III - PSICOANÁLISIS DE LOS TRASTORNOS URINARIOS*
Dr. Luis Chiozza, Dr. Riccardo Grus.
I - LA FUNCIÓN EXCRETORA
Los sistemas excretores llevan a cabo sus función de eliminar los desechos, a través de tres tipos de proceso: filtración, reabsorción y secreción. Las sales y el agua sobrantes, el amoníaco, otros compuestos nitrogenados accesorios del metabolismo, y productos derivados del CO 2, son los desechos fundamentales. La filtración es un proceso por el cual algunos de los líquidos del cuerpo atraviesan una parte de la estructura excretora. La presión de los fluidos por ejemplo, la presión sanguínea en los vertebrados suministra la fuerza necesaria para la filtración. Las células y las proteínas no pasan a través del filtro excretor, pero sí pueden hacerlo la mayoría de los demás componentes. El filtrado recogido en las estructuras excretoras, llamado orina inicial, es, por lo tanto, esencialmente linfa. La separación de los productos de desecho ocurre cuando la orina inicial fluye a través de otra región del sistema excretor en su camino hacia el exterior. Allí tiene lugar la reabsorción: las células excretoras en contacto con la orina inicial extraen las sustancias valiosas y las devuelven a los líquidos corporales. La orina restante diluida por la reabsorción de las sales y otros materiales es hipotónica con respecto a los líquidos corporales, y se hace hipertónica (más concentrada que los fluidos del cuerpo) cuando se reabsorbe el agua. El tercer proceso, la secreción, puede tener lugar en la misma región general del sistema excretor, o bien en otra parte del cuerpo (las branquias, por ejemplo). La secreción transfiere los materiales desde los líquidos corporales a la orina o directamente al ambiente exterior. Por lo tanto, la secreción y la reabsorción funcionan en direcciones opuestas, pero las sustancias reabsorbidas a menudo difieren marcadamente de las que son secretadas. El líquido remanente, la orina final, es eliminado hacia el exterior de forma continua o, después de acumularse en una vejiga, intermitentemente. En muchos casos el sistema excretor se abre al exterior directamente, y en otros, desemboca en la región posterior del tubo digestivo (cloaca) o en los conductos del sistema reproductor que van al exterior (Weisz, 1974).
Los órganos que, en los mamíferos, contribuyen a la excreción, son el epitelio nasal, las glándulas salivales, los pulmones, el hígado, los riñones, el intestino grueso y la piel. Todos los demás órganos con acceso al exterior del cuerpo (sea directo o a través del sistema digestivo) desempeñan, evidentemente, un papel en la excreción. Los riñones ejercen, sin embargo, la principal acción reguladora de la excreción; son imprescindibles para la conservación de la vida (Weisz, 1974).
Cada riñón, consiste de una corteza renal, externa, y una médula renal, interna. Las unidades funcionales del riñón, denominadas nefronas, están formadas por un glomérulo (pequeño ovillo de capilares sanguíneos), una cápsula nefrítica (en forma de copa y de paredes dobles) que rodea el glomérulo, y un tubo nefrítico que sale de la cápsula. Este tubo contiene dos regiones muy enrolladas, intercomunicadas por un tubo extendido en forma de U (asa de Henle). En su extremo posterior, el tubo nefrítico se abre en un conducto colector que recibe los productos de muchos de estos tubos. Los numerosos conductos colectores de un riñón se unen finalmente para formar un amplio vaso, el uréter. Este conducto transporta la orina a la vejiga urinaria. A medida que la orina se va acumulando, la vejiga se va distendiendo y al llegar a cierto estado de tensión se contrae, reflejamente, y descarga su contenido al exterior a través de la uretra (Weisz, 1974).
Una gran arteria penetra en el riñón en la región por donde sale el uréter y se ramifica progresivamente. Una de las ramas capilares forma el glomérulo del interior de una nefrona, y la sangre pasa desde allí a un denso lecho de capilares que envuelve completamente el tubo nefrítico. La sangre sigue después a través de venas progresivamente mayores y finalmente sale del riñón a través de un solo vaso grande. La sangre es filtrada en cada nefrona desde el glomérulo al espacio interior de la cápsula nefrítica. La orina inicial fluye luego a través del tubo nefrítico, en donde tienen lugar la reabsorción y la secreción. La gran longitud de los tubos nefríticos, específica del riñón metanéfrico, es la que capacita a los vertebrados terrestres para la conservación del agua (Weisz, 1974). Los dos riñones del hombre filtran alrededor de 142 litros de plasma sanguíneo cada día, pero sólo se eliminan aproximadamente 1,42 litros de líquido en forma de orina final; un 99% del agua es reabsorbida por los tubos nefríticos y, especialmente por las asas de Henle (Croisille, 1981).
Hacia el final de la segunda semana, el embrión humano está constituido por un disco de células ordenadas en dos hojas superpuestas: el endoblasto y el ectoblasto. Al comienzo de la tercer semana, las células primitivamente situadas en el ectoblasto se invaginan en profundidad y se infiltran entre el endoblasto y el ectoblasto para constituir la tercer hoja o mesoblasto. Al final de la tercer semana, el mesoblasto se divide en tres zonas: a lo largo del eje embrionario, el mesodermo paraxial, la lámina lateral, y entre los dos, el mesodermo intermediario o territorio nefrogénico, a partir del cual se diferencian sucesivamente tres riñones: pronefros, mesonefros y metanefros o riñón definitivo (Croisille, 1981).
El riñón está compuesto aproximadamente de un millón de nefronas. Además de su función excretora, el riñón tiene importantes funciones metabólicas que han sido olvidadas con frecuencia. Representa el órgano efector de un sistema complejo en el que intervienen la circulación, las glándulas endocrinas, el sistema nervioso, etc. Se puede considerar al riñón como el resultado de la asociación de un filtro (que es relativamente poco selectivo) y de un sistema de reabsorción que tiene, por una parte, una ligera capacidad de reabsorción masiva y, por otra parte, una capacidad sutilmente regulada para el control exacto de la composición de la orina. El glomérulo es una estructura sumamente especializada, formada por capilares sanguíneos cuyo endotelio es más permeable que el endotelio vascular de los otros capilares del organismo. El caudal de filtración glomerular de un glomérulo tomado individualmente está controlado por dos fuerzas: la presión oncótica sanguínea y la presión hidrostática en los capilares glomerulares y en el tubo contorneado proximal. Desde hace algunos años, se han acumulado pruebas que sugieren que el glomérulo no es únicamente un filtro pasivo, sino que tiene funciones contráctiles y metabólicas importantes (Morgan, 1981).
En ausencia de hormona antidiurética, tanto el canal colector como el tubo colector son relativamente impermeables al agua: el fluido tubular hipotónico atraviesa el sistema colector sin sufrir grandes modificaciones, emitiendo una orina diluida. En cambio, en presencia de hormona antidiurética, se sustrae agua y el fluido alcanza un equilibrio osmótico en el córtex y se equilibra en la papila con la osmolaridad intersticial elevada; es así como se emite orina concentrada. Hay también movimientos asociados de urea gracias al gradiente osmótico elevado que se ha creado; estos movimientos podrían ser esenciales para aumentar la capacidad del sistema de contracorriente. Sin embargo, los tubos y los canales colectores son más que sistemas de equilibrio osmótico: absorben activamente sodio, secretan K+ e H+ y regulan la composición final de la orina. El aclaramiento de una substancia se mide por el volumen de sangre o de plasma completamente depurado, de esa substancia, por unidad de tiempo. La circulación renal está implicada en la regulación de la función renal. La autorregulación impide alteraciones importantes de la función renal que serían ocasionadas por variaciones de la presión arterial (por ejemplo, en el curso del ejercicio, emociones, etc.). Las variaciones de caudal asociadas a una reducción del débito cardíaco modifican la función renal, por intermedio del sistema simpático y de la secreción de la enzima renal que se denomina renina (Morgan, 1981).
Al nacer, el riñón humano es inmaduro, tanto en su estructura morfológica como en su función fisiológica. La función renal aumenta paralelamente al crecimiento del individuo, este aumento es debido a un crecimiento de la función de las nefronas individuales, puesto que el número total y definitivo de nefronas existe ya en el recién nacido. En el adulto, el riñón conserva un tamaño y una función relativamente constantes; sin embargo, si se lesiona o se extirpa un riñón, el otro se hipertrofia hasta tal punto que el caudal plasmático renal y el canal de filtración glomerular sólo son discretamente inferiores a la normalidad. El factor o los factores que gobiernan este fenómeno no se conocen. A partir de los 40 años, sobreviene una disminución progresiva de la función renal de tal forma que a los 90 años la función renal media es aproximadamente el 50% de la media a los 20 años. El caudal de filtración glomerular, el caudal plasmático renal, la masa tubular y la capacidad de concentración disminuyen. No se sabe si es un envejecimiento propio del riñón o es consecuencia de la extensión de las lesiones vasculares intrarrenales (Morgan, 1981).
II - EL EROTISMO URINARIO SEGÚN FREUD Y OTROS AUTORES
a. El erotismo urinario según Freud
a) la vergüenza, cuando, escribiéndole a Fliess, respecto a un paciente sostiene que debe estar relacionada con la micción involuntaria (Freud, 1950a *, carta del 27 de sept. de 1898). Años más tarde, en el caso del "hombre de los lobos", dice: "Es muy asombroso que la reacción de la vergüenza se conecte de manera tan estrecha con la micción involuntaria (tanto diurna como nocturna), y no, como uno habría esperado, también con la incontinencia intestinal" (Freud, 1918b *, nota 2, pág. 85).
b) el orgullo y la megalomanía, cuando recordando el sueño del conde Thun, se refiere a su relación con sus padres. Luego, interpretando otro sueño propio, escribe: "El chorro de orina que todo lo limpia es una inequívoca alusión a la grandeza" (Freud, 1900a *, pág. 467).
c) la competencia. A este respecto nos explica Freud (1930a *, pág. 89, nota 1): "la extinción del fuego mediante la orina ... era por tanto como un acto sexual con un varón, un goce de la potencia viril en la competencia homosexual".
d) el placer evacuatorio, la masturbación y las poluciones. En el historial Sueños e histeria. Fragmento de un análisis ... (Freud, 1905e *), a través del análisis del primer sueño, en el que Dora ve a su padre al lado de su cama y a su madre tratando de salvar el alhajero con joyas para que no arda, Freud llega a la conclusión de que Dora debe haber sido enurética en su infancia. Agrega que este tipo de enuresis, que desaparece y vuelve a aparecer, no reconoce otra causa que la masturbación. En Las exteriorizaciones sexuales masturbatorias (Freud, 1905d *, pág. 172) sostiene: "... del aparato sexual todavía no desarrollado da testimonio casi siempre el aparato urinario, que se presenta, por así decir, como su portavoz. La mayoría de las llamadas afecciones vesicales de esta época son perturbaciones sexuales; la enuresis nocturna, cuando no responde a un ataque epiléptico, corresponde a una polución". En "El sepultamiento del complejo de Edipo" (Freud, 1924d *) señala nuevamente que la enuresis persistente puede equipararse a la polución de los adultos. Los niños son amenazados con la castración por la incontinencia nocturna, como si esta fuera una prueba de sus juegos masturbatorios.
e) el fuego y el agua. Interpretando el primer sueño de Dora, observa que la madre de su paciente quería salvar su alhajero para que no "arda", mientras que en las ideas latentes del sueño el problema era que aquél no se "moje". Explica luego que el fuego sirve también como un representación directa del amor y que éste "...hace que las cosas se mojen" (Freud, 1930a *). En el caso del "hombre de los lobos" Freud observa, como lo hizo en el historial de Dora, la relación regular que existe entre la incontinencia vesical y el fuego. En El malestar en la cultura (Freud, 1930a *) y en "Sobre la conquista del fuego" (Freud, 1932a *), sugiere otra modalidad de relación entre ambos elementos. En ambos trabajos señala que no caben dudas acerca de la concepción fálica mítico-primitiva de las lengüetas de fuego. Sostiene que cuando nosotros mismos hablamos del "fuego de la pasión" y de las llamas que "lengüetean" o "lamen" un material combustible, es decir, cuando comparamos la llama con la lengua, no nos alejamos mucho del pensamiento de nuestros antepasados primitivos. "Es posible que en estas reacciones y nexos estén presentes unos precipitados de la historia cultural de la humanidad, de raíces más profundas que todo cuanto se ha conservado para nosotros por sus huellas en el mito y en el folklore" (Freud, 1918b *, pág. 85, nota 2). A este respecto nos explica que la extinción del fuego por la micción fue entonces una clase de acto sexual con un hombre, un goce de la potencia sexual en una competencia homosexual. " ... sin duda, la premisa de que para el hombre primordial el intento de apagar el fuego mediante su propia 'agua' significaba una lucha placentera con otro falo" (Freud, 1932a *, pág. 176).
