IV - FANTASÍAS INCONCIENTES ESPECÍFICAS DE LAS VÁRICES HEMORROIDALES*
Dr. Luis Chiozza, Lic. Gladys Lacher, Lic. Elsa Lanfri, Lic. Hilda Schupack.
I - LA ENFERMEDAD HEMORROIDAL
Resumiremos, a partir de los autores consultados (Paz, 19551; Navarro Colás, 1988), los conceptos médicos esenciales acerca de la enfermedad hemorroidal.
El recto es la porción terminal del intestino grueso que se extiende desde el final del colon sigmoideo, a nivel de la tercera vértebra sacra, hasta el ano. Contiene dos segmentos bien diferenciados, la ampolla rectal, o recto pélvico, y el canal anal, o recto perineal. La ampolla rectal tiene una longitud de 11 a 15 cm. y, aunque puede distenderse considerablemente, cuando está vacía, el diámetro es de 3 a 4 cm. El canal anal es la parte terminal del recto, de unos 3 cm. de longitud, su espacio interior, en estado de reposo, es virtual y posee, también, una gran capacidad de distensión. El canal termina en el orificio anal.
A escasa distancia del ano existen, en número de cinco a doce, unas depresiones de la mucosa denominadas criptas de Morgagni, que terminan en forma de masa (papilas anales). Las criptas de Morgagni están separadas entre sí por unos pliegues carnosos llamados columnas de Morgagni. El ano es la abertura distal y perineal del recto y se halla situado entre la línea anorrectal, que corresponde al límite inferior de las papilas anales y la línea anoperineal, que se continúa con la piel del periné.
El recto está irrigado por las arterias hemorroidales superiores y medias, ramas terminales de la mesentérica inferior y por las arterias hemorroidales inferiores, que derivan de las arterias hipogástricas y de las ilíacas internas. El retorno venoso tiene lugar a través de las venas hemorroidales que drenan al sistema venoso portal y a la cava inferior. Los linfáticos del recto drenan a los ganglios hipogástricos y lumbares y los del ano a los ganglios inguinales.
Desde antiguo se denomina hemorroides a las tumoraciones formadas po r dilataciones varicosas de las últimas raíces de las venas hemorroidales, que pueden provocar, y de allí deriva su nombre, un flujo sanguíneo anal (Salvat, 1985). Son dilataciones del plexo venoso hemorroidal formado por las anastomosis entre los sistemas venosos de la cava y de la porta. Se dividen, por su distribución anatómica, en externas e internas. Las primeras parten del plexo hemorroidal inferior, se sitúan por debajo de la línea anorrectal y están recubiertas por la piel. Las segundas provienen del plexo hemorroidal superior, se sitúan por encima de la línea anorrectal y se hallan revestidas por mucosa.
Según su gravedad se clasifican en:
1. Hemorroides de primer grado, pequeñas, prácticamente asintomáticas, pueden manifestarse con prurito y congestión ocasional a raíz de viajes, transgresiones dietéticas y abuso del alcohol.
2. Hemorroides de segundo grado, de tamaño mediano, suelen presentar dos o tres brotes de congestión anuales acompañados de proctorragia, observándose por anoscopia una clara separación entre el plexo interno y externo.
3. Hemorroides de tercer grado, se prolapsan de modo reversible en el acto de la defecación y son mixtas, internas y externas.
4. Hemorroides de cuarto grado, de gran tamaño, se prolapsan con facilidad y no se reducen espontáneamente, sino que debe hacerlo el propio paciente de forma manual, suelen presentar ulceraciones e incluso cambios displásicos de la mucosa.
El síntoma más frecuente de este cuadro clínico es la proctorragia, que suele presentarse al final de la deposición en mayor o menor cantidad y es autolimitada, pues cede al cerrarse el ano al final de la deposición. El prolapso hemorroidal es otro síntoma frecuente en las hemorroides de tercer y cuarto grado, reducible espontáneamente en las primeras y permanente en las segundas. El prurito anal es un síntoma que puede asociarse a las hemorroides, pero no es específico de ellas. La complicación más frecuente es la trombosis hemorroidal aguda, que cursa con instauración brusca de dolor anal y aparición de una tumoración anal dura y dolorosa, del tamaño de un garbanzo, de color azulado, traduciendo la presencia del coágulo. En ocasiones la hemorroide trombosada se perfora y el coágulo se expulsa espontáneamente, con lo que remiten los síntomas. La congestión hemorroidal aguda es similar a la complicación anterior, pero no se palpa el coágulo, observándose sólo la masa hemorroidal enrojecida y edematosa.
Los procesos inflamatorios hemorroidales suelen curar dejando como secuela unos repliegues cutáneos hipertrofiados que reciben el nombre de mariscos o fibromas cutáneos. La estrangulación hemorroidal es propia de las grandes hemorroides prolapsadas que no pueden reducirse debido a la hipertonía esfinteriana que dificulta la circulación venosa de retorno sin impedir el flujo arterial, produciendo edema, congestión, trombosis y necrosis hemorroidales. En el caso de las hemorroides prolapsadas pueden aparecer ulceraciones hemorroidales de la mucosa que la recubre, que pueden ser la causa de infección local. Al comienzo el paciente comprueba, después de la defecación, que el prolapso de la masa hemorroidal se reduce espontáneamente. Más adelante necesita efectuar la reducción manual y finalmente, con el correr del tiempo, el prolapso se hace permanente y toda la maniobra de reducción es imposible. Las várices pierden así el "derecho al domicilio" y se consigue reducirlas con mucho trabajo y no menos molestias, vuelven a exteriorizarse al menor esfuerzo o movimiento; es el prolapso permanente por incontinencia o pérdida completa del tono muscular esfinteriano.
La mayoría de los autores señala como factores etiológicos fundamentales un esfuerzo intenso (defecatorio, tos crónica, parto, ejercicios violentos, etc.), o congestiones por comidas abundantes, o purgantes, o crisis de colitis que, al aumentar bruscamente la tensión venosa al nivel del saco hemorroidario, producen la fisuración de la pared venosa con formación ulterior del coágulo. En su etiopatogenia intervienen factores que causan aumento permanente o discontinuo de la presión venosa de los plexos hemorroidales: la bipedestación prolongada, el estreñimiento y esfuerzos físicos que aumentan la presión intrabdominal, los tumores abdominales que dificultan el retorno venoso, el útero grávido, la insuficiencia cardíaca derecha.
Se afirma que padecen hemorroides un cincuenta por ciento de las personas, y que, son más frecuentes entre los 25 y los 50 años, y excepcionales antes de los 10 años de edad y después de los 60.
