesis unitaria con todas sus consecuencias". También afirma Lorenz que cree entender perfectamente bien lo que sostiene un físico cuando dice que un electrón puede ser tanto corpúsculo como onda según cual sea la ventana por la cual se lo contemple. Por último, en el tercero de los planteos que deseo mencionar, señala: "los animales son personas".

 

Una metapsicología metahistórica

¿Si cuerpo y alma no son dos entidades ontológicas, qué son? Son dos modos de "percibir" que tiene la conciencia. Dicho en otros términos, la conciencia no tiene más que dos ventanas. Veremos luego que con esto sucede algo análogo a lo que ocurre con los mosqueteros de Dumas, que hay uno más de los que se anuncia en el título. Veremos que las dos ventanas de la conciencia son, dentro de una teoría más completa, tres, pero al principio, a partir de la segunda hipótesis de Freud, se nos presentan dos: una por la cual todo lo que entra es conceptualizado a partir de una ciencia básica que es la física, y es rotulado como materia, otra por la cual lo que ingresa es conceptualizado mediante la organización del conocimiento que denominamos historia, ciencia básica de la cual derivará una psicología primordial que no se halla sometida a la física. No se trata de una historia cronológica sino de una narrativa (no es una history sino una story). Su resultado es el significado.

De acuerdo con la existencia de esas dos ventanas deberían existir, dentro del psicoanálisis, dos metapsicologías, una de corte metafísico (pero no en el sentido de la metafísica filosófica, sino en sentido de la metafísica como metaciencia, como se usa la palabra metalenguaje por ejemplo, con respecto al lenguaje) y otra de corte metahistórico. Dado que la metapsicología freudiana se apoya en un modelo extraído de la física (es tópico, dinámico y económico), deberíamos pues completar esa metapsicología metafísica con otra que fuera metahistórica, y que se integrara con numerosos conceptos tales como el de censura, reedición, investidura, etc., que se encuentran "desparramados" en la obra de Freud, y que aluden a relaciones entre personas.

 

Una triple organización conceptual de la conciencia

Si estudiamos un poco mejor qué es lo que tenemos detrás de una idea que opera en un organismo vivo, nos encontramos con un drama, con algo que es proclive al desarrollo de una historia. La idea en estos casos pertenece a una escena, una escena que transcurre en un escenario en el cual intervienen personajes, y es en ese sentido que configura un drama.

También usamos la palabra "idea" en el sentido formal de una norma que aproxima la palabra "idea" (no por casualidad) a la palabra "ideal". En este sentido en el cual la idea es una abstracción, encontramos el fundamento de una tercera organización conceptual del conocimiento en la conciencia, que origina a las matemáticas.

Podemos decir entonces, esquemáticamente, que disponemos de tres ciencias básicas: física, historia y matemáticas. Debemos, claro está, no confundir las matemáticas con las operaciones de la aritmética, del álgebra, o de la geometría, ya que con el nombre matemáticas designamos específicamente a la relación que los símbolos matemáticos mantienen con los referentes a los cuales aluden, de modo que el pensamiento abstracto que toma por objeto de estudio a esa relación, y que subyace a las tres, configura una metamatemática.

Estamos ahora en condiciones de establecer una especie de relación triangular entre estas tres organizaciones.

En el vértice superior de un triángulo podemos ubicar al cuerpo que ocupa un lugar en el espacio, a la física y a la materia. En el vértice izquierdo, al alma, a la historia y al drama. En el vértice derecho al espíritu, a la matemática y a la idea.

No es casual que en nuestras frecuentes reflexiones acerca de la relación entre el cuerpo y el alma, el espíritu haya sido siempre el gran ausente. Creo que precisamente nuestra época adolece de esta negación del espíritu.

El punto crítico de esquematizaciones como ésta que estamos intentando, reside en que los términos que utilizamos no siempre designan de manera precisa territorios equivalentes del conocimiento. Ocurre así porque el idioma no nace del azar, como a veces se pretende, sino que se construye a partir de conceptualizaciones pretéritas implícitas que no coinciden con las que actualmente procuramos describir con términos que hemos heredado.

En el vértice superior del triángulo (lo escribiremos adentro) ubicaremos al cuerpo vivo, en el izquierdo al afecto, y en el derecho al lenguaje. En la base del triángulo, entre el afecto y el lenguaje ubicamos al significado, en el lado izquierdo entre el cuerpo vivo y el afecto a la significancia, que es la importancia del significado, y en el lado derecho, entre el cuerpo vivo y el lenguaje, a la forma. En otros términos la significancia equivale a lo que la teoría psicoanalítica llama "a plena cantidad", la forma (!) a lo que denomina "a pequeña cantidad" y el significado a una media cantidad. Es decir: plena investidura, pequeña investidura, y media investidura.

Sobre el vértice superior ubicamos a la naturaleza, en el vértice derecho a la cultura, y en el vértice izquierdo a la evolución en el sentido de evolución "natural", es decir a la naturaleza "histórica", la "diosa naturaleza", la naturaleza que sabe, la naturaleza que evoluciona, la naturaleza que se encamina hacia algún lugar, que posee una meta que constituye su sentido. Reparemos en que lo que hoy suele denominarse "ciencias naturales" una vez fue llamado "historia natural".