La antítesis entre el fuego y el agua lo lleva a postular que el aprovechamiento del fuego tuvo por condición previa una renuncia instintiva, el abandono del deseo de apagarlo con el chorro de orina.
f) las fantasías de nacimiento y de regresión al vientre materno. Freud (1900a *), explica que Rank ha demostrado que todos los sueños de nacimiento hacen uso del mismo simbolismo que los sueños con un estímulo urinario. También Freud (1916-17*) se ocupa de los contenidos de sueños tales como estar en el agua. El nacimiento es expresado en el sueño, por lo general, mediante una relación con el agua (Freud, 1939a *), igual que la vida intrauterina y el líquido amniótico que, además, quedan asociados con la orina, la enuresis y la vejiga llena (Freud, 1900a *)
g) las fantasías o sueños diurnos. En diferentes lugares de su obra, Freud hace referencia a la ambición. Las fantasías o sueños diurnos son un ejemplo más. En ese sentido afirma que "... conocen dos metas principales: la erótica y la de ambición" (Freud, 1908e *, pág.130). De la misma manera, recordemos, sugiere que la enuresis aparece en lugar de una polución.
h) la ambición. En "Carácter y erotismo anal" (Freud, 1908b *, pág. 158) encontramos su primer mención explícita acerca de la conexión entre el erotismo urinario y la ambición cuando, después de vincular el orden, la ahorratividad y la pertinacia con el carácter anal, sostiene: "Sería preciso considerar, en general, si otros complejos de carácter no permitirán discernir su pertenencia a las excitaciones de determinadas zonas erógenas. En ese sentido hasta ahora sólo he tenido noticia sobre la desmedida, "ardiente", ambición de los otrora enuréticos". En el mismo sentido en las Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis (Freud, 1933a *, pág. 94) dice: "Un vínculo semejante, quizás todavía más firme, hallamos entre la ambición y el erotismo uretral (que el que existe entre el orden, la ahorratividad y la pertinacia con el carácter anal)". Siguiendo a Freud, pensamos que de los puntos señalados, la ambición, específica del erotismo uretral, permite comprender a todos ellos.
b. El erotismo urinario según otros autores
Valoración narcisista de los procesos excretorios. Abraham (1920) estudia la valoración narcisista de los procesos excretorios y sostiene que la idea primitiva de la omnipotencia de los pensamientos corresponde a la idea de omnipotencia de las funciones excretorias. Relata haber visto a niños orinando en grandes charcos e imaginando luego que todo el charco había sido obra suya. También recuerda haber observado a un niño que orinaba en un lago y se alegraba pensando que podía causar una inundación. Esto lo
conduce a pensar, coincidiendo con Freud y Jones, que el modo masculino de orinar despierta fácilmente fantasías ambiciosas.
Abraham (1920) destaca además otro aspecto importante referido al erotismo urinario: la incapacidad para decidirse, placer de "retención", o la tendencia a ir aplazando el comienzo de un trabajo, placer de "evacuación".
Sensaciones de vergüenza, ambición y orgullo; competencia infantil en la micción. Jones (en Dosuszkov, 1924) encuentra el origen de este complejo en el orgullo que el niño experimenta cuando es capaz de controlar sus esfínteres. La diferencia anatómica entre la uretra masculina y la femenina con respecto al recto, da lugar a la competencia infantil en la micción y hace sentir al hombre orgulloso de poder dirigir su corriente de orina.
Rasgos de carácter. Coriat (1924) se ocupa de describir algunos rasgos de carácter. Afirma que son tanto aquellos impulsos que persisten sin cambio desde su estado uretral, mojar la cama junto con el placer experimentado en este hecho, como su sublimación, la que se expresaría en el amor por todas actividades vinculadas con el agua, la natación, el remo, la náutica, o bien formaciones reactivas tales como la vergüenza, la ambición y el miedo al agua (Coriat, 1924).
Impulsos sádico-uretrales. el niño considera a la orina como algo peligroso, que quema, hiere, corta y envenena. Melanie Klein (1931) continuó la línea de investigación de Abraham, quien sostenía que las funciones y productos del intestino y la vejiga se utilizan como vehículo
de impulsos hostiles.
Arminda Aberastury (1951), coincidiendo con Abraham y Klein, encuentra frecuentemente, en los análisis de niños enuréticos, fantasías de inundar y destruir con orina, así como fantasías de restituir los líquidos quitados por asalto al cuerpo de la madre.
La relación entre las funciones genital y urinaria. Weizsaecker (1935a), a través de un paciente psicoanalizado por él, plantea que un conflicto edípico puede expresarse mediante un trastorno urinario,. La inhibición genital se hallaba vinculada a la relación con ambos padres que habían establecido normas rígidas de educación religiosa que, entre otras, implicaban la prohibición de tocarse el pene, excepto en las situaciones imprescindibles. La contracción del meato urinario y la retención de la orina le permitían, al paciente, un placer orgástico que substituía al placer genital prohibido.
La orina como líquido amniótico y la enuresis como expresión de la fantasía de regresión al vientre materno . Arminda Aberastury (1951) plantea que la enuresis también expresaría fantasías de retorno al vientre materno. En ese sentido la orina representaría el líquido amniótico dentro del cual el niño queda protegido frente a la exigencia del mundo de definirse como varón o como mujer. Señala además, que todos los niños tratados tuvieron un aprendizaje precoz y generalmente severo del control de sus esfínteres.
Enuresis, impulsividad, carácter impulsivo y psicopatía. Michaels (1956) enfatiza la necesidad de estudiar la significación de la zona uretral en la formación del carácter. En este sentido expresa el punto de vista de que la impulsividad relacionada con la zona uretral podría formar la contrapartida de la compulsividad asociada a la zona anal. Al elaborar el concepto de enuresis persistente (el tipo persistente es el que transcurre sin interrupción desde el nacimiento y se lo considera como el más maligno) como una perturbación del carácter, de naturaleza bio-psico-social, de elevada incidencia entre delincuentes juveniles mayores de 12 años, Michaels sugiere ampliar "los tipos libidinosos" estudiados por Freud e incluir un "carácter impulsivo". La inclusión de tal tipo prestaría atención a la zona uretral y permitiría que la personalidad psicopática de la psiquiatría clínica sea psicoanalíticamente caracterizada como el tipo de carácter impulsivo, que hunde sus raíces en lo uretral.
La micción excesiva como una expresión simbólica y vicariante de las lágrimas. Yazmajian (1966) señala que la exigencia cultural de que los niños sean "pequeños hombres" lleva a la represión del impulso de llorar y puede contribuir a la mayor incidencia de la enuresis en los niños respecto de las niñas.
Lijalad (1970)1 estudia el caso de una niña de 6 años que concurrió a su consulta debido a una enuresis, que alternaba con una tos de tipo espasmódica. El material de las sesiones la llevó a pensar que la enuresis de su paciente podría constituir la expresión de un llanto contenido. Estas lágrimas, que no podían llorarse por los ojos, aparecían en forma patológica a través de la orina. Lijalad se apoya en los desarrollos realizados por uno de nosotros (Chiozza y col., 1970b) sobre la fantasía general exudativa. El llanto que no es vertido por los ojos puede aparecer en forma vicariante a través de diversos exudados.
Procesos de depuración y excreción dentro del aparato psíquico. Devicenzi, Korovsky y Turjansky (1971)2 consideran "lo renal" como la representación de una modalidad de funcionamiento del aparato psíquico. Los autores suponen la existencia de procesos de depuración y excreción dentro del aparato psíquico, que describen como "lo renal". Suponen también la existencia de una fijación renal en el desarrollo tánato-libidinoso y denominan "renalidad" al predominio que en un momento de la vida del individuo adquiere "lo renal". Basándose en las ideas de Freud acerca de las vicisitudes de la libido objetal y la libido narcisística desexualizada, vinculan "lo renal" al proceso de desexualización y lo adscriben al polo visual-ideal del yo. Este proceso sería imprescindible para la primera etapa de la sublimación (formación de símbolos) y de la identificación. La desexualización, que se llevaría a cabo mediante un proceso de duelo, dependería de la capacidad renal del yo. La segunda etapa de la sublimación (como una de las formas de materialización) se realizaría a través de la capacidad hepática del yo. La sazón sería la vivencia adscripta al proceso de depuración renal. Los términos ganas y desgano, son los habituales para hacer alusión a la sazón y desazón.
III - LAS FANTASÍAS ESPECÍFICAS DE LA EXCRECIÓN URINARIA
Cuando nos referimos a las fantasías específicas de la excreción urinaria empleamos el término "urinario", como lo hizo Freud, para designar al erotismo emanado de la zona erógena que corresponde a esa función.
El término urinario es más amplio que el término uretral, que forma parte de la expresión fálico-uretral, de uso corriente en psicoanálisis. Pensamos que la relación que mantienen entre sí es semejante a la que existe entre la palabra oral-digestivo (introducida por Garma) y el vocablo oral, de empleo más frecuente.
En ambos casos los términos más usados señalan los contenidos más cercanos a la conciencia y se refieren a zonas corporales en donde se encuentra la piel con la mucosa. Los términos oral-digestivo y urinario, en cambio, comprenden una zona corporal más amplia, y podemos suponer que las fantasías inherentes al funcionamiento de la zona que comprenden, acceden a la conciencia con mayor dificultad.
Debemos también tener en cuenta que, a semejanza de lo que ocurre con las fantasías hepáticas (Chiozza, 1963a), existen, entre las fantasías excretorias urinarias, fantasías primarias, renal-parenquimatosas, y fantasías secundarias, que corresponden a las vías urinarias.
a. La fantasía general excretoria
El psicoanálisis denomina duelo a un proceso normal de elaboración psíquica frente a una pérdida de objeto. Dicho proceso se caracteriza por una dolorosa sobrecarga de los recuerdos y su desenlace, posterior a una fase de retracción de la libido, conduce a la investidura de un objeto substituto.
Señalamos, investigando en los trastornos hepáticos (Chiozza, 1963a), que el proceso de identificación concluye con un duelo, que denominamos primario, a través del cual se renuncia a la parte del objeto y del Yo que debe ser abandonada. Ese duelo conduce a que se depositen en el Yo las investiduras retiradas de otras posibilidades de crecimiento yoico. En otras palabras: su desenlace normal es narcisista y ocurre manifestándose en un particular crecimiento del yo. Pensamos entonces (Chiozza, 1963a; Grus, 19703) que la actitud de desechar, renunciar, o abandonar, que forma parte del duelo primario implícito en toda identificación, constituye una fantasía específica de los sistemas excretores.
Weizsaecker (1956) se pregunta respecto de una paciente con nefritis: "¿Por qué se ha elegido precisamente un riñón, una inflamación renal?". Y a continuación responde: "... El riñón es un órgano excretor; también la psique se comporta de un modo tal que adopta lo que cree conforme con ella, y elimina lo disconforme" (pág. 30).
Una persona con un duelo primario perturbado por alteraciones en el modo de fun-cionar "excretorio" de la psique, es una persona con dificultad para abandonar aque-llos ideales o proyectos que no puede materia-lizar, proven-gan sus estímulos de una exigencia "externa" o de un deseo "interno". Po-demos pensar que tal insuficiencia "excre-toria" es la consecuencia de una incapacidad previa para dis-cernir, entre los ideales, aquellos que configuran lo posible. Hay veces en que la imposibilidad deriva del intento de materiali-zar a un mismo tiempo ideales aisladamente posibles que son contradicto-rios.
Un paciente recordaba un episodio de su infancia en el cual retornaba de la juguete-ría sin haberse podido comprar un juguete, ya que elegir alguno lo enfrentaba con la necesidad de abandonar la posibilidad de comprarse algún otro. Ese temor de que en el proyecto desechado se encuentre preci-samente aquello que se anhela es la situa-ción que desencadena el tras-torno en la posibilidad de realizar el duelo primario.
Desembocamos así en un doble interrogante: 1- ¿Qué cualidad debe po-seer un obje-to, o un proyecto, para que renunciar a él sea imposible? 2- ¿Por qué motivo ocurre semejante incertidumbre con respecto al lugar don-de se encuentra aquello que no es posible abandonar?
Si atendemos a las condiciones que determinan la formación del ideal a partir de la imposibilidad del yo precoz para mantenerse unido frente al im-pacto de las primeras identificaciones, comprendemos que el intento de reunión con esa primera adquisi-ción perdida constituye el anhelo más fuerte que es dable imaginar y equivale a una "falta" que configura la más impor-tante carencia. Encontramos aquí la respuesta a nuestra primera pregunta.
La segunda cuestión se vuelve entonces mucho más intrigante. Sólo po-demos aventu-rar una hipótesis: el trauma de la identificación que no pudo sostenerse debe haber sido lo suficientemente intenso como para que la represión haya rechazado también las huellas del "camino" que conduce a su recuperación4.
De acuerdo con los significados etimológicos y se-mánticos de la palabra "excretar" (Chiozza,1963a), propusimos (Grus, 19765) llamar capacidad de discernir a la ca-pacidad "excretora" de la psique6.
Dado que la zoología (Weisz, 1974) sostiene que todo órgano conectado con el exterior forma parte del sistema excre-tor, parecería adecuado supo-ner la existencia de una fanta-sía ge-neral excretoria que asocia a la excre-ción urinaria con la hepática y con todas las demás excreciones del orga-nismo.
Nos parece posible postular que la fantasía general excreto-ria es inherente a una ca-pa-cidad de discer-nir de la cual depende, indisolublemente, la po-sibilidad de realizar duelos primarios.