II - FANTASÍAS ESPECÍFICAS DEL TRASTORNO HEMORRROIDAL
Dado que las hemorroides son várices de las venas que conducen de retorno la sangre proveniente de la parte inferior del recto y del ano, las fantasías especificas de la enfermedad hemorroidal se deberán constituir mediante una particular combinación de las fantasías anales con las fantasías específicas del trastorno varicoso.
a. Algunos conceptos psicoanalíticos sobre la analidad
Freud (1910f *) afirma que la zona anal, a semejanza de los labios, es apta, por su posición, para proporcionar un apuntalamiento de la sexualidad. Desde el comienzo de la vida, el valor erógeno de este sector del cuerpo es originariamente muy grande y conserva, durante el resto de la existencia de todo ser humano, una considerable participación en la excitabilidad genital. La región del ano se comporta, aún en los individuos que no son perversos, como un genital, tanto en hombres como en mujeres. También señala que los trastornos intestinales, tan frecuentes en la infancia, se ocupan de que no falten, en esa zona, excitaciones intensas. Si más tarde se contrae una neurosis, esas excitaciones tendrán influencia sobre la expresión sintomática que adquirirá. Ya desde mucho tiempo antes, señala Freud, "Y con referencia al valor erógeno del tracto anal [...] no puede tomarse a risa la influencia de las hemorroides, a las que la vieja medicina concedía tanto peso para la explicación de los estados neuróticos" (Freud 1905d *, pág. 69).
A partir del psicoanálisis de la neurosis obsesiva (Freud, 1913i*), pudo inferir la existencia de una organización pregenital, "anal-sádica", en la que, de modo destacado, se pone de manifiesto la dualidad de la vida sexual. En esta fase no se trata aún, sin embargo, de características masculinas o femeninas, sino que las pulsiones deberán ser llamadas "de meta activa" y "de meta pasiva". La corriente activa surge de la musculatura corporal bajo el influjo de la pulsión del apoderamiento, que llamamos sadismo cuando está al servicio de la función sexual (el sadismo intenso es la base, como sabemos, de la neurosis obsesiva). La corriente pasiva surge del erotismo anal, cuya zona erógena corresponde a la antigua cloaca indiferenciada 2. Abraham (1921) acentúa la importancia de la membrana mucosa del canal intestinal en esa etapa.
En la fase anal la preocupación del bebé se ha desplazado de la boca al ano, que ha pasado a ser ahora la zona directriz. Durante ese período de la vida las heces son tratadas como un objeto que ha sido incorporado parcialmente y, al mismo tiempo, como un producto, de esa zona del cuerpo, que es vivido como muy poderoso y destructivo. El trato con los objetos del mundo externo está teñido de intensas fantasías de gratificar a esos objetos con heces idealizadas, o atacarlos con heces omnipotentemente dañinas. Esto configura un mundo de fantasías y de relaciones objetales inestables, en el cual la ambivalencia juega un papel protagónico. En el niño surge, entonces, el temor a ser atacado en el ano por los objetos malos (Meltzer, 1974).
Erik Erikson (1963) sostiene que el esfínter anal y las nalgas son focos agresivos y libidinales que quedan fuera del alcance de los ojos del niño y, en cambio, pueden estar dominados por la voluntad de los otros. "El atrás" puede estar invadido por quiénes se muestran dispuestos a atacar la autonomía del niño y a descalificar los productos que él sintió como buenos al expulsarlos. Estas vivencias le generan un sentimiento básico de duda, que a veces se expresa en el adulto como temores paranoides de perseguidores ocultos que amenazan desde atrás, o como distintas expresiones de dudas compulsivas.
Más allá de la vinculación existente entre el temor y la diarrea, que se comprueba en la expresión popular que denomina al miedo "cagazo", encontramos también el temor vinculado a la defecación vivenciada como un acto agresivo o prohibido, que engendra fantasías taliónicas, y que conduce a una contractura espasmódica del esfínter anal, como producto del miedo vinculado a la excitación anal. El lenguaje popular conserva ese significado en expresiones tales como "se le frunció el culo" o "no le cabía un alfiler".
El niño obtiene gran placer del contacto con la orina, cálida, y con la tibia masa de excrementos, y también con la visión, la percepción olfativa y la manipulación de sus heces. Para el adulto, en cambio, el contacto de su piel con la orina y con sus excrementos es desagradable. Las represiones lo han alejado de la libido infantil que le permitía complacerse con los productos de la defecación, y obtener placer en el mismo acto de la evacuación, tanto por la sensación física, como por la gratificación psíquica basada en la realización del acto (Abraham, 1921).
La educación, que impone una renuncia a esos placeres, expone el narcisismo del niño a una severa frustración. Cuando las condiciones son óptimas el niño se identifica con la demanda de los educadores y se siente orgulloso de su adquisición. La gratificación original es reemplazada, entonces, "por la gratificación del logro de 'ser bueno' ante la estimación de sus padres". No todos los niños obtienen ese éxito y tratan, entonces, de alcanzar compensaciones detrás de las cuales se oculta la obstinación y el deseo de aferrarse al primitivo derecho a la autodeterminación. Muchos niños y adultos que sobresalen por su bondad y obediencia esconden fuertes impulsos rebeldes subyacentes, fundados en el hecho de haber sido obligados, desde la infancia, a someterse al control de los adultos. Si la limpieza se le exige precozmente, el niño adquirirá el hábito a través del terror, pero su resistencia interior permanecerá, y puede resultar de ello una perturbación en la capacidad de amar (Abraham, 1921, pág. 56).
El recto, los contenidos abdominales propios y ajenos, y la relación que el niño y sus objetos establecen con ellos, acaparan su atención durante la época en que el ano es la zona erógena directriz. En esa época los objetos son sentidos como abastecedores de sustancias, y al niño le interesa, sobre todo, poseer y retener al objeto.
Los impulsos y sus formaciones reactivas, las fantasías y conflictos de ese período, forman el núcleo del carácter anal. Núcleo especialmente significativo en el caso de aquellas personas para quienes los bienes materiales y el control sobre la gente adquieren una importancia capital en sus vidas. Son personas que viven en una disyuntiva permanente entre la obstinación y la docilidad (Meltzer, 1974). Sus rasgos de carácter (son ahorrativos, ordenados y tercos) señalan un refuerzo de los componentes eróticos anales.
Freud (1917c*) afirma que en las producciones del inconciente (ocurrencias, fantasías, síntomas) los conceptos de "caca" (dinero, regalo), "hijo" y "pene" se permutan entre sí con facilidad. La materia fecal es el primer regalo que ofrece un niño pequeño. Es una parte preciada de su cuerpo, de la cual solamente se desprende para complacer al pedido de su madre. El bastón fecal, el pene y el hijo son cuerpos sólidos que, al penetrar o al salir, excitan un canal mucoso. Se sostiene que el niño, (durante su investigación sexual infantil) no alcanza a distinguir claramente la función del pene, y que por este motivo solo puede imaginar que el hijo recorre el mismo camino que las heces. Esta relación respecto de lo orgánico se traduce psíquicamente, después de muchos rodeos, como una identidad inconciente entre las heces, el pene y el hijo.