También ubicamos en el vértice superior al ser en un sentido óntico, en el vértice izquierdo al padecer que configura lo pático, y en el derecho al aspecto ético del hacer, que configura a lo moral, en su doble connotación de mores, o costumbres, y de normas que evolucionan en lo que denominamos civilización y se decantan en la existencia de ese corpus que denominamos la sociedad.

Al vértice derecho corresponde también la trascendencia y los valores espirituales, al izquierdo la convivencia, cercana del drama, y al vértice superior la inmanencia, que es inherente al cuerpo, inseparable de él.

Del lado del triángulo en donde ubicamos a la significancia que transcurre entre el cuerpo vivo y el afecto, debemos derivar a la materialización o concreción, que corresponde a la acción. Del lado en donde ubicamos a la forma que transcurre entre el cuerpo vivo y el lenguaje debemos derivar a la idealización, formalización o abstracción, que corresponde a la ciencia, y del lado en donde ubicamos al significado que transcurre entre el afecto y el lenguaje debemos derivar a la transferencia, ese "como sí" del teatro, el juego, la comunicación y la metáfora, que corresponde al arte.

 

Unidad y oposición entre significado, forma, naturaleza y cultura

Göethe decía: "Quien tiene arte y ciencia, tiene religión. Quien no tiene ni arte ni ciencia, que tenga religión". Pero, ¿qué significa esto? Significa que hemos unificado, en la religión, significado y forma. En el fenómeno del sacramento, por ejemplo, en el cual el símbolo, frente a lo simbolizado, es algo más que un "como sí". Quien, durante el sacramento llamado comunión, piensa que la hostia repre senta a Dios sin serlo en realidad, no ha conseguido realizar el sacramento de la comunión con Dios.

El psicoanálisis nos ha permitido ver la unión que existe entre natura y cultura. Dijimos que no sólo hay natura en la cultura, sino cultura en la natura. También que hay significado en la forma y forma en el significado. El hombre enfermo nos enseña, en su transformación, que la alteración material de su estructura, su cambio de forma, es también un cambio en la significación inconciente.

Vemos pues que no solamente la "religión" surgida de la confluencia del arte con la ciencia, sino también el psicoanálisis, nos muestran la íntima unión del significado con la forma. Sin embargo distinguir entre significado y forma implica también oponerlos. Pero una tal oposición, ¿pertenece a aquello a lo cual nos referimos con esos dos términos, o ha sido creada por nuestro pensamiento estructurado según una lógica binaria?

Si, sentados en una habitación con dos ventanas entre las cuales existe la opacidad del muro, vemos en la ventana de la izquierda a un niño que camina hacia la derecha con dinero en la mano, y en la ventana de la derecha a un heladero que encamina su carrito hacia la izquierda, y luego vemos en la primera ventana que el heladero está contando el dinero y en la segunda al niño comiéndose un helado, podríamos decir, de un modo que es algo más que una metáfora, que hemos "visto" lo que ha ocurrido tras el muro.

Así, alternando rápidamente entre lo que vemos a través de las ventanas const ituidas por las organizaciones conceptuales que conforman los límites de nuestra conciencia, ocurre que, como si los muros se nos hicieran transparentes, se nos unifican significado y forma como antes se nos unificaron, de idéntica manera, gracias a que encontramos cada vez más natura en la cultura y cada vez más cultura en la natura, naturaleza y cultura.

No hay materia sin forma. Aún lo que llamamos amorfo tiene la categorización de esa "forma", así como el garabato, que nada significa, significa "eso" y sólo eso, que llamo garabato. La forma se manifiesta siempre en la materia, de modo inevitable, pero no indisoluble, puesto que trasladamos la forma de una materia a la otra. Puedo hacer, con tiza, en el pizarrón, un triángulo equilátero de veinte centímetros de lado, o puedo hacerlo en el taller de metalurgia, y en un tamaño distinto. La forma, que se manifiesta en la materia concreta, que puede transferirse o trasladarse de una a otra materia, y que también puede abstraerse "formalmente", constituye la quintaesencia de la significación.

Los rigores "formales" con los cuales buscamos a la forma han comenzado a liberarse, lentamente, de la "razón" de una lógica binaria a la cual habían quedado, desgraciadamente, hasta ahora sometidos, y en esa liberación participa, de manera fundamental, el psicoanálisis, porque gracias a su descubrimiento de la importancia de la transferencia, nos ayuda a comprender que existe, en cada historia, una fuerza mítica capaz de modificar la realidad material que "la circunda", con una eficacia análoga a la que atribuimos a las fuerzas gravitacionales o eléctricas.

Notas

1 El contenido del presente capítulo resume la participación del autor a una mesa redonda que, con el mismo título, fue realizada con los Dres. Eduardo Issaharoff y Darío Sor en el Centro Weizsaecker de Consulta Médica (CWCM), el día 30 de abril de 1993. Fue publicado por primera vez en Luis Chiozza CD, Obras comple tas de Luis Chiozza Edición CD ROM, IN CONTEXT informática documental, Buenos Aires, 1995.

 

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