Siguiendo un razonamiento análogo al que utilizamos en un trabajo anterior (Chiozza y col. 1970b ), refiriéndonos a la fantasía general exudativa, pode-mos decir que cuando la li-bido que corresponde a la pulsión par-cial urinaria toma el camino regresivo hacia la fantasía gene-ral excretoria, puede alcan-zar la posibilidad de quedar representada mediante alguna de las otras ex-creciones.
b. Fantasías específicas de las vías urinarias
En 1908 Freud publica Carácter y erotismo anal. Allí sostiene: "Sería pre-ciso considerar, en general, si otros complejos de carácter no permitirán discernir su pertenencia a las excitaciones de determinadas zonas eróge-nas. En ese sentido hasta ahora sólo he tenido noticia sobre la desmedida, "ardiente", ambi-ción7 de los otrora enuréticos (Freud 1908b *, pág. 158)". Freud no nos ofrece expli-cación alguna acerca del vínculo establecido entre la ambi-ción y la excre-ción urinaria.
En El malestar en la cultura (Freud, 1930a *) y en So-bre la conquista del fuego (Freud, 1932a *), señala que en el lenguaje habitual no sólo decimos que las llamas "lamen" a los objetos combus-tibles, sino que hablamos a menudo del "fuego" de una pasión. Afirma que en nexos como estos deben estar presentes "precipitados" de la historia cultural de la humani-dad más profundos aun que aquellos que han dejado sus hue-llas en los mitos y en el folklore.
Señala también que el fuego representa la cotidiana operación de las pul-siones y que mantenerlo encendido, la conquista cultural simbolizada en el robo prometeico, equi-vale a una renuncia a la satisfacción de esas pulsio-nes, renuncia que adquiere las características de un tormento igualmente cotidiano.
La antítesis entre el fuego y el agua lo lleva a postular que el aprovecha-miento del fuego tuvo por condición previa una renuncia instintiva, el hom-bre tuvo que abando-nar el deseo de apa-gar el fuego con su propia "agua", el chorro de orina.
El significado de esa renuncia queda más claro si tenemos en cuenta que, como dice Freud, la mitología otorga a los dioses el privilegio de satisfacer todos sus de-seos, de modo que, al apagar el fuego con su orina, el hombre se siente orgulloso, omnipo-tente; piensa que, como los dio-ses, puede satis-facer también todos sus deseos y con-tar con los mis-mos privilegios.
La conquista cultural, en cambio, representada por la conservación del fue-go, consti-tuye una insatisfacción instintiva, y el fuego simboliza, en esas circunstancias, el man-tener los deseos "encendidos". En un trabajo anterior (Chiozza y col. 1995b) de-cíamos que la renuncia a la satisfacción instintiva podía conducir a una situación de "sobreexcitación" interpretable como una erotización, secundaria, de las ganas. Nos encontraríamos, en-tonces, con el "fuego" de la ambición "ardiente" a la cual se refería Freud, situación que, en otros términos, equivale a una vivencia de castración geni-tal8.
La ambición, que el diccionario define como una pre-tensión, como un de-seo ardiente es, en nuestra opinión, la fantasía específica de la tensión correspondiente a la reten-ción urinaria, y el orinar equivale a la renuncia a la ambición9. En otros términos pode-mos decir que la excreción urinaria apaga la ambición precisamente porque entonces se realiza el duelo prima-rio por lo que, de este modo, pudo ser excretado.
Creemos que, secundariamente, aparece la fantasía "ambiciosa" del orinar lejos, o de algún otro modo que produzca orgullo, interpretada habitual-mente como rivalidad edípica y fálica. Consideraciones análogas son váli-das para la situación contraria, que mantiene la ambición encendida y frus-trada, y a la cual se refiere la expresión popu-lar: "se le cortó el chorro".
Si tenemos en cuenta que la ambición es un afecto, podemos también sostener que una grado "normal" de contención urinaria forma parte de su clave de inervación, y que la patología de las vías urinarias debe corres-ponder a la deformación patosomá-tica de la clave de inervación de la am-bición. De modo que, como lo sostuvimos en un trabajo anterior (Chiozza y col. 1995b) la patología de las vías urinarias equivale a un trastorno particular dentro de las alteraciones correspondientes a la patología ampo-llar10.
En el lenguaje popular el deseo ambicioso de pose-erlo todo suele denomi-narse angurria (Vaccaro, 1976). Esta acepción no es la misma que la del diccionario de la Real Academia Española (1950): angurria: micción dolo-rosa; deri-vado de estranguria, "estrangulamiento de orina". El saber popular supo unir la incapacidad de discer-nir, que origina una ambición imposi-ble, con la difi-cultad para orinar vinculando, de ma-nera in-conciente, las dos acepciones del término angurria. Coromi-nas (1961) sostiene que la acepción ameri-cana de angurria, "ansia", "deseo", se debe a una confusión de angurria, "micción dolorosa", con el dialectal engurriarse, arrugarse, de donde "encogerse", "entristecerse". La confu-sión que señala Corominas no invali-da sino que refuerza la afirmación de que existe una comunidad de sentido inconciente.
El lenguaje popular, en la frase estar meado por los perros, sinte-tiza angu-rria y en-gurria. Ser me-ado por los perros representaría la vivencia de estar sometido al mal-trato de que alguien inferior cumpla sus ambi-ciones con uno, cuando uno mismo se siente imposibilitado de llevar a cabo las pro-pias.
c. Fantasías específicas renales
Interpre-tamos el sentido de un buen funcionamiento renal como una ade-cuada ca-pacidad de "concentración y dilución" (Grus, 197611, 198612). Así como un buen funciona-miento renal implica una equilibrada relación, homeostá-tica, entre la capaci-dad de dilución y la capacidad de concentración, en las fan-tasías renales podemos utilizar casi los mismos términos para refe-rirnos a una buena o mala concentración o dilución en la reali-zación de los propósitos.
Cabe distinguir un funcionamiento equilibrado que tiene en cuenta los lí-mites que la capacidad de materializa-ción y las circuns-tancias imponen de un funcionamiento "erróneo" que puede ser descripto como un en-cierro pretencioso centrado en el pro-pósito ambicionado.
IV - ESTUDIO PSICOANALÍTICO DE LA LITIASIS URINARIA
a. La anatomía patológica y la fisiopatología de la litiasis
Se llama litiasis a un proceso morboso caracterizado por la formación de conglomerados, de solidez va-riable, que se de-positan generalmente en trayectos ca-naliculares (Barrera, Amallo y Schaffroth, 1978) . Se los en-cuentra en los con-ductos excretores de la orina, bilis y saliva, conductos que tienen una estructura his-to-lógica semejante y que son fisiológicamente análogos.
Desde la notable edición del Traité de la Anato-mie Patholo-gique Générale de Cruveilhier en 1852, poco se ha agregado sobre el tema. Pensa-mos que, por el contrario, se ha perdido mucho. Se ha perdido, por ejemplo, la detallada des-cripción de los cálculos y de las complicaciones clínicas de la li-tiasis.
Las complicaciones de la calculosis han reducido o transfor-mado, en nuestra época, su modo de expre-sión, debido, qui-zás, al conocimiento de que gran parte de las infecciones urinarias eran "introducidas" por manio-bras instrumentales médicas y, además, al uso de la antibióticoterapia, .
Cru-veilhier realiza algunas consideraciones generales a partir de la química orgánica, para aclarar el obscuro tema de la patogenia de los cálculos propiamente di-chos, y de to-dos los depósitos insolubles que se pro-ducen en la economía.
El cálculo está formado por una, dos, o varias sales que se encuentran normalmente o patológicamente en so-lución en un líquido excretado. Casi siempre están provistos de un nú-cleo que inter-viene en la pro-ducción de los cálculos a la manera de un cristal que, sumergido en una aguamadre, atrae hacia sí las moléculas salinas di-sueltas y se transforma en el centro de su reunión sucesiva.
Los líquidos que permanecen o que circulan en el cuerpo, aquellos que bañan nuestros tejidos y nues-tros órga-nos, pue-den ser considerados como soluciones más o menos saturadas de las sustancias más variadas de na-turaleza orgánica o mi-neral. Con gran frecuencia, es-tos materiales disueltos, son solubles en agua; así la urea, el cloruro de sodio, el car-bonato de sodio, el fosfato de sodio, se di-suelven con gran facilidad sin la intervención de ningún otro agente. No su-cede lo mismo con un gran número de otras sustan-cias, natu-ralmente insolubles o poco solubles en agua, las cuales se disuelven en los líqui-dos de la economía solo gracias a ciertos principios que, combinándose entre ellos, modifican su solubi-lidad. En base a esto podemos decir que muchos de los líquidos del organismo constituyen soluciones sobresatu-radas de ciertas sus-tancias naturalmente insolubles en agua, y se deposi-tan con gran facilidad en cuanto la constitución del líquido complejo que las contiene en solu-ción sufre la menor alteración.
Otras causas pueden producir el mismo resultado. En ciertas condiciones los materiales insolubles pue-den producirse en mayor cantidad que normalmente, deposi-tándose de este modo en el líquido que de-bería disol-verlos. Es así que vemos fre-cuentemente que el ácido úrico se forma en exceso en la eco-nomía y produce are-nillas o da lugar inclusive a la forma-ción de un cál-culo urinario.
La tercera posibilidad de precipitación de materiales inso-lubles en los líquidos del cuerpo, corresponde a la se-cre-ción anormal de una sustancia insoluble, por ejemplo, el ácido oxálico.
La producción de cálculos biliares y urinarios consti-tuye una patología muy común en la especie hu-mana. Esta frecuen-cia no resulta sorprendente si considera-mos que los líqui-dos, a expensas de los cuales se for-man, son ciertamente los productos de excreción más complicados de la economía. Escribe Cruveilhier que, aunque su proposición parezca un poco arriesgada, los cálculos urinarios se revelan du-rante la vida por un acontecimiento más o menos grave.
Los cálculos propiamente dichos pueden ocupar todos los pun-tos del aparato excretor urinario, pero se for-man preferen-temente en las cavidades destinadas a ser-vir de reservorios a la orina. La orina perma-nece allí casi en reposo, sin ser agitada como cuando circula por las vías del aparato urina-rio.
Los cálculos, entonces, se forman más particularmente en la vejiga, los cálices y la pelvis renal. Allí, su-mergidos en el mismo medio que contiene en solución los materiales que los componen, pueden agran-darse li-bre y uni-formemente, tomar un volumen considerable, una forma a menudo regular y adqui-rir una dureza que es a ve-ces muy notable.
Se puede decir de una manera general que la formación de los cálculos tiene lugar en virtud de una verdadera cristaliza-ción de los materiales que se separan de un líquido. Este enfoque agrega condicio-nes especiales que aportan algunas modificaciones al fenómeno pura-mente físico.
Los materiales insolubles se depositan generalmente en forma pulverulenta o en forma de cristales mi-croscópi-cos. ¿Cómo se hace este polvo, estos cristales que se aglomeran con tanta facilidad y dan lu-gar, a veces, a masas que ofrecen una so-lidez tal, que resulta difícil romperlas? Hay una condición es-pecial que interviene en los fenómenos de esta cristaliza-ción lenta y que produce el efecto que busca-mos explicar.
Los líquidos orgánicos tienen, en general, una consti-tución muy compleja, y todas las veces que uno de sus principios constituyentes se separa, es raro que no arrastre con el al-guna otra sustancia, igualmente contenida en el líquido. En otras palabras, los materiales de un cálculo no son jamás sustan-cias puras, principios se-para-dos de toda mezcla. Se suelen encontrar en los cál-culos pequeñas cantidades de una sus-tancia insoluble. Así, por ejemplo, en los cálculos fosfáti-cos, el fos-fato de calcio, que constituye por si mismo una sustan-cia amorfa, poco coherente, está mezclado con una pe-queña cantidad de mucus que precipita con él y que suelda entre ellas a las partículas de la sal calcárea. Puede atri-buirse, en cierta forma, la coherencia y la dureza de cier-tos cálculos a la presen-cia de este mucus que funciona como un ce-mento orgánico.
Los ataques causados por los cálculos tienen casi siempre como origen la dificultad del pasaje a través de los conduc-tos excretorios.
Las arenillas de las vías urinarias se presentan de dos for-mas. La forma en magma y la forma cristalina. La pri-mera está constituida por arenas calcáreas aglu-tinadas con la ayuda de mucus. La arenilla cristali-na puede estar formada por muchas sustancias que son las que otorgan dife-rentes co-loraciones a los cálculos: rojos, grises, amari-llos, negros, o blancos. El ácido úrico, el urato de amonio y los fosfatos cal-cáreos son su base.
La forma de arenillas pulverulentas es propia de las vías urinarias. A veces están constituidas por sales calcá-reas y en este caso coinciden con una inflamación local. Baille, citado por Cruveilhier, dice que la ve-jiga puede llenarse de un conglomerado que se adhiere a las paredes del órgano sin que pueda des-pegarse en su tota-lidad. Drelincourt (en Cruveilhier, 1852) lo llama una "verdadera incrustación" y no en-cuentra unión más íntima en los gu-sanos de un viejo tonel de vino con ese tonel, que la que tienen los mu-cílagos pe-trificados con la vejiga. Toda esa vejiga representa para Drelincourt una gruta o, más propiamente, una mina, de la cual se des-prenden piedras y mine-rales, y que hubiera sido realmente fecunda si no hubiera ce-sado de producir nuevas pie-dras, ni de agrandar aque-llas que se acaban de tallar en esa roca que el autor hallaba aterradora.