La defecación, en éste período, representa para el niño, tal como ya lo hemos señalado, una renuncia a su actitud narcisista, renuncia que hace por amor al objeto. Debe decidir entre entregar "obedientemente" sus heces, "sacrificándolas" al amor, o retenerlas como satisfacción autoerótica. Más tarde afirmará también, de éste modo, su propia voluntad. Así se constituye el desafío (terquedad) que nace de una porfía narcisista de carácter anal.
Abraham (1921) sostiene que Jones destaca la relación entre los actos excretorios del niño y la elevación de su autoestima. La creencia infantil en la omnipotencia de los pensamientos y de los deseos puede proceder del período en el que se atribuye gran importancia a las excreciones. Por eso la enseñanza temprana del control de la defecación, y los castigos para conseguirla, constituyen una prematura destrucción de la megalomanía infantil.
Los adultos olvidan que la excreción es interpretada por el niño como un signo de enorme poder; sin embargo, expresiones tales como las de llamar "trono" al W.C. lo recuerdan. La expresión "regir el vientre" alude, con claridad, al orgullo que se experimenta con la defecación (Abraham 1921, pág. 59).
Si reconocemos que la evacuación de los intestinos es una fuente del orgullo infantil y del sentimiento de poder, se comprende que los pacientes que padecen constipación experimenten, tan a menudo, una vivencia de desvalimiento. Dado que su libido se ha desplazado de la zona genital a la anal, deploran la inhibición de la función intestinal como si se tratara de una impotencia genital (Abraham, 1921).
Freud (1908b*) afirma que en la primera infancia de las personas que padecen de constipación intestinal hubo lentitud en el logro del control de la defecación y placer en retener las heces. En lo que se refiere a su constitución sexual congénita, es posible suponer una acentuada erogeneidad de la zona anal que evolucionó, posteriormente, hacia una dificultad en renunciar al placer de la defecación.
El aseo, el orden, la formalidad, son formaciones reactivas contra el interés de lo sucio, lo perturbador, lo que no debe pertenecer al cuerpo, Freud (1908 b*) "cala profundamente en la interpretación de la suciedad, señalando que es [...] materia ubicada en un lugar equivocado" (pág. 156, nota al pie).
En El malestar en la cultura, (Freud, 1930a*) dice que el erotismo anal fue el primero en sucumbir a la represión, bajo la influencia del factor social (quien no oculta sus excrementos ofende a otros y esto es lo que muestran algunos de los insultos más fuertes). Agrega que la perduración de tales impulsos puede comprobarse en el hecho de que sólo repugnan los excrementos ajenos, no los propios.
Abraham (1921) describe a las personas con carácter anal como poseedoras de una gran sensibilidad a cualquier intrusión externa en el campo de su poder, real o supuesto. Se niegan a adaptarse a cualquier arreglo impuesto desde afuera, pero cuando han concebido uno esperan que los demás lo acepten. Deben hacerlo todo, porque nadie podría hacerlo bien. Añade Abraham que si la libido del varón no alcanza a la etapa de la organización genital, o si regresa a la fase anal, manifiesta una inhibición de la actividad masculina en todos los sentidos de la palabra. Muestra, además de impotencia sexual, una carencia de iniciativa y productividad. (A la potencia masculina va unida una actitud sentimental positiva hacia el objeto amoroso, que se extiende a otros objetos y se expresa en la capacidad de adaptación social y la devoción a ciertos intereses e ideas).
En individuos cuya genitalidad está dañada encontramos una tendencia inconsciente a considerar la función anal como la productividad más importante. La conducta social de éstas personas está, por lo tanto, fuertemente ligada al dinero y a los ideales de orden y limpieza. La preponderancia del erotismo anal conduce hacia el reemplazo de la actividad intelectual por la cavilación neurótica. El interés por las posesiones se acentúa en la medida en que la genitalidad y la productividad están menoscabadas. Son personas que trasladan casi todas sus relaciones a la categorías del tener (aferrar) o del dar, es decir, a la categoría de la propiedad.
De las consideraciones apuntadas en este apartado, extraemos dos conclusiones importantes:
1- La sexualidad anal, cuyas características han sido descritas a partir de los casos en donde cobra una particular intensidad, forma parte de la vida psíquica inconciente de las personas normales.
2- Los componentes sexuales anales, que son, habitualmente, los más intensamente reprimidos, suelen ser precisamente los más inhibidos, o los que se actúan de un modo más inconciente, durante el ejercicio normal de la sexualidad adulta.
b. Fantasías específicas de la enfermedad varicosa
Con el fin de identificar las fantasías inconcientes específicas de las várices hemorroidales, nos ocuparemos aquí del significado inconciente del trastorno varicoso, a partir de las conclusiones que expusimos en un trabajo anterior (Chiozza y col. 1991e).
1) Dado que la actividad vasomotora es un componente esencial de la emoción, se presta especialmente para adjudicarse la representación simbólica de la emoción completa. El corazón es, por su origen, un vaso modificado y, en tanto tal, es particularmente apto, en la complejidad de su función, (cuya característica sobresaliente es el ritmo) para expresar y simbolizar el tono afectivo del instante que se vive y el proceso por el cual se prefiguran o pre-sienten los afectos (Chiozza, 1980c).
2) Tal como lo expresa la etimología de la palabra re-cordar, ("volver al corazón") el sistema venoso es la estructura orgánica más adecuada para representar, específicamente, el aspecto emocional del recuerdo, es decir, el proceso de re-vivir o re-sentir afectos que quedan referidos a un tiempo que pasó. En este sentido podemos decir, para referirnos al proceso de recordar con afecto, que la "vena" "re" trae lo que el "corazón" "re" siente.
3) El proceso de recordar, independientemente de su grado de acceso a la conciencia, transcurre con dos sentimientos dolorosos específicos que pueden, también, permanecer inconcientes: el sentimiento de nostalgia y el sentimiento de condena. La nostalgia se configura como un dolor por la ausencia de lo que fue y ya "se ha ido". La condena es la actualidad de una pena inevitable y continua. Se recuerda porque, de un modo conciente o inconciente, se añora3 con nostalgia huyendo de un presente que posee la cualidad traumática de una condena. Nostalgia y condena, como las dos caras de una misma moneda, constituyen el dolor del proceso que denominamos duelo. En otras palabras: todo recuerdo, de manera conciente o inconciente, lleva implícito un duelo.