Nos parece importante se-ñalar aquí que debido a los trata-mientos con antibióticos, estos estadios de la evolu-ción de una inflamación crónica de la vejiga no son alcanzados en la actualidad.
En cuanto a las dimensiones de los cálculos se puede decir que no existe un límite riguroso que los dife-rencie de las arenillas. Lo que es arenilla para un individuo cuyos con-ductos excre-tores son largos y dila-tados, será cálculo para otro cuyos conductos son normalmente o acci-dentalmente más estrechos.
Una observación importante sobre el tema del vo-lumen de los cálculos urinarios, es que este volumen está en relación más o menos cons-tante con la composición química. Así, cuando se trata de un cálculo formado por ácido úrico u oxalato de cal, (y en general los cálculos formados por una sola sus-tancia) rara vez adquieren un gran volumen. Los cál-culos más voluminosos están constituidos por fos-fato calcá-reo solo o cubriendo cálculos de ácido úrico.
El peso de los cálculos es extremadamente variable. Desde varios centigramos hasta varios cientos de gra-mos. Los cál-culos de ácido úrico y de oxalato de cal-cio son más pesa-dos, a igualdad de volumen, que los de fosfato de calcio o amo-níaco-magnesio.
Puede haber uno o varios cálculos, y en este último caso, pueden reunirse en una misma re-gión del aparato excretor o llegar a ocupar toda la extensión del aparato.
En cuanto a fijeza o movilidad suelen presentar muchas dife-rencias. Generalmente se encuentran libres en los reser-vorios y con un grado de fijeza más o me-nos grande en los conductos excretores. Apenas sobre-pasan un cierto volumen, el canal excretor dilatado les forma una especie de quiste filtrando la orina en-tre las paredes dilatadas del canal y los cálculos, cuando no sucede una obstrucción completa. Esa espe-cie de enquistamiento incompleto se encuentra fre-cuentemente en los casos de cálculos rena-les que lle-nan y distienden la pelvis re-nal, si bien el riñón que puede en-contrarse atrofiado concurre a la forma-ción del quiste. Esta disposición tam-bién puede ha-llarse en los cálculos in-troducidos en la por-ción del uréter que atraviesa oblicua-mente el bajo fondo de la vejiga. También pueden estar fijos en los reservorios, como los cálculos incrusta-dos o engarza-dos de la vejiga.
Fatorruso y Ritter (1963), con quienes coinciden la mayoría de los autores, sostienen que son nece-sarias ciertas condiciones para que se produzca una litiasis renal. Dado que la cristalización del ácido úrico y de los uratos se produce en una orina ácida, afirman que un tercio de los gotosos forman cálculos de ácido úrico.
Barrera, Amallo y Schaffroth (1978) agre-gan que puede ad-mitirse para la ma-yor parte de los casos que las concrecio-nes sóli-das se hacen a expensas de un núcleo uricral. Recor-demos que el ácido úrico es el último esla-bón del metabo-lismo de las nucleoproteínas.
También se admite que hay una predis-posición a la formación de cálcu-los en todos aquellos casos en los cua-les se pro-duce un aumento en la eliminación de ácido úrico, como por ejem-plo en la policitemia vera y en la leucemia mie-loide.
Franklin Epstein (1962) señala, sin embargo, que en más de la mitad de los pacientes con cálculos de uratos no se ob-serva hi-peruricemia ni que poseen una excreción urinaria au-mentada de ácido úrico. En este grupo de enfer-mos encontró una tendencia inexplica-ble a excretar orina ácida de pH in-ferior a 5,5 que puede predispo-ner a la formación de pie-dras de ácido úrico.
Aunque no se ha podido deter-minar de qué factores depende la formación de cálculos de ácido oxálico, se sabe que no de-pende de la alimentación. La hiper-clorhidria aumenta la eli-minación de oxalatos. La pre-sencia de ion calcio y la ausen-cia de ion magnesio en la orina favorecen la producción de cálculos oxálicos a partir de una orina alcalina. También se sostiene que puede haber un in-cremento en la for-mación endó-gena de ácido oxálico que contribuya a la formación de cál-culos.
Para los cálculos de fosfato también se requiere la presen-cia de un medio alcalino en la orina. Los fosfa-tos au-mentan en los estados de hambre, en las distro-fias musculares, en los regímenes ricos en proteí-nas y cuando sucede un aumento en la secreción de hormona paratiroidea.
También se señala una serie de condiciones fisicoquí-micas locales que favorecen la cristalización: oligu-ria, es-tasis urinaria, malformaciones congénitas de las vías urinarias y las menciona-das variaciones de pH.
Márquez (197213) señala que, a pesar de las investiga-ciones realizadas, los factores que inter-vie-nen en la litogénesis son todavía desconocidos. Agrega, a las condiciones que hemos reseñado, un aumento de las mu-coproteínas, componentes de la matriz del cálculo, como ya lo indi-cara Cruveilhier en 1852 y, además, una disminución de las sustancias estabilizadoras de la orina, cuya pre-sencia es un obstáculo para la precipi-tación de los crista-loides.
Señalemos, además, que a la forma de agujas en haces, propia de los cristales de ácido úrico, se la de-nomina "en mitra de obispo", y que a los cristales piramidales de las produccio-nes oxálicas se los llama "en sobre de carta". Los cálculos de fos-fato de calcio, que son grandes, irregulares, ramifi-cados y van moldeándose en la vía excretoria fueron denomi-nados "coraliformes" por su semejanza al coral.
Se suele postular en Urología (Otamendi y col., 197214) que únicamente los pe-queños cálculos mudos ca-licilares, los que se expulsan espontánea-mente y los coraliformes no complica-dos es-capan al concepto general de que la litiasis renal es una infección que se re-suelve con el tratamiento qui-rúrgico, que varía desde las más conser-vadoras nefrosto-mías y pielo-tomías, hasta nefrectomías parciales y totales.
Vicchi y col. (1972)15 indican que debe ha-cerse, y sólo si es ne-cesaria, la cirugía más conserva-dora po-sible, ya que en un terreno predispuesto a la litiasis es frecuente la aparición de la enfermedad en am-bos riñones.
Nordin y col. (1981) sostie-nen que los cálculos renales y ureterales re-presentan el 90% de to-dos los cálculos urinarios en los países occidenta-les. Aproximadamente la mitad de los cálculos se elimina espontá-neamente; la mayoría de los restantes han tenido que ser ex-traídos quirúrgicamente. La pro-porción hombres-mujeres os-cila entre 2 a 1 y 4 a 1. La incidencia mayor se en-cuentra entre los 30 y los 50 años. Las recidivas son frecuentes, disminuyendo después de los 50 años de edad.
Se re-fieren, además, a la mayor incidencia de la litiasis en per-sonas de vida sedentaria, en comparación con las personas que desarrollan una actividad física importante.
En relación a la composición química de los cálculos, afir-man que es imprescindible conocer su compo-sición para su tratamiento. Los cálculos pueden ser de oxalato de calcio, oxalato y fosfato de calcio, fosfato de calcio, fosfato amó-nico-magnésico, ácido úrico y cistina.
Según su ubicación podemos describir una nefrolitiasis, cál-culos de las vías urinarias superiores y cálcu-los de las vías urinarias bajas.
En relación con la litogénesis Nordin y col. (1981) plantean que una teoría completa debe poder dar cuenta de la formación, la retención y el cre-cimiento de un `germen' o núcleo litógeno dentro de las vías urinarias.
Se han propuesto dos teorías principales:
1. la que describe la aparición de un núcleo litógeno en el parénquima renal, o en las células de las papilas, o en el sistema linfático. El núcleo aparecería en la pelvis donde constituye el ger-men para la formación del cálculo.
2. La litogenesis, en esta teoría, sería un proceso esencialmente extracelular, se de-sarrollaría por completo en la luz del aparato urinario.
Este grupo de teorías comprende cuatro hipótesis principales:
a. Teoría de la matriz, actualmente descartada.
b. Teoría del inhibidor de la cristalización. Se trataría de un defecto de excreción de los com-puestos protectores que deben inhibir la cristalización de ciertas sales litógenas (coloides protec-tores, mucopo-lisacáridos, fosfopéptidos, pi-rofosfato y magnesio).
c. Teoría de la cristalización de la hiperexcreción. Atri-buye la litogénesis al paso de orinas so-bresatura-das en una o varias sales litógenas. De ese modo puede producirse la precipitación espontánea.
d. Una combinación de los precedentes que permite crear un índice de saturación-inhibición. La com-binación de estos ín-dices para el oxalato y el fosfato de calcio permiten formar un `factor de crecimien-to' de los cristales.
Cabe señalar que nada se sabe todavía acerca del "terreno predispo-nente" al que hacen referencia di-versos autores por ejemplo, Andrade, Santillán y Carro (197216) cuando hablan de "litiasis de organismo".
b. El significado inconciente de la litiasis
Georg Groddeck (1921) sostiene que la disposición a la litogénesis se disipa es-pontáneamen-te. Tal desaparición implica que el organismo posee sus pro-pios medios para li-brarse de esa en-fermedad, y señala que uno de estos medios es la modifica-ción de la vida anímica conciente e inconciente.
Presen-ta una paciente a la que trató durante muchos años, los primeros 12 con el tratamiento que realizaba habitual-mente en su clínica. De ahí en adelante, comen-zó a psicoanali-zarla. Groddeck escribe que no puede de-mostrar que la ten-dencia a la formación de cálculos desapareció por el tra-ta-miento psíquico, pero, sin em-bargo, los cálculos se disol-vieron durante el trata-miento, con una notable transforma-ción de la paciente en su constitu-ción anímica y corporal.
El material reprimido de la enferma, que aparece vincu-lado con la desapa-rición de la tendencia a formar cál-culos rena-les, se refiere a la muerte de sus pa-dres.
Escribe Groddeck que este caso es uno de los muchos seme-jantes que ha tratado, y que sólo menciona aquello que le pa-rece vinculado con la forma-ción de cálculos. Luego efectúa una serie de consideraciones generales que no rela-ciona con el caso presentado, pero que sin embargo, desde nuestro punto de vista, contribuyen a su esclarecimiento.
Señala que el inconciente infantil toma a la orina, en de-terminados momen-tos, como un medio de procreación. Dice Groddeck que estas re-laciones deben ser tenidas en cuenta en los enfermos del riñón.
Al recordar lo especialmente desagradable que le re-sultaba a la paciente la inconti-nencia de su padre es-cribe: "... debo, presionado por mis experien-cias, enunciar la proposición de que los enfermos del riñón y la vejiga llevan consigo una estrecha re-lación con la incontinencia en su inconciente [...] En esto se basa, por ejem-plo, la re-gre-sión que efectúan las personas de edad avanzada a la incontinencia infantil. Pero esta forma inconciente del goce se entrelaza sobre todo con otras cosas, per-mitiendo así, se-gún mi opinión, la aparición de las enfermedades renales. Considero comprobado el hecho de que en la formación de cálculos renales ac-túan siempre ideas inconcien-tes de embarazo" (Groddeck, 1921, pág. 256).
Pero esa respuesta nos conduce a otra cuestión. ¿Qué clase de embarazo es aquel cuyos hijos son las piedras del riñón?
Escribimos (Chiozza,1963a, pág. 28) haciendo referencia a la litiasis biliar: que así como un operado de vesícula "puede" haberse castrado simbólica-mente, y un esfínter de Oddi puede simbo-lizar al ano, "... nada se opone a que una vesícula biliar con un cálculo, por ejemplo, simbolice a un útero con un hijo muerto..." . Recordemos también que al momento expul-sivo de la pie-dra se lo denomina "parto del cálculo"17. Señalamos ya que los aparatos a través de los cuales se rea-lizan la excreción urina-ria y la excreción biliar poseen conductos con una estructura histológica similar18, un re-ceptáculo que se denomina de modo semejante19, y comparten una misma patología, la litiasis.
Acude a nuestra memoria una reflexión que Freud es-cribe en sus Estudios sobre la histeria: "... La histe-ria acierta cuando restablece para sus inerva-ciones más intensas el sentido originario de la palabra. Y hasta puede ser incorrecto decir que se crea esas sensaciones mediante simbolización; quizás no haya tomado al uso lingüístico como arquetipo, sino que se ali-menta junto con él de una fuente común" (Freud y Breuer, 1895d *, pág. 193). Si-guiendo esta idea de Freud, nos pare-ce posible extender este concepto y pensar que la litiasis y las referen-cias verbales que aluden a ella, deben extraer sus mate-riales de una misma fuente. Trataremos de profundizar ahora en este com-plejo simbólico em-barazo, hi-jos, parto con el que diferentes autores, des-de dife-ren-tes ámbitos de la me-dicina, han hecho referencia a la litiasis.
Dadas las coinciden-cias señaladas planteamos que, la produc-ción de pie-dras en el cuerpo humano debe corresponder, en principio, a una fantasía gene-ral litiásica. Así, según el territorio comprometido, encontraremos pie-dras por depósito de sales bilia-res, o piedras por depósito de solutos urina-rios.
Es posible sospechar, a priori, que si en la forma-ción del cálculo biliar esta comprome-tida la envidia (Chiozza, 1963a ), en el cálculo renal lo mismo suce-derá con la ambición, afecto al que consideramos estrechamente vinculado a las en-fermedades urinarias.
c. Acerca del simbolismo de las piedras
"Nada más inmediato ni mas autónomo en la plenitud de- su fuerza dice Mircea Eliade nada más noble y aterrador que una roca majestuosa, que un bloque de granito au-dazmente er-guido. Ante todo la piedra es. Es siem-pre la misma, sub-siste, y lo que es más importante, aglu-tina una cosa con otra." (Pérez Rioja, 1962). La pie dra impresionó vivamente la imaginación del hombre primi-tivo, quien le atribuyó fuerzas y virtudes mágicas, y su culto persiste hasta el día de hoy.
Para Carl Jung (1977) la importancia de la materia se mani-fiesta ante todo en la elección de la imagen de Dios la piedra que apare-ce en la alquimia griega más anti-gua. Po-de-mos afir-mar sin lugar a e-rror, escribe Jung, que el símbolo de la piedra es más anti-guo que su aplicación alquimista. También la piedra puede ser lu-gar ocasional de nacimiento de los dioses. Mitra, que nace de una piedra, dio lu-gar a una religión, el mitraísmo, cuyos sacerdotes usaban una toca que los distinguía. Este sombrero orna-mental, a través de distin-tas derivaciones "llegó" hasta la re-ligión católi-ca y es utilizado por sus sacerdotes más jerarquizados (Salvat, 1972). Señale-mos, de paso, que ese sombrero da su nom-bre a la forma que adoptan las agujas de los cristales de ácido úrico, "en mi-tra de obispo", constituyentes de los cálculos del riñón.
En la India los jóvenes se suben a una pie-dra para adquirir firmeza de ca-rácter (Eliade, 1964). Pensamos que quizás la frase "ser de piedra" o "hacerse de piedra" con la que sole-mos alu-dir a una persona que intenta evitar que sus senti-mientos influyan en sus decisiones, se refiere a una identificación con este carácter inmutable de la pie-dra, que los jóvenes hin-dúes intentaban adquirir como una virtud.
Mircea Eliade, en un capítulo sobre las piedras simbóli-cas, es-cribe que ciertas piedras se convierten en sa-gradas porque en ellas se encarna el alma de los muer-tos o porque repre-sentan una fuerza sagrada, una divi-nidad, un acontecimiento solemne o un pacto religioso (Eliade,1955).
Para Marie Louise von Franz (1964) el self es frecuentemente simbo-lizado por una piedra. Los hombres han recogido piedras desde el principio de los tiempos y parecen haber supuesto que algunas de e-llas contenían la fuerza vi-tal. La costumbre de colocar piedras en las tumbas puede simbolizar la idea de que algo eterno de la persona del muerto permanece, algo eterno que el hombre puede alcanzar en los momentos en que se siente inmortal e inalterable. Los monumentos de piedra, recor-datorios de hombres o suce-sos im-portantes, probablemente tengan su origen en ese significado simbó-lico de la piedra.
Así, desde la piedra en la que Jacob tuvo su sueño hasta la Kaaba, la pie-dra a la que todos los musulmanes piadosos es-peran peregri-nar, muestran cómo el hombre se siente incitado a expresar con una piedra una ex-pe-riencia y, al mismo tiempo, otor-garle permanencia.
Los alquimistas medievales, que buscaban el secreto de la materia espe-rando encon-trar en ella a Dios o, al menos, el funciona-miento de la activi-dad divina, creían que ese se-creto estaba incorpora-do en el lapis, la "piedra filo-sofal". Pero al-gunos de ellos per-cibieron que el lapis era el sím-bolo de algo que podrá encontrarse solo den-tro del in-conciente del hombre. Así Morenus, un al-quimista árabe, ci-tado por von Franz (1964, pág. 210), dice: "Esta cosa (la piedra filosofal) se extrae de ti; o, para decirlo con mas claridad, ellos (los alquimis-tas) la toman de ti. Si reconoces esto, el amor y la aproba-ción de la piedra crecerá dentro de ti". La pie-dra de la al-quimia simboliza algo que nunca puede per-derse o disolverse, algo eterno que los alquimistas compa-raban a la expe-riencia mís-tica de Dios dentro de nuestra alma, y a la que von Franz categoriza como símbolo del sí mismo. Para esta autora el hecho de que este superior y más frecuente símbolo del "sí mismo" sea un ob-jeto de ma-teria inorgánica señala aún otro campo de investiga-ción y especula-ción, es decir, a la relación entre lo que llamamos psique incon-ciente y lo que llamamos ma-teria.
Para Carl Jung (1977) el lapis representa al hombre interior, es la na-turaleza escondida. Los atri-butos divinos del la-pis son en tal medi-da notables, incorruptibles, per-manentes, divi-nos y únicos, que se hace imposible no interpretarlo como el Dios escondido en la materia, es decir, como el dios del macro-cosmos. La piedra salutí-fera el lapis sur-ge del hombre y cada hombre es el por-tador potencial y aún el crea-dor del lapis.
La relación del lapis con la inmortalidad se establece desde época muy temprana. El lapis tiene una historia que se retro-trae hasta la prehistoria. Es "la piedra que tiene es-píritu" (Jung, 1977, pág. 45). Es la panacea, la medicina catho-lica (la me-dicina universal), el alexispharmakon como antiveneno, la tintura que transmuta el metal en oro y el guijarro sin valor en piedra preciosa. Es lo que trae ri-queza, poder, y salud; como remedio del alma vence a la melancolía, y en un estadio superior como un vivus lapis philosophicus, es un símbolo de la inmortalidad (Jung, 1977, Ibídem).
Una síntesis parcial de los significados atribuidos a la piedra podría ser la siguiente: Su cualidad de sub-sistencia, desde la per-cepción humana, su-mado al hecho de su utili-za-ción en monumentos, testi-gos de un pasado que es presente en nuestra "herencia" y que nos permi-te su comprensión, le ha dado el carácter de sagrada. Frente a ella se experimenta y se le atribuye el sen-timiento de inmortalidad e inalterabi-lidad.
d. Las fantasías inconcientes específicas de la litiasis
La existencia de cálculos en distintos aparatos nos obligan a esbozar la tesis de una fantasía general litiásica que co-rresponde a la formación de cálculos, sean biliares, urina-rios o salivales.
Pensamos que debe existir, además, una estrecha vinculación entre la fanta-sía ge-ne-ral litiásica y la fantasía general excreto-ria. Recorde-mos que los lugares predilectos para la producción e insta-lación de los cálculos son los con-ductos excretores.
Cuando sintetizamos el pensamiento de los au-tores que se re-fieren al sim-bolismo de las piedras, decíamos que adquieren el carácter de lo sagrado y qu e se representa, a través de ellas, la inmortalidad, la eternidad, y la per-manencia inalterab-le.
Como recordatorios de hombres o sucesos impor-tantes solemos utilizar monumentos de piedra. Jesús le dice a Simón: "Feliz eres Simón, hijo de Jonás, porque carne y sangre no te (lo) reveló, sino mi Padre que está en los cielos. También yo te digo a ti: Tú eres Pedro, y sobre esta masa de roca edifi-caré mi congregación ..." (Mateo 16: 17,18). Pedro pro-viene de petrus, que en griego significa roca.
Pensamos que, de acuerdo con lo que la piedra, como monolito conmemo-rativo, sim-boliza, en la litiasis deben operar fanta-sías inconcientes de inmor-talidad, eternidad e inalterabili-dad.
El individuo lleva realmente una existencia doble, en cuanto es fin para sí mismo y eslabón dentro de una cadena de la cual es tributario contra su voluntad o, al menos, sin que medie ésta.
Freud, en su es-crito Introducción al narcisismo (1914c*, pág. 76), señala: "El individuo lleva una existencia do-ble: una para servir a sus propios propósi-tos, y la otra, como eslabón de una cadena a la cual sirve con-tra su volun-tad o, al menos, involuntariamente. El in-divi-duo mismo considera a la se-xualidad como uno de sus propios fines, mientras que, desde otro punto de vista, es un apéndice de su plasma ger-minal, a cuya disposición pone sus energías en recompensa por una cuota de placer. El es un vehículo mortal de una sus-tancia (posiblemente) inmortal." En Mas allá del princi-pio del placer (1920g *) agrega: "... Las cé-lulas germinales son [...] poten-cialmente in-mortales, en tanto son ca-paces de desarrollarse en un nuevo indivi-duo, o en otras palabras, rodearse de un nuevo soma" (Freud, 1920g *, págs. 44-45). Existe un "momento" en el cual, du-rante la vida fetal, se "sepa-ran" las células germina-les del resto del cuerpo. Podemos decir que, alguna vez, se mate-riali-zan, y luego, en otra época, se deposi-tan en los- hijos como plan genético, conser-vando la ca-dena de la espe-cie a la cual se refería Freud.
Señalamos ya que el proceso de identifi-cación concluye con un duelo, al que deno-minamos pri-mario, mediante el cual se "excretan" aquellas partes del objeto y del Yo que deben ser abandonadas. Un duelo que con-duce a que se depositen en el Yo las investiduras re-tiradas del objeto perdido. Vinculamos esa "excreción", que corres-ponde al duelo primario en el pro-ceso de identificación, con los sistemas ex-cretores.
Una persona con alteraciones en el modo de funcionar "excretorio" de la psique, es decir, con un duelo pri-mario perturbado, tendría dificultad para "excretar" aquellos ide-ales o proyectos que no puede materia-lizar. Postula-mos, ade-más, que existe una fanta-sía ge-neral excreto-ria que asocia a la ex-creción urinaria con todas las demás excreciones del orga-nismo y que de-pende de la capa-cidad de discer-nir.
Planteamos también que un buen funcionamiento re-nal equivale a una ade-cuada ca-pacidad de concentración y dilución y que podemos utilizar los mismos términos, que corresponden a fantasías renales, para referirnos a la concen-tración y la dilución en la reali-zación de los propósi-tos.
Cuando no se disciernen los ideales imposibles de materiali-zar y no se retiran de ellos las investiduras mediante un proceso de duelo primario, no puede procederse a su excre-ción. Podemos pensar entonces que, en tales condiciones, constituyen un "depósito" de ambiciones imposibles.
No es aventurado suponer que esos ideales imposibles, com-prometen, "regresivamente", una vivencia de inmortalidad y que se expresan simbóli-camente en el "depósito" constituido por las concreciones materiales que llamamos cálculos.
Debemos preguntarnos ahora que es lo que configura la inca-pacidad de discernir en-tre lo posible y lo imposible. Freud establece la diferencia que existe entre la "cosa" presente en la reali-dad "material" y el objeto "pre-sen-te" en el existente "psíquico", como recuerdo de anterio-res ex-periencias. Las experiencias son irrepetibles y es impres-cindible tolerar la dife-rencia para que la satisfacción de la necesidad sea posible. Weizsaecker (1947) formula lo que llama "su pequeña filoso-fía de la historia" diciendo: "posi-ble es lo no realizado, lo que ya se ha realizado es imposible".
La forma magna de lo imposible será, pues, lo que ya fue. La incapacidad de renunciar al anhelo de volver a lo que fue, encuentra un primer motivo en la necesidad de retro-ceder frente a un presente que no se puede sopor-tar.
Desde otra perspectiva, que se refiere a la misma te-mática y contribuye a aclararla, pensamos que la fan-tasía de reemba-razo y renacimiento se en-cuentra es-trechamente rela-cionada con la vivencia de in-mortalidad (simbolizada en la piedra) ya que estable-cería un ciclo fantaseado de muerte y resurrec-ción. Nos parece po-sible interpretarlo como el deseo de vol-ver a nacer con todos los ideales y las posibilidades intactas, "con toda la vida por delante", evitando de este modo la necesidad de duelar. Puede decirse quizás, desde otro ángulo, que la inten-ción fallida de reconstituirse como un fe-to pluripo-tente y de na-cer siendo otro, da lugar, en una forma de expresión simbó-lica, al "nacimiento" de un "feto muerto", el cálculo, en un "parto" do-loroso que puede mitigarse en un baño de inmer-sión.
De este modo el cálculo constituiría un "monumento", un "testigo" de algo que ya fue y que no puede volver, el depó-sito de un "tesoro", de un ambi-ción que no se puede materia-lizar ni abandonar, y que compromete, en última instancia, al ideal, nunca duelado, de perma-nencia in-mortal.
Recordemos la definición de litiasis: se llama así a un pro-ceso morboso caracterizado por la formación de conglomerados de soli-dez variable, que se depositan general-mente en tra-yectos canaliculares.