4) El duelo finaliza cuando la capacidad para soportar la condena se manifiesta como una resignación que, bien entendida, es una re-significación del presente que conduce a con-formarse con la realidad de una manera creativa y gratificante. La renuncia a lo que se ha perdido se manifiesta, entonces, como un "desgaste" que hace cesar los recuerdos. Si un duelo no finaliza, es decir, no se "elabora", y al mismo tiempo sucede que no se puede soportar en la conciencia el dolor que configura a ese duelo, es necesario olvidar (etimológicamente obliterar) al recuerdo.
5) El proceso que el psicoanálisis denomina represión puede quitar al recuerdo su traducción en palabras. Aunque los afectos, por sí mismos, pueden llegar a la conciencia sin intermediación de las palabras, la represión disminuye la intensidad o el número de los afectos penosos que el recuerdo entraña. La negación, en cambio, como "sucedáneo intelectual de la represión", aunque permite la conciencia del afecto traumático, impide el pleno desarrollo de su investidura, ya que, desde el pensamiento, se asume la inexistencia actual del afecto nominado. Pero también es posible "olvidar por un tiempo", cuando la conciencia, para obstaculizar u obliterar la emergencia del recuerdo, "se aferra" a otros estímulos, desplazando sobre ellos sus investiduras de atención. Pensamos que este proceso que "desatiende" a los recuerdos que ya son concientes sin negar su existencia, configura una actitud que puede aprenderse y llegar, incluso, a constituir un hábito o un rasgo del carácter4.
6) Si la vena se presta para simbolizar el camino por el cual el componente emocional del recuerdo "vuelve a ser sentido", podemos pensar que un leve retardo, "fisiológico", de la circulación venosa, forma parte de la "clave de inervación" completa que corresponde a una actitud que procura postergar el momento en que la emoción del recuerdo llega, con plenitud, a la conciencia.
7) El trastorno venoso ocurriría, en cambio, cuando ese intento de "demorar" o "detener" a los recuerdos se desestructura, y ocurre que la importancia de la investidura recae predominantemente sobre la función venosa. Las várices, con sus signos característicos: dilatación anormal de las venas, rémora y reflujo sanguíneo, deben constituir, por lo tanto, un desarrollo "equivalente" de lo que hubiera podido manifestarse como intento de postergar o demorar un recuerdo "afectivo".
8) Podemos interpretar que la tortuosidad del trayecto venoso que caracteriza a las várices es la expresión y el símbolo de las "vueltas" y "rodeos" que los estímulos interpuestos imponen al camino de "retorno" por el cual los recuerdos penosos se hacen concientes. Cuando esta modalidad se manifiesta en el carácter como una dificultad para la expresión franca y directa de algunos afectos, corresponde a lo que el lenguaje popular tipifica como una persona "vueltera". La tortuosidad de la vena se presta, además, para representar:
a) El sentimiento de tortura que surge cuando la continua postergación de algunos afectos impide la elaboración del duelo y se complace en retornar, una y otra vez, sobre la misma penuria. La expresión "hacerse mala sangre" parece aludir a esa tortura mediante representaciones surgidas de la sangre transformada por la rémora circulatoria. De modo que la rémora circulatoria de una enfermedad varicosa constituye un desarrollo equivalente a una cualidad particular del sentimiento, la "mala sangre", que, como afecto, no accede a la conciencia.
b) Una actitud "torcida" que contraría al camino "recto" de la sinceridad y de la franqueza (que comprometen a la idea de moral y de justicia), actitud que, cuando existe como una tendencia que no se asume concientemente en la vida, puede representarse en la tortuosidad de la vena.
9) Si tenemos en cuenta que la función de las válvulas consiste en mantener el orden y la dirección de la corriente, podemos pensar que una insuficiencia valvular venosa puede arrogarse la representación de un estado de des-orden, o des-concierto, entre las diferentes importancias de las emociones que se re-cuerdan.
c. Fantasías específicas de las hemorroides
Tal como se deriva de cuanto hemos dicho:
1- Frente a un recuerdo conciente que produce un sentimiento de nostalgia y de condena insoportables, es posible "demorar" la pena, "postergar" el duelo, y evitar la intensidad afectiva que debería acompañar a la emergencia de lo rememorado, mediante la actitud de "desatender" a ese recuerdo, aferrándose a la oportunidad de otros estímulos. La actitud que describimos constituye, a nuestro entender, el rasgo esencial de un carácter varicoso.
2- Cuando el proceso que denominamos "demorar" los recuerdos se reprime de un modo que altera la "clave de inervación" que lo constituye, sobreinvistiendo los trayectos venosos que forman parte de esa clave, aparece el trastorno varicoso.
3- Cuando en los recuerdos implicados predominan las fantasías anales aparece, como trastorno varicoso específico, la enfermedad hemorroidal.
¿Cuáles son las características particulares, podemos preguntarnos ahora, de una nostalgia y una condena en las que predominan las fantasías anales?
En lo que respecta a la nostalgia es lícito suponer que se añoran los placeres anales, es decir: la excitación de la zona que deriva del ejercicio de las funciones de evacuación y retención, a la cual podríamos añadir no solamente la masturbación o la perversión anales, sino también la transformación de los placeres pregenitales primarios en formaciones secundarias que implican relaciones de objeto, formaciones reactivas, coartación de los fines, y sublimación.
La condena será, en cambio, como contrafigura de la nostalgia del placer ausente, la penosa presencia de una prohibición anal, que se manifiesta, en primer lugar, como retención o como evacuación no deseadas, constituyendo una constipación o una diarrea, pero también en otras formas de una penuria anal en las cuales se involucra un conflicto entre el placer y la prohibición, incluyendo en ellas la erotización de la penuria. Especialmente en dos formas que consideramos fundamentales por su relación con el trastorno hemorroidal: el dolor de un esfuerzo desmesurado, y el esfuerzo inútil. El lenguaje popular ha creado dos expresiones específicas para estas fantasías: "romperse el culo" y "un esfuerzo al pedo".
La medicina señala que el esfuerzo intenso es un factor etiológico fundamental para las hemorroides. Se refiere al esfuerzo en la defecación, en la tos, en el estornudo, en el movimiento exacerbado y, en algunas mujeres, en el acto de parir. La palabra esfuerzo, lo mismo que los términos forzar, forzoso y forcejeo, proviene del latín fortis, que significa fuerza (Corominas, 1961). María Moliner (1986) define el vocablo esforzar como forzar algo, forzar a alguien, o forzar a algún órgano; esforzarse es obligarse a hacer algo que requiere mucha fuerza física, o inteligencia, o voluntad, o cualquier otra facultad.
En el acto de la defecación, durante el aprendizaje del control de esfínteres, el niño realiza el esfuerzo afectivo de desprenderse de un producto que considera valioso y que desea retener. Perder ese objeto, en la defecación, le provoca ansiedad, y, por otro lado, no quiere quedarse sin el objeto que le proporciona placer ni renunciar a la satisfacción narcisista de actuar sin control. También siente que puede manejar esa situación con gran omnipotencia, ya que no pueden obligarlo a entregar sus heces si no es con la colaboración de su voluntad.
Si el niño logra como premio por la concesión, voluntaria, de la evacuación, que implica aceptar los límites impuestos por la sociedad, el amor y el reconocimiento de los padres, sentirá en el futuro que se trata de un esfuerzo que vale la pena. Podrá confiar entonces en que es posible recuperar por otro lado, a través del reconocimiento que aumenta su autoestima, el narcisismo perdido. Si lo que logra, en cambio, es indiferencia, se instalará un sentimiento de desconfianza, y de minusvalía, que corresponden a la vivencia de un esfuerzo inútil. A partir de esa vivencia se generará, en el futuro, la desconfianza hacia el valor de cualquier tipo de esfuerzo, que actúa como una condena, o su formación reactiva, la creencia en la necesidad de un esfuerzo desmesurado, que funciona como una nostalgia 5.
La circunstancia de un esfuerzo desmesurado, o inútil, debe quedar también asociada con la vivencia de que es imposible "parir" analmente un producto tan valioso como el que, de acuerdo con la antigua idea inconciente de una cloaca indiferenciada, inconcientemente se espera. De modo que se trata de un esfuerzo que, lejos de surgir como un intento de enfrentar las exigencias de la realidad, es una consecuencia de exigencias ideales.
Podemos pensar, además, que en la variante hemorroidal del carácter varicoso, nos encontramos con un adulto que inconcientemente "forcejea", obstinada y conflictivamente, por no perder su autonomía en el ejercicio de sus actividades placenteras y, al mismo tiempo, conservar el aprecio de los objetos que sostienen su autoestima 6.
La congestión, la trombosis, el prurito, el dolor, la proctorragia y el prolapso son los síntomas o signos más frecuentes, cuando el trastorno hemorroidal "se complica". No cabe duda de que tanto la congestión como el prurito pueden ser considerados como equivalentes de una excitación que no alcanza a la conciencia. El dolor "físico" será, en cambio, el representante de la penuria inconciente, que, como hemos visto, es inseparable del duelo evitado. Tal como señala la experiencia clínica, el dolor es "franco" cuando la vena hemorroidal varicosa se trombosa.
Si interpretábamos el sentido inconciente de la expresión lingüística mala sangre como alusión a la sangre venosa alterada por una rémora circulatoria que simboliza la "demora" de un duelo "imposible", podemos pensar, en ese mismo sentido, que los trombos sanguíneos representan el intento de impedir definitivamente, consolidando la "mala" sangre en un coágulo, que la nostalgia y la condena vuelvan a ser re-sentidas 7.
En cuanto a la proctorragia y el prolapso, que forman parte, algunas veces, de la enfermedad hemorroidal, comprometen, en un mosaico complejo, la intervención de otras fantasías. Tanto la palabra hemorragia como el término hemorroide provienen, de acuerdo con lo que establece la etimología (Corominas, 1961), de vocablos griegos que poseen los significados de "sangre que fluye". Tal como lo hemos sostenido en anteriores trabajos (Chiozza, 1986a; Chiozza y col. 1991e), la "sangre derramada", cruor, representa siempre la intervención de fantasías en las cuales se halla presente el elemento crueldad.
Suponemos que la proctorragia no sólo se presta, como toda hemorragia, para simbolizar una pérdida que, en este caso, lo sería de un objeto analmente investido, sino que debe representar, ante todo, el intento de desembarazarse, definitivamente, de recuerdos que no deben ser re-sentidos. La fantasía de desembarazarse de los recuerdos puede expresarse, también, mediante los diferentes grados y las distintas formas del prolapso hemorroidario8, con los cuales se aludiría además, al esfuerzo desesperado, y fallido, de "parir", con éxito, "justificando el esfuerzo".
III. SÍNTESIS
1) Las hemorroides son várices de las venas que conducen de retorno la sangre proveniente de la parte inferior del recto y del ano. Se calcula que un cincuenta por ciento de las personas padecen hemorroides. La medicina señala que un esfuerzo intenso o la congestión local por efecto de purgantes o de comidas excitantes son los principales factores etiológicos. Se trata de esfuerzos en la defecación, la tos, el estornudo, en el movimiento exacerbado o, en la mujer, durante el parto.
2) El rasgo esencial del carácter varicoso consiste en "demorar" la pena y "postergar" el duelo, aferrándose a la oportunidad de otros estímulos y "desatendiendo" a los recuerdos que podrían producir un sentimiento de nostalgia y de condena insoportables. La enfermedad denominada varices se configura cuando el proceso de "demorar" los componentes emocionales del recuerdo se altera, defensivamente, y deforma su clave de inervación, sobreinvistiendo los trayectos venosos que forman parte de ella.
3) En la variante hemorroidal del carácter varicoso, constituida en torno del proceso que suele denominarse "educación de esfínteres", encontramos una actitud de "forzar" obstinadamente una conciliación, imposible, entre el deseo de conservar la autonomía en la obtención del placer, y el deseo de conservar el aprecio de los objetos que exigen la renuncia a esa autonomía. A partir de esa conciliación imposible, se constituyen las fantasías del esfuerzo desmesurado y del esfuerzo inútil, para las cuales existen, en castellano, dos expresiones populares: romperse el culo y un esfuerzo al pedo.
4) Las varices hemorroidales se constituyen cuando se "posterga" la descarga emocional de una nostalgia y una condena anales, que equivalen a la añoranza y la carencia de actividades, normales o perversas, deseadas o temidas, obligadas o prohibidas, vinculadas con la excitación anal. Incluyendo en ellas las formaciones reactivas, la coartación de los fines, o la sublimación, de los procesos de evacuación o retención que configuran distintas modalidades en las relaciones de objeto.
5) La existencia de las várices hemorroidales dependerá, entonces, de que se cumplan las siguientes condiciones:
A- Un grado suficiente de la fijación anal que corresponde a una situación histórica, infantil, en la cual se mantuvo, obstinada o persistentemente, un deseo de "independencia" evacuatoria cuya satisfacción, al mismo tiempo, se evitaba, por temor a la perdida de amor.