Cuando hablamos de depositar nos referimos, de acuerdo con la Real Aca-demia Es-pañola (1950), a la acción de poner bie-nes o co-sas de valor bajo custodia. Drelincourt se refería a una vejiga incrustada con arenillas dicien-do que parecía una mina de donde se desprendían piedras o minera-les. Depositar es también "sedimentar , sepa-rarse de un lí-quido una materia que estaba en suspensión cayendo al fondo. Un de-pósito sería "ademas de la cosa deposi-tada, el lugar dónde se guardan los cadáveres que no pue-den ser enterrados" El latín depositare, que entre otras acep-ciones significa "entregar", "guardar", "reservar", está re-lacionado con de-ponere y depo-nent, "uno que testi-fica", "un testigo", e igualmente "testificar". Depo-nere puede fraccionarse y se rela-ciona así con "poner", "colocar", "enterrar" Po-nere es también po - sinere, donde po es una antigua preposición y sinere es "confesar", "admitir". El sentido original de si-nere parece haber sido "emplazar", "instalar", y tam-bién "recordar pormenores a -cerca de" (Skeat, 1882).
El diccionario de la Real Academia Española (1950) define al cálculo como "cómputo, cuenta o investigación que se hace de alguna cosa por me-dio de operaciones mate-máticas". Tam-bién significa "conjetura". Ade-más, "concreción anormal que se forma en la vejiga de la orina y tam-bién en la de la bi-lis, en la de los riñones, y en las glándu-las salivales. De cálculo deri-van "calcular "y "calculador "(Corominas, 1961). De acuerdo con Coromi-nas la palabra "cálculo" significa, en primer lugar, piedra o guijarro, y ad-quiere la significa-ción de cuenta debido a las piedrecillas usadas para con-tar.
Skeat (1882) explica que el término concreción proviene de con-creto, "no abstracto", que es un derivado de con-cretus, par-ticipio de concrescere, "crecer por aglome-ración", "espesarse", "endurecerse". Concretar implica "reducir a lo más esencial y se-guro la ma-teria sobre la que se habla o se escribe; redu-cirse a hablar o tratar de una cosa sola, con exclusión de otros asuntos (Real Academia Española, 1950).
El término conjeturar, que como ya hemos visto, denota una de las a-cep-ciones de calcu-lar, se define como "formar juicios de una cosa por indicios u obser-vaciones" (Real Academia Española, 1950). En su ori-gen significó "barruntar", "adivinar", "acertar", "suposición" . La voz latina con-iacere puede tradu-cirse a su vez como "acumular", "juntar", "recurrir" (Skeat, 1882).
Por obra de una conjetura se pueden hacer juicios de una cosa a través de indicios y observaciones con el deseo de adivinar, suponer, o acertar. Creemos que el destino del calcular como el de conjeturar, es proveer de los indicios que permitan adivinar como se pueden ha-cer concretos deter-minados objetivos, ex-cluyendo cuanto pueda ser extraño o ac-cesorio para tal fin.
Pensamos que tanto la "concreción" como el "cómputo" así como la "piedra" y la "cuenta", deben estar pre-sentes, condensa-dos, en el sentido del cálculo. Existe una modalidad caracterológica en la cual el "calcular" se convierte en una ma-nera de vivir. Suele ha-blarse entonces de personas que son "calculadoras". Podemos hablar, desde este punto de vista, de un ca-rácter "calculador", que conjetura y procura adivinar. También suele decirse que tales personas "especulan". Se trata de propósi-tos, gene-ralmente ocultos que, desde nuestro punto de vista constituyen "especulaciones am-biciosas" y pensamos que, en lo que a ellas respecta, son válidas las con-sidera-ciones que hemos hecho acerca de las ambiciones retenidas como ideales imposibles que no se logran materializar ni re-signar.
Creemos también que es justamente esa característica, sur-gida de una dificultad en el discernimiento, la que conduce a esa hipertrofia espe-culadora que, de ser conciente, reme-daría al pensamiento obsesivo, y que constituye una manera de mantener oculta la imposibilidad "renal" de discernir y concretar mediante la renuncia implícita en un duelo prima-rio.
Mientras tanto se especula con el deseo inconciente de "burlar los límites", se escon-de, se "deposita" en el cál-culo", a la espera de una ilusoria opor-tunidad propicia, como un "muerto" que no se puede duelar, el "tesoro" de ide-ales imposibles, de los cuales la concreción litiásica es, al mismo tiempo, monolito conmemorativo y "testigo". El su-jeto entero, en el carácter calculador. se "hace de piedra" en el mantenimiento, "lineal" e invariado, de los ideales imposibles que oculta.
Pensamos que la existencia de los cálculos urinarios testi-monia una dificul-tad para discernir y resignar las ambicio-nes imposibles, mientras que, en los cálculos biliares se "depositan" otros ideales.
Creemos que los ideales de características "sagradas", que comprometen la vivencia de inmortalidad y las posibilidades ilimitadas de la omnipotencia divina, presentes en las fan-tasías de renacimiento "cíclico", se resisten al ataque "envidioso" y "digestivo" imprescindible para su asimilación y mate-rialización, configurando un "tormento he-pático" infructuoso que, en alguna de sus vicisitudes, puede manifes-tarse como litiasis biliar.
e. La mujer de Lot
Al amanecer del día en que deberían destruir la ciudad de Sodoma, por sus cruelda-des y sus costumbres perversas, los ángeles enviados por Jehová, agradecidos por la hospitali-dad de Lot, le dijeron: "Sálvate. No mires atrás y no te de-ten-gas en parte al-gu-na del valle; huye al monte si no quie-res pere-cer" (Génesis 18: 17). La mujer de Lot de-sobedeció y se transformó en una piedra de sal (Génesis 19: 15-26).
Jesús predijo que en los días del hijo del hombre , o du-rante su segunda presencia, las circunstancias serían seme-jantes a las de los días de Lot, cuando las personas eran "indiferentes", comiendo, bebiendo, vendiendo, plantando o construyendo, hasta que el fuego y el azufre llovieron desde el cielo para destruirlos a todos. Cristo señaló que en los tiempos futuros "las personas no debían retornar a las co-sas dejadas atrás" y dio un ejemplo rotundo para mostrar las grandes consecuencias de hacerlo diciendo: "Recuerden a la mujer de Lot" (Lucas 17:26, 32).
¿Cuál es el motivo por el cual mirar hacia atrás puede con-vertirse en un castigo sim-bolizado por una piedra o estatua de sal?. Se condensan aquí, a nuestro entender, el signifi-cado de la piedra como permanencia inmutable, y como mo-no-lito, o estatua, conmemorativo de una experiencia ideal y traumática. Mirar hacia atrás alude pues, indudablemente, a una vivencia de ambición o materialización, que "fueron" im-posi-bles, y que acuden "congelando", en el presente, un fan-tasma "pretérito".
Decíamos, en el apartado en el cual estudiamos la litiasis: Mientras tanto se especula con el deseo inconsciente de "burlar los límites", se esconde, se "deposita" en el cál-culo, a la espera de una ilusoria oportunidad propicia, como un "muerto" que no se puede duelar, el "tesoro" de ideales imposi-bles, de los cuales la concreción litiásica es, al mismo tiempo, monolito conmemorativo y "testigo". El sujeto en-tero, en el carácter calculador, se "hace de piedra" en el mantenimiento "lineal" e invariado, de los ideales imposibles que oculta.
V - ESTUDIO PSICOANALÍTICO DE LA HIPERTROFIA DE PRÓSTATA
La mal llamada hipertrofia prostática se trata en reali-dad de una hiper-plasia (Argüelles, 1949 es una enfermedad muy común. Llama la aten-ción la au-sencia casi absoluta en la literatura psicoanalítica de toda refe-rencia a este tras-torno de un órga-no tan vinculado al ejercicio de la sexuali-dad. El interés por el tema de lo urinario (Grus, 197020, 197221, 197422, 197623), íntimamente vincu-lado, y la obser-vación de un caso que despertó la idea de que la enfermedad prostática es producto de una excitación geni-tal que no al-canza a la erección del pene, y que acompañada de un anhelo ideal, se mantiene "permanentemente viva" y frustrada (Chiozza,1978a), se au-naron para motivar este intento de comprender algunos aspectos funda-mentales acerca de la "hipertrofia" de próstata.
La próstata es un órgano de naturaleza glandular, de significa-ción genital, que se de-sarrolla alrededor de la porción inicial de la uretra. Tiene una for-ma seme-jante a un cono, con la base dirigida hacia arriba. Algunos autores (Argüelles, 1949) llegan inclu-so a afirmar que la próstata "... no es sino la porción glandular del cuello vesical".
Rudimentaria en el recién nacido y en el niño, crece súbita-mente en la épo-ca de la pubertad. Alcanza su mayor desarro-llo normal alrededor de los veinte a veinticinco años y luego su tamaño se mantiene igual hasta los cin-cuenta años. En hombres ma-yores de esta edad cambia su estructura y se hiperplasia con elevada frecuencia. Suele crecer hasta un volumen doble o triple del que tenía en el estado adulto.
En un comienzo se creía que la sintomatología producida por la hiperplasia prostática aumento de la necesidad de orinar y dificultades en la micción se debía al alar-gamiento de la uretra prostática, consecuencia del creci-miento de los lóbu-los laterales y medio de la glándula. Pero luego se encon-tró que el lóbulo medio no existe nor-malmente. Se hace "visible", "presente" solo cuando aumenta de tamaño. Por otro lado son muchos los investigado-res (Boyd, 1959; Ander-son, 1950) que señalan que tal sintomatología sólo puede ob-servarse en un mínimo porcentaje de todos aquellos que evi-den-cian un marcado aumento de volumen de la glándula. Nos llamó la aten-ción la incidencia directa, por ra-zones de ve-cindad anatómica, de la hiperplasia del lóbulo medio sobre el veru montanum.
Tal como lo afirman Master y Johnson (1967), el papel de la próstata duran-te la eyacu-lación es relevante. La eyaculación se realiza en dos fases que pueden ser bien distin-guidas tanto fisioló-gica como psicológicamente. La primera fase se inicia con la con-tracción de los órganos accesorios, espe-cialmente la prósta-ta, que contribuyen desde puntos distin-tos a constituir el líquido espermático contenido en el bulbo uretral. La próstata, que aporta un primer y abundante com-ponente a este líquido espermático y cuyas con-tracciones pueden palparse por tacto rectal durante esta fase del or-gasmo, inicia la eyaculación o, en todo caso, se "arroga la representación" de esta fase inicial del proceso en el cual pueden participar de manera mucho me-nos diferenciada los otros órganos ac-cesorios. Desde el punto de vista psicoló-gico, lo que caracteriza a esta fase es que la eyaculación se experi-menta a partir de las contracciones rítmicas pros-táticas (que ocurren cada 0,8 de segundo y duran de 2 a 4 segundos) como algo que "viene" y que ya no puede ser evi-tado. La actividad prostática, es ne-cesario subra-yarlo, mar-ca el comienzo de la pérdida absoluta del control volun-tario sobre el proce-so de la eyaculación, cuya segunda fase, inevitable, se acompaña de las contraccio-nes del pene y de la uretra.
Entre los trastornos de esta función, que generalmente se observan con mayor fre-cuencia con el aumento de la edad, cabe destacar la ausencia de la primera fase de contracción prostática, que queda insensiblemente con-fundida con la se-gunda, o el aumento de su duración, acompañado de la sensa-ción subjetiva penosa de eyacula-ción, a un mismo tiempo ine-vitable e imposible, que corres-ponde a la contracción es-pás-tica de la próstata, com-pro-bada inequívocamente por tacto rectal. Durante la reali-zación de la eya-culación, el esfín-ter vesical infe-rior permanece cerrado y el veru mon-tanum erecto, evitando el reflujo del se-men hacia la vejiga.
La hiperplasia de próstata que hace "crecer" al veru monta-num, ocluye parcial-mente la vía urinaria, como si quien la padeciera estuviera señalando con ello que se en-cuentra en un permanente deseo sexual, en "estado de erección", dis-puesto al coito. Esta situación es coincidente con el tercer síntoma que des-criben Farreras Valenti y Rozman (1972) en esta pato-logía: fenó-menos de excitación se-xual. La elevada coinciden-cia de hiperplasia e impo-tencia aporta más elemen-tos a la consideración de que tal excita-ción no alcance siquiera, como vía de concientización, a la erección; se trataría, en cambio, de una erección prostá-tica.
Dicho con más claridad: la congestión prostática o la con-tracción espas-módica de la próstata (Master y Johnson, 1967), por ejemplo, descriptas como patolo-gías iniciales de este órgano, deben consti-tuir un desarrollo equivalente (Chiozza, 1974d) de la erec-ción peneana (y de su cortejo funcio-nal que culmina en el orgasmo) a partir de una misma idea inconsciente constituida como deseo genital inconsciente. Wilson, citado por Rafael Argüelles (1949), afirma que el origen de la hiperplasia prostática se encuentra en la repetición de situaciones de excita-ción sexual, que producen congestiones de próstata no seguidas de eyacula-ción. Entre los síntomas premoni-torios atribuidos a la presencia de la hiperpla-sia prostática todavía inaparente, se señala un aumento en la frecuencia de las erecciones nocturnas, que se interpreta como una consecuencia precoz de la misma hiperplasia, pero que parece más lógico atribuir a la situación in-cons-ciente que conduce ha-cia dicha hiperplasia.