B- Un modelo de carácter "varicoso hemorroidal", preformado, derivado de aquella fijación anal, que rige en todas las circunstancias en las cuales se trata de cualquier tipo de placer. En ese modelo pueden subrayarse cuatro aspectos:
a) la simultaneidad de la nostalgia, como añoranza persistente de una gratificación jamás resignada, y la condena, como perpetuidad de una prohibición que era insoportable transgredir.
b) la perduración de un conflicto "esfinteriano" tenso, entre la obtención del placer y la conservación del amor que sostiene la autoestima, conflicto que no se resuelve en una renuncia, porque la renuncia implicaría, precisamente, la realización del duelo "insufrible" que se ha postergado.
c) la vivencia de que todo lo que no está prohibido es obligatorio, vivencia dentro de la cual el placer, ya sea inhibido o secreto, ha desaparecido de la conciencia.
d) la hipervaloración "anal" del esfuerzo, o aún del sacrificio, que lo transforma en un mérito en si mismo, en una "moneda de cambio", independiente de sus resultados, hipervaloración que suele conducir a una variante "exitosa", el esfuerzo innecesariamente exagerado, y otra "fallida", la creencia en la inutilidad de todo esfuerzo.
C- La proyección del rasgo caracterológico "varicoso hemorroidal" sobre una situación actual caracterizada por la necesidad de realizar un gran esfuerzo para lograr la gratificación de un deseo, no necesariamente imposible o prohibido, al cual no se quiere renunciar.
D- La imposibilidad de tolerar la conciencia de la postergación "varicoso hemorroidal" de un duelo "insufrible", y la deformación patosomática de la clave de inervación de esa "demora", con la consiguiente sobreinvestidura de los trayectos venosos hemorroidales.
IV - DOS HISTORIAS QUE COINCIDEN EN UN MISMO ARGUMENTO
a. Germán
Alicia no llega... Germán, que hace rato que la espera, nunca sabe si en definitiva vendrá. Mientras espera, "de mala gana", recuerda ... los recuerdos "le vienen", y le duelen, se quedan con él ... ¡Tengo que pensar en otra cosa!
¿Alicia lo ama o lo tolera? Le duele tener que admitir que ni siquiera sabe si ella será capaz, algún día, de separarse del marido para convertirse en su mujer. ¿Por qué no llega?...
De pronto ... ¡a los cuarenta años! ... se encontró pensando, otra vez, en mamá!... Ella sí que se ocupaba de él ... para ella él era importante... Cómo le gustaba verlo limpio, arreglado, prolijo, ordenado y responsable en el estudio...
Cuando, a los 16 años, lo mandó a trabajar al Banco, lo había salvado de las malas compañías ... tuvo, sin embargo, que abandonar el secundario...
¿Por qué mamá lograba que papá se enojara a veces con él y le pegara? ... Si papá, de verdad, ni cuando se enojaba, se enojaba...
Siempre andaba detrás mío... papá... ¡Qué bien lo pasábamos juntos cuando íbamos a pescar o jugábamos a las cartas!... todavía lo veo ... contento ... mientras yo tocaba la guitarra en aquella comida con la familia... Si me viera ahora ... si viera cómo progresé en el Banco ... él, que tantos dolores de cabeza tenía en el trabajo... nunca pudo encontrar un empleo fijo... ¡siempre estábamos mudándonos! ...
Había logrado, ¡al fin!, lo que quería ... sobre todo cuando les ganó el examen, en el Banco, a esos "hijos de mamá". Sus empleados lo respetan... nunca dejó que hubiera coimas... saben... que sino ... ¡los echa! ...
María Inés, en cambio, ¡lo acusó por los vasos de whisky!... los vasos del matrimonio ... al fin y al cabo, ¿eran de ella? ¿Ella no se había quedado, acaso, en la separación, con más cosas?... El departamento se lo habían regalado los padres de ella, si... pero... ¿y los arreglos que él había hecho?
Hicieron bien en separarse ... no se podía vivir siempre peleando ...
cuando llegaron los chicos, peor ... ¡Una tragedia!.
Había un clima de ... cierta agresividad... ella siempre tan indiferente, tan abúlica ... En la cama no se podía saber si le gustaba ... ¡Hasta llegó a pensar que era lesbiana! ... Claro, en verdad, él también tenía problemas ... también ahora, con Alicia, tenía que hacer muchos esfuerzos para tener una erección ... siempre le había tenido miedo a las mujeres ... pero Alicia no se queja ...
Ya son las seis ... tal vez no se pudo escapar de su familia ... tal vez, aunque no pueda venir, está pensando en mí ... ¡Cómo le gustaría tener un amigo con quien poder hablar!
Esta mañana ... ¡otra vez! ... reapareció la diarrea, con la sangre, y el dolor de intestinos... ¿Tendrá que cuidarse más en las comidas?... Quizás tendría que evitar tantos supositorios ... tendría que operarse de las hemorroides... ¡terminarla de una buena vez! ... Aquel día ... en el hipódromo... todavía, cuando se acuerda, le da vergüenza ... ¡qué calor! ... ¡y qué susto! ... de pronto, se sintió mojado ... ¡y la sangre que le ensuciaba el pantalón! ... justo cuando lo ascendieron y ¡justo en el hipódromo!, un lugar en donde no debía estar ...
Y después las radiografías ... los estudios dolorosos y humillantes ... el médico lo había dicho que eran hemorroides internas ... era una vergüenza andar con ese algodón entre las nalgas ... no había sabido, hasta entonces, lo que eran hemorroides ...
¿Por qué tardará tanto? ... ¡Seguro que ya no viene! ... hubiera querido contarle lo del Banco... lo de la división de la gerencia... Tendré menos trabajo, pero ya no será nunca como antes... ¿Y si me jubilara?...
b. Esther
En la sala de espera, mientras la secretaria atiende el teléfono, Esther mira impaciente su reloj ... las 3 de la tarde ... un señor, y otra mujer, también esperan .... ¿vendrá, ella, por lo mismo que yo? No sabe por qué le vienen recuerdos de otras épocas... de otras visitas ... ¡tantas! ...a otros médicos...
Ojalá que este médico la ayude ... también había esperado eso del otro, el del año pasado, el que el tío le dijo que era bueno ... le iba a solucionar el problema de las varices ... y había quedado peor ... con el mismo dolor ... y con esas cicatrices en las piernas ... enormes ... horribles ... para qué había gastado tanta plata ... un sacrificio inútil ...
La verdad ... ¡no se puede confiar en los médicos! ... pero ... bueno ... ¿quién se preocupa por uno?... ¿Acaso papá, cuando tuvimos que venirnos para la capital y perdimos todo, hasta los amigos, no había dicho que era para que nos casáramos mejor aquí? ... pero allá le iba muy mal, y tampoco le fue bien acá ... si no estaba tirado en la cama, durante días, sin comer, se la pasaba peleando con todos... con los tíos ... ¡por tantas pavadas! ... se mataban por la manija de la fábrica ...
Mamá se la aguantaba ... cuando papá se enojaba se volvía loco ... Aquel día ... era Año Nuevo ... cuando volví a la madrugada con Marcelo los ojos se le salían de la cara ... ¡creí que me mataba! ... me metió adentro de una oreja, y nos encerró a todos con llave. Seguro que se había dado cuenta, porque nunca, antes, me había dicho nada ... ¡Pobre! ... después estuvo mal ... deprimido... se pasó casi tres días sin comer ... Yo tenía 17 años ... Hace ya 2 años que no veo a papá ...
¡Ah!, ya sale el paciente ... ¿le tocara a la señora o a el señor? ... ah ... no ... pasan juntos... ¡qué cariñoso! ... ¡cómo la agarra de la cintura! ...cuando salgan entro yo ... Se me está haciendo tarde para ir a buscar a los chicos...
La señora parece tranquila ... ¡claro! ... el marido la acompaña ... José nunca ... dice que tengo que arreglarme sola ...que tengo que ser mas decidida ... Papá tampoco ... cuando íbamos al médico, si no estaba de viaje, decía que tenía que trabajar... Mamá, en cambio, estaba siempre ... a veces se preocupaba demasiado ... pero si papá no estaba, y yo tenía miedo, podía dormir con ella ...
En realidad, casi siempre, prefería que papá no estuviera ... era tan violento ... a cada rato la amenazaba a mamá ... Yo tenia miedo de volver y encontrarme con un desastre en la casa ... ¡Pobre mamá! ... ella me preguntaba para qué la llamaba tantas veces por teléfono, desde el trabajo, o desde la facultad ... pero ... ¡que se yo! ... quería ver como estaban....
¡Como tardan en salir! ...¿él será siempre tan compañero?... ¿también en la cama será cariñoso?... ¿le importará lo que ella siente? ... ¿le pedirá hacerlo por atrás, como José?... a lo mejor a ella le gusta... ¡a mí no! ... ¿será normal? ... ¿por qué insiste José ... si sabe que me duele? ... ¡y con las hemorroides peor! ... Anoche se enojó ... nada de lo que hago le parece bien... yo me esfuerzo por complacerlo... pero él siempre se queja ... ¡siempre quiere algo mas! ...
Si no tuviera las hemorroides ... pero en tantos años nunca se habían curado ... desde los 17, cuando recién llegaban a Buenos Aires y había empezado a tomar ese purgante ... porque siempre le había costado evacuar ... Era la época en que se enamoró de Marcelo ...
¡Marcelo! ... era cariñoso ... pero un poco inseguro ... teníamos ganas pero ... ¡casi tuve que obligarlo yo! ... el no insistía ... se achicaba ... al final me quedé mal ... yo esperaba otra cosa ...
¿Cómo estará ahora Marcelo? ... Ya salen ... ahora me toca a mi ...
c. El fracaso, doloroso y negado, de una obstinación que no cede.
"Nunca sabe si en definitiva vendrá." "¿Alicia lo ama o lo tolera?. Mientras Germán intenta distraerse pensando "en otra cosa", "de mala gana", recuerda ... Mamá se ocupaba de él porque le gustaba verlo limpio, prolijo y ordenado... con ella se inició en el éxito, en el trabajo del Banco... pero había tenido que dejar, obedientemente, el colegio secundario y las malas compañías Con papá era diferente, se podía pescar, jugar a las cartas, tocar la guitarra, ¡pero era un fracasado que no encontraba trabajo!
Frente a sus compañeros del Banco, los "hijos de mamá", que son nenes mimados, se hace respetar, "nunca dejó que hubiera coimas". Es decir que los controla, como se sintió controlado por esa mamá que fue la suya... distinta... porque le exigía , pero no lo mimaba. Por algo Germán siempre le había tenido miedo a las mujeres...
Quien lo mimaba era papá... que siempre andaba detrás de él y que ni cuando se enojaba, se enojaba... a no ser por obra de mamá... Pero a sus empleados no sólo los controla... también en el examen, ¡a ellos!, que tenían título, gracias a que "se rompió el culo" estudiando... ¡los cagó!
Había logrado al fin lo que quería ... pero María Inés lo acusaba ¡de haberse quedado con lo suyo!"... y, para peor, las peleas... delante de los chicos ... Además el amor, a María Inés, no le gustaba... y frente a ella se sentía impotente... Alicia, en cambio no se queja, pero tal vez ya no lo quiere... Germán quisiera tener un amigo con quien poder hablar...
Había logrado al fin lo que quería, pero, a pesar de que nunca se ha entregado, y de que su obstinación no cede, Alicia, que "no viene", adquiere toda la fuerza de una premonición ... en ella, que no quiere convertirse en su mujer, se condensan, ominosamente, todas las amenazas y los fracasos negados ...
Si Germán piensa en jubilarse, porque "ya no será nunca como antes"... es porque el duelo, postergado, ya no se puede demorar mucho más... Habrá que operar las hemorroides, dejar el placer de las comidas, y evitar los supositorios y las pomadas, representantes de los cuidados con los cuales lo premiaba mamá.... Pero esas mismas hemorroides fueron "el fusible" que le permitió, durante tantos años, justo desde que lo ascendieron, quedarse, con un esfuerzo desmesurado, en un lugar en donde, sin título, "no debía estar" ...
Porque a él, un juicioso banquero, como quería mamá, le gustaba el hipódromo, como a papá y los amigos .. Y así, con el bochorno del algodón entre las nalgas... y de los estudios proctológicos dolorosos y humillantes... sintiéndose mejor entre hombres, y peor entre mujeres... no quiso, durante mucho tiempo, acordarse ... Dando vueltas y rodeos, pensando que María Inés, tal vez, era lesbiana, y que Alicia estará, tal vez, pensando en él, no quería acordarse de que se sentía cada vez más impotente, en la cama y en el Banco, y que tenía que hacer muchos esfuerzos, inútiles, para tener una erección ...
Esther espera, impaciente, y la asaltan los recuerdos de sacrificios dolorosos que fueron inútiles ... "no se puede confiar en los médicos". Su desconfianza es una desmoralización ... ya no puede creer en el esfuerzo, porque "nadie se preocupa por uno", y porque, por más que se esfuerce, José siempre se queja, "siempre quiere algo más".
Esther mira la hora como si pudiera, de ese modo, apresurar la situación, pero por más que la controle, y aunque se le haga tarde, las personas que están con el médico tardan en salir....
Hace ya dos años que no ve a su padre ... Se acuerda, ahora, de aquella vez en que se puso furioso porque se dio cuenta de lo que había sucedido entre ella, que tenía entonces 17 años, y Marcelo. Papá, que "se mataba por conservar la manija de la fábrica", autoritario y agresivo, intentaba controlar lo que pasaba entre Esther y su novio ... Pero ella, aunque "se le fruncía el culo" frente a la violencia del padre, ni pensaba en ceder. ¿No había sido Esther, acaso, la que había "obligado" a Marcelo, que no insistía, y que se achicaba, a que se acostara con ella?