La circunstancia de que la hiperplasia de próstata, de acuerdo con los es-tudios histo-patológicos realizados (Argüelles, 1949), este constituida por un trastorno que se origi-na en las fibras musculares del órgano, y luego pro-grese hacia los acinos glandulares determi-nando junto a las formaciones adenomatosas de-sarrollos hiperplási-cos mus-cula-res y fibrosos, permite encontrar cierta comuni-dad básica entre este trastorno y los desarrollos fibromiomatosos del aparato genital femenino.
El conjunto de las consideraciones anteriormente realizadas nos permite con-templar la construcción de un mosaico de fan-tasías inconscientes constitutivas en el "complejo" que de-nominamos, desde una parte de nues-tra conciencia, "hiperplasia de próstata". Creemos posible agrupar las fan-tasías mencionadas, de acuer-do con lo ya ex-puesto, en dos tipos íntima-mente relacionados entre si. Por un lado las que es-tán vinculadas con la fun-ción genital. Por otro lado, aquellas relacionadas con las complicaciones urinarias que según William Boyd (1959) ocurren en un ocho por ciento de los ca-sos e inde-pendientemente del tamaño alcanzado por la glándu-la.
Cabe preguntarse qué tipo de excitación sexual es esta que se substancia a través de la hiperplasia prostática y cuáles son las características que la consti-tuyen. Recorde-mos que acaece con mayor frecuencia en un hombre de más de cincuenta años, que, al lado de las consideraciones trilladas acerca del clima-terio hormonal, es esta una edad en la cual se hace presen-te la necesidad de re-significar la vida y que son mu-chos los testi-monios de las frecuentes fa-llas en esa re-significación. No sólo se trata de que aún en las familias bien constitui-das los hijos se alejen en pos de su propia vida y la pareja matrimonial deba enfrentarse con la búsqueda de una nueva estructura. Mucho más concreta-mente se trata de que el hombre en esta edad de la vida se en-cuentra nueva-mente con los ideales de su adolescencia que ya no es posible poster-gar más: o se los vivirá, o será me-nester enfrentarse con la renuncia implícita en el duelo, o se los conser-vará de manera mágica e inconsciente en el síntoma. En el caso de la hi-perplasia prostática el síntoma ex-presará, por lo tanto, junto a las transfor-ma-ciones del de-seo inconsciente, un intento también inconsciente de con-tro-lar dicho de-seo, utilizando un eslabón del proceso que, como es el caso de la función prostática (aquella parte del meca-nismo fisiológico a partir de la cual la eyaculación escapa al control voluntario, para hacerse inevitable), se presta para simbolizarla.
Weizsaecker (1947, pág. XXIX), cuando se pregunta ¿qué es lo activo?, respon-de que es lo no vi-vido y lo no sucedido, por lo tanto lo que faltaba, lo que no fue logrado, sino sólo es-perado, anhelado, barruntado o deseado. Activo es por consi-guiente lo no real. ¿Pero qué es lo realizado? Es lo imposible. Di-cho autor llama a estas dos tesis su "pequeña filosofía de la historia". Tiempo antes de la puber-tad comienzan a ser segregados los andrógenos que de-sarrollan y mantienen los caracteres sexuales secundarios mascu-linos, genita-les y ex-tragenitales. Se-gún Houssay (1948), la inyección de testos-terona provoca hiperplasia de prósta-ta24. Pensamos que el pa-ciente en quien aumenta en forma endógena la secre-ción de andrógenos en un momento en que ya no corres-ponde tal incre-mento, estaría intentando experimentar una nueva pubertad. Pero lo ya realizado es imposible, no se puede volver a vi-vir lo ya vivido. La condición de ese in-tento regresivo esta fundada en la imposibilidad de re-significar los idea-les, imposibi-lidad que adquiere, en el hombre que padece hiperplasia de próstata, caracte-rísticas específicas. El deseo que conserva siempre activo es el de estar siempre firme, "al frente", sentido que cree poder encontrar para su vida a través de otra pubertad que le otorgue una mayor virilidad.
Recordemos aquí la etimología de la palabra próstata. Deriva del griego prosta-tes, que según Skeat (1882) significa "el que se para adelante" . Pro-viene de histemi, "yo coloco", em-parentando con el latín stare, "estar firme". Corominas (1961) escribe que se pueden encontrar una serie de verbos griegos derivados de histemi. Por ejemplo apóstata, que es quien sale de su lugar y se coloca en otro. También "éxtasis", que significa desviación, arroba-miento. Para este autor, próstata tiene el sentido del "que está adelante", de proistemi, "yo coloco al frente". Nos parece posible afirmar que to-dos estos significados etimológicos, vinculados en su origen, perma-necen "vivos" en el uso de la palabra próstata.
Tal vez no sería exagerado contemplar al prostático como a un apóstata, que por su edad no puede ocupar el lugar que le corresponde, e intenta, a través de una nueva pubertad, ubi-carse en otro, colocarse al frente, adelan-te, poniéndose firme, con una mayor virilidad, que le permita acceder a ese objeto sexual ideal, por lo tanto inalcan-zable, que desea poseer. Tal excita-ción sexual no alcanza siquiera, como he-mos mencionado anteriormente, como vía de concientización, la erección; la desarrolla en otro lugar. Sería a nuestro entender una "erección prostática".
Nuevamente acude a nuestro recuerdo una hipótesis de Weizsa-ecker sobre el sentido de la determinación de la vecindad anatómica, para comprender el significado de la presencia de trastornos urina-rios que acompañan a la hiper-plasia de la próstata. Sa-bemos, a partir de Freud (1908b*) que existe una íntima rela-ción entre lo uretral y la ambición. La relación anatómica de la uretra, el veru montanum, y el lóbulo medio, nos ha he-cho pensar que cuando aparecen trastornos en la micción, el deseo genital que describimos en la hiperplasia de próstata complica en su estructura a la ambi-ción.
VI - UN ASPECTO RENAL DE LA MELANCOLÍA
Garma (1964) estudiando a los enfermos de úlcera gastroduode-nal, postuló la exis-tencia de una fijación oral-digestiva. En un trabajo anterior (Chiozza, 1981c) señalamos que la acritud, el sarcasmo y el re-mordimiento, que confi-guran un "carácter ácido", que se manifiesta o permanece latente en la per-sonalidad del ulceroso, hacen pensar en una melanco-lía "digestiva". El es-tudio de los fenómenos au-toinmunitarios, (desarrollado en el capítulo 6 y en Laborde, 1974) permitió comprender las va-riantes más regresi-vas de estos ataques autodigestivos. La investigación de las enfermedades hepáticas (Chiozza, 1963a, 1970a) permitió esclare-cer una variante hepática de la melancolía (etimológicamente "bilis negra") en la cual predominan la amargura y el hastío, ínti-mamente relacionados con el le-targo, la envidia y los celos coar-tados en su fin. El es-tu-dio de las enfermedades cardíacas (Chiozza y col., 1983b) ha en-riquecido a su vez la comprensión de una forma cardíaca de la melancolía, en la cual predominan la nos-talgia, el roman-ticismo y la año-ranza.
Cabe preguntarse entonces, de manera análoga, si es posible identificar un aspecto o "variante" renal de la melancolía.
Al ocuparse de las fantasías renales, Ana Devicenzi, Edgardo Korovsky y Ernesto Turjanski (197125) expresan que la vivencia de sazón corresponde al funcionamiento normal del proceso de depu-ra-ción renal, y el sentimiento de desazón a su patología. Los tér-minos "ganas" y "desgano", de uso habitual, aluden, en opinión de esos autores, a la sazón y a la de-sazón.
A partir de esas ideas sostuvimos, hace ya algunos años (Grus, 198626), que la melanco-lía renal se caracteriza por la desazón. En Psicología de las masas y análisis del yo Freud (1921c*) escribe (pág. 124): "Es sabido que hay seres huma-nos en quienes el ta-lan-te, como sentimiento general, oscila de manera periódica desde un desmedido aba-timiento, pasando por un cierto estado intermedio, hasta un exaltado bienes-tar; y es-tas oscilaciones, además, emergen con diversos grados de ampli-tud, desde las ape-nas re-gistrables hasta las extremas, que, como melancolía y manía, se interponen de ma-nera sumamente martirizadora o perturbadora en la vida de las per-sonas afec-ta-das. En los casos típicos de esta desazón cíclica, los oca-sionamientos externos no parecen desempeñar un papel decisivo; y en cuanto a motivos internos, no halla-mos en estos enfermos algo más o algo distinto que en las restantes personas [....] Más adelante nos referiremos a otros casos de desazón cíclica, en-teramente similares, pero que se recon-ducen con facilidad a traumas psíquicos".
El término sazón que según la etimología (Corominas, 1961) significó en su origen "estación propicia para la siembra", posee tres acepciones (Real Academia Española, 1950) Oportunidad, tiempo o coyuntura propicios. Estado de per-fección. Buen gusto o sabor de algún manjar.
De acuerdo con lo que hemos estudiado acerca de las fantasías urinarias, los ideales que, a pesar de exceder la capacidad de materialización del sujeto, no son resigna-dos mediante el duelo primario correspondiente, per-manecen, como ambiciones in-cumplidas, en la eterna espera de una opor-tunidad propicia.
Tal como señalamos en Psicoanálisis de los trastornos hepáticos (Chiozza,1963a), tanto Klein como Liberman vinculan las fantasías inconcientes acerca del veneno con el ero-tismo uretral. Apoyándonos en que el esbozo de los riñones en el embrión, o los ne-fridios en la escala zoológica, son onto y filogenéticamente más antiguos, sostuvimos entonces que las fantasías que relacionan al veneno con la hiel esconden un compo-nente más precoz, de naturaleza renal.
El clima tóxico que Fidias Cesio (1960) describe en el letargo, y que encontramos como un fre-cuente acompañante de las fantasías hepáticas (Chiozza, 1963a), constituye un estado de incapacidad hepática que se asocia al enve-nenamiento producido por un déficit en la depuración y excreción de los ideales imposibles.
Cuando las ganas incumplidas son posibles y se conservan porque han sido bien dis-cernidas, configuran un sentimiento de ambición que debe-mos considerar normal y que se apoya en la capacidad para concretar los propósitos "diluyendo" todo lo que no resulte esencial. En la clave de inervación de ese sentimiento debe participar una función renal, y una mic-ción, fisiológicas, las cuales, como equivalentes corporales de la excreción de los proyectos imposibles, acotan la ambición a los límites que impone la realidad.
Señalamos ya que Freud menciona la ambición "ardiente" de los que antes fueron enuréticos. Hemos visto que la incapacidad para duelar y abandonar las ganas im-posibles equivale a una "abstinencia excretora" que mantie-ne encendido el fuego de una ambición "ardiente". En otras palabras: una "abstinencia" urinaria normalmente inconciente, forma parte de la clave de inervación de la ambición "ardiente", de modo que la deformación patoso-mática de esos afectos puede manifestarse como una afección urinaria.
Freud escribe que los sueños diurnos son sueños de ambición, afecto que, como los sueños de grandeza, vincula con el erotismo urinario. La enuresis, equiparada con una "polución urinaria", como producto de una excitación regresiva y edípica de ca-rác-ter masturbatorio, implica también un ensueño que finalizará en una frustración.
Como se ve con claridad en el caso del complejo de Edipo, tales ensueños vehiculizan un deseo que ocurre fuera de la sazón, fuera de la "estación propicia". El pretendido privilegio del padre es sólo un privilegio en la equi-vocada fantasía del hijo, ya que el padre no comete el incesto (Chiozza, 1977a). El tiempo fálico uretral es el tiempo de la riva-lidad y de la dificultad para dominar los impulsos. Detrás de esa rivalidad se oculta una ambición "urinaria" que, en tanto inoportuna, es tan imposible como lo es, para el niño, depositar una simiente de la cual todavía carece.
Sin embargo, en la medida en que las ganas, aquello que "da gusto", que-dan fijadas, por la incapacidad de discernir, en la ambición que cae fuera de la ocasión propicia, se pierde "la sal de la vida", las posibilidades que la realidad ofrece permanecen de-sabridas e insípidas, sin sazón, como si fueran ellas los frutos que están "fuera de es-tación".
Pensamos, entonces, que, en un trasfondo de descontento y envenena-miento, el sen-timiento de desazón es el afecto específico de una estructu-ración melancólica en la cual predominan los componentes renales. Del mismo modo que la amargura de una melancolía o de un carácter hepáti-cos puede desaparecer de la conciencia substituida por un trastorno biliar, la desazón renal puede manifestarse algunas veces mediante la única evi-dencia de una afección urinaria.
VII - HISTORIA DE UNA AMBICIÓN QUE PERDURA
Estaba acostumbrado a te-ner que ale-jarse de los lugares donde había vivi-do. De los lugares y de las personas ... ¿acaso no tenía 6 años cuando allá, en su provincia, murió su madre de un carcinoma de mama y desapareció la fami-lia?
Papá se fue a vivir con sus padres ... Celina, su hermana, se fue a Cór-doba, a trabajar de maestra, y Néstor tuvo que ir a vivir con los padres de mamá ... y con las herma-nas de ella ... Junto con la muerte de mamá había desaparecido su mundo! ...
Quizás piensa ahora nació allí su ferviente- deseo de que nadie ... nun-ca más nadie querido ... se muera! Que nadie se muera y que nadie se aleje ... ¡Había que encontrar la manera de cons-truir y mantener una familia en la que todos perma-nez-can unidos!