Muchas veces "prefería que papá no estuviera" ... "tenía miedo de volver y encontrarse con un desastre en la casa", porque cuando él se enojaba "se volvía loco" y la amenazaba a mamá... Si Esther llamaba, tantas veces, por teléfono, para saber como estaban, es porque se imaginaba una escena violenta que no sólo la llenaba de miedo, sino también de excitación y de celos.
El señor que agarra de la cintura a su mujer cuando entra al consultorio del médico, y es cariñoso con ella, la lleva a pensar en José, que no la acompaña, y en que tampoco papá la acompañaba a mamá. Mamá, en cambio, era la que "estaba siempre", y cuando Esther tenía miedo, "podía dormir con ella" ...
Marcelo también era cariñoso, pero era inseguro, y después de haberse acostado con él, Esther se quedó mal ... Se pregunta, ahora, como será e se señor cariñoso en la cama ... y si querrá hacerlo, con su mujer, "por atrás", como pretende José.
Esther, aunque José insista, no acepta, porque le duele, y aunque se esfuerza, inútilmente, en verdad, por complacerlo en cuanto puede, José se enoja. "Si no fuera por las hemorrroides" tal vez sería distinto, pero las hemorroides, desde los 17 años, nunca se le habían curado ... siempre le había costado evacuar ...
Entre un padre violento y un novio inseguro ha experimentado temor y frustración ... Miedo, rabia, y al mismo tiempo excitación... la dejan con "un culo fruncido" en el cual "no cabe un alfiler", y el dolor que experimenta si intenta "hacerlo por atrás", no sólo se produce por la contractura del esfínter, sino también como un castigo erotizado por la nostalgia y la condena de un placer prohibido e intensamente añorado. Para Esther obstinarse es un hábito, y ceder un "fracaso" deseado y temido. Mientras, frente a José, que la excita, oscila, inútilmente, entre entregarse y resistirse, consigue, gracias a la congestión hemorroidal, no acordarse de las emociones que la violencia de papá le despertaba ... Y cuando, por fin, entra al consultorio, espera que, por fin, ¡"le toque" a ella! ...
Notas
(*) El texto del presente capítulo pertenece a un trabajo realizado en el Departamento de Investigación del Centro Weizsaecker de Consulta Médica, que fue presentado para su discusión en la sede del Centro, en el mes de octubre de 1992.
(1) Edmundo Paz (l955) "Hemorroides - Clínica y Complicaciones" en Hemorroides, publicación interna de la Editorial Universitaria, Buenos Aires..
(2) Una de las teorías que los niños construyen acerca de la concepción y el nacimiento, contiene la idea de dar a luz por el intestino. Esta teoría infantil rememora modalidades del reino animal, en especial la cloaca de los tipos zoológicos inferiores a los mamíferos (Freud, 1905d *). El adulto conserva en su inconciente esta representación de la cloaca, en la que "lo sexual y lo excrementicio se separan mal o no se separan" (Freud, 1905c *, pág. 92). Freud asocia las perturbaciones de la actividad intestinal con la antigua teoría infantil de la cloaca. Cuando las fantasías de coito y parto anal son reprimidas o desestimadas en virtud de la angustia de castración, se reafirma inconscientemente la teoría de la cloaca y del papel erótico del intestino y de la zona anal (Freud, 1918b [1914] *).
(3) Freud (1926d *) destaca la importancia de una intensa investidura de añoranza como condición determinante del dolor psíquico y del duelo
(4) Tal como surge de las consideraciones que realiza Etcheverry (1978), Freud utilizó diversos términos para referirse a sucesos que, a nuestro juicio, constituyen una serie "continua" de operaciones que recorren la gama que va desde la represión hasta la desmentida, pasando por la negación y la desestimación. Podemos ubicar, dentro de esa gama, al proceso que denominamos desatender, demorar o postergar la emoción de un recuerdo, en un lugar próximo a la desestimación, si entendemos ese concepto en un sentido general que trasciende el uso particular que de él se ha hecho, y que lo liga excesivamente con los procesos psicóticos. Aquello que, a nuestro juicio, resulta esencial, es que lo que se desmiente es una "realidad" percibida, y que la desestimación consiste en una privación de importancia que puede ejercerse tanto sobre una percepción como sobre el significado de un recuerdo o la intensidad de una sensación somática. Freud (1926d *) señala que " ... aún los dolores corporales más intensos no se producen (no es lícito decir aquí: permanecen inconcientes) si un interés de otra índole provoca distracción ..." (pág. 160).
(5) Cuando, a pesar del esfuerzo, no se obtiene aquello que le dio motivo, se experimenta un sentimiento de fracaso y de pérdida, que requiere la realización de un duelo. Si el duelo se paraliza, el sufrimiento puede aliviarse un poco encontrando algún culpable. El sentimiento de injusticia, por ejemplo, construido con la fantasía de que el esfuerzo, aún siendo más que bastante, excesivo, no fue premiado, no sólo disimula cualquier falta de méritos, sino que justifica, bajo la idea de un esfuerzo inútil, cualquier tipo de pereza.
(6) Una de las medicaciones que se recomienda para aliviar la inflamación y el dolor son los baños de asiento con hojas de malva. El término malva se usa también para referirse a una persona que está "dócil y sumisa", particularmente a consecuencia de haber sido reprendida, castigada o escarmentada, por ejemplo en la expresión: "está como una malva desde que le paré los pies" (Moliner, 1986). Parecería que la medicación intentara, inconcientemente, contrarrestar la actitud de obstinación y forcejeo "contenida" en el trastorno hemorroidario.
(7) Al mismo tiempo, tal como sucede algunas veces, especialmente con las várices de los miembros inferiores, los trombos, desprendiéndose y constituyendo émbolos, representan el grave y riesgoso fracaso de una defensa claudicante, insuficiente en su intento de evitar el re-sentimiento de una insoportable penuria.
(8) Abraham señala que muchas personas neuróticas reaccionan de un modo anal ante toda pérdida, se trate de la muerte de una persona o de la pérdida de un objeto material. Ante tal situación reaccionan con constipación o diarrea, según como sea considerada inconcientemente esa pérdida, de acuerdo con la ambivalencia de su vida emotiva. "El inconciente niega o afirma la pérdida por medio del lenguaje orgánico que ya conocemos." (Abraham, 1924, pág. 126) Las noticias de la muerte de un pariente cercano pueden provocar, en ocasiones, una violenta presión en las entrañas, como si fuera a expulsarse todo el intestino, o como si algo se estuviera rompiendo y fuera a salir a través del ano. Agrega Abraham, que esta reacción debe considerarse como una forma arcaica de pesar, que ha sido conservada inconcientemente. Reacción que remeda ciertas costumbres primitivas como la que realizaban algunos parientes del difunto defecando sobre la tumba recién hecha( Abraham, l924).