Mamá lo había encomendado a la tía Virginia ... que vivía con la tía Rosa y los abuelos ... Eran muy estrictos ... especialmente la tía Virginia ... pero el peor era el tío Juan ... Juancito ... el menor ... que le pegaba con un reben-que y lo ence-rraba en el altillo ... y ahora Néstor no logra siquiera recordar por qué!
Ellos eran su única familia ... le había quedado -- ¿no es cierto? -- una fami-lia! Una familia que se ocupaba de él ... ¿Acaso Juancito no lo lle-vaba al almacén a hacer cuentas ...? ¿ no fue gracias a él que le tomó gusto a los números?
Decían que los hacía renegar ... que era "alborotador" ... te-nía 11 años (!) ... lo pu-sieron pupilo en un cole-gio ... un colegio de curas ... con disciplina .... y tuvo que ir! ... y se quedó, otra vez, sin familia ... lo operaron de la gargan-ta ... le do-lían los dientes ... a menudo la nariz le san-graba, y se enfermó de neumo-nía ...
Apenas se acuerda, ahora, de que se puso "duro" ... ¡nunca más! se había dicho a sí mismo ...
María tenía una familia que se reu-nía alre-dedor de la mesa ... la conoció mien-tras hacía el servicio militar ... y se puso de novio ... No sabía si la que-ría ... pero había cal-cu-lado que era lo mejor. Ella nunca lo iba a dejar... tampoco le iba a impedir es-tudiar y trabajar. Con ella, y con la familia de ella, tendría una casa donde ir ...
María fue como una madre para él ... Llegaron los hijos ... se recibió de conta-dor cuando nació Florencia ... María se ocu-paba de ellos ... un día apa-reció por su oficina ha-blando incoheren-cias y sintiéndose perse-guida. ¡Cómo no se había dado cuenta, antes, de lo enferma que estaba! ... ¡Y se puso cada vez peor!
Estaba internada, y embarazada de Juan, cuando él se acostó con la otra ... pero no quiso quererla ... por la familia (!) ... por eso, tal vez, dejó que se casara con otro.
Mejor! ... mejor no aflojar ... mantenerse duro (!). Florencia robó en el co-legio en el mismo año que murió la tía Virginia ¡una muerte que casi no había senti-do! Como tampoco había sentido la muerte de papá ... Le re-comendaron que la mandara a un psicoanalista ... él podía pa-garlo, pero no quería ocuparse de Florencia ... no podía ...
No podía encariñarse con nadie ... le interesaba progresar ... ganar conoci-mientos, posición ... dinero, prestigio ... la licenciatura en economía era su pró-xima meta. En esa época le apareció sangre en la orina y ese intenso dolor del lado izquierdo ... su pri-mer cálculo ...
Se había preguntado ¡tantas veces! ¿ dónde está mi familia?... Su tíos, sus pa-rientes, muertos ... María internada ... Florencia ... había comenzado a robar!
El cálculo le había dolido ... pero siguió adelante ... cuando falleció la tía Rosa sólo le quedaba Celina, con la que nunca se veía ... en esa época le em-peza-ron a molestar los riñones, le dolían ... el goteo ... la incontinencia de orina ... y se repitió la hematuria ...
Con María, que cada tres meses se internaba para volver a salir, ya no se po-día vivir ... Susana, por suerte! se había ocupado de él, y de sus hijos, de otra manera ... pero Florencia, Polo y Juancho ya no le daban satisfaccio-nes... Al principio no había querido tener un hijo con Susana, pero luego, cuando lo bus-caron ... no vino!
Ahora es asesor finan-ciero del grupo, y va a tener que viajar a otros países para su-pervisar varias empresas. Todo se ha con-cretado: La verdad piensa Néstor ... no puedo aspirar a más.
El hermoso viaje a Europa, que combina el trabajo y el placer, se concreta-rá muy pronto, en cuanto le saquen los cálculos del riñón derecho, que últi-ma-mente le ha estado molestando ... los cólicos ya no se pueden soportar...
a. Historia Clínica
Paciente de 44 años, consulta porque sufre, desde hace mucho tiempo, un dolori-miento lumbar derecho. Actualmente los puntos renoureterales son indolo-ros y la pu-ñopercusión es negativa.. Hace cinco años expulsó un pe-queño cál-culo urina-rio, con hematuria y dolor pronunciado del lado iz-quierdo. En ese momento se le hicieron es-tudios que no evidenciaron alte-raciones. Hace tres años tuvo una hematuria que moti-vó la indicación de una Rx simple de abdo-men, que tam-bién fue normal. Un urogra-ma excretor actual pone en evidencia una litiasis piélica derecha, con ectasia caliciar muy importante. Indicación te-rapéutica del urólogo: quirúrgica. Su médico clínico lo envía al Centro de consul-ta médica Weizsaecker para un Estudio Patobiográfico.
El paciente se opera 45 días después de finalizado el Estudio. El cirujano en-cuentra un cálculo en la pelvis renal derecha, otro en uno de los cálices del mismo lado y el polo inferior del riñón correspondiente afectado por una calcu-losis difusa integrada por cál-culos pequeños. Se practica una hemine-frec-tomía polar derecha. En el postoperatorio inmediato la sonda permite constatar anu-ria completa del riñón operado, en las pri-meras 24 horas. La mujer del enfermo insiste para que se realice una reactualización del Estu-dio Patobiográfico, el paciente acepta. En los dos días posteriores, mientras se realiza el Estudio, la diuresis del lado derecho alcanza los 100 cm3 dia-rios, el cirujano manifiesta que si la situa-ción persiste hasta el día siguiente procederá a extraer el resto del ri-ñón. Afor-tunadamente la diuresis se res-tablece y no es necesario volver a in-tervenir qui-rúrgicamente.
b. El significado de los cálculos de Néstor
Su primer cálculo apareció cuando la licenciatura era su meta. Sólo le inte-resa-ba pro-gresar, ganar conocimientos, posición, dinero, prestigio. Así, mientras se lanzaba de-cididamente hacía la meta ambicionada, dejaba tras de sí, casi sin darse cuenta, otras ambiciones secretas. El niño al cual le había dolido inten-samente la separación y la muerte de los seres queridos, el mismo que se ha-bía propuesto construir una sóli-da familia, se encontraba ahora, promediando su vida, con el fracaso de su más ínti-mo anhelo. Sus tíos, sus parientes, muer-tos. María internada. Florencia, en lugar de resig-nar el deseo de obtener lo que no podía materializar, se "apropiaba" de lo ajeno, había comenzado a robar.
Néstor había aprendido a mantenerse duro, soportando el sufrimiento que le depara-ba el fracaso de su ambición recóndita. El vaso se ha colmado por la acumulación de esas frustraciones, y su negativa a ocuparse del trata-miento de Florencia marca la caída de la última gota.
Pero Néstor siempre "calculó". Estaba convencido de que lo mejor no era aflo-jar ... Ha-bía dicho, cuando todavía era un niño, "¡nunca más!", y se ha-bía "endurecido". Si admitiera la magnitud de su impotencia correría el ries-go, intolerable, de tener que desistir de lo imposible. Estaba en su carácter, junto con su amor por los números, el pensar las mil maneras de eludir la necesidad de renunciar. Para mantener sus ocul-tas ilusiones necesita igno-rar lo que le ocurre.
La enfermedad es el precio... Una primera piedra, chica pero dura... casi una arenilla ... que pasa, con sangre y con dolor... La ambición que se hace "ardiente" porque no se atreve, que no se pone a prueba, coartada, simbóli-camente, en un espasmo urina-rio que "le corta el chorro" (un espasmo con el cual Néstor se lastima), se "congela" y perdura, representada en ese monolito, pequeño todavía, que testimonia y conme-mora un ideal imposi-ble, que se concreta en la piedra, inmortal, porque "se diluye" en la vida. Una mínima "estatua de sal", que llamamos "estatua" porque simbólica-mente "congela" una forma pretérita que no se abandona. Podemos sospe-char que Néstor, inmerso en la desazón de su melancolía "urinaria", no se da cuenta de que "mira ha-cia atrás", como la mujer de Lot, hu-yendo de un presente insípido, desabrido, en el cual siente que se le ha perdido "la sal de la vida".
Le había dolido, pero siguió adelante, negando esa desazón que lo llena de "angurria" y lo encamina, decididamente, hacia un futuro en el cual llega a pensar, sin estar satisfecho (!) : la verdad es que no puedo aspirar a más. Siguió adelante ... y cuando se repitió la hematuria, el dolor cam-bió de lado, y apare-ció una incontinencia de orina, seguramente leve, que el urólogo no consigna en su historia.
Las ambiciones "de su primer cálculo" son "izquierdas", las que corres-ponden a la repetición del trauma son "derechas". Si lo izquierdo suele arrogarse la re-presentación de las pasiones indomadas, y lo derecho el camino recto de la justicia y el deber, no es aventurado suponer que sus primeros trastornos urina-rios testimonian que Néstor vivenciaba aquellas ambiciones como impulsos placente-ros y egoístas. Las segundas, en cam-bio, aparecen vinculadas al de-seo, imposible, de no abandonar a María, re-presentante, enfermo, de su fami-lia desecha, y de cumplir, al mismo tiempo, con el deber de otorgarle, a Susa-na, el hijo que no vino.
Podemos comprender su leve incontinencia como una manifestación de su ín-timo "descontento", como una claudicación pasajera del inten-to que, ne-gando su desazón, procura retener incólumes sus ambiciones, pretendi-das, ahora, fuera del tiempo y la "estación propicia".
Su enfermedad, desde entonces, permanecerá acantonada allí, en el lado de-recho. Desde allí seguirá testimoniando lo que acontece en su vida. Sus cálcu-los perpetúan a un semillero de pequeños y de grandes ideales que es impo-sible concretar. Son idea-les que, mal discernidos, se alejan, cada vez más, de la conciencia, en vericuetos y extravíos que dificul-tan el camino de retorno hacia la saludable resignación de un duelo, y fuerzan a otro duelo (a veces impres-cindible, pero siempre diferente), que surge como conse-cuencia de una mutila-ción quirúrgica.
Notas
(*) El texto del presente capítulo pertenece a un trabajo realizado en el Departamento de Investigación del Centro Weizsaecker de Consulta Médica, que fue presentado para su discusión en la sede del Centro, en el mes de agosto de 1992
(1) Lijalad, Diana (1970), "Llanto y enuresis", II Simposio del CIMP, Buenos Aires, inédito
(2) Devicenzi, Ana, Korovsky, Edgardo, Turjansky, Ernesto (1971) "Lo renal. Desarrollos para la comprensión psicosomática de la desexualización", inédito
(3) Grus, Ricardo A. (1970) "Aporte para la comprensión psicosomática de Lo renal, II Simposio del CIMP, Buenos Aires, inédito
(4) Estos significados parecen formar parte del mito de Poseidón, el dios de todas las aguas, cuyo nombre parece remitir al significado de esposo de "Da" (Rose, 1973), antiguamente la Tierra, a la cual los ma-res "abrazan". En lo que respecta a la vinculación de Poseidón con las fantasías urinarias, vinculación que estu-diamos en un trabajo anterior (Grus, 1976), nos basta con citar a Freud (1900a *) cuando afirma que "las personas que sienten una gran alegría en abrirse ca-mino a través de las olas han sido, por regla general, enuréticos", ya que, de acuerdo con lo que narra el Mito, Poseidón recorría todos los días su vasto dominio, mientras las olas se abrían a su paso. Posei-dón fue entregado por su madre Rea, la Tierra, a su padre, Cronos, para ser devorado, pero luego esta lo instó para que mate a su pa-dre, someta a sus hermanos ,y se case con ella en un vínculo que es representante del acto, y es repre-sentado por el acto, median-te el cual el agua fertiliza la tierra. Surge de lo que decíamos entonces (Grus, 1976) que Poseidón fracasa en sus aspiraciones, que considerábamos prototípi-camente ambicio-sas, porque la cuádruple y contradictoria "instigación" de su madre, lo inducía al intento, desesperado, de satisfacer un deseo cuya finalidad y cuyo objeto concientemente "ignoraba" .
(5) Grus, Ricardo A. (1976) "Consideraciones sobre la excreción y el erotismo urinario", presentado en el CIMP, el 19 de noviembre de 1976, inédito.
(6) Corominas (1961) señala que excretar es un deri-vado de excernere, "separar cribando", que a su vez lo es de cernere, "cerner". Para Walter W. Skeat (1882), podría traducirse también como "investigar" o "separar investi-gando", significado que implica una tarea más activa que la de cribar. Según el diccionario de la Real Academia Espa-ñola (1950), entre las acep-ciones de cerner se encuentran las si-guientes: "observar, examinar, depurar, afinar los pensamien-tos y las acciones". El mismo texto ex-plica que discernir significa: "distinguir una cosa de otra, seña-lando la dife-rencia que hay entre ellas. Comúnmente se refiere a operaciones del ánimo".
(7) Ambición: (Del latín ambitio-tionis, de ambire, pretender) "asión por conseguir poder, riquezas, dignidad o fama. Ambicionar: desear ardientemente alguna cosa. (Real Academia Española, 1950).
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